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viernes, 8 de julio de 2016

Vito Modesto Franklin, Duque de Roca Negras

Recordando al Duque en el 449 aniversario de Caracas 
Por Aquiles Nazoa

Ya va para veinte años que Aquiles Nazoa, entonces en sus comienzos literarios, hizo la siguiente evocación de Víctor Modesto Franklin, el famoso personaje que ha pasado a la historia de Santiago de León con el remoquete o titulo de duque de Roca Negras. Nazoa aprisionó en esta biografía el ambiente de aquella época, el proceso de creación de esta figura, de la cual se deriva el modismo de tan diversas aplicaciones como el de "Vitoco", "Vitoquismo".


Caracas fue suya por 10 años

La vida pintoresca de Vito Modest Franklin, Duque de Roca Negras y Príncipe de Austrasia, cautivo de la fantástica princesa Piperacine Midy. Caletero en la Guaira. Jugador afortunado. Seminarista. Tramitador de hipotecas. Trotamundos. Arbitro de la elegancia. Obcecado por sueños de grandeza. Amó fervorosamente a Carmen Flores y por ella estuvo a punto de batirse con Enrique de Borbón.

Cuando algún curioso escritor resuelva hacer la biografía pintoresca de Caracas, tendrá que comenzar por el Avila, con su Galipán florido y sus burritos cargados de claveles. Luego tendrá nuestro escritor que dedicarle un capítulo a Cenizo, el perro bohemio, amigo de los poetas del 20 y trasnochado huésped de la Plaza Bolívar, a la vera de cuyos rosales amaneció plácidamente muerto un día de diciembre. Un capítulo vendrá después en esa frívola historia; un romántico capítulo de cuya extravagante verdad dudarán muchos porque con sus esplendorosas noches de teatro, sus carnavalescas lluvias de bombones, sus amores, sus blasonas inverosímiles y sus sueños de grandeza, caídos todos de una vez como torres de arena, parecerá más bien arrancado a alguna novela del romanticismo decadente del novecientos. Y este capítulo será el que trate de la aventurera vida de Vito Modesto Franklin, Duque de Roca negras y Príncipe de Asustrasia.

¡De dónde había salido aquel aristocrático personaje de orgullosos ademanes y prestigiosa elegancia? ah, si ustedes lo hubieran visto pasearse con paso seguro por las calles de Caracas y saludar discretamente  con su diestra enguantada de gris a los pocos transeúntes que le merecían ese honor y pararse por las tardes junto a los barandales de la Plaza Bolívar, con la mirada perdida entre los árboles: aquella mirada suya que aparecía más grave y displicente cuando se calaba los lentes para seguir el paso de alguna mujer. Era de alta estatura y lucía más arrogante y esbelto entre la refinada  elegancia de sus trajes, Porque el Duque vestía de exquisita y extraña manera, gusto daba verle en las mañanas primorosamente modelado en un traje de paño verde, y sobre el pecho que se erguía como proa, la ondulante corbata de seda verde lino armonizado sus pálidos reflejos con las luces cambiantes del enorme diamante que la sujetaba. O por las tardes, vestido de claros grises, en el anular una esmeralda coronada de plata y un clavel muriendo en el ojal. Pero era por las noches, ataviado de pontificial morado o azules de madia noche, cuando aparecía como nimbado de leyenda, solo en un palco del viejo Olimpia, adornado expresamente para él con crisantemos de invernaderos, orquídeas de montaña o aristocráticas rosas encendidas. Cuando morían las primeras luces para comenzar la función, la mano del duque apoyada tranquilamente en el balconcillo, dejaba asomar las tres bellotas de oro de la finísima esclava que le ceñía la muñeca derecha.
-Esta esclava, amigos míos  -afirmaba el duque-, no es tal esclava. Esta es la faja merovingia que usaba el rey Clodoveo; y las tres bellotas que son los tres infantes de Borbón que aquí los llevo- y agitaba orgullosamente la mano.
Opacos y sudorosos fueron los días de juventud de Vito Modesto Franklin. Caletero de los sórdidos muelles de La Guaira, primero: diestro jugador después y preso más tarde. Su vida de aventura comienza a los 19 años, cuando Rodulfo, amigo de su infancia, lo lleva a El Gato Negro, famosa posada y garito que ostentaba su prestigio de posada en este curioso anuncio:
¡Es "El Gato", en verdad un Paraíso!
¡Allí el talento del mondongo brilla:
La gracia virginal de la morcilla (sic)
La sublime elocuencia del chorizo!
                                                               (La Estudiantina,19-3-87)

y que ostentaba también, pero sin anunciarlo, su prestigio de garito en que se hacían las mayores paradas de La Guaira. Allí se adiestró Franklin en el arte de "Colear paradas", "peinar" y "preparar" dados, y no huno nadie más fino que él, ni más afortunado en el riesgoso oficio del juego. Creció su fama de jugador y pareja con ella creció su fortuna. Y de sus turbios manejos surgió una noche el trágico accidente que habría de ampliar más tarde los horizontes de su vida de jugador: esa tragedia en la que resultó accidentalmente muerto por él, de un tiro de revólver, su amigo Rodulfo, lo llevó a la cárcel por tres años. Salido de presión, se dio a viajar por todos los centros de juegos de Centro y Sur América, regresando años más tarde, después de haber desbancado en Panamá, La Habana y Buenos Aíres. Pero Franklin se sentía solo; y agotado tal vez de su agitado vivir, acogiese a la tranquilidad sombra de un seminario. Y entre ayunos y oraciones transcurrió lo mejor de su juventud. A punto de tonsurarse ya, se descubrió que había un muerto en el lejano pasado; y aquel hombre caído en el garito del "Cardonal" se interpuso entre el seminarista Franklin y su primera misa. Truncada así esta ilusión de su vida, se internó en los campos mirandinos de Barlovento y Rio Chico, donde su función de mediador y tramitador de hipotecas, compras y ventas de inmuebles, aumentó su fortuna. Volvió entonces a su Guaira natal y de allí después de un romance sin  éxito con la viuda de Cipriano Rodríguez, embarcó para España.

Franklin ha llegado a la alegre Madrid de 1916 y es el paseo El Retiro al pasar aparatoso del real carruaje de Alfonso XIII donde comienza a definirse su verdadera vocación. Ya no piensa en desbancar grandes mesas ni en decir sermones. Su mente se ha afiebrado por un dorado sueño de grandeza y ya este sueño no le abandonará jamás. Se dejó crecer grandes patillas: dignificó sus ademanes y sus gestos desde entonces fueron cortesanos y galantes: sus mejillas lucieron más frescas bajo el rosa leve del carmín y su rostro todo al que se adherían discretamente los polvos de arroz, cobraba una exquisita palidez de rostro infantil. Varios miles de pesetas en exóticos trajes diseñados por él, complementaron su rara hermosura. Porque aquel renovado Vito Modesto Franklin resultaba extrañamente hermoso, y cuando en 1921 regresó a Caracas, pocos días bastaron para que fuese suya la atención de toda la ciudad. No había pasado la admiración del primer encuentro con aquel "arbiter elegantiarun" tropical, una nueva ocurrencia vino a aumentar la apasionada curiosidad pública que su persona suscitaba. Un buen día amaneció nuestro Franklin con el resonante titulo de Duque de Roca Negras. El miércoles de ceniza de 1922, muy por la mañana, irrumpió en la redacción de "El Heraldo" y con altivo gesto y triunfante sonrisa, desplegó ante los ojos incrédulos del redactor de turno, un viejo pergamino sellado en lacres y con gallardo tono de voz, explicó el contenido de aquel  enrevesado documento.

He aquí, amigo mío, que la sangre  azul de las Españas florece entre mis venas. Este pergamino es el documento público por el cual  se da cuenta en mi rancio abolengo, y consta en él que el año de gracia de 1821, Su Majestad el Rey Fernando VII declaró a doña Felipa Montes, heredera de Hernán Tigifredo, Duque de Roca Negras, con derecho a disponer del condado de Pontevedra los ducados de Roca Negras, Cantabria y Alaba. El de Cantabria pertenecía  al Rey Don Pelayo, primo de Hernán Tigifredo; y el año 60, los señores Joaquín Montes y Felipa Montes, reservan tales nobles derechos con favor de Franklin soy legitimo y primo de Don Pelayo; único heredero, por tanto, de los títulos Roca Negras, cuyo blasón ostenta una roca color betún sobre campo de gules y gulas (sic) y atravesado por dos puñales, símbolo del amor y de la fuerza.

Esta noticia del ducado de Vito Modesto corrió de boca por toda la ciudad; y ya nadie más le llamó doctor Franklin, ni pare Franklin, ni señor Franklin siquiera. Parecía que todos estaban esperando aquel título, para llamarle duque, porque duque, en cierto sentido, era su verdadero título. 

En abril del mismo año debuta en el Teatro Calcaño La Lusitana, famosa coupletista, por cuyo amor imposible estuvo el duque en trance de suicidio. Cada noche, desde su palco solitario, llovían rosas a los pies de la coupletista. Ella, en pago de las galantes ofrendas de flores y de amor popularizó, cantándolo para él en sireé de gala, el couplet "El Duque de Roca Negras", letra de Leo. Con La Lusitana se me fue también una ilusión del duque, ilusión que renació luego, en junio, pero encarada en otra coupletista: Carmen Flores. Y si la Lusitana los trasformó de tan manera, por Carmen Flores estuvo a punto de enloquecer. Carmen debutó en el Olimpia, que era propiedad del duque. Volvieron las flores y las fastuosas noches volvieron. Y de este amor como del otro, cosechó sólo copuplets y canciones. Y ocho días antes de partir Carmen Flores dio una función en honor al duque. Allí´ estaba él, en su palco adornado, una rosa impoluta en el ojal, la corbata muaré despidiendo ondas de luz.

-¡Que hable, que hable el duque!- pedía a gritos la sala entera.
Y él se irguió emocionado, alzó la derecha en que cantaban las bellotas de su esclava y dijo esta cortas palabras:
-¡Señores! Veo y no miro lo que veo.

Una salva de aplausos atronó la sala. Y por el maquillado rostro del duque, rozó una lágrima de gratitud. Terminada la función, se prolongó la fiesta en el camerino de la actriz. Aquella fue una fiesta frívola y apasionada, y hasta extrañamente pagana: pagana, si, porque Carmen Flores, fingiéndose Diosa  de la nobleza, vertió champán en sus labios sobre el ombligo del duque, porque han de saber ustedes que el duque tenía un ombligo de perla nacarina, según él, y algo salido, característica natural según él también, de los legítimos nobles. A los pocos días la fotografía del ombligo del duque era expuesta como joya de valor en el escaparate de la "Bota de Oro". Carmen Flores se marchaba pero él le daría un imborrable recuerdo de su amor, y así fue como una noche, cuando Enrique de Borbón - aquel aventurero primo de Alfonso XIII que seguía apasionado los pasos de Carmen Flores, el duque impidió indignado aquel brindis.

-¡No!- le dijo rojo de ira- No han de rodar los nombres de las señoras por entre copas de taberna.
Borbón aprovechó para teatralizar y le lanzó un guante al rostro.

-Mis padrinos irán a verle mañana- concluyó el español.
Aunque aceptado por el duque, no se efectuó el duelo, pues al día siguiente ya Borbón iba camino a Colombia, siguiendo siempre a la Carmen.

Otro amor que se fue y el duque estaba desolado. No podía resistir la ausencia de su Carmen Flores, y hubiera muerto de melancolía si a mediados de abril de 1923 no recibe aquella carta, aquella famosa carta, en que, desde la lejanía.

La carta contenía un retrato con autógrafo:
"Querido Duque: Tiempo mucho lo que es amor secreto. Estáis ceñido a mi amantísimo corazón (..) y el corsé a mi cintura. Permítidme contar desde hoy con la promesa de vuestra mano. La mía, vuestra fue desde siempre .Beso vuestros pies: Piperacine Midy- Princesa cautiva  de Austrasia-"

Ah, ¡que fiesta dio el duque a sus amigos para celebrar aquel suceso de amor!
Las flores y el champán corrieron como ríos dorados por las mesas de "La Glaciere". Pero la alegría que le trajera aquel misivo fue pronto nublada. Alguien había herido al duque en lo que más caro para él: su elegancia: alguien quería aparecer más guapo y mejor vestido que él. Y ese alguien era Rodolfo Valentino. Y el duque pisoteó el nombre de aquel Narciso falsificado, que carecía de sangre azul, que no tenía como él 1,80 m de estatura, si como él tenía sus curvas apolíneas de ánfora etrusca. -Esos palurdos-declaró el duque para "El Heraldo"- alzan vulgar vocifera a favor de ese macaco que se moriría de envidia ante la delicadeza oliente de uno de mis calcetines!

Para corroborar lo dicho, se hizo una foto nudista y mandó exhibirla en diversos lugares. No se convenció la gente, empero, y el comentario del día era "El hijo de Sheik" por Valentino. Entonces salió  nuestro otoñal Petronio en busca de su princesa. Y en 1925 se paseaba tranquilamente por las calles de Londres, donde, según el "Daily TELEGRAL", LOS TRANSEÚNTES SE DETENÍAN PARA VERLE PASAR, asombrados de su extraordinario parecido con Oscar Wilde. Por el brillante que lucía, en una sortija por la noche y en el imperdible por el día, un joyero francés estando en París en 1926, le ofreció 18.000 francos, que él rechazó. El duque regresó a Caracas tras larga ausencia. Tenía ya cerca de sesenta años, pero representaba cuarenta a lo más. Mucha de aquella popularidad del 22 estaba perdida. El sonaban sí: pero con mayor fuerza sonaba el radio, que recién había llegado al País; y su curiosa figura ya había dejado de ser rareza, para convertirse en otro aspecto del Paisaje caraqueño, como la torre o como la Ceiba de San Francisco. Así lo comprendió él y buscó nuevos caminos, sin abandonar su indumentaria, sus cosméticos, sus lentes ni su ducado, se inició en el mundo de la mecánica y junto con un protegido suyo inventó en 1929 un "avisador de incendios". Listos ya los planos, quiso, para desgracia suya, llevar todo aquello a la práctica. El 6 de diciembre de 1930, una ambulancia conducía al Duque de Roca Negras al hospital Vargas. Minutos antes, la explosión de un bidón que mandó llenar de aire le había quebrado una pierna. La hermosa peluca, comparada en la mejor peluquería de París, fue hallada debajo del Puente Junín. La elegancia había sucumbido. Vito Modesto Franklin, que del accidente salió cojo, ya no era sino un vulgar transeúnte, de sombrero y pantalones largos, como otro cualquiera. A la sombra de su vieja casa de Glorieta, soñando ante aquel montón de papeles y retratos que resumía su vida aventurera,  en el olvido de la ciudad que fue suya por diez años, murió  su excelencia el 17 de julio de 1938. Un estanque de agua clara nos indica el camino de su tumba solitaria.

("Últimas Noticias", 8 de febrero de 1943)
 
 
Vito Modesto Franklin, árbitro de elegancia. 
Foto Publicada en FANTOCHES, el 30 de mayo de 1923
(Reproducción de Agustín Aponte) 

Fuente:
Transcrito por Caracas en retrospectiva
de Crónicas de Caracas 1960

domingo, 23 de diciembre de 2012

Las Navidades de Aquiles Nazoa

"También tenían las navidades de mi tiempo rasgos de cursilería que felizmente desaparecieron, por ejemplo la institución de los “compadres de papelitos”. Era una cosa de solteronas casamenteras. En un sombrero se ponían cinco papelitos con los nombre de otras tantas damas; en otro se hacía lo mismo pero con nombre de caballeros, y en otro cinco papelitos más, cada uno con un pensamiento en verso. Una niñita con ojos vendados sacaba un papelito de cada sombrero. Al caballero cuyo nombre apareciera en el papelito correspondiente, se le entregaba ese y los otros dos: el que tenía el nombre de la dama, para que supiera quién le había salido de comadre, y el del verso, para que se lo entregaran en prueba de homenaje, adicionándoselo con un regalo. Lo malo no era el trivialísimo juego, sino que después todas las parejas favorecidas, ella con su regalito en la mano, se sentaban en la sala “a cogerse confianza” mientras los circunstantes les hacían chistes intencionados y altamente ridículos acerca de la posibilidad de un idilio.


 
También era de muy mal gusto y de un humorismo palurdo, la respuesta que le daban a más de uno los grandes cuando les preguntaba inocentemente qué le había traído el Niño : ¿ Qué te trajo el niño Jesús? Un marico como tú. "



Fuente:
Revista Bohemia
1969





miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las Retretas en la Plaza Bolívar



Retreta del domingo, fiesta pobre
que alegra el corazón municipal
ahora tocando un viejo pasodoble
y después de la “Vereda Tropical”.
Se suma a tu voz múltiple de cobre
Cada quince minutos, Catedral.
Y escupe el autobús su ruido innoble
Sobre tu ancianidad sentimental.
Pobrecita retreta del domingo
que celebras la boda de Tilingo
con acompañamiento de trombón.
Yo advierto tú alegría complaciente
ante la indiferencia de la gente
y se me desafina el corazón.

Fino verso y alta prosa, además del humor, que ha dedicado Aquiles Nazoa  a su Caracas natal, a sus costumbres, a sus rincones, a la Plaza y a las placitas.
El poeta guaratarense –porque Aquiles Nazoa es un nativo de la sanjuanerísima barriada del Guarataro- aconseja que “cuando algún curioso escritor resuelva hacer la biografía pintoresca de Caracas, tendrá que comenzar por el  Avila, con su Galipán florido y sus burritos cargados de claveles” y asegura que entre las más recomendables y infalibles capítulos no podrán faltar el dedicado a Cenizo, el perro amigo de los poetas bohemios y curruña de la luna: “ especie de ángel tutelar de la generación del veinte” y “trasnochado huésped de la Plaza Bolívar y la vera de cuyos rosales amaneció plácidamente muerto un día de diciembre ….”

De la Plaza Bolívar y sus retretas tiene también Aquiles Nazoa esta postal de catorce versos. Parece captada con la camarota de Chirinos. Pero es un soneto, solo que es muy fotográfico:

Otro domingo más. Seguramente
usted, qie es un modesto ciudadano
se enfundará em su traje más decente
y saldrá con un niño de la mano.
Otro domingo más. Entre la gente
Se confundirá usted desde temprano,
Y escuchará en la  plaza la emoliente
música de “Poeta y Aldeano”.
Porque eso es el domingo: la retreta,
el cine arrabalero de a peseta
y el placer casi audaz, del dulce fino.
¡ Oh, cómo ignoran los que tienen plata
este gozo del pobre, esta barata
democracia del flux azul marino!


Fuente: Corazón, pulso y huella de caracas
Carlos Eduardo Misle
Ediciones de la Secretaría General- Cuatricentenario de Caracas 1567-1967

domingo, 25 de noviembre de 2012

ASÍ ERAN NUESTRAS NAVIDADES- Aquiles Nazoa-

En visperas de la  Navidad he transcrito para ustedes un artículo que reseñó la Revista Elite en diciembre de 1951 por nuestro Aquiles Nazoa,  sobre las festividades en la Caracas de inicio del  Siglo pasado, tradiciones que ya están en desuso y muchas de ellas son un vago recuerdo de aquello que nos contaron nuestros abuelos o padres, en el ánimo de desempolvorar el baúl de los recuerdos y que estos escritos sean de interés para mucho de ustedes.


ASÍ ERAN NUESTRAS NAVIDADES


AQUILES NAZOA
Elite diciembre 1951

Imagen de Aquiles Nazoa
Revista Elite
1951


“Ahora bien, todos los que amamos a nuestra ciudad porque nacimos de ella y nos hemos realizado para la vida a la luz de sus días, somos – ya a la edad que tengo y habiendo visto lo que he visto- un poco caraqueños de antes.

Tal vez la Caracas que yo evoco y que en muchos aspectos me parece más grata, más humana y simpática que la de mis hijos, no exista realmente en mis recuerdos sino en mi imaginación. Uno tiende a embellecer lo que ha tenido y ya no tiene.

Así son los recuerdos que conservo de las pascuas de mi niñez. Desde tiempos muy remotos de la ciudad, la costumbre más encantadora que conservábamos era la de los aguinaldos impresos en hojitas de cuatro páginas que se vendían a centavo por las calles. Eran a veces malas versificaciones de bardos orilleros, pero tenían un gran encanto poético, una tierna ingenuidad y un interés periodístico que hacia su lectura interesante a todo el mundo, pues casi siempre tenían como temas los sucesos de actualidad. En esas hojitas que yo mismo llegué a vender, recibí mis primeras lecciones de literatura.

Como aguinaldos impresos y sus pintorescos pregoneros que para anunciarlos iban recitándolos o cantándolos por las calles, desapareció también de la ciudad el extraño vendedor de pavos. Los pesados animales, domesticados y mansos, caminaban lentamente por el medio de la calle como un rebaño, guiados por el hombre que los seguía detrás como un pastor a sus ovejas, y para conservarlos agrupados durante la marcha los controlaba con un larguísimo foete como de cochero; de ahí viene la expresión “como foete de arrear pavo” aplicada a alguien que está extremadamente flaco.

Caracas era muy fría entonces; ya desde fines de octubre el exquisito frío tan tónico y juvenil que invadía la ciudad por el área de Catia, imponía el uso de los abrigos, sobretodos, romantones, bufandas y franelas largo tiempo guardados. Flotaba en el ambiente un olor a vetiver procedente de los baúles. Nunca supe de dónde le viene a ese frío en particular el nombre de “Pacheco” que le da el pueblo caraqueño, ni si fuimos nosotros los primeros en usarlo, o los chilenos que también nombran así a los vientos de otoño.

Las misas de aguinaldo le imprimían a las mañanitas de mi niñez una alegría juvenil de vacaciones; los paseos eran a pie; no se había generalizado el patinaje, los patines de rueda, como se sabe, fueron un invento anónimo de los holandeses, un invento folklórico por así decirlo, que los niños de Holanda, el país más patinador del mundo, ingeniaron para tener cómo continuar practicando su deporte favorito una vez que, pasado el invierno, se deshelaban los canales y senos marinos. Un norteamericano, Pinkerton, capitalizó la idea en los Estados Unidos, a mediados del siglo pasado. Yo llegué a conocer los primeros patines que llegaron a Caracas: era una especie de cesta en alambre de acero, muy funcional y elegante en la que el pie iba acuñado; las ruedas eran de madera. Al principio el patinaje era un deporte exclusivo de gente de bien, o sea de las que vivían en zonas ya pavimentadas de la ciudad. Patinar en la Plaza de la Misericordia era uno de los signos de distinción y modernidad de las más distinguidas señoritas de Caracas de los años veinte. Los patines entrañaban para los que en tiempos de Gómez éramos niños, el más grato recuerdo y también el más amargo: Los policías del gomecismo, ladrones y crueles, a veces sin haber llegado uno a ponérselos por primera vez, mientras con ellos en las manos iba en busca de algún lugar pavimentado donde patinar, nos detenían en la calle y nos los quitaban, dejándonos sumidos en la más dolorosa amargura.

Vendedor de Pavo
por las calles de Caracas


un grupo de bellas damas patinado
en  El paraiso
Circa 1920 -1930

Patines con ruedas de madera
1930
Dos de mis tíos, desde niños, eran panaderos como lo había sido su padre; trabajaron siempre en la panadería de Solís, entonces la más famosa de Caracas, siempre por su pan francés y en pascuas por su pan de jamón, por sus brazos gitanos, por sus dulces con nombres franceses. En los días pascuales los armarios y vitrinas de la panadería se enjoyaban con los colores y formas de aquella artesanía maravillosa del pan y del dulce, y la hormigueante clientela hacía necesario reforzar el personal. Yo era una especie de mascota de Solís, y de tanto andar entre los hornos, las artesas, las harinas y las cremas llegué a hacerme un pequeño maestro de esas artes. En los días de pascuas sobrecargados de trabajo los repartidores, yo participaba en las entregas de encargos a domicilio, y a veces recibía propinas con las que me sentía rico. En la navidad de 1931, cuando llevaba una torta de encargo, por el camino me enteré de que en Miraflores estaban repartiendo regalos. Con torta y todo me incorporé a la larga cola que se había formado junto al palacio. Fue la primera vez que vi de cerca a Gómez. Rodeado de sus hijos y allegados, estaba allí repartiendo personalmente los obsequios. A mí me dio dos bolívares. Cuando uno de mis tíos panaderos, Gabriel, se enteró de la que yo creía una hazaña admirable, sufrió tan crisis de cólera que además de pegarme me sacó con su propia mano la peseta del bolsillo y cómo sería la violencia con la que la batió contra el suelo que la moneda rebotó y de retruque le pegó a él mismo en un colmillo. Ese día descubrimos cosas importantes: que Gómez era un tirano y que mi tío tenía dentadura postiza.

Panaderia de Solís
donde trabajaron los tíos de
Aquiles Nazoa
y de niño una que otra vez
fue repartidor de pan y tortas


Como en aquella época había muy pocas cocinas con horno, el pavo y el pernil destinados a la cena de navidad se aderezaban en la casa y se enviaban a hornear en las panaderías. Allí los panaderos practicaban la costumbre picaresca de “capar” o sea comerse parte de los horneado. En la cena pascual, lo que la gente venía a comerse en realidad eran los sobrados de los panaderos.

En la animadísima plaza del Mercado de San Jacinto se instalaban las diminutas imprentas que se encargaban de imprimir las tarjetas de felicitación con el nombre del felicitante. Eran mínimas y además de unas orlas rameadas muy candorosas, traían versos a escoger según los sentimientos y el humor del cliente:


El cielo tiene una estrella

Y el rosal tiene una flor,

Y el que carga la botella

Es el que bebe mejor.









miércoles, 21 de diciembre de 2011

Patinadores de Diciembre



Patinadores años 20

Patinadoras en Caracas
El Paraíso 1920 C

Tal vez porque el lago de su pueblo no se helaba en el invierno, o porque quiso hacer del patinaje un placer de todas las latitudes, un joven artesano holandés tuvo un día la idea de poner rueda a sus zapatos. Así nació el patín que rodando por parque y avenidas del mundo, vino a sumarse a los elementos característicos de la Navidad caraqueña. De todas las cosas de la gran industria extranjera vuelca sobre nuestro País, el patín es la única que no ha contribuido a desnaturalizar la tradición. Por el contrario, se les puede considerar ya algo tan nacional como las hallacas y el furruco.

Nuestro amable “pacheco” -fabuloso rey criollo de los aires decembrinos- no llega a darnos hielo para trazar en él signos mágicos con los filos de los patines; pero gracias al modelo de ruedas el patinaje es entre nosotros deporte de invierno, e invernal es la alegria que nos comunica. Tampoco tenemos laderas cubiertas de masa nieve, pero el genio del niño criollo creó su versión caraqueña del trineo - un cajón y cuatro ruedas de un patín- y se lanzó a volar por las cuestas de la Ciudad.

Aquí están los patinadores, primer anuncio de la navidad en Caracas. Algunos llevan flamantes “Kingston” bien ajustados al calzado de marca indescifrable; otros míseras “planchas” resconstruidas que se sujetan a las alpargatas con increíbles enredijos de guaral. Todos sin embargo dicen lo mismo: sus risas, sus canciones, el estruendo de sus ruedas son el indicio mas cierto de que faltan pocos días para que el niño Jesús nazca en su Belén de cartón y paja teñida.

Y el vecino de sueño liviano que se queja de la bulla que hacen los patinadores, al saberlo será un poquito más indulgente hacia ellos, y los envidiará al pensar que acaso son los únicos caraqueños que conocen el gusto de quitarse el frío navideño conversando entorno a un fuego, aunque éste sólo sea el de un criollo anafe de arepitas, pariente pobre de la chimenea tradicional.

Caracas Física y Espiritual de Don Aquiles Nazoa.

Pag 230
Patinadores de 1947 

lunes, 25 de abril de 2011

Cenizo

Aquellos años
Aquiles Nazoa

Desde su enigmática aparición en 1918, la Plaza Bolívar de Caracas fue el acogedor hogar de este perfecto desconocido, cuya procedencia, después de 83 años, continúa siendo un enigma. Sólo con la popularidad de las más famosas estrellas de Hollywood de su misma especie, podría compararse aquella de la que disfrutó el aristócrata can que se convirtió en el perro predilecto y consentido de la distinguida sociedad caraqueña.

Cenizo fue la mascota de literatos, artistas y demás personajes de la élite culta y de alcurnia de la ciudad. Aquiles Nazoa en su libro Caracas, física y espiritual, cuenta que el canino en cuestión estuvo presente, e incluso fue uno de los primeros en llegar, tanto a la fiesta de inauguración del Almacén Americano (1925), como a la presentación del primer ejemplar de Fantoches. Por si fuera poco, versos de Job Pim y dibujos de “Leo” se inspiraron en él y hasta un collar de oro le obsequiaron en un homenaje que propuso Manuel Díaz Rodríguez. El 29 de agosto de 1927, un tropel de gente colmó la plaza donde solían visitar a su protegido, para custodiar la desgarradora muerte de aquel aristócrata. Los despiadados trabajadores del Aseo Urbano, arrojaron sin misericordia el cadáver del perro más querido por la excentricidad caraqueña en los terrenos de Los Chaguaramos donde, para entonces, se encontraba el horno crematorio. Conocido el atropello de que había sido víctima el pobre Cenizo, se unió la ciudadanía para constituir una junta que resolviera el vergonzoso hecho para rescatar los restos y darles sepultura “el 2 de septiembre, a las tres de la tarde, en medio de un torrencial aguacero”, tal como relata Aquiles Nazoa.

Job Pim, con motivo del monumento que pretendía cimentar la junta en honor a Cenizo, escribió un verso contra el can: “¡Señor y a este parásito social se le quiere erigir un monumento!”.

sábado, 26 de febrero de 2011

Amor y humor de la ciudad

PAPEL LITERARIO

Amor y humor de la ciudad
Jesús Sanoja Hernández



A la hora y punto de su trágica muerte, en abril de 1976,
escribí una nota para el Anuario Internacional, de Barcelona la de España, que anda perdida entre los secretos de mi papiroteca, y otra, más larga, que incluyó la revista Actual, de Mérida la de Venezuela, junto con una entrevista de Salvador Garmendia -bastante anterior a la desaparición de Aquiles- y otra que Arnaldo Acosta Bello le hizo a Mario Abreu y a Jacobo Borges, "para encontrar a Aquiles", y dos comentarios de Javier Villafañe, y un material de Rafael Pineda intitulado "El humorismo en Venezuela, a propósito de Aquiles Nazoa". Pineda había prologado en 1950, para la histórica editorial Avila Gráfica,

El ruiseñor de Catuche, y estuvo tan cercano a él como Alarico Gómez, un monaguense guayanizado, cuya obra fue rescatada en buen momento. Alarico murió a los 33 años, y acerca de él y su tempranísima poesía, en 1938, Aquiles dejó correr palabras de admiración en El Verbo Democrático, de Puerto Cabello.

Quise conservar como joya bibliográfica, y no pude, aquella maravillosa colección empastada y con lujo de tipografía y diseño que Aquiles Nazoa concibió para el Círculo Musical, con motivo del cuatricentenario de Caracas, una ciudad que si no existiera como realidad "física y espiritual", existiría por lo que de ella dejaron, en larga suspensión histórica y humorística, Job Pim, Leo y el mismísimo Nazoa, y en otros niveles Enrique Bernardo Núñez, Arístides Rojas, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar y Guillermo Meneses.


En aquella colección de 1967, cuyo bautismo fue interrumpido temporalmente por el terremoto del 29 de julio, dio a conocer Nazoa, precisamente, su Caracas física y espiritual, por fortuna reeditada, más modestamente, por la UCV en uno de los volúmenes dedicados a la prosa del "ruiseñor de Catuche", y al cual su hermano Aníbal introdujo breve y humorísticamente, afirmando que aquella era una Historia de Caracas libre de "larguísimas citas de autores, tomos y páginas", obra para ser leída de corrido, "como una buena novela, sin la molesta interrupción de las llamadas y las aclaraciones".

La Caracas de Nazoa pasa por la fotografía, el alumbrado, el álbum de avisos, la era guzmancista, el souvenir del 900 (este siglo que agoniza y entonces despuntaba), las pequeñas historias (de los helados, de los vehículos, de la radio), y casi culmina con la Caracas del petróleo, capítulo el más polémico de todos. En él cuestiona a fondo el urbanismo cuartelario del perezjimenismo, cuyo máximo exponente fue el Copódromo de El Valle (nombre que se le debió a Picón Salas), cuyo antecedente habría que buscarlo en el patrioterismo del general Gómez cuando quiso transformar "el campo de Carabobo en una utilería de chivera".

Pero si me diese por elegir el capítulo, o el esbozo maestro, escogería entre todos (y es empresa nada fácil), el dedicado al Duque de Rocanegras, donde simultáneamente al dibujo del singularísimo personaje que fue Vito Modesto Fran-klin, "criatura insólita de la fantasía y el humorismo de la ciudad", corre una descripción gozosa de la bohemia y los gustos de nuestros twenties. Y en este punto desearía detenerme para remate de una nota de presentación que recoge menos de milésima parte de lo que debería decir.


A propósito de su fecha de nacimiento (17 de mayo de 1920) me atreví a sostener que "no en vano se nace tal día, tal año, tal década", pues "la existencia se da en el tiempo, con estos o aquellos materiales. Los de Nazoa fueron tan decisivos que incluso sirvieron a los mayores ensayistas, Picón Salas y Uslar Pietri, para definir el decenio de los veinte como los años de la gran mutación en el país y, muy señaladamente, en Caracas: el petróleo, el whisky, el fox y el one-step, la radio y el tennis, la flapper y el cine, Lindbergh y los ídolos, las primeras noticias acerca de la TV y las posibilidades de los viajes extraterrestres, el urbanismo de imitación, chato y de mal gusto"...
Lo demás y con mayores habilidades y conocimientos discurre en esta misma página, gracias a la prosa de Britto García.
Caracas Física y Espiritual
Publicado con motivo al cuatricentenario de Caracas 


El Nacional/1998

viernes, 29 de octubre de 2010

Un soneto de Aquiles

Cuando en 1949 murió el viejo Donzella, otro máximo del humorismo y finísimo poeta, Aquiles Nazoa, le dedicó el siguiente soneto, en la primera plana de "El Morrocoy Azul".

También tú te nos marchas, buen [Donzella

te vas de esta Caracas tuya y mía

que bebió en sus sifones la alegría

de los tiempos del coche [y la zarzuela.

"Todo se está acabando [en Venezuela",

me dijiste en La Torre cierto día,

recordando unos versos [al tranvía,

en que yo hablé de "tu mejor [clientela".

Y dijiste verdad: feliz testigo

de un tiempo que pasó; [junto contigo

se muere un poco [de local historia.

Descansa, pues, [en paz, mientras [sin llanto

bajo el cielo de marzo [yo levanto

una amable cerveza [a tu memoria.


martes, 24 de agosto de 2010

Aquiles Nazoa ...Caraqueño hasta la muerte...


Rafael Domínguez Sisco (1976), presentando el mencionado libro sobre el museo de Raúl Santana, en su condición de Presidente del Concejo Municipal de Caracas, expresa:


Aquiles Nazoa, caraqueño y poeta hasta la muerte: talento, sensibilidad, corazón y voluntad siempre al servicio de la ciudad que lo vio nacer. Con su extraordinaria capacidad para dignificar y engrandecer "las cosas más sencillas", hasta convertirlas en materia de poesía, Aquiles Nazoa describe - tal vez descubre - el espíritu antiguo de Caracas, Inédito para las generaciones actuales. Se trata de escenas populares, personajes de campanillas, tipos de la calle, costumbres, ritos, etc., que hace sesenta o más años le dieron vida tono y acento a la pequeña ciudad de ciento cincuenta mil habitantes, ya desaparecida, y que poco o nada tiene que ver con esta moderna Caracas tan rica, tal vez opulenta, pero tan pobre de espíritu, y dueña de la más grande y poderosa de nuestras industrias: la fabricación de locos, neuróticos y delincuentes "... (Domínguez 1976).

Evocación, Realidad y Sueño de Caracas. Proyecto y esperanza de mejores tiempos.

Aquiles Nazoa es un escritor seducido por su ciudad. Por su comportamiento típico de los caraqueños de su época, puede considerársele genuino representante de la caraqueñidad y el caraqueñísimo. Según esta primera cualidad, su escritura condensa la ironía con la guasa, especie de humor que utiliza en la crítica. Se ha llamado caraqueñísimo, una característica de los habitantes de la capital, que consiste en considerar a Caracas único asiento de la civilización, el modernismo y el progreso.

La memoria de Caracas es hecha de muchas memorias que le permiten a Nazoa recordar e imaginar su ciudad. Caracas cambia, se transforma con el curso de los años, no es ni debe ser siempre la misma: Una, es la que ha llegado a ser con su violencia y destrucción, otra la que evoca con la nostalgia de lo que fue, cuyo pasado quedo inscrito en sus calles, y lugares.

La Caracas del imaginario de Nazoa, es una ciudad especial donde abundan líricas descripciones del paisaje urbano, de hechos y personajes. Describe una ciudad idealizada, donde entra en contacto directo con hechos nimios de la vida cotidiana de su gente. En su libro Las Cosas más Sencillas (1972), acepta abiertamente que la Caracas que evoca y que "es más humana y más grata que la de sus hijos, tal vez sólo exista en la imaginación". Nazoa reitera que solía confundir su gran memoria de niño con su imaginación y en muchas de sus conferencias agregaba la frase "eso pudo haber sido verdad".

Para Nazoa, Caracas parece estar en el pasado, afirma Beroes, (1977) "...evocación pura, que consiste en no ver las cosas directamente, como son en la realidad, sino en evocarlas con la imaginación, convertidas en recuerdos".

Si bien Nazoa habita en otra ciudad, que ciertamente puede estar situada en el pasado, lo hace bajo el convencimiento de encontrar allí una señal que le sirva de guía en el futuro.

Años después de su muerte algunas de sus ensoñaciones y realidades han sido convertidas y desarrolladas en propuestas por algunos escritores como Arturo Almandoz, Oscar Yánez y Niño Araque quienes lo han hecho a través de ensayos y crónicas periodísticas. Esta afirmación conduce a una interrogante: ¿qué se propuso Nazoa, al escribir sobre la ciudad?. Múltiples respuestas irán surgiendo de la lectura de sus obras, sin embargo en la introducción a Caracas Física y Espiritual, se adelanta en dar una primera respuesta:

He aquí que me senté a escribir un libro sobre Caracas y lo que me salió fue un kaleidoscopio. No por el estilo, sino por los temas, mi libro a lo largo de su lectura irá dejando en el alma del lector un reguero de cositas pequeñas y coloridas... desechos del tiempo cuyo destino es la diáspora y el olvido... " (Nazoa 1967).

En su literatura, Nazoa intenta rescatar para el futuro la imagen de una ciudad que está en perenne transformación a riesgo de perder su identidad y de transformar sus valores. Deja constancia de una ciudad que desaparece como tal, para convertirse en una metrópolis babélica, dura y agresiva.

Cabrujas (1988) señala que gracias a una actitud demoledora la ciudad pierde su memoria:

Siempre he pensado que Caracas es una ciudad en la que no puede existir ningún recuerdo. Es una ciudad en permanente demolición que conspira contra cualquier memoria; ese es su goce, su espectáculo, su principal característica. En algún momento de mi vida me he horrorizado ante esa situación; hoy no. Hoy pienso que es una legitimidad, y así como hay pueblos que construyen hay otros que destruyen. (Cabrujas, 1988).

La nostalgia por una ciudad y un modo de vida que ya no existe, está presente en toda la literatura de Aquiles Nazoa, a pesar de que en muchos párrafos de Caracas Física y Espiritual, pretende defenderse de ser un "nostalgioso". Aún en los escritos donde más vehementemente retrata la realidad de la ciudad, se siente la nostalgia por un pasado no muy lejano.

Nazoa cumple con resaltar y denunciar abiertamente las transformaciones violentas que Caracas sufre con la obra de cada gobierno que desea cambiar la cara de la ciudad según su política y gusto personal.

En Caracas Física y Espiritual, realiza un recuento histórico de lo que denomina "feísmo estético" que considera como una "enfermedad hereditaria" de los gobiernos, especialmente de los militares. Reconoce la realidad de su Caracas y denuncia con verdadera pasión el proceso de destrucción de la misma. Considera que este proceso es causa y consecuencia, del perjuicio que es capaz de causar el dinero cuando pretende reemplazar la Cultura. Para precisar su afirmación, señala dos formas perniciosas de la riqueza que lleva a convertir la capital en "una de las ciudades más desagradables del continente": una es, la estrechez de una clase media urbana casi iletrada enriquecida por la usura, el juego de caballos o la importación de baratijas y la otra el aldeanismo de algunos propietarios que llegan a la capital en busca de negocios productivos, aldeanismo que también llevan muchos gobernantes que quieren imponer a la capital "cualquier adefesio que hubieran soñado para la Plaza Bolívar de su pueblo".

Por su condición de poeta Nazoa pretende poetizar la ciudad. Caracas que es una realidad, no es en sí poética. Jorge Luis Borges, afirma que las cosas no son intrínsecamente poéticas, que para ascenderlas a poesía necesitan ser vinculadas al vivir de la gente "que nos acostumbremos a pensarlas con devoción. Las estrellas son poéticas, porque generaciones de ojos humanos las han mirado y han ido poniendo tiempo en su eternidad y ser en su estar... (Borges, citado por Vicente,1999)

Caracas es un tema, una realidad que debe ser poetizada. Nazoa comprende esta necesidad y se muestra como un poeta nostálgico y memorioso. Ve la realidad del presente como quien se asoma al espectáculo de la ciudad con incomodidad y dolor pero que siempre deja ver en el fondo un especial optimismo melancólico, porque él, esta seducido por su ciudad y se propone fomentar en otras personas el amor a Caracas.

En ningún momento pretende ser el único enamorado de su ciudad, en Caracas Física y Espiritual, busca frases y figuras que apoyen su ideario. Así comienza con una frase del Libertador:

...mi derecha estará en las bocas del Orinoco, y mi izquierda llegará hasta las márgenes del río de la Plata, mil leguas alcanzarán mis brazos, pero mi corazón se hallará siempre en Caracas. Simón Bolívar.

Esta devoción de Aquiles Nazoa a su ciudad deriva no sólo por haber nacido en allí sino principalmente por haber establecido con ella una estrecha relación vivencial, con un desarrollado sentido de pertenencia de la ciudad. En todos sus textos se encuentra este sentido de posesión urbana. Esto implica a su vez, que existe una barrera entre un interior propio y un exterior ajeno. Caracas, ese interior propio denota en su escritura, que es un ente superior al exterior ajeno. De allí se puede concluir que el escritor considera que la capital es la fuente de la civilización, la ciudad que da la pauta sobre los usos y costumbres del país.

En su descripción de Caracas, el autor va vinculando la realidad con la poesía, poniendo tiempo y espacio en su imaginario. En Nazoa, "el tiempo es lento, casi moroso. Discurre con serenidad y parsimonia. Es el tiempo propio del recuerdo", dice Pedro Beroes (1977), al referirse a la evocación de los recuerdos de la niñez y la pequeña historia del barrio y de él mismo. En su descripción de los cementerios Nazoa funde el tiempo y el espacio.

Sin pretender ser un texto de historia, Caracas Física y Espiritual, va señalando los tiempos de la ciudad, no en forma cronológica sino en función a la narración de episodios concretos que tienen una significación especial en cada uno de los momentos de Caracas y que por tanto dan cuenta del carácter de la ciudad y sus gentes.

Evocación y realidad también se juntan cuando el autor habla de Caracas en Venezuela Suya. Surge la necesidad de mostrar la ciudad tanto a los turistas a quienes está destinada la obra, como a sus propios habitantes. En la forma que hila su relato, se infiere que intenta presentar a los caraqueños una ciudad real pero destacando su parte más hermosa, con el fin de que éstos se apropien y se identifiquen con ella, para lo cual hace resaltar la hospitalidad y la belleza de su gente y sus sitios.

Existe en el imaginario de Nazoa, una historia narrada a través de grandes contrastes: se puede observar al lado de la apología de héroes, la presencia de personajes comunes y junto al relato de acciones heroicas aparecen las vivencias de la vida cotidiana. Igual que describe las hazañas de los héroes de la historia, Nazoa contempla y alaba personajes comunes que poblaron Caracas, como son el amolador de cuchillos, el pandehornero y el vendedor de pavos.

Penetrar la intimidad de la ciudad a través de estos relatos permite darle realidad a la ciudad. Lejos de abstracciones, estas pequeñas realidades conducen al encuentro de otros símbolos. Es un nuevo mundo de relaciones que son punto de partida y punto de convergencia de ideales.

Cada escritor, al apropiarse del espacio de una ciudad, tiene dentro de esta, otro espacio que resalta con especialidad. Tal como Jorge Luis Borges en su Fervor de Buenos Aires, toma como espacio el arrabal, el espacio resaltado en la Caracas de Aquiles Nazoa, es el centro de la ciudad con sus teatros, plazas, río, y esquinas donde se conjuga la vida caraqueña y donde han ocurrido los hechos de la historia. En el centro se construye y se destruye la caraqueñidad. También en el centro de Caracas desfilan los personajes populares y en él se inicia la modernización con la construcción de El Silencio. A la vez, como símbolo de la destrucción de la tradición arquitectónica, señala con dolor la caída del Hotel Majestic, para construir el Centro Simón Bolívar. Esta demolición que se realizó con gigantescas mandarrias en forma de bolas, fue presenciada por millares de caraqueños que se arremolinaban en los alrededores. Igualmente, Nazoa eleva su voz de protesta ante el derrumbe de la casa de Francisco de Miranda y la división de la ciudad con la Avenida Bolívar, construida para el paso veloz de los vehículos, a la vez que impide que el peatón pueda atravesarla con facilidad y comunicarse con quienes hasta entonces habían sido vecinos del mismo barrio, rompiendo así un ritmo de vida.

En una exploración pausada del espacio urbano, se detiene a detallar las casas que sufren también el rigor del tiempo. En una hermosa imagen de evocación y realidad reflexiona como las casas, al igual que la gente se desfiguran con el tiempo "elegantes salas donde sonaron líricos pianos han pasado a ser ventas de repuestos o depósitos de pescado salado".

El tratamiento del espacio urbano en Nazoa, va más allá de la descripción de la memoria física que va a servir de escenario para dar vida a personajes. La representación de estos espacios, planimétricamente, se realiza por escalas.

En Caracas Física y Espiritual, Nazoa utiliza su escala menor en la Caracas que recorre el Guaire de oeste a este, con el Ávila marcando el norte separando la ciudad del mar y ubicando la entrada de ella, al Sur el Valle.

En Venezuela Suya, utiliza lo que podría llamarse una escala intermedia: Caracas aparece relacionada con un espacio mayor, que es el país entero.

Para la obra Raúl Santana con un Pueblo en el Bolsillo, el autor se vale de una escala mayor a la de todos sus escritos sobre Caracas. La ciudad aparece retenida en el tiempo y espacio de Raúl Santana, fabricante de figuras en miniatura, símbolos ¡cónicos de la época en la cual vivió este autor. Las figuras del museo Santana se refieren a la Caracas sencilla que existe en una época que ya no tiene el esplendor guzmancista y que aún no ha entrado a la modernidad. Nazoa que vivió en esa Caracas, es la voz más autorizada para cantarla y describirla.

Esta obra es un palimpsesto literario de un documento hecho a mano, materializado en pequeñas figuras de barro por el artista Raúl Santana y que bajo la denominación de "Museo Criollo" se conserva en el Concejo Municipal de Caracas. Este museo es un escenario que sirve a Nazoa de coartada para hilar pequeños relatos donde cobran vida los personajes, el habla, la arquitectura y cierta atmósfera citadina que aquí se transforma en un conjunto de estampas de Caracas.

La ciudad que quedo plasmada en esa representación de Santana, como un conjunto de seres que van en retroceso, es decir en el en ves de la creación. Es como si los habitantes de la ciudad después de haber sido de carne y hueso, de músculo andante y alma llena de pasiones, se transformaran en figuritas de barro. El vendedor de lotería, el frutero, el chichero, el fotógrafo y todos los pregoneros de Caracas se han marchado por la puerta trasera, toman la ruta del éxodo diciéndole adiós a la Caracas del recuerdo, justo en la mitad del siglo XX.

El cronista de Caracas, Enrique Bernardo Núñez, a finales de la década de los cuarenta, observó que la ciudad ya se encontraba en la ruta de un gran escape, la deserción campesina era alarmante y la capital se llenaba de ellos y de la gente de post-guerra venidas de Europa, "esta humanidad trae consigo su propia arquitectura", otros modos de pensar y de vivir. Advirtió sobre los cambios violentos de la ciudad y predijo las consecuencias que traerían. Con todo, se atrevió a pronosticar:

... "mañana tal vez, algún escritor se cuente entre sus descendientes. Sentado cerca de su ventana contemplará la noche serena, las estrellas errantes. La brisa esparcirá en torno suyo el secreto de las cosas de las generaciones desaparecidas. Y movido por la ternura del cielo, por el amor a la ciudad que ha visto desde niño, acaso escriba un bello libro". (Núñez 1947).

Veinte años más tarde, cumplidos sus temores y desaparecida la ciudad de los techos rojos, Aquiles Nazoa hizo realidad su más caro deseo al escribir Caracas Física y Espiritual. En esta obra y en las otras dos que se han analizado para este estudio Venezuela Suya y Raúl Santana con un pueblo en el Bolsillo, está la Caracas del imaginario de Caracas en su triple condición de evocación, realidad y sueño.

Al hablar de Caracas la escritura de Nazoa compromete a fijar posiciones, a meditar y asumir una actitud crítica, aún en aquellas piezas cuyo contenido es puramente anecdótico. En su prosa como en su verso pone de manifiesto un excepcional dominio del idioma.

En 19781a Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela inicia la publicación de sus obras completas, bajo la dirección del Dr. Elio Gómez Grillo. Ese mismo año se inicia el trabajo con la impresión de la obra de Teatro. Continúa con Papeles Líricos, poesía de 1942 a 1976 y del cual se han realizado cerca de veinte reimpresiones, sigue con dos tomos de Prosa. En 1983 se paralizó el proyecto y han continuado las reimpresiones de estos textos.

A partir de 1990 la Fundación Ekaré del Banco del Libro ha publicado varios de sus textos, como obras dedicadas a los niños, Nazoa en multitud de ocasiones declaró que no creía en la literatura infantil, "los escritores subestiman al niño al escribir para ellos en una forma diferente. La poesía es una sola y la sienten y disfrutan niños y viejos por igual"

Al momento de su muerte el poeta se encontraba escribiendo simultáneamente tres libros: Navegantes de Colores; libro dedicado a los papagayo con hermosas ilustraciones de estos, realizados por los grandes maestros de la pintura venezolana contemporánea; Genial e Ingenioso -La Obra Literaria y Gráfica del Gran Artista Caraqueño Leoncio Martínez; con abundantes ilustraciones y comentarios, y una recopilación de poesía lírica, con el título Amigos Jardines y Recuerdos. Estos libros fueron concluidos por sus amigos más cercanos que conocían gran parte de los trabajos que se incluirían en cada una de ellas. Igualmente estas personas, tuvieron la tarea de ensamblar tres versiones de la obra teatral El Espantapájaros que recogieron del pequeño Volkswagen donde tuvo el fatal accidente aquel 25 de abril de 1976.

La muerte de Aquiles Nazoa puso de manifiesto el sentido esperpéntico de los venezolanos. Se decreto duelo oficial durante tres días. Se le condecoró postmortem por el Presidente de la República. Algunos ministros lo llevaron en hombros por la Plaza Bolívar. Su cadáver anduvo de la Ceca a la Meca: de la Funeraria Vallés al Concejo Municipal; del Concejo a la Plaza Bolívar, de la Plaza Bolívar a la Universidad Central y, finalmente, al Cementerio General del Sur. ¿Alguien pensó en la voluntad de Aquiles Nazoa ante tanta faramallería? (Beroes 76).