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miércoles, 22 de diciembre de 2010

AGUINALDOS Y PARRANDAS


Alejo Carpentier

Venezuela es el País que puede mostrarse orgulloso de haber conservado, con sorprendente vitalidad y carácter propio, la tradición encantadora de los villancicos, aguinaldos y parrandas, que en un tiempo acompañaron, en todo el mundo cristiano, las festividades pascuales. Y digo que “en un tiempo acompañaron…”, porque sorprende, en verdad, que una costumbre tan grata, fuente de la más tierna invención melódica, propiciadora de las coplas y pastorelas de una deliciosa poesía, haya desaparecido tan completamente de ciertos países donde esa tradición existió hasta fines del siglo pasado. No hablemos ya de muchas naciones europeas donde el villancico se ha vuelto una cosa erudita, remozada cada año con gran trabajo, sobre manuscritos nada dicen ya al pueblo. (Debe reconocerse que los ingleses, en cambio, fueron excepcionalmente hábiles en conservar y hacer cantar, como una suerte de rito pascual colectivo, sus “Christmas Carol´s). Lo raro es que ciertos países de nuestro continente, que recibieron el villancico de mano de los conquistadores y escucharon coplas de Juan del Encina en los tempranos días de la colonización, hayan perdido, de modo tan absoluto, la tradición de los aguinaldos y parrandas. Es inexplicable por ejemplo, que en un país como Cuba, tan rico en fuerzas creadoras de música popular, el villancico haya desaparecido totalmente, sin dejar rastro. Es probable que algún sacerdote músico haga cantar coplas pascuales en algún templo en la Habana o en alguna vieja iglesia colonial, en noche de Navidad. Pero no encuentra ecos realmente en la memoria del hombre de la calle, ni haya resonancia en el holgorio arrabalero de lechón asado y plátano verde. Y sin embargo, mis investigaciones realizadas en la catedral de Santiago, me pusieron sobre la pista de una serie de manuscritos maravillosos, de Villancicos compuestos, a mediados del siglo XVIII, por el maestro de la capilla de música que era criollo. Lo que demuestra que allí la tradición fue tan observada como en México o Venezuela. ¿ Por qué se perdió, entonces ¿ … ¿Y por qué se perdió en tantos otros países de nuestra América? …

En Venezuela, en cambio, el aguinaldo, la parranda, el villancico, son manifestaciones vivientes del regocijo popular en pascuas. Claro está que la admirable labor de recopilación y difusión del villancico venezolano por obra del maestro Vicente Emilio Sojo se es ajena a la pervivencia de la encantadora tradición. Pero hay un hecho cierto. Y es que, independientemente de conocimiento cabal del villancico y del aguinaldo a través de los cuadernos que debemos al fervor del insigne músico, basta que una voz se alce en cualquier parte del País, al son del:

-¡Tun, tun!

-¿Quién es?

-¡Gente de Paz!

Para que un furruco empiece a sonar no se sabe donde y en un coro salido del norte, sur, añada a compás, y en la melodía exacta:

-Ábrannos la puerta

Que ya es Navidad.

La conservación, anotación, difusión, de los aguinaldos, villancicos, y cantos pascuales, donde todavía perdura su tradición en América, es labor que incumbe a los músicos de nuestro continente- Labor en la que el maestro Sojo ha dado orientaciones y ejemplos fecundos. Aún los espíritus más irreligiosos conocen la emoción del canto pascual, que es una de las manifestaciones más auténticas y puras del alma popular (“Villancico” era, originalmente, “Villanela”, canción “a lo villano”, campestre, rústica).

Suerte tiene, pues, Venezuela, de conservar una tradición que le viene de muy lejos, y haber tenido músicos que a tiempo se aplicaron a anotar, armonizar, editar, lo que el debilitamiento de una tradición oral ha dejado de perderse, irremisiblemente, en otros países.

Alejo Carpentier / El Nacional
14 -12- 1951.
Tomado de
Letra y Solfa I
Visión de America

2da edición / 1976/ Bnos Aires

martes, 31 de agosto de 2010

LA CALLE REAL DE CARACAS

Si existiera hoy la Calle Real de Caracas, ¿Cual sería esa vía? ¿ La Av., Bolívar, la Urdaneta, La Lecuna?
¿ Quizás ninguna de ellas tendría la autenticidad, la verdadera prosapia que le diera esta distinción de vía principal de la Capital. Recuérdense que los españoles, al fundar nuestras ciudades, definían, delimitaban los sitios donde deberían establecerse la Plaza Mayor, la Iglesia, el Mercado. En algunas ocasiones utilizaban la plaza mayor como mercado cuando éste tenía un carácter transitorio u ocasional. Igualmente se demarcaban las casas de los vecinos de mayor significación social o eclesiástica, y desde luego, se indicaba cuál sería la calle real de la Ciudad.

En Caracas la calle real arrancaba desde la esquina del Conde ( llamada asi en recuerdo a San Javier), atravesaba todo el centro de la Ciudad hacia el este, iba abriéndose paso por las esquinas de Conde, Principal, La Torre, Madrices, Marrón, Cují, Romualda, Manduca, Ferrenquín ,,, esto es, invadía parte de la Candelaria ( llamada asi en honor a la virgen de La Candelaria) hasta concluir en la estación de ferrocarril.

La esquina de La Torre y sus alrededores constituían el verdadero centro comercial de Caracas de los años 40 y 50, cuando la Ciudad comenzó la apertura hacía el Este. Allí encontrábamos, de Madrices a Marrón el restaurante Mesa; de Torre a Madrices, la tienda la Mano de Oro, de Elías J. Rafael; La camisa del Frac, de Torre a Veroes; el bar la Democrática, de los famosos hermanos Curiel, en donde por cierto, se guardaban los instrumentos musicales de los Cañoneros y los vente tú; la tienda la Surtidora y la Estrella de España; en la esquina de San Jacinto, el Pasaje Ramella; las tiendas el Gallo de Oro, y la Linda, de Farsen Ramia.

De Marrón a Cují estaba el Colegio Sucre, y también la Lotería de Caracas, en una casa grande que perteneció a Eustoquio Gómez, primo del General Juan Vicente Gómez, muerto a balazos en la sede de la Gobernación de Caracas.

Alrededor de la Plaza Bolívar existían también negocios importantes. Por ejemplo, entre Gradillas y Sociedad se fundó el más grande establecimiento comercial de la capital, El Pan Grande, instalado en un edificio de dos pisos, ambos llenos de mercancía de la más diversas especies. Era el sitio obligado para los comerciantes del interior que allí venían a abastecerse de mercancías y también para los vendedores del exterior interesados en introducir en el País sus productos.

En la Esquina de San Jacinto estaba la muy famosa Casa Bustillos que innovó el sistema de cupones, los cuales le eran obsequiados al cliente por cada compra y una vez que llenaran la “cuponera” se le obsequiaba una vajilla de cierta calidad.

Esto , a muy grandes rasgos, fue la calle real de Caracas en aquellos tiempos, recordaba por cierto a la compositora caraqueña Conny Méndez

“ Yo soy Venezolana,

del eje de mi tierra,

de la mera capital,

y no pudiendo en Catedral,

Yo nací en la esquina El Conde

en la Propia Calle Real”.

Fuente: CARACAS DEL RECUERDO A LA NOSTALGIA PAG 31

DE JUAN J VERDE M