viernes, 13 de febrero de 2015

Para la historia de las carnestolendas

Cuando dentro de un cuarto de siglo, añoren los cronistas, los días que vivieron, hombres, mujeres y niños en esta capitalina ciudad durante el reinado de la locura  en tantos años como éstos, saldrán a relucir cosas que harán pensar a los hombres, no ya en la actividad despegada para veinte días, llevar a efecto el mejor Carnaval que se tenga noticias en esta ciudad sí que extraer de raíz el inri que pesó sobre los nativos durante un tiempo largo.


Ocurrió que habiendo lanzado en el “Círculo de las Fuerzas Armadas” el dinámico Director de tan importante centro social la idea de revivir el antruejo con bombos y platillos; y en marcha la primera base para que todo anduviese como por sobre ruedas, el proyecto traspasó los umbrales, llegó a la Gobernación del Distrito Federal, cuyo Magistrado el Comandante Guillermo Pacanins, tuvo el acierto de seleccionar el que equipo que secundó al Coronel Zambrano en la simpática iniciativa.

Y mientras los escaparates y las canastillas exhibían los antifaces y caretas, saldos del año anterior, surgía el comentario tendiente a si recibíamos  la vista del Dios Momo con el mismo ceremonial y melancolía que privó durante años anteriores. (..) Miembros de la Directiva se programaban actos y acometían  empresas, Sánchez inició la colecta con admirable resultado, si se toma en cuenta que apenas quedaban diez días laborales para el cometido.


Las iniciativas para confeccionar el programa contenían los números. Si incitaba a empresarios, hombres de comercio, ya todo que pudiese apoyar la iniciativa antruejana, para que presentases carrozas en los días de la locura. Rara vez la gente secundando un proyecto con tanto entusiasmo.

El caraqueño es, cada vez que se trata de su tierra chica, un ente que se pierde de vista; trabaja con cariño y deja a un lado todo para festejarlo con la pompa debida. Es así, fiesta para el pueblo donde hay que echar la casa por la ventana para que estén contentos los de adentro y los de afuera.
Hasta el momento en que escribimos esta nota no se han logrado los ingresos esperados, por lo que el déficit puede ser de apreciable consideración. Sería de lamentar que no se solucionase el problema, porque como decimos, el Carnaval de Caracas de continuar con el ritmo que va, será un señuelo para atraer turistas en abundancia en los años venideros.

Esta página recoge algunos aspectos del  festival, en gráficas que sino abarcan gran parte del Antruejo, revelan si, la belleza que tuvo la permanencia de Momo en la Ciudad.


Si hubo agua en los barrios bajos extramuros, es noble decir que en ellos no intervino el noble pueblo de Caracas. El estuvo durante las tardes vigilante en las avenidas por donde tenía lugar el paseo de las carrozas, ninguno de cuyas ocupantes fueron irrespetadas.

Puede en consecuencia decirse que los bañistas hombres tenían ganas de bañarse y las bañistas hembras al agua que recibieron como una panacea del cielo.
  
Billiken, febrero  1956
#2.007





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