sábado, 26 de febrero de 2011

Villanueva en tres tiempos

Nacido con el siglo, Carlos Raúl Villanueva -según palabras de Miyó Vestrini- quiso siempre expresar en su propio país toda una filosofía de la arquitectura que él mismo definió alguna vez como "compleja y contradictoria". Autor de la Ciudad Universitaria -su obra maestra sin duda-, la Galería de Arte Nacional, el Museo de Bellas Artes, el Museo de Ciencias Naturales, la Plaza de Toros de Maracay, el parque Los Caobos y la urbanización El Silencio, Villanueva ofrece una mirada subjetiva y sensual de la ciudad y su arquitectura, en su libro Caracas en tres tiempos
Hannia Gómez

"Es bueno recordar que una ciudad no puede ser considerada únicamente como obra de una sola generación; en ella deben existir testimonios reales de toda la historia vivida por su pueblo" Carlos Raúl Villanueva Una afición por las cosas entrelíneas nos hace volver a los dos-libros-hecho-uno de Carlos Raúl Villanueva, La Caracas de ayer y de hoy: su arquitectura colonial y la reurbanización de El Silencio y su versión ampliada Caracas en tres tiempos: iconografía retrospectiva de una ciudad. Al leerlo con finisecular suspicacia, encontramos en él a un solapado cuaderno de apuntes caraqueños, lleno de decenas de dibujos, recortes y anotaciones: el único de sus cuadernos que habría visto realmente la luz hasta ahora.


Primer tiempo
El primer libro, de exquisitas blancas tapas en papel Ingres flordelisado, impreso en París por los ilustres maestros impresores Draeger Fräres, tenía 110 páginas y dos ensayos: el intuitivo y amoroso "Caracas, ciudad colonial" del profesor de Arquitectura Precolombina y Colonial Carlos Manuel Möller y el lúcido "Caracas marcha hacia adelante" del urbanista francés Maurice E.H. Rotival.

Nació de una premonición. Villanueva había sentido la urgente necesidad de escribir para "recordar, aprender y estimular" la memoria de la Caracas colonial, que iba inevitablemente desapareciendo por la transformación urbana. Desde el año 1942, cuando arrancó la renovación de El Silencio, hasta el 26 de agosto de 1945, cuando se dan por terminadas las obras, Villanueva experimentó una catarsis arquitectónica. En los treinta meses transcurridos como una ráfaga había tenido, como dijo Rotival, "la audacia de llevar la dinamita y el bull-dozer al centro mismo de la ciudad." Su audacia barrió con una parte insalubre de la ciudad antigua para implantarle el nuevo y radiante "cristal de la ciudad moderna."

Lo grave es que los tractores también arrastrarían consigo el respeto a lo que quedaba de intocable en la ciudad... algo que nunca se cuenta en los libros de historia. Hay una máxima clásica en diseño urbano: una renovación trae consigo más renovación. Desde entonces, una reacción en cadena de promotores, propietarios, ingenieros y arquitectos desbocados por igual se abocó a "rascacielar a la criolla" borrando el pasado en aras de la modernidad. Aunque Villanueva lograra que se reconstruyera en el patio del Museo Colonial de Llaguno la portada de la casa No. 74 de la Calle del Triunfo, demolida para dar paso a uno de los bloques, y aunque todo su proyecto buscaba "hallar un enlace con la ciudad colonial y recordar algunos elementos de su arquitectura básica," el Mea Culpa no fue suficiente. La ciudad se despertó, estirando los brazos con tan irreverente violencia, que no ha parado hasta hoy.

Apenas publicado su libro en 1950, Villanueva ya empezó a temer por las joyas que tan delicadamente ensalzase (a veces creemos que lo que publicamos crea un halo protector en torno a nuestros bienes sobre la tierra). La misma Gobernación del Distrito Federal se las llevaba por delante por decreto público: en 1953 le demolía su adorado Colegio Chávez y el propio Museo de Arquitectura Colonial.


Segundo tiempo

Entre el primer libro y su reedición de 1966 (Ediciones de la Comisión de Asuntos Culturales del Cuatricentenario de Caracas), median algunas sutilezas, aparte de dieciséis años y una completa Ciudad Universitaria. Tiene el doble de páginas, y viene ilustrado con planos y cortes inéditos que atestiguan el espacio arquitectónico: "La parte colonial logré aumentarla sensiblemente para hacer mayor ilustración de los principios que confirmo." Incluye además un rápido escrito sobre la Iglesia de Santa Teresa y el Teatro Municipal "a manera de eslabón entre pasado y presente" y el ensayo "Caracas allí está..." de Mariano Picón Salas, publicado en El Nacional en Febrero de 1951 celebrando la aparición del primer libro.



Picón Salas compartía su vértigo ante el crecimiento que se amenazaba "madrepórico". Ambos estaban aterrorizados ante la posibilidad de "una ciudad, que si se le dejara crecer sin pauta ni norma, sin algunos principios claros de belleza y urbanismo, llegará al cabo de unos años a ser fea -a pesar del espléndido marco natural..." Junto a Villanueva, a Möller y a Rotival, Picón Salas da fe de su adhesión al linaje urbano hispano y a la herencia de la arquitectura mediterránea. Uno para todos y todos para uno por la línea directa de la tradición latina, profesando un rechazo a la ahistoricidad del general Guzmán Blanco: "La modernidad iconoclasta de Guzmán atropellaba los estilos artísticos y su coherencia interna con el mismo ímpetu con que atropellaba las constituciones; ejemplariza ese fenómeno venezolano del hombre que cree que la historia comienza con él y que su criterio debe servir de canon hasta en lo que ignora." Picón Salas culmina triunfal anunciando a los "nuevos León Batista Alberti que harán una ciudad para enorgullecernos." Es entonces cuando el nuevo libro empieza a revelarse, transformándose en testimonio de "la permanencia de los principios y normas que prevalecieron en las edificaciones coloniales". Usando el recurso de indagar en las sugestivas estampas del pasado, buscando indicios de la historia urbana y arquitectónica, inicia una pesquisa que llega hasta el mercado de las pulgas, un rastreo del "Rastro," pescando imágenes en colecciones antiguas y especializadas como la de Eduardo Röhl. Y dice significativamente: "Las leyendas que acompañan los grabados y las fotografías de la Caracas colonial no expresan sino las impresiones que me han producido viéndolas como arquitecto y urbanista. " Los cuadros de Bellerman, los escritos de Humboldt, las fotos o dibujos de Lessman, las litografías de H. Neun, los grabados de F. Lehnert, y las fotografías de A. Boulton, A. Brandler, o de P. Gasparini, son indagados por una mirada acuciosa que busca las pistas de la memoria, para que ésta hable.

Luego están los dibujos. Plantas y cortes de una arquitectura y una ciudad que ya nadie garantiza que será conservada. Levantamientos premonitorios, dibujados con pasión y descritos ya casi con añoranza... ¡Cuánta razón tendría! Hoy todavía, buscando ese legado en su mayor parte desaparecido, tenemos que echar mano de sus dibujos: de no ser por ellos, poco sabríamos de la perdida "carpintería de lo blanco", de las "flores de gusto antiguo" y de los "alarifes desconocidos" de la arquitectura doméstica urbana de la Caracas tradicional. Nada los ha suplantado, nadie los ha tampoco reeditado. Nuestra historia de la arquitectura está escrita en incunables introuvables.

Tercer tiempo
En la carátula estilo años 60 del segundo libro quedaron los tres tiempos ya señalados: el primero, con un detalle de la puerta del Colegio Chávez, el segundo, con los balcones de El Silencio. El tercero es la imagen críptica de una ventana de romanilla al parecer de su casa, Caoma. Ese tercer tiempo, será, por lo tanto, el tiempo de la síntesis: el tiempo de la invención.

Alessandro Baricco, el joven escritor torinés de Tierras de cristal, escribió que "hay quienes llaman ángel al narrador que llevan en su interior y que les relata la vida." En el segundo libro, cada vez que aparecía una imagen de la arquitectura o la ciudad colonial, había un apunte al margen; esos apuntes en el papel fueron premonitoriamente escritos para ser destinados a un futuro que los realizaría alguna vez en piedra. Habiendo ya Villanueva realizado al libro su segunda lectura, ¿qué nos impide a nosotros ahora escucharlo, cual alado amigo? La tercera lectura la hará la voz que nos susurra en la espalda, indicándonos cómo hay que leer, señalándonos los indicios entre las páginas...



Conforme pasa el tiempo, más habría que ver a los dos libros de Villanueva en su forma primitiva de maqueta previa a su entrega a la imprenta, como una carpeta repleta de hojas sueltas siempre en crecimiento, llena de apuntes caraqueños, de ricas anotaciones, dibujos de colores y recortes de estampas y planos marcados encima, como era su costumbre. Lo que está aún por leer en el gentil cuaderno artesanal escondido entre los libros, cobra cada vez mayor importancia: ¡Qué quedó del apunte de las torres y de las esquinas de la ciudad colonial; qué del apunte del plano de original de Caracas; qué pasó con lo que decía en el apunte del cuadrilátero histórico; quién se acordó jamás del apunte de la iglesia de los Neristas, "mansión embrujadora" de Humboldt; cuánto hay de sugerente en el apunte de las portadas; cuánto en el apunte de los patios? ¿Cómo reactualizar el apunte de los árboles simbólicos? ¡Cuán bonito aquello del reloj equinoccial "levantado sobre robusta columna"! ¿Cómo retomar la queja del apunte de los ríos? ("¿Qué hicimos de ellos?"); ¿Quién se atrevería hoy a hacer el apunte de los puentes desde tales cauces resbaladizos; dónde están las pilas de agua del apunte de las fuentes, quién quiere levantarlas; qué escondía el apunte de la Casa Natal y de la iglesia de la Trinidad? ¡Oh, premonitorio apunte del Colegio Chávez ("esta última y preciosa joya de nuestra arquitectura colonial"), si te hubiéramos creído!; ¿Qué pasaría si asumiéramos de una vez por todas el talante austero del apunte de la casa de don Felipe Llaguno ("qué dignidad confería habitar allí"), o el de la escuela superior de música, o el de la casa de los Echenique; cómo apasionarse de nuevo por la "magnificencia y fuerza expresiva de las molduras y ornamentos" en el apunte de la casa del canónigo Maya; qué queja vieja hay que adivinar en el apunte de la Catedral, antes de las reformas de 1932? Verdades del apunte de los conventos; preguntas del apunte de las estancias: Anauco arriba, Anauco abajo; certezas del apunte del pueblo de Petare; claves del apunte de la casa de hacienda de los Villegas.
Para Villanueva Caracas fue, como para nosotros es, una "misteriosa ciudad, como la tierra prometida...", donde se perfilan infinitos la crítica, el deseo, y el proyecto.

El Colegio Chávez de Villanueva

Había en Caracas una casona colonial, construida en 1783 para don Juan de Vegas y Bertodano, que apasionaba a Villanueva. Esa casa conduciría su vida hacia horizontes inesperados. De una sola planta, de portada con inscripción y blasón de piedra y un frontispicio de frontón y vanos curvilíneos, desencadenó mil loas a su esplendor perdido: "la más hermosa entre todas las portadas de Venezuela", le cantó Gasparini. "Su arquitectura lo subyuga; cuando habla de las casas del período parece que es a ella a la que siempre se refiere: "Recordamos con nostalgia esas casas coloniales que adornaban nuestra capital, sencillas pero sugestivas, desaparecidas de nuestro ambiente, una tras otra..." La levanta, la dibuja, la escribe, la retrata, (es suya la foto del 65 en La arquitectura colonial en Venezuela), se la lleva a París en el recuerdo. Y allí, de un amor tan profundo, tan impregnado de eternidad, nació su primer libro. Ella habita todas sus páginas, pero no fue suficiente: también plenará los portales de El Silencio con su ondulante presencia, y las arcadas, donde renacerán las sensuales columnas de su patio...
 
El Nacional
18 de octubre de 1998
Papel Literario


Carlos Raul Villanueva acompañado de Alexander Calder en
Pampatar, Isla de Margarita


La Esquina de Angelitos.

Esquina de Angelito y Parroquia San Juan

Esquina de Angelito

El nombre de esta esquina posiblemente viene de los tiempos del Obispo Díez Mandroñero y su piadosa nomenclatura, pero el costumbrista Lucas Manzano refiere esta picaresca historia:

... en aquel lugar de la Ciudad, despoblado para 1830, tenía el General Páez cierto interés en invadir predio ajeno, cuyo dueño tenía fama de hombre de malas pulgas, y nada escaso de valor para cobrar ofensas en su honor.

Eso lo sabía el Aquiles de las Queseras, pero como antes una mujer de esas que quitan el hipo el miedo no existe, y de manera especial cuando se tienen colaboradores que despejen el campo, el General Páez iba de cuando en vez donde la dama, dejando, por si algo ocurría, a la entrada del callejón, asus edecanes, veinte jinetes bien montados....

La presencia allí de aquellos guardianes capaces de hacerse matar en defensa de su jefe, motivó el que los bromistas signasen la esquina con el mote de los Angelitos...

De ser cierta esta historia, es posible también que el humor popular aplicara a estos hombres el nombre que ya tenía la esquina .

El plano de Caracas de Jesurún, en 1843, le da el nombre de los Angelitos de la Pilita, y es probable que existiese allí una fuente pública con estas imagenes esculpidas o pintadas. En los sucesivo, todos los planos de Caracas traerán solamente " Los Angelitos"

Fuente: Rafael Valery
"La Nomenclatura Caraqueña"
pág.122

lunes, 21 de febrero de 2011

El Helicoide

Autor del Helicoide

Jorge Romero Gutiérrez
ganó Premio Nacional
de Arquitectura 1996


El Helicoide de la Roca Tarpeya y el Centro Profesional del Este, son sólo dos de las más importantes obras de Jorge Romero Gutiérrez, el arquitecto venezolano que ayer se hizo merecedor del Premio Nacional de Arquitectura 1996, por decisión unánime del jurado conformado por Celina Bentata, Henrique Hernández, Juan Pedro Posani, Pablo Lasala y Carlos Gómez de Llarena.

En el veredicto destaca ``el papel protagónico que el arquitecto Romero, como pionero de la arquitectura moderna en Venezuela, ha desempeñado durante un período histórico - el de los años 50-, ha sido especialmente importante para el país''.

Jorge Romero Gutiérrez nació en Caracas el 1ro de abril de 1924. Realizó sus estudios en el Colegio San Pablo y en el Liceo Aplicación de Caracas, posteriormente hizo sus estudios superiores en la Facultad de Ingeniería, en la Escuela de Arquitectura, de la Universidad Central de Venezuela, graduándose en la Primera Promoción, en 1948.

Inmediatamente de graduarse creó la Empresa de Proyecto ``Arquitectura y Urbanismo'', C.A., cuya primera realización fue el Centro Profesional del Este, el cual fue galardonado en su oportunidad con el Premio Sociedad Venezolana de Arquitectura, en la Primera Bienal de Arquitectura en Venezuela, celebrada en 1963. Romero se incorporó, en 1953 a la UCV, siendo uno de los fundadores de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Dos años más tarde funda la Revista de Arquitectura ``Integral''.

Entre otras obras urbanísticas de importancia realizadas por Romero Gutiérrez se destacan: el Plan regulador de la ciudad de Maracaibo, las urbanizaciones de Prados del Este, Charallavito, El Cafetal, Ciudad Balneario Higuerote, Palma Sola, así como la Urbanización Irama de Maracaibo, Playa del Angel de Margarita, el Aeropuerto Las Piedras de Falcón, la aduana de Maracaibo, la urbanización Cantarrana de Charallave y varias edificaciones residenciales.

Fuente : El Nacional


En 1955, el Arquitecto Jorge Romero Gutiérrez escoge la Roca Tarpeya como el lugar adecuado para edificar un impotente centro comercial, flanqueado por una vía rápida, siguiendo la tendencia arquitectónica de aquella época, que consistía en zonificar o agrupar las diferentes actividades que se encuentran en una ciudad en un conjunto arquitectónico, para este proyecto la colina elegida fue la frontera de dos sectores de la ciudad: el denso Centro y el Sur que comienza a desinficarse. Estos terrenos se extendían desde la Avenida Norte- Sur 7 (Avenida Fuerzas Armadas) hasta el punto de conjunción de las avenidas Victoria, Nueva Granada, Prado de María y Guzmán Blanco, este gran proyecto se denominó El Helicoide.

El Helicoide es proyectado como un Centro Comercial y Exposición de Industrias, su singularidad formal soporta diferentes aproximaciones entre las cuales se destacan lo planteado por el Arquitecto Dirk Bornhorts que encontraba "la espiral como símbolo de la unión del pensar del Este y del Oeste", otra singularidad enfatiza la imitación con la topografía de Caracas y una tercera se debería a especificaciones de tipo funcional que posibilitarían la existencia de una vía de forma espiral o helicoidal, con el fin de crear una cadena ininterrumpida de locales.


El Helicoide es una construcción con forma geométrica triangular que resulta de la forma piramidal de la colina que constituye su base. La edificación consiste en un manto helicoidal de doble espiral, cuyas rampas entrelazadas envuelven a la colina, como aceras aéreas en una pendiente muy suave a lo largo de las cuales se localizan espacios laborales, cuyos módulos permiten integración horizontal y vertical. La altura de las áreas es ajustada a medida que se asciende, de modo de conservar una pendiente uniforme.

El área donde está ubicado El Helicoide es la mejor servida por el sistema de vialidad del Área Metropolitana de Caracas, se comunica con la urbanización Las Acacias, con El Cementerio y Los Rosales por la Avenida Guzmán Blanco; desde el interior del país puede llegarse directamente a El Helicoide, por la autopista del Valle, convirtiéndose en uno de los puntos más estratégicos de la ciudad.

Al ingresar a la edificación en sus niveles primarios se pueden ubicar una estación para suministro de combustible y un helipuerto. En la cima del edificio, es donde se resuelve la articulación de ambas espirales gracias a una curva en forma de "S". Se observan seis niveles o ramas de diferentes superficies, que consiste su forma en un manto helicoidal de doble espiral, cuyas rampas entrelazadas envuelven la colina. En su punto más alto se exhibe un domo o cúpula geodésicas que se encuentra entre las tres primeras a ser construidas en aluminio creada por el Ingeniero [sic]  Buckminster Fuller inventor de las cúpulas geodésicas. Esta tiene una luz de 70 m., capacidad para unas quinientas (599) personas, ventilación natural y el uso eventual de este elemento es la exposición y realización de eventos culturales. La extrema belleza de esta estructura, radica en las especiales características y sensaciones que nos brinda su espacio curvo y envolvente, en donde el orden geométrico de sus barras constituye de por sí una composición sumamente estimulante a los sentidos. Por otro lado destacan sus múltiples ventajas y posibilidades que nos ofrecen en el campo arquitectónico, brindándonos esta forma un espacio bello y sugestivo.

Cabe mencionar que esta obra, constituye uno de los puntos de partida de la profunda mutación de los paradigmas en la arquitectura desde el siglo XVI, invalidando todos los sistemas de articulación y construcción urbana previamente establecidos, exhibiéndose en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en la exposición "Roads", donde se alcanza una notable proyección en el debate arquitectónico internacional, hoy cinco décadas más tarde, aún constituye un desafío para la arquitectura latinoamericana, y en especial para la arquitectura venezolana.

En los espacios antes descritos desde el 10 de septiembre de 1986, le fueron adjudicados a la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP).

Fuente: Portal de la DISIP.

Notas  Donde dice el ingeniero Buckminster Fuller , debe decir Arquitecto.
Hoy día es la sede del  Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN)

Puente Miraflores





Puente Miraflores :

Este puente, sobre la quebrada de los Padrones, se observa primero en el plano de 1890, y fue decisivo para incorporar la Pastora al centro de la Ciudad. Al ser inaugurado recibió el mismo nombre que la mansión edificada por el Presidente Joaquín Crespo para su residencia, al extremo de la misma calle, hacia el sur. Es curioso que lños planos de 1894 y 1896 no lo indican, y vuelve aparecer en el 1897; posiblemente en 1890 haya sido solo un proyecto no realizado. El Primer plano que indica su nombre es el de 1906.

Fuente: La Nomenclatura Caraqueña
Rafael Valery
Pag. 271

domingo, 20 de febrero de 2011

La Esquina de Pajaritos

Esquina de San Francisco a
Pajaritos 1960

Esquina de Pajarito


Hacia 1675 los padres franciscanos obtuvieron para su huerta y convento agua por cañería de cal y canto, y así se originó el Chorro de San Francisco, que primero dio nombre a esta céntrica esquina. En el libelo de Pedro García de Segovia, de 1733, se expresa que “…una cuadra más abajo ¨ [del convento de la Inmaculada Concepción] hay una fuerte en el claustro del convento de N. Serafico Padre S. Francisco con agua en la enfermería en la huerta del convento, y de esta agua salen dos chorros a la calle real…”

En el Terremoto de 1812 los frailes perdieron los títulos de sus derechos de agua, pero declararon que los tenían “por posesión antiquísima, incluso a la mitad de la caja principal, por haberla construido un religioso franciscano ingeniero”.

En los primeros años del siglo XIX ya la esquina había cambiado su nombre por el que hoy tiene, pero no se conoce con certeza el motivo. Doña Carmen Clemente Travieso afirma que la denominación se debe a que en las pilas de los franciscanos venían a beber pajaritos, “que alegraban la calle con sus trinos”; otros opinan que el nombre obedece a unos árboles cubiertos con la tiña de este nombre, Loranthus paniculatus, que hubo en el lugar. Pero muy bien pudiera ser que la pila de los frailes, de igual manera que las del León (Capuchinos) y de los Angelitos, que tenían grabadas o esculpidas las imágenes que les dieron nombre popular, ostentara la figura de las avecitas que tan comúnmente se asocian con el “poverello” de Asís. Es tradición muy arraigada que el santo podía comunicarse con los animales, y la iconografía franciscana abunda en ejemplos que lo representa rodeado de pajaritos.

Fuente: La Nomenclatura Caraqueña
Rafael Valery

sábado, 19 de febrero de 2011

La Esquina de Fe

La Esquina de Fe


Completando la trilogía de las virtudes teologales, en el antiguo barrio de la Trinidad se encuentra la esquina de la Fe, que aparece en los planos de caracas en la misma época que de la de Esperanza y Caridad. No hay referencias anteriores sobre ninguna de las tres esquinas.

La Fe es la primera de dichas virtudes. Es el conocimiento sobrenatural por el cual creemos lo que Dios dice o la Iglesia nos indica como revelador por El. Por lo tanto esta esquina forma parte del Conjunto de Virtudes que se enmarcó dentro del Barrio de la Trinidad, probablemente dado estos nombres para dar nombre al Barrio que ya en el plano de 1852 muestra algunas manzanas.

Fuente: Rafael Valery
La Nomerclatura Caraqueña.

Esquina de Fe / Parroquia Altagracia
Iglesia Santisima Trinidad

miércoles, 16 de febrero de 2011

La primera noche del Poliedro

El presidente Caldera, con un presupuesto de 17 mil millones de bolívares y un precio petrolero de 14 dólares el barril, inauguró importantes obras: el Poliedro de Caracas, la sede del Museo de Arte Contemporáneo, entre otras. La actividad cultural marcó un gran momento. También nació el Museo de los Niños y arranca el programa de becas Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, diseñado para el desarrollo y la excelencia del recurso humano nacional. Carlos Andrés Pérez inicia su primer mandato

Todos los ojos estaban puestos en su construcción. Había incluso quienes planificaban viajes los fines de semana para ver de cerca a la gigantesca estructura que iba a sustituir al Nuevo Circo de Caracas como centro de entretenimiento.

Diseñado inicialmente por el arquitecto Jimmy Alcock en colaboración con Héctor Hermidas y Roberto Andrade en el año 1971, el Domo Geodésico no se terminó de levantar, sin embargo, sino hasta el año 1974, cuando el ingeniero estadounidense Buckminster Fuller lo construyó sobre 145 metros de diámetro y 38 metros sobre el nivel de la pista para albergar espec- táculos y eventos culturales de cualquier índole.

"El Poliedro funciona esta noche", reza el titular de El Universal del 2 de marzo acerca de esta obra monumental que fue inaugurada por el presidente Caldera y que no tardaría en convertirse en el núcleo cultural del país y en el lugar idóneo para realizar ferias, exposiciones artísticas, eventos dancísticos y montajes teatrales.

Fue bajo la cúpula de La Rinconada que la agrupación catalana Fura dels Baus llegó a incendiar una gigantesca maquinaria de juegos pirotécnicos como parte de las atracciones del Festival Internacional de Teatro. Fue allí también donde Freddie Mercury y los integrantes de Queen deleitaron a miles de personas con su Bohemian Rhapsody a principios de los ochenta. Fue ese el lugar donde la banda británica Iron Maiden exorcizó sus demonios y Cindy Lauper sacó a relucir su pop punk a principios de los noventa. Sin contar que igual fue allí donde el tenor italiano Luciano Pavarotti extrajo de su pecho las notas de Oh, Sole Mio.

No es la única gran obra que inaugura Rafael Caldera en el año 1974 con un barril de petróleo a 14 dólares y con un presupuesto general de ingresos de 17 mil millones. Dos meses antes de entregar el mando al recién elegido Carlos Andrés Pérez, esto es, el 24 de febrero, el Presidente abre oficialmente las puertas de una obra que dejó boquiabiertas a las instituciones culturales de toda América Latina: el Museo de Arte Contemporáneo.

Considerado durante años como la institución museística más importante de Suramérica, su directora, Sofía Imber, logr´´o reunir allí piezas de los más grandes artistas plásticos extranjeros del orbe, de Picasso a Salvador Dalí, pasando por Braque y Andy Warhol. Amén de reunir una importante colección de arte contemporáneo venezolano.

Año de gran esplendor cultural, se creó también la Fundación Museo de los Niños, presidida por Alicia Pietri de Caldera, y se puso en práctica el programa de becas Fundación Gran Mariscal de Ayacucho con el objeto de formar recursos humanos calificados en las áreas tecnológicas, humanísticas y científicas.
Fue el año cuando el gran artista plástico Tito Salas cerró sus ojos para siempre.

El universal 2009


Otra nota del últimas Noticias  del 23 de marzo de 2014,  nos  refiere al día efectivo de la Inauguración, es decir, cuando realmente se abrieron las puertas al Público por vez primera 

“Duró 5 minutos”. Así fue el titular de primera página de Últimas Noticias en su edición del miércoles 27 de marzo de 1974, ilustrada con una fotografía de Ken Norton en la lona. 

Esa fue la inauguración del Poliedro de Caracas, el centro internacional de los grandes espectáculos, cuyo primer director fue Aldemaro Romero. El miércoles se cumplen 40 años de este combate. 

El desenlace fue más rápido de lo pronosticado y de esa manera George Foreman retuvo su título de los pesos completos avalados por la AMB y el CMB. 

En un país con tanta tradición boxística, y en una época de esplendor para esta actividad, el 26 de marzo de 1974 se montó por primera y única vez una pelea de campeonato mundial de los pesos pesados, donde estuvieron involucradas dos grandes figuras como eran Foreman y Norton. 

Ese día el retador Norton subió al ring a las 10:15 de la noche, y muy cerca de su esquina estaba Cassius Clay en plan de comentarista para la TV de EEUU. Cinco minutos después le tocó a Foreman subir al tinglado bajo las rechiflas de los aficionados. 

El incomparable Pepe Pedroza fue el anunciador de la cartelera, mientras que el “Tenor de América”, Alfredo Sadel, fue el encargado de cantar el Himno Nacional. 

El estadounidense Jimmy Rondeau fue el árbitro de esta pelea, y no tuvo mucho trabajo. Y es que, desde el primer gong, Norton inició lanzando dos izquierdas seguidas, pero se observaba temeroso, y poco a poco el campeón Foreman fue tomando el control del combate. Dos izquierdas y un upper a la mandíbula de Norton hicieron retroceder al aspirante. Un izquierdazo de Foreman llegó a la humanidad de su rival, quien se estremeció y fue a la lona. Se paró penosamente y siguió recibiendo castigo cuando el árbitro le dio conteo de protección. Ya Foreman era un tanque, indetenible tenía contra las cuerdas a Norton y ya todo estaba definido, hasta que Rondeau al minuto 59 segundos del 2º asalto detuvo la pelea. Norton fue tres veces al tapiz y se acabó todo; Foreman ni sudó para seguir como monarca mundial. " 


Fotos: Archivo Cadena Capriles.

El ring instalado en el Poliedro costó 40 mil bolívares y a esa cartelera asistieron 8 mil fanáticos. 
Pepe Pedroza en el momento de hacer el anuncio de la pelea de campeonato mundial. Al fondo se observan al periodista Guillermo Vilchez, el narrador Carlos Tovar Bracho y más alla a Cassius Clay, quien comentó la pelea para la televisión de EEUU.
Norton contra las cuerdas recibe castigo de Foreman, en el segundo asalto.
Poliedro de Caracas 1976
EL Universal





CONTRICIÓN CARAQUEÑA

María F Sigillo

A través de los grupos de Caracas en Retrospectiva,  me he encontrado con el común denominador de la nostalgia entre aquellos usuarios que participan a diario;  luego que ella pasa, viene la fase de la culpa, los remordimientos, buscar él o los responsables, como si todo ocurriera a nuestras espaldas. Sentimos una especie de mea culpa no tan culpa, ni tan mea,  y un ejemplo de ello en el pasado fue la demolición del Hotel Majestic; uno contemporáneo es quizás el Edificio Galipán, construido en 1952 por el arquitecto Guinand, significando una de las edificaciones más modernas del país y en 1999 declarada su demolición.

El Prof. Abner Colmenares, Decano de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, indicó es un “ Hito arquitectónico caraqueño, emblemático de la tipología de edificio plurifuncional de gran altura de los años 50, memoria de nuestra primera modernidad y efímero Patrimonio Histórico del Municipio Chacao. Hecho perpretado por la voluntad salomón-ica de sus dueños, la Constructora SAMBIL y el FONDO DE VALORES INMOBILIARIOS; el permiso otorgado por la Ingeniería Municipal del indiferente Alcalde Cornelio Popesco; la inexplicable derogatoria de la declaración de bien patrimonial por el contradictorio Concejo Municipal de Chacao; la declaratoria de "edificio insalvable" por parte del COLEGIO DE ARQUITECTOS DE VENEZUELA; el silencio del INSTITUTO DE PATRIMONIO CULTURAL; el aval que otorgaron varios arquitectos articulistas en las páginas de Economía Hoy y El Diario de Caracas; la complacencia del arquitecto que lo diseñó y la insensibilidad general de la comunidad arquitectónica nacional ante el clamor de Hannia Gómez y otros quienes desde 1997 intentamos salvar esta joya arquitectónica. Con la destrucción de El Edificio Galipán el movimiento de salvaguardia del patrimonio arquitectónico nacional sufre un duro revés y se engrosa la larga lista de edificaciones que han desaparecido y solo son un débil recuerdo en la memoria colectiva del venezolano como el Colegio Chávez o el Hotel Majestic.”

Me pregunto ¿cuál será nuestra identidad cultural?,  ¿a qué podemos llamar patrimonio cultural?.

Consentimos que arrastraran a Colón del Golfo Triste, hundieran la Nao Santa María en el Parque del Este, el mismo que es ahora llamado "Generalísimo Francisco de Miranda",   ha  perdido el sentido artistico del paisaje, sin olvidar a Colón en el Calvario.

¿Dónde están? ¿ Qué hacemos o dejamos de hacer para que esto ocurra? ¿Realmente nos importa el patrimonio cultural de nuestra ciudad? ¿Lo conocemos? Ojala pronto todas estas interrogantes tengan oportuna respuesta para evitar que,  por  nuestros actos, esta maltratada ciudad reciba la excomunión eterna.




Galipán en el tiempo

martes, 15 de febrero de 2011

¿Qué tiene la Caracas de hoy (1999) que no haya tenido la de julio de 1967?

Caracas 1967-1999








¿Qué tiene la Caracas de hoy que no haya tenido la de julio de 1967?

Caracas -y, desde luego, Venezuela- era otra en 1967, cuando discurrían los días de su cuatricentenario. En los carnavales, la noticia fue la fuga del Cuartel San Carlos, a través de un túnel, de Pompeyo Márquez, Guillermo García Ponce y Teodoro Petkoff, en vez de las orquestas traídas del exterior o los grupos de moda como Los Impala. En mayo la noticia volvió a ser de carácter político, con la "invasión de Machurucuto", pero en julio la gran noticia que veían incubándose a través de la propaganda oficial, no otra que la celebración del 25 de julio, pronto se vio empañada por el terremoto del 29 de julio. En la tarde de ese día, que era sábado, me preparaba yo para ir a la exposición de Carlos Contramaestre, en galería que si mal no recuerdo se llamaba El Puente, cuando la tierra se estremeció. Muy pocos de mis amigos, tan escasos como mis lectores, leyeron al día siguiente mi trabajo sobre la ciudad, firmado con el seudónimo de Eduardo Montes.

¿Qué tiene la Caracas de hoy que no haya tenido la de julio de 1967?

Tiene, y es su orgullo, el Metro. En junio de aquel año el ministro de Obras Públicas, Sucre Figarella, se había quejado una vez más del boicot que Copei le había declarado a las partidas presupuestarias para adelantar la obra, contemplada para cubrir 20 kilómetros entre Catia y Petare, con 20 estaciones y una capacidad de transporte de 20 mil pasajeros en su primera etapa y de 45 mil en 1990. Y lo cierto es que durante el primer gobierno de Caldera, no sé por cuáles razones, el proyecto fue paralizado.
Tiene Parque Central, esa sí obra acometida por el primer Caldera. En 1972 su gobierno, a través del Centro Simón Bolívar, había reubicado a 161 familias del sector Hornos de Cal, y para el año siguiente previó Bs. 151,2 millones para las edificaciones de Parque Central, construcción que arrastró no pocas polémicas, más tarde prolongadas por documentos donde aparecían figuras como Rodríguez Amengual y Delfino, y acerca de los cuales no puedo escribir mucho porque en la memoria se me han acumulado nubes peligrosas.

Tiene la Cota Mil, concebida a finales de Leoni e inaugurada por Caldera, avenida que trajo divergencias en cuanto a si prolongarla hasta Catia, para enlazar con la autopista hacia La Guaira, o si trazarla hasta donde está hoy. Pastoreños y ambientalistas, celosos de su parroquia y de los bordes del Ávila, se opusieron a la continuación de la Cota Mil. Tiene asimismo el tramo de la autopista "Rómulo Betancourt", de la que se sabe cuándo empezó pero no cuándo terminará. Vía, por cierto, congestionada en horas pico, tanto por el crecimiento de las dos ciudades satélites (Guatire-Guarenas) como por la afluencia hacia la Universidad Metropolitana.
Tiene los centros comerciales (como el CCCT), núcleos acerca de los cuales decía Carlos Rangel que llenaban el vacío de la ciudad que habíamos perdido, sin plazas ni retretas, ni sitios de congregación familiar o amistosa, y donde el cine convivía con la tasca, la venta de comida rápida, las tiendas de modas, las cafeterías y los salones de juegos infantiles made in USA. No tenía mall alguno. Cero Sambil.
Tenía mercados que aún existen (Coche, en la periferia; en el centro; Guaicaipuro en la Andrés Bello), pero no el mercado paralelo, con puestos de ventas en las aceras y proliferación de la "economía informal", ni mucho menos su extensión hacia el casco de la ciudad con invasión de lo que Arria, años más tarde del terremoto, llamó la Plaza Caracas, sucesivamente asiento de la Exposición King Kong, estacionamiento del Centro Simón Bolívar, espectáculos al aire libre, campamento mercantil y ágora política, en sustitución de la ya descartada Plaza O'Leary.

Tenía organización territorial (Departamento Libertador), del cual era capital, y su Concejo Municipal abarcaba administrativamente a los ahora denominados municipios Baruta, Chacao y El Hatillo, puesto que Petare (Distrito Sucre del Estado Miranda) se regía por cabildo propio, entonces muy poderoso, como el de Maracaibo, donde brotaron tempranamente los escándalos que en 1976-1977 derivaron en corrupción pionera. La fiebre municipalista que se posesionó del país, al punto de que hace poco se propuso uno yanomami, convirtió a la zona metropolitana en ciudad de cuatro alcaldías: Baruta con Las Mercedes que Abelardo Raidi amaba, Chacao con Irene como alcaldesa y El Hatillo como recodo turístico, quedando Caracas en cancha compartida por LCR y AD. Tenía el Nuevo Circo, pasión de Caremis, y dejó de tener el horroroso terminal. Tenía los rescatados, aunque irrescatables, teatro Municipal y Nacional, y no tenía la zona cultural Ateneo-Teresa Carreño-Maccsi, ni el Mavao, ni el Jacobo Borges. Siempre Caracas, sin embargo...

Jesús Sanoja Hernández
EL NACIONAL - VIERNES 23 DE JULIO DE 1999

¿ Que tenía la Caracas de 1999, que no tiene la de hoy? podríamos reflexionar al respecto. 

Caracas, te quiero / Caracas de nuevo/ Graterolacho

Cuanta falta me haces Graterolacho ...
recordarlo es algo terrible, buscar leerlo aflora sentimientos encontrados  porque se percibe en profundidad el vacio que ha dejado.
 Busco y busco pero no logro encontrar en ningún otro espacio, tú prosa, su copla..tú  risa.
Cuanta falta me haces Graterolacho...


Caracas, te quiero
Caracas de nuevo
suena su cencerro
y alumbra su cerro
con la nueva luz.

El Avila ahora
luce más colores
con los resplandores
que la de la cruz.


Caracas de nuevo
esa cruz descubre
y luego se cubre
el cielo de azul.

Más tarde Caremis
con gestos cordiales
lleno de postales
abre su baúl.

Caracas de nuevo
está decorada
y así iluminada
no parece fú.

Pinos canadienses
sin ningún complejo
y Noel el viejo
que se hace el musiú.

Caracas de nuevo
se llena de gente
gracias al cliente
la compra es común,

mientras en los barrios
matando ilusiones
andan los ladrones
haciendo pum pum.


Caracas de nuevo
arranca la fiesta
sin una protesta,
sin un patatús

y en el Nuevo Circo
suben diariamente
como ciento veinte
en un autobús.

Caracas de nuevo
con su cruz arriba
dándole su viva
a la juventud,

merece por eso,
antes del abrazo,
que alcemos el vaso
diciendo ­Salud!

GRATEROLACHO
EL NACIONAL, Caracas, 5 de Diciembre de 1996





Con el maestro Aldemado .. otra perdida incalculable
 para el patrimonio cultural de nuestra Ciudad
de nuestro País.


El show del Camaleón

El Show del Camaleón en 1992 fue uno de los primeros programas humorísticos de producción propia y también unos de los pocos que se transmitía conjuntamente por radio y televisión. Conducido por los experimentados Juan Manuel la Guardia, Lumute y Graterolacho y bajo el lema “Un rato con el Gobierno y otro con la Oposición” este programa nos hacía pasar una agradable hora de comer.


Caracas "“La belleza del paisaje está en su amargura”.

¿Ciudades no escritas?

Todo el que siente curiosidad por darle un significado a la vida
se ha preguntado al menos una vez por el sentido del lugar
y el momento en que ha nacido ¿Qué significa que yo
haya nacido en tal fecha en tal rincón del mundo?
Orhan Pamuk, Estambul

Quisiera adentrarme en una mirada capaz de lanzarme hacia personas, objetos y paisajes; sonoridades, redes de analogía, sensibilidad y comprensión. Mirada, luego las odiosas etiquetas: periodística por pretender el apunte de un hecho, registrar y mostrar las aventuras que marcan toda vida. Lo que podría ser literario estaría en el lenguaje que traduce la mirada y las palabras elegidas para darle cuerpo a la escena por retratar, procedimiento similar al del pintor detenido durante horas ante una colina o un muro al borde del derrumbe: contempla, capta matices, colores, escucha lo que le va diciendo el paisaje: entra en relación y da la pincelada, ráfaga de tinta sobre la hoja, transmutación de lo real en imagen, percepción marginal del instante. La escritura sería derivación y expresión de un ojo que desea y retrata, retiene y expulsa.

Propongo un recorrido por la ciudad. Elijo sitios por azar y gusto. Hago un mapa de lugares para retratar. Empiezo por el Oeste y voy moviéndome en desorden. La avenida Morán: tramo fino de carretera, cerro de un lado, abismo del otro, caminos de monte y basurales derramados cuando llueve. Plaza Pérez Bonalde: pensiones, peluquerías, tabernitas, refugio de inmigrantes de varias nacionalidades, acosados por la nostalgia; detenerse en cualquiera de estas fachadas –cubiertas a veces de amenazantes graffitis, buhoneros y licorerías en las que desde temprano se van agolpando los sedientos por matar el tedio de la tarde o la faena inconclusa– abre infinitas posibilidades de escritura. ¿Qué los arrastra hacia ese lugar y no otro? Mi amigo Yayo Agüero narra una anécdota de la zona. Data de los años sesenta. “Una de las cosas curiosas que ocurría entre Pérez Bonalde y Ciudad tablita, era que las familias del sector se vieron obligadas a identificar sus hogares con un cartelito que decía casa de familia, o familia decente, para diferenciarse de los burdeles que por aquel tiempo comenzaban a proliferar, los cuales eran fácilmente identificables: colocaban al frente un bombillito rojo que se encendía a partir de las seis de la tarde; las señoras más puritanas se persignaban espantadas, adivinando en ello una señal del fin del mundo”. En Caño Amarillo están las peripecias del Gardeliano y sus alrededores. En el Centro, las huellas casi inencontrables de lugares donde se reunían los grupos literarios Viernes y Sardio –este último frecuentaba el café Iruña, situado según Arturo Almandoz de Reducto a Municipal. Las rockolas que sobreviven en una Candelaria en la que vagó Ramos Sucre atiborrado de pastillas para lidiar con el insomnio y Julio Garmendia, tiempo atrás alojado en el Hotel Cervantes de la Avenida Urdaneta, hoy burdel. En Bellas Artes está el Alaska y el Ribot con su cortina de caracoles, dulce entrada a esa boca roja y vallenatera, Farolito local, el paisaje estruendoso se completa con el baño: un canal de concreto podrido para los meaos de cebada, conatos de golpiza, posibles atracos a la salida, fantasmas que bordeando el amanecer piden para un pasaje y desaparecen en un sendero apagado de árboles raquíticos y bombillos a punto de cortocircuito. San Agustín y sus músicos, boxeadores y bohemios de alto calibre. Sabana Grande y las historias desperdigadas por las barras de la Bajada y el Callejón de la puñalada. Las vidas secretas de la UCV. El río Guaire, merecedor de tantas meditaciones, retrato de fracaso y podredumbre sostenida. Los Caobos y sus paredes, altas y mohosas, han visto a perseguidores borrarse en laberintos de árboles. En la Avenida México, justo en la parte de atrás del Liceo Andrés Bello, hay un letrero cubierto de polvo y rastros de pintura. Colocado muy alto, como para no verlo. Dice: calle prof. Dionisio López Orihuela. ¿Quién sería este señor de peculiar nombre? Seguro trabajó en el Liceo donde Ramos Sucre también dio clases. Más arriba, vía San Bernardino, vivió Maja Poljak, nacida en Zagreb y de ascendencia judía. Fue perseguida por el nazismo y eso la obligó a cambiar su apellido de “Pollak” a Poljak, según refiere en un artículo su hijo Vladimir Villegas, tuvo que refugiarse en Italia y luego embarcar hacia Venezuela en los años cuarenta. ¿Contar una vida depende solamente de un asunto expresivo y de géneros periodísticos o literarios? Novela, poesía, crónica. Las opciones parecieran infinitas, los límites sutiles. Tal vez los temas mismos pidan la forma que le sea más provechosa.

Detengo el recorrido para preguntarme qué periódico –o revista– apostaría por un puñado de crónicas, entrevistas y perfiles de personajes incorrectos, salvajes y rabiosos. Gente que no ofrece verdades contundentes sino pliegues angustiantes de las cosas. Nada de famosos. Místicos del desastre ansiosos por ser escuchados, chilenos exiliados que hacen de libreros, vascos anarquistas refugiados en las cuerdas de sus guitarras, gente huyendo de otras vidas que en un instante dejan de estar soterradas: alguien las oye, las percibe. Tipos que pasaron de genios a vagabundos tristes, rayadores de paredes y teléfonos públicos. Músicos ambulantes, seres asqueados del mundo, recogedores de cartones. Utopistas sentimentales, tarotistas que alivian con sus dulces mentiras en bulevares, gente tiroteada por cámaras, teléfonos, o una mirada torcida.

Cuánto tiempo seguirán contenidas en el subsuelo de esta ciudad de techos rotos las historias de tanto vagabundo sin asidero y bicho marginado de la opinión pública. Ellos también son huella y memoria de Caracas. ¿Están fuera de los intereses mediáticos porque son “perdedores”, “fracasados”? Historias fuera de pautas y horarios de oficina. Queda arrastrar el lente del ojo, fijarlo, intentar escribir las vidas secretas y ruinas de una ciudad/isla con 443 años. En los puntos más recónditos de su geografía se alojan muchas de ellas. Juegan a mostrarse y esconderse. Conjugadas intuición e investigación, se podrán ir encontrando. Quizá paseante y reportero, seres ambulantes al fin, puedan juntarse en un solo gesto: registrar con una mirada deseosa por reconocerse en el caos que le tocó vivir. Así, pensando en la Caracas de hoy, no deja de rondarme la frase de Ahmet Rasim que Pamuk usa para abrir las puertas de su Estambul:

“La belleza del paisaje está en su amargura”.

 

Comparativa de la Esquina de Sociedad a Gradillas.
 
 
Fuente :
Alejandro Sebastiani Verlezza On 30 de Agosto, 2010

@prodavinci

lunes, 14 de febrero de 2011

La Casa Amarilla

Imagen de la Casa Amarilla aportada por el Sr. Marcos Ramón Mendoza, a quién agradezco su gentileza.

Expresa que forma parte del álbum familiar, la cual se encuentra fechada 27 de enero de 1947.
En el primer plano conocido de Caracas, elaborado por el Gobernador Juan de Pimentel hacia 1578, el solar primigenio abarcaba un cuarto de manzana y estaba ocupado por una vivienda, la cual probablemente no pasaba de ser una modesta construcción de bahareque y horcones. En 1689, una parte de ese solar es adquirido por el Cabildo de Caracas a los herederos de Antonio de Tovar para construir la nueva cárcel de la ciudad, siendo abierta en 1696.
El lado sur de la parcela pasa a ser propiedad del Cabildo en 1704, tras realizar una permuta con Isabel María Xedler. En este último sito se erigiría la nueva sede del Ayuntamiento, concluida en diciembre del año 1750.


La Casa del Cabildo fue escenario de los acontecimientos del 19 de abril de 1810, cuando desde sus balcones el canónigo José Cortés de Madariaga hizo una señal al pueblo de Caracas para que repudiara al Capitán General Vicente Emparan, en lo que se conoce como el Primer Grito de la Independencia de Venezuela.
El terremoto del 26 de marzo de 1812 afectó a la antigua cárcel, la cual permaneció durante décadas en ruinas, e inhabilita la sede del Ayuntamiento, cuya reconstrucción se demora cuatro años.
En 1841 el Congreso aprueba la venta de ambos edificios por parte de la Municipalidad al Gobierno Nacional, para destinarlos, una vez integrados, a Casa de Gobierno. Tras su reforma, la inauguración del inmueble se realiza en 1842, bajo la presidencia del General José Antonio Páez.
Es en el año 1874, por órdenes del presidente Antonio Guzmán Blanco, cuando el edificio adquiere la imagen que hoy ostenta, al ser convertido en Palacio de Gobierno. Las obras de remodelación fueron dirigidas por el arquitecto Juan Hurtado Manrique, quien construye el pabellón conmemorativo del Ayuntamiento de 1810 en el lado Sur.El Palacio de Gobierno es inaugurado el 7 de noviembre de ese año, junto con la estatua ecuestre del Libertador en la Plaza Bolívar.

Mediante Ley del 4 de mayo de 1877, el Congreso Nacional destina el Palacio de Gobierno a "Mansión del Presidente de la República", siendo el general Francisco Linares Alcántara el primero en habitarla.
Pintada entonces de amarillo, color que representaba al Partido Liberal, comenzó a denominarse "Casa Amarilla" en los propios documentos oficiales.

Durante el terremoto del 28 de octubre de 1900, el segundo presidente en habitar la Casa, Cipriano Castro, se lanza a la calle desde uno de sus balcones.En el año 1904 la Presidencia de la República es trasladada al Palacio de Miraflores siendo ocupada la Casa Amarilla por la Alta Corte de Casación y la Gobernación de Caracas.Finalmente, mediante decreto expedido el 28 de octubre de 1912 por el presidente Juan Vicente Gómez, el inmueble es convertido en sede del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Esquina Del Principal

Esta esquina fue conocida en tiempos coloniales por Cárcel Real. Más tarde se llamó Casa Amarilla (Guzmán Blanco la condicionó como Palacio Presidencial, y la pintó de amarillo, color del Partido Liberal; de allí su nombre) en tiempo de Castro. Pero volvió a adquirir su nombre en los días de 1785, cuando el Capitán González y Navarro fundó en su esquina el Teatro Principal, por haber estado allí la Guardia Principal que defendía a Caracas de las incursiones de los Piratas.


La Avenida Oeste era la más corta de todas : " Principal, El Conde, Piñango y Camino Nuevo"

Carmen Clemente Travieso
Las Esquinas de Caracas. 1956

sábado, 12 de febrero de 2011

La diabólica nomenclatura caraqueña

La diabólica nomenclatura caraqueña

Esquina de Angelitos
El Silencio
RUBEN MONASTERIOS

Las calles de Caracas tienen nombres, pero más allá de los carteros bien experimentados muy poco sabemos de ellos; desde tiempos remotos los caraqueños preferimos el complicadísimo sistema de dar referencia de una dirección a partir de las esquinas; si usted quiere llevar a la locura a un infeliz que no sea Caremis u otro de los escasos caraqueños viejos que restan por ahí, dígale que debe ir a un lugar localizado entre las esquinas de Candilito a Tablitas; pero ésta es apenas una de las tantas fuentes de confusión de la nomenclatura de nuestra capital.
Caracas no dispone de numeración consecutiva para identificar los inmuebles; suplimos su ausencia asignándole nombres a los edificios, sistema impráctico, que nos obliga a recorrer largos tramos de avenidas en una y otra dirección hasta encontrar el inmueble en cuestión, ¡bueno!, esto en el caso de conservar el rótulo con el nombre que lo identifica. Conozco un edificio que originalmente se llamaba San Casimiro; el rótulo fue perdiendo letra tras letra y hoy se llama Miro.
Y suponemos que para llegar al edificio usted debió, primero, localizar la calle; asunto improbable en Caracas, por cuanto el inmueble que formaba esquina y donde estaba la placa de identificación de la calle, pudo haber sido derrumbado para erigir uno nuevo, y el constructor "olvidó" volver a colocar la placa al terminar el trabajo. En cualquier otro lugar del mundo civilizado el constructor sería multado por las autoridades de la ciudad a causa de esa negligencia; en Caracas no se presta atención a esos pequeños detalles.
En Caracas las calles y avenidas parecieran sufrir de complejo de identidad, en razón de lo cual cambian súbitamente de nombre. En algún lugar la primera avenida de La Castellana se convierte en la quinta avenida de Altamira, y no satisfecha con ello, más adelante cambia su denominación por la de cuarta transversal de Los Palos Grandes.
Contribuye a la confusión la repetición de nombres; a veces se debe al amor que por su terruño natal sienten los constructores, lo que da lugar a innumerables edificios llamados Doral; otras veces el fenómeno responde al fervor religioso; de aquí la cantidad inconcebible de quintas llamadas San Judas Tadeo y Coromoto; otras, al fervor patriótico. Recuerdo el caso de un folleto editado por una agencia turística extranjera que advertía a los usuarios respecto a las direcciones que incluyeran el nombre de Bolívar: "En Venezuela todo se llama Bolívar", decía.
Los caraqueños encontramos una especie de perverso placer en poner a prueba la paciencia, perseverancia y agudeza visual de aquellos invitados a nuestra casa. Sugiero al amable lector tratar de localizar una dirección en una urbanización caraqueña en horas nocturnas: puede ser una auténtica misión imposible.
Supongamos que llenó el primer requisito, esto es, encontrar la calle en dicha urbanización; a partir de aquí, le concierne la penosa tarea de recorrer la calle varias veces hasta localizar un rótulo que pareciera ser el nombre de la quinta; y ahora trate de leerlo: es muy probable que sea demasiado pequeño, que no esté iluminado, que este cubierto por una frondosa enredadera o escrito en una caligrafía tan sofisticada que no se puede descifrar...

El asunto parece gracioso, pero, según los expertos, este caos nomenclatural conlleva serios problemas económicos y de salud pública; lo primero, por la enorme cantidad de horas útiles que se pierden en la búsqueda de direcciones; lo segundo, porque el caos urbano es una de las principales fuentes de estrés del caraqueño.

EL NACIONAL - DOMINGO 25 DE JULIO DE 1999

Te cayó frutero

Te cayó frutero


Caremis contaba que la famosa frase tenía que ver con la costumbre de los vendedores de frutas, en la Caracas antigua, de atravesar sus carretas tiradas por un burro en medio de las angostas callejuelas de La Pastora. Quien tenía la mala fortuna de conducir por la vía obstaculizada en ese momento, debía esperar que el comerciante terminara su trabajo para poder pasar; entonces la gente le decía: “Te cayó frutero”. Pues la rutina continúa en el siglo XXI, a pesar de que las vías son más amplias y se supone que existen normas que lo prohíben. Ahora se instalan todo el día en una esquina o en un canal entero y el efecto que producen en el congestionamiento suele ser muy sutil, pero generalmente donde están ellos hay un embudo en el paso de vehículos, como ocurre en esta calle de la parroquia San Juan. Este tipo de prácticas anárquicas son las que contribuyen a generar un caos en el tránsito .

Fuente :04 B/14

Información General
LA CIUDAD SIN LEY

Frutero 1929
El Nacional - Jueves 03 de Junio de 2004

viernes, 11 de febrero de 2011

La "Grandeza" de Guzmán Blanco

Estatua de Guzmán Blanco en el Calvario
llamada " El Manganzón"

Guzmán Blanco no era modesto. Este era quizá el menor de sus pecados, y aunque proyectó y ergió este testimonio a su propia grandeza, pensó que luciría mejor a los ojos de la posteridad si se le otorgaba el crédito por el diseño artístico y la noble idea, de modo que la inscripción rezo así:
     
A
 EL ILUSTRE AMERICANO
EL PACIFICADOR Y REGENERADOR
DE LOS
ESTADOS UNIDOS DE VENEZUELA,
GENERAL GUMÁN BLANCO.
LA GRATITUD EXPRESA DE CARACAS.
1874.

Y al lado opuesto del pedestal había otra leyenda  que
rezaba:

GUZMÁN BLANCO DISIPÓ LA ANARQUÍA
Y ESTABLECIÓ LA LIBERTAD; LA PAZ;
Y LA PROSPERIDAD DE  LA REPÚBLICA
EN EL PAÍS, ASI COMO SU DIGNIDAD
EN EL EXTERIOR.

Estatua de Guzmán Blanco llamada el "Saludante"


La otra estatua que erigió en su propio honor, en la plaza entre la Universidad y el Capitolio, que fue derribada dos veces.

La statue du général Guzmán Blanco, chef du pouvoir exécutif. La façade de l’université à Caracas. / The statue of general Guzmán Blanco, Chief Executive. The façade of the university in Caracas.

viernes, 4 de febrero de 2011

Los Baños en Caracas

El Portachuelo, Lugar concurrido por los parranderos caraqueños, se puso de moda en la época del Presidente Castro la frase “ni cobro andino ni pago caraqueño” ya que eran frecuentes los lances personales “hombre a hombre” los caraqueños peleaban a cabezazo limpio- lavar la cabeza ensangrentada en “la cascada” del portachuelo entre Roca Tarpeya al pie del cerro el paraíso era lo frecuente.

El Baño costaba medio o real los Domingos y Feriados, donde era frecuentado por guapos y juerguistas, encargado de hacerlo famoso.
Los últimos baños al aire libre funcionaron en la laguna del paraíso y en los Caobos hasta que se instaló el último sitio de horno crematorio en San Agustín del Sur.

La innovación en materia de Baños Públicos la introdujo en Caracas un empresario de nombre Soucy, la Primera estación de descanso fue construida en Caño Amarillo, costaban 3 Bs. se consideraban muy indicadas para quitar “el ratón” pero también para los dolores musculares y artritis. Los segundos fueron construidos en Chacaito, llamado de Sabana Grande a Soucy, el nuevo dueño era Braulio Otanz, en el mismo punto funcionó después el Restaurante Bar “EL TOBOZO” que la chispa popular llamaba EL TUBAZO por lo caro que eran los consumos.
 A medida que evolucionaron los tiempos el caraqueño gustó de bañarse: Por costumbre, por higiene, por necesidad. Primero lo hacia en el Río, el más celebre fue el que se impuso en Carnavales, en tiempos remotos del Gobernador Cañas y Merino. Al río le siguió el baño en ponchera con agua deshelada al sol; el que tocaba “todos los sábados” ..Según el dicho popular.

FUENTE: Revista Elite. Pag 62-63
Caracas julio de 1967
Edición Aniversaria al Cuátricentenario de Caracas
Por Pedro Hernadez Camacho.


IMAGEN: Nada mejor que esta imagen para mostrar parte de lo que evoca el texto que transcribi para ustedes, imagen que no hubiese sido posible obtener gracias al trabajo que desde hace varios años viene haciendo Viejas Fotos actuales, quienes comenzaron a digitalizar la Caracas que aquellos tiempos, y que gracias a mi incusrión al FB pude conocer.
PORTACHUELO. ROCA TARPEYA. 1909

El Portacuelo 1909
 VFA

Caraqueñerias.....

Comparto con ustedes parte de lo que el amigo José Hermoso ha venido publicando todos estos días en el muro del Grupo Inicial,

Carriel: Cartera femenina/ ambigú: Comida nocturna

/sarao: Fiesta de primera categoría/ arrocito; fiesta de barrio/ Picó: tocadiscos/ cuplé: Librito o especie de folleto en el cual se escribían las canciones de moda.

Era algo muy vendido en los años 40 y 50

/ Botica: era el término utilizado para lo que denominamos farmacia

/ Botiquín: Bar de mala muerte/ turco: Caulquier persona de orígen árabe.

Términos utilizados básicamente en Caracas hasta más o menos final de los 50. Tratemos de ampliar el diccionario recordando o pidiéndole a los viejitos conocidos que recuerden:

Comonié: Era una especie de rechazo a una propuesta (Préstame tu carro..Comonié...)

/ La cátedra: Algo muy bueno.

/ Piré: Era una pronunciación afrancesada de puré

/ Ipanola: Utilizada para confirmar algo. ¿Vas a ir a la fiesta? Ipanola

/ Chévere: Todavía lo usamos algunos viejitos.

Cuídese de hacerlo porque se le "cae la cédula". Significa algo bueno

/ Chica gogo: Equivale a una chica en la onda, en la modernidad

/ Pachuco: Similar al metrosexual de hoy. Hombre muy inclinado a acicalarse

/ Musiu, derivado de Monsieur pero se aplicaba a cualquier extranjero

/Madama, igualmente derivado del frances. Tenía 2 usos: Dueña o administradora de prostíbulo o mujer de servicio de origen masriniqueño o islas vecinas. Se ganó ese nombre porque llamaban a sus patronas por el apelativo "madam"/
 

La Caracas de 1578

La Queja Popular: La lamentable situación de las calles, el problema del agua. Las pilas fueron por más de un siglo el nido de murmuración contra el gobierno.


La Preocupación de las Autoridades: El Camino a la Guayra y la guerra contra las epidemias.

Lujo de Moda: Fachadas con casas de ladrillo.

Escándalo: las mujeres después de decir ¡Ave María Purísima! con la respectiva señal de la cruz, comentan en voz baja el Caso del Gobernador Loco ( Nicolás Eugenio de Ponte y Hoyo) que no respetaba mujeres ni solteras ni casadas, se aprovechó de una doncella y la violó

en las orillas del Guaire durante las fiestas del Carnaval, pero un día amanecíó triste y mudo saliendo desnudo a la calle, desde entonces enloquecido, cuentan que le dieron un bebedizo en horas de almuerzo, preparado por los brujos que tenian influencia en la vida domestica caraqueña de entonces.

Fuente: Mapas Historicos de Caracas, Edición 80 años del Banco Mercantil. Nº 1 Mapa de la Caracas de 1578

Mapa de la Caracas de 1578