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jueves, 30 de julio de 2020

LA VIRGEN DEL ROSARIO DE CARACAS, 1593

Por Juan Gant-Aguayo

Caracas ha perdido hace mucho su pasado.
La obsesión casi monomaníaca por nuestra manoseada historia moderna, en particular por los inicios del Estado republicano ganado con sangre pero por ello penetrado su origen hasta los tuétanos de gesta heroica o legendaria, han llevado al des recuerdo -o al ostracismo- tradiciones centenarias, devociones entrañables y hasta Vírgenes universales, cuyas imágenes veneraban con pasión de madre propia los caraqueños de la piadosa Santiago de León antes de la revolución emancipadora surgida del siglo de las luces.

La Virgen de Copacabana, el Nazareno de San Jacinto y la Virgen del Rosario son cuentas en ese rosario de desconocimiento moderno e ingratitud por olvido, advocaciones que colmaron calles haciendo arrodillar multitudes, en sus extintas antiguas procesiones de aquel tiempo de la colonia.

La Iglesia es la primera en inventar santos nuevos para viejos males. La Virgen de Las Mercedes -antigua patrona desde 1638 contra la “alhorra” o plaga del cacao-, Virgen ya caduca para el oficio, al parecer (por ser tal fruto irrelevante ahora, un vestigio provincial frente al emergente café republicano), decide en 1900 relanzarla como reencauchada patrona anti terremotos, frente a alguno -tibio- que mostró la cara ese año. Las puertas giratorias, que dicen.

Joseph de Oviedo y Baños, fiel caraqueño por adopción y prendado como todos de la Virgen del Rosario sita en su trono del templo de San Jacinto, la ponderaba de esta manera en su Historia, publicada en 1723: “… venérase en su iglesia la milagrosísima imagen de Nuestra Señora del Rosario, dádiva de la majestad del señor don Felipe Segundo, y atractivo de la devoción de todos los vecinos, que la reconocen por eficaz patrona contra la violencia de los temblores”.

Amén de clarificar quien era la Divina Protectora contra los sismos de Caracas, nos informa el cronista que tal imagen fue obsequio de Felipe II. En 1593 regresaba el procurador de la provincia, Simón de Bolívar, el Viejo, de su gestión en Madrid ante el rey. Venía acompañado de Martín de Zabala, rico mercader dominicano avecindado en Caracas tres años antes -al mismo tiempo que Bolívar y quizás llegado con él de Santo Domingo-. Martín compró casa y habitó en Santiago de León, tal vez por acompañar a su hermana María de Zabala, viuda que había hecho profesión de beata y decidido no casar más.

Es posible que la imagen de la Virgen del Rosario haya sido traída por Martín de Zabala, a su vuelta de España con el contador Simón de Bolívar en 1593 (que con este alto cargo de confianza por voluntad del monarca venía investido), o más probable, la trajo el mismo Bolívar, quien regresaba a la provincia luego de solicitar mercedes al propio rey Felipe II para Santiago de León, y pudo el soberano en audiencia personal -que con tan buen ánimo le concedió tales cargos personales y privilegios para la ciudad, hasta un escudo el de armas-, hacerle donación de esta imagen para animar a los vecinos a contribuir con la empresa de fundación del convento de San Jacinto, vistas las buenas obras que para el caso adelantaba ya en aquellas fechas Sancho del Villar, en 1590.

Haya traído Bolívar o Zabala la venerada imagen, lo cierto es que la fundación del convento de San Jacinto cobra impulso, y en 1597 se funda en la esquina de su nombre, en un solar que fuera del maestro de carpintería Diego Alonso, por entonces muy activo como encargado de enmaderar el techo, ventanas y puertas del flamante templo de San Francisco. Su solar fue permutado por una cuadra entera al sur de la ciudad, por acuerdo con el Cabildo.



El acaudalado Martín de Zabala le fabrica a la Virgen del Rosario una capilla de lujo en la nave de la epístola del nuevo templo. La Cofradía de la Virgen del Rosario del convento de San Jacinto estuvo a cargo suyo desde la fundación del templo hasta que fallece en 1636. Su hermana, María de Zabala, viuda y beata, custodiaba y guardaba la corona cerrada de orden imperial, rosarios de oro y perlas, estrellas, camafeos y dijes con piedras preciosas y otras joyas del manto de aquella imagen tan amada por todos los vecinos de Caracas, labor que cumple hasta que fallece, poco después y en el mismo año que su hermano Martín. La tarea devota la continuó su sobrina, la riquísima doña Maripérez, hasta su muerte al parecer ocurrida poco después del terremoto de 1641.

Se ha querido hacer de la advocación a la Virgen de la Inmaculada Concepción como la primera patrona mariana de Caracas. Es posible, mas no hay duda de dónde estaba el amor de los caraqueños desde que en 1593 Martín de Zabala o Bolívar trajeron -quizás- este regio obsequio de la Virgen del Rosario. En el informe de 1698 el prior de San Jacinto, sin proponérselo, deja testimonio para la historia de la intensa exposición pública que para esa fecha se hacía de esta venerada imagen, al detallar el costo en cera blanca labrada que representaba a fines del s. XVII el culto a esta imagen:

“La Virgen del Rosario se descubre cuatro [4] veces al día con seis velas [que se le encienden]: tres [veces] cuando se rezan los tres tercios del rosario, y una a la noche, cuando salimos a cantarle por las calles, cuyos gastos se pueden y deben apreciar por más de quinientas libras [de cera], … el cual gasto es considerable, para la renta asignada”.

¿Hace falta más prueba? Quinientas libras de cera al año representaba mas de un cuarto de tonelada gastado en cera blanca labrada para alumbrar esta Virgen, y el detalle de que se sacara en procesión todas las noches indica el fervor a esta devoción y los piadosos rezos del rosario que se hacían en cada casa, cada dia del año, al paso de esta imagen frente a la puerta.

La legendaria Virgen del Rosario se olvidó. Con olor a creolina permanece expuesta cual útil maniquí, buena su figura e imagen para exhibir el ropaje con que la cubren, que es un pálido recuerdo del magnífico que en su tiempo lució.

Sus joyas desaparecieron, quizás Morillo cuando estuvo en Caracas, o Boves, o los apremios económicos del esfuerzo patriota por sostener la guerra tras el terremoto de 1812. El retablo de su capilla en San Jacinto, tan engalanado de joyas en su tiempo como la Señora que entronizaba, fue desmembrado, y partes de su obra fueron a parar a la iglesia del pueblo de Guarenas, donde por el esplendor de estas reliquias de madera son aún adorno completo de su altar principal.

La imagen es una recreación digital de cómo pudo ser originalmente este retablo en San Jacinto, sacada de: “Los Retablos de las capillas de La Candelaria en Guarenas y del Rosario en la iglesia de San Jacinto de Caracas”. Davila, Marín, Niño, Badillo. 

Publicado en @CaracasLaDeLosTechosRojos (facebook)

domingo, 19 de julio de 2020

LA ERMITA DE SAN MAURICIO Y EL PLANO DE PIMENTEL, 1574-1624L, 1574-1624

Por Juan Gant-Aguayo
Caracas la de los techos rojos

"El célebre Plano de Caracas inserto en la Relación de Pimentel, descripción comenzada a escribir en 1578 y terminada en 1579, además de ser posterior a la Relación misma en al menos dos años, es también el primer mapa de Caracas y el único que se ha logrado localizar hasta 1771.
Es un plano muy simple para un poblado que cumplía ya algo más de diez años de fundado, casi un bosquejo, sin rigor ni diseño previo, hecho a mano alzada y apresuradamente para cumplir con las instrucciones que llegaron como Real Cédula desde el Consejo de Indias, y que ordenaba adjuntar un plano con el interrogatorio a responder como Relación. 
No obstante su simplicidad en cuanto a la inform
ación que pudiera suministrar sobre la inicial Santiago de León, es posible obtener de este escueto plano algunos datos: Están señalados en él los solares de la iglesia mayor, el cabildo, la ermita de San Sebastián, la cuadra de San Francisco al sur y un solar marcado como “San Mauricio”.
Hacia 1574, una nube de voraces langostas cayó sobre los sembradíos de maíz y las primeras plantaciones de trigo que se intentaban en el valle de San Francisco. Ante este panorama que prometía hambre y ruina con tal plaga, los vecinos -desesperados- eligen por suertes un santo que les protegiese sus cultivos, saliendo electo San Mauricio. La plaga pasó y la ciudad juró celebrarle al santo todos los años su día. En su honor, levantaron una ermita donde venerar su imagen. Ya erigida esta casa, queda entonces registrada e incluida en el Plano de Pimentel la edificación sacra, figurando en este mapa en la esquina de Carmelitas suroeste (S-O). 
En 1579, un incendio acaba con el bohío de bahareques y techo de palma de la ermita. Su imagen o talla logra ser rescatada a tiempo por los vecinos. Según las fuentes, acabó resguardada un poco más al oriente en la misma calle, en la cercana ermita de San Sebastián, sitio donde se habían dado las primeras misas en Caracas, antes incluso de la fundación.
El problema es que ese solar de Carmelitas suroeste (S-O), señalado en el plano como de San Mauricio, ya estaba ocupado desde 1578, al menos. Lo habitaba una mujer de nombre Constanza de Ávila, y es difícil pensar que esta señora diera su consentimiento para volver su hogar una ermita ahora, así fuese como templo del santo salvado de las llamas.
Constanza de Ávila, por indicios, pudo ser mestiza y quizás hija natural del conquistador Pedro García de Ávila, criada en su casa. Esta dama tuvo a su vez una hija natural con el conquistador Juan de Gámez, distante una cuadra al norte de García de Ávila en la misma calle. En 1630, Felipe Pérez manifestaba en su testamento: “… Declaro que soy casado y velado con Catalina Gámez, hija natural de Juan de Gámez y de Constanza de Ávila, y nieta de Catalina de La Cerda”. 
Tras su aventura con Juan de Gámez, Constanza casó con un Juan de Ortega. Este muere hacia 1583 y la doña casa de nuevo -ese mismo año- con Pedro de Ortega, quizás su cuñado. Con Juan de Ortega había procreado a María de Ortega, su hija legítima, mujer que fue del capitán Juan de Chavarría. En 1613 María de Ortega y su marido Juan de Chavarría venden unos títulos por cobrar, de préstamos a varios deudores, documentos otorgados en 1583 y 1591, que sumaban todos un total de 360 pesos de oro, “… procedidos de los bienes que quedaron a María de Ortega al morir sus padres”. Por las fechas, es indicativo de que Juan de Ortega ya era muerto en 1583 y Constanza de Ávila en 1591. 
María de Ortega tuvo con el capitán Chavarría al menos diez hijos entre 1592 y 1612. Estimando una edad mínima para procrear de 14 años, ella debió nacer hacia 1578. Es indicio de que su madre -como esposa de Juan de Ortega- habitaba el solar de Carmelitas suroeste (S-O) desde al menos esta fecha. Se agota con esta conclusión la corta biografía de Constanza de Ávila, nada más hemos podido hallar sobre esta sumergida mujer.
Sabemos del solar de habitación de Constanza en Carmelitas suroeste (S-O) por los linderos que daban algunos vecinos sobre sus propios solares y casas. En un documento de hipoteca fincada sobre el solar y casas de Mari Gómez, viuda, en Carmelitas noroeste (N-O), dio en 1593 como linderos sur y este esta dama: “ … y por delante, solar que está por cercar que quedó por fin y muerte de Constanza de Ávila [S], mujer de Fulano [sic] de Ortega, calle real en medio, e por el otro lado casas y solar del capitán Garcí González de Silva [E]”. 
Por investigaciones propias, tenemos probado que el solar de habitación de Garcí González de Silva se ubicaba en Carmelitas noreste (N-E). Por otro lado, en 1595, Juan López Dorado vendía a Sancho Martínez de Urqueta medio solar esquinero y casa de su propiedad, en la esquina de Llaguno sureste (S-E). La apostilla de la operación dice: "Vende Juan López Dorado el pedazo de solar que tiene, en donde tenía su casa, linde con Juan de los Reyes [O] y solar de Constanza de Ávila [E], difunta [etc.]". 
Dorado y Urqueta compartían el mismo solar entero en Llaguno sureste (S-E), dividido por mitad de este a oeste y colindante por el lado oriental con el solar entero de Constanza de Ávila. López Dorado casó en 1597 con una María de los Reyes, quizás hija de su vecino Juan de los Reyes, calle en medio al oeste. Casado así y tal vez su suegro muerto, López Dorado administraba el solar heredado por su mujer en Llaguno suroeste (S-O). Debió quizás ausentarse luego de casar, dejando encargado de ese solar a su vecino Martínez de Urqueta, pues, en 1601, este arrienda dicho solar y casas: “… arrienda Sancho Martínez Urqueta, vecino desta ciudad, a Miguel […] y Benito Botasio […] las casas que están sucesivas [O] a las que yo tengo y Juan López Dorado, por tiempo de dos años ... con las tenerías que dentro están, que lindan [E] con casas de Juan López Dorado”. 
Estas tenerías se ubicaban, al parecer, al lado del río que allí existió antiguamente, que era por entonces el Caruata real, y que limitaba el poblado por el oeste al momento de su fundación. Es a veces mencionado en crónicas muy posteriores como “Quebrada de Padrones”, o “de Leandro”, hoy ya seco y colmado. El río se cruzaba, a inicios del s. XVII, por un tosco puente de maderos, pues allí se iniciaba el camino real a Catia, una de las vías de tránsito a La Guaira por entonces. En 1622, Isabel de Concepción vendió el medio solar esquinero, de dos en que estaba dividido el solar entero de Llaguno suroeste (S-O): “… el de la banda de arriba [N], linde con la pontezuela que allí está calle real en medio ”.
Surge aquí, entonces, la pregunta de toda esta exposición: ¿Dónde, pues, estaba ubicado San Mauricio antes de quemarse? Porque evidentemente, quien haya dibujado el plano, intentaba señalar que la ermita existía (o había existido hasta muy poco antes), pero -por lo mostrado- yerra en el emplazamiento real, no era en Carmelitas suroeste.
La respuesta es que la inicial ermita de San Mauricio estuvo situada al inicio del Camino de Catia, a una cuadra al oeste del sitio señalado en el Plano de Pimentel, en lo que eran las afueras de la ciudad en 1574. La hemos emplazado en Llaguno suroeste (S-O) según lo expuesto arriba y lo que sigue:
Pedro, indio, en 1623 solicitaba al cabildo:
“ Pedro Gómez, indio guaiquerí de la isla Margarita ... digo que yo soy oficial de curtidor, y para el ministerio del oficio, tengo hecha -en una barranca de la quebrada de Caruata por bajo de donde se sirven de ella los vecinos desta ciudad- mi casa y las tenerías, ... pido y suplico a vuesas mercedes me den y hagan limosna y merced de darme el sitio de la barranca donde tengo hecha mi casa y pozos de tenería, pues [es] bien poco todo, para que yo lo tenga y posea con justo título.“
El cabildo acepta la petición, pero sin darle la propiedad personal, otorgándole el sitio “en depósito”:
“ … dixeron que ellos han visto el sitio que pide Pedro, indio, y que atento a que está conjunto con la ermita de San Mauricio (que aunque está por ahora con sólo algunas paredes, se puede reedificar, pues es obligación de la ciudad, y podría ser de mucha conveniencia para el servicio della), y mediante que el dicho Pedro, indio, y su mujer, son ya mayores de edad, y que -como incapaces- podría alguna persona engañarles, comprándole el dicho sitio por menos de su valor, y perjudicar a la república, se le puede hacer merced de dársele y concedérsele en depósito … “.

Un plano de todo lo explicado es el que se muestra.


viernes, 26 de abril de 2019

... y Venezuela también !!!


Caracas te celebra
Por María F Sigillo
@msigillo


La crónica  siempre vistió mi hogar. Los cuentos infantiles  que recuerdo eran justamente las columnas que mi padre inmigrante leía, tratando tal vez de perfeccionar el castellano y aprender de la ciudad que lo recibió con bondad. Era, por entonces,  El Universal o El Nacional, y  las revistas Momento, Elite, etc.  Como buen barbero no podía faltar en su local.  Luego de la jornada, los llevaba a casa y, con la precisión  de un cirujano que en ningún barbero puede fallar,  recortaba y me regalaba los artículos para ir creando mi  hemeroteca personal.   

Por ello, la  figura de Don Guillermo siempre ha estado presente en el hogar, en escuela, en los paseos, y en la mirada que siempre doy a cada rincón de Caracas.

Hace poco leí en  "70 años de Crónicas en Venezuela " (Banesco, 2015)  un párrafo que comparto: " La crónica es un género de resistencia. Un género a contracorriente. Porque más allá de cuánto haya de legítimo o no en los señalamientos que se hacen al ejercicio del periodismo, la crónica, tanto en Venezuela como en Hispanoamérica, ha mostrado a lo largo de las últimas décadas una fuerza y una constancia sorprendentes."

Don Guillermo José Schael , su Museo del Transporte,  sus libros, sus artículos de prensa que durante 45 años ininterrumpidos mantuvo a través de la columna "Brújula" en  EL Universal,  son un ejemplo de esa resistencia, de esa constancia sorprendente que de manera sencilla y a pesar de las actuales circunstancias, nos permite seguir soñando y trabajar por una  Caracas posible, ciudadana, amada.

Caracas en Retrospectiva celebra y honra a Guillermo José Schael  y por ello ha solicitado a la Asamblea Nacional,  a través del Presidente de la Comisión de Cultura,  el merecido reconocimiento institucional, en nombre de la familia retrospectiva, los caraqueños de ayer, de hoy y los que vendrán,  de la sociedad civil en general. Don Guillermo es parte de nuestro patrimonio espiritual y no sólo de la ciudad capital, sino de toda Venezuela.
@CaracasRetro


Don Guillermo José Schael
Blog Museo del Transporte 




sábado, 31 de marzo de 2018

El Sábado Santo y la Virgen de la Soledad, primera protectora de Caracas

Nuestro apreciado amigo José Gabriel Escala Mèndez ha compartido esta memorable reseña de su autoría:  

"El Sábado Santo es un día de luto, pues se trata de un día de silencio, no hay celebración eucarística. Pero en la Iglesia Católica también se conmemora la Soledad de María, hecho que se da, después de que la Virgen a escoltado el cadáver del Cristo al sepulcro, quedando en compañía del Apóstol Juan, una imagen terrible de imaginar para cualquier persona.

Son muy pocos los caraqueños que conocen que la Virgen de la Soledad es la primera Patrona de Caracas. Su imagen se conserva en la Iglesia de San Francisco.

La Virgen esta ubicada en uno de los altares laterales, donde ayer pude ver esa bellísima imagen de madera, magistralmente tallada y de la que brotan de sus ojos, lágrimas de cristal en la más sufrida de las expresiones de una “Mater Dolorosa” en el momento en que como madre, recibe en sus brazos al hijo muerto que desciende de la cruz; al verla no puedo negar, que se contagia un verdadero sentimiento de recogimiento, orfandad y desamparo; pero especialmente sentí poseer un vínculo verdadero con esta ciudad de Caracas tan sufrida.

Por lo que decidí documentarme más sobre esta emblemática imagen que forma parte del mismísimo “Ser de la ciudad” y de ese patrimonio cultural riquísimo que custodia la Iglesia de San Francisco en Caracas con su enorme colección de arte colonial.

Ahora me permito contarles su historia, para que este vínculo de “ser caraqueños” se haga más fuerte entre nosotros especialmente, ante la adversidad a la que estamos sometidos y contra la que deberemos luchar juntos, unidos tanto en la fuerza, como en la fe y la esperanza de que son posibles tiempos mejores, historia, que solo nosotros podremos construir a través de muchos sacrificios y carencias, haciéndonos “Uno” ante la adversidad, "Uno" como Ciudad y "Uno" como Pueblo.

La imagen de la Soledad, se venera en la Iglesia de San Francisco en esta otrora sucursal del cielo y fue nombrada Reina y Patrona de Caracas, la imagen fue donada por el Doctor Don Juan del Corro y su esposa, la Señora Doña Felipa de Ponte en el siglo XVII.

Ellos encargaron la imagen a un Capitán de Registro, que partía para España, la imagen debería ser una copia exacta de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad venerada en el Convento de la Victoria de la Corte de Madrid.

Así se hizo y la imagen se embaló cuidadosamente para traerla a Venezuela. Pero a unos días de la llegada al Puerto de la Guaira, una terrible tormenta en alta mar, obligó a echar por la borda la caja que contenía la imagen y demás enseres para poder salvar al barco de la furia del mar. Luego de varios días la imagen de la Virgen llegó flotando prodigiosamente sobre las olas hasta tocar tierra en las playas de Naiguatá; los pescadores de la zona asombrados al verla, la recogieron y la llevaron a la hacienda de Don Juan del Corro, al que los criados le comunicaron el insólito hecho.

Ese mismo día 15 de agosto, partió Don Juan del Corro al Puerto de la Guaira para recibir al Capitán del barco que supuestamente traía la imagen, invitándolo a su hacienda y sin contarle el milagroso hallazgo, lo llevó donde estaba la imagen encontrada en el mar, el Capitán perplejo, al verla le comentó lo parecida que era a la que él había echado por la borda con el resto del cargamento, pero luego de detallar todas las características de la imagen, confirmó que era la misma, habiendo llegado de forma providencial ese 15 de agosto, a las costas de Venezuela.

El 17 de marzo de 1654, mediante escritura, los herederos de Doña Felipa de Ponte, entregaron la imagen al Convento, bajo condiciones que constan en el Becerro de este Convento de Caracas, folio 67 que como dato curioso, entre las condiciones decía que la imagen debía estar cubierta por tres velos, no podía ser descubierta sino "con cuatro velas encendidas y en presencia de la mayor parte de la comunidad", y sólo el prelado podía tocarla para colocarle las joyas y los adornos, en presencia siempre de "cuatro religiosos con cirios encendidos" .

Tiene esta imagen la particularidad, de que al pararse frente a ella, parece que la Virgen María nos viera, se coloque uno donde se coloque, siempre sentimos sus tristes ojos de “Mater Dolorosa” posados sobre nosotros; esos caraqueños a los que invito tener una tregua de nuestra terrible cotidianidad y dedicar un momento de sincera reflexión, especialmente sobre los deberes que como “caraqueños” se nos vienen, donde deberemos tomar las riendas nuevamente de nuestra emancipación en busca de la libertad que se nos ha arrebatado y como consagra el más venerado de nuestros himnos:
.
“...Y si el despotismo levanta la voz, seguid el ejemplo que Caracas dio"

martes, 2 de agosto de 2016

Don Rómulo Gallegos



Con motivo al 132 aniversario del nacimiento de Don Rómulo Gallegos, quién no ha recibido el respeto que se merece, y que recientemente sus restos y los de su amada compañera fueron profanados en lo que queda del Cementerio General del Sur. 
Pocas cosas podrán resarcir el daño, solo y quizás una Venezuela libre de mediocridad, conformismo y esclavitud logre el cometido. 

Comparto con ustedes la portada e imagen que pude escanear de la "Revista Venezuela Gráfica" que llegó a mis manos, data 28 de febrero de 1928. 

"Ha sus 72 años de edad, ha sido desde profesor calificado de castellano y literatura hasta Presidente de la República por mandato del pueblo. Una vida ejemplar que siempre estuvo presente a la hora de responsabilidad. El retorno a la patria, esta vez, es motivo de júbilo público y de pena íntima, ya que trae consigo el cadáver de su amada esposa"

Rómulo Gallegos a los 72 años de edad, es el maestro de la voz firme y el gesto sereno, el escritor de trayectoria limpia y repercusión continental y el hombre de Estado quién en virtud de la actitud asumida en momentos de gran responsabilidad, frente a los usurpadores del poder dió el más claro ejemplo de dignidad personal. Este segundo regreso del exilio, no representa para él un regreso triunfal como el primero. Cierto es que en su condición de hombre público la añorada patria lo espera con los brazos abiertos, para rendirle homenaje que se merece; pero no es menos verdad que esta vez la satisfacción y el anhelo de reintegrarse a su País, le acompaña también una pena muy honda. Trae consigo los restos de su amada esposa Doña Teotiste de Gallegos, su compañera de toda la vida, quién dejó de existir en la Ciudad de México, durante el último destierro. Por esta circunstancia -muy especial por cierto-, su regreso a la Patria es motivo de satisfacción y de pena a un mismo tiempo. De regocijo público y de pena íntima. 



El Hombre

Como hombre Dón Rómulo Gallegos ha sabido llenar a cabalidad la función de su papel ante la historia. Como ciudadano ha sido ejemplar. Como funcionario fue siempre responsable de sus actos y ha dejado huella perdurable desde los días mozos de la cátedra, pasando por el escaño congresista y la Carpeta Ministerial, hasta llegar por mandato de su pueblo, hasta  la máxima posición que pueda aspirar un venezolano de todos los tiempos: la primera magistratura de la Nación."

miércoles, 13 de abril de 2016

Inauguración de la Av Nueva Granada

La revista Elite lo reseñó de la siguiente manera: 






Importantes Alocuciones. La Radiodifusora Nacional de Venezuela transmitió al País las palabras del General Juan de Dios Celis Paredes, Gobernador del Distrito Federal, al declarar inaugurada la Avenida Nueva Granada. Por su parte, el Excelentísimo Señor Doctor Manuel Barrera Parra, Embajador de Colombia en Venezuela, pronunció sentidas palabras antes el monumento de los héroes Neogranadinos Ricaurte y Girardot instalados en la intersección de las Avenidas Nueva Granada y Roosevelt. 
Elite 1950

lunes, 16 de noviembre de 2015

VIDA Y ANDANZAS DE JESUS MARIA NEGRIN

La historia menuda de Caracas,  ese  día a día que vemos reflejado en los nombres de sus calles,  esquinas  avenidas,  se va  haciendo de origen desconocido para la mayoría de sus  transeúntes, ignorando la vida, obra, anécdota  de personajes caraqueños o foráneos que hicieron de ese especifico lugar, un rincón inolvidable de la ciudad. 

Hoy hablaremos de Jesús María Negrín, tal como lo describió en un reportaje la Revista Elite en 1934, época de su deceso.

Quinta  de Jesús María Negrín en Sabana Grande 

   
“La muerte de Jesús María Negrín, personaje que desde hacía muchos años ocupaba un lugar prominente en la mitología popular venezolana, tuvo una resonancia tal entre la legión de sus admiradores que resolvimos contemplar de cerca su vida y su obra para narrarla desde  las páginas de ELITE.
Jesús María Negrín – tuvimos ocasión de conocerle fugazmente- era un tipo rústico, de hablar lento y ademanes cautelosos. Sus ojos siempre ocultos tras los párpados, escrutaban largamente al interlocutor, en tanto le dirigía preguntas imprevistas con voz premiosa y apagada su rostro exangüe se iluminaba tenuemente mientras contemplaba al trasluz, el frasco de cristal que todos los pacientes estaban obligados a entregarle para su misterioso diagnostico. Siempre con el sombrero calado y un bigote ralo y lacio cayéndole sobre los delgados labios, Jesús María Negrín producía una    impresión singular: suerte de incredulidad y de fé, a un tiempo.
-Usted siente puntadas en el vientre. Usted tiene fiebre de noche. Usted duerme mal, con pesadillas. Usted... Y Negrín con gestos sonámbulos, iba diciendo entre dientes todos aquellos síntomas que la "lectura" del frasco de cristal le sugería. Envuelto en la penumbra de su recetario, todo circundado de estanterías conteniendo multitud de envases de vidrio con muestras de parásitos expulsados por sus clientes. Negrín se alejaba luego hacia la trastienda y regresaba con una pequeña botella verdosa entre sus manos.

- Tómese tres cucharaditas de esta medicina todos los días-
Jesús María Negrín fué todo un tipo popular y por ello le consagramos estas páginas para lanzar una ojeada sobre su singular humanidad.

Su hijo, Helidoro Negrín, tuvo la gentileza de suministrarnos cuantos datos le fué posible para facilitar nuestro trabajo. Pero, con todo, Jesús María Negrín era un hombre hermético, tan dueño de su pasado, que no obstante la amable colaboración de su hijo. no pudimos obtener un vago esbozo de sus años juveniles y de su iniciación en el arte de curar. 

Parece que Jesús María Negrín, hacia la veintena, vióse arrastrado por las revueltas internas  tomando  parte en diferentes hechos de armas. Incorporado a las filas recorrió gran parte del País, hasta que su buena estrella hizo que una bala le dejase tendido un día cualquiera en un encuentro. Tal hecho acontecióle en una región andina y fué recogido por unos indígenas, quienes le llevaron consigo y lo pusieron en manos del "piache" (brujo o curandero) de su tribu. En compañía de ese "piache" permaneció Negrín por espacio de seis años, adueñándose de todos los secretos del cobrizo empírico. 

Desde niño, experimentó Negrín una insaciable curiosidad por nuestra flora, cuyos vegetales secretos presentía. De allí que la dilatada experiencia del "piache" pusiese en marcha todos sus confusos anhelos y le permitiera llevar a la práctica todo cuanto su instinto vagamente le insinuaba. 
El "Piache", para realizar sus curaciones, exigía le fuese suministrado un objeto cualquiera del paciente o una hebra de su pelo. Luego de concentrarse profundamente dictaba su diagnóstico, el cual era seguido textualmente por la multitud de indígenas que tenían grande fe en sabiduría. 
Jesús María Negrín, hombre sagaz, aprovechó sólo aquellos  conocimientos del "piache".

Con tan extraordinario bagaje, dióse Negrín a experimentar por sí mismo, años más tarde, alcanzando continuos éxitos. Parece que nuestro personaje poseía una intuición nada corriente, que le guiaba en sus tenaces experimentos. Conociendo de modo empírico la virtud curativa de infinidad de plantas tropicales, cuya nomenclatura técnica quizás desconocía. Negrín con toda buena fé, puso sus conocimientos al servicio de sus brebajes estaban confeccionados con zumos de plantas nuestras, muchas de las cuales aún permanecen inclasificadas y cuya variedad es  verdaderamente asombrosa. Como uno de los factores esenciales de toda curación es la fé del paciente en la medicina que se le administra o en la persona que la índica, pues tal disposición de ánimo crea una especie de autogestión favorable a la reacción del organismo, resultaba de ello que muchos- la mayoría- de los pacientes de Negrín, sugestionados por su misteriosa simplicidad, que le hacía aparecer como un ente telúrico, dueño de insospechados recursos, mejoraban a ojos vistas de sus quebrantos, con lo cual creía interminablemente en la fama del empírico.

Si tomamos en cuenta, además, que un considerable porcentaje de las enfermedades corrientes entre nosotros, son de origen parasitario, se explica fácilmente que los preparados de Negrín produjesen un alivio inmediato en la generalidad de los casos, pues muchos de esos zumos vegetales que él administraba encerraban propiedades vermífugas. 

-Mi padre- nos dice Heliodoro Negrín-estuvo mucho tiempo sin dedicarse a recetar, pues mi abuela se lo había prohibido. Una vez muerta ella, decidióse a poner en práctica sus conocimientos. Vivíamos en aquel entonces en "La Cañada" y su primer cliente fué un compadre de Los Dos Caminos. 
Estamos conversando con el hijo de Jesús María Negrín en el recetario que éste había instalado en la parte posterior de la quinta que últimamente habitara, situada en Sabana Grande. Es una finca rodeada de gran parque, cuyo esplendor vegetal sin duda era grato a aquel que parecía conocer todas las virtudes ocultas de las plantas. 

-Si, todos esos frascos contienen muestras de los parásitos que los clientes curados por papá le regalaban en prueba de gratitud. Aquí no están sino unos pocos, pues los demás los guardaba en otros cuartos.

El recetario de Negrín está separado de una especie de sala de espera, mediante una barandilla de madera. Innumerables tenías y parásitos de aspecto extraño flotan en el alcohol de los envases. El saloncillo tiene cierta atmósfera peculiar con su penumbra, las frugales estanterías y la presencia de un anciano de aspecto campesino que escucha atentamente nuestro diálogo. 

¿...?

-Se llama Henrique Rodríguez y conoce también muchas plantas. El acompañaba siempre a papá  por los campos en busca de yerbas. 

¿...?
Henrique Rodríguez, compadre y ayudante de
Jesús María Negrín 

-Conozco casi todos los preparados que recetaba porque desde niño me he ocupado de eso.
No poseo sus mismas facultades, pero tengo una gran práctica y puedo curar a algunos.
En esos precisos momentos penetró en el recetario un campesino. Uno de esos típicos hombres del campo venezolano: sombrero de pelo de guama, alpargatas, franela y chaparro en mano. Venía en busca de su medicina.

¿...?

-Hubo épocas en que recetaba como a cien personas por día. De todos los pueblos y haciendas venían a consultarlo. Y de Caracas, no se diga....

Heliodoro Negrín habla de su padre con voz ferviente. Es innegable que el extinto poseía la facultad de inspirar una extraordinaria confianza a todos cuantos le rodeaban. Contemplado a primera vista resultaba un tipo insignificante, pero como generalmente sus interlocutores eran gentes rústicas o pacientes desesperados, resultaba que Negrín con sus vagas frases y sus ademanes sonámbulos, amén del singular carácter de su diagnostico de "lectura" de las aguas, despertaba en sus clientes una creciente esperanza en su curación. Su presencia removía en lo íntimo de los enfermos todo el sedimento supersticioso y esa confusa fe en lo sobrenatural que siempre está presente. 
Jesús María Negrín tenía una profunda confianza en sí mismo. Se sentía dueño de una especie de sexto sentido que le permitía intuir y descubrir síntomas ocultos. Bastaba verle examinando un frasco para darse cuenta de que Negrín experimentaba algo así como un arrebato, casi diríamos que caía en "trance".
Por su recetario desfilaron los pacientes más diversos, muchos de ellos aquejados de enfermedades que estaban fuera de alcance curativo de los zumos vegetales de Negrín. No obstante eso, el iluminado curandero examinaba largamente las aguas y pronunciaba su diagnostico con el mismo tono distante y como abstraído. 

Pocos tipos venezolanos han sido tan extraordinarios y pintorescos como Jesús María Negrín. Por ello lo hemos calificado de ente telúrico: hombre poseído por una fuerza de la naturaleza que fermentaba en su interior. 

Si su espontanea y poderosa vocación botánica hubiese sido desarrollada mediante estudios científicos, quizás Jesús María Negrín hubiese desempeñado algo más que un papel pintoresco. Quizás hubiese desentrañado más de un interesante problema medicinal con la investigación de nuestra inagotable flora. 
Ahora Jesús María Negrín ha desaparecido u en torno a su persona flota esa atmósfera desconcertante que envuelve siempre a sujetos que dedicaron su vida a dialogar con lo desconocido. 
-¿...?
Este es un hermano mío, se llama Domingo Negrín y va a estudiar medicina. Mi padre siempre tuvo el deseo de que uno de sus hijos siguiera estudios médicos. 
En este deseo de Negrín se advierte el oculto anhelo de disciplinar la mente para hacer luz en el caos que él arrastrara consigo toda su vida. Posiblemente Negrín se angustiaba ante su empirismo y se dolía de poseer facultades comunes que no pudo nunca educar. 


Los hijos de Negrín nos acompañan a través del amplio parque hasta la verja de entrada. Bajo los árboles corpulentos que nos sigue la senil figura de Henrique Rodríguez, su compadre. Hombre éste rústico como el difunto, igualmente consustanciado con la naturaleza. Diríase un árbol más en el umbroso parque. Nos despedimos y tras la polvareda que arremolina en el aire nuestro automóvil se van desdibujando las siluetas de los hijos de Jesús María Negrín, el hombre extraño que tantos y tan diversos comentarios, diatribas y discusiones suscitó con su pintoresco arte de curar." 

Un aspecto de la multitud que acompañará los despojos mortales de
Jesús María Negrín. 

Antonio CAMINOS.
Elite 1943. 

viernes, 13 de febrero de 2015

Para la historia de las carnestolendas

Cuando dentro de un cuarto de siglo, añoren los cronistas, los días que vivieron, hombres, mujeres y niños en esta capitalina ciudad durante el reinado de la locura  en tantos años como éstos, saldrán a relucir cosas que harán pensar a los hombres, no ya en la actividad despegada para veinte días, llevar a efecto el mejor Carnaval que se tenga noticias en esta ciudad sí que extraer de raíz el inri que pesó sobre los nativos durante un tiempo largo.


Ocurrió que habiendo lanzado en el “Círculo de las Fuerzas Armadas” el dinámico Director de tan importante centro social la idea de revivir el antruejo con bombos y platillos; y en marcha la primera base para que todo anduviese como por sobre ruedas, el proyecto traspasó los umbrales, llegó a la Gobernación del Distrito Federal, cuyo Magistrado el Comandante Guillermo Pacanins, tuvo el acierto de seleccionar el que equipo que secundó al Coronel Zambrano en la simpática iniciativa.

Y mientras los escaparates y las canastillas exhibían los antifaces y caretas, saldos del año anterior, surgía el comentario tendiente a si recibíamos  la vista del Dios Momo con el mismo ceremonial y melancolía que privó durante años anteriores. (..) Miembros de la Directiva se programaban actos y acometían  empresas, Sánchez inició la colecta con admirable resultado, si se toma en cuenta que apenas quedaban diez días laborales para el cometido.


Las iniciativas para confeccionar el programa contenían los números. Si incitaba a empresarios, hombres de comercio, ya todo que pudiese apoyar la iniciativa antruejana, para que presentases carrozas en los días de la locura. Rara vez la gente secundando un proyecto con tanto entusiasmo.

El caraqueño es, cada vez que se trata de su tierra chica, un ente que se pierde de vista; trabaja con cariño y deja a un lado todo para festejarlo con la pompa debida. Es así, fiesta para el pueblo donde hay que echar la casa por la ventana para que estén contentos los de adentro y los de afuera.
Hasta el momento en que escribimos esta nota no se han logrado los ingresos esperados, por lo que el déficit puede ser de apreciable consideración. Sería de lamentar que no se solucionase el problema, porque como decimos, el Carnaval de Caracas de continuar con el ritmo que va, será un señuelo para atraer turistas en abundancia en los años venideros.

Esta página recoge algunos aspectos del  festival, en gráficas que sino abarcan gran parte del Antruejo, revelan si, la belleza que tuvo la permanencia de Momo en la Ciudad.


Si hubo agua en los barrios bajos extramuros, es noble decir que en ellos no intervino el noble pueblo de Caracas. El estuvo durante las tardes vigilante en las avenidas por donde tenía lugar el paseo de las carrozas, ninguno de cuyas ocupantes fueron irrespetadas.

Puede en consecuencia decirse que los bañistas hombres tenían ganas de bañarse y las bañistas hembras al agua que recibieron como una panacea del cielo.
  
Billiken, febrero  1956
#2.007





jueves, 24 de julio de 2014

Ventanas caraqueñas

En vísperas  a la celebración del cumpleaños 447 de la "Fundación" de Caracas, comparto con ustedes, una serie de artículos  que he ido transcribiendo sobre la Caracas vieja. 

Desde el mirador colonial 
a los ojos nuevos de la ciudad 

“Las ventanas caraqueñas se fugan del paisaje. Apenas si algunas cuantas asoman a las calles altas de la ciudad, dónde todavía resta un poco de tradición, en los sitios que no ha llegado la piqueta iconoclasta y los edificios nuevos no se proyectan hacía lo alto, aventados en una angustiosa, desesperada persecución de espacio. 

Las ventanas caraqueñas asoman hoy sus ojos en una nueva fisonomía de la ciudad. Y son diferentes de las anteriores. Estas no tienen altos, elevados balaustres, ni rematan en decantadas volutas o arcos de medio punto. Como también ríen picarescamente tras la gracia escondida de las romanillas,  que antaño les prestaran su precisa dosis de intriga y espectación.   
Hoy los postigos no son párpados cerrados a la curiosidad ciudadana, sino cristales abiertos a los ojos de la ciudad. Por ellos entra el mundo a los apacibles valles interiores como las pupilas que velaban tras la romanilla se asomaban en otras épocas a la muda contemplación del mundo, coronadas, acaso, por un sabio monólogo interior. 

Hoy las ventanas caraqueñas se fugan hacía el desván de los recuerdos, donde hay un marco más propicio para su anhelo de inmensa, definitiva espectación, y se queda viviendo, perennemente ansiosas, al lado de los retablos obscurecidos, pero situadas en su justo lugar, sobre la cursilería churrigueresca de los dorados y las molduras, entre la pátina venerable, nimbada de tristeza de la pintura de mano esclava, llena de poesía y de dolor. 
Y se velan tras las altas, alfileradas rejas, como lo hacían antaño los ojos chispeantes de las criollas, en los balcones asomados al aire, perdidos también hoy en la distancia del recuerdo  como en una suave penumbra crepuscular.
Las ventanas caraqueñas se fugan del paisaje, se vuelven hacía dentro, y aún quedan, una que otra, decorando las calles, como palabras  sueltas de un lenguaje anterior.      
Ventanas de la Colonia
Imagen aportada a Caracas en retrospectiva S/F

Aportada a CER S/F

Las ventanas coloniales de Caracas, al comienzo, eran unas simples tragaluces, claraboyas que apenas dejaban entrar la luz del sol, abiertas en altos, blancos muros encalados, que desde su altura dejaban resbalar los ojos por sobre las cosas sin mirarlas, y en verdadera función de celosías no permitían que su eco violara el recinto interior. 
Después, al florecer de la Colonia, despuntaron en los muros  verdaderas ventanas, bajo el sombreado reparo de los aleros- hijos de tejares asturianos y extremeños- y se hicieron  aladas las rejas, ante calladas hojas opacas y plegadas  como alas de torcaz. 
Fueron entonces las ventanas  oído abierto a la serenata y a la frase de amor; pero, siguiendo  en su papel de celosías, velaban rejas, postigos y macetas floridas para ocultar entre flores y maderas el resplandor propicio de los ojos luminosos de las criollas, acogedores, cálidos, sabios en las lides galantes, duchos en el mirar. 
Y nacieron los balcones alados, abiertos a los aires, hasta donde llegaba el ruido comercial del piso bajo, las risas sonoras de las jóvenes esclavas que tejían la cocuiza como crinejas rubias, el repicar de cascos de las recuas, cargadas, sudorosas, que volcaban en los graneros las almendras morenas de cacao, la risa blanca y apretujada de las mazorcas. 

Balcones o miradas, los nombraron, hoy podemos llamarlas miradores, pues los que conocemos de las casas antiguas, a lo largo y a lo ancho pueden contemplar los horizontes de la ciudad. Florecieron las rejas andaluzas y reminiscencias moriscas, balcones asomados al aire,  miradas que recordaban minaretes recortados sobre el panorama, definidos en las voces del viento, sobre las altas brisas que circundaban la ciudad. 

Unas y otras se fueron. Sobre esas mismas brisas, ventanas y miradas elevaron su vuelo, y ahora se nos escapan del paisaje, perennemente en fuga, batiendo hacia el recuerdo silencioso sus opacas, desgastadas maderas, cual despegadas alas de torcaz." 
          



Fuente: La data se traspapeló, podría ser de Billiken 1946-1947
Transcrito el artículo, menos el último párrafo que es ilegible.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Caracas, Ciudad de ayer y de hoy

“Caracas era una ciudad típica hasta hace unos siete años; típica como sus habitantes, filósofos de la vida  y “amigos de los hombres”.  Una luna madura de metal cobrizo se paraba en las esquinas como si aguardara el cruce de algún transeúnte solitario de la noche. Hoy la luna es moderna, sobre los edificios grandes, iluminados como un retablo. La luna de ahora es blanca, simplona, no destaca su fuego amarillo sobre las calles profusas de luminiscencias publicitarias.  Hoy el esmalte lunar es limitado por los decoradores de ultramodernos cafetines y fuentes de sodas, extrañas a Caracas, la ciudad de los botiquines coloniales con sus pesados mostradores y mesas de caoba encerada, espejos turbios por muchas generaciones de moscas y pisos de cementos incoloros. Esos bares remedos de cantinas españolas, adonde llegaban los andaluces de sal y luz a palabrear entre vinos y aceitunas anécdotas o  mentiras. Era Caracas Ciudad de mujeres tímidas ante la palabra procaz del hombre, de damas  ataviadas con trajes largos de serias coloraciones, el cabello arreglado según modelos antiguos, profuso, caído en cascadas hasta las espaldas, sin falsos tonos oros, aireado por las brisas frescas del Avila. 
Chocolateria La India 

Los modales sin desbordamientos, sobrias risas, a penas dibujadas en las facciones breves, palabras sencillas, ideas fáciles, sin rebuscamientos de lecturas y principalmente referidas a temas del matrimonio y el hogar. Cumplidoras de los preceptos católicos iban a misa diariamente y los domingos, al salir de la Iglesia acompañadas por sus padres se tomaban en sana juerga la mañana. Mañana dominical de 19…., horas anheladas en toda la semana; la Plaza Bolívar, Lucas Manzano de pantalones cremoso y fresca pajilla de sombrero, paseando y observando el ambiente  para escribir la crónica de BILLIKEN. Fotografías con cámara “Kodak” para dejar plasmado en un papel brillante los rostros sonrientes de un día festivo.  Luego a las 11: am la retreta municipal, la banda engalanada con trajes de paño azul oscuro, orillados de oro. Los cobres de la banda hacían sonar valsecitos criollos o bravos pasodobles donde el clavel y la manola eran palabras importantes de la letra. Al fin, el joropo, criollo y veloz. Y el público, numeroso, aplaudía. Luego el paseo por la Plaza, damas engalanadas de sedas y pajizos sombreros enriquecidos con racimos de flores de café (fingidas). A las doce, reunión en “La India”, el salón de familias más elegante de la capital del 20; helados en cajitas provistas de una cuerda para transportarlas con un cesto, uvas, versallesco obsequio de los caballeros, manzanas, peras, aceitunas, una taza de chocolate. Con estos comestibles celebraban el domingo las damas y hombres de alto rango social, concurrentes al lujoso salón de familias.  El almuerzo, alguna dama invitaba a su novio a la mesa; hervido de gallina latería de “Rodel” traídas de “La Colonial”, el botiquín de la gente “de tono”. En tarde, las carreras de caballos, la plana mayor del gobierno de Gómez  en la tribuna presidencial, boletos jugados entre la gritería de las damitas, antología de trajes y cosméticos, los mozos tomaban una copa de brandy y a pasear por el jardín del Hipódromo.

Otras damas iban “a dar una vuelta” al paseo de “El Paraíso” en un coche tirado por briosos caballos de idéntica pelambre y aperados lujosamente. Las cinco de la tarde “El Pinar”, florido y fresco, las calles de tierra. En la noche, hasta las diez, las damas sentadas a la ventana. Apoyaban los codos marmóreos sobre muelles cojines bordados por sus propias manos. Se paran los caballeros, les obsequian bombones.  La madre vigila desde el fondo de la sala sentada en una mecedora. A las 9 y 45 los primeros bostezos, los caballeros lo notan, vacilan en permanecer junto a las damas enventanadas “Tu mamá tiene sueño, me voy”. Y se iban los mozos  por la criolla calle, silbando, silbando bajo la luna llena de trópico. Entraban al bar, comían una tostada y una taza de denso chocolate y llevaban algún regalo a sus madres que esperaban sentadas en el lecho su llegada. (“No me puedo dormir hasta que no lleguen los muchachos” dicen las madres buenas). Así era Caracas, con ese tono gentil, elegante, grato. Con sus mujeres hogareñas y sus hombres llenos de hombría, simples en sus preocupaciones, sin política.  Amigos de las fiestas y del buen brandy. Así transcurría la vida hasta que un día se acabó todo esto y hoy es Caracas una ciudad Cosmopolita, poblada y con gente rara que por la calle va con un rostro que no sentimos nacional. Ellos, los inmigrante tienen una porción de trabajo en la obra de formación venezolana que todos queremos realizar. Caracas ya no es típica, está llamada a no serlo, por su situación geográfica, apta para recoger las características de los distintos países que, por medio de sus habitantes viajan, nos llegan al puerto de La Guaira. ¡Caracas, todos te recordamos como eras! Y como en el poema de  Antonio Machado decimos: Mi infancia es el recuerdo de un patio de Caracas."

Caracas, 1945 
Por Rafael Brunicardi, h
Elite 1945




jueves, 31 de octubre de 2013

Manuel Antonio Carreño

Amigos comparto con ustedes la imagen que el Dr. Nicomedes Febres Luces ha traído a las redes sociales 
reseñando lo siguiente: 
" Hoy voy a colocar una foto muy rara de Manuel Antonio Carreño, el autor del famoso manual. El Manual de Carreño fue el libro más importante escrito y editado en Venezuela en el siglo XIX. Se extendió por toda América con pasmosa rapidez y fue el libro de cabecera en el continente. Estaba concebido como un libro de civilidad, de educación cívica y urbanidad influenciada por una Inglaterra impregnada de liberalismo, lo que se lee en la Introducción del libro y por otro lado, era un manual de Buenas Maneras y de protocolo proveniente de Francia que era el otro país de referencia en esa época, más dedicado a la forma que al fondo de las cosas. Incluso en la educación femenina se debatían esas dos opciones. Al final, en las sucesivas ediciones hasta la introducción se la mutilaron o quitaron y lo dejaron como un libro de buenas maneras, casi todo dedicado al comportamiento en la mesa. Creo que Venezuela perdió mucho con la eliminación de la razón de ser del libro que estaba en su Introducción. pese a su banalización, el libro debería estar vigente. Cuando puedan lean el libro original, que es difícil de conseguir, pero es infinitamente mejor que esas versiones breves." 


Quién fue Manuel Antonio Carreño Muñoz ? 
Nació en Caracas, Venezuela en el año 1812, fue Músico, pedagogo y diplomático venezolano, falleció en París, Francia el 4 de septiembre de 1874). Alcanzó durante su vida, gran preponderancia particularmente en el ámbito de la diplomacia y la pedagogía, fundando el prestigioso Colegio Roscio, además de servir como traductor de las obras: Catecismo razonado, histórico y dogmático del abate Thériou, y la Introducción al método para estudiar la lengua latina de J.L. Burnouf. No obstante, fue en 1853, con la publicación de su Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres, que pasaría a la historia con el sobrenombre de «Manual de Carreño», un escrito centenario, que enseña y adiestra al individuo en el manejo de las buenas costumbres, fundamental para la educación de decenas de generaciones y reeditado en numerosas ocasiones.1
Fue Ministro de Relaciones Exteriores y Ministro de Hacienda de Venezuela, pero tras su renuncia a este último, a causa de la Guerra Federal, sale del país, viviendo en Nueva York y luego en París, donde fallece.
Fue el padre de Teresa Carreño, aclamada música y pianista, que él mismo entrenó en las artes musicales, además de impulsarla en su carrera en el extranjero.
Primeros años
Hijo del músico Cayetano Carreño Rodríguez (maestro de capilla de la catedral de Caracas) y María de Jesús Muñoz.
En su hogar él y sus hermanos obtuvieron una sólida formación cultural y musical, lo cual les permitiría destacar como excelentes ejecutantes y compositores. Desde joven Manuel Antonio mostró una gran vocación por la pedagogía, lo que lo llevaría a fundar el 1 de septiembre de 1841, el colegio Roscio, que con el tiempo llegó a gozar de un gran renombre en Caracas. Fue sobrino de Simón Narciso Carreño Rodríguez, mejor conocido como Simón Rodríguez, el insigne maestro del Libertador Simón Bolívar.

Madurez

A finales de 1853 nació su hija María Teresa y desde entonces, Manuel Antonio Carreño se dedicó a su educación musical. Para ello escribió 500 ejercicios para piano, los cuales abarcaban todos los aspectos pedagógicos y técnicos para el aprendizaje del instrumento.
Como parte de su trabajo como educador, tradujo con la colaboración del doctor Manuel María Urbaneja, el Catecismo razonado, histórico y dogmático del abate Thériou, y la Introducción al método para estudiar la lengua latina de J.L. Burnouf.
Ministro de Relaciones Exteriores (14 de mayo de 1861), en agosto del mismo año es designado ministro de Hacienda (1861-1862).

Emigración Hacia Francia

Inestabilidad política que se vivía en Venezuela como consecuencia de La Guerra Federal, decide abandonar su cargo y marcharse al exterior en busca de mejores condiciones para el desarrollo artístico de su hija. En tal sentido, el 23 de julio de 1862 parten juntos a Nueva York, donde viven unos años hasta que parten a París. En la capital francesa Carreño se desempeñó como profesor de piano, logrando alcanzar cierta notoriedad.

En 1853, publicó por entregas el Manual de urbanidad y buenas costumbres, obra que le valió un gran reconocimiento y fama. Dicho texto, ha sido reeditado numerosas veces en muchos países de Latinoamérica y fue un libro de referencia fundamental para diversas generaciones venezolanas y es muy leído en la actualidad en todo el mundo. Sin embargo, este manual ha sido fuertemente criticado, principalmente por su excesivo formalismo, carácter casi ritual de muchas de las recomendaciones, parcialidad en temas religiosos, clasicismo y machismo.
El 14 de marzo de 1855, el Congreso Nacional acordó la recomendación especial para el uso de esta obra. El Manual de buenas costumbres y modales por entregas que tuvo una gran acogida.
Con el nacimiento de su hija, Teresa en 1853 escribió 500 ejercicios para el aprendizaje del piano para ella.

martes, 1 de octubre de 2013

Teatro Municipal de Caracas



Publicada por el Dr. Nicomedes Febres, con una interesante reseña : 

"La foto del día la vi por primera vez anoche y es muy curiosa. Se trata de una ilustración de lo que fue la inauguración del Teatro Guzmán Blanco hacia 1870 y algo. Es el actual Teatro Municipal. A la localidad de patio no tenían acceso las mujeres por ningún motivo, tampoco podían asistir solas a las representaciones teatrales, pero acompañadas iban a los palcos y la galería. Fue con una ópera o una zarzuela que se inauguró no recuerdo su título y alrededor habían pequeños cafés donde se servían refrigerios, vinos y brandys. En esa época no se tomaba whisky, una costumbre excelente que trajeron los gringos y la refrigeración, por lo del hielo. frente al foyer quedaba la plaza de San Pablo"

El teatro fue inaugurado con el nombre de Teatro Guzmán Blanco, el 1 de enero de 1881 por Antonio Guzmán Blanco. Su construcción fue iniciada en 1876 por el arquitecto francés Esteban Ricard y completada a partir de 1879 por el venezolano Jesús Muñoz Tébar. En la inauguración se ofreció una representación de la ópera Il Trovatore de Giuseppe Verdi, a cargo de la Compañía de Ópera Italiana Fortunato Corvaia.

Cabe destacar que el Teatro Antonio Guzmán Blanco fue la primera edificación en recibir alumbrado eléctrico después de la Plaza Bolívar , con una planta que fue instalada en la parte trasera de tal coliseo, sin embargo esto sucedió 3 años después en 1884, por lo que en la gala inaugural del Martes 4 de Enero DE 1881, donde se estrenó Il Trovatore de Verdi, el pueblo de Caracas se quejó por las fallas de alumbrado que tenía con las antorchas y candiles usados para la presentación! Que bárbaro no? Que tiempos aquellos....

martes, 17 de septiembre de 2013

¡Se muere el PIROPO, señores!

Imagen de Leo Matiz 

“Con el corazón arrugado hemos podido constatar, amable lector, que el piropo se muere en Caracas. Y en Maracaibo. Y en todas partes. Ya no hay en la calle, prendido al paso de una morena de esas que hacen trepidar las acercas o de una rubia descollante, el flechazo gentil del piropo. Ese homenaje pasajero que rinde pleitesía a la belleza con la ocurrencia chispeante, y que provoca una sonrisa de agradecimiento.  Naturalmente, que siempre hay  quienes le dicen algo a los tantos monumentos que martirizan los ojos de los transeúntes en esta Santiago de León. Pero esos no son piropos ni nada que se le parezca. 
Fíjese usted, estimado lector, en este caso que presenciamos en una esquina céntrica: Una dama gentilmente ataviada con un elegante traje más o menos amarillo y cuya calificación dejaremos a las damas – ellas dirán amarillo mostaza o amarillo mamey, o de último caso amarillo “cuadrito de taxi” recibió el ataque imprevisto de un “muñequito de esquina”, que se le fué encima con esta poética frase: “… Negra, tu eres las auyama que necesita mi sancocho…” ¿Qué tal?  Ni Don Juan Tenorio hubiera podido mejorarla, con perdón de Zorrilla.  
  
Revista Elite 1951

Un hora de sol…..

A las doce del día el sol no cree en nadie. El deber, sin embargo, nos llamaba a realizar nuestra radiografía del piropo en una hora tan poco romántica…. 

No nos quiso decir su nombre. Más aún, le vimos en principio deseos de llamar a un guardián  del orden público que nos miraba fijamente, pero al fin moderó el paso y accedió a respondernos.
- El piropo se murió, caballero.. Y lo mataron ustedes mismos con ese empeño de decir vulgaridades…
Revista Elite 1951

Y se fue dejándonos con una sensación de culpabilidad que por poco nos hace nacer un tremendo complejo de inferioridad. 
La segunda “victima” fue más amable. Hasta nos dejó ver completa la maravillosa dentadura con que la agradeció el cielo al decirnos su nombre: María Colmenares, oficinista, morena y linda… 
- No le voy a negar que es agradable oír cosas bonitas… sólo bonitas. Pero son muy escasos los hombres que saben decir un piropo fino…
- ¿No recuerda usted uno en especial? 
- Si supiera que si – volvió a sonreír haciendo que el lápiz comenzara a temblar violentamente- Una vez bajando desde la esquina de Principal  con una amiga me reí de algo que me contaba, y un señor que estaba parado en la puerta de la Casa Amarilla me dijo: “... tiene usted una risa que pellizca el alma..” 
- Fue tan espontaneo, tan simpático que no pude por menos que agradecérselo.
- Y al decirlo nos sonreía a nosotros de una forma… que bueno… mejor es no describirla. 
Imagen aportada a Caracas en Retrospectiva Facebook

Eran dos. Posiblemente estudiantes universitarios. Uno displicentemente recostado contra un carro estacionado, y el otro de pie, a su lado, avizorando la proximidad de un grupo de muchachas que se acercaban hablando animadamente. 
- ¡Mírame eso! - dice  en Don Juan en ciernes ante la cabecilla del grupo: 18 abriles muy bien representados, esbeltas las piernas enfundadas en las medias tobilleras, un manojo de líneas curvas que serían el sueño de un profesor de geometría. Y en un “pase de pecho” bien medido le dice: .. “tienes más curvas que la carretera de la Guaira”... el otro escucha impasible, y señalándole la que viene en último lugar, hecha todas  de artista  y líneas rectas solamente con las curvas imprescindiblemente necesarias, deja caer la sentencia .. Fíjate en eso. Igualito que aquí… detrás de la carretera  de la Guaira, viene la autopista…”  
   

El piropo elegante, poético, está de capa caída. Y debe ser porque los propios poetas están en bancarrota, ya que el piropo siempre lleva el sello de la persona que lo dice.  El chofer, por ejemplo cuando ve brillar un par de ojos de esos que hacen corto-circuito en el bulbo raquídeo del que se encandila con ellos, solo aceptará rumorar...“Por favor, cambia las luces, pimpollo…”  

En nuestra encuesta llegamos a una conclusión desoladora. Un elevado porcentaje  de las interrogadas respondieron en forma tajante… “No me gustan los piropos” y eso se debe, estimado lector, a la forma brutal con que algunos elementos quieren celebrar una figura bien formada u un rostro bien delineado. Por esa razón, señores se muere el piropo. .. Y para acabarlo de rematar, quién se “salga de cuerda” podrá sentir en carne propia las dulzuras de unos cuantos días a la sombra o descargarse de algunos cuantos “machacantes” que siempre hacen falta. 

Aquí viene una dama. El almanaque le ha totalizado 30 años, pero conserva líneas juveniles dentro de su esplendida madurez, Y desde la esquina, haciéndole un “quiebre” perfecto e  inclinándose casi al oído. Ella no se detiene, pero sus dientes blancos se asoman al balcón de la sonrisa.
Nosotros también la abordamos, pero francamente después de los “flirteo” de ley, nos confiesa lo que acaban de decirle… Lean y aprendan… “Por ti sería sería capaz de ir al Polo Norte en Pijama a cazar osos polares con “pega-pega” negra linda!..”   Y de inmediato se aleja, virando a babor y a estribor con una regularidad que provoca una verdadera “confusión de sentimientos” como diría Rafael Barragán: que no es familia de Radragáz, aunque lo parezca. 
Hemos visto, oído y aprendido muchas cosas en esta expedición. Y nos ha dado el gusto de volver hacer otra radiografía callejera. Hemos visto el consabido “galán de esquina” haciendo guardia frente a los liceos y colegios; al otro que espera casi abrazado al poste, a la “ternera” que venga “pidiendo guerra”; al señor de edad que se apoya en un bastón a la vera de la Plaza Bolívar para ver pasar el río trepidante de las cinco y media. Pero nos quedamos con la convicción de que el piropo, el dicho gentil e ingenioso, se muere definitivamente en Caracas. No hay quién sepa decir un  piropo que merezca una sonrisa de la inspiradora. Si acaso lo que merecen los “piropos” actuales es una lluvia de carterazos…."     
  

Imagen de El Diario de Caracas 
Fuente: 
Material transcrito por Caracas en retrospectiva 
( María F Sigillo) 
de la Revista Elite/ año 1951 
Una radiografía Caraqueña ¡Se muere el PIROPO,  señores! 
Por Omar Vera López