domingo, 8 de julio de 2012

500 Edificios caerán en " El Conde" para abrir una via en Caracas

Por Juan Cristobal

El Conde, es una típica Urbanización de clase media, fundada hace unos 28 años por Juan Bernardo Arismendi  y Luís Roche, cambiará totalmente su disonomía de zona  residencial  al terminarse la gigantesca obra  que se proyecta para prolongar la Avenida Bolívar  en dos ramales que llegarían, uno hasta  la Autopista del Este y el otro hasta la Plaza Morelos.

Quinientas familias tendrán que buscar ubicación en otra parte, 160 edificios o quintas deberán ser demolidos antes del  proximo mes de diciembre . Edificios tan importantes como el de Planchart & Cia, em Puente Mohedano. El Hotel Ambassador, los apartamientos de Los Caobos  deberán caer para dar paso a la Avenida que se proyecta.

La Empresa encargada de la ejecución es la Compañía Anonima Obras de la Avenida Bolívar, la cual ha emitido hasta ahora bonos por valor de cincuenta millones de bolívares con los cuales está pagando a los afectados de las demoliciones.  

Fotos de Garrido y Garmendia
Elite 1.493 /15 de mayo de 1954.



La Raya roja de este plano señala la ruta que seguirá la prolongación de la Avenida Bolivar
en El Conde . Este proyecto sin embargo no es definitivo.











lunes, 2 de julio de 2012

Los Paseos Olvidados de Aquel Caracas.

En vísperas del cumpleaños número 445 de nuestra querida ciudad de Santiago de león de Caracas, quiero compartir con ustedes una serie de artículos que he venido recopilando para esta ocasión, comenzando con “Los Paseos de Aquel Caracas” de Lucas Manzano, el cual nos transportará a los lugares de recreación de la Caracas de Antaño.

“Si para pergeñar esta crónica es de rigor someternos al orden cronológico, tendremos que remontarnos al año de 1785, al filo del cual, los elegantes del mundo caraqueño frecuentaban, provistos de alimentos y refrescos, los sitos de moda que figuraban “La Palomera”, al final de “La Roca Tarpeya”; “La Estancia de los Tovar”, en “Coticita”; el pintoresco bosque de “Los Mecedores” bañado por las aguas del cristalino Catuche, bajo el cantar de los pájaros y el rezongo de los araguatos; la laguna de “El Rincón” de El Valle, formada por aguas de lluvia y la acequía de Don Guillermo Espino, para vitalizar sus cañaverales que luego convertía en aguardiente, papelón y azúcar en el “Trapiche Ibarra” de grata recordación para los amantes de lo cañameral ; “El Calvario”, por cuyas avenidas paseaba su arrogante figura de •gladiador” romano el Presidente Guzmán Blanco, cuya diligente acción encaminó para imprimirle belleza a la colina donde culminaban las procesiones llevadas desde el templo de San Jacinto, para que a los caraqueños les fuesen perdonados sus pecadillos.

“Gamboa” y “San Bernardino” se dieron el regalo de ofrecer en sus lagunetas sombreadas por bambúes, tintes de esmeraldas, donde se oyeron turpiales y guacharacas y las armonía del “arpa vanada”, arrancadas por aragüeños al “Jarro Mocho” de Vollmer compositor, que no obstante los años transcurridos, reanima con el reír de las maracas y el rezongar de los bordones para demostrar que si aristócrata era el autor, también solía echar sus canitas al aire entre la moza que escobillaba un “golpe” toda llena de gracia como el sol mañanero.
                                                                                                                                                                                          
Tenían los hombres de aquella cercana antigüedad otro lugar de recreo que el Presidente General Crespo visitaba cuando jineteando su caballo alazán excursionaba hacia los pastizales del “Hato de Cútira” donde engordaban las reses de sus potreros, arriadas hacia el centro para alimentar a quienes comían completo, porque tenían con qué. En Santiago de león de Caracas. El Presidente se detenía frente a “La laguna de Catia”, madre generosa del “Caruata”, aprendiz del río, que en más de una crecida enlutó hogares con su impetuoso y turbulento correr.

Para admirar cuanto de pintoresco tenía los patos silvestres y otras variedades, hombres y mujeres frecuentaban los paseos de aquel Caracas, “que se murió de amores como la desdicha de Elvira” y estuvieron vivitos y coleando refiriendo la emoción recibida en aquellos lugares, cuando la nieve de los años había cubierto sus testas reverentes. Hacían su aparición en los paseos favoritos, Don Octavio Escobar Vargas, “Gentleman” que hasta el último día de su honesto vivir, recorría la ciudad trajeado con paltó levita color de flor de romero, el fino tirolé amoldado en forma que ningún otro mortal usara, en el ojo derecho el brillante monóculo, y para complemento de su indumentaria, las guetas blanca sobre las botas de charol, que le daban el relieve que pocos hombres de su época tuvieron como él. Lugar favorito de Don Octavio era su residencia campestre marginada con la ribera sur del Guaire y el camino que conduce hacia La Vega. Para tormento suyo emplazaron allí, en el año de 1911 la India, desnuda de cabeza a los pies, sobre pétreo y corpulento Chaguaramo, que lleva el nombre de Monumento de Carabobo. Don Octavio fue además uno de los siete columnas formidables del “Club Concordia”.

Las muchachas se daban el lujo de concurrir a los pic-nics celebrados en los citados paseos, trajeadas de “punto en blanco”, lo que obligaba a los concurrentes del sexo contrario a vestir “americanas” bien cortadas y en ocasiones paltó levita, pues señores hubo tan aferrados a estas prendas de vestir que se les desprendían del cuerpo únicamente para dormir.

Los paseos del viejo Caracas desaparecieron para dar cabida a cosas modernas que embellecen la ciudad como no lo soñaron los hombres de viejo tiempo.

Del pintoresco bosque de “Los mecedores”, no quedan ni las huellas; se ven si y eso de cuando en vez, seminaristas del vecino colegio y los valientes que, bajo la creencia de que Catuche nunca más traerá agua en abundancia para nutrir el Guaire, fundaron viviendas en las propias márgenes de la quebrada.

En el área de la que fue la “Laguna de los Chaguaramos” luce elegantemente la mole del “Hotel El Avila”, y la urbanización San Bernardino.

Aquellos lugares dejaron recuerdos que evocan complacidos, los muchachos pasados de las sesenta primaveras.

Quien presenció el gracioso incidente ocurrido cierta noche en la laguna de “El Rincón del Valle” entre el Dr. Crispín Yépez, Guillermo Elizondo y otros miembros de la aristocrática cuerda, reirá al añorar el suceso. Esa noche paseaban en bote el Dr. Crespín y una hermosa dama nativa de París, cuando Elizondo por broma le interceptó el esquife que echó al agua la preciosa carga humana.

Don Crispín braceaba con su remo y protegía su presa disparando su revólver sobre sus amigos, que, a Dios gracias, no recibieron un impacto.

Despojados los náufragos de la indumentaria ensopada surgió la rubia champaña que arregló las cosas como era de rigor entre amigos.

Ahora está en la plenitud de sus éxitos los paseos “El Pinar”, embellecido con su Jardín Zoológico y su Fuente de Soda; el viejo pero remozado “Calvario” que supera todo a lo que fuera en sus mejores años y el imponderable Sistema de la Nacionalidad, expresando con el categórico lenguaje de lo que no es para ser discutido, que supera con lujo de detalle a los más modernos paseos de allá y acullá…



Hacienda Gamboa


Hacienda Ibarra


Laguna de Catia


El Calvario



Cortesia de Guillermo
El Pinar
La Mole del Hotel El Avila


Fuente: Tradiciones Caraqueñas de Lucas Manzano
Crónicas de Antaño 1951
Libro Póstumo/ Publicado en 1967
Empresa el Cojo S.A. Caracas







sábado, 16 de junio de 2012

La Avenida de los 37 millones

Rostro de la Ciudad

En el Terreno sin construir que se ubica entre el Teatro Hollywood y el Edificio
del Banco Francés, existió durante veinte años el Edificio del Cuerpo de Bomberos
demolido el pasado año ( 1956)
Para darle paso a la Av de las Fuerzas Armadas.




 
“Con la llegada del año 1957, la ciudad de Caracas se ha estrenado la flamante y moderna Avenida que ha sido bautizada con el nombre de las Fuerzas Armadas y que atraviesa de Norte a Sur, desde la esquina de San Luís en la Parroquia de San José, hasta la Roca Tarpeya en la Parroquia Santa Rosalía. Es la Avenida más costosa en proporción a su extensión de cuantas se han construído en la metrópoli, por razón de los edificios y casas que fueron adquiridos por la Gobernación del Distrito Federal con esa sola finalidad. Una estimación hecha en la oportunidad que se dió a conocer el proyecto indica que el costo llegaría a los 37 millones de bolívares. Durante más de un año, en los números reservados de la cuenta del Ilustre Concejo Municipal, se registraba no menos de diez contratos de compra de inmuebles destinados a la construcción de la Avenida Norte-Sur 7.


Entre los datos más curiosos que se pueden mencionar en relación con la construcción de esta nueva Avenida, es que las esquinas tan famosas como la de Socorro, La Romualda, Socarrás, La Hoyada, Tejar, Rosario, Los Isleños etc.., quedaron borradas de la antigua nomenclatura.


Esta perspectiva de la Avenida de las Fuerzas Armadas,
permite otear la ciudad en dirección Norte-Sur, desde
la esquina de Socorro hasta la Roca Tarpeya
que puede verse al fondo. Allí empalma con
El Portachuelo y éste a su vez con la Avenida
Nueva Granada.

A estas esquinas, habría que añadir la Plaza López, que fue un punto de referencia de la Caracas Antañona. Ahora, en tránsito raudo por la Avenida de las Fuerzas Armadas, nadie sería capaz de identificar esas esquinas. Y por ello, es frecuente la pregunta: -¿Qué esquina era esta?



La verdad es que la única esquina identificable, es la de Corazón de Jesús, por que allí quedó la Iglesia de ese nombre, aunque recortada en su fachada principal.”

Nuevo Puente Sucre en toda su extensión, al sufrir un
colapso la armazón de cabillas y el relleno de cemento y ceder las bases
el 13 de noviembre de 1956, se registró allí la tragedía en la que perdieron la vida
ocho obreros y resultaron heridos más de cuarenta trabajadores.
Por su elevación actual, las aguas crecidas del rio Guaire, no
podrán anegarlo como ocurrió en el año de 1892 en el pasado siglo,
y  en 1949 en el presente.

Fuente: Publicación transcrita por Caracas en Retrospectiva
“Revista Elite” octubre 1957



viernes, 15 de junio de 2012

El Club Florida

Club Florida
Fuente Viejas Fotos Actuales

Sabemos que entre 1928 y 1932 comienzan las urbanizaciones La Florida, Las Delicias, Country Club, Campo Alegre, Los Palos Grandes y Sebucán a desarrollarse en manos muchas de ellas del Arq. Carlos Raúl Villanueva, encontramos en su biografía que una de sus primeras obras proyectada en el país es curiosamente un anteproyecto para la Casa-Club de la Urbanización La Florida (1929), propiedad de su futuro suegro.

Es en la década de los 30 cuando los Clubes, la hípica y los paseos nutren la vida social de los caraqueños, el “Club Florida” tenía aparte de sus extraordinarios jardines al pie del Ávila, una inmensa piscina, razón por la cual se realizaron campeonatos de natación a lo largo de su existencia. Con el tiempo el club dio paso al Instituto Escuela y posteriormente el terreno lo adquirieron los padres capuchinos, orden que erigió en ese lugar la monumental iglesia de la Chiquinquirá y el colegio San Antonio.


La Revista Elite de 1933, reseña: “ La mañana del pasado domingo 2 de julio se celebró en el Club Florida de esta capital un espléndido festival infantil a beneficio de la Cruz Roja Venezolana. Numerosísima concurrencia asistió al simpático acto, invadiendo todas las dependencias del hermoso local que ocupa el club avileño.” vemos las dos imagenes del evento.




Jardines del Club Florida, a principios del siglo XX.

Agregada por Diego Baptista al grupo "CARACAS en retrospectiva II"

Fuente: libro de la Fundación Diego Cisneros. 1925


Tarde de baile en el Club


Mañanas dominicales y concurso de baile

Fuentes: Biografía de Villanueva
Revista Elite , julio 1933 

lunes, 11 de junio de 2012

Esquina de Crucecita

Crucecita

Parroquia San José.



La Esquina de CruCeCita era una hondanada, por pasar por allì la quebrada del Teñidero, asi que este nombre no debe referirse a la cruz que debió marcar el sitio donde fue instalada una Catedral Provisional por el Obispo Don Narciso Coll y Prat en 1812, debido a la destrucción ocasionada por el terremoto del 26 de marzo de 1812. Tampoco paso por allí ningún camino real, a cuya salida s...e hubiese plantado una cruz, como era acostumbrado, y menos aún parece provenir del nombre de los tiempos del Obispo Diez Madroñero, pues la esquina toma forma sólo poco antes de 1874, siendo el de ese año el primer plano que la muestra, aún sin nombre. El Plano de 1875 la llama de la Cruz, asi como los subsiguientes, hasta que el de 1897, en que aparece la cruceSita. El plano de 1919 es el primero que corrige en la CruceCita .

Funete: Rafael Valey
La Moneclatura Caraqueña / 1978

domingo, 10 de junio de 2012

Urbanización "Campo Alegre"

Fue en a inicios del siglo XX cuando comenzó a desarrollarse el concepto de urbanización, El Paraíso fue la primera zona de expansión de la ciudad, la casa-quinta desarrolla una tipología de la vivienda aislada con jardín, es allí donde la ciudad y su arquitectura comienzan a tomar otro aspecto y por primera vez se desprenden de la añeja conformación de derivación colonial.

Entre 1929 y 1934 comienzan a desplegarse La Florida y Campo Alegre, ambas diseñadas por el Arq. M Mujica.

Se lee en un folleto de propaganda de la Urbanización Campo Alegre, 1933, “El resultado está a la vista. Para aquel que guste gozar del encanto de la vida del campo a dos pasos de la ciudad, con todas sus ventajas, pero sin ninguno de sus inconvenientes, “Campo Alegre” es ideal. La naturaleza allí ha sido pródiga. Agua pura y abundante, clima incomparable y tierra fértil han hecho de esta región al pié del Avila majestuoso, el mejor de los temperamento, según es fama desde tiempos de la colonia, cuando se llamaba estancia de “pan Sembrar”.

Con el ensanche de la carretera del Este y su creciente tráfico de automóviles, tranvías y autobuses, “Campo Alegre” queda escasamente a diez minutos de la Plaza Bolívar y su rápido desarrollo en plena crisis ha venido a demostrar una vez más que los bienes raíces constituyen en toda época la mejor inversión.”

En la Revista “Elite” 1933 encontramos un artículo llamado Residencias Señoriales” que nos muestra una bellísima quinta acompañada de la siguiente nota sobre la Urbanización Campo Alegre:

Bellísima quinta de la señora doña Clara Francia de Uztáriz, situada en la moderna Urbanización
Campo Alegre, cuyo progreso en menos de un año, da la nota más elegante de las urbanizaciones
caraqueñas
Una costumbre señorial que ha adquirido ya carta de naturaleza, en el alto mundo social de todas las grandes ciudades, es la de fijar su residencia en los aledaños capitalinos, instalándose confortablemente con todas las comodidades de las modernas poblaciones dentro del marco poético y sano de los bellos paisajes, de los pulcros jardines, del aire libre y de la luz solar directa.

En Caracas, la Urbanización Campo Alegre, ha sido proyectada, trazada y ejecutada con tan alto sentido estético y tan escrupuloso tecnicismo que en el corto período de un año, en pleno desarrollo todavía, muestra ya líneas perfectas y las bases sólidas de un aristocrático y placido lugar cruzado por amplias y pulidas avenidas, rodeada de preciosas quintas, espléndidamente iluminadas por artísticos postes eléctricos de conducción subterránea de cables, con abundancia de agua pura, y sistema de comunicaciones y automóviles.

En uno de nuestros paseos por tan atractivo sitio, no pudimos resistir la tentación de tomar la fotografía cuyo grabado adorna esta página. Es una muestra magnífica del cachet distinguido, de supremo gusto, que preside las construcciones que constantemente se están alzando allí.

“Elite” atenta siempre a cuanto redunde en progreso y belleza de nuestra capital, trae gustoso a sus páginas esta esplendorosa manifestación de adelanto.”




Fuente: Caracas a través de su Arquitectura/ Gasparini-Posani
Revista Elite 1933 enero 07 Hemeroteca Nacional

De Buena Vista a Cuartel Viejo

EL NACIONAL - Domingo 10 de Junio de 2012 Caracas/4

Caracas

De Buena Vista a Cuartel Viejo
Andar por detrás del poder

Caminamos cuatro cuadras por arriba de Miraflores, una trama urbana llena de altos contrastes, que no parecen haberse beneficiado mucho del centralismo

JUANCHO PINTO

Detrás de este muro, lleno de estampas nacionales que ameritan un retoque, está el cuartel de la Guardia de Honor Presidencial

Esta casa de principios del siglo XX, entre las esquinas de Pineda y Cuartel Viejo, pide a gritos una restauración

La esquina Buena Vista es un lugar desdibujado, una encrucijada sin ángulos donde coinciden la garita noroeste del cuartel de la Guardia de Honor Presidencial, un atajo a la avenida Sucre y algunas casas, todavía señoriales, de Altagracia y La Pastora. A pesar de que ya no tiene nada de esquina, los vecinos aún conservan su nombre como punto de referencia y, quizás, como una manera de mantener un hilo de tradición en una calle un poco vapuleada por las transformaciones urbanas que le impuso el poder desde los años cincuenta.

Situada en la parte posterior del Palacio Blanco, y separada de él por muros y rejas, parece un olvidado callejón en su trastienda, pero es un área con una impresionante textura urbana en el que confluyen varias calles que bajan desde La Pastora y crean un interesante conjunto donde se aprecian diferentes muestras de la arquitectura tradicional de la ciudad. Ya que es ciega al tránsito automotor, un buen trecho de ella (entre las esquinas de Buena Vista y Paraíso) bien pudiera ser transformado en bulevar o zona peatonal, para quitarle ese sabor de calle sin salida que tiene ahora, porque para los peatones es una buena alternativa de enlace con la avenida Sucre. Sin embargo, las fachadas pomposas de los edificios de poder miran todas hacia el sur, hacia las grandes avenidas, y lo que ofrecen a la avenida Oeste 3 es desconexión y un descolorido mural con motivos patrios y estampas de varias regiones del país, incluida Caracas.

En esta calle, catalogada como "zona de seguridad" (lo que impone condiciones y restricciones) se aprecian tres bruscos saltos de la trama urbana en el trayecto. El primero, detrás del cuartel, es áspero y de un movimiento estrictamente vecinal. Luego, detrás del palacio, crece el movimiento de gente y al menos las rejas permiten asomarse con discreción a los jardines. Por último, entre las esquinas Pineda a Cuartel Viejo, donde no hay "detrás" y se confrontan las fachadas, aumenta el flujo de gente, y la ciudad vuelve a tener un aire de normalidad.

En esos bruscos saltos, en esa diferencia de escalas (grandes edificaciones gubernamentales, altas torres residenciales y pequeños solares), lo que da armonía y talante al lugar son esas casas solariegas de principios del siglo XX, algunas con peculiaridades que no es fácil encontrar en otros puntos de la ciudad. Es lamentable que la mayoría de ellas estén deterioradas. Sorprende que ese valor patrimonial tan cercano al poder no haya sido objeto de una inversión pública que permita rescatar ese excelente contexto que tiene el palacio de gobierno a sus espaldas.


Fuente : El Nacional
10 de junio de 2012



viernes, 1 de junio de 2012

Caracas Antes y Después



ANTES


"Las esquinas de Caracas encierran la más elocuente tradición de la ciudad. Sus nombres, los episodios que han sido testigos, ese discurrir de la vida que se han ido eslabonando a través del tiempo, expresan por si solos amables añoranzas que el ornato modernista y el mismo cambio de la momenclatura ciudadana tratan en vano de hacerlas desaparecer totalmente. Aquí vemos la esquina de Muñoz en todo el centro de la urbe, esquina que hace muchos años, sobre todo en días laborables ha experimentado el trajín de los peatonesy el bullicio de los vehículos. El trazo de calle comprendido entre esta esquina y la no menos familiar de Padre Sierra, presentaba una que otra vieja construcción de tejas y una sola planta junto a edificios de varios pisos como testimonio de la transformación urbana que se opera violenta o inexorablemente, pese al disgusto de no pocos caraqueños, amantes entrañables de su querida patria chica.






DESPUES:

Si en verdad el aspecto de la tradicional esquina de Muñoz no ha cambiado de manera radical en el transcurso de unos cuantos años, como se puede ver en las fotos, si se puede observar alguna transformación debido principalmente a la demolición de las dos viejas casas delanteras, para contribuir a la suficiente amplitud  de la avenida "Rafael María Baralt" inaugurada y abierta recientemente en dirección norte-sur de la ciudad. Ahora el movimiento de peatones y vehículos es más intenso por esta esquina  puesto que ella sirve de enlace o desembocadura hacía la moderna arteria urbana. Pero así, remozada y en cierto modo mutilada, la esquina de Muñoz seguirá siendo para Caracas una página viva de la historia que arranca desde aquellos lejanos orígenes cuando Diego de Losada echó sus cimientos indestructibles en el feraz y primaveral valle de Catuchecuai o de San Francisco. " 


Fuente:
Revista Elite - Octubre 1962
Por Cesar Humberto Soto. 

EL AHORA: 


 

Hotel Flora de Filippo Gagliardi

EL FLORA


Historia triste de un hotel alegre:

No sólo hay gente que nace y muere violentamente: también hay edificios. En la Alta Florida, esquina de Avenida Ávila, un edificio de dos pisos, una terraza y un sótano, es un ejemplo. Los choferes de taxi que tienen su paradero en estas esquinas, tienen que hacer con eso. En un barrio residencial, habilitado por doctores con jardines y con dinero, el edificio Flora es una excepción. Desaparecieron las puertas y los vidrios de las ventanas, pero aumentaron sus habitantes. A comienzo de este año eran 5 las familias y en estos días ya suman 13. Un pasado polémico, siempre comentando a media voz, ha quedado de lado. Pero si antes El Flora, era tema prohibido para menores, ahora es una residencia de la miseria.

Desde 1947, cuando La Florida fue urbanizada, el edificio ahora en ruinas ha vivido tres etapas. Las tres le han quebrado la cabeza a los burgueses vecinos. Gagliardi, su constructor, se lo vendió en 700 mil bolívares a Luís Felliciani. El Flora empezó a ser nombrado a media voz cuando su dueño instaló allí un Cabaret, los amantes de la charanga podían pasar sus automóviles hacía el corralón del interior. La orquesta que tocaba las piezas de moda hasta las 5 de la mañana estaba en el sótano. Para los desprevenidos transeúntes, ese discreto edificio era simplemente el Hotel Flora, pero los vecinos que oían la música y las risas todas las noches y veían partir los carros cuando el sol ya estaba bien alto, no se tragaban esa historia. La Familia Aranguren llevaba la embestida de la lucha para que ese negocio en pleno barrio residencial fuera clausurado, y en 1955 la queja fue oída. El Hotel Flora fue clausurado. Los músicos salieron con sus instrumentos y no volvieron nunca más, pero el edificio estaba allí y se había hecho famoso. El dueño del edificio visitaba organismos oficiales, pero pasó bastante tiempo antes de que el hotel recuperara, limitado, su permiso. Otro italiano de apellido Agostini, pasó a ser el administrador. Pagaba 8 mil bolívares de arrendamiento, aunque el hotel tenía únicamente 12 habitaciones. Su dueño lo alquilaba cobrando 4 mil por el hotel y 4 mil por el terreno. Agostini amanecía atendiendo el hotel, recibiendo 30 Bs por cada habitación y vigilando que sus ayudantes subieran pronto los whiskies y cubalibres pedidas por el teléfono interior, en ese trajín pasaron 3 años. Los vecinos a todo esto, no se conformaban. Volvieron a la carga y vencieron. El 26 de octubre de 1959 las puertas del Hotel Flora con su historia galante lo volvieron a cerrar. Y a partir de entonces comenzó a vivir su tercera etapa, la de su desgracia. Llegó una lluvia que se llevó 5 ranchos en el barrio Chapellín, 5 familias acudieron a la Jefatura Civil del Recreo, Enrique Aranguren, el Jefe Civil, se tomó la cabeza con las dos manos ¡ Caray! ¡ dónde puedo meterlos a ustedes? “se acordó el polémico Hotel Flora”.

El Hotel Flora ya no volverá a abrir sus puertas. Sus dueños lo saben. Por eso tienen el proyecto de construir un edificio de varios pisos. La C.A. Centro Simón Bolívar se menciona como una de las interesadas. Pero la historia “gloriosa” del Flora pasó. El Banco Nacional de Descuento lo tiene hipotecado en 400 mi bolívares. Héctor La Torre y su compañero Bellini, que en 1953 eran camareros del Flora, ahora son prósperos copropietarios de un hotel que ha ganado la fama del Flora y se llama Boleíta. Agostini que fue su último administrador, olvida el dinero que dejó de ganar, atendiendo el hotel Río Azul. La historia vuelve a repetirse pero la el Hotel Flora ya no es lo mismo.

Fuente: Hemeroteca Nacional
Revista Elite
Octubre 1962











sábado, 26 de mayo de 2012

El Doctor José Gregorio Hernández

Esta foto del Doctor José Gregorio Hernández tomada en 1893 - cuando el ilustre científico y santo varón cumplía 29 años de edad y cinco de graduado- ilustró en el "Cojo Ilustrado" una semblanza de Francisco de Sales Pérez.

Federico Lessmann y los primeros retratos de Caracas en papel

El Francés Basilio Constantín y los alemanes Federico Lessmann y H. Laue, hacen o imprimen los primeros retratos en papel en la ciudad de Caracas, que resaltan con sus membretes y logotipos en tales fotografías.

Lessmann se había convertido primero, en 1853, en socio de Stapler, sucesor de la antigua firma pionera de litografía en Venezuela: Müller y Stapler . Tres años más tarde Lessmann hizo otra sociedad - esta vez en una galería fotográfica- Con H. Laue.
Por el estudio de Laue y Lessmann pasó la gente más importante de la época. Desde el general Páez hasta políticos, escritores, pintores y grupos familiares, muchos de cuyos integrantes, que posaban de corta edad, iban a repetir la foto con sus hijos y hasta con sus nietos, pero teniendo al frente de la cámara al hijo y sucesor de Lessmann: Federico Carlos, Lessmann. O al hijo y sucesor de Prospero Rey, de identico nombre y fama. 

En la imagen vemos la que quizás es la primera imagen impresa de Caracas vista de norte a sur. Esta foto fue tomada en 1853 desde las faldas del Ávila, sobre la hacienda de San Bernardino y desde el sitio donde bajan hacia la ciudad las entonces caudalosas aguas del Anauco. 

Fuente: Venezuela Siglo XIX en fotografía .
Caremis /1981
Edición ESpecial CANTV  


miércoles, 16 de mayo de 2012

Doña Petrica Arismendi Rodríguez



Caraqueña del Siglo XIX


" Bonita, elegante, fina, Doña Petrica nos mira desde mediados del siglo XIX, desde el fondo de la antigua planta de un daguerrotipo, desde el marco de oro viejo del estuche, en medio de una hermosa obra de arte fotográfico realizada en Caracas en 1854. Era hija del Coronel Arismendi, edecan del Libertador y nieta del procer de nuestra Independencia, general Juan Bautista Arismendi ( 1775/1841).

Casó doña Petrica Arismendi Rodríguez con José María Rodríguez Supervie y fueron sus hijos José Vicente -casado con Clara Briceño de Saa -, María - Con Henrique Eraso-, Guillermo - El famoso "Chivato" Rodríguez - e Isabel con Rafael Madrid. Esa mirada de doña Petrica perdura por magia de la fotografía en la sala de la residencia de su nieta, doña Margot Briceño Rodríguez de Segui, en esta Ciudad de Caracas. "

Fuente: Portada del libro "Venezuela Siglo XIX en Fotografía " Caremis -1981- CANTV.

lunes, 14 de mayo de 2012

Venezuela Siglo XIX en fotografia

PÁL RÖSTI




Nace en Hungría en 1830, donde muere en 1874. Arriba a Venezuela en 1857. Naturalista; estudió Ciencias, especialmente Química en Munich. En París estudió fotografía. Continuó ampliando sus conocimientos en el campo de la geología y de la etnografía. También estudió música y botánica.

En 1856 salió de Francia hacia América, con el fin de explorar esa parte desconocida del Nuevo Mundo. Se ciñó al itinerario original de Alejandro de Humboldt. En Venezuela estuvo realizando complicadas fotografías de larga exposición, ingresando por La Guaira, tomando la ruta de los llanos y saliendo por Ciudad Bolívar. Desde allí, navegando por el Orinoco, continuó hasta la isla de Trinidad. Rosti asume esta “primera mirada realista de la naturaleza” caraqueña, cuando el valle de la ciudad sería inmenso ante su población, que apenas llegaba a los 40 mil habitantes.

“En largos paseos recorrí las hermosas montañas de Caracas y su valle, y retraté los más hermosos puntos de la magníficamente ubicada ciudad. Mis mejores retratos tuve la suerte de ofrecerlos al Museo Nacional Húngaro...”. En 1861, en Budapest, publica la narración de su viaje “Memorias de un viaje por América”, donde incluyó sus valiosas fotografías de Venezuela. Rosti legó las primeras fotografías de paisajes y edificaciones que se han tomado en Venezuela.

El Cronista del Estado Vargas Don Jesús Cumare exresó:

Pal Rosti fue un viajero húngaro que vino a Venezuela a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX (1857). En su obra, Memorias De Un Viaje Por América, se introduce en una descripción profunda que abarca varios ámbitos. A su llegada a La Guaira la describe de la siguiente manera:”El puerto de La Guaira, que sólo está a tres horas de Caracas – la capital del país – en realidad sólo puede llamarse rada; el mar es siempre tumultuoso allí, su fondo no es propicio para anclar, y los barcos tienen muchos inconvenientes, no sólo por las borrascas y bancos de arena, sino también por la broma. No pueden acercarse a la orilla y sólo con mucho trabajo pueden cargar y descargar (…) los negros llevan hasta el barco los sacos de café y cacao – cargándolos a hombros y vadean con el agua hasta el pecho.”

Pasa Rosti a describir las características del clima: “La Guaira (paralelo 10º36’19’’ norte; meridiano 69º26’13’’ oeste) padece todo el ardor de la zona tórrida. Durante el día muchas veces el calor es agotador, y – en ocasiones – hasta en la noche. La temperatura media del año es de 28,1º; en el mes más caluroso alcanza a 29,3º, y en el más fresco es de 23,2º “

Es de hacer notar que el viajero toma en cuenta, coincidiendo con Humboldt, las condiciones del clima para hacer comparaciones con otras realidades. Al respecto afirma: …”Lo que fomenta este calor de La Guaira, y muchas veces lo que hace insoportable, es la ausencia muy frecuente de las agradables brisas marinas (briz), que en La Habana y hasta en Veracruz atenúan los soles más hirientes. Además las estériles rocas –en las cuales se apoya una parte de la ciudad y que por el norte se extienden hasta el mar – caldeándose por los rayos solares se inflaman a modo de hornos candentes.”

También describe el paisaje natural del camino de La Guaira a Caracas de la siguiente manera: “Nuestro camino, serpenteante y bastante escarpado, ora corría entre frondosos y gigantescos árboles, tales como no he visto hasta ahora en tupidos bosques ricos en plantas, ora se deslizaba al lado de sombreadas plantaciones de café, o a la vera de verdes praderas, estériles peñas y profundas hondonada”

Luego nos regala este hermoso pasaje de su visión: “Bajo nosotros estaba La Guaira, con sus casas níveas, sus estériles rocas bañadas incesantemente por las murmurantes olas, más allá, los barcos de la rada, que se mecían inquietos, y alrededor – a lo largo de la costa – verdes colinas con ruinas de fortalezas, chozas de pescadores sombreadas por palmares, y perdiéndose en la lejanía algunos pueblecitos y bosquecillos frondosos”.

En la hermosura del valle caraqueño que deslumbró al naturalista húngaro Pal Rosti,
este quizás acompañado por el fotógrafo alemán Federico Lesmann, radicado en Caracas,
tomó una panorámica de la hacienda Echezuría, en 1857.
Medio Siglo después sería la pionera de las Urbanizaciones Caraqueñas
"El Paraiso"

Fuente Imagenes:  Caremis / Venezuela Siglo XIX en fotografia
15 de diciembre de 1981/ CANTV 

lunes, 2 de abril de 2012

Los Palmeros de Chacao

EL NACIONAL - Lunes 02 de Abril de 2012 Cultura/4

Cultura
Jorge Luis Santos, Palmero es fe y cerro
JUAN ANTONIO GONZÁLEZ
laindividualdellunes@gmail.com

La cruz de palma que hoy protege las puertas de cientos de hogares venezolanos, que los católicos buscaron afanosamente ayer, Domingo de Ramos, como símbolo de fe y recordatorio de la entrada de Jesucristo a Jerusalén, recorre un largo camino antes de llegar a los lugares donde será colocada.

Siete días antes de la Semana Santa, los encargados de recoger las palmas ­agrupados en la cofradía de los Palmeros de Chacao­ se internan en el cerro Ávila para ejecutar un ritual que tiene más de 240 años.

Son hombres y también feligreses cuya tradición ha sido seguida muy de cerca por el fotógrafo caraqueño Jorge Luis Santos, autor de la serie Palmero es fe y cerro, un registro documental del que ha surgido un libro homónimo y en el que la faena anual adquiere dimensiones filosóficas.

Ellos son los herederos de aquellos primeros recolectores que en 1770 subieron a la montaña para buscar la palma que acompañaría las súplicas de los devotos para que se erradicara una epidemia de fiebre amarilla que azotaba Caracas.

Las imágenes de Jorge Luis Santos reflejan esa fe inquebrantable que moviliza a los pueblos creyentes. La abierta creencia en un ser superior capaz de aliviar todos los males, aunque la realidad insista en instalar en la mayoría el desasosiego y la desesperanza. Pero cuando se trata de los Palmeros de Chacao, queda muy poco lugar para los descreídos.

"Con estas fotografías intento retratar la fe, la tradición, el esfuerzo y la pasión que, año tras año, acompañan a los Palmeros de Chacao en su peregrinaje por la montaña sagrada", dice Santos, quien por la fuerza de su perseverancia ha logrado ser testigo de una tradición a la que sólo tienen acceso los miembros de la cofradía.

Y no importan ni la sequía ni las prohibiciones para extraer las palmas del parque nacional. La fe siempre está ahí, a los ojos de todos, de pintores como Adrián Pujol, que dedicó parte de su trabajo a esta tradición, y de fotógrafos que, como Jorge Luis Santos, están empeñados en atrapar con sus obras el alma de una población que se niega a abandonar las más profundas expresiones de su cultura.

La serie Palmero es fe y cerro puede ser admirada en su totalidad en www.jorgesantos.com.ve.