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martes, 13 de agosto de 2013

La primera carnicería de Caracas

Visitando el Meat Market
Mercado de Carnes Americano

“La tentación de la carne es cosa que amó el venezolano, desde los prehistóricos tiempos adamitas. Si hubo personas de nuestro pueblo que practicaran por sport,  la antropofagia, aquí en la urbe avileña donde toda comodidad tiene su asiento, comer carne, pero carne buena, no se realizaron jamás ni para los elegidos para los grandes des( ilegible) , los matarifes no se preocupaban por los procedimientos modernos, y siempre nos tropezábamos con la misma molleja que nos hacía odiar la carne, así se tratara de la muy apetecible Madame  Pompadour.

Pero el progreso, rey y señor al que hay que imponerse  si fuere necesario, a culatazos, nos ha hecho el milagro en los crepusculares del año 40.
Nos referimos al Frigorífico Venezuela y al señor Valentaine, hombre de personalidad bien delineada, empresario que siempre redunda en beneficios a la patria en él que está radicado. El señor Valentaine, aportó el capital necesario, con el cual se ha establecido el primer mercado de carnes que es la nota de la actualidad caraqueña.

Gracias a este establecimiento de dispone de cavas modernas para la conservación de los productos y el personal y el personal técnico bien experimentado. Hemos visto por vez primera la presentación de variados tipos de carne,  nunca jamás soñados,  a la venta del “Frigorífico Venezuela” en su establecimiento  construído a tal fin en la Esquina Sur 19 de El Conde, prolongación de la Avenida Este 8. 

Aunque los caraqueños siempre nos gustó la carne de ganado, solamente nos provocaba comerla cuando nos adentrábamos en pleno llano o bien por la necesidad, pues hasta los médicos mismos abundaban en opiniones de que no debía consumirse mucha carne, tal era el estado  en que estas nos era presentada en multitud de establecimientos públicos. Ello obedecía, nos explicamos ahora, a que no estaban nuestras industrias, nada a tono con el día en que vivimos. Hasta que se construyó en Matadero Modelo de Maracay, las reses estuvieron sufriendo los mismos procedimientos para su beneficio y elaboración, que cuando hace 50 años, a los caraqueños le ofrecían la carne descuartizada  en la “MATANZA”  de San Martín**, donde las reses, luego de ser desolladas en un piso enlajado, sin higiene de ninguna naturaleza, eran transportada al mercado en wagones, y en bestias para las pezas parroquiales. No existían veterinarios. 





Cuando la carne empezaba a ponerse manída  la destinaban a fabricar  “ chorizos de cochino” . Casos así eran frecuentes y se multiplicaban con prodigiosa rapidez. Esto en cuanto a la carne de ganado, pues como beneficiaban marranos con pepitas ( lázaro), si el amo tenía influencias, el marrano iba a los expendidos como cualquiera sanísimo; de lo contrario se llenaba  expediente y se botaba el puerco como a un empleado anciano. 
   



Ocho  años  atrás, el ganado llegó a no tener precio o tenerlo tan irrisorio que allá en el año 1934 un periódico de la Cordillera anunciaba  que en San Cristóbal se vendían novillos hasta en 20 bolívares y que no obstante, ese precio escandalosamente bajo; no había compradores.
Los ganaderos dejaban morir sus reses porque se daba el caso de arriar para Villa de Cura •puntas” hasta  de 1.000 cabezas y cuando llegaba a esa ciudad, debían venderlas a precios que no les daba ni para el  pago de la peonada.  Eran casos para volver loco al mismo Dios.  Naturalmente que el pez grande se come al chico, y si bien es cierto que se empobrecieron multitud de ganaderos, hubo influyentes que se enriquecieron ostensible.  

La aparición del Frigorífico Venezuela ha despertado como lógica consecuencia un deseo plausible de comer carne, lo cual es beneficioso para el criador. "   
       
Fuente: Billiken/ 1940

Urb. El Conde, Caracas año 1940 Imagen: Luis Felipe Toro "Torito"

Nota : San Martin**  donde hoy está en Nuevo Circo " El sitio escogido para la obra es un terreno de propiedad municipal, de 14.400 metros cuadrados de superficie, situado al suroeste de la capital, en las inmediaciones de la Esquina de San Martín, donde antes estuvo la “Matanza” o matadero público (El Universal, 26/01/1919; Parra Márquez, 1989: 401). En la cuadra al norte del terreno estuvo el antiguo mercado de ganados y, colindante con aquel, la Escuela de Artes y Oficios para Hombres. Esta última, a su vez, ocupaba un edificio de origen colonial: el antiguo Hospital de Leprosos, oportunamente acondicionado para labores educativas. Los planos de la nueva plaza de toros son elaborados en la oficina de ingeniería del Doctor Alejandro Chataing (El Nuevo Diario, 21/01/1916) quien, junto al ingeniero Luis Muñoz Tébar, dirigirá luego la construcción de la obra (ZAWISZA, 1986: 44)." 

martes, 31 de agosto de 2010

Esquina del Conde

DEL CONDE



Dos eran los condes de título nobiliario que vivían en la esquina de su nombre: Don Antonio Pacheco conde San Javier y Don Fernando Ignacio de Ascanio conde de La Granja.

El conde de San Javier, vivía desde el año

de 1732 y el conde de La Granja desde 1795. La casa de los Condes de La Granja estaba situada en el ángulo sureste de la actual Esquina del Conde y fue por muchos años propiedad de la familia Boulton. Don Fernando Ignacio de Ascanio, Conde de La Granja, asistió en unión de Manuel Marcano, ambos reconocidos realistas el año de 1814, al pueblo del Valle a entrevistarse con el terrible Boves, siendo fusilados en la calle en el sitio del rincón del Valle, por las tropas del temible guerrillero. Su cuerpo fue enterrado el día 10 de julio del mismo año en la Catedral de Caracas, con el hábito de La Merced.



Los cronistas dicen con justa razón que la "Esquina del Conde" debía llamarse en propiedad de "Los Condes", pues frente a la casa solariega del Conde de San Javier, estaba situada la del Conde de La Granja. Hacia el norte estuvo situada la casa de los Condes de Tovar, cuyo título les fuera concedido el año 1771.

La casa fue reconstruida en 1785, y hoy está transformada en Edificio de Correos. La casa del Conde de La Granja fue luego mansión de Oviedo y Baños, el autor de la primera "Historia de la Provincia de Venezuela". Luego fue destruida y en sus terrenos se construyó el "Pasaje del Capitolio", que toma su nombre del teatro del mismo nombre allí situado.

La del Conde de San Javier, propiedad de Don Antonio Pacheco antes de su total destrucción, estuvo en ella "La Imprenta Nacional", después "El Eco Venezolano" y por último "El Nuevo Diario", órgano de la dictadura gomecista.



En esa casona se instaló la Junta Suprema de Caracas, conservadora de los Derechos de Fernando VII, el 20 de abril de 1810; y

un año más tarde, -1.811- se congregaron en sus salones los Diputados del Primer Congreso de Venezuela.

Y esta es la "Esquina del Conde". Su historia queda relatada en las viviendas de la aristocracia criolla que obtuvo sus títulos nobiliarios, gracias a las numerosas haciendas que poseían, trabajadas por mano esclava.

Una memoria de Caracas



LA CALLE REAL DE CARACAS

Si existiera hoy la Calle Real de Caracas, ¿Cual sería esa vía? ¿ La Av., Bolívar, la Urdaneta, La Lecuna?
¿ Quizás ninguna de ellas tendría la autenticidad, la verdadera prosapia que le diera esta distinción de vía principal de la Capital. Recuérdense que los españoles, al fundar nuestras ciudades, definían, delimitaban los sitios donde deberían establecerse la Plaza Mayor, la Iglesia, el Mercado. En algunas ocasiones utilizaban la plaza mayor como mercado cuando éste tenía un carácter transitorio u ocasional. Igualmente se demarcaban las casas de los vecinos de mayor significación social o eclesiástica, y desde luego, se indicaba cuál sería la calle real de la Ciudad.

En Caracas la calle real arrancaba desde la esquina del Conde ( llamada asi en recuerdo a San Javier), atravesaba todo el centro de la Ciudad hacia el este, iba abriéndose paso por las esquinas de Conde, Principal, La Torre, Madrices, Marrón, Cují, Romualda, Manduca, Ferrenquín ,,, esto es, invadía parte de la Candelaria ( llamada asi en honor a la virgen de La Candelaria) hasta concluir en la estación de ferrocarril.

La esquina de La Torre y sus alrededores constituían el verdadero centro comercial de Caracas de los años 40 y 50, cuando la Ciudad comenzó la apertura hacía el Este. Allí encontrábamos, de Madrices a Marrón el restaurante Mesa; de Torre a Madrices, la tienda la Mano de Oro, de Elías J. Rafael; La camisa del Frac, de Torre a Veroes; el bar la Democrática, de los famosos hermanos Curiel, en donde por cierto, se guardaban los instrumentos musicales de los Cañoneros y los vente tú; la tienda la Surtidora y la Estrella de España; en la esquina de San Jacinto, el Pasaje Ramella; las tiendas el Gallo de Oro, y la Linda, de Farsen Ramia.

De Marrón a Cují estaba el Colegio Sucre, y también la Lotería de Caracas, en una casa grande que perteneció a Eustoquio Gómez, primo del General Juan Vicente Gómez, muerto a balazos en la sede de la Gobernación de Caracas.

Alrededor de la Plaza Bolívar existían también negocios importantes. Por ejemplo, entre Gradillas y Sociedad se fundó el más grande establecimiento comercial de la capital, El Pan Grande, instalado en un edificio de dos pisos, ambos llenos de mercancía de la más diversas especies. Era el sitio obligado para los comerciantes del interior que allí venían a abastecerse de mercancías y también para los vendedores del exterior interesados en introducir en el País sus productos.

En la Esquina de San Jacinto estaba la muy famosa Casa Bustillos que innovó el sistema de cupones, los cuales le eran obsequiados al cliente por cada compra y una vez que llenaran la “cuponera” se le obsequiaba una vajilla de cierta calidad.

Esto , a muy grandes rasgos, fue la calle real de Caracas en aquellos tiempos, recordaba por cierto a la compositora caraqueña Conny Méndez

“ Yo soy Venezolana,

del eje de mi tierra,

de la mera capital,

y no pudiendo en Catedral,

Yo nací en la esquina El Conde

en la Propia Calle Real”.

Fuente: CARACAS DEL RECUERDO A LA NOSTALGIA PAG 31

DE JUAN J VERDE M