El Libro “allá en Caracas” de Laureano Vallenilla Lanz, Hijo- Ediciones Garrido- Caracas- 1954, relata en primera persona como fue la Caracas de ayer, nos muestra el día a día de manera refrescante, transportándonos a una Caracas que inconcientemente anhelamos; el caraqueño Per se es nostálgico por un pasado que no conoció, y sueña con una Caracas que no verá.
Poco a poco resaltaré extractos de tan agradable lectura, véase como describe lo siguiente:
“Mi vivienda de Reducto a Glorieta, era de cuatro ventanas, donde funciona una mueblería y que se distingue de las demás porque invariablemente la pintan todos los años de marrón y verde para cumplir con la disposición prefectural y borrar los dibujos y escritos obscenos que son obra tradicional de los muchachos del barrio. Era una buena residencia caraqueña de la época anterior al petróleo, cuando Venezuela gozaba de cierta reputación por su café, su cacao, sus revoluciones y andaba escasa de divisas.
Describe como el luto era riguroso aún en los niños, quedaban reprimidos los paseos vespertinos a El Paraíso, ya que éste paseo era inadecuado para personas de duelo, solo le era permitido pasear muy temprano al Calvario para ver los monos en la Jaula Central.
Narra de una temporada de descanso en Chacao, allí ocuparían la casa del Dr. Luís Andrés Ramírez, aislada entre los cafetales, “al dormir me moría de miedo y no era para menos. Nos alumbrábamos con lámparas de petróleo y en la habitaciones pululaban alacranes”.
Muchas historias llenaban de inquietud la mente de niños y pobladores de la época, historias que refería un Jorobado de nombre Crispín, quién se autodesignaba “El encargado del Dr. Luís Andrés” Aseguraba el jorobado que a media noche una mujer de túnico sin cabeza hacía acto de Presencia en el edificio abandonado del trapiche. Por otra parte desde su pieza era fácil escuchar el galope del caballo que perteneciera al general Martín Vegas, caudillo godo del pasado sigo que venía puntualmente todos los sábados en busca del “anima” de su famoso jinete”. .. Es así como allá en Caracas nos regala una especie de memorias autobiográficas que considero interesante compartir para alimentar de historia a nuestros niños y jóvenes
