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miércoles, 29 de junio de 2016

El verdadero origen del nombre del Cerro de Avila

En visperas a un nuevo aniversario de la Fundación de nuestra amada Santiago de León de Caracas, comparto con ustedes la reseña que leí en las Crónicas de Caracas, publicadas bajo el N°88 1997-1998

"Ese año de 1774, fue desde el punto de vista documental, de mayor importancia en lo que se refiere a la nomenclatura de la caraqueña. En efecto, fue aquel el primero en que se menciona el nombre "de Avila", en toda la documentación municipal que guarda nuestro Archivo, contando desde las actas iniciales de 1573. Vale decir, que el topónimo no se usó en los papeles municipales en los doscientos años transcurridos desde 1573 hasta 1774, lo que se puede tomar como prueba fehaciente de que esa nomenclatura simplemente no existía.

Cuando se aludía a la montaña inmediata, se decía: "el cerro de esta ciudad", "los montes de esta ciudad", "las cabeceras del río Catuche", "las cabeceras del río Anauco", "la quebrada de Sanchorquiz", "este lado del cerro", "el otro lado del cerro", "la quebrada de Cotiza", "la quebrada de Anauquito", "La quebrada de Gamboa" que por un tiempo se conoció como "del Carrizal", "la cumbre del cerro"; y eran numerosos los topónimos del lado que da al mar: pero el nombre de Avila no aparece nunca durante esos dos siglos.

Alguien podría aducir que la ausencia del nombre se deba a una simple omisión. ¡Es qué acaso resulta posible omitir el nombre propio de un accidente geográfico tan próximo a la ciudad, durante doscientos años, cando había necesidad de referirse a aquel, continuamente, por razones tan importantes como la conservación de las montañas y sus fuentes de agua? No creo que esta postura resista un examen detenido; ni es posible que se pueda sostener tal hipótesis sobre planteamientos negativos, a la vista de una explicación sumamente clara.

Debido a la importancia que le hemos atribuido, me permito transcribir nuevamente el trozo del Acta del veinte de mayo de 1774, en el que aparece la referida mención primera de "cerro de Avila".

"En este Cabildo, en vista del auto expedido por el Sr. don Fermando Quadrado, teniente de gobernador y auditor de Guerra en esta provincia, por ausencia del Sr. gobernador y capitán general de ella, que hizo saber este día don Francisco Antonio Paúl, escribano público en esta sala, sobre que este Y.C. constituya uno de los S.S. de él, para practicar la nueva diligencia de reconocimiento de corte de leña y labores en las tierras de uno y otro lado del cerro Abila, los S.S. de él, acordaron nombrar como nombraron para real diputado para dicho efecto, al Sr. don Félix Pacheco, quien estando presente lo aceptó; y mandaron que el presente escribano compulse testimonio de esta acta, y acumulado dicho auto precedido recaudo político, lo ponga en manos de su señoría".

El propietario del llamado "cerro de Abila" en 1774, era don Juan Álvarez de Avila quien, en algunos documentos en la época figura como Juan de Avia, escuetamente. No pueden caber dudas de que el usufructo de las tierras y su montaña por Juan Álvarez de Avila y por sus descendientes, fue el que estableció  relación entre el cerro y el apellido, y dio lugar al topónimo con que conocemos a nuestra serraría.

Al morir Juan Álvarez de Avila o Juan de Avila, pa posesión  pasó a sus herederos mediante partición hecha por don Bartolomé de Castillo el 16 de febrero de 1796, aprobadas por el gobernador don Pedro Carbonell mediante auto que registró el escribano Domingo Antonio Mota, el 14 de marzo del mismo año.
Juan Álvarez de Avila contrajo segundas nupcias con Juana Francisca de León, natural de Chacao, hija del muy célebre teniente de justicia de Panaquire Juan Francisco de León, caudillo de la insurrección contra la Compañía Guipuzcoana que hizo huir el gobernador Castellanos en 1744, dejando a Caracas bajo el dominio del insurgente. De ese matrimonio nacieron Felipe Antonio de Avila, Juan Manuel de Avila, Vicente de Avila, religiosos: José Gregorio de Avila, Miguel Francisco de Avila, Fernando de Avila, Domingo Antonio de Avila, María Mónica de Avila  y María Teresa de Avila quienes quedaron dueños de todos los bienes de su padre, pues a pesar de que Juan Álvarez de Avila, yerno de Juan Francisco de León, estuvo comprometido en la insurrección que capitaneó su suegro y pasó a España con la delegación de presentar quejas que tenían los criollos contra los vascos, no fue despojado de su patrimonio. 

En la partición no figuran los límites de la finca de Avila, pero conocemos los linderos por un escrito del anotador de hipotecas redactado en el momento en que Domingo Antonio de Avila vende a su hermano Fernando Antonio de Avila y a Juan Manuel Matamoros, la parte que le correspondió en la participación. Según la certificación del anotador, le adjudicaron a Domingo de Avila".. El portero y serranía del Cerro de Avila que quedó por bienes de don Juan Álvarez  de Avila, sus padres.... "el portero incluía”... Sus tierras, montes, montañas, poteros y aguadas... “y eran sus límites.... por el este con la quebrada de Chacaíto: por el poniente, con las Barracas, norte con el alto o loma del cerro donde se avisaba el mar, y sur, la estancia que es adyacente y se adjudicó a los demás de sus hermanos”..  



Crónica de Caracas 1997-1998

domingo, 26 de julio de 2015

La Batalla de Maracapana


La Batalla de Maracapana, únicamente recogida por el relato posterior de Oviedo, fue el punto de inflexión de la jornada de conquista de Caracas. Es la batalla decisiva que rompe la coalición indígena supuestamente liderada por Guaicaipuro; alianza que tan exitosamente mantiene libres a los indios de Caracas por cinco años más desde que en 1562 logran expulsar totalmente a los españoles de Fajardo de su aurífera tierra.

Las otras dos batallas citadas en la narración de Oviedo, la Batalla de San Pedro y la de La Quebrada, no revisten su importancia. 
Por un lado la así llamada Batalla de San Pedro, librada para impedir el acceso a la hueste española a la tierra de los Caracas, la sostiene tan sólo la parte de las tribus aborígenes de la provincia que habitaban al oeste del valle, por donde entraron los españoles de Losada. Intervienen las parcialidades occidentales de los Meregotos, Aruacos, Tarmas y Teques. Los Tarmas, situados entre la costa y las montañas de Macarao colindantes con los Teques, tenían la posibilidad de pelear en ambos teatros, el de la costa y el del interior. Aunque usualmente lo hicieron al oeste del área de San Francisco, no desechaban bajar a este valle. Buscaron estas parcialidades repetir la hazaña de la derrota de Narváez, en la favorable loma de Terepaima. Pero Losada sale victorioso del nuevo desafío en la Loma de Terepaima.

Por otro, la así llamada por Oviedo Batalla de La Quebrada no pasó de ser -por lo que se lee- una “guasábara” más, o ataque menor, sin calidad de batalla, amén de que sobre ella mantenemos nuestras dudas arriba expresadas sobre su real historicidad. No obstante, el capítulo de la obra de Oviedo dedicado a esta batalla presenta algunos aspectos dignos de comentar. El primero es la evidente guerra que hacían los indios para impedir los aprovisionamientos de los conquistadores. Estos

'… se hallaban bien afligidos por experimentarse cada día más rigurosa la falta de bastimentos, a causa de haber los indios talado todas las sementeras inmediatas, para hacer más cruel la guerra con la hostilidad de la [sic] hambre ...'

El otro hecho significativo es que el comando de la hueste que va a buscar bastimentos al valle de las Guayabas, donde habitaban los Tarmas, lo tiene Rodrigo Ponce de León, según Oviedo. Hemos visto que este pasa a Coro con Valier en junio, según declaración de testigos. La acción pues debe ubicarse -si realmente correspondió a Rodrigo Ponce- antes de su documentada partida a Coro, con Valier, quizás en junio. Las expediciones de abastecimiento al valle de los Tarmas desde la costa donde por entonces se hallaba Losada se hacían bordeando el litoral por Maiquetía y Catia La Mar hasta la desembocadura del río Mamo, y de allí tramontando por Arrecifes hasta el valle de las Guayabas, o de los Tarmas.

La Batalla de Maracapana, a nuestro juicio, es la crónica que a la distancia hace Oviedo de la alianza -documentada como hemos mostrado- forjada entre los indios Caracas y el corsario Nicolás Valier. Oviedo ofrece pormenores de esta crucial acción:

'… determinaron que para cierto día, con el mayor número de tropas que pudiese alistar cada cacique, concurriesen todos los interesados en el sitio de Maracapana (que es una sabana alta al pie de la serranía inmediata a la ciudad) y echando el resto a la desesperación, acometer a Losada, fiando al lance de una batalla los buenos sucesos que esperaban de su valor y fortuna…'

El capítulo IX dedicado a esta batalla lo inserta Oviedo entre la llegada de Salas -en el capítulo VIII previo- y la posterior fundación de Caraballeda, el 8 de septiembre -en el capítulo X-, según su particular cronología y versión de los hechos. Es concordante con la estadía en estas aguas de Valier, como hemos visto. Oviedo sabe que la batalla se libra cerca de un Real, sitio o campamento poblado -según informaría la vaga fuente que está siguiendo para narrar la batalla- y ante la confusión que ello le genera (pues no logra aceptar que se trate de otra, sino de Santiago de León) ha decidido insertar el célebre capítulo VII sobre la fundación de esta ciudad antes de la Batalla de Maracapana.

Pero como se ha visto, Santiago de León no existe para esas fechas, y Losada se hallaba en la costa por entonces. Más aún, es improbable por lo expuesto que Losada tuviera su campo arriba en el valle de San Francisco. Y precisamente, las características “costeras” de esta acción conjunta de los Caracas con Valier prueban indirectamente que el ataque sería al campo principal en la costa, donde se hallaba Losada, no a un reducto secundario de resguardo de ganados en San Francisco, si es que esta disposición de fuerzas españolas existía por entonces. La composición mayoritariamente costera de las fuerzas indígenas que intervinieron en la Batalla de Maracapana es otro dato significativo. 
Oviedo detalla algunas de las principales parcialidades de la costa que intervinieron en dicha batalla: 
'… llegado pues el día determinado, vinieron de la costa y serranías intermedias, según lo capitulado, los caciques Naiguatá, Uripatá, Guaicamacuto, Anarigua, Mamacuri (que fue el primero que después dio la obediencia a Losada), Querequemare, señor de Torrequemada, Prepocunate, Araguaire y Guarauguta, el que mató en Catia a Diego García de Paredes, con siete mil indios de pelea, que llevaron entre todos…'

Los caciques convocados del interior de Caracas- y sus fuerzas- fueron los siguientes: Los Mariches, con los caciques Aricabacuto y Aramaipuro, '… con tres mil flecheros de su nación, incorporados en sus banderas los caciques Chacao y Baruta, con la gente de sus pueblos…'

Los Tarmas, acaudillados por Paramaconi, Urimaure y Paramacay, (Parnamacay o Parmanacay, que todas estas variantes se consiguen en Oviedo) reunían dos mil guerreros. Los Teques, conducidos por Guaicaipuro, que según Oviedo hacía de capitán general aportaban otros dos mil. Oviedo presenta pues catorce mil indios Caracas en estado bélico en aportes iguales por mitad para cada lado de la serranía, que se reunirían en la sabana de Maracapana el día de la batalla. 
¿Dónde quedaba entonces esta Maracapana, “lugar de las maracas”?

Un hecho curioso para el investigador de los orígenes de Caracas es que Maracapana como topónimo no existe por ningún lado, ni cerca ni lejos de la Caracas del siglo XVI, ni en ningún otro siglo hasta nuestros días. No se la ha localizado. Si se le busca -según los datos que aporta Oviedo- en documentos del período inmediatamente posterior a la fundación de Santiago de León, y hasta bien entrado el siglo XVII, de la cual hay suficiente información en incontables documentos locales de Caracas en secciones como Actas del cabildo, Encomiendas, Tierras, ventas en Escribanías o en Testamentarías, no se hallará explanada, lugar, asiento o sitio alguno con el nombre de Maracapana ni al norte o noroeste de la ciudad (área o llanura a la cual suele a veces denominarse en fechas posteriores Sabana del Teque y Sabana del Blanco), ni en la llanada de Catia, ni hacia la Puerta de Caracas siguiendo la antigua vía al mar, ni en Anauco Arriba o Anauco Abajo, ni en Catuche, ni cerca del Caroata, ni en Caricuao, La Vega, Antímano, Chacao, Petare, etc.

Es verdaderamente significativo si se piensa por contraste que sitios de acciones de batallas de ese período como la loma de Terepaima, o el valle del Miedo, o de descanso de la hueste como el valle de La Pascua, o incluso nombres más antiguos, como el valle de Juan Jorge, perduraron al menos algún tiempo o del todo sobrevivieron como topónimos; algunos recordando incluso sucesos comparativamente tan banales como “el Salto de Freyre” en la antigua ruta por la loma de Terepaima en Los Teques. ¿Qué se hizo Maracapana, teatro de tan vital batalla?

La explicación para nosotros es que el nombre de este teatro bélico sigue la suerte de Caraballeda, arrastrada como topónimo a la extinción y el olvido cuando esta ciudad costera se acaba temprano en la historia de Caracas, hacia 1586. Porque a nuestro juicio, la Batalla de Maracapana se libra en el área de Caraballeda, donde se asentaban los pobladores y soldados que por entonces “reedificaban” El Collado -haciendo un campamento, con quizás una empalizada-, si es que tiene algún sentido titular de ciudad un campamento o agrupación de caneyes, como hemos mostrado en la exposición previa.
Existe, no obstante, una magra y alterada mención a Maracapana (que concuerda con el período y localización cercana a Caraballeda) en un título de encomienda otorgado a Jácome Fanton, -quien sucede en la encomienda de Justo Desque- en su parte relativa al cacique Guaicamacuto, que entraba dentro de la encomienda original otorgada por Losada a Desque: 
'… reservando como reservo el principal don Pedro, hijo de don Joan Guaycamacuto con todos los indios sus sujetos, que viven en la costa de la mar, hacia Caraballeda, en la quebrada nombrada de enmaracacurinare y en sus vertientes e corrientes…'

La indicación de su cercanía a Caraballeda y el hecho de tratarse del asiento de Guaicamacuto, que luchó en esa batalla, nos inclina a creer que Maracapana fue entonces el sitio por donde corría la quebrada de Maraca curinare, en Caraballeda, donde a nuestro juicio se desarrolló la batalla.
No parece casual observar también, en los pocos nombres de españoles que registra Oviedo participando en la batalla, que entre ellos no se nombren o figuren en esta oportunidad los hermanos Ponce de León, lo cual concordaría -a nuestro parecer- con su ida a Coro con Valier, y sí mencione en cambio uno de los registrados vecinos de la futura Caraballeda -y su alcalde en 1570- Gaspar Pinto, que no entró con Losada, por lo que es de suponer que vino en las piraguas con Salas.

El día de la batalla de Maracapana el corsario Valier falló. No se presentaron sus naos en la costa de Caraballeda. Tampoco Guaicaipuro, según Oviedo, con el ala de los Tarmas y Teques acaudillados por él: 
'… y se confederaron con los indios para matar a todos los españoles como los hubieran muerto si no fuera por cierta emboscada que les hizo con cien soldados el dicho capitán Diego de Losada, de que dicen les dio aviso a los dichos franceses un Juan Pacheco, criado que fue del licenciado Bernáldez…'

La versión de Ponce de León sobre el develamiento del plan contra la tropa de Losada es más escueta: 
'… y como se vino a saber, no lo osaron intentar, sobre lo cual he mandado que se haga justicia, para que adelante no tengan el mismo atrevimiento…'

¿Qué había pasado?
Oviedo narra que la batalla se dio, a pesar de todo, con o sin Guaicaipuro. Y dice que efectivamente se pierde al no poder acudir Guaicaipuro y sus huestes de Tarmas y Teques a tiempo, debido a la distracción oportuna que en las mismas serranías de su habitación les hizo Pedro Alonso Galeas con un escuadrón de sesenta soldados. Pero para Oviedo, que en ningún momento acierta a hablar del papel del corsario Valier en todo este drama (señal que lo callan sus fuentes, incluyendo al mítico Ulloa), la acción táctica de Galeas se debió a la casualidad:

'… ignorante Losada de todo esto, por no haber tenido noticia alguna de lo que maquinaba Guaicaipuro, había despachado aquella madrugada a Pedro Alonso Galeas con sesenta hombres para que corriendo las lomas y quebradas de los Tarmas juntase la mayor porción de bastimentos que pudiese y los trajese a la ciudad. Caminaba Pedro Alonso con su gente a ejecutar puntual su diligencia cuando a las ocho de la mañana encontraron con él los indios Teques, que unidos ya con los Tarmas marchaban presurosos para hallarse en el asalto; pero al ver los españoles en parte que no esperaban, discurrieron que su obligación estaba ya descubierta, pues les salían armados al encuentro, cuando pensaban hallarlos en la ciudad desprevenidos, algo atemorizados se empezaron a dividir en mangas por los cerros…'

Frente a estas dos versiones del hecho, como siempre, aquí optamos en principio por darle crédito a la del documento coetáneo, como es la real cédula citada arriba. Esta, según vemos, da noticia de cómo renunciaron los corsarios a intentar la empresa, abortando el ataque al tener aviso por el Juan Pacheco de que todo el plan estaba descubierto, Guaicaipuro contenido y anulado y que su rival Losada lo espera prevenido y con las buenas armas y municiones que el propio Valier se ha encargado de suministrarle. Valier se lo pensó dos veces, pues una cosa es atacar un pueblo como Borburata, sin defensa ni armas (entregadas seguramente -las que había- a Losada y su conquista) y otra intentarlo contra un ejército “de cien hombres” o soldados móviles que lo esperan bien armados y sin el estorbo de una ciudad abierta a la que estén obligados a defender, pues cuentan en cambio con caballos -y quizás hasta un reducto-: “... y como se vino a saber, no lo osaron intentar...”

No es cierto pues que Losada no supiera lo que se tramaba. De alguna forma se enteró del plan y conocía, al parecer, los detalles. Por lo que sabiendo que era fundamental impedirles a Guaicaipuro y Paramaconi liderar la batalla, envía precisamente a Galeas a estorbarles este objetivo. Galeas lo cumple a cabalidad con lo que, como narra Oviedo, las huestes en Maracapana se desmoralizan al faltarles el caudillo y alma de su lucha. La real cédula es coherente al hablar de “cien hombres” en Maracapana ya que como vimos en la versión de Oviedo, el resto se hallaría posiblemente con Galeas luchando contra Guaicaipuro. La mencionada emboscada pudo referirse al Losada esperando el ataque indígena, o a Galeas atacando a Guaicaipuro y sus Tarmas y Teques.

Es por indicios como los expuestos que nos resulta difícil creer en dos (2) asentamientos simultáneos de españoles en Caracas para esas fechas, divididos en los dos teatros de operaciones, el de El Collado, en la costa, y el del valle de San Francisco.
Pues si Losada está emboscado con cien hombres aguardando a Valier y la batalla, como habla la real cédula, y ha mandado el resto con Galeas, como afirma Oviedo, una de las dos plazas, si es que en verdad existían ambas para esa fecha, se queda sin defensa. Con sólo atacar en la costa a la hueste de Losada una parte del resto del ejército de indios Caracas que asisten a Maracapana, la otra puede mientras tanto destruir y quemar la plaza desguarnecida en San Francisco, logrando una significativa victoria, después de todo. Pero eso no sucedió, y en ninguna parte del texto de Oviedo o en otros documentos está registrado durante la campaña de Losada una segunda quema de San Francisco, El Collado, Santiago de León o Caraballeda por parte de los indios Caracas.

Por otro lado, si el campo de Losada, su perímetro, o real, estuviera supuestamente establecido por entonces en el valle de San Francisco, como es la idea generalmente aceptada, ¿bajó Losada con cien hombres a la costa a esperar a Valier, sabiendo que todo el fin del ejército de Guaicaipuro era acabar con el asentamiento de San Francisco? ¿Y qué decir entonces de las fuerzas restantes enviadas a bloquear a Guaicaipuro? ¿Es concebible que gente tan poderosa como los Mariches pasaran de largo por San Francisco -vía obligada- para ir a atacar a Losada en la costa, donde estaban los caciques del litoral, sin primero destruir la desguarnecida San Francisco que era en definitiva, para la historiografía tradicional, el supuesto objetivo de la batalla?¿Dejarían incólume los mariches ese peligroso reducto castellano atrás, amenazando sus espaldas?¿Permanecería el capitán que supuestamente guardara San Francisco impávido viendo como frente a sus narices pasaba la columna mariche en vía a atacar a su general y compañeros en la costa?¿Subiría Valier la ruda y desconocida cuesta hacia el valle de Caracas, arriesgando una emboscada segura en cualquiera de cien sitios propicios por parte de los españoles?

La lógica de guerra nos dice que si se iba a atacar con todas las fuerzas disponibles a Losada -aplicando la táctica usada contra Narváez y Bernáldez previamente- era porque este y su hueste estaban concentrados todos en un área precisa y de fácil acceso a los corsarios: el litoral. Este sitio pues de combate, por los indicios y testimonios analizados, estaba localizado para la fecha de la batalla en un lugar de la costa, en Caraballeda, en el asiento de Manaure, cercano a Guaicamacuto: Maracapana.

'… las demás naciones convocadas, que juntas en Maracapana aguardaban la venida de los Teques y Tarmas para dar el asalto a la ciudad, viendo que era pasado el mediodía y no llegaban, sin acertar a discurrir la causa de su tardanza, empezaron a desmayar, desconfiando del suceso por faltarles Guaicaipuro, quien por lo acreditados de su valor y opinión adquirida de soldado, había en todo de dar la disposición para lograr el acierto; y teniendo su falta por presagio de alguna fatalidad, empezaron a desunirse los caciques, retirándose algunos con sus tropas, sin atreverse a proseguir en la empresa, que miraban ya con desconfianza; los otros, teniendo por descrédito el desistir de aquel lance en que tenían empeñada la opinión, moviendo sus escuadrones se fueron acercando a la ciudad…'

La derrota de los Caracas, ante un oponente superior, prevenido y alerta, fue total.
Sale Losada con los jinetes armados

'…dejando a los demás en guardia de las casas, para que los indios con la confusión no las quemasen, y apellidando a Santiago acometió al enemigo en la sabana, abriéndose camino con las lanzas, que en aquella confusa muchedumbre, ni erraban golpe ni perdonaban vida, cuando los infantes por su parte, embarazando las rodelas y esgrimiendo los aceros, empezaron a dividir aquellos cuerpos desnudos, que embarazados con su misma multitud, poniéndose en desorden se fueron retirando, atropellándose unos a otros por asegurar las vidas…'

Fue tan grande la victoria castellana que la confederación local de caciques de Caracas se disuelve. Jamás en adelante volverán a atacar unidos. Guaicaipuro no se rindió. Mantuvo su amenaza en el interior, tras la cerranía. Solo con su muerte pocos meses después se logra finalmente la fundación de ambas ciudades a inicios del año 1568, ya menos amenazadas. A lo sumo los Mariches mantendrán la unidad entre sus caciques propios uno o dos años más.

Días luego de la batalla de Maracapana, bajo quizás cierta fecha de significación religiosa acordada por los vencedores, algunos caciques de la costa se acercan a El Collado, a “dar la paz”. Son Guaicamacuto -el antiguo y poderoso cacique amigo de Fajardo, que luego se le opone y que ante Losada finalmente se rinde- y Mamacuri (o quizás Mamocuri, de Mamo).

Así se ganó Caracas. Fue obra de Losada.

Tomado de ‘La Jornada de Caracas 1567-1568'

Por  Juan Gant-Aguayo, tomado de facebook Caracas la de los techos rojos

lunes, 23 de marzo de 2015

“Elite” en “La Florida”

Mentiría si no dijera que la pintoresca historia de nuestra ciudad, desde sus inicios me apasiona, pero de todas, las notas  de cómo fueron pensadas y creadas las urbanizaciones, es una de las que más me agrada. Comparto con ustedes la de la urbanización "La Florida", que transcribí textualmente  de la revista Elite (2 de octubre de 1928) y que dedico al Arquitecto Ricardo Rodríguez Boades, a quién le debemos tanto en la recopilación de material fotográfico y documental de nuestra amada ciudad.
                                                
Uno de los grandes Bulevares de "La Florida"
   
“Consecuentes con suministrar a nuestros lectores informaciones completas acerca de todo progreso que en materia de edificación urbana se realiza tanto en Caracas como en el resto de la República, nos dirigimos en una de estas cálidas tardes de octubre hacia el sector donde se desarrolla la súper-urbanización de “La Florida” y allí nuestro compañero Avilán obtuvo las bellas fotografías que aparecen en estas páginas.

Siguiendo la carretera del Este, a pocos minutos de urbe, antes de llegar al aledaño primaveral  de Sabana Grande, se abre hacia el Norte el bulevar “Las Acacias”, entrada principal de  la urbanización. Al estar terminada esta vía tendrá una anchura de veinte metros. En su centro han sido colocados hermosos jarrones decorativos; a sus lados han sido plantadas filas de árboles umbrosos y ya están al terminarse las amplias aceras paramentadas de grama en sus bordes y en las cuales cómodos bancos brindan suave descanso al caminante.  


El nombre de “La Florida” no ha sido escogido por su armonía verbal, sino para recalcar especialmente que su mayor atractivo serán los adornos florales. A este propósito plácenos  subrayar que el espíritu de los urbanizadores está completamente alejado de la idea del mercantilismo; y en el deseo de que las obras que están creando con gran cariño  no decaiga  y si perdure, han instituido una  “junta de conservación”, la cual se ocupará de cuidar y mantener en bellísimo aspecto las flores, los árboles y la grama de los parques y las avenidas. Dicha junta se compondrá de tres propietarios de parcelas en la Urbanización.
Un rincón de uno de los parques :: Bellísima alineación de mangos cuasi centenarios de uno de los bulevares.

El boulevard  “Las Acacias” se tiende recto hacía las estribaciones de La Silla de Caracas, donde termina la urbanización. Después de su comienzo en la carretera  atraviesa la vía férrea del Este, y ya comienza a perfilarse las airosas construcciones de casa-quintas, chalets y palacetes.

Es en verdad privilegiada la situación de “La Florida”: su altura sobre el nivel del mar  (idéntica a la de Los Chorros) es de 890 metros. El clima es delicioso, refrescado por las oxigenadas y salutíferas brisas del monte vecino, que purifican constantemente  su atmósfera. Los vientos que entrando por  el abra del Oeste del Valle de Caracas, son en cierta época desagradables y molestos, llegan a “La Florida” muy aminorados, resultando por esto inofensivos.

El agua es purísima y abundante y su abastecimiento está asegurado indefinidamente ya que el Sindicato es copropietario de las fuentes situadas en la montaña.

El terreno es plano y de mucha fertilidad y sombreado por magníficas alboreadas, cuya conservación y agrandamiento es parte del plan urbanizador, como ya hemos dicho, pues se tiene el propósito  de que las construcciones vayan rodeadas de árboles y flores.

En cuanto a las perspectivas panorámicas que se ofrecen son admirables, ya que “La Florida” ocupa más o menos el punto medio Norte del Valle de Caracas, y desde allí se domina en toda su extensión.
Las construcciones, que ya empiezan a levantarse en todo el vasto perímetro de la urbanización, revelan en sus arquitectos muy buen gusto y perfecto conocimiento de las condiciones que requieren la higiene y aireación de las edificaciones tropicales.

Tres grandes bulevares, el ya descrito y nueve avenidas secundarias, pero igualmente amplias y decoradas, forman, hasta el presente, el trazado de “La Florida”, fuera de diversos sitios que lo complementan, como son la hermosa piscina, el “Park-Way”, el Parque de Recreo para los niños y el Gran Parque Central.

La piscina merece párrafo aparte y un cumplido elogio, pues constituirá uno de los más interesantes atractivos de la urbanización.  Su extensión la sitúa como la primera en nuestro país y puede equipararse a cualquiera de las similares en las grandes urbes extranjeras.  En ella se podrán celebrar concursos de natación en distancia de 50 y 100 metros. El agua le llega por medio de un chorro a presión continua que podrá utilizarse a la vez como deliciosa ducha.

Al lado de su parte más honda se construye una torre con diversos trampolines desde donde se podrán  lanzar los nadadores con toda comodidad  y sin ningún peligro para las zambullidas. Es de advertir que esta piscina no será pública, sino que estará destinada al uso de los dueños de parcelas y los miembros del futuro “Club La Florida”.

Uno de los más elegantes aspectos de las avenidas y calles se obtendrá por la imponente alineación de los postes de alumbrado, forjados artísticamente en bronce y sin aparentes cables conductores.
Los servicios de agua potable y saneamiento son dignos por todos conceptos del esmero puesto en que  la Súper-Urbanización de “La Florida” responda por completo a las ideas antes expuestas de sus promotores e iniciadores.

Por manera que, resumiendo impresiones sobre nuestra vista a tales sitios y el avanzado progreso de sus obras, podemos predecir, sin el menor temor a equivocarnos, que dentro de muy poco contará la ciudad capital  con este nuevo, saludable y pintoresco aledaño.”
 
Casa de recreo para los niños:: acera de paseo, “Park Way” del Bulevar de Los Manolos




Notas de la reseña:

La Gran Piscina de La Florida
Estará a disposición de los miembros del club Florida, en formación. Contiene 1.000.000 litros y tiene proporciones tales que en ella podrán llevarse a cabo los campeonatos de natación de Venezuela.

La imponente perspectiva llenarán de regocijo a los amante de lo bello y de los agradable.

(Fotos Elite de Avilán)

Fuente: Revista Elite
2 de octubre de 1928

viernes, 22 de noviembre de 2013

Una Vista a la Urbanización “Parque Santa Mónica”

Nada más grato al hombre amante de la naturaleza, que adentrarse en parajes enjoyados por la esmeralda de los árboles y el perfume embriagador con que la brisa embalsama el paisaje; en aquellos privilegiados lugares que convidan al reposo y a la meditación. Tal es la Urbanización “Parque Santa Mónica”, enclavada en el propio Valle de Caracas.

Una extensa planicie rodeada de armoniosas colinas eternamente besadas por la brisa del Oeste, y frente a ellas, se irgue en su imponente solemnidad el Avila, atalaya de Santiago de León y  Caracas, empenachado de neblinas, bajo el rumor de las cascadas  que musicalizan desde que nace hasta que se pone el sol. 

Santa Mónica, por su situación privilegiada, está provisto de ventajas y comodidades de que están ayunos otros lugares frecuentados por el caraqueño enamorado de la naturaleza. 

En Santa Mónica convergen todas las vías de acceso que parten de los diferentes centros de la población, lo que influye poderosamente en beneficio de quienes están haciendo de aquella Urbanización el lugar más ideal para residir en todas las épocas del año. 
Recientemente,  con motivo de festejar la Directiva de aquella empresa urbanística  el segundo aniversario de haber iniciado sus actividades, tuvo efecto una elegante fiesta campestre a la cual concurrieron distinguidas personalidades de la política, los negocios, la prensa y el mundo social en su más destacada representación. 
Una orquesta formada por ejecutantes de música folclórica amenizó el acto, ternera asada a la llanera,  rociadas con ____, guarapo fuerte, chicha andina, y otras combinaciones absolutamente venezolanista  viajaban de mesa en mesa con abundancia generosa. 

“En un lugar fresco y acogedor, elegido entonces por quienes huían de las zonas bajas, calurosas. Y en la configuración actual de la ciudad moderna que se construye hacia el Este de la vieja Caracas, supone en centro urbano, sin perder su carácter de zona estrictamente residencial, sin tránsito ajeno a la propia urbanización. La parte alta de la urbanización permanece alejada del tumulto ciudadano – por más que se desarrolle la ciudad y multiplique    
sus habitantes- y es lo que los caraqueños llaman “Balcón del Avila”, por hallarse frente a las altas montañas de este nombre que limitan la ciudad por el Norte. En cuanto a la parte baja –la llanura- recibe la misma brisa del Avila y es un lugar eminentemente fresco y limpio. 
La idea de “Parque” supone exactamente cuanto un parque significa, con jardines generales de ornamentación, jardines para la infancia, y zona reforestada en las colinas para paseos a caballo y para el disfrute de una paz total en un ambiente de frescura. 
“El agua- uno de los graves problemas de la capital venezolana- es abundante y segura, gracias a la riqueza natural de la zona, y la existencia de un contrato de perpetuidad con el Instituto Nacional de Obras Sanitarias, mediante el cual se garantiza el suministro regular del Gran Dique “La Mariposa” recientemente construído. Donde “Santa Mónica”  paga por este servicio, casi un millón de Bolívares. La Gran autopista del Este, y las modernas y amplias calle de la ciudad moderna, conducen directamente a esta Urbanización. Sin embargo, ninguna atraviesa Santa Mónica, de manera que nada ajeno a su propia vida puede perturbar su tranquilidad. 
“La vecindad Santa Mónica” es eminentemente selecta. La Gran Ciudad Universitaria es el vecino inmediato. Esta Ciudad Universitaria – una de las más importantes de América Latina – Será el eje central de Caracas- 

“ La vieja Ciudad de Caracas que aún guarda en el centro aspecto colonial , se desplaza rápidamente al Este en una carrera apresurada en busca de espacio vital para su nueva e intensa vida. El Valle del Este es, sin embargo, limitado. Todo cuanto se construye en el Este es cotizado a precios muy superiores al Oeste. Desde la Plaza de  Venezuela- al nivel de Santa Mónica- hacia el Este, comienza una ciudad moderna, que alberga a las clases pudientes y acomodadas y que muestra un comercio distinguido que el de la Vieja Caracas. 
       
“ En la época Colonial fue residencia y dominio de la comunidad  religiosa denominada  “Monjas Blancas”. Más tarde después de la Independencia, floreció una rustica refinería de azúcar, de solida construcción española servida por típicos acueductos de arcos de medio punto”. 
Como atraídos por la corriente de simpatías que hizo del día aniversario de la fundación de la Empresa Parque Santa Mónica, uno de los más inolvidables en la ciudad, están en la foto distinguidos elementos haciéndole grata Compañía  a los señores Don Dionisio Bolívar,  Coronel Sam R. Knight, Dr. Laureano Vallenilla Lanz, Sr. Alfonso Arreaza L, y Dr. Rafael Pinzón, quienes ponen una grata nota a la fecha aniversaria de la Urbanización Parque Santa Mónica.

Cabe la sombra de un frondoso y anejo  árbol  tal vez plantado por las manos de aquella famosa congregación de monjas Blancas que tan noble ejemplo diera en la Caracas de su tiempo, se ha cobijado, para gustar las excelencias de la fiesta aniversaria de Santa Mónica, el gran todo invitado a tan simpático acto.




Muchachos del matadero de El Valle, secundan al infatigable y excelente amigo Briceño Montero, a quién le fue encomendada  la organización de la ternera. 



Billiken 1950

domingo, 14 de julio de 2013

Historia menuda de Santiago de León

“ Bajando por Sanchorquiz por el llamado Camino Real de los Españoles lo primero que se encontraba era el Polvorín  y Los Mecedores Sanchorquiz es una corruptela de Don Sancho Alquiza, Gobernador de Caracas que tenía allí una estancia para ir a pasar los días bochornosos del verno. A la izquierda del viajero se podía contemplar los paredones y Cipreses del Cementerio de los Hijos de Dios, el cual ha debido conservarse  pero desafortunadamente fue abatido por el afán de urbanizar esa típica zona, como pasó con multitud de viviendas que eran un claro exponente de la arquitectura colonial.




Los Mecedores eran sitio de refugio en los años de nuestra niñez. Allí entre las lianas o bejucos nos columpiábamos a nuestro antojo, para más luego irnos a refrescar en una límpida caída de agua que resbalaba por una pared natural de granito . O nos íbamos a montar papagayos o cometas a la Sabana del Blanco, sanas y agradables costumbres, gratas al cuerpo y al espíritu, hoy caídas en desuso.


Trepar las faldas del Ávila era uno de nuestros deportes favoritos. No existía cueva o rincón en Galipán que no conociéramos, lo mismo en toda la fila de la cordillera hasta la propia Silla de Caracas o el Picacho de Naiguatá; desde esos sitios contemplábamos el cuadrilátero como un enorme tablero de damas, rodeado de una verde y lujuriante vegetación cortada a trechos por las límpidas ninfas del Catuche, del Anauco o del Guaire, en cuyas márgenes la heráldicas palmeras, abanicadas por la brisa, jugueteaban con las blancas palomas que en tropel surcaban el cielo de aquel Caracas, mientras  que los viejos y queridos techos de rojas tejas cubrían los hogares donde se veneraba a Dios, y donde nadie osaba penetrar , respetando la sana tradición venezolana de la propiedad.


En las noches de luna, en la agradable compañía de nuestro desparecido y fraterno amigo Raúl Carrasquel y Valverde, nos encaminábamos por estrechas calles y largos callejones pastoreños, rememorando los viejos tiempos, idos hasta en el recuerdo: Raúl tenía pasión por esta parroquia, allí fundó su hogar en la grácil compañía de Iraida Regina. Ambos ya no están con nosotros, pero pueda ser que al filo de la medianoche materializados con niebla del Ávila, vuelvan a transitar por el Boulevard Brasil y tomados de la mano contemplando de nuevo la Caracas de antaño. La de la Cruz de Mayo, la de la Semana Santa, la de los nacimientos y villancicos, la de San Silvestre con un tronar de morteros y campanadas echadas al vuelo, mientras el bronce del Libertador galopa eternamente en la mente patriótica de todos los venezolanos. 
En la parroquia de La pastora en el sitio llamado La Puerta de Caracas, existió un almacén de la Compañía Guipuzcoana cuya casa Matriz ocupaba dos inmuebles de la hoy Avenida Urdaneta, posiblemente en el mismo lugar donde hoy está el Banco Central de Venezuela.


Don Diego de Lozada hizo construir dos ermitas, una, la de San Mauricio en la esquina de Carmelitas, y la otra la de San Sebastián, en la esquina de Santa Capilla. La imagen de San Mauricio en estampa, que había sido encargada a Castilla, fue conducida en procesión a su ermita (Actas de Cabildo, tomo II) la cual años después fue presa de las llamas, pasando el culto de este santo a la Ermita de San Sebastián. (En la actualidad Santa Capilla) . Algunos escritores han supuesto que la Ermita de San Mauricio quedaba frente a la de San Sebastián, lo cual es inexacto, esta confusión debe obedecer a que la única ermita en esta esquina tomó el nombre de los dos santos por las razones ya expresadas, y más luego fue conocida como San Mauricio a secas, igualmente en la esquina en cuya parte   sur-oeste  existió la Comandancia de Armas y el Cuartel de San Mauricio. Igualmente se ha pretendido que existía un pasadizo subterráneo entre éste y la Iglesia de San Francisco, lo cual cabe dentro de la leyenda; en verdad existió un subterráneo usado como polvorín.




En las memorias de Obras Públicas de 1875, ocurre una resolución del Ministerio de Fomento ordenando reformar el ya citado cuartel y nombrando una Junta de Fomento  compuesta por los señores Generales Víctor Rodríguez, Pedro Arismendi Brito y A. Loutowzky . El presupuesto presentado montaba una suma de seis mil cincuenta venezolanos, con diez céntimos. El Cuartel de San Mauricio sufrió grandes reparaciones, debido a que el Gobierno del General Cipriano Castro había dispuesto que sirviera de oficinas de Telégrafo Nacional, el cual funcionaba anteriormente de Torre a Principal. Muchas personas son partidarias de derrumbarlo y en su lugar construir un parque, la idea sería plausible si se hiciera de inmediato, pero existe el peligro que al igual que San Jacinto y la Torre, se convierta por saecula saeculorum en un estacionamiento de automóviles, que con los ranchos de los cerros afean enormemente la ciudad.” 

Fuente: Portal del Cuatricentenario
De Nicolás Ascanio Buroz
El Universal /Agosto de  1963

Notas actualizadas del Lic. Juan Gant-Aguayo ( julio 2015) 

El sitio de Sanchorquiz efectivamente debe su nombre a Sancho de Alquiza (1606-1611) gobernador que fue de la provincia. Mas no se le debe por ninguna estancia que supuestamente tuviera allí este caballero, que los gobernadores en funciones tenían prohibido adquirir bienes en la provincia a donde iban a gobernar. Sucede que ese abrevadero fue el sitio escogido por este gobernador para acampar la milicia cada vez que iba a marchas forzadas a la Guaira a defenderla de los piratas cuando sonaba la alarma de los vigías.

La ermita que mandó a construir Losada fue la de San Sebastián. La ermita de san Mauricio la hacen los devotos en 1578 en honor a ese santo y como voto por la plaga de langostas que asolaba los trigos ese año y el anterior. La ermita de san Mauricio duró bien poco, pues en 1580 se quema y la imagen del santo va a parar (provisionalmente, dijeron) a la ermita cercana de san Sebastián, y allí se quedó para siempre. La ermita de San Mauricio, anunque en el plano de Pimentel de 1580 aparece situada en el solar de carmelitas suroeste, en realidad estaba una cuadra más al oeste, en Llaguno suroeste.

martes, 24 de mayo de 2011

El Ferrocarril estación Caño Amarillo


Construcción del Ferrocarril Caño amarillo.

Hecho por ingenieros ingleses que vinieron a Venezuela. Fue el primer ferrocarril ingles en Venezuela, construido por el ingeniero George Stephenson. Los ferrocarriles se empezaron a construir desde 1877 pero esta fotografía fue tomada tiempo después en 1910 aproximadamente.

Testimonio:
Corina Escalona, mi bisabuelo John Smallpage (el sexto, sentado en la primera fila en el orden de izquierda a derecha), era el director administrativo del Ferrocarril Caracas– La Guaira. Ese ferrocarril tenía la concesión de uso de una firma contratista inglesa.
Fuente e imagen de Claudia Grullón
alumna del Profesor Balladares, Aporte del grupo Retrospectiva Historia de Venezuela-


viernes, 1 de abril de 2011

Esquina de Punceres:

Esquina de Punceres:



"En 1703, la viuda del capitán Don Baltasar de Soto, heredero de las tierras que fueron concebidas al Licenciado Pedro Vicuña para edificar la iglesia de La Candelaria, pidió que esta cuadra le fuera recompensada con otra, “cerca de la casa del sargento Nicolás Punzel”.

El Sargento Nicolás Punzel y Mantilla era vecino de Caracas desde finales del Siglo XVII; tenía su casa del otro lado de Catuche, y una curtiembre para corambre. Con ayuda de los vecinos, construyó él mismo el puente para facilitar el paso, obstaculizado por el gran barranco donde se juntaban las quebradas de Catuche y la Trinidad; el costo de la obra fue de setecientos treinta pesos. Este puente fue construido en 1775, en tiempos del Gobernador Agüero.

También existió allí una fuente de agua construida por el mismo Punzel, y al final de la calle se alzaba una cruz, que la gente comenzó a  llamar de punceles. En 1811, en las actas del Cabildo, se encuentra una referencia a “la quebrada de punceles”- Con el tiempo el nombre fue modificándose a Punceres, que es el que hoy se da a la esquina.

Fuente:
Rafael Valery
La Nomenclatura Caraqueña
Pág. 279-281

lunes, 28 de marzo de 2011

EL RELOJ DE LA UCV

Ubicación: Zona 1 Centro Directivo, Plaza del Rectorado, lado Este


CAMPANARIO

ANÁLISIS DESCRIPTIVO

TORRE DEL RELOJ UNIVERSITARIO

Símbolo de la Universidad

Juan Otaola Paván
Conmemorativo

El Reloj Universitario es el elemento alto que se opone al espacio de baja altura de la Plaza del Rectorado. Representa la a Universidad Central de Venezuela pues es su símbolo, y como tal, remite a algo que no está de modo inmediato en la visión comprensible, (...) es la evocación de un orden íntegro posible dondequiera que éste se encuentre, 1 la idea de Universidad.

El Reloj, marca fundamental del paso del tiempo en una casa de estudios, ha sido visto tradicionalmente como un elemento formal que acompaña la fachada principal de los lugares de estudio, de hecho, la Escuela Gran Colombia, diseñada también por Villanueva en 1939, tiene un reloj en la parte más alta de la fachada, que pareciera que se hubiese elevado solamente para recibirlo. También otros Grupos Escolares diseñados en el país desde principio de los años cuarenta mantienen el reloj en su fachada principal como un elemento que no se discute.

Pero este Reloj Universitario, a diferencia del de la Escuela Gran Colombia -ubicado sobre un volumen inseparable de la masa total del cuerpo frontal del edificio-, está formado apenas por tres discos que reposan en un prisma virtual, limitado por sus tres aristas, el cual se ha torcido para cobrar estabilidad y belleza y transformarse en una estructura formada por los elementos indispensables para convertirse en el moderno obelisco. 2

La estructura diseñada para soportar un elemento tan fundamental para la vida universitaria, superó su función original de sustentación de un mecanismo y se convirtió por valor propio en símbolo de la Universidad moderna, dejando atrás la antigua imagen del Convento de San Francisco con su reloj en la torre principal.

A pesar de que indudablemente corresponde a Villanueva su concepción como elemento formal, esbelto y significativo en el campus, así como su ubicación discreta pero fundamental en la Plaza del rectorado, es indispensable otorgar el crédito que se merece, por su participación en la concepción de la estructura de este objeto, al ingeniero Juan Otaola, un profesional de gran imaginación y creatividad. Con respecto al proceso de diseño del reloj ha expresado el ingeniero:

Trabajo de Doctorado de Silvia Hernández de Lasala: "EN BUSCA DE LO SUBLIME, Villanueva y la arquitectura de la Ciudad Universitaria de Caracas". Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV, Caracas, marzo de 1999.

JUAN OTAOLA PAVÁN
OSCAR BENEDETTI PIETRI
JUAN PEDRO POSANI
BELLUCCI

1953/ 1953-1954
"En el diseño del Reloj de la Ciudad Universitaria de Caracas yo respeté, porque no quiero ser injusto, el volumen diseñado por Villanueva; era el mismo reloj, con la diferencia en las piernas que eran tres. Yo no cambié nada de lo que él quería. Vi el dibujo y le dije, Tigre (porque así le decía) yo lo veo bien pero me parece una tontería hacerlo así. Esto hay que hacerlo más puro. ¿Y que llamas tu más puro?, me dijo Villanueva. Entonces hice esto, recuerdo como hasta ahora: Cogí su plano, un escalímetro, una regla de cálculo, tres lápices y les saque punta por ambos lados. Villanueva me dijo: ¿Que vas a hacer? Cogí dos cartones, medí la escala en el plano, tomé la regla de cálculo y obtuve los tres puntos de un triángulo equilátero. Colocando este cálculo sobre los dos cartones, tome un compás de punta seca y puyé los cartones sobre los tres puntos del triángulo. Tomando un cartón inserté los tres lápices y luego tomé el otro cartón para hacer los mismo hacia el otro extremo de los lápices y le dije: Tigre, ¿cómo te suena? Villanueva respondió: ¡Carajo, si esto es lo que yo quiero! Bueno, está bien, vamos a hacerlo así. Yo le dije que eso tiene la ventaja de que esta columna es pura y se la postenso, eso no necesita nada, entonces le ponemos las riostricas como usted quiere que se vean. ¡Ese es el Reloj de la Ciudad Universitaria!".
Entrevista realizada por Silvia Hernández de Lasala al Ingeniero Juan Otaola, el 27 de enero de 1993, Caracas. También la arquitectura de Villanueva requiere del tiempo, no ha sido diseñada para la visión estática sino para ser recorrida, para ser percibida mediante el desplazamiento en automóvil u ofrecida al caminante que la transita.
1 Hans-Georg Gadamer: "La Actualidad de lo Bello", p. 85.

2 Véase sobre el tema el libro Juan Otaola Paván y Oscar Benedetti Pietri: "Ingeniería y Construcción", p. 74-75



sábado, 12 de marzo de 2011

Esquina Jesús

Esquina Jesús:



"El nombre completo de esta esquina era de Jesús, María y José y se debe a que el 30 de julio de 1768 Don Simón Marciano de Malpica, Tesorero de la Catedral de Caracas, presentó el proyecto de fundar allí el “Colegio de Jesús, María y José” para niñas huérfanas desamparadas, tanto blancas como de color, desde 6 hasta 15 años. El 16 de mayo de 1769, desde Aranjuez, el Rey mandó tasar las casas que el prebendado ofrecía para la fundación. Este establecimiento estuvo prestando servicios hasta 1776.

Don Arístides Rojas dice que la esquina se llamó de las Cabezas, por Rafael Irazábal, dueño de una carnecería y tasajera en Caraota, “Tras de las Cabezas” Enrique Bernardo Núñez piensa que muy probablemente se arrojaban allí las cabezas de las reses beneficiadas: Hacía 1850, a la vecina Plaza de Capuchinos era un lugar pelado donde los carniceros botaban huesos de ganado. El Plano de la Ciudad Mariana de Caracas, el Obispo Madroñero, da a esta cañada el nombre de la Ovejas."

La Nomenclatura Caraqueña /Rafael Valery
pág.196

lunes, 21 de febrero de 2011

El Helicoide

Autor del Helicoide

Jorge Romero Gutiérrez
ganó Premio Nacional
de Arquitectura 1996


El Helicoide de la Roca Tarpeya y el Centro Profesional del Este, son sólo dos de las más importantes obras de Jorge Romero Gutiérrez, el arquitecto venezolano que ayer se hizo merecedor del Premio Nacional de Arquitectura 1996, por decisión unánime del jurado conformado por Celina Bentata, Henrique Hernández, Juan Pedro Posani, Pablo Lasala y Carlos Gómez de Llarena.

En el veredicto destaca ``el papel protagónico que el arquitecto Romero, como pionero de la arquitectura moderna en Venezuela, ha desempeñado durante un período histórico - el de los años 50-, ha sido especialmente importante para el país''.

Jorge Romero Gutiérrez nació en Caracas el 1ro de abril de 1924. Realizó sus estudios en el Colegio San Pablo y en el Liceo Aplicación de Caracas, posteriormente hizo sus estudios superiores en la Facultad de Ingeniería, en la Escuela de Arquitectura, de la Universidad Central de Venezuela, graduándose en la Primera Promoción, en 1948.

Inmediatamente de graduarse creó la Empresa de Proyecto ``Arquitectura y Urbanismo'', C.A., cuya primera realización fue el Centro Profesional del Este, el cual fue galardonado en su oportunidad con el Premio Sociedad Venezolana de Arquitectura, en la Primera Bienal de Arquitectura en Venezuela, celebrada en 1963. Romero se incorporó, en 1953 a la UCV, siendo uno de los fundadores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Dos años más tarde funda la Revista de Arquitectura ``Integral''.

Entre otras obras urbanísticas de importancia realizadas por Romero Gutiérrez se destacan: el Plan regulador de la ciudad de Maracaibo, las urbanizaciones de Prados del Este, Charallavito, El Cafetal, Ciudad Balneario Higuerote, Palma Sola, así como la Urbanización Irama de Maracaibo, Playa del Angel de Margarita, el Aeropuerto Las Piedras de Falcón, la aduana de Maracaibo, la urbanización Cantarrana de Charallave y varias edificaciones residenciales.

Fuente : El Nacional


En 1955, el Arquitecto Jorge Romero Gutiérrez escoge la Roca Tarpeya como el lugar adecuado para edificar un impotente centro comercial, flanqueado por una vía rápida, siguiendo la tendencia arquitectónica de aquella época, que consistía en zonificar o agrupar las diferentes actividades que se encuentran en una ciudad en un conjunto arquitectónico, para este proyecto la colina elegida fue la frontera de dos sectores de la ciudad: el denso Centro y el Sur que comienza a desinficarse. Estos terrenos se extendían desde la Avenida Norte- Sur 7 (Avenida Fuerzas Armadas) hasta el punto de conjunción de las avenidas Victoria, Nueva Granada, Prado de María y Guzmán Blanco, este gran proyecto se denominó El Helicoide.

El Helicoide es proyectado como un Centro Comercial y Exposición de Industrias, su singularidad formal soporta diferentes aproximaciones entre las cuales se destacan lo planteado por el Arquitecto Dirk Bornhorts que encontraba "la espiral como símbolo de la unión del pensar del Este y del Oeste", otra singularidad enfatiza la imitación con la topografía de Caracas y una tercera se debería a especificaciones de tipo funcional que posibilitarían la existencia de una vía de forma espiral o helicoidal, con el fin de crear una cadena ininterrumpida de locales.


El Helicoide es una construcción con forma geométrica triangular que resulta de la forma piramidal de la colina que constituye su base. La edificación consiste en un manto helicoidal de doble espiral, cuyas rampas entrelazadas envuelven a la colina, como aceras aéreas en una pendiente muy suave a lo largo de las cuales se localizan espacios laborales, cuyos módulos permiten integración horizontal y vertical. La altura de las áreas es ajustada a medida que se asciende, de modo de conservar una pendiente uniforme.

El área donde está ubicado El Helicoide es la mejor servida por el sistema de vialidad del Área Metropolitana de Caracas, se comunica con la urbanización Las Acacias, con El Cementerio y Los Rosales por la Avenida Guzmán Blanco; desde el interior del país puede llegarse directamente a El Helicoide, por la autopista del Valle, convirtiéndose en uno de los puntos más estratégicos de la ciudad.

Al ingresar a la edificación en sus niveles primarios se pueden ubicar una estación para suministro de combustible y un helipuerto. En la cima del edificio, es donde se resuelve la articulación de ambas espirales gracias a una curva en forma de "S". Se observan seis niveles o ramas de diferentes superficies, que consiste su forma en un manto helicoidal de doble espiral, cuyas rampas entrelazadas envuelven la colina. En su punto más alto se exhibe un domo o cúpula geodésicas que se encuentra entre las tres primeras a ser construidas en aluminio creada por el Ingeniero [sic]  Buckminster Fuller inventor de las cúpulas geodésicas. Esta tiene una luz de 70 m., capacidad para unas quinientas (599) personas, ventilación natural y el uso eventual de este elemento es la exposición y realización de eventos culturales. La extrema belleza de esta estructura, radica en las especiales características y sensaciones que nos brinda su espacio curvo y envolvente, en donde el orden geométrico de sus barras constituye de por sí una composición sumamente estimulante a los sentidos. Por otro lado destacan sus múltiples ventajas y posibilidades que nos ofrecen en el campo arquitectónico, brindándonos esta forma un espacio bello y sugestivo.

Cabe mencionar que esta obra, constituye uno de los puntos de partida de la profunda mutación de los paradigmas en la arquitectura desde el siglo XVI, invalidando todos los sistemas de articulación y construcción urbana previamente establecidos, exhibiéndose en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en la exposición "Roads", donde se alcanza una notable proyección en el debate arquitectónico internacional, hoy cinco décadas más tarde, aún constituye un desafío para la arquitectura latinoamericana, y en especial para la arquitectura venezolana.

En los espacios antes descritos desde el 10 de septiembre de 1986, le fueron adjudicados a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP).

Fuente: Portal de la DISIP.

Notas  Donde dice el ingeniero Buckminster Fuller , debe decir Arquitecto.
Hoy día es la sede del  Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN)