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sábado, 4 de marzo de 2017

Piropo Caraqueño

Como antesala a la celebración del 450 aniversario de nuestra siempre "Santiago de León de Caracas", iré evocando pasajes y crónicas del pasado,  me disculpo si alguna se repite,  confieso que cada vez que releo alguna de ella, anhelo, sufro, me emociono  y reflexiono como si fuera la 1era vez.
#Caracasen450

La Bolsa a San Francisco años 30


“La Esquina de San Francisco es el punto de reunión de los diversos agentes, propietarios de fincas, de negocios, de empresas, de comercios, una especie de Cámara de Comercio o de Bolsa de Valores al aire libre. Allí se discute y se lleva a cabo cualquier clase de transacción financiera o comercial: desde la venta de una sortija por quinientos bolívares, hasta la compra de un aeropuerto, un edificio de varios pisos o cinco mil vacas lecheras. Frente a esta esquina refrescada y embellecida por la sombra de un inmenso árbol milenario, está el Capitolio con sus románticos jardines y en su lado sur se levanta la iglesia de San Francisco.

Cualquier mujer <> que camine por estos lugares sin recibir siquiera media docena de piropos, puede tener la certeza de que, si es soltera, se quedará para <>, la ocupación apropiada y confirmada para las solteras locales. Si fuera casada, debe empezar a buscar una nueva fórmula para sujetar el amor de su esposo. Los piropos son el termómetro de la belleza, el encanto y la juventud de una mujer venezolana.

Un día de semana en la Caracas de los 30

La práctica y conocimiento de los galanes de San Francisco  es tal que pueden prescindir al instante el rasgo bello, el detalle resaltante, la cualidad escondida. A una feúcha con bellos brazos le dirá en alta voz: <>.
Un bromista le dirá a una joven con un traje negro con rayas blancas a lo largo: -Tan linda y la metieron presa. ¡Dáme [sic] el número de tu celda y esta noche te llevo flores!

A una morena de lindo cuerpo, le dirán una palabra  de moda:<< No hay duda … eres ¡un blitzkrieg!>>.

Cuando cruce la calle de la Universidad oirá decir: -Por aquí viene un explosivo con el arma secreta de la guerra europea.

En el barrio del mercado le dirán:

-¡Qué mujer, Santo cielo! Es pura pimienta, pimienta pura…
Aquellos que tienen menos imaginación, compararán las mujeres a las flores: <> .. <>.. <>…<>.

Mercado de San Jacinto años 30

Los ciudadanos de países prácticos, como los Estados Unidos, por ejemplo, se preguntarán que finalidad tiene esta prodigalidad de juegos de palabras, símiles y palabrería.. ¿Finalidad? Ninguna. El hombre que piropea a una mujer no tiene ninguna intención bien definida, ninguna finalidad que pudiera llamarse concreta, ninguna angustia de llegar a alguna parte, ninguna esperanza de alcanzar un lugar preciso…No está esperando que la que recibió el piropo callejero lo reconozca, le hable le sonría. Todo esto es posible, pero no probable. No espera nada. Es totalmente desinteresado. Sencillamente tiene una necesidad ancestral de expresar sus pensamientos en alta voz. Es como un rito, lejano; como una forma de exorcizar el  .”

¿Qué piropo llevarían estas hermosas turistas?

¿Y. estas hermosas jovencitas? 

Fuente: “Bajo esos techos rojos” de Olga Briceño de Alfaro
Pág. 143 y 144- Este Libro fue editado por primera vez en inglés en Estados Unidos durante los años cuarenta. Olga Briceño nos invita a un amable recorrido por la Caracas anterior a 1935. 
 Muchas gracias a Jorge Peña por este hermoso regalo.  

Imágenes tomadas del grupo facebook Caracas en Retrospectiva gracias a la colaboración de Carlos Lachica
https://www.facebook.com/media/set/?set=oa.10153409484818544&type=1

jueves, 12 de diciembre de 2013

Caracas, Ciudad de ayer y de hoy

“Caracas era una ciudad típica hasta hace unos siete años; típica como sus habitantes, filósofos de la vida  y “amigos de los hombres”.  Una luna madura de metal cobrizo se paraba en las esquinas como si aguardara el cruce de algún transeúnte solitario de la noche. Hoy la luna es moderna, sobre los edificios grandes, iluminados como un retablo. La luna de ahora es blanca, simplona, no destaca su fuego amarillo sobre las calles profusas de luminiscencias publicitarias.  Hoy el esmalte lunar es limitado por los decoradores de ultramodernos cafetines y fuentes de sodas, extrañas a Caracas, la ciudad de los botiquines coloniales con sus pesados mostradores y mesas de caoba encerada, espejos turbios por muchas generaciones de moscas y pisos de cementos incoloros. Esos bares remedos de cantinas españolas, adonde llegaban los andaluces de sal y luz a palabrear entre vinos y aceitunas anécdotas o  mentiras. Era Caracas Ciudad de mujeres tímidas ante la palabra procaz del hombre, de damas  ataviadas con trajes largos de serias coloraciones, el cabello arreglado según modelos antiguos, profuso, caído en cascadas hasta las espaldas, sin falsos tonos oros, aireado por las brisas frescas del Avila. 
Chocolateria La India 

Los modales sin desbordamientos, sobrias risas, a penas dibujadas en las facciones breves, palabras sencillas, ideas fáciles, sin rebuscamientos de lecturas y principalmente referidas a temas del matrimonio y el hogar. Cumplidoras de los preceptos católicos iban a misa diariamente y los domingos, al salir de la Iglesia acompañadas por sus padres se tomaban en sana juerga la mañana. Mañana dominical de 19…., horas anheladas en toda la semana; la Plaza Bolívar, Lucas Manzano de pantalones cremoso y fresca pajilla de sombrero, paseando y observando el ambiente  para escribir la crónica de BILLIKEN. Fotografías con cámara “Kodak” para dejar plasmado en un papel brillante los rostros sonrientes de un día festivo.  Luego a las 11: am la retreta municipal, la banda engalanada con trajes de paño azul oscuro, orillados de oro. Los cobres de la banda hacían sonar valsecitos criollos o bravos pasodobles donde el clavel y la manola eran palabras importantes de la letra. Al fin, el joropo, criollo y veloz. Y el público, numeroso, aplaudía. Luego el paseo por la Plaza, damas engalanadas de sedas y pajizos sombreros enriquecidos con racimos de flores de café (fingidas). A las doce, reunión en “La India”, el salón de familias más elegante de la capital del 20; helados en cajitas provistas de una cuerda para transportarlas con un cesto, uvas, versallesco obsequio de los caballeros, manzanas, peras, aceitunas, una taza de chocolate. Con estos comestibles celebraban el domingo las damas y hombres de alto rango social, concurrentes al lujoso salón de familias.  El almuerzo, alguna dama invitaba a su novio a la mesa; hervido de gallina latería de “Rodel” traídas de “La Colonial”, el botiquín de la gente “de tono”. En tarde, las carreras de caballos, la plana mayor del gobierno de Gómez  en la tribuna presidencial, boletos jugados entre la gritería de las damitas, antología de trajes y cosméticos, los mozos tomaban una copa de brandy y a pasear por el jardín del Hipódromo.

Otras damas iban “a dar una vuelta” al paseo de “El Paraíso” en un coche tirado por briosos caballos de idéntica pelambre y aperados lujosamente. Las cinco de la tarde “El Pinar”, florido y fresco, las calles de tierra. En la noche, hasta las diez, las damas sentadas a la ventana. Apoyaban los codos marmóreos sobre muelles cojines bordados por sus propias manos. Se paran los caballeros, les obsequian bombones.  La madre vigila desde el fondo de la sala sentada en una mecedora. A las 9 y 45 los primeros bostezos, los caballeros lo notan, vacilan en permanecer junto a las damas enventanadas “Tu mamá tiene sueño, me voy”. Y se iban los mozos  por la criolla calle, silbando, silbando bajo la luna llena de trópico. Entraban al bar, comían una tostada y una taza de denso chocolate y llevaban algún regalo a sus madres que esperaban sentadas en el lecho su llegada. (“No me puedo dormir hasta que no lleguen los muchachos” dicen las madres buenas). Así era Caracas, con ese tono gentil, elegante, grato. Con sus mujeres hogareñas y sus hombres llenos de hombría, simples en sus preocupaciones, sin política.  Amigos de las fiestas y del buen brandy. Así transcurría la vida hasta que un día se acabó todo esto y hoy es Caracas una ciudad Cosmopolita, poblada y con gente rara que por la calle va con un rostro que no sentimos nacional. Ellos, los inmigrante tienen una porción de trabajo en la obra de formación venezolana que todos queremos realizar. Caracas ya no es típica, está llamada a no serlo, por su situación geográfica, apta para recoger las características de los distintos países que, por medio de sus habitantes viajan, nos llegan al puerto de La Guaira. ¡Caracas, todos te recordamos como eras! Y como en el poema de  Antonio Machado decimos: Mi infancia es el recuerdo de un patio de Caracas."

Caracas, 1945 
Por Rafael Brunicardi, h
Elite 1945




domingo, 24 de marzo de 2013

Domingo de ramos


Venezuela es un país eminentemente católico. Existe una auténtica libertad de cultos y se encuentran iglesias de las más diversas confesiones. 
Desde los tiempos de la colonia, a pesar de que había tolerancia confesional, se consagró que tanto para la población como para el Estado la religión era la católica, apostólica y romana. 

El 18 de febrero de 1834 se firma el decreto, sancionado por el Congreso, que establece la libertad de cultos. Esta libertad se ha consagrado en las distintas constituciones que hemos tenido. El 6 de marzo de 1964, bajo la presidencia del doctor Raúl Leoni, el Estado venezolano y la Santa Sede firman el concordato que le da personalidad jurídica de derecho público a la Iglesia católica. Las demás religiones o confesiones que se practican en el país se regulan por el decreto de Inspección Suprema de Cultos, del gobierno del general Juan Vicente Gómez en 1911. 

Desde el 7 de julio de 2003 reposa en las gavetas de la Asamblea Nacional un anteproyecto de ley de religión y cultos que no ha tenido la atención adecuada.

La Pasión de Cristo. Al terminar los carnavales se sucede el Miércoles de Ceniza. Se llama así porque los fieles que asisten a la Iglesia reciben las cenizas producidas por la incineración de los ramos de palmas o de olivos, que se utilizaron en las liturgias del año anterior. La simbología de estos actos está relacionada con el deseo de conversión de los fieles. Así comienza el tiempo de la Pasión del Señor que está signado por el ayuno y la abstinencia que se practican durante la denominada Cuaresma. Los cuarenta días que transcurren, en la actualidad cuarenta y tres, entre el Miércoles de Ceniza y el Domingo de Ramos. 
El Domingo de Ramos. Este día tiene dos significados, si se quiere, contrapuestos. Dicen las sagradas escrituras que el Domingo de Ramos se celebra la entrada triunfal de Jesús de Nazaret a Jerusalén. De allí la procesión con las palmas y el transporte del Señor sobre los lomos de un jumento. De acuerdo con lo narrado por los evangelistas, Jesús, antes de entrar a Jerusalén cena con Lázaro y las hermanas María y Marta. Más también, el Domingo de Ramos es el tiempo donde se anuncia la Pasión del Señor y su crucifixión en el Gólgota. 

Los colores en la liturgia. Dentro de la religión católica, el uso de los ornamentos para las distintas ceremonias tiene sus significados. 
En tiempos de cuaresma, los sacerdotes, al celebrar los actos, utilizan ornamentos de color morado como signo de la preparación para la Pasión de Jesucristo. La excepción es el Domingo de Ramos. Este día, los ornamentos son de color rojo. En señal de la celebración de la vida del Señor. 
Para la misa de la Resurrección, el Viernes Santo, los oficiantes emplean ornamentos blancos. 

Los palmeros de Chacao. Caracas, la Sultana del Ávila, tiene una maravillosa tradición alrededor de la recolección de las palmas que se utilizan en la procesión del Domingo de Ramos. 
Dicen los cronistas que la tradición de la recolección de las palmas tuvo su origen en las acciones del padre José Antonio Mohedano, quien en el siglo XVIII envió a los peones de las haciendas del sector a recoger esas palmas reales. Se dice que las acciones del párroco estuvieron estimuladas y dirigidas a contrarrestar las consecuencias de una peste de fiebre amarilla que se desató en Chacao. Se cita el año 1770 como el del comienzo de la costumbre. 
Desde hace un tiempo, esta tradición se ha recogido y fomentado dentro de la Asociación de la Santa Cruz del Pedregal, que son los actores principales de la recolección y bajada de las palmas que se utilizan en la liturgia. 

Para testimoniar esta costumbre se erigió, en la cumbre del Ávila, una cruz. Se responsabiliza a cuatro personas de la instalación de la cruz que desde el primer día del mes de julio de 1962 ha servido como testimonio: Dimas Reyes, Jesús María Gil, Alejandro Farfán (miembro de una tradicional familia del sector) y el guardabosques Sabas Nieves.  Se trata de una cruz de tres metros de alto que se colocó en el denominado Pico Diamante, que registra una elevación de 2.575 metros sobre el nivel del mar y que se encuentra a escasos 65 metros del Pico Oriental de la Silla de Caracas. 
La tradición establece que el miércoles, que precede al Viernes del Concilio, suben los palmeros al Ávila y pernoctan en la montaña escogiendo y cortando las palmas que traerán el sábado a la plaza de Chacao, vecina de la bella Iglesia del lugar. 
Nuestros amigos, José "Cheo" León, quien tiene más de cincuenta años en la puerta del Caracas Country Club y Néstor Farfán, querido y apreciado "caddie" que atiende y ayuda a los jugadores de golf del club, son hoy y desde hace varios años, motores fundamentales de las actividades de la Asociación de la Santa Cruz del Pedregal. 
Ramón Delgado Palmero mayor 

Elaboración de los símbolos. Las palmas reales que se bajan del Ávila sirven para elaborar, por las hábiles manos de las señoras de los palmeros y otras devotas, innumerables cruces que sirven de estandartes de fe en la procesión del Domingo de Ramos. La creatividad y el arte de estas señoras hace que se luzcan muchas versiones de la cruz que simboliza el elemento utilizado para la pasión y muerte de Jesucristo. 
También se elaboran cruces muy pequeñas que los palmeros distribuyen entre sus amigos para que las conserven en sus carteras o las coloquen en sus hogares. El simbolismo, la devoción y la pasión del deber cumplido son nortes fundamentales de las actuaciones de los palmeros de El Pedregal. Su tradición se va enseñando de padres a hijos y cada año, dentro del grupo de unos doscientos palmeros que cumplen su función, siempre se incorporan niños y jóvenes que a la vera de sus padres se suman a esta bella tradición. 
Este año, las seiscientas cincuenta palmas que le autorizaron recoger a los palmeros de Chacao, provienen de los sectores denominados Noteapures, Pajarito y La Veguita. Todas las actividades que desarrollan los palmeros de Chacao conforman una pieza fundamental tanto de la religión como de las costumbres de sus ciudadanos. 

La Semana Mayor. Como hemos escrito, el Domingo de Ramos es la antesala, la puerta de entrada de la Semana Mayor. En sus crónicas y tradiciones se concentra la esencia de la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor. Muchas son las costumbre que se desarrollan entre los pueblos católicos del mundo. España es escenario, en casi toda su geografía, de los denominados "pasos" de la Semana Santa y cada ciudad o pueblo se ocupa de hacer los mayores esfuerzos para que las llamadas "cofradías" rindan los mejores despliegues alrededor de sus expresiones. 

Un recuerdo final. El Año Santo de 1950, nuestra abuela paterna, acompañada de su hija, su yerno y sus dos nietos Galarraga, viajaron a España e Italia. Nuestra querida Antonia se fijó una tarea. Traer una nueva ornamenta morada para el Nazareno de su parroquia, El Recreo. Era párroco el recordado Jesús María Ferreira. A partir de 1951 y mientras vivió Antonia, cada Martes Santo, dirigió junto con Clemencia, la preparación de la imagen del Nazareno para la procesión del Miércoles Santo. Esto es solo un recuerdo pues los pasos de la Semana Mayor merecen otra historia.


Fuente:
RAFAEL DÍAZ CASANOVA |  EL UNIVERSAL
domingo 24 de marzo de 2013  12:00 AM
 rafael862@yahoo.com @rafael862