sábado, 16 de abril de 2022

La Fiesta del Café

 Por José García de la Concha 


“El café oriundo de la región llamada Kaffa, en Etiopía, Arabía, se difundió por todo el Oriente desde el siglo XV. En el siglo VXII pasó de Europa a las Antillas francesas, desde no tardó en extenderse por toda la América Latina. De las Antillas pasó a Venezuela, lo trajo al Valle de Caracas el ilustre presbítero don José Antonio Mohedano, quien junto a sus amigos Pedro Sojo, Bartolomé y Domingo Blandín lo plantaron en sus respectivas estancias de la Floresta, San Felipe de Neri y Blandín.
Ya don Arístides Rojas en sus famosas Leyendas Venezolanas, nos habla de su fiesta al describirla en “La Primera Taza de Café en el Valle de Caracas”.
   
                                                                                Padre Sojo 

Si hoy llamamos “Oro negro” al petróleo, nosotros hubiéramos podido llamar “Oro vegetal” al café, ya que fue nuestra riqueza en el siglo pasado y primera década del presente, sólo que, aunque menor, la supimos aprovechar. Yo siento tristeza cuando oigo decir: “Hay que sembrar el petróleo”, es decir, hay que aprovechar ese causal que Dios nos ha deparado, en industrias, plantaciones, fundaciones, para cuando le llegue su fin poder decir: se nos acabó el petróleo, pero tenemos esto o aquello que nos deja tanto o más.  No así sucedió con el café, nosotros sembramos el café; pero también sembramos gran parte de lo que nos producía. Venezuela por medio del café, salió a mediados del siglo XIX, que fue cuando se incrementó, del letargo que sufría desde la época colonial.  El Café le abrió las puertas al comercio exterior, y esto trajo por si inmigraciones importantes que no le costaron nada a la Nación.  A pesar de las crecidas deudas externas que pesaban sobre el fisco nacional, el Gobierno obtuvo nuevos créditos para extender ferrocarriles, abrir caminos, crear moneda, instalar Bancos y hacerse conocer en el extranjero como país productor de café, como Suiza demandaba nuestro cacao, los ingleses proyectaban y los modistos de París preparaban los encargos de distinguidas familias caraqueñas. 

Si el cacao, la caña de azúcar, el tabaco, el añil o el maíz, frutos del brazo venezolano, despertaba entusiasmo de un pueblo viril que se enorgullecía  de su propio valer, nunca supe de mayor patriotismo o mejor dicho, nunca vi mejor asomada el alma de la patria en el corazón del hombre de nuestros campos, que en las “faginas”  o “convites”  y sobre todo en el “remate”, que en la fiesta del café, entre los hacendados de Táchira, Mérida, Trujillo, los de Lara y Yaracuy, como en las extensas de Carabobo y Aragua, como en la Fila de Mariches y  los Valles del Tuy. El café en Venezuela ocupó todas las zonas. Por ello, el mejor obsequio de llanero para sus visitantes es una taza de café, en los Andes es el regalo con agua miel, en Oriente, en Margarita y ya en Caracas, es el pobre como el rico, a quien nunca le falta la tacita de café y ha de ser por esto que el Café en Venezuela es algo íntimo, y si en todas partes y en toda fiesta es imprescindible, es natural que su fiesta fuera cosa grande. 

Se preparan los semilleros, luego de repican, y cuando la plantica ha alcanzado de treinta a cuarenta centímetros, se trasplanta a su lugar definitivo donde previamente ya se plantaron los guamos, si es en tierra fría, o los bucares, si es tierra caliente; pero mientras estos arbolitos puedan dar la sombra requerida, se cambureaba el terreno, es decir, se plantaban bananos, escogiendo las especies de alto mástil, como el cambur titiaro, el topocho, el manzano o bien el lagunero.  Estos plátanos fertilizaban el terreno y daban la sombra que los pequeños cafetos necesitaban. Luego venían los deshierbos y la espera, en tres o cuatro años ya estaba fundada la hacienda.  El fundo, como se decía. 
Y ahora vengan las cosechas y con ellas el entusiasmo campesino. Las transacciones de bolsa y los créditos al comercio para los dueños y encargados. 



Todo el año tiene interesantes aspectos, tanto en la labor agrícola como en la comercial, con sus alzas y bajas. En lo rural: el despalillo, la floración, el deshierbo y luego la cogida, el descereso, [sic ] el patio, la trilla, la escogida y ensacada. Cada una de estas faenas distraen la vida monótona del campesino tropical, que su vida en el campo es diferente a la del campesino europeo que las cuatro estaciones les hace la vida más variada. 

Es por ello el desborde de alegría, cuando los campos, bajo los bucares en flor, presentan los arbustos del café cuajados de rojos corales que van a las cestas de las cogedoras, que parlanchinas y rientes se riegan por toda la fundación, para luego de un día de trajín llegar a la tolva para los efectos de la medida y recibir la paga. Después, al repartimiento o a la pulpería para regresar y alistarse para el joropo de la noche. 

Cuando ya finaliza la recolecta, es el patrón que da la despedida, el el “remate” por lo que quedó. Y hay piñatas, pollos descabezados, maratón, palo encebado, sartenes ahumadas, papelón con sorpresa, sancocho de gallina, hallacas navideñas, dulces de lechosa o conservas y pan de horno, tequiche y majarete y aguardiente de caña, y la pichagüita que no descansa del colador de balleta, de donde sale la colada de la aromática infusión de nuestro café. 



  
Arpa, cuatro y maracas marcan los compases del golpe tocuyero, o aragüeño, o del Alto Apure, si la fiesta es en el centro. Para los Andes, el bambuco o pasillos; y si Oriente, sus corridos, pasillos y merengues. 

Siempre pienso que en Venezuela, la que tanto le debe al café, en los días de Pascua, que es la época en que la mata está cuajada de granos rojos, debiera cada familia tener sembrada una tina, en su casa, una mata de café., y adornarla como lo hacen con arbolitos de otras tierras y climas y rendirle su tributo con la fiesta mas venezolana como lo es La Fiesta del Café. 

Caracas, 30 de julio de 1961

Fuente: Crónicas de Caracas de 1961.  


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