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viernes, 24 de julio de 2015

Los caminos, alcabalas y peajes de Caracas

En el cumpleaños #448 de Caracas, comparto para ustedes un artículo que vale la pena recordar , donde su contenido nos ayuda a verificar algunas imágenes que son aportada a los grupos de facebook, el mismo tiene algunas palabras ilegibles del texto original, en lo que logre su restauración haremos los ajustes pertinentes, a pesar de ello, espero sea de vuestro agrado.


Vista desde el Viejo Camino de los Españoles
"Los caminos, las alcabalas y los peajes son parte de la historia de la ciudad, al cabo de una existencia de cuatro siglos. Los antiguos senderos aborígenes fueron hollados por la planta del conquistador en sus andanzas por Tierra Firme, en  busca de un valle donde fundar la ciudad, que, "con el correr del tiempo, será una de las más grandes de Indias".

Los primeros caminos fueron de indios, partieron del litoral Caribe y todos convergían al hermoso valle del Avila. Con la noción de rumbo los expedicionarios de la conquista siguieron la brecha en tiempos en que seguir un camino y llegar  a su término era una verdadera proeza. Empresa temeraria fue la cumplida por Francisco Fajardo, Juan Rodríguez Suárez por el Norte y Don Diego de Losada por el Sur, en tierras de paisana, Guaimacuare, Guaicamacuto, Chacao, Tiuna y Guaicaipuro. La penetración al Valle de los Caracas se hizo originalmente por la  cuenca de los ríos Macuto y Anauco, siguiendo la ruta del Palmar de Cariaco, El Infiernito y Boca de Tigre por la montaña del Avila, a partir del año 1555. Luego vinieron los caminos construídos por los Gobernadores y fundadores de ciudades.  

El Gobernador Luís de Rojas, siguió en el años 1586, el camino que partió del Castillo de Punta de Mulatos, por sobre el río Galipán. Un años más tarde (1587), Don Diego de Osorio trilló el camino hacia La Guaira, puerto que Fundó hace 380 años, acontecimiento celebrado en estos mismos días. 

La construcción del Camino Real de los Españoles (el más célebre y conocido de todos los caminos de Caracas a La Guaira), se inició en el año de 1603, por contribución de los vecinos y moradores de la entonces pequeña ciudad. El ayuntamiento caraqueño carecía de fondos, ya que eran tiempos de mucha pobreza. El mayor contribuyente en esa época fue el señor Sebastián de Menhochea, quién aportó 3 pesos, llegando la colecta a 100 pesos de oro. Este es el camino que parte de la "Puerta de Caracas", en la hoy Parroquia de La Pastora y pasa por Las Bateas, Los Castillos, el Hoyo de Naranjal, Loma del Viento y termina en el barrio de El Cardonal, en La Guaira. Pero la construcción de este camino tuvo muchas alternativas. El 6 de marzo de 1604 el ayuntamiento caraqueño encargó al Capitán Don Juan de Guevara de la apertura de un camino al mar. Hizo el trazado del Camino Real y reinició la construcción, pero luego fue inconcluso.  Luego se resuelve "raramente" que la entrada del Camino Real se haga por La Pastora, en un sitio llamado "El Polvorín", que hoy en día se conoce con el nombre de Puerta de Caracas, Camino que es célebre por cuanto transitaron viajeros notables como el señor John Williamson, Cónsul de los Estados Unidos acreditado en nuestro País; y Alexander de Humboldt, en 1800. Caso singular es el Alderson, inglés propietario de una hacienda de Cacao en quién fue el primero que trajo un carro de bueyes de La Guaira a Caracas. Con anterioridad en el año 1797, Pedro Carbo- había abierto otro camino entre Caracas y La Guaira y Don Enrique Rivodó- fue el que sirvió de trazado para la primera carretera. Tenía ante ( ilegible)  ósea el iniciado por Don Diego de Osorio y Villegas, a que nos referíamos anteriormente. La construcción de la vieja carretera Caracas-La Guaira- dichos sea de paso- duró seis años, iniciándose los trabajos en 1841. Fue inaugurada por el General Carlos Soublette, a la sazón Presidente de la República. En este punto hacemos un alto, en el recuento de caminos para darle paso a la moderna autopista Caracas-La Guaira, inaugurada en 1953 por el General Marcos Pérez Jiménez, Presidente de la República.
Los caminos del Sur, todos remataban en El Valle. Procedían de los valles de Aragua y el Tuy, pasaban por Los Teques, San Diego de los Altos y por el punto terrible del Valle del Miedo, asombro de Don Diego de Losada y sus expedicionarios. En todos esos caminos quedó marcada la huella de Guaicaipuro. 
Esquina de Portllo

Las Alcabalas

Las alcabalas en todos los tiempos, por razón del movimiento de entrada y salida  (ilegible) 
Ese constante trajín ha cambiado de siglo a siglo, en proporción a las etapas del crecimiento y desarrollo de las actividades de que se nutre la vida citadina. En la antigüedad sirvieron para ejercer una función contralora. Eran el punto de llegada al término de cada jornada, para alegría de los viajeros de a pie y de a caballo, como se decía en tiempos remotos. Por allí pasaron los arrieros, los conductores de vehículos de tracción de sangre, los jinetes y aurigas, 
En la época actual han quedado en desuso (solo funcionan en caso de emergencia), única forma en que se detienen los vehículos a motor guiados a gran velocidad. De las alcabalas solo ha quedado el nombre con que han sido bautizados los sitios donde funcionaron. De todas maneras, algo indica que son puntos de referencia en la transformación registrada en el área metropolitana. 
La más antigua de las alcabalas fue la "De Portillo", en La pastora, la cual funcionó hasta principios del presente siglo (1900). Era el punto de arribo de los agricultores y arrieros procedentes de Galipán, hasta que se fundó el Mercado Principal de San Jacinto. La alcabala de Blandín, cerca del Plan de Manzano, ya tuvo otra función, en atención a que desde la casilla se ejercía el control de la vieja carretera de La Guaira. Era obligatorio para los choferes de autobuses, carros y camionetas, detenerse a  objeto de dejar allí los nombres de los viajeros y pasajeros. Eran los tiempos del General Juan Vicente Gómez, y cuando el "Benemérito" pasaba una temporada en Macuto, los vigilantes de la alcabala aumentaban el celo en el control de los viajeros, lo que por cierto no era muy efectivo. No existía ningún medio de identificación personal (la cédula de identidad se creó en 1942), y los viajeros podían dar su nombre a capricho o simplemente dar un nombre supuesto. A esto se añade que algunos de los agentes encargados de la vigilancia eran analfabetos. 

El mismo procedimiento se ponía en práctica en las demás alcabalas, la de Chacaíto en el Este; la de El Valle, en la carretera del Sur; y la de Puente Sucre, que tiene mención aparte, por cuanto le dió el nombre a una esquina. La alcabala de Mamera tenía mayor movimiento, en vista de que por allí salía y entraba el mayor volumen de vehículos hacía las distintas carreteras de interior del país. La alcabala de El Valle cumplió funciones de vigilancia hasta 1940, toda vez que allí se encontraba la entrada de carbón vegetal, explotación que era perjudicial a los bosques y aguas. Por esa circunstancia el Ministro de Agricultura y Cría estableció el régimen de guía para la carga de carbón y leña, procedente de los Valles del Tuy. Esta explotación cesó al generalizarse el uso de las cocinas alimentadas por combustión de gas, gasolina y kerosene. Esto trajo como resultado la eliminación del fogón de topias. La alcabala de Puente Sucre fue notable por el hecho de servir de mercado a la producción agrícola y diversa de la región del Tuy. Se comerciaba allí en los renglones de maíz, caraotas, verduras, aves, huevos y en un sin número de artículos varios, además de los de primera necesidad en la alimentación diaria. 
El peaje, antiguo lugar de pastoreo, y hoy punto convergente de tres vías
y la entrada del Postachuelo 

Los Peajes

El peaje más conocido y antiguo es el que estaba ubicado en la entrada de la Avenida Nueva Granada. Originalmente a este punto se le llamó el Portachuelo. El primer paso para carretas se abrió en Roca Tarpeya, el año de 1876. Solo entonces el "camino del cerro" que por El Valle llegaba a Prado de María. A El Peaje llegaba toda la producción pecuaria procedente del llano, por la vía de Villa de Cura y Cúa. El pastoreo de rebaños de ganado de carne destinado a los mataderos públicos de Palo Grande y El Valle, allí pagaban el impuesto de degüello. Los alrededores de El peaje, donde hoy día está la Urbanización Los Rosales, era grandes yerbazales, y el pasto se utilizaba como alimento del ganado lechero. La otra actividad que le dio renombre a este sitio de la capital fue la cría de gallos de riña, que atendía el Chingo Palacios, gallero y barbero muy popular. Los Peajes se han mecanizado en el crecimiento de la ciudad y con el auge que ha cobrado el automovilismo como queda demostrado con el de Blandín en la Autopista Caracas-La Guaira, y el Hoyo de la Cumbre en la Autopista Coche-Tejerías. Y Así termina el recuento de cuatro siglos de caminos, alcabalas y peajes, alrededor de la Metrópoli que se moviliza todo el tiempo. 

Imagen tomada del grupo Vieja Fotos Actuales 

Elite, Julio 1967
Por Pedro Hernández Camacho

miércoles, 15 de julio de 2015

Los jardines de El Valle


En la revista Elite de noviembre de 1930, conseguí este hermoso material sobre  "Nuevas Barriadas" que estaría construyendo el General Juan Vicente Gómez en las cercanías de El Valle.
Nuestro apreciado amigo Vallero Alfonso Mijares nos expresa: " Los Jardines de El Valle fue desde su origen una urbanización que nació planificada. Comenzó a construirse en 1928 aproximadammente. El gobierno de Juan Vicente Gómez, fue comprando grandes lotes de tierra a las grandes haciendas de caña que por ahi existian, para construir las casas. Que durante algunas decadas convivieron con el gran paisaje rural que había en lo que hoy es el Fuerte Tiuna."


Las urbanizaciones: casa-quintas de hermoso diseño, recién constituidas en la linda barriada de Los Jardines, en las proximidades de El Valle, futuro perímetro de mil novecientos cincuenta

fachada y patio de una linda casita de Los Jardines, en las cercanías de El Valle, cuyas líneas sencillas y alegres saltan a un paso en el claro conjunto de la barriada.
Foto Juan Avilán

jueves, 19 de febrero de 2015

El Cine Nacional

Una interviú a Don Rómulo Gallegos por J.N- “Doña Bárbara” será filmada próximamente.-- El misterio de sus intérpretes  -.—La inauguración de los Estudios Avila—Don Rómulo  y Deanna Durbín. 
Estudios Avila en  El Valle
1940

Aspecto de alguna de las edificaciones de los Estudios, El escenario y los Laboratorios,.

- Don Rómulo está ahí- Exclamó alguien. 

La información se venía a las manos – como acontece generalmente- Don Rómulo aparecía allí en los momentos en que el tema de la producción cinematográfica venezolana adquiría un relieve extraordinario.

El día anterior se había inaugurado, con asistencia del Presidente de la República, los primeros estudios cinematográficos  del país: Los Estudios Avila, construidos en El Valle, equipados con todos los elementos necesarios, contribuyen al desarrollo de una industria y un arte de hartas posibilidades para Venezuela. de esos estudios el autor de “Doña Bárbara” ocupa la dirección.
Y ahora Don Rómulo estaba allí.

La interviú forzosa y forzada tropezó con cierta oposición del gran novelista:
- Mejor es que nos veamos mañana en los estudios- trató de excusarse.
- Los directores de películas, los elementos cinematográficos tienen que acostumbrarse a este asalto inoportuno de los periodistas….
- Don Rómulo sonrió  una risa resignada .. sin más preámbulo abordé el tema: 
- ¿Cuál ha sido el costo de los Estudios? 
- Aproximadamente doscientos treinta mil bolívares. 
- - ¿Está en condiciones de comenzar a rodar? 
- Ya hemos producido algunas películas; pero de metraje corto: documentales y noticieros. 
- ¿Cuándo comenzarán a producir películas largas? 
- Quizá a fines de este mes o a principios del próximo – dice mi interlocutor sacando un cigarrillo rubio del bolsillo y prendiéndolo.
- ¿Comenzarán  con…? 
- “Doña Bárbara”…
- ¿Y después…? 
“La Victoria”. Una adaptación cinematográfica hecha por mi, lo mismos que  la de “Doña Bárbara•”

Debemos admitir nuestra sorpresa al oír que “Doña Bárbara” sería realizada aquí, cuando otras noticias eran que  desde Hollywood se hacían ofertas como productor de la película. 
- ¿Pero no  se le han hecho proposiciones para producir allá la película? 
- Las rechacé porque allí siempre implementa una adulteración y sufre todo el proceso y se hace artificial…. ¿Porqué no hacerla en Venezuela con autenticidad en el paisaje….(…) 
- Nosotros hemos venido realizando cortos, principalmente documentales; en estos momentos poseemos la técnica necesaria para acometer esas tareas. 
- ¿Y todos los elementos? 
- También. En cuanto al elemento humano hay que decir que todos los que ocupan algún puesto en los estudios son gente verdaderamente capacitada y dispuestas a superar las dificultades  existentes…
- ¿Nombres?
- El novelista  contesta rápido:
- Rafael y Aníbal Rivero, Avilán, Jacobo Capriles, Poleo, Luís Capriles…
- Y se extiende en una numeración en la que para ser completa faltaría la omisión de alguno.
Sala de Pruebas

Los Aspirantes al Séptimo Arte

- ¿Cuál ha sido el problema de mayor dificultad en resolver?
- El intérprete. La gente es retraída. En Venezuela, aunque los aficionados al séptimo arte sean tan numerosos como en Norteamérica, al parecer la afición se reduce a un interés de espectador. El intérprete sigue siendo  una de las mayores dificultades de producción cinematográfica nacional. Y sin embargo, el cine Venezolano  tiene sus puertas abiertas a todos los que quieren incorporarse  a este nuevo arte en el País, con la seguridad de que nuestro ofrecimiento responde a la existencia de una obra seria y de magnifico porvenir. Todos los que sientan esa inclinación artística , deben acudir a colaborar con nosotros sin ninguna vacilación, en el convencimiento de que no dejaremos que se pierdan inútilmente las aptitudes que poseen. 

Revista Elite
1940  

El presidente de la República y Don Rómulo de Gallegos conversan en la azotea del estudio, durante la inauguración oficial

Don Rómulo Gallegos saluda a una de las asistentes al acto inaugural

El equipo de sincronización de sonido y control de luces 

Grupo de visitantes a la salida del acto oficial

Grupo de visitantes a la salida del acto oficial




miércoles, 27 de agosto de 2014

Entonces los abastos daban crédito

En Caracas, desde los días mismos en que la ciudad se fundó, creció y con el tiempo adquirió la categoría de Metrópoli, el pulpero más célebre y celebrado, fue Ño Miguelacho. No es necesario buscar la referencia en la crónica ya que su nombre quedó en una esquina desde la época en que se fue formando esa especie de nomenclatura caprichosa y pintoresca de bautizar las esquinas con los nombres y distintivos de personas o cosas que allí vivieron o tuvieron real asiento. Pero si de pulperos y pulperías se trata lo lógico es traer a referencia el más legendario de los pulperos que ha tenido el Valle de Santiago de León, Ño Miguelacho, tenía una característica muy especial y una manera de ser muy singular. El mismo trato que se le dió indica que pertenecía a la clase que en su tiempo se llamó plebe y que de “real” sólo tuvo su comportamiento. Nos lo imaginamos tal cual eran los pulperos de antaño, con unos pantalones de brega, una franela llena de mugre y unos bigotes lisos por el constante manoseo. Lo cierto es que Ño Miguelacho, según la leyenda,  durante los días de semana, mientras estaba detrás del mostrador no saludaba a nadie. En cambio en la tarde dominical, cerraba las puertas del negocio, vestía un traje blanco y se paraba en la esquina a saludar a sus amigos que eran todos sus vecinos. Es de suponer desde luego que era popular y ampliamente conocido en toda la ciudad, aunque no fuera cien pasos más allá del punto donde tenía establecido su negocio de comestibles y demás abarrotes. Bien es sabido  que en las pulperías de antaño se vendía todo lo incluido en ramos generales. Está claro también que Ño Miguelacho ha debido ser el percusor del menudeo. Y en ese punto lo dejamos, ya que nos proponemos ocuparnos de los pulperos del presente siglo, los mismos que quedaron desplazados con la implantación de  las casas de abastos. En la actualidad no se consigue una pulpería de la era típica, ni siquiera en las parroquias foráneas  de Caracas. 



Los Pulperos de Principio de Siglo

“Cuando Lucas Manzano y Melito Sánchez –amigos hace sesenta años- y testigos  de una época de gratos recuerdos, correteaban por los lados del Puente de La Trinidad, los pulperos eran unos “terciazos”. Todo lo vendían por “puyas”, y las compras corrientes eran por un valor de una locha, medio o un real, cuando el despacho tenía un importe mayor del bolívar y llegaba al fuerte, ya era para tomarla en consideración. Basta decir, que con un centavo se adquiría dos cosas al mismo tiempo. Un “puya  de San Simón y Juda”  representaba una sabrosa golosina: un pedazo de queso y otro de papelón. La mantequilla de elaboración casera se detallaba de dos centavos en adelante, servida en un platillo, y, a la falta de éste, era en papel de estraza. De allí seguramente surgió el refrán  que denomina las cosas breves o fugaces: “Eso es como dos de mantequilla en un papel de estraza”.

Una arepa costaba un centavo y con una locha de queso podían desayunarse varias personas. Y lo más pintoresco del caso, es que toda compra de medio real en adelante, daba derecho a la ñapa, que por lo general era de queso o papelón. Quién comprara medio real de cambures tenía que pensar en ocupar sus manos para llevarlos a casa. Desde luego que había pulperos “amargos”. Entre los buenos se contaba Antonio Alfonzo que tenía su pulpería en las cercanías de la Capilla de La Trinidad. Le fiaba  hasta a los escolares, los comerciantes más conocidos en este ramo eran los hermanos Oropeza que tenían varios negocios en la Parroquia de San José. Con ellos competía Antonio Pequio que tenía una pulpería en la Esquina de Esperanza. Otro Pulpero muy conocido fe Manuel Calzadilla, que si bien era un poco áspero con los muchachos de entonces, no por eso dejaba de fiar a los clientes de su amistad. 





Naturalmente que en esa época como en la actual, tenían crédito solamente “los buena paga”. Entonces los maestros de obra y los artesanos en general, llevaban cuenta corriente, ya que religiosamente pagaban o abonaban en cuenta todos los sábados. Lo mismo hacían las familias vecinas que tuvieran la necesidad de recurrir al fiado. La forma de llevar las cuentas era sumamente original. No se anotaban los pedidos acreditados en una libreta o libro, sino en la pared. Cada raya era un real, y media raya un medio. Tal cosa era aceptada desde luego por los clientes, y ello daba margen a que se apuntaran más rayas de la que en realidad eran. Los pulperos ladrones apuntaban con tenedor, y así  al apuntar, en vez de una raya apuntaban cuatro. Pero como todo el tiempo tiene su compensación, los pulperos también tenían las de perder. Había clientes que por amistad con el pulpero, ellos mismos se despachaban. Y por si esto fuera poco, también se daban lo vuelto. Como quiera que nunca faltan vivos , los que ahora se llaman “ventajistas” por la forma de aplicar la norma dentro de la costumbre, surgió el dicho, que una vez lo expresa todo cuando se refiere a persona - ¿ Fulano de tal? – Ese se despacha y se da lo vuelto-!  

Travesura de muchachos

Los pulperos de la época que recordamos no usaban caja registradora para contabilizar las ventas, utilizaban una gaveta de madera colocada debajo del mostrador con departamento pequeño para centavos y lochas y uno grande para la plata menuda o gruesa. Cuando este departamento se llenaba, tiraban el dinero en un rincón. De allí lo recogerá en su oportunidad Manuel Calzadilla era uno de los que tal cosa acostumbraba. Así fue como un grupo de zagaletones se idearon el método ingenioso para  sustraerle las monedas. Se proveyeron de una caña verada- liviana pero consistente, y una de las puntas le pusieron cera. Mientras el pulpero estaba ocupado despachando, dormía la siesta o simplemente se descuidaba, uno de los del grupo metía la vara hasta donde estaba el montón de monedas. Algunas de esta quedaba pegada a la cera. Luego se daban el gran hartazgo de golosinas que iban desde “la conserva”, “La cojita”  pasando por el “majarete” hasta el suspiro o merengue que era lo más caro y sabroso. Esta operación a punta de varada – que por cierto es muy distinta a la que realizaban  los “pavitos” de ahora a punta de pistola y ametralladoras- al ser descubierta no tuvo más castigo que tremenda “pela”. No pasaba a ser más que una ingeniosa travesura de muchachos. 

Los Ramos Generales

Para definir lo que los ramos generales representan para las pulperías es bueno explicar que allí no solo se vendían comestibles. Se vendían también implementos de labranza, como chicuras, palas, picos, machetes, etc., al igual que las enjalmas, cinchas y guruperas. También se vendía aguardiente. Era una regla que cada vez que se llegaba un arriero o un agricultor, pedía un “cuarto” de caña blanca  (“lavagallo”), y se lo tornaba en un trago, teniendo siempre el cuidado de dejar un poquito de la bebida.  Con ese resto hacía una cruz en el piso, así fuera de cemento o de tierra. Era una manera de santiguarse. Esta costumbre desapareció cuando las pulperías típicas fueron reemplazadas por las casas de abastos. A partir de entonces se utilizó la Caja Registradora, en vez de gavetas de madera: El mostrador de vidrio y el piso de mosaico o cemento. Antes de que esto ocurriera, los pulperos no iban los domingos al cine, como hacen ahora los portugueses, italianos y españoles. 

El Pulpero Poeta

Si de pulpero se trata, bueno es dedicarle un recuerdo al poeta Juan España. Era distinto en porte, estilo y comportamiento. Tuvo su establecimiento “en el vecino burgo de El Valle”. Escribió el célebre poema “El cucarachero” y perteneció a los nativistas, en la etapa que se denominó  neo-romántica. Su pulpería en El Valle de la Pascua Florida, como el mismo llamaba cariñosamente el pueblo, era diariamente visitada por escritores, críticos literarios, poetas y literatos. En El Valle vivían entonces el Doctor Jesús Semprún y el poeta  J. B. Arrechedera. Le visitaban Julio Morales Lara, Leoncio Martínez (Leo), Francisco Pimentel  (Jom Pim); Rafael Michelena Fortoul, y paremos de contar. Amigo íntimo del poeta España era el gran escritor costumbrista Luís María Urbaneja Achelpol, autor de  “El tuerto Gerónimo”. Lo cierto es que en la pulpería de Juan España se reunía una especia de “Peña Literaria”, de donde por cierto salieron muchas cosas hermosas, como diría el maestro Calcaño. Cuando Juan España dejó de ser pulpero, se dedicó a la política. A ello lo obligó el fiado que se reflejó en las posibilidades económicas de su negocio. Así desapareció del panorama vallero  una estampa criolla de este tipo de comercio que ya se ha borrado en el pasado: Las pulperías. Juan España en su nueva profesión, la de político, fue Jefe Civil de Petare y años más tarde, Disputado al Congreso Nacional por el Estado Miranda. Así tenemos que fue el pulpero que también hizo historia en el presente siglo.           
El Poeta Juan España
cortesía de Alfonso Mijares

Cortesía de Alfonso Mijares

Fuente:
Por Pedro Hernández C
Publicado en la Revista
Venezuela Gráfica
1962