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lunes, 27 de julio de 2015

Terremoto de Caracas 1967

Venezuela Gráfica reseñó el terremoto de 1967 de la siguiente manera:


"Tal vez, en muchos años, desde 1812, Caracas no había vivido dos noches como la del sábado 29 y el domingo 30 de julio. Los caraqueños, como suele ocurrir, harían fiestas de fin de semana. Unos hacia la playa. Era el final de la semana cuatricentenaria. La ciudad del valle, bautizada así desde hace 400 años, vestía sus mejores galas. Y nadie sospechaba, porque así fue, la tragedia que conmovió a toda la población. 

Todos sabemos los festivos que son los venezolanos. Más cuando la fiesta cuatricentenaria era lo de moda. Lo que atraía la atención de propios y extraños. Sin embargo, el pueblo en fiesta, los caraqueños orgullosos por cuatro siglos de existencia, vieron sus esperanzas frustradas, con una celebración histórica y triste. Cuatro días después- un fatídico cuatro- y cuatro siglos destruyeron las estructuras de modernas edificaciones y estremecieron los cimientos de las viejas casonas que resistieron el golpe certero de la naturaleza contra la cuna de Bolívar.

Pareciera que la historia iría a reunir de nuevo los grandes momentos y las excepcionales epopeyas de nuestra tierra. Fue en el año 12 cuando Bolívar dijo aquello:
"Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca...”
Acertadamente decía en la tarde trágica del domingo 30 un redactor de "Ultimas Noticias": "Esta vez no hubo nadie que dijera: "Si la naturaleza se opone lucharemos...etc...etc...
En verdad, faltó el espíritu de Bolívar en un desafío al destino. Pero de él los caraqueños, el pueblo todo de Venezuela, heredó la valentía y la constancia frente a las eventualidades. Los caraqueños recibieron el impacto imprevisto. Dos noches y dos historias que jamás se olvidarán. Y frente a ella, ante la desolación y la miseria de los pobladores de esta gran ciudad se fueron camino del campo abierto, desafiando la lluvia si, pero resguardando la vida ante el peligro de nuevas acometidas sísmicas y en las calles, avenidas y plazas se improvisaron campamentos de previsivas familias y damnificados en un intento final de salvar la existencia. 
¡Quienes contarán mañana la historia no podrán olvidar estas dos noches dramáticas de lo ocurrido en Caracas. 





Centenares de muertos
Saldo del terremoto

En varias centenas de muertos se cifra el cómputo de las víctimas del terremoto que azotó a la capital de Venezuela y otras poblaciones del País.

Sin la misma intención de sembrar alarma dentro de la ciudadanía, éste número se logra gracias a una sencilla operación aritmética, tomando en cuenta los puntos más afectados por el sismo, tanto en la capital como en las zonas del Departamento Vargas.

Los cuatro edificios abatidos por completo por el terremoto dejan el saldo lamentable de 810 personas desaparecidas, cuya identificación tardará muchos días. Este balance se presenta de la siguiente manera: 

el Edificio Palace Gorvin, ubicado en la Avenida Avila de Altamira, parte sur, al desplomarse toda la parte posterior, de doce pisos y calculándose un apartamento en cada uno de ellos y a una familia de cinco personas, deja el resultado de sesenta víctimas por lo menos. 

El edificio "Neveri", también en la Avenida Avila de la Urbanización Altamira, parte Norte, al desplomarse, tapizó un total de 36 familias a cinco personas por cada una un total de 180. 

Por su parte, el edificio "San José", ubicado en la Urbanización Los Palos Grandes, también de doce pisos, albergaba aproximadamente a 180 personas, estimándose 3 apartamentos por piso.

Por último, en el edificio "Mijagual", ubicado en la 4ta Avenida de la Urbanización Los Palos Grandes albergaba aproximadamente 240 personas, en sus 48 apartamentos, calculándose cinco personas por familia. 
Este primer total arroja la cifra alarmante de 660 víctimas a la cual habría que sumarle los invitados a dos fiestas que se realizaban en el "Mijagual", para lo cual se estima unas 120 personas invitadas, para un primer resumen que arroja el balance de 810 víctimas. 



Sábado 29 de julio:
8 de la noche:
Comienza la tragedia

Los caraqueños, y por qué no decirlo, todos los venezolanos acostumbran el sábado en la noche a descansar o a divertirse en los lugares públicos. A esa hora se pactan los actos bailables, los cumpleaños, los matrimonios y en casi su totalidad, los bares y fuentes de soda comienzan a llenarse de parroquianos. Es una hora oportuna también para la visita familiar.
Un movimiento verdaderamente aterrador, con un sonido que desgarró al más valiente y que se extendió en una franja este-oeste con una duración aproximada de los treinta y cinco segundos, inició su acción de muerte.

Caracas se lanzó a la calle. Hombres, mujeres y los niños despavoridos trataban de buscar sitios abiertos para evitar la tragedia. Los llantos de la población temerosa, conjuntamente con el sonido de las cornetas y de las sirenas, configuraron una atmósfera de guerra. Un bombardeo de la madre naturaleza habría sido un regalo para la ciudad que horas antes terminaba de festejar sus 400 años.
El Gobierno Nacional, por intermedio de su comisión cuatricentenaria creyó conveniente remodelar algunas obras antiguas como para hacer renacer una época. Frisó muchas paredes. Acomodó algunas veces estructurales. Pero todo aquello hoy se encuentra en el suelo haciéndole compañía a las miles de tumbas, que como trapos negros quedan hoy aferrados a nuestros corazones.

Al finalizar la fuerte sacudida el resultado más fatal apareció en el Este de la ciudad. Las urbanizaciones Altamira y Los Palos Grandes, prácticamente estuvieron a punto de desaparecer. Todas las edificaciones mayores de ocho pisos se encuentran agrietadas y se hará necesaria la demolición de muchos de ellos. 

Presentamos a continuación la lista de edificios que por sus malas condiciones estructurales deberán sentir el peso de la maquinaria que les derribará definitivamente:
El "Lassie" y el "Alfosis", ubicados a los lados del derrumbado edificio "San José" en la primera avenida de los Palis Grandes. Su estado es verdaderamente peligroso, pues sus bases fueron partidas por el sismo y deben estudiar las condiciones de los edificios laterales.  


domingo, 26 de julio de 2015

Momentos del terremoto de 1967

La celebración de los 400 años de Santiago de León de Caracas, se empañó cuando todavía en las Plazas se celebraba su cuatricentenario. La noche del  29 de julio se cumplirán cuarenta y ocho (48) años del terremoto, que ocasionó  pérdidas humanas y materiales, tanto en Caracas como en las costas del Litoral. 
Aún en la mente de los venezolanos, del caraqueño, existen recuerdos de ese fatal día. Con este pequeño reportaje elevamos nuestras oraciones por aquellos que fallecieron trágicamente en ese lamentable sábado 29 de julio de 1967. 


" Durante dos días y sus noches, Caracas fue una ciudad con pánico. Desde que el terremoto de grado seis en la escalara de Riether, cuyo máximo es ocho, sacudió la capital y los balnearios de La Guaira, Macuto, Caraballeda, hasta la mañana del lunes, cuando la obligación de ir a trabajar hizo despertar de su pánico a los caraqueños, se advertía en todos los barrios, humildes y elegantes, una sensación de mudo asombro ante una catástrofe que una gran mayoría de hombres y mujeres jóvenes nunca creyeron que pudiese afectarles. Para ellos, los terremotos eran sucesos espantables, que sólo podían ocurrir en Chile, Japón, Turquía y hasta en Colombia. Pero en Caracas, no porque el último se produjo en 1900 y solo las personas de casi setenta años o más lo sabían, los demás nunca supieron lo que era sentir el piso tambalearse bajo los pies y escuchar los rugidos iracundos de la tierra dispuesta a arrasar con todo. Desde el sábado pasado a las ocho y cinco minutos de la noche, ya lo saben, y jamás lo olvidarán. 

No lo olvidarán los familiares de las doscientos y pico de victimas que figuraban hasta el lunes en las listas oficiales del Ministerio del Interior, ni los heridos leves y graves, que sumaban más de dos mil, ni los cientos de familias que perdieron los ahorros de toda sus vidas de trabajo cuando se enteraron que perdieron sus apartamentos en los edificios de propiedad horizontal que estaban pagando. 

En todas las casas se preparaba la cena o estaban a punto de comenzar las pequeñas reuniones sociales de fin de semana. Cinco minutos, después de las ocho, en las quintas se oyó un ruido ronco y amenazador, mientras el suelo y las paredes bailaban. En los edificios de apartamentos, no se escuchó el trueno subterráneo, pero la vibración fue tan fuerte que, cuando no derrumbó pisos y cielos rasos, destrozó cuadros, cristales y cerámicas o llevó de un extremo a otro de las habilitaciones, objetos tan pesados como neveras, tocadiscos y televisores. Los que iban en automóviles creyeron que les chocaban por todos lados y solo comprendieron que temblaba cuando vieron correr despavorida a la gente por las calles. Siguieron minutos de terror colectivo, en que reinó el caos de cornetas tocadas para desahogarse, carreras precipitadas para averiguar el estado de sus seres queridos y saturación de las comunicaciones telefónicas. Las noticias llegaron poco a poco, como rumores primero, penosamente confirmadas.

¡Hay edificios hundidos en el Este!
-¡Se cayó la cruz de la Catedral!
¡Hay cientos de muertos en el Litoral !

Hasta después de las ocho y cuarto, las radios y televisores mantuvieron sus programaciones habituales. Venevisión ensalzaba el éxito de Mariela Pérez Branger en el Concurso de Miss Universo; en los otros canales estaban las películas de rigor de los sábados. Los primeros anuncios fueron para pedir calma, leídos muchas veces por lectores cuyas voces traicionaban un nerviosismo tan grande como el que trataban de aplacar.  

Edificio San José 

El Edificio San José en Altamira, sepultó a decenas de personas. Un nutrido grupo de soldados y bomberos trabajaron en la remoción de escombros y búsqueda de cuerpos. 



Victimas en el Mijagual 



Miles de personas en las calles con temor a perder sus vidas y sus objetos personales 

En la entrada de la Torre La Prensa los vecinos de la Panteón se resguardaron 
Elite 1967
La marca de la Cruz de Santiago que se grabó en el pavimento de asfalto al desprenderse
aseguran testigos que se encontraban en la Plaza Bolívar y La Catedral
que la tierra dejó de sacudirse, en cuanto cayó la cruz.