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martes, 20 de diciembre de 2011

Los Cañonazos y los Cuarteles

El Cañonazo de San Silvestre
Desde  San Carlos

Por las reminiscencias de don José García de la Concha- que merecieron las mayúsculas de un sabroso volumen – sabemos que era muy raro el caraqueño que decía:
-Voy a esperar el año en tal o cual parte.
Por lo regular siempre hablaba de el cañonazo.
Por ejemplo:
-Yo esperaré el cañonazo en la Plaza Bolívar, en la Santa Capilla o en casa.
Recordando épocas que remontan a su infancia. Don José- tan enamorado de la nativa ciudad de perdurable torre blanca, techos rojos y azules lomas- nos contaba en la paz del Museo de Arte Colonial la historia de un cañón maravillosamente usado en una alegre guerra… Un cañón  con nombre, y con acusada personalidad, que solamente disparaba alegrías y emociones y merece los honores de un museo como reliquia caraqueña y, precisamente, como cañón de paz:
“ En el antiguo cuartel de la Trinidad, en el antiguo cuartel San Carlos, en el ángulo que mira al sur-este se instaló un grande y viejo cañón de épocas remotas, negro, solo, era como el vigía de la Ciudad, todos lo respetaban y querían, era como un símbolo para crear un museo.

El Cañonazo desde la Planicie

Volviendo al cañón así recordado por don José…. “ Este cañón era familiar entre los caraqueños. No había quién no lo conociera. Tenía su personalidad. Y había chicos que lo llamaban La Cochina, otros la Verraca y como solo se dejaba oir su voz en la Plaza Bolívar en Año Nuevo o fiestas nacionales, le decían también  La Casaca. Y de ahí se originó un conocido estribillo de
La Cochina,
La Verraca,
La Casaca
é tu papá.

Para la generación finisecular de don José era inolvidable la famosa resonante cochina que daba el estampido de media noche en el Año Nuevo: “ Todos la esperábamos; al día siguiente eran romerías de muchachos los que nos llegábamos hasta el San Carlos a ver, oler y tocar el consabido monstruo y a preguntarle al centinela cómo lo habían cargado, como lo habían prendido, cuanta gente mató, si se oyó fuerte y tantas cosas que preguntaban los chicos”

Desde 1910 cuando se levantó en la Planicie La Escuela Militar, se instalaron en preeminencia tan caraqueña dos viejos cañones para las salvas de ordenanza y a ellos se les encomendó el insustituible cañonazo de Año Nuevo, que daba la hora de dar los abrazos.      

Caremis en su libro
“Plaza Bolívar Corazón de la Patria”
Pág. 43 y 44.

Cuartel San Carlos




martes, 24 de mayo de 2011

La Estación de Ferrocarril Central

Podriamos decir que de los ferrocarriles de Caracas, el más pobre era el Ferrocarril Central, que muchas veces tenía que funcionar con leña por no tener carbón. Pero es indiscutible que esta empresa se daba el lujo de tener la mejor estación. Montada en edificio cónsono para su finalidad, cómodo, elegante.

Mister Ross, quién la construyó imitando las estaciones de ferrocarril de San Petesburgo Moscu donde el trabajó, era un inglés, solterón, enemigo acérrimo del matrimonio y no porque fuera enemigo de las mujeres, no, él era muy fino y cortés con ellas y hasta enamorado, que era el musiú. Lo que le pasaba es que él, sustentaba la idea que el matrimonio debia ser, no ceremonia pública, sino un acto privado entre hombre y muejer, convenio celebrado entre los padres y las autoridades.

El Ferrocaríl Central era el más antiguo de Caracas, pertenecia a una compañia inglesa, y en su accidentada vida tuvo muchos adminitradores, siempre de esta nacionalidad, hasta su nacionalización en 1940.

La Estación de Ferrocarril  Central era cómoda, espaciosa, tenía un gran salón de espera, con largos y cómodos bancos, los que también se encontraban en el andén. Allí se respiraba un ambiente verdaderamente ferroviario, se sabia que uno estaba en una estación de ferrocarril,  aunque los viajes fueran más bien paseos.

Muchas veces nos ibamos a la estación solo por la distracción romántica, más que por curiosidad de ver quién iba o venía. A la derecha teníamos  un bar bien provisto de buenas bebidas, sandwiches, dulces y caramelos.

Para mí era una delicia de noche, tomar el tranvía del Central en la Plaza Bolívar y después de recorrer la Calle Real de la Candelaria saludando a tanta cara bonita, llegando a la esquina de Alcabala que el motorista metía lo que llamaba los "ocho puntos" y como alma que se lleva el diablo, pasábamos por el "paradero" para terminar en la estación donde  nos bajábamos,  tomábamos una cerveza fría y cuando llegaba el último carro  que llamaban "la orden" eran ya pasadas las diez y entonces nos regresábamos sólo con el desconsuelo de que la mayor parte de las ventanas estaban cerradas.

¡ Oh querida estación, vieja amiga de nuestros mejores días!  ¡ Cuántas cosas se van contigo, pero siempre vivirás en el recuerdo de los que tuvimos la dicha de conocerte y amarte !

Fuente: Reminiscencias / José García de la Concha
1962



1885, en Londres,/ Gran Bretaña, el Gral. y presidente venezolano Antonio Guzmán Blanco firmaba con una empresa inglesa un contrato para la construcción del Ferrocarril Central de Venezuela, entre las ciudades de Caracas y Valencia, por la vía de Santa Lucía.

Su primer tramo, de Caracas a Petare, fue inaugurado el 4 de septiembre de 1884 pero múltiples problemas retrasaron su culminación hasta 1910, cuando el tren pudo llegar hasta la población mirandina de Santa Lucía.

La estación Caracas estaba ubicada en Quebrada Honda y recorría hacia el este hasta empalmar con Petare y continuar hacia los valles del Tuy. Durante mucho tiempo fue el medio utilizado por los caraqueños para sus paseos hacia el salto de Los Chorros.