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domingo, 17 de mayo de 2015

Esquina de Pájaro a La Palma

Del libro de Rafael Valery tomé el origen de ambos nombres 


Esquina de Pájaro: 

"Enrique Bernardo Núñez comenta que en la relación de la visita de inspección efectuada por los Alcaldes Ordinarios de Caracas, Don Gabriel de Ibarra y Don José de las Llamozas, a las tiendas y pulperías de la ciudad en 1806, se identifica esta esquina con el curioso nombre de la cagada del pájaro, pero no ofrece explicación sobre el posible origen, aunque pudo haber identificado algunos comercios anotados. Según la mencionada lista,  en Caracas había para la época ciento dieciocho pulperías, cuarenta tiendas de ropa  (sin contar  las “canastillas” o “paquetes” de la Plaza Mayor), treinta y dos tiendas “mestizas” – de víveres y ropa- y dieciocho platerías. Algunas han debido tener nombres muy pintorescos." 

Esquina  Palma

“En todos los planos aparece esta esquina con el nombre de la Palma. Hay muchos tipos de palma en Venezuela, así que pudo ser cualquiera el ejemplar cuyo  recuerdo perdura en la nomenclatura caraqueña. Lisandro Alvarado anota lo siguiente: Palma bendita, Ceroxylon klopstockia; palma  blanca, Cenocarpus altissimus; palma de abanico, Chamaerops humilis, palma de cacho, Iriartes altissima; palma de cera, Ceroxylon andicola; palma de cobija, vino, Attalea speciosa; palma molinillo, Leonotis nepetaefolia; palma negra, Klostockia coarctata; palma real o chaguaramo, Oreodoxia regia; palma redonda, Sabal mauritideforme.
Es posible que la palmera perteneciera al solar de los neristas, pues, aunque el Oratorio ocupaba la mitad oriental de la manzana, la fabrica de la nueva iglesia- la que sería después Santa Teresa se extendía hacia la Palma”. 

Rafael Valery
“La Nomenclatura Caraqueña” 1978
Pág  237 
La cuadra comprendida entre las esquinas de Pajaritos ( Pájaro) y La Palma, destinada a desaparecer para dar paso a la Avenida Bolívar.
 Elite 1947 


viernes, 1 de mayo de 2015

Plan Vialidad Caracas

Caracas de Antaño

“En el Nº 25  de la revista “Signo”, tratado de Conservación Urbana, Alfredo Tarre Murzi cita a Mario Briceño Iragorry por sus relatos de la antigua caracas que así queda descrita: “En ese valle se levantaba una ciudad tranquila y recoleta, rodeada de jardines y laderas cultivadas de cacao, pobladas de graciosas viviendas de altos portones y presidida en las alturas por el Avila majestuoso y señorial. Así la vió el viajero Depons. Así la contempló Humboldt y años más tarde la pintó así Don Arístides Rojas en sus artículos costumbristas.”


En 1856, Manuel Landaeta Rosales confeccionaba dándolo a la luz pública un Plano de Caracas (Reproducción adjunta), ciudad fundada por Don Diego De Losada el 25 de julio de 1966 [sic], con el nombre de “Santiago de León de Caracas”. Y reza la leyenda  de dicho plano así: “La Ciudad de CARACAS, patria del Libertador SIMÓN BOLÍVAR y de otros varones ilustres que han inmortalizado sus nombres en las carreras de las ciencias  y de las armas, tiene 16 calles de Norte a Sur y 17 de Este a Oeste, que forman 135 manzanas  y 510 cuadras, que comprenden 4300 casas, y su población se le calcula hoy de aproximadamente de 35 a 40.000 habitantes. Está atravesada por  cuatro ríos, que son: el Guaire, el Caroata, el Catuche y el Anauco. Tiene además 20 Iglesias, 10 puentes, 23 fuentes públicas,  7 cementerios, 2 teatros y 13 plazas. Además de los Palacios de Gobierno y Arzobispal hay grandes edificios, como son el del Seminario, la Tesorería, la casa Municipal, la Oficina de Registro, el parque de Artillería, el Cuartel San Carlos, el de San Pablo, la cárcel, el Almacén de Pólvora y el edificio de San Francisco en que existe actualmente la Universidad Central, donde se reúnen las cámaras Legislativas y se encuentra la Biblioteca Nacional, las clases de Medicina, de Química, de Dibujo Lineal natural y topográfico  y la pintura al Óleo. Existen otros establecimientos de utilidad común a saber: el Telégrafo, la Administración Principal de Correos, el Colegio Nacional de niñas, el de Chaves, el de Santo Tomás, el de Salvador del Mundo, el de Roscio, la Escuela de Ciencia y Artes, la Normal, la Academia de Matemáticas etc, “

Y transcurren los años desde entonces, llenando páginas  interminables de historia  sin alterar profundamente en su estado físico  la capital. Se llega al 900, se inicia el nuevo siglo con la subsiguiente dictadura del General Gómez, y la ciudad  no pasa de ritmo de crecimiento más que modesto. 

Pero surge el petróleo, y su magia negra que, con la caída de la dictadura de Gómez y una mayor liberalidad en la forma de gobierno y en las ideas revoluciona al medio física, económica y socialmente.  La Venezuela agropecuaria, la del café  y la del cacao, desaparecerá en fuga mayor dando paso a la fabulosa del oro negro. Llueven los millones de la renta Nacional  y Caracas centro administrativo y gubernamental de la Nación, comienza a vivir la farándula del nuevo rico. De dentro y de fuera del País acuden gentes y más gentes tratando de disfrutar en la tan encomiada capital “tranquila y recoleta” fresca y señorial, de una nueva renta inesperada. 

Primeros Pasos

Estamos lejos de la Caracas fijada por Manuel Landaeta Rosales 84 años atrás. En la Revista Municipal del Distrito Federal (Nº1  Noviembre de 1939)  fué publicado un plan de urbanismo estudiado para esa época por la Dirección Municipal de Urbanismo. De allí fue sacada dice el Proyecto actual del Plan de Vialidad, la siguiente conclusión: “El estudio de la actual situación de   la ciudad,    cuya   población    aumenta    con   ritmo regular, ha revelado que por no haberse efectuado los trabajos de urbanismo en su debida oportunidad se extiende insistentemente hacía aquellos terrenos libres y especialmente hacía el Este. El desplazamiento de la ciudad es un fenómeno constante cuando los trabajos de acondicionamiento no han sido realizados a tiempo. Este movimiento vicioso trae como consecuencia la dispersión de los centros de actividad y la obstrucción de las vías estrechas de comunicación en donde el creciente tráfico, no puede, luego, organizarse y tiende asimismo, a diseminar los valores inmuebles, haciendo por lo tanto confusa la comprensibilidad económica del  Plano de la Ciudad. En este caso la ciudad tradicional aparece amenazada de muerte”. 



Con el brusco y gigantesco crecimiento de la ciudad, insospechado solo 10 años antes, surgen mil problemas de tipo urbanístico que desordenadamente desbordan a los organismos técnicos, que amparados por la Gobernación del Distrito Federal, están destinados a encauzar sus formas más convenientes y correctas. Los intereses creados y el agio en los precios del terreno amenazan con desgarrar la ciudad y convertirla en la Torre de Babel dónde nadie pueda entenderse. La Comisión Nacional de Urbanismo, que tiene por objeto regular  la forma y circulación del cuerpo físico de la ciudad ha logrado establecer un plano y una pauta para este fin.  Esta entidad donde se han creado valores nuevos con conocimiento minucioso, tras prolongado estudio, de los problemas que amenazan a la ciudad, representa el reducto donde se mantiene el espíritu de aquellos ediles que recuerda María Briceño Iragorry “fueron amantes cuidadores de su ciudad y tenían muchos planes y proyectos para conservar la belleza natural de la ciudad”.  




Un Plan de Acción

De nada servirían los proyectos teóricos de tanta inquietud urbanística si no fueran secundados por una acción rápida y positiva. La inquietud de progreso y de contribución ciudadana ha despertado en muchas mentes jóvenes capacitadas e inteligentes el afán de emulación y de acción.  Extendiéndose del círculo restringido  de un puñado de quijotescos arquitectos, ha puesto el pié hasta la Dirección de Obras Municipales, organismo de acción por excelencia en una ciudad donde en el año de 1950 se construyeron 67.827 metros cuadrados  por un valor de Bs. 136.423.000. El Dr. Pedro Pablo Azpúrua, 34 años, casado, caraqueño graduado en Ingeniería Civil en la Universidad Central ha presentado al Ejecutivo en nuevo Plan de Vialidad por mediación del Comandante (r) Guillermo Pacanins, Gobernador del Distrito Federal. El Proyecto de Plan de Vialidad que propone obras por valor de más de 140 millones de Bolívares es la Biblia de  Pedro Pablo Azpúrua. La ha estudiado concienzudamente durante larga e interminables horas, y en ella ve conocimientos acumulados y consecuencias deducibles que se impone llevar a cabo para dentro de la mayor ortodoxia producir los frutos de la máxima doctrina urbanística en tiempos tan revolucionarios como los actuales. Caracas ha arrojado en el censo de 1950,  695.095 habitantes de los cuales las solas parroquias urbana, o sea  las de menor área se llevan 487.093 habitantes. Tiene 15 parroquias y 162 urbanizaciones en un área de extensión bruta de 7351 hectáreas. En contra, el municipio de Caracas no posee más que un área de  superficie de circulación de 57 hectáreas. El número de vehículos de Caracas, municipio, asciende a 37.500. Estos vehículos parados abarcan una superficie de 489.380 metros cuadrados, y siendo la superficie de circulación del municipio de 570.690 metros cuadrados, se deduce que cada carro o vehículo no dispone  más que de  2.32 metros cuadrados para desplazarse. Estos datos estadísticos demuestran la gravedad del problema circulatorio de Caracas. El estudio de los quebrantos económicos que acarrea la poca fluidez de las vías capitalinas arrojaría con toda posibilidad unas cifras exorbitantes.

Ante este panorama, el ingeniero Azpúrua ha presentado en nombre de las Obras Municipales el Proyecto del Plan de Vialidad cuya demostración grafica se reproduce en el presente reportaje. Sirviendo de fondo de fotografía  aérea de la ciudad, tomada por la Cartografía Nacional. 
El Proyecto Plan de Vialidad comienza por citar como obras proyectadas y ejecutadas en el curso de dos años anteriores a la Avenida Bolívar, la Avenida Sucre ( primer tramo)  la Avenida Andrés Bello, el ensanche del Portachuelo y la Avenida Nueva Granada, así como la del Cementerio, el acondicionamiento de la Avenida México y la Avenida España, refiriéndose también a la Avenida Roosevelt de iniciativa privada. Y propone ejecutar: 

a) LA AVENIDA ESTE-OESTE I; 26 metros de ancho, que sirve de unión entre  Este y Oeste uniendo a la “Andrés Bello” con la Avenida Sucre.
b) AVENIDA SUCRE, Tercer tramo ( entre Pl. Diego de Losada y Tinajitas) que unirá la Avenida  Sucre con la Este-Oeste I. Ancho: 26 metros. 
c) AVENIDA NORTE-SUR 6, 26 metros de ancho, que sirve de unión entre la Este-Oeste 1 (Pl. España) y el Portachuelo y la Nueva Granada. 
d) AVENIDA DE LOS PRECURSORES, que servirá para descargar en parte el tráfico excesivo de la Carretera de El Valle. Esta vía empalmará con la Urbanización de Santa Mónica. 
e) CALLE ESTE-OESTE 20, 13 metros de ancho, que va paralela al Río Guaire, parte de Alcabala  y llega hasta Quinta Crespo para, más adelante, prolongarse hasta Los Flores de Pte. Hierro.        
f) AVENIDA SAN MARTÍN, de 26 metros de ancho, entre Angelitos y Capuchinos y de 34 metros entre Capuchinos Alcabala, que unirá al Oeste con el Silencio y la Avenida Bolívar. 
g) AVENIDA LIBERTADOR, de 34 metros de ancho, que parte de la estación del Ferrocarril Central, corre a lo largo de la línea del Ferrocarril  hasta la Quebrada de Chacaito para luego unirse con la Fco de Miranda.
h) CUARTO TRAMO AVENIDA SUCRE de 26 metros de ancho, que unirá a aquella con Avenida Bolívar, partiendo de la esquina de Tinajitas y llegando hasta El Silencio. 
i) NORTE-SUR 7, que parte de la Este-Oeste 1 (esquina de LLaguno), y que llega en su primera etapa hasta la Este-Oeste 20, y pondrá en comunicación al Norte de la ciudad con el Sur. 
Con estas vías estima el plan que resolverá los problemas más inmediatos de tráfico en el casco tradicional de la ciudad, sin que esto sea obstáculo para llevar a cabo estos otros  reacondicionamientos y construcciones suplementarios: 

ATLANTICO- AVENIDA O´HIGGINS. La vía del Atlántico, que se ha hecho insuficiente en la actualidad, será ampliada en un ancho de 11 metros. 
LA VEGA, 13 metros de ancho, que partiendo de la O´HIGGINS (La Paz) y atravesando un túnel, se unirá con La Autopista del Sur. 
REACONDIONAMIENTO DE LA CARRETERA DEL VALLE. Con la ayuda de la Avenida de Los Precursores, se podrá reacondicionar esta vía para el tráfico reciente.
AVENIDA DE LA COTA MIL, proyectada más como paseo que como autopista, a pesar de sus 26 metros de ancho, bordea la falda del Avila por todo el Norte de la ciudad y será de gran utilidad para el futuro turístico. 
AVENIDA COTA 905, de 13 metros de ancho, parte de la Avenida O´Higgins (La Paz)  y llega al Portachuelo uniéndose con La Autopista de Este a Oeste.
VIA ATLANTICO A PALO GRANDE  de 11 metros de ancho, parte del Atlántico para llegar a la Plaza Italia y unirse con la Avenida San Martín dando salida a los barrios del Calvario y alrededores. 
REACONDICIONAMIENTO CALLE LOS FLORES, que seguirá casi en su totalidad al trazado actual, será una vía de tránsito industrial. 
REACONDICIONAMIENTO CALLE SIMÓN BOLÍVAR, que tendrá 15 metros de ancho.
AVENIDA LINCOLN será reacondicionada cuando estén efectuados los retiros correspondientes con un ancho de 20 metros. 

CONCLUSIÓN

Termina el Proyecto del Plan con las siguientes consideraciones generales: Esta planificación tiende a resolver el problema del tránsito (circulación fácil y rápida y trae aparejadas las siguientes ventajas económicas:  a)   Economía común de dineros públicos y privados por ahorros en desgaste de maquinarias, menor consumo de combustible, reducción de Agentes Fiscales de Tránsito , disminución de accidentes personales y servicios asistenciales; b)mayor fuente de ingresos y de circulación de dinero porque multiplicará las corrientes turísticas; c)elevación de nivel de confort y placidez de los habitantes por el descongelamiento. 
El proyecto fue presentado al Ejecutivo por el Gobernador Guillermo Pacanins  para su debida consideración. El concepto del Ingeniero Pedro Pablo Azpúrua, el plan resolvería el problema del tránsito que agobia a Caracas y a los caraqueños. La solución de este representaría una conquista apetecida para sus habitantes, que viven atormentados con el mismo problema en estos últimos años.    



Fuente: Transcrito  textualmente por Caracas en retrospectiva de la Revista Elite
#1378  1 de marzo de 1952 
Imágenes  tomadas del texto publicado en Elite

viernes, 20 de marzo de 2015

Las Gradillas y los Gradilleros





La esquina de Las Gradillas en “aquella Caracas” que me tocó vivir y que tratamos de enfocar para nuestros amables lectores, algo así como un balcón dedicado al culto de la personalidad, la juventud y el amor. 

Si Cupido realmente tenía alas, debía haber revoleteado en Las Gradillas todos los días de trabajo después de las cinco de las tardes, toda vez que era común y corriente que los empleados del comercio, bancos y oficinas públicas se dirigieran a dicha esquina parándose en las orillas de las aceras, no solamente pendientes de las calesas, quitrines y coches de capota baja, incluyendo ya la llegada de automotores que recorrían las calles alrededor de la Plaza Bolívar, sino del paso de las señoritas que formando alegres grupos se dedicaban a visitar las tiendas del Pasaje Ramella, hacia la esquina de San Jacinto, o, las ubicadas hacia la esquina de Sociedad. Como es de fácil comprensión este ajetreo de uno a otro lado no pasaba de curiosear las telas y figurines contentivos de los modelos de última moda, así como la solicitud de una “tirita” que sirviera de muestra a mamá o tía; de lo que se trataba era exhibirse cada día con sus variados vestidos, sombreros y sombrillas ante los jovencitos de su preferencia.

En la esquina de Las Gradillas, diagonal con el Palacio Arzobispal, se iniciaba el edificio llamado “Pasaje Ramella” compuesto de una serie de locales comerciales que tenían a su frente un corredor o pasillo, similar a los existentes en “El Silencio”, estos locales cubrían tres cuartas partes de la acera norte hacia la esquina de San Jacinto, al Este. El segundo piso de esta edificación tenía su entrada al frente de la Plaza Bolívar, estando ocupado por oficinas o depósitos independientes de los locales comerciales. En el local de la esquina funcionaba una panadería y pastelería muy acreditada, propiedad del doctor Francisco Guzmán Alfaro, quien también era director en el banco de Venezuela. Conocimos este negocio regentado por un señor Luis Valladares, afable y risueño presentaba toda clase de atenciones a la numerosísima clientela consumidora del afamado pan “francés y sobado”, fabricados en diferentes tamaños y pesos desde un centavo, una locha, 0.25, 0.50 y un bolívar. El pan del día anterior se vendía a Bs. 1.50 el kilo. Cada dulce de pasta, merengue, relleno de guayaba o crema, etc. a 0.25. Las acemitas, besitos, polvorosas, etc. a un centavo.



Fuente:"La Caracas que conocí"
Francisco A Moya Martinez 

lunes, 1 de septiembre de 2014

CALLE NORTE 1

“Se inicia de Las Madrices a Ibarra, cuadra donde existió una antigua casa de dos pisos, como se acostumbraba en aquella época, al traspasar el zaguán se encontraba un amplio patio con el segundo piso a su alrededor. Este patio había sido techado instalando en él maquinarias para la fabricación de los cigarrillos marcas “Doble águila” y “Sport”, cuyo propietario era don Enrique Quintana. El señor Quintana había nacido en la Isla de Puerto Rico y le era común mencionarlo, esencialmente cuando iracundo se refería al proceder de don Luís Bigott que como venezolano, según él, no debía haber vendido su fábrica de cigarrillos “Bandera Roja” y Bigott a la América Tobaco Co. En la acera del frente en otra gran casa la firma de Juan Manuel Díaz & Cía. estableció su mayor de mercancías secas, como denominaban la importación de telas. Esta acreditada firma era propiedad de “Liverpool” elegante tienda establecida de Gradillas a San Jacinto, al frente del pasaje Ramella. 


De Ibarras a Maturín, una de las primeras librerías que inició en Caracas las ventas de colecciones pagaderas por cuotas y entregadas semanales, fue la editorial “González Porto”, de origen chileno. Don Vicente Vadllalo, nuestro amigo, en esa oportunidad inició con bastante éxito la oferta de las obras completas del eminente escritor venezolano don Andrés Bello.
En la esquina de Maturín funcionaba el Garage “Solex” de don Henrique Sapene, y en la pared adyacente a la puerta de entrada recordamos haber visto una placa de metal indicando que en esa esquina se había construido la primera casa de la ciudad. De Santa Bárbara a la Fé una congregación religiosa estableció el colegio para señoritas “Sor Teresita de Jesús”, por cierto muy mal ubicado, toda vez que en la acera del frente aún funciona una casa de “citas”. Han sido muchas las personas que han solicitado su clausura sin haberlo logrado ya que parece formar parte de una cadena que incluye el llamado hotel Punceres y otro en la esquina de Abanico. Cosas de la democracia. 

En la esquina de La Fe la Capillita de La Trinidad, con la curiosidad de tener en la puerta de entrada un cepillo, así llamaban las bandejas para recoger la contribución de los fieles que concurrían a las misas los días domingos. Este de la Capillita estaba representado en un monaguillo de cuerpo entero, con su hábito blanco, simulando encajes, tanto en su borde como en el puño de las mangas. Este hábito estaba cubierto con una capita roja en los hombros. Con las dos manos sostiene una bandeja con su ranura al centro para recibir las limosnas de los fieles.

De la esquina de La Fe a Remedios y Las Brisas, cuadra donde vivimos en unión de mi madre; muy presente tenemos aquella mañana del año 1928 en que al despertar, mi madre angustiada me dice: “Francisco, que noche!!!... ¿qué pasa? le contesté… Mira, toda la noche fueron tiros de fusil y revólveres por ese barranco, al paso en el Cuartel San Carlos, y yo toda la noche sin dormir, rezando para que no te despertaras; y ¿por qué?, le dije. Yo temía que si te despertaras saldrías a imponerte lo sucedido”

Fuente: La Caracas que Conocí de 
Francisco A. Moya Martínez. 

lunes, 25 de febrero de 2013

Esquina Platanal


Al oeste de la Plaza de Candelaria se extendía antiguamente una ciénaga, razón por la cual ese lugar tardó mucho tiempo en desarrollarse.

La humedad de la zona fue propicia para que allí subsistiera por muchos años un platanal, que aún parece verse en el Plano de Caracas de 1852, Lisandro Alvarado dice que los autores antiguos “usan la grafía platanar, que es la ordinaria ortografía”. El mismo autor menciona diversas variedades de banano, Musa Paradisíaca  como el dominico, “así llamada según Oviedo, por el fraile dominico Tomás Berlangas, quién de las Canarias trajo esta planta a América en 1516…” citado por Humboldt en su Distribución Geográfica de las plantas…”

Con respecto al nombre del plátano, citado Alvarado a José de Acosta, quién en su historia natural y moral de las indias, escrita en 1590, dice : “En lo que me parece que debieron hallar semejanza entre estos plátanos de Indias y los plátanos que celebran los antiguos, en la grandeza de las hojas”. Llaman en Europa plátano un género de la familia de las platanáceas, árboles que llegan a los doce metros de alto, con corteza blanda y hojas grandes.

La Nomenclatura Caraqueña
Rafael Valery / Ernesto Armitano Editor.

Esquina de Platanal, Av Urdaneta ( Angulo Noreste) año 55/ Alfredo Cortina

Esquina de Platanal, Av Urdaneta ( Angulo Suroeste) 50/Alfredo Cortina


viernes, 1 de abril de 2011

Esquina de Punceres:

Esquina de Punceres:



"En 1703, la viuda del capitán Don Baltasar de Soto, heredero de las tierras que fueron concebidas al Licenciado Pedro Vicuña para edificar la iglesia de La Candelaria, pidió que esta cuadra le fuera recompensada con otra, “cerca de la casa del sargento Nicolás Punzel”.

El Sargento Nicolás Punzel y Mantilla era vecino de Caracas desde finales del Siglo XVII; tenía su casa del otro lado de Catuche, y una curtiembre para corambre. Con ayuda de los vecinos, construyó él mismo el puente para facilitar el paso, obstaculizado por el gran barranco donde se juntaban las quebradas de Catuche y la Trinidad; el costo de la obra fue de setecientos treinta pesos. Este puente fue construido en 1775, en tiempos del Gobernador Agüero.

También existió allí una fuente de agua construida por el mismo Punzel, y al final de la calle se alzaba una cruz, que la gente comenzó a  llamar de punceles. En 1811, en las actas del Cabildo, se encuentra una referencia a “la quebrada de punceles”- Con el tiempo el nombre fue modificándose a Punceres, que es el que hoy se da a la esquina.

Fuente:
Rafael Valery
La Nomenclatura Caraqueña
Pág. 279-281

sábado, 12 de marzo de 2011

Esquina Jesús

Esquina Jesús:



"El nombre completo de esta esquina era de Jesús, María y José y se debe a que el 30 de julio de 1768 Don Simón Marciano de Malpica, Tesorero de la Catedral de Caracas, presentó el proyecto de fundar allí el “Colegio de Jesús, María y José” para niñas huérfanas desamparadas, tanto blancas como de color, desde 6 hasta 15 años. El 16 de mayo de 1769, desde Aranjuez, el Rey mandó tasar las casas que el prebendado ofrecía para la fundación. Este establecimiento estuvo prestando servicios hasta 1776.

Don Arístides Rojas dice que la esquina se llamó de las Cabezas, por Rafael Irazábal, dueño de una carnecería y tasajera en Caraota, “Tras de las Cabezas” Enrique Bernardo Núñez piensa que muy probablemente se arrojaban allí las cabezas de las reses beneficiadas: Hacía 1850, a la vecina Plaza de Capuchinos era un lugar pelado donde los carniceros botaban huesos de ganado. El Plano de la Ciudad Mariana de Caracas, el Obispo Madroñero, da a esta cañada el nombre de la Ovejas."

La Nomenclatura Caraqueña /Rafael Valery
pág.196

Esquina Coliseo

Esquina Coliseo:



El Cronista Núñez narra que el primer Coliseo, patio central o corral de comedias de Caracas, data del 4 de mayo de 1784, cuando el Gobernador Don Manuel González Torres de Navarra comunicó al Cabildo que, “ estimulado por la felicidad de esta República le ha proporcionado de sus propias expensas, sin gravamen del público, un Coliseo” su ubicación estuvo de Conde a Carmelitas, en un solar de Don Fernando Ignacio de Ascanio, futuro Conde de la Granja, a quién el Gobernador cuidó poco de pagar sus alquileres, dejando de cancelarle por tres años.

A los regidores no les hizo gracia el nombre del Teatro, que era el gran anfiteatro de Flavio en Roma, y en 1789, al discutir el programa de las fiestas de la jura de Carlos IV, dijeron que “ el Coliseo no merece realmente el nombre de tal por estar construido en un solar nada cómodo y decente” El Cabildo deseaba que las comedias se representaran en la Plaza, a fin de que pudiera concurrir la mayor parte del vecindario, y a demás temían que ocurriera tropeles y desgracias “ por el continuo temblor y crujimiento de las maderas en que está construido todo lo que llaman Coliseo. Como acaeció una vez en 1788.

Desde 1808 hasta 1812, el Teatro pasó por varios arrendatarios, sin mayor éxito, hasta que el Terremoto de 1812 bajara el telón para no levantarse más. En septiembre de 1813 sirvió de Cuartel de Caballeriza.

Luego nació en la Esquina de Veroes, en el solar de Don Vicente Ibarra: el Teatro Caracas, llamado Coliseo de Veroes. El Real Consulado se negó ceder el solar, y en vista de ello Blanco consiguió el solar de la gallera en la esquina de Doña Margarita Sanabria o de los Sanabria, para instalar el nuevo teatro Provisional, mientras se le permitía reconstruir el antiguo. Tenía una puerta muy angosta y estaba rodeado de paredes desplomadas, “de rincones excusados donde podían cometerse todo género de crímenes”, pero el Gobernador interino, Don Ramón Correa, autorizó la apertura del nuevo Coliseo, en la esquina que desde entonces lleva este nombre, “ en una época en que Caracas presentaba un cuadro desolador”

Diez años más tarde, el 13 de octubre de 1828, el Libertador Presidente de Colombia, desde Bogotá, concedía a José María Pone y Antonio Cardozo privilegio de 15 años del Teatro Caracas, con la obligación de dar funciones a beneficio de los hospitales. Los privilegiados se desentendieron de esta obligación, y en 1837 el Municipio pidió derogar el Decreto de Bolívar.

Pero Caracas deseaba cada día un teatro más cómodo, y cuando Páez, asumió la Presidencia de la República el 1º de febrero de 1844, Ramón Díaz e Ignacio Charquet presentaron el proyecto elaborado por el Ing. Redd para construir un teatro en el solar del antiguo Hospital de San Pablo, pero este proyecto debió esperar hasta el Gobierno de Guzmán Blanco.Los planos de Caracas hasta 1856 aún identifica la esquina como de la Sanavria, el de 1875 ya trae Coliceo, y el de 1889, Coliseo. En época reciente, el recuerdo del célebre corral de comedias fue revivido al cambiársele el nombre a un cine situado en las cercanías, entre las esquinas de Peinero a Pájaro. La sala, perteneciente a Don Antonio Pimentel, gran amigo y compadre del General Juan Vicente Gómez, era llamado “Teatro Pimentel” , y a raíz de la muerte de Gómez fue rebautizada “Teatro Coliseo” .-

Fuente:
La Nomenclatura Caraqueña
Rafael Valey
Pág. 150-151

sábado, 26 de febrero de 2011

La Esquina de Angelitos.

Esquina de Angelito y Parroquia San Juan

Esquina de Angelito

El nombre de esta esquina posiblemente viene de los tiempos del Obispo Díez Mandroñero y su piadosa nomenclatura, pero el costumbrista Lucas Manzano refiere esta picaresca historia:

... en aquel lugar de la Ciudad, despoblado para 1830, tenía el General Páez cierto interés en invadir predio ajeno, cuyo dueño tenía fama de hombre de malas pulgas, y nada escaso de valor para cobrar ofensas en su honor.

Eso lo sabía el Aquiles de las Queseras, pero como antes una mujer de esas que quitan el hipo el miedo no existe, y de manera especial cuando se tienen colaboradores que despejen el campo, el General Páez iba de cuando en vez donde la dama, dejando, por si algo ocurría, a la entrada del callejón, asus edecanes, veinte jinetes bien montados....

La presencia allí de aquellos guardianes capaces de hacerse matar en defensa de su jefe, motivó el que los bromistas signasen la esquina con el mote de los Angelitos...

De ser cierta esta historia, es posible también que el humor popular aplicara a estos hombres el nombre que ya tenía la esquina .

El plano de Caracas de Jesurún, en 1843, le da el nombre de los Angelitos de la Pilita, y es probable que existiese allí una fuente pública con estas imagenes esculpidas o pintadas. En los sucesivo, todos los planos de Caracas traerán solamente " Los Angelitos"

Fuente: Rafael Valery
"La Nomenclatura Caraqueña"
pág.122

sábado, 12 de febrero de 2011

La diabólica nomenclatura caraqueña

La diabólica nomenclatura caraqueña

Esquina de Angelitos
El Silencio
RUBEN MONASTERIOS

Las calles de Caracas tienen nombres, pero más allá de los carteros bien experimentados muy poco sabemos de ellos; desde tiempos remotos los caraqueños preferimos el complicadísimo sistema de dar referencia de una dirección a partir de las esquinas; si usted quiere llevar a la locura a un infeliz que no sea Caremis u otro de los escasos caraqueños viejos que restan por ahí, dígale que debe ir a un lugar localizado entre las esquinas de Candilito a Tablitas; pero ésta es apenas una de las tantas fuentes de confusión de la nomenclatura de nuestra capital.
Caracas no dispone de numeración consecutiva para identificar los inmuebles; suplimos su ausencia asignándole nombres a los edificios, sistema impráctico, que nos obliga a recorrer largos tramos de avenidas en una y otra dirección hasta encontrar el inmueble en cuestión, ¡bueno!, esto en el caso de conservar el rótulo con el nombre que lo identifica. Conozco un edificio que originalmente se llamaba San Casimiro; el rótulo fue perdiendo letra tras letra y hoy se llama Miro.
Y suponemos que para llegar al edificio usted debió, primero, localizar la calle; asunto improbable en Caracas, por cuanto el inmueble que formaba esquina y donde estaba la placa de identificación de la calle, pudo haber sido derrumbado para erigir uno nuevo, y el constructor "olvidó" volver a colocar la placa al terminar el trabajo. En cualquier otro lugar del mundo civilizado el constructor sería multado por las autoridades de la ciudad a causa de esa negligencia; en Caracas no se presta atención a esos pequeños detalles.
En Caracas las calles y avenidas parecieran sufrir de complejo de identidad, en razón de lo cual cambian súbitamente de nombre. En algún lugar la primera avenida de La Castellana se convierte en la quinta avenida de Altamira, y no satisfecha con ello, más adelante cambia su denominación por la de cuarta transversal de Los Palos Grandes.
Contribuye a la confusión la repetición de nombres; a veces se debe al amor que por su terruño natal sienten los constructores, lo que da lugar a innumerables edificios llamados Doral; otras veces el fenómeno responde al fervor religioso; de aquí la cantidad inconcebible de quintas llamadas San Judas Tadeo y Coromoto; otras, al fervor patriótico. Recuerdo el caso de un folleto editado por una agencia turística extranjera que advertía a los usuarios respecto a las direcciones que incluyeran el nombre de Bolívar: "En Venezuela todo se llama Bolívar", decía.
Los caraqueños encontramos una especie de perverso placer en poner a prueba la paciencia, perseverancia y agudeza visual de aquellos invitados a nuestra casa. Sugiero al amable lector tratar de localizar una dirección en una urbanización caraqueña en horas nocturnas: puede ser una auténtica misión imposible.
Supongamos que llenó el primer requisito, esto es, encontrar la calle en dicha urbanización; a partir de aquí, le concierne la penosa tarea de recorrer la calle varias veces hasta localizar un rótulo que pareciera ser el nombre de la quinta; y ahora trate de leerlo: es muy probable que sea demasiado pequeño, que no esté iluminado, que este cubierto por una frondosa enredadera o escrito en una caligrafía tan sofisticada que no se puede descifrar...

El asunto parece gracioso, pero, según los expertos, este caos nomenclatural conlleva serios problemas económicos y de salud pública; lo primero, por la enorme cantidad de horas útiles que se pierden en la búsqueda de direcciones; lo segundo, porque el caos urbano es una de las principales fuentes de estrés del caraqueño.

EL NACIONAL - DOMINGO 25 DE JULIO DE 1999

martes, 31 de agosto de 2010

Esquina del Conde

DEL CONDE



Dos eran los condes de título nobiliario que vivían en la esquina de su nombre: Don Antonio Pacheco conde San Javier y Don Fernando Ignacio de Ascanio conde de La Granja.

El conde de San Javier, vivía desde el año

de 1732 y el conde de La Granja desde 1795. La casa de los Condes de La Granja estaba situada en el ángulo sureste de la actual Esquina del Conde y fue por muchos años propiedad de la familia Boulton. Don Fernando Ignacio de Ascanio, Conde de La Granja, asistió en unión de Manuel Marcano, ambos reconocidos realistas el año de 1814, al pueblo del Valle a entrevistarse con el terrible Boves, siendo fusilados en la calle en el sitio del rincón del Valle, por las tropas del temible guerrillero. Su cuerpo fue enterrado el día 10 de julio del mismo año en la Catedral de Caracas, con el hábito de La Merced.



Los cronistas dicen con justa razón que la "Esquina del Conde" debía llamarse en propiedad de "Los Condes", pues frente a la casa solariega del Conde de San Javier, estaba situada la del Conde de La Granja. Hacia el norte estuvo situada la casa de los Condes de Tovar, cuyo título les fuera concedido el año 1771.

La casa fue reconstruida en 1785, y hoy está transformada en Edificio de Correos. La casa del Conde de La Granja fue luego mansión de Oviedo y Baños, el autor de la primera "Historia de la Provincia de Venezuela". Luego fue destruida y en sus terrenos se construyó el "Pasaje del Capitolio", que toma su nombre del teatro del mismo nombre allí situado.

La del Conde de San Javier, propiedad de Don Antonio Pacheco antes de su total destrucción, estuvo en ella "La Imprenta Nacional", después "El Eco Venezolano" y por último "El Nuevo Diario", órgano de la dictadura gomecista.



En esa casona se instaló la Junta Suprema de Caracas, conservadora de los Derechos de Fernando VII, el 20 de abril de 1810; y

un año más tarde, -1.811- se congregaron en sus salones los Diputados del Primer Congreso de Venezuela.

Y esta es la "Esquina del Conde". Su historia queda relatada en las viviendas de la aristocracia criolla que obtuvo sus títulos nobiliarios, gracias a las numerosas haciendas que poseían, trabajadas por mano esclava.

Una memoria de Caracas