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sábado, 18 de julio de 2020

La Caracas aniversaria: la humilde parada


Próximo al 453 aniversario de la Fundación de Santiago de Leòn de Caracas recordamos las paradas de aquella ciudad siempre agitada, hoy, maltratada y estruendosamente silenciosa. 

Por María F. Sigillo G.

Por supuesto, si hubo transporte público, hubo paradas. Caracas siempre las tuvo, una veces cómodas y adecuadas, otras no tanto: vistosas y duraderas, al lado de  las frágiles y deprimentes; con o sin techo, la banca fue una característica regular; de avisos publicitarios, o sin ellos. Quizá la pérdida misma de una noción de parada, comenzó por las avispadas maniobras, veloces y descaradas de los camioneteros que, al recoger a las personas en cualquier lugar o trecho de la calle, según el antojo del chofer (y del propio usuario), desafiando a los fiscales de tránsito que terminaron por resignarse, por decir algo, es que comenzó la derrota de los autobuses como el vehículo por excelencia del transporte masivo de las personas. Sin embargo, humildemente, siempre hubo una parada, porque – reiteramos – hubo con qué transportarse.

A mediados de 1963, por ejemplo,  hubo un grave problema en el Cuerpo Técnico de Policía Judicial (la célebre PTJ que ahora tiene otra nomenclatura).  Dos detectives desaparecieron o desertaron, con ametralladoras, fusiles y revólveres. Y la revista Élite, publicó una gráfica del llamado distrito 4 de la entidad policial, ubicado en la avenida Baralt de Caracas. Siendo varios los detalles que pueden observarse, en la fotografía, por lo pronto, llama la atención una acera limpia, la cual – seguramente – en la madrugada había sido recorrida por un enorme vehículo barredor que, además, disparaba agua por debajo, mientras sus cepillos circulares hurgaban en los rincones del pavimento. Agreguemos la parada de autobuses y carritos por puestos, de buena estructura, techo y banco para sentarse, aunque coincidía con un lugar reservado por las autoridades y, de hecho, obstaculizado por un carro aparcado. ¿Y cómo ignorar la cerca de protección de los arbolitos que ya deben ser hoy robustos, en una hilera ordenada? Si no fuese por el hecho noticioso, a nadie o a pocos se les hubiese ocurrido fotografiar una escena tan rutinaria por entonces, que hoy posiblemente nos asombrará, respecto a  la ciudad que fuimos.



Otra gráfica, esta vez de El Universal de 1978, nos impone de los trabajos de reparación realizados en la misma avenida Baralt. Y, por supuesto, más allá del crecido árbol, podemos observar una parada de buena ley, en el centro de la ciudad, con su techo y sus usuarios, esperando con calma el vehículo. Fue algo normal que la hubiese, como  en toda ciudad. Y por ésta, no podemos aceptar una versión “ruralizada”, donde siempre reine la precariedad.  Luego, ya la nostalgia no es la de la Caracas y sus paisajes e historias, sino la de la ciudad que fue y necesitamos recobrar con urgencia.



Esquina de Maradero 1967 Av. Baralt
Fuente Caracas del ayer 


martes, 27 de marzo de 2018

Leoncio Martínez (Leo)




"EL POBRE LEO PARA LA SEMANA SANTA DE 1926"
Esta reseña auto-caricatura la hizo Leo a la acuarela el año pasado como comentario a su matrimonio. Nuestro querido y admirado colega Leoncio Martínez (Leo), cuyo humorismo es sano y vigoroso, se ríe buenamente hasta de sí mismo, diciendo el humorismo entra por casa. Leo es competentísimo periodista: original y proteico. Escribe comedias, hace versos serios, dibuja, pinta, donoso cronista, revistero de toros y caballos, polígloto, etc...etc... A pesar de su juventud, cercana a la madurez, es un veterano. El triunfo de Fantoches es nacional; a todos gusta, aunque muchos lo disimulan....
Elite 1926

Cristo de Burgos

Según el Libro "Reminiscencias" de José García de La Concha publicado en 1962,  "Los santos más venerados para estos días eran: El Domingo de Ramos, el Jesús del Huerto, de la Capilla de la Trinidad; el lunes, el Jesús en la Columna, de La Candelaria. Para el martes, La Humildad y la Paciencia, de Catedral; el miércoles, los Nazarenos de Santa Rosalía y el de San Pablo; el Jueves el Cristo de Burgos, en la Altagracia, y para el viernes, la gran solemnidad de la Dolorosa y el Santo Sepulcro de San Francisco.

Siguiendo siempre las viejas costumbres, los caraqueños se reservaban sus mejores trajes para lucirlos en Semana Santa, y no solo eso, sino que sastres y modistas estaban atareados por aquellos días.

Los jueves y viernes Santos no circulaban los tranvías ni los coches de alquiler, y desde el jueves al mediodía cerraban los negocios hasta el sábado después del Aleluya.
Sin embrago, ya no se usaba en las damas la “saya” de nuestras abuelas, que consistía en un fastuoso vestido negro de seda y terciopelado y blondas y lentejuelas, pero si vestían  con lujo, y los hombres todavía lucían sus levitas y pumpás, naturalmente, los mayores, porque los jóvenes solíamos estrenar un buen terno."

Cristo de Burgos
Revista Elite 1951

sábado, 27 de enero de 2018

Inauguración del Museo de Bellas Artes


Iniciamos tardiamente el 2018 en nuestro blog, pero nada mejor para recordar que el 20 de febrero de 1938 fue inaugurada la sede del Museo de Bellas Artes , el cual fue  creado en 1917 mediante decreto del entonces el presidente de la república encargado, Victorino Márquez Bustillos. Su ubicación inicial estuvo en un espacio de la sede de la Academia Nacional de Bellas Artes (actual Escuela de Música José Ángel Lamas). El 20 de febrero de 1938, el presidente Eleazar López Contreras, inauguró su sede propia, un edificio de estilo neoclásico diseñado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, situado en el Parque Los Caobos. El mismo fue sometido a una ampliación en 1953, que implicó el crecimiento de la planta hacia la parte trasera. Allí funcionó hasta el año 1976, cuando se crea la Galería de Arte Nacional, razón por la cual el museo trasladado a una nueva edificación de arquitectura brutalista ubicada en la parte posterior del complejo neoclásico, obra también de Villanueva.


La Revista Elite lo reseñó de la siguiente manera: 


"Un verdadero nacimiento artístico ha sido la inauguración del Museo de Bellas Artes, efectuada el domingo próximo pasado. El armonioso y moderno edificio emplazado en el Parque de "Los Caobos" encierra en su interior verdaderos tesoros de arte nacional y está llamado a desempeñar un papel de primer orden en la vida cultural de Venezuela. Tanto nuestros grandes pintores y escultores desaparecidos, como los más destacados artistas contemporáneos de la paleta y el cincel, están brillantemente representados en el Museo de Bellas Artes. Esperamos que la apertura del Museo de Bellas Artes de Caracas contribuya a estimular el interés del público para con las obras de nuestros pintores y escultores nacionales, hasta hoy relegados a la indiferencia o el olvido. Igualmente esperamos que se inicie un verdadero florecimiento de las artes plásticas nacionales, gracias a la misión divulgativa y educadora que el Museo de Bellas Artes está llamado a desempeñar en nuestro adorado ambiente artístico. El acto de la inauguración vióse [sic] prestigiado con la asistencia del señor Presidente de la República, los Ministros del Despacho, el Gobernador del Distrito Federal y una nutrida representación oficial, intelectual, social y popular."







Fuente: Revista Elite, febrero de 1938
Wikipedia

sábado, 3 de diciembre de 2016

Los Puentes de Caracas

Caracas ya lejos de otros tiempos
Por Lucila Palacios 
Los Puentes 

El Caudal de los ríos se ha empobrecido. La ciudad solo conoce al Guaire que aún mantiene viva su corriente en los días veraneros... Y que luego, en la estación de las lluvias suele crecer con tal vigor, con tal ímpetu, que amenaza a las barriadas vecinas sobre las cuales descarga un fuerte volumen de agua.
El Guaire..pero también por allí cerca, han corrido Catuche y el Caroata..

Linfas claras bajo las arcadas espesas de la vegetación, rumorosas y frescas, llenas de atracción para el paseante.
¡Acaso jóvenes parejas dirigían sus pasos en busca de un lugar solitario situado en las márgenes de cada uno de estos ríos! Y los niños llegaban también hasta sus márgenes… Iban armados con anzuelos y cañas de pescar..pues abajo, en el fondo de los pozos, en los remansos de color azul, había pececillos inquietos, de cola plateada y carne apetitosa...
Los nidos se columpiaban en la arboleda sobre el agua corriente y de vez en cuando un cazador segaba la vida de los pájaros.

Entonces, el Catuche y el Caroata alargaban también sus pasos para alcanzar la ciudad..
Crecían las aguas en uno y en otro sitio o bien se estancaban para dificultar el tráfico urbano.

Y se crearon los puentes.

-¡El Guanábano!
Allí donde crecía el árbol que daba fruto de pulpa sabrosa.




- ¡La Trinidad!
Evocación de la doctrina católica con sus tres Divinas personas en un cielo  resplandeciente



-¡San Ramón!
Iban ensanchado estos puentes el barrio de La Pastora.

Había otros tantos  en toda la zona capitalina.
Y en la ciudad que crece, son imprescindibles.
Aunque los ríos hayan bajado su nivel, ellos siguen siendo útiles.
Algunos han sido sustituidos por puentes de construcción moderna, mucho más fuertes, mucho más resistentes...
Otros han cambiado de nombre.
-¡Casacoima!
¡Arauca!

Cada uno de ellos va tomando el nombre de una acción heroica, de una acción gloriosa en la historia de Venezuela.

-¡El Puente Junín!
Y hubo un Puente Nuevo en 1885, sobre el Caroata.


Puente Junín 


   El más conocidos de todos es el del Guanábano por su trágica trayectoria: desde su barandaje, que domina el cauce, se han lanzado al abismo los que quieren morir.. Este puente ha dado, en su balance, un gran porcentaje de suicidios a la ciudad caraqueña.

Día tras día, sobre la angosta quebrada, sobre el hilo de agua que surte a Caracas, aparece tendida la arcada de hierro o de mampostería que va a establecer contacto entre las diferentes arterias de la urbe, cada vez más poblada..

Y aunque la capital cambie de aspecto, a medida que se ensanche, en ella han de perdurar los puentes mohosos, viejos de antigua raigambre, aunque a su lado ostenten toda su novedad las nuevas construcciones barnizadas y el encaje de metal de una baranda lanzada al vuelo sobre el barranco, en cuyo fondo murmura un hilo de agua...

Transcrito de la Revista Elite
1950

martes, 20 de septiembre de 2016

Hospital de Emergencia Los Caobos




"Engalana esta página de ELITE la maqueta donde se aprecia la conveniente ubicación que se dará a un moderno Hospital de Emergencia en Los Caobos, o sea a escaso tiempo de recorrido, merced a las avenidas construidas en los últimos meses, de El Cementerio, Prado de María, El Valle, Urbanización Los Chaguaramos, vías del Este, Los Caobos, Chapellín, Country Club, etcétera.

Esa obra, que vendrá a llenar un importante necesidad de la metrópoli que hoy es Caracas, fué decretada en 24 de abril por el Gobernador del Distrito Federal, General Juan de Dios Celis Paredes y se procedió a trabajar en ella a partir del Primero de Mayo, esperándose que quedará terminada en un plazo de seis meses y medio, dado el intenso ritmo que a la construcción se ha dado bajo el régimen de la Junta Militar de Gobierno. Comienzan a cumplirse así las proposiciones hechas por la Junta de Beneficencia Pública del Distrito Federal para instalar cuatro puestos de Emergencia estratégicamente ubicados en diferentes sitios de la capital para prestar asistencia de primeros auxilios. El decreto respectivo señala que "la actual Administración Municipal tiene como propósito permanente la ampliación de los servicios públicos asistenciales, a fin de que ellos guarden la debida proporción con el rápido crecimiento demográfico de la ciudad de Caracas", que "los institutos de esta índole son de interés fundamental para el programa de realizaciones sociales que contempla en la actualidad el Ejecutivo del Distrito" y que "el sitio denominado Los Caobos reclama la construcción inmediata de un Hospital de Emergencia, para atender en él a los habitantes del expresado sector y de los densos núcleos de la población que se concentran en las zonas vecinas".

Los estudios realizados conducirán, pues a la construcción de un tipo de hospital perfectamente capacitado para atender los casos que requieran tratamiento quirúrgico y traumatológico de menor importancia, y también para aquellos casos graves que podrán recibir el primer tratamiento inmediato para luego ser trasladados al Hospital Central Médico-Quirúrgico de Emergencia, en la esquina de Salas para su tratamiento definitivo. El proyecto contempla todos los detalles funcionales de un Hospital de Emergencias moderno, de primera categoría, cuya construcción está presupuestada por 801.400 bolívares. La obra, como queda dicho, está prevista para seis meses y medio, garantizándose la rapidez y perfección del trabajo que se ha de realizar con una cláusula penal por retardo en el contrato, cláusula que prevé el pago de 500 bolívares diarios por tal concepto."  

Revista Elite 1950

sábado, 6 de agosto de 2016

"Pirulo" Matos, Vende Felicidad




"Los periquitos de la suerte dan los premios, pero no ayudan en el cinco y seis"
Por Omar Vera López


Foto: Nenchew



Desde que la voz del Arcángel, más flamígera que la espada que llameaba a su diestra, expulsó dinero humano, comenzó a preocuparse por el mañana. Hay que ver lo que significa ese "ganarás" el pan con el sudor de tu frente" para un individuo acostumbrado a vivir tal como si estuviera a la sombra de algún tío rico. Si hubiera estado en ésta, nuestra Caracas, el sudor le habría llegado por si solo, sin mucha molestia, pero es de presuponer que en aquel entonces, aunque no había aire acondicionado, por lo menos la vegetación y la arboleda harían muy agradable el clima. Pero volviendo a lo nuestro Padre Adán, nos lo podemos imaginar cabizbajo, sentado sobre los restos de un iguanodonte cualquiera, con las manos perdidas en la cabellera hirsuta, y pensando en cómo podrá atender las necesidades de su creciente familia- se supone que Caín todavía no ha cometido la burrada- cinco millones de venezolanos. Si en esta época hubiera vivido "Pirulo" Matos, seguramente que el primer hombre hubiera acudido presuroso a que el pajarito le adivinara la suerte. Y la sonrisa optimista le hubiera despejado un poco el enredado adorno piloso de su cara con sólo leer algo por el estilo: "Te espera un cambio de fortuna". No tendrás que preocuparte por nada. Vivirás hasta los 80 años. En la lotería juega el número 6417"
La verdad es que no sabemos cómo podría jugar un numerito si no existía la lotería, pero por lo menos dejaría toda la preocupación y la melancolía del primer rostro de nuestro padre Adán. 



Quién es "Pirulo"

El nombre cristiano de "Pirulo" es el de Ramón Matos, y una de sus preocupaciones, la que trae a estas páginas, precisamente, es la de adiestrador de periquitos que pueden ver nuestros lectores  extrayendo los papelitos que señalarán la vida futura de los que se acerquen a beber de esa "fuente de sabiduría"
Ya Matos tiene dos años en este oficio, heredado por decirlo así, de un colombiano que fuñe el introductor de esta modalidad en Venezuela. Los periquitos vienen de la tierra de los crisantemos y los lotos, la China milenaria, y cuestan un promedio de cincuenta bolívares cada uno. "Pirulo" quiso experimentar con canarios, pero se convenció de que los pericos eran los únicos que podían ser amaestrados fácilmente.
Naturalmente les diremos como se enseña a los pequeños y coloridos "pítonisos", pero tendrán que prometer que no intentarán hacerle competencia a Ramón Matos. 
Lo primero es conseguirse el periquito, y luego tener a la mano una "ponchera" bastante honda...En la ponchera están más seguros, y casi no tratan de escapar. Doble usted unos cuantos pepelitos écheles dentro de la ponchera, y ya estamos listos a comenzar nuestro trabajo. Haciendo chasquear los dedos cerca del pequeño animalito, éste comenzará a entender el sonido y muy pronto acudirá dócilmente cada vez que usted lo llame. Enseñándole luego a sacar el papelito y ponérselo en el pico, ya tendrá completamente listo a un alado Mandrake que le dejará ganar un promedio de cincuenta bolívares diarios, si tiene la suerte de elegir un buen lugar. Uno o dos días es lo que tarda Matos en adiestrar al nuevo "adivino", cuyo valor oscila entre los 100 y 150 bolívares....




 Elite 1951 

lunes, 1 de agosto de 2016

Estampas Típicas de La Metrópoli

 
"A la falda del Calvario se abre la anchurosa avenida de Caño Amarillo, que concluye en las estaciones de los ferrocarriles alemán e inglés y las forjadas verjas de Santa Inés. Aserraderos, garages, [sic] oficinas de café, botiquines, forman su no largo trayecto. A un lado, aprovechando un pedazo de tierra, la previsión municipal ha plantado un bonito jardín. Los tranvías pasan raudos en las horas de llegada y salida de los trenes lentos, perezosos, en las implacables horas del bochorno meridiano. Hace algunos años fué Santa Inés muy traficado por carruajes de lujo y frecuentado por magnates de la política, la diplomacia y la sociedad. Hoy Caño Amarillo es casi un barrio musulmán, sede de la monería, tribu de buhoneros;sugiere abigarrada barriada de Constantinopla.

Bajo el Viaducto Unión, en la misma porción de la ciudad libertadora hay un minúsculo caserío: casuchines de adobes, desiguales tejas, casi sin puertas ni ventanas. Gallinas, pollos, perros, patos, revueltos, más no confundidos, viven en perfecta y envidiable camaradería. Por la noche los vecinos se reúnen en círculo bajo las estrellas y entonces se cantan tristezas atávicas y se cuentan cuentos de guerras y aparecidos. Por las madrugadas los gallos, estridentes y enriscados, cantan, épicos heraldos de la aurora."
 

 
 
(Fotos. Elite de Avilán)
Fuente:
Revista Elite 1926
Transcrito por Caracas en Retrospectiva
(María F Sigillo)
Imagen actual, Villa Santa Inés, Caño Amarillo
Sede del IPC
María F Sigillo
julio, 2016



sábado, 30 de julio de 2016

Coche, cementerio de estatuas

Uno de los temas que me ha inquietado desde niña, es el relacionado con las estatuas caraqueñas, siempre me ha parecido insólito, por decir lo menos,  que éstas no conserven sus destinos iniciales, y que formen parte del capricho gubernamental de turno.

Encontré este interesante artículo en la revista Elite #107 del 1 de agosto de 1958,  en ella di con la Obra de Don Andrés Bello (1930) del  escultor Español Chicharro Gamo , cuyo destino se debatió en la Exposición realizada en el 2015 en la Sala TAC del Trasnocho Cultural en Caracas por la Fundación Docomomo Venezuela, Presidida por nuestra querida Arq. Hannia Gómez.
 Aquí transcribo la reseña y escanee sus imágenes que no eran de buena calidad. 

El Andrés Bello de la Placita de Capuchinos,
luce ensimismado en su retiro de Coche 

"La Historia duerme en un monólogo de bronce
Los héroes comandan hoy en día las huestes vegetales de los parques abre una ciudad indiferente al pasado. Ana Luisa Llovera escribe sobre las estatuas en Caracas."


“Las estatuas, como los seres vivos, tienen su destino. Y también – como los seres de carne y hueso- las hay con negro hado y otras de risueño signo independiente de su valor artístico, y de la importancia o mérito de aquellos a quienes representan.

Hay estatuas- como seres humanos- que se inician de manera poco favorable y concluyen en forma sorprendente, como esas películas norteamericanas que finalizan con un largo beso cuando todos esperábamos tres asesinatos. Y otras que se estrenan rodeadas de todas las circunstancias propicias y concluyen cualquier día de los depósitos del Aseo Urbano de Caracas.

Solo las estatuas conocen los sueños de la Ciudad 



Caracas, en general, no ha sido muy feliz en materia de estatuas. La del Padre de la Patria que yergue en la plaza principal, por largos años eje y centro de la ciudad, testigo de populares gestas repetidas,  ni siquiera es original: es copia de la que está frente al Palacio Legislativo de Lima, donde en el orden de importancia y de valor estético de los monumentos ocupa el tercer lugar…

El Urdaneta de La Plaza la candelaria ha sido una estatua feliz
en su ubicación. No se sabe, sin embargo, cuanto tiempo permanecerá allí puesto que
sus proporciones grotescas la hacen segura candidata a un exilio
a los suburbios, o al basurero. 

La de Urdaneta, frente a la avenida de su nombre, está muy distante de satisfacer el gusto de las gentes comunes y corrientes, que son la mayoría, y quisieran una caballo más caballo y un jinete más jinete. Probablemente esto resultará una herejía, pues la estatua en cuestión parece corresponder a depuradísimos esquemas estéticos de reciente data. Pero el gusto de la gente es asi…

Acaso con base a ese gusto- llamémoslo “clásico”- por las estatuas, la del General Páez en la Plaza de su nombre es una de las más adecuadas. Es, como si dijéramos, de las que resultan más “bonitas” y también de las que han tenido mejor suerte. Allí ha permanecido por años, inconmovible y férrea, con el jinete afincado sobre sus estribos, enhiesta la lanza, como si estuviera dando aquel famoso grito de “Vuelvan Caras”, que algunos afirman nuca dio.

Sucre otro de nuestros “grandes Grandes” tiene estatua en la parroquia de su nombre, pero la mejor suya de que haya dispuesto Caracas se alzaba en el Calvario, empinada sobre la ciudad de los techos rojos. Era tan marcial, tan buena que el propio General Gómez, de quien es fama  que no era muy entendido en esa materia, se enamoró de ella. Y un día, sin requisito alguno, como él sabía hacer las cosas, envió un camión desde Maracay, la arrancó del paisaje caraqueño y se la llevó a sus predios. 
Andrés Bello, que necesitó poner tierra u océanos entre su patria y su destino extraordinario, ha sido uno de los más “estatuados” y de los más infelices  en estatuas. La que ahora se encuentra en los depósitos del Aseo Urbano, una cosa horrible, antiestética, estaba ante en la Placita de los Capuchinos, donde servía de regodeo  a las palomas, que la usaban para muy poco honorables funciones. Y la que ahora está sobre la Avenida de su nombre tampoco resulta muy atrayente, que digamos.

La estatua del Licenciado Miguel José Sanz que ahora se alza, con toda justicia, en virtud de sus méritos, presidiendo la entrada del Colegio de Abogados, es una de esas estatuas de destino enderezado. Por largos años estuvo tirada en uno de los patios enderezado. Por largos años estuvo tirada en uno de los patios de la Universidad, donde en muchas ocasiones sirvió para “encaramarse” a oír a Jóvito Villalba, al “mono” González y a muchos de los estudiantes fogosos de 1936 y 37 cuando se mitineaba allí en redondo. 
Durante el gobierno del Gral. Medina un grupo de abogados la rescató de los menesteres y se inauguró en el Patio del Palacio de Justicia, con discursos que algo tuvieron de  desagravio. Una de las frecuentes reparaciones desplazó de nuevo al Licenciado Sanz, que ahora encontró su “final feliz” y digno.

Sin embargo, cuando una gringa rubicunda, de esas que vienen para conocer el Humboldt, se para frente a esta estatua, nada le dice que se trata de las Ordenanzas de Caracas, del ilustre jurista que fue herido en la Batalla de Urica y murió más tarde en Maturín. Apenas una palabra; Sanz. Mientras que el escultor cuenta con mayores especificaciones: “Cav. Prof. Pietro Ceccarelli”. De tal manera que no tendrá nada de raro que una turista enterada se refiera alguna vez a “la estatua del Profesor Ceccarelli” vista por ella en su recorrido caraqueño.

Pero si bien no ha sido Caracas propicia en estatuas al reconocimiento de nuestros grandes héroes, tampoco lo ha sido para la consagración de los déspotas, y valga lo uno por lo otro. 

En toda nuestra historia el único gobernante que ha sido capaz de levantarse estatuas en vida fue Guzmán Blanco. El mismo General Gómez cuéntese que protestó cuando alguien propuso erigirle una a Don Cornelio, como alguien llamaba a su padre. López Contreras no solo se opuso a estatuas, sino aún a que le pusieran su nombre a un hospital.

Guzmán Blanco, en cambio, se pirraba por una estatua o por una representación cualquiera de sí mismo. Es fama que en Santa Teresa se encuentra con arreos de Evangelista y que se hizo reproducir otras veces. En Caracas se hizo erigir dos estatuas: una frente  a la Universidad, a la cual la gente distinguía comúnmente con el poco noble cognomento de “manganzón”. Y otra en el Calvario a la cual pusieron “Saludante” en atención al gesto y por consecuencia con la división de las estatuas, en estricta definición de diccionario, entre “ecuestre, orante, sedente, yacente”. Estas estatuas de Guzmán, fueron víctimas de la ira popular en 1878, arrastradas entre gritos, imprecaciones, escupitajos e insultos. Fueron respuestas años más tarde, cuando el “Ilustre Americano” reconquistó el poder. Y luego vueltas a derribar en 1889 como lección de los futuros déspotas que son otras las obras que dan derecho a permanecer en bronce o mármol en una plaza caraqueña.

No fueron estas las únicas estatuas que la megalomanía de Guzmán hizo erigir. También en Valencia – nos cuenta Enrique Bernardo Núñez- tenía Guzmán estatua. Por cierto que estaba en la placita de San Francisco, donde operaba como médico de almas un curita llamado Lorenzo que no le tenía muy buena voluntad. Y que muchas veces  había dicho- y repetido- que con esa estatua fundiría  él las campanas de San Francisco, de muy buen bronce. Y desde entonces a Guzmán no se le vió en el Pasaje Valenciano: suena en los repiques y dobla con los muertos. 
El Gral. “Turugo” tuvo unas ganas locas de hacerse algunas estatuas. Pocos días después de la  caída del “hamponato” un cable anunció que en un puerto italiano se encontraban bustos del dictador en número de 60 y  que no se sabía qué hacer con ellos. Nadie los reclamó. Tal vez Laureanito, o Cedillo, fueron los autores de esta producción masiva que ahora “yace” en alguna aduana europea sin destinatario ni remitente.

Miranda se yergue ante los depósitos del Aseo Urbano. Sus restos son
esperando en El Panteón, su nombre está grabado en el Arco del Triunfo pero en su Patria,
a demás de precursor, es un abandonado.

Las estatuas, como los seres vivos, a veces tienen destinos injustos. Pero otras constituyen lección permanente, alerta firme.     

Por Ana Luisa Llovera
Fotos: Noguerita

miércoles, 4 de mayo de 2016

San José del Avila en 1926





Nuestro muy amado y muy ilustre cerro el Avila, ahito de glorias terrenas, colmado hasta su más empinado picacho de inmortales heroísmos, decepcionado del mundo, sus engaños y sus comedias, enrumbó sus aspiraciones por senderos divinos, a m´siticas regiones. Y como quiera que todo merecimiento justo es atendido por Dios y a nuestro Avila era de usgente justicia complacerlo, todo se dispuso para darle un Santo. Existe San José del Avila, y su Santuario, al cuidado hoy de alemanes Padres Benedictinos, por ausencia indifinida del vistuoso Padre Machado, levántase espacioso y sencillo a menos de un centenar de metros del Avila sobreano. Indudable es la celeste equidad, Caracas entera es devota de San José del Avila, milagroso escuchador de quejas y peticiones. El viernes 19, como todos los años, su Capilla estuvo de gran festejo. 



Fuente: Elite 1926 

lunes, 16 de noviembre de 2015

VIDA Y ANDANZAS DE JESUS MARIA NEGRIN

La historia menuda de Caracas,  ese  día a día que vemos reflejado en los nombres de sus calles,  esquinas  avenidas,  se va  haciendo de origen desconocido para la mayoría de sus  transeúntes, ignorando la vida, obra, anécdota  de personajes caraqueños o foráneos que hicieron de ese especifico lugar, un rincón inolvidable de la ciudad. 

Hoy hablaremos de Jesús María Negrín, tal como lo describió en un reportaje la Revista Elite en 1934, época de su deceso.

Quinta  de Jesús María Negrín en Sabana Grande 

   
“La muerte de Jesús María Negrín, personaje que desde hacía muchos años ocupaba un lugar prominente en la mitología popular venezolana, tuvo una resonancia tal entre la legión de sus admiradores que resolvimos contemplar de cerca su vida y su obra para narrarla desde  las páginas de ELITE.
Jesús María Negrín – tuvimos ocasión de conocerle fugazmente- era un tipo rústico, de hablar lento y ademanes cautelosos. Sus ojos siempre ocultos tras los párpados, escrutaban largamente al interlocutor, en tanto le dirigía preguntas imprevistas con voz premiosa y apagada su rostro exangüe se iluminaba tenuemente mientras contemplaba al trasluz, el frasco de cristal que todos los pacientes estaban obligados a entregarle para su misterioso diagnostico. Siempre con el sombrero calado y un bigote ralo y lacio cayéndole sobre los delgados labios, Jesús María Negrín producía una    impresión singular: suerte de incredulidad y de fé, a un tiempo.
-Usted siente puntadas en el vientre. Usted tiene fiebre de noche. Usted duerme mal, con pesadillas. Usted... Y Negrín con gestos sonámbulos, iba diciendo entre dientes todos aquellos síntomas que la "lectura" del frasco de cristal le sugería. Envuelto en la penumbra de su recetario, todo circundado de estanterías conteniendo multitud de envases de vidrio con muestras de parásitos expulsados por sus clientes. Negrín se alejaba luego hacia la trastienda y regresaba con una pequeña botella verdosa entre sus manos.

- Tómese tres cucharaditas de esta medicina todos los días-
Jesús María Negrín fué todo un tipo popular y por ello le consagramos estas páginas para lanzar una ojeada sobre su singular humanidad.

Su hijo, Helidoro Negrín, tuvo la gentileza de suministrarnos cuantos datos le fué posible para facilitar nuestro trabajo. Pero, con todo, Jesús María Negrín era un hombre hermético, tan dueño de su pasado, que no obstante la amable colaboración de su hijo. no pudimos obtener un vago esbozo de sus años juveniles y de su iniciación en el arte de curar. 

Parece que Jesús María Negrín, hacia la veintena, vióse arrastrado por las revueltas internas  tomando  parte en diferentes hechos de armas. Incorporado a las filas recorrió gran parte del País, hasta que su buena estrella hizo que una bala le dejase tendido un día cualquiera en un encuentro. Tal hecho acontecióle en una región andina y fué recogido por unos indígenas, quienes le llevaron consigo y lo pusieron en manos del "piache" (brujo o curandero) de su tribu. En compañía de ese "piache" permaneció Negrín por espacio de seis años, adueñándose de todos los secretos del cobrizo empírico. 

Desde niño, experimentó Negrín una insaciable curiosidad por nuestra flora, cuyos vegetales secretos presentía. De allí que la dilatada experiencia del "piache" pusiese en marcha todos sus confusos anhelos y le permitiera llevar a la práctica todo cuanto su instinto vagamente le insinuaba. 
El "Piache", para realizar sus curaciones, exigía le fuese suministrado un objeto cualquiera del paciente o una hebra de su pelo. Luego de concentrarse profundamente dictaba su diagnóstico, el cual era seguido textualmente por la multitud de indígenas que tenían grande fe en sabiduría. 
Jesús María Negrín, hombre sagaz, aprovechó sólo aquellos  conocimientos del "piache".

Con tan extraordinario bagaje, dióse Negrín a experimentar por sí mismo, años más tarde, alcanzando continuos éxitos. Parece que nuestro personaje poseía una intuición nada corriente, que le guiaba en sus tenaces experimentos. Conociendo de modo empírico la virtud curativa de infinidad de plantas tropicales, cuya nomenclatura técnica quizás desconocía. Negrín con toda buena fé, puso sus conocimientos al servicio de sus brebajes estaban confeccionados con zumos de plantas nuestras, muchas de las cuales aún permanecen inclasificadas y cuya variedad es  verdaderamente asombrosa. Como uno de los factores esenciales de toda curación es la fé del paciente en la medicina que se le administra o en la persona que la índica, pues tal disposición de ánimo crea una especie de autogestión favorable a la reacción del organismo, resultaba de ello que muchos- la mayoría- de los pacientes de Negrín, sugestionados por su misteriosa simplicidad, que le hacía aparecer como un ente telúrico, dueño de insospechados recursos, mejoraban a ojos vistas de sus quebrantos, con lo cual creía interminablemente en la fama del empírico.

Si tomamos en cuenta, además, que un considerable porcentaje de las enfermedades corrientes entre nosotros, son de origen parasitario, se explica fácilmente que los preparados de Negrín produjesen un alivio inmediato en la generalidad de los casos, pues muchos de esos zumos vegetales que él administraba encerraban propiedades vermífugas. 

-Mi padre- nos dice Heliodoro Negrín-estuvo mucho tiempo sin dedicarse a recetar, pues mi abuela se lo había prohibido. Una vez muerta ella, decidióse a poner en práctica sus conocimientos. Vivíamos en aquel entonces en "La Cañada" y su primer cliente fué un compadre de Los Dos Caminos. 
Estamos conversando con el hijo de Jesús María Negrín en el recetario que éste había instalado en la parte posterior de la quinta que últimamente habitara, situada en Sabana Grande. Es una finca rodeada de gran parque, cuyo esplendor vegetal sin duda era grato a aquel que parecía conocer todas las virtudes ocultas de las plantas. 

-Si, todos esos frascos contienen muestras de los parásitos que los clientes curados por papá le regalaban en prueba de gratitud. Aquí no están sino unos pocos, pues los demás los guardaba en otros cuartos.

El recetario de Negrín está separado de una especie de sala de espera, mediante una barandilla de madera. Innumerables tenías y parásitos de aspecto extraño flotan en el alcohol de los envases. El saloncillo tiene cierta atmósfera peculiar con su penumbra, las frugales estanterías y la presencia de un anciano de aspecto campesino que escucha atentamente nuestro diálogo. 

¿...?

-Se llama Henrique Rodríguez y conoce también muchas plantas. El acompañaba siempre a papá  por los campos en busca de yerbas. 

¿...?
Henrique Rodríguez, compadre y ayudante de
Jesús María Negrín 

-Conozco casi todos los preparados que recetaba porque desde niño me he ocupado de eso.
No poseo sus mismas facultades, pero tengo una gran práctica y puedo curar a algunos.
En esos precisos momentos penetró en el recetario un campesino. Uno de esos típicos hombres del campo venezolano: sombrero de pelo de guama, alpargatas, franela y chaparro en mano. Venía en busca de su medicina.

¿...?

-Hubo épocas en que recetaba como a cien personas por día. De todos los pueblos y haciendas venían a consultarlo. Y de Caracas, no se diga....

Heliodoro Negrín habla de su padre con voz ferviente. Es innegable que el extinto poseía la facultad de inspirar una extraordinaria confianza a todos cuantos le rodeaban. Contemplado a primera vista resultaba un tipo insignificante, pero como generalmente sus interlocutores eran gentes rústicas o pacientes desesperados, resultaba que Negrín con sus vagas frases y sus ademanes sonámbulos, amén del singular carácter de su diagnostico de "lectura" de las aguas, despertaba en sus clientes una creciente esperanza en su curación. Su presencia removía en lo íntimo de los enfermos todo el sedimento supersticioso y esa confusa fe en lo sobrenatural que siempre está presente. 
Jesús María Negrín tenía una profunda confianza en sí mismo. Se sentía dueño de una especie de sexto sentido que le permitía intuir y descubrir síntomas ocultos. Bastaba verle examinando un frasco para darse cuenta de que Negrín experimentaba algo así como un arrebato, casi diríamos que caía en "trance".
Por su recetario desfilaron los pacientes más diversos, muchos de ellos aquejados de enfermedades que estaban fuera de alcance curativo de los zumos vegetales de Negrín. No obstante eso, el iluminado curandero examinaba largamente las aguas y pronunciaba su diagnostico con el mismo tono distante y como abstraído. 

Pocos tipos venezolanos han sido tan extraordinarios y pintorescos como Jesús María Negrín. Por ello lo hemos calificado de ente telúrico: hombre poseído por una fuerza de la naturaleza que fermentaba en su interior. 

Si su espontanea y poderosa vocación botánica hubiese sido desarrollada mediante estudios científicos, quizás Jesús María Negrín hubiese desempeñado algo más que un papel pintoresco. Quizás hubiese desentrañado más de un interesante problema medicinal con la investigación de nuestra inagotable flora. 
Ahora Jesús María Negrín ha desaparecido u en torno a su persona flota esa atmósfera desconcertante que envuelve siempre a sujetos que dedicaron su vida a dialogar con lo desconocido. 
-¿...?
Este es un hermano mío, se llama Domingo Negrín y va a estudiar medicina. Mi padre siempre tuvo el deseo de que uno de sus hijos siguiera estudios médicos. 
En este deseo de Negrín se advierte el oculto anhelo de disciplinar la mente para hacer luz en el caos que él arrastrara consigo toda su vida. Posiblemente Negrín se angustiaba ante su empirismo y se dolía de poseer facultades comunes que no pudo nunca educar. 


Los hijos de Negrín nos acompañan a través del amplio parque hasta la verja de entrada. Bajo los árboles corpulentos que nos sigue la senil figura de Henrique Rodríguez, su compadre. Hombre éste rústico como el difunto, igualmente consustanciado con la naturaleza. Diríase un árbol más en el umbroso parque. Nos despedimos y tras la polvareda que arremolina en el aire nuestro automóvil se van desdibujando las siluetas de los hijos de Jesús María Negrín, el hombre extraño que tantos y tan diversos comentarios, diatribas y discusiones suscitó con su pintoresco arte de curar." 

Un aspecto de la multitud que acompañará los despojos mortales de
Jesús María Negrín. 

Antonio CAMINOS.
Elite 1943. 

domingo, 26 de julio de 2015

Momentos del terremoto de 1967

La celebración de los 400 años de Santiago de León de Caracas, se empañó cuando todavía en las Plazas se celebraba su cuatricentenario. La noche del  29 de julio se cumplirán cuarenta y ocho (48) años del terremoto, que ocasionó  pérdidas humanas y materiales, tanto en Caracas como en las costas del Litoral. 
Aún en la mente de los venezolanos, del caraqueño, existen recuerdos de ese fatal día. Con este pequeño reportaje elevamos nuestras oraciones por aquellos que fallecieron trágicamente en ese lamentable sábado 29 de julio de 1967. 


" Durante dos días y sus noches, Caracas fue una ciudad con pánico. Desde que el terremoto de grado seis en la escalara de Riether, cuyo máximo es ocho, sacudió la capital y los balnearios de La Guaira, Macuto, Caraballeda, hasta la mañana del lunes, cuando la obligación de ir a trabajar hizo despertar de su pánico a los caraqueños, se advertía en todos los barrios, humildes y elegantes, una sensación de mudo asombro ante una catástrofe que una gran mayoría de hombres y mujeres jóvenes nunca creyeron que pudiese afectarles. Para ellos, los terremotos eran sucesos espantables, que sólo podían ocurrir en Chile, Japón, Turquía y hasta en Colombia. Pero en Caracas, no porque el último se produjo en 1900 y solo las personas de casi setenta años o más lo sabían, los demás nunca supieron lo que era sentir el piso tambalearse bajo los pies y escuchar los rugidos iracundos de la tierra dispuesta a arrasar con todo. Desde el sábado pasado a las ocho y cinco minutos de la noche, ya lo saben, y jamás lo olvidarán. 

No lo olvidarán los familiares de las doscientos y pico de victimas que figuraban hasta el lunes en las listas oficiales del Ministerio del Interior, ni los heridos leves y graves, que sumaban más de dos mil, ni los cientos de familias que perdieron los ahorros de toda sus vidas de trabajo cuando se enteraron que perdieron sus apartamentos en los edificios de propiedad horizontal que estaban pagando. 

En todas las casas se preparaba la cena o estaban a punto de comenzar las pequeñas reuniones sociales de fin de semana. Cinco minutos, después de las ocho, en las quintas se oyó un ruido ronco y amenazador, mientras el suelo y las paredes bailaban. En los edificios de apartamentos, no se escuchó el trueno subterráneo, pero la vibración fue tan fuerte que, cuando no derrumbó pisos y cielos rasos, destrozó cuadros, cristales y cerámicas o llevó de un extremo a otro de las habilitaciones, objetos tan pesados como neveras, tocadiscos y televisores. Los que iban en automóviles creyeron que les chocaban por todos lados y solo comprendieron que temblaba cuando vieron correr despavorida a la gente por las calles. Siguieron minutos de terror colectivo, en que reinó el caos de cornetas tocadas para desahogarse, carreras precipitadas para averiguar el estado de sus seres queridos y saturación de las comunicaciones telefónicas. Las noticias llegaron poco a poco, como rumores primero, penosamente confirmadas.

¡Hay edificios hundidos en el Este!
-¡Se cayó la cruz de la Catedral!
¡Hay cientos de muertos en el Litoral !

Hasta después de las ocho y cuarto, las radios y televisores mantuvieron sus programaciones habituales. Venevisión ensalzaba el éxito de Mariela Pérez Branger en el Concurso de Miss Universo; en los otros canales estaban las películas de rigor de los sábados. Los primeros anuncios fueron para pedir calma, leídos muchas veces por lectores cuyas voces traicionaban un nerviosismo tan grande como el que trataban de aplacar.  

Edificio San José 

El Edificio San José en Altamira, sepultó a decenas de personas. Un nutrido grupo de soldados y bomberos trabajaron en la remoción de escombros y búsqueda de cuerpos. 



Victimas en el Mijagual 



Miles de personas en las calles con temor a perder sus vidas y sus objetos personales 

En la entrada de la Torre La Prensa los vecinos de la Panteón se resguardaron 
Elite 1967
La marca de la Cruz de Santiago que se grabó en el pavimento de asfalto al desprenderse
aseguran testigos que se encontraban en la Plaza Bolívar y La Catedral
que la tierra dejó de sacudirse, en cuanto cayó la cruz.

miércoles, 15 de julio de 2015

Los jardines de El Valle


En la revista Elite de noviembre de 1930, conseguí este hermoso material sobre  "Nuevas Barriadas" que estaría construyendo el General Juan Vicente Gómez en las cercanías de El Valle.
Nuestro apreciado amigo Vallero Alfonso Mijares nos expresa: " Los Jardines de El Valle fue desde su origen una urbanización que nació planificada. Comenzó a construirse en 1928 aproximadammente. El gobierno de Juan Vicente Gómez, fue comprando grandes lotes de tierra a las grandes haciendas de caña que por ahi existian, para construir las casas. Que durante algunas decadas convivieron con el gran paisaje rural que había en lo que hoy es el Fuerte Tiuna."


Las urbanizaciones: casa-quintas de hermoso diseño, recién constituidas en la linda barriada de Los Jardines, en las proximidades de El Valle, futuro perímetro de mil novecientos cincuenta

fachada y patio de una linda casita de Los Jardines, en las cercanías de El Valle, cuyas líneas sencillas y alegres saltan a un paso en el claro conjunto de la barriada.
Foto Juan Avilán

jueves, 9 de julio de 2015

Caracas en dos tiempos

Caracas de Ayer y Hoy 

Antes….



… Aquellas noches caraqueñas de la Colonia y de los años que siguieron a la Independencia se caracterizaban por las tinieblas y el silencio propicias para que figuras fantasmales del más allá sembrasen el temor en el espíritu medroso e ingenuo de la  gente que aseguraba oír el relincho  y el trotar de la Mula Maneada  y los lúgubres quejidos  de la Llorona. En la edad temprana  de la pequeña  villa de Santiago de León de Caracas ni siquiera faroles habían en las esquinas., por lo que los contados transeúntes  que se aventuraban en las horas nocturnas tenían que alumbrarse  al paso con velas de cebo colocadas dentro de las cajitas cuadradas forradas de vidrio para que el viento no la apagara. Tiempo después los zaguanes de las casas mantuanas se instalaron faroles  con candilejas de aceite de coco y posteriormente aparecieron faroles en varias esquinas principales de la ciudad.     


Después…





Desfilaron con lentitud los años sobre la ciudad envuelta en una penumbra de sus noches, alumbradas a medias hasta la madrugada, momento éste en que los  faroleros procedían a apagar los candiles que muchas veces se consumían solos por agotamiento  del combustible. En 1881 apareció el alumbrado de gas y dos años más tarde se realizó un ensayo con alumbrado eléctrico en el Teatro Guzmán Blanco o Municipal, Calle del Comercio y los bulevares del Capitolio. No era igual este alumbrado al de nuestros días, aún cuando se asemeja bastante.  El alumbrado eléctrico en forma suplantó en Caracas a los tradicionales farolillos el 8 de agosto de 1897 cuando se inauguró la primera empresa de este género gracias a los esfuerzos  del inmenso Tomás  Alva Edison llamado el “Mago  de Menlo Park”, quien fue el afortunado inventor  de la bombilla eléctrica. Desde entonces desaparecieron  la tinieblas en casas, calles y avenidas.    

Fuente: Transcrito de la Revista Elite 1963
Autor: C. Humberto Soto