viernes, 18 de marzo de 2011

Historia de las Avenidas de Caracas




La Iglesia sigue de pie
" Con esa frase nos referimos irónicamente a la Iglesia de Corazón de Jesús, que pareciera afectada por las demoliciones que actualmente se realizan en los alrededores para abrir paso a la Av Norte Sur 7 , pero en círculos autorizados ya se ha decidido : Sigue de pie, no será demolida. " 
Elite 1955




HISTORIA DE LAS AVENIDAS DE CARACAS


Quién fue Maripérez? ¿y Baralt? ¿y Lecuna? Todos los días las cruzamos, apretujamos nuestros carros entre sus aceras, las pateamos, las rodamos, las odiamos en las horas pico, las adoramos los domingos, pero sobretodo, las aprovechamos sin saber por qué llevan esos nombres, quién se los puso y por qué. Quienes son esos seres humanos que nos ubican o nos pierden en esta caótica metrópoli.

Las avenidas de Caracas y sus calles tienen la virtud —para muchos, la desventaja— de tener personalidad. Nada de Este 13 con Norte 4. Esa frialdad no se la permitieron los primeros caraqueños cuando localizaron las calles por los curiosos nombres de sus esquinas: “de Pinto a Miseria”, “de Gradillas a San Jacinto” y dejaban prendada en las direcciones de aquellas cartas un cúmulo de historias menudas de la ciudad.

Cuenta el cronista Enrique Bernardo Núñez en su libro La Ciudad de los Techos Rojos, que en 1766 el obispo Diez Madroñero intentó cambiar la nomenclatura colocando nombres que tenían relación con la vida de Cristo: Encarnación del hijo de Dios, Del nacimiento del niño de Dios, Del dulce nombre de Jesús... De esos sólo sobrevivió el de la calle de La Amargura, que queda en Antímano.

Después de la Independencia, en 1811, la municipalidad de Caracas, inspirada en la Revolución Francesa, intentó ponerle denominaciones a las vías más triunfalistas, acorde con los nuevos tiempos: calle El Comercio, primavera, Leyes Patria, Ricaurte, Verde, Triunfo, Ciencias, Fertilidad, Unión, Agricultura... Pero la gente siguió imponiendo la tradición y las llamaba con sus antiguos nombres.

De Norte a Sur

Otro intento por variar la toponimia surgió en 1876, cuando el cronista Arístides Rojas y Cesáreo Rojas propusieron un plan para hacer una nomenclatura oficial que acabara con la mala costumbre, decían ellos, provinciana, de llamar a una calle “de La Pelota a La Marrón”.

La recomendación fue aprobada y ese año firmaron un contrato con la Gobernación de Caracas, en el que se les autorizó a dividir la ciudad de entonces en forma de cruz, siendo el eje la torre de la catedral de Caracas. Fue así como se identificaron las calles aledañas a la plaza Bolívar de acuerdo con la posición en la que se encontraban con respecto a los puntos cardinales que establecía el monumento: avenida Norte 2, avenida Este 7, Oeste 11. De esa iniciativa, hoy sobreviven algunos nombres, pero las Sur son las más conocidas. “Esa fue la primera vez que se les llamó avenidas”, apunta el cronista de Caracas, Guillermo Durand.

A partir de la transformación de la capital en la década de los cincuenta, las avenidas empezaron a tomar cuerpo. “En el casco de la ciudad se realizaron innumerables ensanches de calzadas y aceras por retiros de inmuebles, y la mayoría de sus calles fueron cubiertas con capas de asfalto. Millares de inmuebles fueron adquiridos y demolidos total o parcialmente durante el período comprendido entre el año 1951 y 1957”, escribió Guillermo Pacanins en el libro Siete años en la Gobernación del Distrito Federal.

Ya en los años sesenta, los nombres de personajes del siglo XIX comenzaron a incorporarse a la ciudad y a sustituir, en la mayoría de los casos, la fría nomenclatura de los puntos cardinales. A la Norte-Sur se le dio el nombre de Rafael María Baralt, en 1961, en honor al escritor e historiador zuliano (1810-1860). A la Este-Oeste 4, el de Universidad (1959), porque allí quedaba la sede de la Universidad Central de Venezuela en lo que hoy se conoce como el Palacio de las Academias. La Este-Oeste 1 pasó a denominarse Urdaneta en 1953, por el zuliano prócer de la independencia (1788-1845).

La avenida Presidente Medina fue inaugurada durante el régimen del General Marcos Pérez Jiménez.

Ya para entonces existían las avenidas O’Higgins (1938), Abraham Lincoln (1942), Andrés Bello (1949), José Antonio Mohedano (1945), Roosevelt (1946), Nueva Granada ((1949), La Salle (1952), La Morán (1954), Fuerzas Armadas (1956), Páez (1956) y la Isaías Medina Angarita. Posteriores fueron la avenida Colón (1962), la Francisco Fajardo (1969), la Vicente Lecuna (1970), la Boyacá (1970) y la José María Vargas (1971).

Una historia por detrás

Nombres y más nombres que a las nuevas generaciones de caraqueños dicen poco. Es muy probable que quienes suelen cruzar La Castellana por la Mohedano no sepan que José Antonio Mohedano, el padre Mohedano, fue el primer párroco de Chacao. Igual debe ocurrir con los que a diario atraviesan la congestionada avenida Lecuna. El caraqueño que prestó su nombre a la vía fue ingeniero, banquero, educador e historiador, pero sobre todo fue quien conservó el archivo de Simón Bolívar, promovió la reconstrucción de su Casa Natal y editó la documentación del Libertador.

Los capitalinos nunca se acostumbraron a llamar César Augusto Sandino —el mártir nicaraguense— a la avenida principal de Maripérez, denominada así en 1959. Aunque el diminutivo de la criolla María Pérez no les decía mucho, se impuso su nombre y su historia: la anciana caritativa que vivía en Caracas cuando ocurrió el terremoto de 1641, y que era poseedora de considerables bienes de fortuna, entre ellos, la encomienda de la zona donde hoy queda Maripérez, se encargó de ayudar a mucha gente.

Igual ocurrió con la avenida Victoria, llamada así a raíz del triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Una vez derrocado el dictador Marcos Pérez Jiménez, en 1958, trataron de cambiarle el nombre por el de Isaías Medina Angarita, pero la tradición volvió a ganar una. El caso se repitió con la Cota Mil, oficialmente llamada avenida Boyacá, y la Cota 905, avenida Guzmán Blanco, que une a Santa Rosalía con El Paraíso y La Vega.

De Francisco Solano López, poco se sabe: que fue presidente de Paraguay en el siglo XIX, pero no existe la certeza de por qué le pusieron su nombre a la hoy concurrida avenida de la parroquia El Recreo. Tampoco está confirmado el origen del nombre de la avenida Casanova. La única relación cercana que existe es que Manuel Vicente Casanova fue uno de los dueños, junto con los Ibarra, de la hacienda San Diego, antiguo nombre de la hacienda Ibarra, comprada en 1943 por Medina Angarita para construir allí la Ciudad Universitaria.

Así, el relato puede seguir, hasta el infinito, sobre los personajes que honran el mapa de Caracas. La ciudad tiene un pasado riquísimo desconocido por sus habitantes. Está llena de personajes y fantasmas por todas partes. Cuando esté en una de esas obstinadas colas de vehículos, a las 6:00 pm, llame a un amigo y pregúntele quién fue el Morán que ahora une a La Quebradita con el 23 de Enero o el Luis Roche que cruza de arriba a abajo Altamira, y constatará cuán ignorantes somos de la historia de nuestra ciudad.

martes, 15 de marzo de 2011

Caracas, la verde

Caracas, la verde

César Baena *

Una de las cosas que sorprende a los visitantes es lo verde que es Caracas. La primera vez que oí ese comentario en boca de un amigo que venía por primera vez, quedé sorprendido. Pero con eso pasa como con las cosas que vemos a diario: nos acostumbramos a ellas y dejamos de apreciarlas. Pero es cierto. Cada trozo de construcción está cruzado por una gota de verde, como si un pintor alocado hubiera salpicado su lienzo con escupitajos verdes. Y esa es una de las maravillas de esta ciudad, su carácter espontáneo.

En esa onda de verle lo positivo a las cosas (tan en boga en tiempos de crisis, y auspiciada por los talleres de crecimiento personal; lo de la mente positiva, ¿les suena?), lo que más viene a cuento es eso del verdor de nuestra ciudad, tan vilipendiada por constructores improvisados y con ganas de hacerse ricos en corto tiempo (todavía añoran los años sauditas en que el gobierno otorgaba contratos para obras a diestra y siniestra), por alcaldes ecocidas de gusto arrabalero, capaces de aceptar que cualquier empresa dispuesta a hacer publicidad tapice los tinglados, monumentos y avenidas de su triste burgo, todo bajo la complacencia de representantes del gobierno que se debaten entre la ineptitud y las penurias de los presupuestos recortados. Me vienen a la mente, más bien a los ojos y a la nariz, las veces que recorriendo la Cota Mil, esa autopista perfectamente adaptada a la geografía irregular y sugestiva de la ciudad, he visto un autobús dejando una estela de pestilente humo. Si solamente el Ministerio del Ambiente pusiera en funcionamiento un número de emergencia, donde los pobres ciudadanos pudiéramos denunciar con el número de placa del infractor esas agresiones. De nada sirve tocarle la corneta al conductor del autobús. Es en vano perseguirlo hasta estar cerca y poder mostrarle con un gesto desesperado que no es posible que esté botando ese excremento por el tubo de escape. No entiende nuestro gesto, ni nuestra indignación. Para él es como si dejar esa estela grisácea en medio del verdor de la montaña fuera parte del acto de conducir. Y al final es él el que termina lanzándonos improperios a nosotros.

A esta lista de facilitadores del desastre se agrega una legión de arquitectos sin la mínima intención de crear obras adecuadas al trópico. Por fin ahora se han puesto de moda los restaurantes al aire libre, en terrazas que se sirven del clima benigno y del paisaje inolvidable de una ciudad donde se desdibuja la línea divisoria entre urbe y naturaleza salvaje. Hace algunos años, no muchos, la mayoría de los restaurantes en boga albergaban temperaturas casi polares, me imagino que para justificar atuendos más adecuados a urbes norteamericanas o europeas. Ello, para desconcierto de visitantes extranjeros que buscaban disfrutar de una cena al aire libre. Se olvidaba, claro está, que en los días de verano en la mayoría de las ciudades de latitudes nórdicas, lo propio es cenar a la luz de la Luna o de las estrellas, espectáculo del cual podemos aquí disfrutar todas las noches. Pero creo que ese empeño por crear restaurantes en espacios cerrados, refrigerados hasta más no poder, ha cedido a la cordura y Caracas está reconciliándose, por fin, con los aspectos más agradables de su condición tropical.

Y es que la naturaleza de la ciudad insiste, a pesar de todo, en ser más terca que la torpeza de sus habitantes. Y así, Caracas persiste en su verdor, con la tenacidad de quien sabe que tiene la razón. No estaría mal que a Caracas se le llegara a conocer como a Caracas, la verde, y que se mencionara así en campañas y crónicas, tal como, todas las diferencias del mundo salvadas, Rosa Luxemburgo pasó a la historia como Rosa la roja. Cuestión de apodos.

* Profesor del IESA
El Nacional  2 de mayo de 1999

Conciencia de lo caraqueño

CULTURA
1998

ARQUITECTURA
Conciencia de lo caraqueño
WILLIAM NIñO Araque


Wallis, Domínguez y Guinand, la exposición que ayer se inauguró en los espacios de la Galería de Arte Nacional, nos somete ante universo estimulante de una conciencia histórica fraguada entre los años 25 y 49. Un tiempo de transición, todavía por descifrar, durante el cual actuó toda una generación de arquitectura cuya actitud libre pensadora, abrió el campo de la primera modernidad. Desprevenida e inocentemente, actuaron en la construcción del país que todos queremos y en la definición del primer rostro de la ciudad del siglo XX. De este capítulo heroico, además de una historia por descifrar, queda el legado asombrosamente desconocido de un amplio número de edificaciones ligadas todas al entrañable patrimonio de la caraqueñidad.

Guinand Sandoz, concluye sus estudios de Ingeniería en Alemania (1913) especializándose en Arquitectura. Luego de un período de incorporación al país, inicia activamente su trayectoria con la realización de una serie de casas en El Paraíso, en la naciente urbanización El Country Club, y en un número de edificios públicos, hospitalarios, experiencias obreras y paisajísticas, que lo colocan a la distancia del tiempo en un nivel de altísimo prestigio internacional. Su alejamiento del país le marcó a su regreso un profundo interés por el paisaje y el descubrimiento de las especias vegetales, desarrollando junto con Henry Pittier, Tobía Laser y Roberto Burle Marx, una trayectoria paralela de arquitectura paisajista abrió los horizontes de la disciplina misma.
El aporte de Guinand a la configuración de una primera modernidad en Venezuela y su particular interpretación durante la transición que se desencadena de los años veinte al cuarenta, lo ubican como uno de los grandes protagonistas que introdujo la evolución del espacio premoderno. En 1925, anuncia en el paisaje urbano de El Paraíso, el vocabulario neohispanista, a través de su casa de habitación. Este ejemplo, uno de los primeros de los que se tiene conciencia en la historia de la arquitectura venezolana, comienza un capítulo de transformaciones; la ausencia de ornamentación y la jerarquía clasicista que exigió una arquitectura conservadora, da paso a argumentos regionales que intuyen una valoración funcional.

Años más tarde descubre el lenguaje Déco, que él interpretara desde un canon más convencional, relacionado directamente con la arquitecturas "nacional socialistas" que se construían en Europa. El Ministerio de Fomento (1943) es el hito arquitectónico de una intervención concebida como una obra de arte total. Su imagen se impone en el paisaje urbano caraqueño, con una nueva dimensión al reto inminente de transformación que sufría la ciudad. En él se acentúa un mayor interés en el estudio de los aspectos decorativos, ligados a la composición arquitectónica con el objetivo de lograr mayor calidad cívica a los espacios públicos. El volumen urbano insiste en la fachada continua la cual estructuraba. Un tipo de arquitectura monumental que junto con la gobernación de Caracas, proyectada por Gustavo Wallis, establece en el desafío planteado por la necesidad de una nueva escala para una estructura urbana en pleno proceso de transformación.

Ya entrada la plena modernidad, en 1956, Guinand Sandoz diseña el Observatorio Cajigal. En esta obra monumental, tardía y ciertamente desconocida actúa al igual que todos los arquitectos pertenecientes a la Primera Generación, su formación académica lo reduce a sus ideas iniciales de concebir la composición arquitectónica, a partir del basamento, cuerpo o cornisa. En este edificio, ubicado en la cima de una colina que domina todas las visuales del valle de Caracas, el espacio del vestíbulo concentrado en una rotonda palladiana, retoma la importancia de un punto focal, a partir del cual se expresaba un tipo de fluidez espacial, que irradia también hacia la geografía. Un tipo de arquitectura monumental que aparece como epílogo atemporal, acentuado por la continuidad de los materiales y detalles decorativos.

Su experiencia en la Clínica Maracay, la Policlínica Caracas y el Teatro de la Opera de Maracay, evolucionará hacia un tipo edilicio de mayor complejidad en el que se expresan los ideales de la nueva sociedad. El Sanatorio Antituberculoso Simón Bolívar (1939), corresponde a una imagen al borde de los tiempos modernos. La combinación de sus cuerpos de estructura neoplastisita se ensambla en un tipo de arquitectura académica y de acentuada monumentalidad, el edificio aparece como una construcción abierta al paisaje, resuelta entre patios sosegantes cuya torre campanario, resguarda una limpia y casi racionalista capilla, ubicada en el centro de la composición.

Guinand Sandoz fue, en efecto, un apologista que siempre propuso la asociación silenciosa entre el clasicismo, la ciencia exacta de la construcción y el afecto desmedido por la naturaleza y el paisaje. A su arduo trabajo caraqueño debemos la materialización del Parque del Este. En su recinto reposa como obra póstuma que marca su territorialidad la cúpula del Planetarium. La confianza de Guinand en las reglas universales de la arquitectura, no puede desatarse como un prejuicio personal de un creador que no ingresó a la plena modernidad, sino que debe considerarse en el fascinante universo que recreó un mundo histórico, apegado a las tradiciones y a la conciencia de la caraqueñidad.

El Nacional
28  de juñio de 1998
 

sábado, 12 de marzo de 2011

Esquina Jesús

Esquina Jesús:



"El nombre completo de esta esquina era de Jesús, María y José y se debe a que el 30 de julio de 1768 Don Simón Marciano de Malpica, Tesorero de la Catedral de Caracas, presentó el proyecto de fundar allí el “Colegio de Jesús, María y José” para niñas huérfanas desamparadas, tanto blancas como de color, desde 6 hasta 15 años. El 16 de mayo de 1769, desde Aranjuez, el Rey mandó tasar las casas que el prebendado ofrecía para la fundación. Este establecimiento estuvo prestando servicios hasta 1776.

Don Arístides Rojas dice que la esquina se llamó de las Cabezas, por Rafael Irazábal, dueño de una carnecería y tasajera en Caraota, “Tras de las Cabezas” Enrique Bernardo Núñez piensa que muy probablemente se arrojaban allí las cabezas de las reses beneficiadas: Hacía 1850, a la vecina Plaza de Capuchinos era un lugar pelado donde los carniceros botaban huesos de ganado. El Plano de la Ciudad Mariana de Caracas, el Obispo Madroñero, da a esta cañada el nombre de la Ovejas."

La Nomenclatura Caraqueña /Rafael Valery
pág.196

Esquina Coliseo

Esquina Coliseo:



El Cronista Núñez narra que el primer Coliseo, patio central o corral de comedias de Caracas, data del 4 de mayo de 1784, cuando el Gobernador Don Manuel González Torres de Navarra comunicó al Cabildo que, “ estimulado por la felicidad de esta República le ha proporcionado de sus propias expensas, sin gravamen del público, un Coliseo” su ubicación estuvo de Conde a Carmelitas, en un solar de Don Fernando Ignacio de Ascanio, futuro Conde de la Granja, a quién el Gobernador cuidó poco de pagar sus alquileres, dejando de cancelarle por tres años.

A los regidores no les hizo gracia el nombre del Teatro, que era el gran anfiteatro de Flavio en Roma, y en 1789, al discutir el programa de las fiestas de la jura de Carlos IV, dijeron que “ el Coliseo no merece realmente el nombre de tal por estar construido en un solar nada cómodo y decente” El Cabildo deseaba que las comedias se representaran en la Plaza, a fin de que pudiera concurrir la mayor parte del vecindario, y a demás temían que ocurriera tropeles y desgracias “ por el continuo temblor y crujimiento de las maderas en que está construido todo lo que llaman Coliseo. Como acaeció una vez en 1788.

Desde 1808 hasta 1812, el Teatro pasó por varios arrendatarios, sin mayor éxito, hasta que el Terremoto de 1812 bajara el telón para no levantarse más. En septiembre de 1813 sirvió de Cuartel de Caballeriza.

Luego nació en la Esquina de Veroes, en el solar de Don Vicente Ibarra: el Teatro Caracas, llamado Coliseo de Veroes. El Real Consulado se negó ceder el solar, y en vista de ello Blanco consiguió el solar de la gallera en la esquina de Doña Margarita Sanabria o de los Sanabria, para instalar el nuevo teatro Provisional, mientras se le permitía reconstruir el antiguo. Tenía una puerta muy angosta y estaba rodeado de paredes desplomadas, “de rincones excusados donde podían cometerse todo género de crímenes”, pero el Gobernador interino, Don Ramón Correa, autorizó la apertura del nuevo Coliseo, en la esquina que desde entonces lleva este nombre, “ en una época en que Caracas presentaba un cuadro desolador”

Diez años más tarde, el 13 de octubre de 1828, el Libertador Presidente de Colombia, desde Bogotá, concedía a José María Pone y Antonio Cardozo privilegio de 15 años del Teatro Caracas, con la obligación de dar funciones a beneficio de los hospitales. Los privilegiados se desentendieron de esta obligación, y en 1837 el Municipio pidió derogar el Decreto de Bolívar.

Pero Caracas deseaba cada día un teatro más cómodo, y cuando Páez, asumió la Presidencia de la República el 1º de febrero de 1844, Ramón Díaz e Ignacio Charquet presentaron el proyecto elaborado por el Ing. Redd para construir un teatro en el solar del antiguo Hospital de San Pablo, pero este proyecto debió esperar hasta el Gobierno de Guzmán Blanco.Los planos de Caracas hasta 1856 aún identifica la esquina como de la Sanavria, el de 1875 ya trae Coliceo, y el de 1889, Coliseo. En época reciente, el recuerdo del célebre corral de comedias fue revivido al cambiársele el nombre a un cine situado en las cercanías, entre las esquinas de Peinero a Pájaro. La sala, perteneciente a Don Antonio Pimentel, gran amigo y compadre del General Juan Vicente Gómez, era llamado “Teatro Pimentel” , y a raíz de la muerte de Gómez fue rebautizada “Teatro Coliseo” .-

Fuente:
La Nomenclatura Caraqueña
Rafael Valey
Pág. 150-151

lunes, 7 de marzo de 2011

Edificio La Francia,pertenece al Estado

Descubrió la Procuraduría Edificio La Francia
Pertenece al Estado
El Nacional 26 de marzo de 1996.


El inmueble ocupado por joyerías, fue decomisado en 1958 a Fortunato Herrera, testaferro de Marcos Pérez Jiménez, y dado en custodia a la Universidad de Oriente en 1961, con excepción de 7 locales que se reservó la PGR. El edificio La Francia, ubicado en la céntrica esquina caraqueña de Las Monjas, ocupado por decenas de joyerías, pertenece al Estado Venezolano y le fue entregado en custodia a la Universidad de Oriente (UDO) en 1961, tres años después de la caída de Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958.

Siete de los locales de este edificio deberían estar bajo la administración de la Procuraduría General de la República, la cual se los reservó mediante acta del 26-12-61. Pero esto sólo lo acaba de descubrir la PGR al revisar el expediente 3046 de 1961, organismo que ahora averigua quién administra el famoso edificio cuyos locales se disputan los joyeros de Caracas, y por qué los locales jamás fueron entregados a la Procuraduría.

El hallazgo de que el edificio es del Estado se realizó a raíz de la solicitud formulada por la consultoría jurídica de la UDO a la PGR, la cual ordenó a la Dirección de Bienes y Derechos Patrimoniales, a cargo de Ana María Ruggieri, a revisar el mencionado expediente 3046.

El edificio La Francia pertenecía a Fortunato Herrera, (a) ``El Platinado'', quien fue declarado persona interpuesta de Marcos Pérez Jiménez, según resolución de la PGR del 10-02-58, y tras la caída de la dictadura los bienes que le pertenecían a él como a personas interpuestas fueron decomisados y pasados al Estado.

La Procuraduría, según acta del 3 de marzo de 1958, levantada por el tribunal 1o. de primera instancia en lo civil de la Circunscripción Judicial del Distrito Federal y estado Miranda, nombró como depositaria del inmueble a la Agencia Ferrer Palacios, C.A., con excepción de los locales que componen el octavo piso, ocupados por la empresa Polinversiones C.A.

El acta señala que La Francia, siendo patrimonio de la Nación, y de instrucciones expresas que han sido transmitidas a la PGR en oficios números 443, 509 y 538 de fechas 4 de agosto, 6 de septiembre y 7 de octubre de 1961, respectivamente, emanados del Ministerio de Educación, pasa en custodia a la Universidad de Oriente, conforme al acuerdo aprobado en sesión ordinaria del Consejo de Ministros del 14 de julio de 1961.

Al final del documento se expresa que la PGR no hará entrega y se reserva la administración de siete locales situados en el primero, octavo y décimo piso, ocupados por archivos y documentación perteneciente a Polinvensiones C.A.

Por todo esto, el rector de la UDO vendrá este lunes 25 al Congreso Nacional, con el objeto de tramitar la legalización de propiedad del edificio La Francia. V.M.R.


"Al ser testigos pasivos acabamos con la memoria de la ciudad"

Coromoto Méndez
El Universal / Caracas/ domingo 06 de marzo, 2011

ENTRRVISTA Coromoto Méndez Sereno, Secretaria Nacional de la Asociación de Cronistas de Venezuela

"Al ser testigos pasivos acabamos con la memoria de la ciudad"


"El IPC debería tener sedes en todos los estados del país para que la gente tenga a donde reclamar"

"¿Quién está supervisando la intervención de La Francia, un edificio histórico, patrimonio de la ciudad? Están haciéndole cuartuchos, ¿dónde queda la memoria de Caracas?", se pregunta Coromoto Méndez Sereno, secretaria nacional de Patrimonio Cultural de la Asociación de Cronistas de Venezuela. La docente y licenciada en Historia de la Universidad Central de Venezuela, desde hace 18 años también se desempeña como Cronista Oficial del municipio Sucre.

Recientemente, Méndez, junto a Heraclio Narváez, presidente de la Asociación de Cronistas y Alexis Coello, secretario nacional de Patrimonio Natural de esta organización, elaboraron un manifiesto en su condición de guardianes del patrimonio tangible e intangible de los municipios.

En el pronunciamiento instan a las autoridades a dejar a un lado la diatriba política y a ofrecer los recursos necesarios para rescatar el patrimonio amenazado por la desidia, las fuerzas de la naturaleza, las intervenciones no supervisadas o ejecutadas deficientemente.

-¿Está en peligro la memoria histórica de la ciudad?

- Se está viniendo abajo el patrimonio venezolano que es, al final, el testimonio de nuestra historia y la conciencia histórica del pueblo. Y se pone en riesgo, por ejemplo, cuando se le da un uso inadecuado con actividades que lo lesionan y lo despojan de ese valor representativo de la idiosincracia venezolana.

-Dé algunos ejemplos de estos usos inapropiados...

-Algunas de las casas ubicadas en la esquina de Sociedad están siendo usadas por damnificados y las están interviniendo sin criterio. Escuelas, cuyas estructuras tienen valor patrimonial, se convirtieron en refugios. La casa de Boves en La Pastora ahora es un ambulatorio. En el interior del Correo de Carmelitas se escuchan martillos y taladros y quién está supervisando la intervención de este edificio.

-¿Cuál debe ser la contribución de los cronistas?

-Nosotros somos voces y gritamos y nos quejamos, pero mientras no se haga cumplir la ley, mientras no se penalice a quien atente contra el patrimonio, no podemos hacer nada. El cronista no puede tener compromisos políticos, debe ser una voz independiente porque sino está contando una historia y una verdad sesgada.
-¿Por qué no se está penalizando?
-Hay muchos intereses creados de todo tipo.

-¿Cómo se ve afectado el patrimonio intangible?

-Un ejemplo son los toponimios y las nomenclaturas que están siendo cambiados. En un empeño por borrar el pasado, la avenida Páez fue rebautizada como Teherán. La memoria conserva los viejos nombres al cambiarlos se borra la identidad, la memoria histórica colectiva. Menca de Leoni, que toda la vida se llamó así, ahora le ponen 27 de febrero. Lo mismo ocurre con El Ávila y con el Parque del Este.

-¿Qué rol debe asumir la colectividad en cuanto al rescate del patrimonio?

-La voz que tiene la comunidad es la protesta y la contraloría social. El edificio 22, entre el Teatro Ayacucho y la estación del Metro, se está cayendo y es una joya arquitectónica de la ciudad. El Instituto de Patrimonio Cultural está como a cinco cuadras de allí. En el Parque Miranda, la contratista que está haciendo los trabajos del Metro echó abajo 140 árboles que eran patrimonio natural de la ciudad. La comunidad tiene que hacerse oír. El edificio del Hospital Vargas, que es una joya de la arquitectura, se está interviniendo sin dirección. Mientras seamos testigos pasivo acabaremos con la memoria de la ciudad.

-¿Qué pasos se podrían dar para mejorar la atención al patrimonio?

-El IPC debería tener sedes en todos los estados del país para que los cronistas y la comunidad tengan donde reclamar. Este ente debería trabajar más en conjunto con el Ministerio de Educación y las universidades. No hay una política educativa patrimonial aunque los cronistas hacemos un esfuerzo por ir a los planteles.

domingo, 6 de marzo de 2011

Fiestas asoman la nostalgia por el disfraz



El Universal/ Caracas
domingo 06 de marzo, 2011
Fiestas asoman la nostalgia por el disfraz
Hoy día Ruiz tiene 70 mil prendas y accesorios dentro de su taller

Huele a polvo y no hay demasiada luz. Hay que advertirlo. Pero tras un breve recorrido entre telas, botones, plumas y lentejuelas, en el hogar del ex vestuarista teatral Antonio Ruiz, el tiempo se detiene y al visitante sólo le viene una pregunta a la cabeza: "¿Quién quiero ser?".
Eso sí, para entrar a esa casa de la primera transversal de Bello Monte hay que llamar a Franciso Álvarez, el segundo al mando. Su número está pegado a la reja en un cartoncito. "Algunos dicen que esto es Sabana Grande. No sé pero de todos modos es subiendo por la Plaza de los Pintores de la avenida Casanova", agrega Álvarez para evitar pérdidas a quien acuda en busca de un disfraz.

La idea original fue del actor de teatro Hugo Monte quien instaló un taller para alquilar vestuarios teatrales en el edificio Andes. Cuando este falleció, Antonio Ruiz había dejado su carrera de cantante y acumulaba experiencia en las tablas como vestuarista. No dudó en hacerse cargo del negocio junto a Eulalia González, su mamá.

En 1987, tras ser desalojados de su sede inicial, se mudaron a la casa que el taller ocupa en la actualidad. La señora González murió y, en su lugar, Álvarez se abocó a atender el lugar desde 2008 junto a Ruiz.
Con más de 70 mil piezas, la prosperidad del negocio no dependía exclusivamente del Carnaval, pues también había ópera, zarzuelas, musicales y obras en el Teresa Carreño, en el Teatro Nacional, en el Teatro Municipal, en el Hogar Canario y en la Hermandad Gallega."Eso se acabó. Tú ves ahora que el teatro está vacío... ¡Si no vienen compañías de afuera, por Dios!", rechista Ruiz.
Ha visto como el trabajo que hacía durante 365 días, se fue reduciendo a los pedidos que hacen solo para las fiestas del Rey Momo en las que, además, cada año se hacen menos espectáculos de gran tramoya. Y es que, según cuenta, han mermado las retretas en las plazas Bolívar de la ciudad y las grandes carrozas que invadían Los Próceres y Sabana Grande.
"Madre mía, no me quiero meter en política", insiste mientras junta las manos y mira el techo del taller corroído por la humedad. "Dile la verdad -le exige Álvarez- dile que hay menos dinero en la calle". Ruiz asiente con la cabeza y agrega: "Antes venía mucha gente de todos los clubes hispanos y no hispanos. Venía el Tamanaco, el Caracas Hilton, el hotel Continental a buscar ropas... Todo se derrumbó dentro de mí, dentro de mí", canta como si rememorara su pasado.
Hoy el alquiler de un traje cuesta 200 bolívares y debe dejarse un depósito por el mismo monto. Hace 15 años a sus clientes no les importaba cubrir el precio con tal de transformarse en odaliscas, negritas, bailarinas charlestón o bailaoras flamencas, toreros, romanos, indígenas o damas antañonas.
Para los más ocurrentes se hicieron piezas que ya no se alquilan y son los tesoros del lugar. Aquí entran el vestido de gala de la princesa Bella de la famosa película infantil, réplicas de los trajes de Celia Cruz, de Simón Bolívar, Francisco de Miranda o de Juan Vicente Gómez.
No importa cuantos adornos lleven, el objetivo en Carnaval es ganar con el mejor disfraz. "Nuestros trajes son muy elaborados y si se vendieran pueden costar entre 2 mil y 2 mil 500 bolívares", destaca Álvarez."Y si no está aquí, se lo hacemos. Yo siempre estoy al pie de la máquina", apunta Ruiz mientras coloca el brazo sobre una de sus seis reliquias Singer.
Ruiz viene de una familia de tres hermanos artistas que salieron de España a Francia, escapando de la Guerra Civil. Con sus zarzuelas partieron de territorio galo rumbo a Brasil y luego a Puerto Rico. Recién entrado 1980 se vino a Venezuela, el país que consideraba "todo un paraíso".
La última vez que hizo trajes para comparsas fue en un Carnaval durante el gobierno Municipal de Antonio Ledezma en Libertador (1995-2000), en el que ganó el primer lugar. Tampoco alquiló nada más a canales de televisión y subsiste con los trabajos que, por tradición, le piden algunos particulares.
"Me quedaron bien bonitos ¿no?", pregunta Ruiz sobre unos trajes a los que les da las últimas puntadas. Entre la andadera que lleva en las piernas tiene las piezas que le solicitaron en el Centro Asturiano. Cruza los brazos y toma otra bocanada de aire para oxigenar un cuerpo que ya siente el peso de sus 81 años. "No tenemos cosas de niños ni eso pero tú aquí vienes con tiempo y te solucionamos todo".

lunes, 28 de febrero de 2011

LOS PRIMEROS CENTROS COMERCIALES DE CARACAS

Comparto con ustedes este extraordinario artículo realizado por el Sr. Ivan J Sira, el cual fue tomado del Blog Añoranzas. Espero lo disfruten tanto como yo...

LOS PRIMEROS CENTROS COMERCIALES DE CARACAS
LO ESTOY ESCRIBIENDO ANTES DE QUE LO OLVIDE

"La Imperial", "El Palacio del Liquiliqui", "El Imperio de las Sastrerías" y quizá cualquier otro calificativo que dijera su dueño: José Abdelnoúr un señor que hablaba con acento argentino, y que además era locutor en la Radio Difusora Venezuela donde tenia un programa que ponían mucha música argentina, especialmente de Carlos Gardel, donde se cantaba tangos y otras canciones argentinas, este negocio estaba ubicado entre las esquinas de Chorro y Traposos. Les voy a explicar: en toda la esquina noroeste de El Chorro, había un comercio, que se llamaba "Las tres esquinas" que vendía maletas, maletines, bolsos, etc. Luego, vía oeste, era la entrada sur del antiguo mercado de San Jacinto, que cuando lo desocuparon se convirtió en un terreno de aproximadamente 8 metros de frente que servía de estacionamiento de vehículos ("Si estacionamiento gratis al lado no hay, no es La Imperial" decía el Slogan en la radio) seguidamente estaba "La Imperial" esto fue cuando comenzaron a hacer las ampliaciones de la calle para hacer la Avenida Universidad. Luego se unieron: el estacionamiento, el local de "La Imperial" y creo que la "Casa Miranda" de un Sr. Siade, (decian que era hermano del preparador de caballos que se llamó Millard Siade) en un solo local que con el paso del tiempo se denominó “Casa Regalía" de un Sr. García, un mayor de quincallería y juguetería. Mientras que en la esquina de Traposos hacia San Jacinto en su esquina noreste era como sigue: la "Farmacia Continental" local de cuatro puertas, dos hacia la esquina de El Chorro y dos hacia la esquina de San Jacinto, seguía un local de tres puertas, (la del medio convertida en vidriera) de la "Sastrería La Argentina" o "La Casa del Liquiliqui", propiedad del Sr. Rodríguez un señor venezolano, casado con la hermana de José Abdelnoúr, (mi abuela me dijo un dia que los Abdelnoúr, eran eran hijos de palestinos). Luego venia la "Perfumería Cliper" local de apenas un metro y medio de ancho, todo esto comprendía parte de el inmueble que constituía un hotel del cual ya no recuerdo su nombre, pero según me contaron un dia que en los años 20s fue de gran categoría. Luego el local de Sombreros Tudela mas tarde el Sr. Tudela hizo el actual edifico "Tudela" donde sigue hasta nuestros dias la sombrerería “Tudela” representante exclusivo de los caros y famosos sobreros "Borsalino" que usaban los Presidentes y los Ricos, luego seguía un local de Fotografías, que he tratado de recordar el nombre y no he podido, era de un señor de origen francés, pero la tienda la atendía una chica española de nombre Begoña, ella era Catalana, en ese sitio era que sacaban las fotos para pasaportes, ese estaba a la entrada del edificio, y luego estaba la sastrería que era propiedad de un señor colombiano, creo que se llamaba Marcelo. Luego del edificio Tudela, se encontraba un pequeño local que era "Loterías Ramírez" seguidamente otro local de dos puertas que dicen que pertenecía a los hermanos Hadad, (El Sr. Pedro Hadad era un señor bastante mayor que usaba unos gruesos bigotes y un chaleco con leontina de oro). Mas hacia la esquina de San Jacinto, estaba un local de tres puertas, una parte era de "Zapatería La Atlántida" del Acuña, el de las dos puertas, y el de una era "Juguetería Regal" que pertenecía a un señor Arismendi.. Seguidamente en un local de dos puertas estaba "El Sastre de Moda" o "Sastrería Ángel Lugo", que ya en los años 40s quedaba con una sola puerta y en la otra puerta estaba "Almacenes el Ultimo Precio" del señor Fairestein. Siguiendo hacia la Plaza El Venezolano había un local de dos puertas de "Zapatería La Victoria" y luego en la esquina un local de cuatro o cinco puertas que era el "Detal de La Playa" que se especializaba en todo tipo de mercancías para los concesionarios de lo que llamaban la playa del antiguo mercado de San Jacinto, ya hacia el este estaba y todavía está el "Restaurante La Atarraya" que para aquellos años 40s y 50s era un botiquín de "Mala muerte" en donde se servian aquellos licores famosos llamados "Lava-gallos" que almacenaban en unos frascos de vidrio, llenos de unos liquidos de colores llamativivos, aderezados con Caña Blanca, hierbas, frutas y semillas con nombres como: "Frute'burro", Yerbabuena, Pasote, Guayabita, Berro, Cañafistola" entre muchos.

En lo que es hoy la Plaza El Venezolano, fue parte del antiguo mercado de San Jacinto y después, un estacionamiento que ocupaba gran parte de esa manzana, desde la propia esquina de San Jacinto hasta la esquina de Dr. Paúl y de esta esquina hacia la esquina de El Chorro.

Y aunque no estaban en la misma cuadra no puedo dejar fuera a Almacenes “Dovilla” de Domingo Villa, (con su Slogan Dovilla que maravilla) estaba en toda la esquina de Las Gradillas, sureste de la Plaza Bolívar. También recordar el slogan "Ramírez crea, no imita", era el de la Sastrería Ramírez, que estaba situada de Bolsa a Pedrera, diagonal al Cine Palace y con la academia Palace, en misma cuadra estaba la sastrería de “José Chacho” que fue el creador del traje Anatómico y luego “Calzados Pepito”, calzados para niños que me llevaron en alguna oportunidad.

Les cuento todo esto porque mi memoria está ya como llena, además, yo en mis años de niñez y adolescencia, mucho que acompañé a mi abuela “Solita” a hacer sus compras por estos lares, que ella llamaba "El Comercio".


COMENZABA EL FUTURO
Caracas ostentó la fama de ser la ciudad, en toda Suramerica de mayor movimiento comercial en los años cincuenta en proporción a su número de habitantes. Entre las tiendas se encontraban las de "Artículos para señoras" - que no sólo eran trajes, bolsos y zapatos, sino también sombreros, guantes y pieles- y las casas de telas, provistas de mercancía que llegaba directamente de Europa, que constituían un verdadero deleite para las costureras, quienes se copiaban de las revistas de figurines, los trajes de diseñadores importantes.

A las grandes fechas para los estrenos, de Navidad y el Año Nuevo, también se sumaba la Semana Santa, como lo indica un aviso publicado en el diario El Universal de 1940, por el almacén La Moda Americana, donde se ofrecían trajes, pantalones, blusas, abrigos de piel y sombreros, además de artículos para niños.

De Sociedad a Camejo se encontraba Novedades Mundiales con piezas finas llegadas de toda Europa. Marlene Modas era una tienda especializada en sombreros, accesorio indispensable para toda mujer elegante de la época. Anunciaban hasta el nombre del barco donde llegaban los tocados a La Guaira, además de ufanarse de tener los más caros de toda la ciudad. Traían las marcas Elizabeth, Fortune y Groyden.

El mas popular fue El Gallo de Oro, uno de los grandes anunciantes de su tiempo (los años 40tas). Su lema era "El almacén de ricos y pobres". Allí las novias obtenían las mejores telas para sus atuendos, así como espectaculares encajes de Bruselas y tiras bordadas de Suiza para el trousseau. Me imagino que debido al exito que tenia esta tienda, le fue saliendo competencia hasta con el nombre tales como: La Mano de Oro, El Boton de Oro.

La Segunda Guerra Mundial influyó muy negativamente en el comercio con Europa, por lo que la confección estadounidense comenzó a ganar los terrenos que iba dejando libre, la vieja Europa. Jharods, de Camejo a Pajaritos, se enorgullecía de poseer las mejores marcas de Nueva York.

Otra tienda que tuvo su momento de gloria, la Compagnie Francaise, renovaba en cada temporada su colección de trajes y de pieles. Cuando llegaba diciembre era tiempo de las pieles de mink y de zorros plateados que se veían en las celebraciones de centros sociales como el tradicional Club Paraíso y el Caracas Country Club.

Más tarde, los comercios comenzaron su mudanza al este. Fue cuando Sabana Grande se transformó especialmente en el nuevo centro comercial de Caracas, apareció la Peletería Canadá, que no se limitaba únicamente a la venta de pieles sino que daba un servicio de remodelación y adaptación a la nueva moda, además custodia de las mismas y las guardaba en una nevera especial.

Mucha gente de la que llamaban High Society, formaron parte del equipo que fundaron la célebre tienda Versalles, que se encontraba de Gradillas a Sociedad. "La parte de atrás de la tienda colindaba, pared a pared, con la casa del Libertador. Por allí desfilaba toda Caracas. Vendían la cristalería más hermosa de la ciudad, pero también ofrecían carteras y otros accesorios de las prestigiosas casas Dior, Givenchy, y Chanel". Después Versalles perteneció al señor Thermiotis, quien hoy continúa vinculado al mundo de los perfumes.

Las grandes boutiques se reunieron, primero, en el centro de Caracas. Así tenemos que Galería La Parisién, una tienda apertrechada de productos franceses, se encontraba de Cruz Verde a Velásquez. Había un cronista de la ciudad, que señalaba que lo francés tenía su éxito garantizado en Caracas porque todas las mujeres querían parecer francesas. Estas casas de moda no sólo contenían piezas de colección, sino que las mismas tiendas, por su decoración, eran espectaculares. Adornaron mucho la ciudad con sus estudiadas vitrinas y sus avisos luminosos.

En los años 50, el Pasaje Zingg fue el resultado de una atrevida operación urbana que sacudió a toda una ciudad empeñada en modernizarse. El corredor interior surgió de la modificación del edificio original, con el propósito de albergar 40 de las más elegantes tiendas de Caracas. Los pasajes comerciales fueron el primer estilo internacional de la arquitectura moderna y albergaron los primeros mundos de sueños consumistas.

Los famosos pasajes de París eran "bulevares interiores", semejantes a los bulevares de calle a los que se abrían. Para finales del siglo XIX, habían llegado a ser el signo de las metrópolis modernas, y fueron imitados en todo el mundo, desde Buenos Aires a Estambul.


DE CASA COMERCIAL A PASAJE COMERCIAL
La Casa Zingg construyó su sede en Caracas en 1940. El Edificio Zingg, diseñado por el ingeniero Oskar Herz y levantado por la Oficina Técnica Blaschitz, fue el primer edificio de acero contra temblores en Caracas. Los transeúntes se asombraban al ver elevarse aquella jaula metálica. Apenas una década después, en 1951, se decidió su reforma con el fin de adaptarlo a los cambios urbanos que trajo, la construccion de la Av. Bolivar que habia desnivelado las calles a su margen entre ellas las esquinas de Camejo y Colón. El arquitecto Arthur Kahn propuso la creación de un Pasaje Comercial, una vía pública peatonal que conectara el centro de la ciudad con el futurista proyecto de la Avenida Bolívar.

El pretendido nuevo eje de la ciudad condujo a la asunción del pasaje como un corredor en tránsito, como un paso fluido ante la avalancha humana que surcaría su espacio. Para ello se aprovechó el estacionamiento del edificio original, que surgió del desnivel que ya he mencionado, y que caracteriza al edificio.
¿UN VERDADERO CENTRO COMERCIAL?
La publicidad de la época mencionaba al Pasaje Zingg como un verdadero centro comercial. Sin embargo, nunca fue en esencia un centro comercial. Por definición, el pasaje nace de la síntesis de diversos precedentes arquitectónicos: los ya nombrados pasajes parisinos -aunque la cubierta despejada hacia el cielo es sustituida en este caso por una cubierta interior-, la tradición caraqueña de pasajes como el del Capitolio y el mismo centro comercial.

El edificio definió un largo frente interior de comercios: 40 elegantes tiendas alineadas a ambos lados del paso. Entre ellas estaba Serpico & Laino representantante de la marca de relojes "Rolex","Pateck & Phillips", "Vacheron & Constantine", "Jaeguer le Coutre" ente otras marcas. Salvador Cupello representante de la marca Plumas Parker y de Relojes Omega.

La nueva vía pública buscaba descongestionar las vías vecinas paralelas, contando con las ventajas que representaba el caminar por la sombra. Se buscaba "brindar al público del centro de Caracas un ambiente simpático, atractivo y novedoso". Lo novedoso consistía en la inserción, dentro de un tipo de edificación del siglo XIX, de elementos que representaban la tecnología más avanzada del siglo XX.

Las primeras escaleras mecánicas que funcionaron en Venezuela fueron las que se instalaron en el pasaje Zingg en 1939. Se convertiría a través de los años en un icono, que aún hoy me sorprende por su funcionamiento, en un país en el que las cosas caducan y se desaparecen con mucha rapidez .



NUEVA ÉPOCA

La Gran Avenida de Sabana Grande reunió durante casi dos décadas (las de los cincuenta y sesenta) los establecimientos más glamorosos de la ciudad. Perfumes, cristales, joyas y vestuario se exhibían en sus vidrieras que no sólo constituyeron el sitio obligado para las compras, sino que también fueron lugar de contemplación en los paseos dominicales. Uno de los salones de moda más antiguos y conocidos de Caracas se llamó Krysthian y se encontraba en esta avenida. Allí estaban los diseñadores más famosos del mundo: Jean Patou, Elsa Schiaparelli, Diminutives, Martini, Fredy Greenberg.

En esa misma cuadra se hallaba Gathmann y Joyerías Unidas que importaban marcas como Rosenthal, Sevres, Hauchenreuther, Heinrich, Gerent y Cristalería de Bohemia y de Baviera. En cuanto a joyería eran los representantes de Longines. Muy cerca estaba la Joyería Hernández con cristalería exclusiva y relojes de marcas como Zenith, Omega y Lanco. Completaba el circuito de la elegancia Betty Modes, con una decoración Art Deco tardío. Su renglón principal lo constituyó la representación del calzado Miller y las carteras Josef y Koret.

El gran evento del año 1954 fue la inauguración de la sucursal de la Casa Dior en Caracas. Para su apertura vino el propio Monsieur Chrysrian Dior. La tienda estaba ubicada en la avenida Francisco de Miranda, entre Chacao y Campo Alegre. En esa época Dior tenía en Venezuela una de sus mejores clientelas -imposible no nombrar a Mimi Guevara Pietrantoni (esposa de Reynaldo Herrera Uslar y, suegra de Carolina Pacanins esposa de Reynaldito Herrera) también quedaba otro icono de la moda: Cartier, un local realmente fastuoso, donde se veían las mejores joyas que, en aquella época, se lucían en cualquier fiesta y sin ningún temor. Entre sus clientas estaba Elena Bueno de Vallenilla, (esposa de Laureano Vallenilla Lanz, Ministro de Relaciones Interiores de Marcos Pérez Gimenez). Fueron verdaderos templos que desaparecieron con la demolición del edificio en la época de los sesenta.

Al llegar las boutiques, éstas asumieron la representación de las grandes casas. Nombres como Alfa Per luí y Alfa Per leí registraron en su inventario las firmas tales como: la de Emmanuele Ungaro, Emilio Pucci y Pierre Cardin.

La tienda Adam's “Un rincón de Nueva York en Caracas” llegó a Sabana Grande después de una larga pasantía con una tienda en la esquina de Padre Sierra en el centro de Caracas y luego vio morir la avenida principal de Sabana Grande y presenció el nacimiento del boulevard en los años dorados de riqueza de la "Venezuela saudita", por lo que abrió una sucursal en el Centro Comercial Chacaíto, y posteriormente, otra cerca de La Media Naranja en Margarita, en pleno auge de la zona franca, lo que permitió que la isla tuviera un espacio para Jean Cartier, René Lacoste, Salvatore Ferragamo, Calzado Walkover. Por allí desfilaban hombres y mujeres de la televisión y la Política. Fue la época de Ermenegildo Zegna y las damas perseguían la etiqueta de Valentino Garavanni. En ese mismo Centro Comercial Chacaíto, el sitio Inn de los setenta, donde vendían los productos originales de Mary Quant, se instaló Yves Saint Laurent, ubicado en la esquina suroeste. Su vidriera mostraba accesorios y prendas pret-á-porter. Causó sensación la primera vez que se vio en ella el mítico esmoquin femenino, que bien lució en alguna fiesta Leonor García Serrano (Esposa del Canciller Zambrano Velasco).

En aquellos días también causaba furor la boutique Le Premier Étage. Fueron famosas sus prendas francesas, entre las cuales se colaban firmas como Rocco Barrocco, uno de los italianos más influyentes de los ochenta, junto a Guccio Gucci, todo un ídolo de las venezolanas de entonces. En el departamento de accesorios destacaban las carteras de Jean Cartier.

Pero no todo era alta costura. Los "Blue-Jeans" dejaron de ser ropas para los dias rudos y se transformaron en prendas indispensables para toda ocasión. El templo de estos pantalones se llamó Carnaby, nombre que hizo de la bandera británica su identificación. Allí se encontraban las mejores marcas. Pero con el tiempo la piratería y la falsificación comenzó a contaminar los estantes y las vitrinas y luego comenzaron a declinar estas tiendas. Quedaban al lado del Piccolo Caffe .

Imposible dejar afuera a la Dama francesa Minouche, su boutique estaba atestada con piezas de las últimas colecciones presentadas por las grandes casas de moda del viejo continente.

El viernes negro -Aquel fatídico 18 de febrero de 1983- le infirió la primera estocada a estos locales, hiriéndolos de muerte. La mercancía comenzó a dejar de venderse y a decaer de la misma forma como se evaporaban los dólares y los Bolivares del bolsillo del venezolano. Luego vino El "Caracazo" que le asestó un puntillazo mortal, pero el tiro de gracia definitivo y mortal lo disparó el Control de Cambio, "CADIVI" que se fue llevando paulatinamente a Georges, que no aguantó mas, tambien sacó del juego a Bazar Bolívar, Selemar, Tropicana, Emeli Rodín, Savoy, Óptica Berl y El Faro, entre otros.Entre los nombres que lograron sobrevivir con dignidad figura Wilco con marcas como René Lacoste, Florshein, también Casablanca, que es hoy la representante de casas de la talla de Giorgio Armani, Robberto Cavalli, Cocó Chanel, La Perla.

Los petrodólares de hoy han permitido que personajes como: Louis Vuitton, Mario Hernández entre otros, aparezcan en el directorio comercial de la ciudad y que los diseñadores venezolanos peleen su espacio.

Publicado por Ivan J. Sira



sábado, 26 de febrero de 2011

Un Cariño de la Ciudad: para la Primera Dama

Quién pensaría que con diferencia de algunos meses, nuestra primera Dama , se encontraría con nuestro querido Arq. William Niño Araque, quién siempre reconoció la labor y dedicación que Doña Alicia hizo por nuestra amada Ciudad.
Comparto con ustedes el siguiente artículo públicado en el Nacional en 1999.

ARQUITECTURA
Un Cariño de la Ciudad: para la Primera Dama
William NIño Araque
Alicia Pietri de Caldera durante su
Presidencia en el Museo de los Niños



Sin duda, el entendimiento de Caracas como un sueño prodigioso cobijado por las consecuencias del afecto, resume el logro más importante de cinco años de trabajo.
La definición de una nueva cartografía es, en consecuencia, el más asombroso entendimiento del paisaje que cifra la extensión del cariño de la caraqueñidad.
Como una expedición Caracas extiende este afecto desde la costanera: desde Catia La Mar hasta Anare, desde Naiguatá hasta Los Caracas.

La ciudad se presenta así como el territorio de una rara belleza, cuyo frente marítimo instalado en el borde anverso limita el jardín monumental de la montaña en su fachada al mar. De este lado, desde el interior, desde Catia hasta Petare, el sentimiento se extiende más allá del cañón de valle. Abarca desde Caricuao hasta Guarenas y Los Altos Mirandinos.
La nueva cartografía es la referencia y el desafío del afecto extendido más allá de los límites convencionales, señala también (como la realidad de los traumas y de las potencialidades) la redimensión del paisaje y la naturaleza de la ciudad construida o por construir.

Como un capítulo sin precedentes en ella intervinieron las intenciones de los empresarios, los organismos públicos y los habitantes. A través de Un Cariño para mi Ciudad, se esbozó la posibilidad de una esperanzada opción estética, luego del cansancio y menosprecio hacia la ciudad, sufrido a partir de las tres últimas décadas del siglo XX. De la idea de Doña Alicia Pietri de Caldera, quedó la siembra, quedó sembrado el reto de un caraqueño capaz del mantenimiento y de la comprensión de la naturaleza urbana. Quedó sembrada también, la necesidad de entender la ciudad, su clima y vegetación, como un proyecto de vida que es fundamentalmente social, centrado en la idea paradisíaca del placer, la belleza y el dominio de la territorialidad como las tres condiciones irrevocables del señorío caraqueño. La oferta es un proyecto de vida apostado hacia el futuro y anclado en la fortuna de la geografía con historia que escenifica la ciudad.

Más de quinientas intervenciones y cerca de quinientas hectáreas recuperadas, fundamentaron el esfuerzo de un proyecto común soportado en la presencia incólume de la Primera Dama. Su infatigable insistencia hizo de Caracas el recinto de un laboratorio paisajístico orientado en resguardar esa poderosa vegetación y belleza para el nuevo siglo. El señorío de la ciudad apareció así, a lo largo de las continuas intervenciones, como una percepción sin precedentes que fomentó rítmicamente, la comprensión de una totalidad en continua expansión.

Además de mantener la incesante búsqueda del patrocinio, queda por resolver el reto del entendimiento de las expectativas del tiempo, de la lluvia y de la sequía, de la topografía y de los suelos abandonados. La comprensión del territorio de la autopista como un lugar de belleza difícil y abarcante fue su mayor logro. Las pequeñas palmas en crecimiento, sembradas como un escuadrón que avanza y acompaña a María Lionza, queda como el símbolo que celebraremos los próximos años, en el centro geográfico de una ciudad en expansión. El rescate de la Autopista exige la complicidad con los fenómenos heológicos, hidrográficos, con la temperatura y las especies. Queda por ahora, insisto, terminar el trabajo, perpetuar la complicidad silenciosa que nos permitirá hacer de ella el jardín de la ciudad.

De cómo hacer un jardín, el palmeral del mundo, en un sitio como éste (en el que casi nadie confía) representó el principal desafío del trabajo realizado y que acudía a la expresión de Cariño para la Ciudad. La estrategia fue un centro de operaciones sin empleados, burocracia ni presupuesto. El objetivo se orientó aleatoriamente en un espacio sin forma, central y periférico, anunció el prodigio taxidermista de la naturaleza (y también del arte). El lugar para intervenir abarcó un territorio de límites abiertos y trazado por el más importante nudo vial -una columna vertebral humana construida, dura y de poderosa belleza- y por la geografía del valle. La idea de la autopista como el recinto de un paseo memorable constituye un mecanismo de ordenación del territorio (que bien deberían utilizar como referencia, urbanistas, arquitectos y planificadores) que podría saldar nuestra deuda con la historia reciente. Sin embargo, no se olvidó la ciudad del tiempo lento, ni de la Plaza O'Leary, ni la Candelaria, ni Los Caobos.

La autopista es la calle singular de la Caracas de hoy. Con uno tan sólo de sus bordes materializados podría presentarse como un paseo memorable "como una fachada marítima frente al malecón", que revela el símbolo iconográfico de la ciudad contemporánea. Un Cariño para mi Ciudad fue la ventana de esa fachada y es la escena de la expectativa, el lugar de la esperanza. La autopista es el lugar por donde respiramos a lo largo de ella cruza la luz absoluta, la vista de todas las ciudades, la imagen de todos los árboles y el frescor que dejan todas las lluvias arrastradas por los vientos alisios desde Barlovento. La luz, la brisa, la vegetación y sobre todo, la lluvia que en ocasiones nos atemoriza, son el clima de esta ciudad calurosa, dan el tono al territorio y a la arquitectura que desde el automóvil observamos.

A partir de febrero afrontamos un tiempo de sequía, afortunadamente junio retornará las lluvias torrenciales y los vientos desconsiderados. Junio será el tiempo de sembrar y de esperanza. Mil palmas sembradas entre árboles centenarios serán el mejor homenaje del Cariño para la Ciudad y el saldo de la deuda caraqueña con la Primera Dama del siglo XX: palmas reales, washingtoneas y palmiras entre mijaos, palmas de madagascar, palmas llaneras y palmas mariches entre ceibas; palmas viajeras, palmas bucaneras y palmas datilares entre araguaneyes, expresarán al mundo nuestra inteligencia a través del modelado para una ondulada silueta de topografía con memoria. Expresarán también, insisto, la deuda de la ciudad con quien sembró árboles y afecto de una manera irrevocable y discreta.

EL NACIONAL - LUNES 8 DE FEBRERO DE 1999

profesor sin cátedra y discípulo sin pupitre

PAPEL LITERARIO

Saber y sabor del anticuario
JESUS SANOJA HERNANDEZ

Uno de los más hermosos estudios de Enrique Bernardo Núñez es aquel dedicado al
"anticuario del Nuevo Mundo", 1944, donde reunió artículos publicados, marzo de aquel año, en diario del que fue asiduo colaborador. Citaba Núñez allí la frase de Martí: "Arístides Rojas, con la América a cuestas", y aunque no fuera América, por lo menos fue Venezuela su carga sentimental e investigativa.
 Nada, o muy poco, se sabía en sus tiempos acerca del petróleo, pero en alguna parte afirmó que el Orinoco era un "creador de petróleo". Faltaban muchos años para que se descubriera la Faja Petrolífera del Orinoco, inicialmente llamada "bituminosa".

La librería y a la vez editorial "Almacén Rojas", fundada por su padre José María de Rojas, cumplió una labor privilegiada en el resto del siglo y fue punto de tertulia donde concurrieron los primeros entre los de la época. En 1876, en el apogeo guzmancista, Rojas Hermanos editores dio a conocer Un libro en prosa, recopilación miscelánea de 556 páginas. Al acopio de datos y a la variedad de enfoques, el volumen añadía el sabroso estilo que en él era fronterizo entre la tradición y la crónica. Y Crónica de Caracas tituló Enrique Bernardo Núñez una selección de esbozos publicados por Rojas, la mayoría de ellos extraídos de Leyendas históricas de Venezuela, dos volúmenes que habían visto luz en el bienio 1890-1891, pues, como bien advierte Angel Raúl Villasana, tres de ellos pertenecen a otras publicaciones.

Por ejemplo, "El cuadrilátero histórico", estampa de lo que fue el centro de la ciudad, su palpitante corazón de antaño, había sido incluido en el Almanaque Rojas de 1875 y reproducido en sus Estudios históricos, compilación ordenada por el gobierno de Gómez, 1926-1927, e introducida por José E. Machado, a la sazón director de la Biblioteca Nacional y autor de uno de los primeros censos de seudónimos de Venezuela. Los de Rojas fueron "Bibliófilo", "Camilo de la Tours", "Provincial" y "E.D. Aubry".

Para insistir algo en el Almanaque Rojas, que pasó a ser una institución nacional, en él colaboraron escritores e investigadores muy importantes. Treinta años atrás buscaba yo datos acerca de Guayana y tropecé con el correspondiente a 1883, que traía un estudio sobre las minas y ferrocarriles, otro de R.F. Seijas ("El oro del Yuruari: de Caracas a las minas de Guayana") y un tercero firmado por Olegario Meneses (a cuyo tronco familiar perteneció Guillermo). Esos trabajos me sirvieron, así como el libro de Lucien Morisse que más tarde me tocó prologar, para determinar que las Obras científicas de Codazzi, que aparecían en la Biblioteca Nacional bajo la cota V-2664, no eran en realidad de Codazzi sino una de las tantas falsificaciones, imposturas y trampas literarias de Rafael Bolívar Coronado.

Para Luis Beltrán Guerrero, fue Rojas "profesor sin cátedra y discípulo sin pupitre, iniciador del estudio científico de la historia, creador de los estudios arqueológicos" y tal vez algo más, como anticuario que se encargó de explorar en los caminos largos de la tradición.

La reedición que en 1972 la OCI hizo de Leyendas históricas de Venezuela permitió al lector de hoy el acceso a uno de los más bellos libros misceláneos escritos por venezolano alguno. Entre otros materiales, allí encuentra el buceador de crónicas o el visitador de almacén de antigüedades, esto: "La primera taza de café en el Valle de Caracas", retrato además de una tertulia famosísima; "El primer buque de vapor en las costas de Paria", por allá en 1818, días del Congreso de Angostura; "Pasquinadas de la Revolución Venezolana", interesantísimo documento donde la diatriba y el humor de realistas y patriotas afloran en versos anónimos; o "El loro de Atures", uno de sus tantos apuntes humboldtianos recogidos en la selección de Juan Röhl y Angel E. Alamo.

Riquísimo en información agradable por el estilo, entre añorante e imaginativo en su exposición, todo Rojas es un banquete para quien busque visitar los rincones de la historia con el propósito de conocerla sin los tormentos de la épica y sin el desafío del erudito.

EL NACIONAL - DOMINGO 3 DE ENERO DE 1999

Entre tablas y talleres

PAPEL LITERARIO

Entre tablas y talleres
JESUS SANOJA HERNANDEZ

En aquel mayo de 1915 en que César Rengifo vino al mundo la compañía Rueda montaba en el Teatro Caracas la zarzuela Amor que mata y acababa de estrenarse en el ahora restaurado Teatro Municipal Madame Butterfly, ópera que causó sensación en "la sociedad capitalina". Quedó en la memoria de Job Pim, quien en la materia era un fanático, y en la de Gustavo Machado, joven recién salido de La Rotunda.

Eran asimismo los tiempos de encumbramiento de Ayala Michelena (Al dejar las muñecas), de los sainetes y el teatro costumbrista, donde el sabor local predomina sobre el contenido universal o los problemas existenciales. De alguna manera, esa tendencia permaneció viva, salvo algunas excepciones, hasta los años 40. El teatro que le tocaría afianzar a Rengifo sería de otro tipo, de profunda inspiración histórica y con entonación social que le venía de su visión marxista de las artes y las letras.

La pintura en 1915 estaba dominada por los zapadores del Círculo de Bellas Artes, peritos en la captación del paisaje. No sería ésta la obsesión de Rengifo, una vez que se decidiera por la pintura, sino la del hombre frente a los desafíos sociales, concepción en la que debió influir sensiblemente su paso por México, donde la influencia del muralismo era muy difícil de ser evitada. Que Rengifo, asimismo, hubiese tocado en Chile, de intensa actividad literatura y política, con un Partido Comunista pionero en América Latina, contribuyó a provocar en él esa zambullida en las aguas del "arte social".

"El muertico", como lo mentaban los venezolanos que cayeron en el México cardenista, fue pintor entrenado en la Academia de San Carlos y en la Escuela de La Esmeralda. De vuelta al país ejerció el periodismo, en los años 40, tanto en publicaciones donde los de Unión Municipal y Unión Popular tenían el mando, como en El Heraldo, ya en manos de los Corao, y del cual llegó a ser jefe de redacción.

Y no conforme con las tablas y los cuadros y las letras de talleres periodísticos, Rengifo acometió la docencia. Fue profesor en Historia del Arte en la Escuela de Artes Plásticas de la ULA y profesor de Historia del Teatro en el Curso de Capacitación Teatral de la Dirección de Cultura de la UCV, y además director de esta curiosa escuela donde impartieron clases Romeo Costea, Enrique Izaguirre, Hugo Baptista y creo que Humberto Orsini, Rafael Briceño y José Ignacio Cabrujas.

Tal vez Cabrujas, en Juan Francisco de León, haya acusado influencia del teatro histórico-social de Rengifo, como también de los experimentos del Teatro Universitario dirigido por Nicolás Curiel. En cuanto a Rafael Briceño, habrá que recordar que "el último texto" de César Rengifo fue el leído en el homenaje que se le hizo a ese gran actor, seis días antes de morir el creador de Lo que dejó la tempestad, parte final de la trilogía (o mural) sobre la Guerra Federal. Contaba allí lo sucedido con el montaje de esta obra. El segundo acto parecía no empezar nunca, a pesar de los timbrazos que lo anunciaban, por lo que él decidió salir a la calle en plan de huida ante el derrumbe del montaje: "Cuando había avanzado algo más de una cuadra sentí que un joven corría hacia mí llamándome mientras me anunciaba que el acto había comenzado".

En realidad el actor no había llegado sino que Rafael Briceño, homenajeado y a la vez espectador inquieto, había subido al escenario y asumido el papel de Ezequiel Zamora: "Enterado él de las atribulaciones que ocurrían tras bastidores, fue a los camerinos y resueltamente se decidió a encarnar el papel del héroe federal, si alguien le apuntaba... Y lo hizo con dignidad y brillantez. Y el espectáculo y el Festival pudieron continuar".

En 1977, Casa de las Américas, con el título de Teatro, reunió de Rengifo los dos murales trilógicos: el de la Guerra Federal y el del Petróleo. Son dos visiones de Venezuela, una centrada en el país agropecuario, el de las contiendas intestinas, otra dirigida al nuevo país que comenzó a crecer en el Zulia, pero ambas alimentadas por la pasión crítica y el fervor marxista


Cesar Rengifo


Amor y humor de la ciudad

PAPEL LITERARIO

Amor y humor de la ciudad
Jesús Sanoja Hernández



A la hora y punto de su trágica muerte, en abril de 1976,
escribí una nota para el Anuario Internacional, de Barcelona la de España, que anda perdida entre los secretos de mi papiroteca, y otra, más larga, que incluyó la revista Actual, de Mérida la de Venezuela, junto con una entrevista de Salvador Garmendia -bastante anterior a la desaparición de Aquiles- y otra que Arnaldo Acosta Bello le hizo a Mario Abreu y a Jacobo Borges, "para encontrar a Aquiles", y dos comentarios de Javier Villafañe, y un material de Rafael Pineda intitulado "El humorismo en Venezuela, a propósito de Aquiles Nazoa". Pineda había prologado en 1950, para la histórica editorial Avila Gráfica,

El ruiseñor de Catuche, y estuvo tan cercano a él como Alarico Gómez, un monaguense guayanizado, cuya obra fue rescatada en buen momento. Alarico murió a los 33 años, y acerca de él y su tempranísima poesía, en 1938, Aquiles dejó correr palabras de admiración en El Verbo Democrático, de Puerto Cabello.

Quise conservar como joya bibliográfica, y no pude, aquella maravillosa colección empastada y con lujo de tipografía y diseño que Aquiles Nazoa concibió para el Círculo Musical, con motivo del cuatricentenario de Caracas, una ciudad que si no existiera como realidad "física y espiritual", existiría por lo que de ella dejaron, en larga suspensión histórica y humorística, Job Pim, Leo y el mismísimo Nazoa, y en otros niveles Enrique Bernardo Núñez, Arístides Rojas, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar y Guillermo Meneses.


En aquella colección de 1967, cuyo bautismo fue interrumpido temporalmente por el terremoto del 29 de julio, dio a conocer Nazoa, precisamente, su Caracas física y espiritual, por fortuna reeditada, más modestamente, por la UCV en uno de los volúmenes dedicados a la prosa del "ruiseñor de Catuche", y al cual su hermano Aníbal introdujo breve y humorísticamente, afirmando que aquella era una Historia de Caracas libre de "larguísimas citas de autores, tomos y páginas", obra para ser leída de corrido, "como una buena novela, sin la molesta interrupción de las llamadas y las aclaraciones".

La Caracas de Nazoa pasa por la fotografía, el alumbrado, el álbum de avisos, la era guzmancista, el souvenir del 900 (este siglo que agoniza y entonces despuntaba), las pequeñas historias (de los helados, de los vehículos, de la radio), y casi culmina con la Caracas del petróleo, capítulo el más polémico de todos. En él cuestiona a fondo el urbanismo cuartelario del perezjimenismo, cuyo máximo exponente fue el Copódromo de El Valle (nombre que se le debió a Picón Salas), cuyo antecedente habría que buscarlo en el patrioterismo del general Gómez cuando quiso transformar "el campo de Carabobo en una utilería de chivera".

Pero si me diese por elegir el capítulo, o el esbozo maestro, escogería entre todos (y es empresa nada fácil), el dedicado al Duque de Rocanegras, donde simultáneamente al dibujo del singularísimo personaje que fue Vito Modesto Fran-klin, "criatura insólita de la fantasía y el humorismo de la ciudad", corre una descripción gozosa de la bohemia y los gustos de nuestros twenties. Y en este punto desearía detenerme para remate de una nota de presentación que recoge menos de milésima parte de lo que debería decir.


A propósito de su fecha de nacimiento (17 de mayo de 1920) me atreví a sostener que "no en vano se nace tal día, tal año, tal década", pues "la existencia se da en el tiempo, con estos o aquellos materiales. Los de Nazoa fueron tan decisivos que incluso sirvieron a los mayores ensayistas, Picón Salas y Uslar Pietri, para definir el decenio de los veinte como los años de la gran mutación en el país y, muy señaladamente, en Caracas: el petróleo, el whisky, el fox y el one-step, la radio y el tennis, la flapper y el cine, Lindbergh y los ídolos, las primeras noticias acerca de la TV y las posibilidades de los viajes extraterrestres, el urbanismo de imitación, chato y de mal gusto"...
Lo demás y con mayores habilidades y conocimientos discurre en esta misma página, gracias a la prosa de Britto García.
Caracas Física y Espiritual
Publicado con motivo al cuatricentenario de Caracas 


El Nacional/1998

El Silencio y la Ciudad Universitaria

PAPEL LITERARIO
El Silencio y la Ciudad Universitaria
JESUS SANOJA HERNANDEZ

Para el caraqueño de los años 40 El Silencio era timbre de orgullo, tanto como lo sería para el de los años 50 la Ciudad Universitaria. Entre las obras de Villanueva bastaban esas dos para exaltarlo como innovador en materia de urbanismo y arquitectura. Por lo mismo, para mí fue disparo mortal al centro del orgullo cuando oí decir a un poeta armenio, de paso por Caracas, que la Ciudad Universitaria no le gustaba, y cuando años más tarde leí en el libro de Yallop sobre el terrorismo, y a propósito del liceo en que estudió Ilich Ramírez, que muy cerca del Fermín Toro quedaban "el desangelado barrio de El Silencio".





 
La historia de esos dos grandes proyectos de Villanueva se enlaza de alguna manera con mi pequeña historia. Llegué a Caracas el 26 de enero de 1944 y me alojé en casa de unos tíos, situada en el 49-2 de Pineda a Toro, y mi primer domingo (y muchísimos de los que después vinieron) fue de visita matutina al área de El Silencio donde el movimiento de tierra era incesante, para luego subir, escalinatas arriba, hacia tierra de árboles y animales: ¡al paseo El Calvario! Al fin vi concluida la "reurbanización" que se convirtió en ágora política, con mítines donde hablaban los revolucionarios octubristas e incluso aquel conductor de masas llamado Jorge Eliécer Gaitán. En los apartamentos de los bloques 1 y 3 se reunían células comunistas y desde uno de ellos vi, en cita convocada para estudiar qué hacer ante el anunciado golpe, cómo los tanques se situaban aquel 24 de noviembre en los puntos clave de la Plaza O'Leary. El Silencio era, además, el sitio de las tertulias bohemias y de los encuentros literarios de tipo grupal, debido a la cercanía del Fermín Toro, la Universidad de San Francisco, El Nacional, los teatros Municipal y Nacional, la Biblioteca y hasta la odiada policía de Las Monjas.

Cuando recuerdo esos tiempos y releo en los cronistas qué había sido antes El Silencio: un enclave prostibulario en pleno corazón de la ciudad, la expresión de Mr. Yallop me enardece.

También viví de cerca -y viví cerca- el área excavada por bulldozers en la antigua hacienda Ibarra. La avenida Olimpo, en su parte norte, expropiada para la zona rental que nunca hemos disfrutado, lindaba con los terrenos de la futura Ciudad Universitaria. Estudié economía en la casa de la famosa hacienda y luego me tocó ver surgir los edificios del conjunto de Medicina, bastante antes de que estuvieran listos los siete inaugurados por Pérez Jiménez el 2 de diciembre de 1953. Cuando regresé al país, en 1956, la Ciudad Universitaria estaba prácticamente lista, si bien después, bajo la democracia representativa, le han hecho innumerables modificaciones y ampliaciones. Lo que no he logrado contemplar es el edificio de 58 pisos anunciado para ser rematado en 1959, con tiempo récord de dos años de construcción. Me parece haber leído, meses atrás, un diálogo o controversia entre Hannia Gómez y Juan Pedro Posani, experto en Villanueva y en el complejo mundo de la arquitectura y la urbe, que tocaba, si no me equivoco, este punto.

Como sea, la Ciudad Universitaria es una prodigiosa obra, no sólo de arquitectura sino de "integración de las artes" y está tan metida en lo hondo de mi alma que, después de haber oído lo que dijo el poeta armenio, lo supuse tan ignorante en artes plásticas como Yallop en la visión de ciudades que no sean Londres o París y hasta las del Medio Oriente terrorista.

Entre finales de los años 30 y finales de los 60, Villanueva fue protagonista de los grandes cambios en la ciudad. Los que saben de la materia discuten cuánto se acercó y cuánto se alejó del Plan Rotival originario al diseñar El Silencio como "angelado barrio" para las clases medias o de bajos recursos. Silvia Hernández de Lasala, en su trabajo sobre el Plan Monumental de 1939 y sus violaciones sucesivas, apunta: "La Plaza Mayor, originalmente planteada, estaba conformada por edificios públicos tales como el Capitolio, el Ayuntamiento, los Ministerios" y, desde luego, no fue eso lo que Villanueva (y sus razones tendría) hizo, sino los bloques de El Silencio con la Plaza Urdaneta (O'Leary), en el centro.

El Nacional / 1998


Vista aerea de la Ciudad Universitaria de Caracas con motivo
al Cuatricentenario de la Ciudad
1967