sábado, 8 de febrero de 2014

Las Cervecerías



A la cervecería Strich siguió la de A.J. Donzella, situada de principal a Conde, la misma que funcionó hasta que se extinguió hace más o menos tres lustros de Principal a Santa Capilla. Fue la que puso de moda “La lisa” y la “media lisa” de sifón y tuvo siempre su clientela numerosa. Había bebedores que hablaban en “lisas”, para referir cuánto dinero llevaba en el bolsillo o lo devengaban como sueldo. Así que el que contaba con un fuerte en el bolsillo decía a su compañero o compañeros de tragos: “Tengo para diez lisas, vamos para casa de Donzella”. Uno de los últimos que habló graciosamente ese lenguaje es Vicente Palumbo, hijo menor, para referir a los amigos cuánto ganaba gráficamente: “Tengo un sueldo de dos mil lisas”.


 Por supuesto, esta forma de expresión la celebraba mucho el bien reconocido Ratón Pérez y el consecuente Pancho Alquisira. A la Cervecería Donzella, siguió la “Bavaria”, de Mikuski, situada de Bolsa a Pedrera, en donde se registra la particularidad de que allí se fundó el Grupo Literario “Viernes”, siendo las primeras copas Pablo Rojas Guardia, Julián Padrón, Luís Fernando Álvarez, Otto D´ Sola, entre otros, entre quienes se encuentra Pascual Venegas Filardo, que no es buena copa pero si buen poeta y mejor periodista. Habría que agregar también que a la Cervecería de Bruno, situada de Miracielos a Reducto, especializada en la cerveza negra alemana.


El Grupo de Los Viernes




Fuente: Venezuela Gráfica
1962

Aquellos Tranquilos Botiquines


“Para la última década del pasado siglo y principios del presente la vida de Caracas, en su aspecto nocturno, era tranquila y apacible; incluso en lo que a centros de expansión y diversión de índole espiritual  y festiva, se refiere. No existía entonces el botiquín propiamente dicho, sino la botillería y la confitería donde se vendía licor. Ejemplo clásico de estos establecimientos mixtos lo tenemos en lo que registra la crónica y recuerdan los caraqueños de larga vida y poco beber, aunque no por ello fueran precisamente abstemios. Así viene el caso mencionar  los establecimiento de este tipo que funcionaron en el centro de la ciudad por los lados y alrededores de la Plaza Bolívar, “La Francia” y “La Glacier”, fundados por Don Carlos Zuloaga; “La India”, fundada por el italiano José Mendozza – el apellido se escribe con doble Z-y “La Confitería de las Familias” situada en la esquina de Dr. Paúl. En esos sitios los niños y las damas comían helados y dulces y los mayores de edad, saber y gobierno tomaban su “aperitivo”, que consistía en una copa de buen vino español o de sabroso coñac francés lo cual obligaba al bebedor a mover  la lengua ruidosamente  en el cielo de la boca para dar señal de buen gusto. Con esto se fueron formando los grupos de contertulios que en la generalidad, estaban integrados por poetas, literatos y artista que se denominaban así mismo “librepensadores”.



Salón La India para damas 



En realidad el botiquín más ruidoso de Caracas, en los primeros años del siglo, vino a ser el de Puente Hierro, propiedad que fue de Alejandro Landa, en el cual el General Eustoquio Gómez mató al Gobernador Mata Illas. Al abrirse con este hecho de sangre una etapa de violencia, por una rivalidad regional ya superada, la vida caraqueña se sacudió en su ánimo, y cambió un tanto en sus costumbres y en algunos aspectos sentimentales. De allí que se hiciera célebre la frase  del Presidente Castro, según la cual  “no cobraba andinos ni pagaba caraqueños”. Los tiempos de Castro fueron los más festivos de la vida caraqueña, por lo mismo que le gustaba el baile, y tanto como danzar con los pies, “empinar el codo” aunque, en este particular, no daba su brazo a torcer. Aquel aspecto era un producto de la “fulminante” revolución restauradora. 

Eustoquio Gómez de gala 


La Tradición Caraqueña

La vida caraqueña se mantuvo dentro de la tradición. En la Plaza Bolívar las familias asistían a las retretas los jueves y domingos, para lucir sus mejores galas. En la Cervecería Strich, que funcionaba en la planta baja del Hotel Klindt los caballeros de la época lucían su leontina en el chaleco, en sombrero de pajilla en la cabeza y los zapatos “bordequines”. Entonces fue cuando el alemán  Strich puso de moda la “camarita y el pumpá”, sombreros de moda en el vestir elegante, a los que ironizaban los de sombrero de pajilla, tipos más populares. Se entendía por camarita el medio vaso de cerveza cuyo costo era medio real; y por pumpá, el vaso entero que costaba un real. Desde la cervecería veían desfilar las señoritas trajeadas a la usanza de la época, con traje largo, cintura ceñida y valona al cuello. El traje de las señoras se diferenciaba de que “traían cola”. Fuera de la cara no había nada que ver.

En tanto en “La India” que era el bar de categoría, los grupos selectos y los bohemios famosos, de buen vivir y mayor gastar, se deleitaban con sus tragos de vino y coñac. El gran pintor Tito Salas, el poeta Andrés Mata y el Padre Borges eran de los asiduos  concurrentes. Don Tito que llevó una vida bohemia hasta que se casó, fue motivo para que “La India” cerrara sus puertas la noche de su matrimonio, y pusiera en las puertas un cartel humorístico que decía a la letra:
“Cerrado esta noche: Se casa Tito”, “La Francia”, a su vez seguía siendo un sitio de reunión de los caraqueños y muchas veces fue escenarios de lances personales.  
El Pintor Tito Salas, ya abuelito,  junto a su hermosa familia

Fuente:   Pedro Hernández C
Transcrito por Caracas en retrospectiva de la Revista Venezuela Gráfica 1962
Imágenes de El Cojo Ilustrado, y grupos Caracas en retrospectiva facebook 

sábado, 11 de enero de 2014

El Alba de la Democracia

Editorial de la Revista Billiken
Arturo Uslar Pietri

“El alba del 23 de enero de 1958 quedará en la historia de Venezuela como la realización de un prodigio. Una férrea dictadura corruptora que disponía de los más poderosos armamentos, de los más ilimitados recursos financieros y del más desfachatado descaro para mentir y cometer crímenes de lesa humanidad, se derrumbó en horas, como una torre de arena, ante el empuje decidido de una nación dispuesta a sacrificarlo todo para erradicar de su vida aquella afrenta.
La dictadura había resistido dos importantes tentativas militares, la de los jóvenes oficiales de la aviación y la del Estado Mayor. Podía sentirse más fuerte y confiada que nunca. El régimen de terror imperaba irrestricto. El tirano podía creer que todo había quedado aplastado ante su voluntad omnímoda. Y de pronto, sin que nadie supiera ni cómo ni cuándo, comenzaron a aparecer papeles mimeografiados y hojas mal impresas en las que centenares de venezolanos distinguidos ponían su firma para pedir libertad. Ley y gobierno constitucional.  Allí estaban los nombres de profesionales reputados, de jefes de grandes empresas, de escritores, de profesores, de potentados de las finanzas y de jóvenes maestros de escuela. La dictadura parecía no  poder creerlo. Comenzó, con asombro, por hacer llamar a algunos de los signatarios para cerciorarse de si aquellas firmas eran autenticas. Todos reconocieron las suyas y las dieron por buenas. ¿Qué había pasado? No era que se hubiera perdido el miedo a los pavorosos castigos de la tiranía, a las torturas, a las cárceles y las persecuciones, era que, para decirlo con un venezolanismo, el país se había resteado y estaba dispuesto a afrontar todos los riesgos para poner fin a aquella farsa sangrienta.

No hay precedentes en la historia del país de un movimiento semejante. Hemos conocido revoluciones y asonadas dirigidas por determinados grupos, que han logrado éxito gracias a la trama de una conspiración o a la sorpresa de un golpe afortunado. El 18 de octubre de 1945 fue el movimiento de un partido y de un sector del ejército, al que luego se sumaron otros. El 24 de noviembre de 1948 fue un golpe militar seco. Pero el 23 de enero ha sido una cosa eternamente singular y diferente. Ha sido la sociedad venezolana en todas sus clases, en todos sus sectores de pensamiento, en todas sus ideologías políticas, desde el Arzobispo hasta el limpiabotas, desde el conservador hasta el hombre de izquierda,  desde “el pobre en su choza” hasta  el “señor”, la que se alzó contra un solo hombre ofreciendo a la metralla el pecho desnudo y el poder moral de su derecho, logrando que se paralizaran con un cierre general todas las actividades, hasta que el tirano, solo, bajo el ultimátum de las fuerzas armadas , huyó en obscuridad de la noche. 

No fue éste el movimiento de un partido, ni el de un grupo, ni el de una clase, no tuvo ni siquiera un comando central reconocido. Fue más bien como un fenómeno de combustión espontánea, como la reacción de un organismo sano contra un veneno para expelerlo, lo que creó esa maravillosa, inesperada y súbita unidad. 
Ya desaparecido el tirano, comienza ahora una difícil y dura tarea, como es la de organizar el país para una vida permanente de libertad, democracia y orden. No será fácil. Habrá que hacer grandes sacrificios y esfuerzos para alcanzarla. Habrá que refrenar ambiciones, que limar diferencias, que aceptar lo posible y lo transaccional para que pueda levantarse, firme y duradero, el edificio de una democracia estable en la que quepan holgadamente todos los venezolanos y todos los extranjeros que han venido a nuestro suelo.
No es esa la tarea de un momento de fugaz alegría y momentánea generosidad, sino de un largo tiempo de sostenido tesón en el que todos, como en la hora magnifica del 23 de enero, pongamos sin regateos nuestra voluntad de servir, de vigilar, de acatar. No es esta solamente una obligación de los llamados a desempeñar funciones públicas, que nunca pasarán de ser una minoría, sino de todos: del obrero, que al cumplir cabalmente su labor hace patria con sus manos hacedoras, y del estudiante que debe levantar con su dedicación el nivel moral y cultural de la universidad, y el del profesional que sirve a las necesidades colectivas; y el del intelectual que puede iluminar el camino hacia el bien y la justicia , y el del hombre de negocios que puede unir en su trabajo la creación de riqueza útil con el ejemplo de la honestidad.
Una situación como la que acaba de nacer, salida de un estado de cosas como el que hemos padecido, tiene numerosos y temibles enemigos dispuestos a sabotearla y destruirla. Están contra ella los logreros del chanchullo y del peculado, los partidarios de un orden de amos y esclavos de los defensores de la tesis abyecta de que Venezuela no puede ser gobernada sino por el látigo de un déspota, los desplazados de los criminales privilegios que disfrutaban, que cuentan con inmensos recursos monetarios para sabotear la democracia, fomentar el caos y provocar de nuevo la dictadura que añora.
Para esa labor de construcción, y contra esos enemigos, no hay sino una sola defensa: La de la magnífica unidad que hizo posible el prodigio del 23 de enero. La unidad hay que mantenerla y conservarla a toda costa, evitando todo lo que pueda dividirla y afirmando por largo tiempo la plataforma esencial de una vida democrática.  De este modo el 23 de enero será un símbolo que fue en la realidad, el alba prodigiosa del arduo día de la democracia venezolana.” 
Caracas, 25 de enero de 1958.
La expresión popular de júbilo que vivió durante todo el día 23 la ciudad  de Caracas
al saber el derrocamiento del régimen Pérezjimenista, tocó los extremos de la
alegría incontenible demostrada en el toque de cornetas incesante de todos los vehículos,
los abrazos de "Feliz Año Nuevo" que el pueblo había retenido hasta el momento oportuno
desde que vió las gloriosas alas de nuestra Fuerza Aérea iniciar la rebelión contra el régimen anterior,
y las manifestaciones con "Vivas", por una parte, y por la otro los dolorosos recuerdos de personas
queridas del pueblo- sus héroes- desaparecidos., los féretros de personas muertas por las balas
de la represión y los letreros que traducían el clamor popular: En las gráficas se aprecia: en la parte superior, uno de los dos  carteles que a las 7 de la mañana fueron puestos al pie de la estatua del Libertador en la Plaza Bolívar . En el pueden verse las fotografías de Luís Troconis Guerrero, Director de "El País", muerto en el Exilio; el poeta del pueblo, Andrés Eloy Blanco,  trágicamente muerto en México; El Mayor Mario Vargas, muerto también en el exilio, de doña Teotiste de Gallegos, muerta igualmente en el exilio, al lado de su esposo Rómulo Gallegos , Presidente Constitucional depuesto en 1948. Puede verse también a los Ex- presidnetes Gallegos, Betancourt y Prío Socarrás, de Cuba, y al Doctor Rafael Caldera , vivos. Al centro del féretro en uno de los muertos de la" Urbanización 2 de Diciembre", envuelto en la bandera Nacional y con un letrero expresivo. Muchos féretros pasaron ayer por las calles de Caracas en forma semejante.           

Finalmente un letrero que fue puesto en la puerta cerrada del Ministerio
de Relaciones Interiores.

La gráfica da una idea de lo que fué la toma de la Seguridad Nacional y del
estado de excitación del público que había llegado hasta las puertas del
siniestro antro.  
Vehículos de agentes de la Seguridad Nacional 

Imágenes del 23 de enero de 1958
Archivo de la cadena Capriles 

Luisa Nena Zuloaga de Palacios, Arturo Uslar Pietri y Miguel Otero Silva
Imagen de El Nacional 

Transcrito por Caracas en retrospectiva.
Billiken 1958 

lunes, 30 de diciembre de 2013

Feliz 2014 para toda la familia retrospectiva


Transcribo las palabras de José García De La Concha en su magnifico e irrepetible libro "Reminiscencias", las cuales a pesar de no existir hoy el tradicional  "cañonazo", siento vigentes en cada línea, cada transcripción, e imagen que subo para ustedes;  Feliz 2014 para cada uno de ustedes, para  vuestros afectos y para nuestro maltratado país .

expresó García De La Concha : 

 " En todas partes he estado y en todas partes he recibidos años, pero francamente puedo deciros, quizás porque soy caraqueño por dentro y por fuera, que ese estampido del cañón a medianoche, solo, con su voz de trueno, habla mucho. Despide un año e inicia otro cuando irrumpe el Himno Nacional y brotan de todos los corazones, en precioso enjambre, el amor a Dios, el amor a la patria, el amor a los padres, esposas e hijos, el amor a nuestros semejantes, y es como el momento en que todos tenemos el alma limpia. Y es la voz del cañón. El arma mortífera de los hombres que seguida por las voces de las campanas, voces de ángeles, nos recuerda a nuestros antepasados y nos une a todos en el Himno inmortal de nuestro Bravo Pueblo, que penetra en nuestros corazones, y así sea en la Plaza Bolívar, en la casa de Dios, en nuestro hogares, todos sentimos con el “cañonazo” un lazo de unión y confraternidad deliciosa que nos hace más y más sentirnos venezolanos y alabando a Dios y a nuestro padre Libertador soñamos en un futuro promisor y una patria venturosa y un porvenir dichoso." 

Feliz 2014  para todos !!! 

domingo, 29 de diciembre de 2013

Que vuelvan los cañonazos

"El cañonazo del 31 es sólo un recuerdo" 

El sábado 31 de diciembre de 1983, el Diario de Caracas entrevistó  a Carlos Eduardo Misle o Caremis que se pronuncia porque le echen pólvora al viejo cañón de la Academia, si es que todavía existe, y disparen el tradicional cañonazo de los 31. Un sonido que nadie, ahora, escucha ni ve, y sin embargo todo el mundo habla como si fuera verdad. 

Explica Caremis: 

 " La costumbre de esperar el nuevo año en La Plaza Bolivar era una tradición muy arraigada en Caracas. Literatura al respecto hay en abundancia y Caremis se cuenta entre los relatores, no solo de las festividad de Año Nuevo en la Plaza Bolivar, a la que en el siglo pasado asistían  los presidentes de la República, sino que ha sido un atento seguidor de los acontecimientos importantes ocurridos en la Plaza desde la época de la fundación de Caracas hasta nuestros días.
Caremis cuenta que el cañonazo del 31 lo disparaban  desde el Cuartel San Carlos y luego en La Academia Militar, hoy convertida en Museo Histórico Militar. El Cañón estaba instalado en la Colina de La Planicie, asiento de la Academia Militar. Se popularizó a partir de 1910. 
Ese día en la Plaza el ambiente era de fiesta. El eco del fogonazo se escuchaba hasta en La Candelaria. " Caracas era una ciudad silente. Hoy, con el ruido, no se oye nada, y además no hace falta. Ante la gente se reunía en la Plaza y se traían hasta las sillas. ¿ En estos días como le vas a pedir a alguien que vive en Caricuao o en Macaracuay que se tire un viaje hasta la Plaza Bolívar para recibir el año? además es un peligro. 
"Yo no se si el cañonazo lo disparan todavía, porque ya la Academia desapareció y es asiento del Museo Histórico Militar . Sería bueno que lo activaran para que siga la tradición" 

El Cañonazo


“Raro era el caraqueño que decía: "Voy a esperar el año en tal o cual parte"; por lo regular, siempre se hablaba de el "cañonazo". Yo esperaré el "cañonazo" en la Plaza Bolívar; nosotros esperaremos el cañonazo en la Santa Capilla o bien en casa. Y era curioso observar que, aun sonando las doce, nadie hacía nada hasta no oír el estampido del cañón en La Trinidad o en La Planicie.
Para el caraqueño de época pasada, sentir el "cañonazo" era la llegada del Nuevo Año con todas sus penas y alegrías. A muchos encontraba el día primero del año, tranquilos, indiferentes, y les preguntaba y me contestaban: "Si yo no sentí el cañonazo; yo estaba durmiendo"; y yo soy de los que si no siento el "cañonazo" para mi es una noche cualquiera. Efectivamente, mi abuela me decía: "Lo que soy yo me acuesto temprano porque no quiero oír el "cañonazo", porque me da mucha tristeza, me trae muchos recuerdos". En todas partes he estado y en todas partes he recibidos años, pero francamente puedo deciros, quizás porque soy caraqueño por dentro y por fuera, que ese estampido del cañón a medianoche, solo, con su voz de trueno, habla mucho. Despide un año e inicia otro cuando irrumpe el Himno Nacional y brotan de todos los corazones, en precioso enjambre, el amor a Dios, el amor a la patria, el amor a los padres, esposas e hijos, el amor a nuestros semejantes, y es como el momento en que todos tenemos el alma limpia. Y es la voz del cañón. El arma mortífera de los hombres que seguida por las voces de las campanas, voces de ángeles, nos recuerda a nuestros antepasados y nos une a todos en el Himno inmortal de nuestro Bravo Pueblo, que penetra en nuestros corazones, y así sea en la Plaza Bolívar, en la casa de Dios, en nuestro hogares, todos sentimos con el “cañonazo” un lazo de unión y confraternidad deliciosa que nos hace más y más sentirnos venezolanos y alabando a Dios y a nuestro padre Libertador soñamos en un futuro promisor y una patria venturosa y un porvenir dichoso.
En época lejana, en nuestra humilde ciudad la torre blanca, los techos rojos y las azules lomas, en el antiguo San Carlos en La Trinidad, en el ángulo que mira al sudeste, se instaló un grande y viejo cañón de épocas remotas; negro, solo era como el vigía de la Ciudad; todos lo respetaban y querían; era como un símbolo para crear un museo.
Este cañón era familiar entre los caraqueños; no había nadie que no lo conociera. Tenía su personalidad. Y había chicos que le llamaban “La Cochina”, otras “La Verracas”, y como solo dejaba oír su voz en Año Nuevo o fiestas nacionales, le decían: “La Casaca” y de ahí se originó el conocido estribillo de:

La Cochina
La Verraca
La casaca
De tu papá

Por muchos años “La Cochina” daba el estampido de medianoche en el Año Nuevo y todos los esperábamos. Al  día siguiente eran romería de muchachos los que nos llegábamos hasta allí, a ver, oler y tocar el consabido monstruo y a preguntarle al centinela cómo la habían cargado, cómo la habían prendido, cuánta gente mató, se si oyó fuerte y tantas cosas que preguntan los chicos.

Cuando llegó el Gobierno de Cipriano Castro y se levantó en la Planicie la Escuela Militar, instalaron en el ángulo nordeste dos viejos cañones para las salvas  de ordenanzas y a ellos se les encomendó “el cañonazo de Año Nuevo”. “La Cochina” descansó y no se que se ha hecho. Como antigüedad, reliquia histórica y mismo como un autentico recuerdo de la ciudad de Caracas que se nos va, pido un lugar adecuado e cualquiera de nuestros museos para esta joya de nuestro pasado.
El cañonazo es algo íntimo del pueblo de Caracas, de una tradición de sus costumbres, y nadie está osado a suprimir.
Si este año yo no oigo el cañonazo, diré con la frase hípica: “Ya no hay  nada que hacer”, esto se acabó.

Fuente: 
José García de La Concha
Reminiscencias “Vida y Costumbre de la Vieja Caracas”/ 1962
Páginas 149 y 150

lunes, 23 de diciembre de 2013

Calles y Paseos de la Caracas de ayer

Calles y Paseos
José Gil Fortoul.

Se ha dicho de la Plaza Bolívar, que es un salón. Agreguemos, para que el símil no parezca estrambótico: - En las noches de retreta-.

Allí se da cita en las noches de los domingos y los jueves lo más culto y elegante de Caracas. Allí hacen gala nuestras damas, de tocados y trajes parisenses, y atraen miradas y corazones  con su airoso trapío. Allí se estrena la levita flamante, el sombrero de aterciopelados reflejos y la corbata subyugadora. Allí se conversa. Sobre todo, allí se pasea con placer, porque el piso es bueno. No se corre allí el peligro de tropezar con una piedra suelta, o sumirse en un atolladero, o dar un paso en falso  en un zanjón, como sucede, por desgracia, cuando usted se echa a andar por esas benditas calles de Caracas.


La estatua recién inaugurada en su entorno de la plaza, en una fotografía
del álbum de Roberto García

No hablamos en guasa, ni pertenecemos a la clase de los “inconformes”. Estos no hallan en la tierra nada bueno. A nosotros nos parece óptimo el paseo de la Plaza Bolívar. Pero las calles son pésimas y es preciso decirlo y gritarlo, a ver si se convierten pronto en calles de capital civilizada.

Ni damos palos de ciego. El Ministro de Obras Públicas, es un caraqueño joven y amigo del progreso. Tiene que desear, por consiguiente, que la capital merezca su nombre y sea digna de  su categoría. Sabemos también que no se cansa de arbitrar los medios de lograrlo, y emplea últimamente la parte del Tesoro que a su Ministerio corresponde.

Pero debemos observar que la tal parte es insuficiente, y que si vamos a seguir a pasitos como ahora, no tendremos calles transitables ni de aquí a diez años.

¿La crisis fiscal? Si, ya lo sabemos. La crisis fiscal se ve y se siente. Lo que no se ve es su solución. Y ya es tiempo de que los señores ministros nos digan cuándo la veremos.

Uno de nuestros colaboradores, que si es guasón, e interrumpe a cada instante su artículo para leer estas cuartillas, nos dice mordiéndose los bigotes: “La solución del problema de las calles no puede ser sino consecuencia lógica de la solución del problema de las calles no puede ser sino la consecuencia lógica de la solución del problema autonomista. Espere, compañero, y ya verá”.  Dios lo oiga, porque si el proverbio no marra, vale más tarde que nunca.
Entre tanto, echemos a volar la fantasía y preveamos el Caracas del porvenir.

No bien baja usted de la Plaza Bolívar a la Esquina de Las Gradillas o sube a La Torre, se va hasta el Guaire o hasta la Estación de Petare por calles bien adoquinadas, barridas y regadas.

Si a pie, las aceras invitan a caminar a paso rítmico, como lo exige el clima, sin preocuparse con tropezar  en imprevistos estorbos.  Se va usted atento a los ojos que fulguran detrás de las misteriosas celosías, y cuando no hay tales fulgores se apacienta usted mirando las fachadas. Ya no están barnizadas de chocolate ni mamey, ni se desconchan como aquellas de remotos tiempos que parecían enfermas de exótica erupción. Son blancas como las de Andalucía y Argelia, o sonríen (perdone usted el tropo) con el suavísimo primer verdor de las hojas primaverales.

Si es en carruaje, oye usted el golpear acompañado de las herraduras y siente girar veloces ruedas de caucho sobre un suelo liso y duro. Ya los caballos  no cojean sobre adoquines sueltos, ni van los carruajes dando tumbos.

Si es usted jinete, no bien pasa de Puente Hierro, echa usted a galopar en briosa jaca por el Paseo de El Paraíso. A un lado y otro, árboles frondosos dan sombra y frescura. Por la derecha y por la izquierda se prolongan dos filas de carruajes cargados de mujeres hermosas y elegantes; y por aquellas avenidas laterales de finísima arena, van y vienen apuestas amazonas y airosos caballeros.    
O sube al Calvario por caminitos de pendientes suave, cortados de trecho en trecho por deliciosos kioskos  [sic]  de bambúes y alegres jardincitos de plantas raras y de rosas.

 -  Alto ahí, -  nos dirá quizás un paseante solitario que contempla melancólicamente el arco de la Federación.  Esto que usted dice no es prever sino postver. El Calvario era así, como usted lo pinta! 

Así era; pero ya no es, Y esto demuestra que en ocasiones progresar es volver a realizar lo que existió, ¿Quién nos devolverá El Calvario de nuestras mocedades? La escalinata no parecía trazo de coliseo antiguo, derruido como el de las ruinas de Italia. No buen pasaba uno del Caroata, ya no veía garitas amenazadoras.  A la visión sangrienta de la guerra, sucedían al punto los apacibles paisajes de venturosa arcadia. Y para llegar a la planicie del estanque, no se subía por gradas rotas, como las de un atrio abandonado…

Bajemos del Calvario. Volver a dar belleza a algunos pormenores, será cosa fácil, trabajo de cortos días.
De largos años será el transformar a Caracas. Pero no hay tiempo que perder. Los que hoy la gobiernan, también la aman. Si la aman, puesto que desean embellecerla.

Que el deseo se convierta pronto en obra tenaz y constante ¡Caracas sabrá premiar. ¿Verdad, caraqueños, que cuando mañana domingo os derraméis por esas calles y paseos, soñaréis todos con vuestra capital del porvenir?



Texto publicado en
Billiken 1945
Transcrito por CER
Imágenes:  “Arquitectura y Obras Públicas
En Venezuela Siglo XIX” de Leszek Zawisza

jueves, 12 de diciembre de 2013

Caracas, Ciudad de ayer y de hoy

“Caracas era una ciudad típica hasta hace unos siete años; típica como sus habitantes, filósofos de la vida  y “amigos de los hombres”.  Una luna madura de metal cobrizo se paraba en las esquinas como si aguardara el cruce de algún transeúnte solitario de la noche. Hoy la luna es moderna, sobre los edificios grandes, iluminados como un retablo. La luna de ahora es blanca, simplona, no destaca su fuego amarillo sobre las calles profusas de luminiscencias publicitarias.  Hoy el esmalte lunar es limitado por los decoradores de ultramodernos cafetines y fuentes de sodas, extrañas a Caracas, la ciudad de los botiquines coloniales con sus pesados mostradores y mesas de caoba encerada, espejos turbios por muchas generaciones de moscas y pisos de cementos incoloros. Esos bares remedos de cantinas españolas, adonde llegaban los andaluces de sal y luz a palabrear entre vinos y aceitunas anécdotas o  mentiras. Era Caracas Ciudad de mujeres tímidas ante la palabra procaz del hombre, de damas  ataviadas con trajes largos de serias coloraciones, el cabello arreglado según modelos antiguos, profuso, caído en cascadas hasta las espaldas, sin falsos tonos oros, aireado por las brisas frescas del Avila. 
Chocolateria La India 

Los modales sin desbordamientos, sobrias risas, a penas dibujadas en las facciones breves, palabras sencillas, ideas fáciles, sin rebuscamientos de lecturas y principalmente referidas a temas del matrimonio y el hogar. Cumplidoras de los preceptos católicos iban a misa diariamente y los domingos, al salir de la Iglesia acompañadas por sus padres se tomaban en sana juerga la mañana. Mañana dominical de 19…., horas anheladas en toda la semana; la Plaza Bolívar, Lucas Manzano de pantalones cremoso y fresca pajilla de sombrero, paseando y observando el ambiente  para escribir la crónica de BILLIKEN. Fotografías con cámara “Kodak” para dejar plasmado en un papel brillante los rostros sonrientes de un día festivo.  Luego a las 11: am la retreta municipal, la banda engalanada con trajes de paño azul oscuro, orillados de oro. Los cobres de la banda hacían sonar valsecitos criollos o bravos pasodobles donde el clavel y la manola eran palabras importantes de la letra. Al fin, el joropo, criollo y veloz. Y el público, numeroso, aplaudía. Luego el paseo por la Plaza, damas engalanadas de sedas y pajizos sombreros enriquecidos con racimos de flores de café (fingidas). A las doce, reunión en “La India”, el salón de familias más elegante de la capital del 20; helados en cajitas provistas de una cuerda para transportarlas con un cesto, uvas, versallesco obsequio de los caballeros, manzanas, peras, aceitunas, una taza de chocolate. Con estos comestibles celebraban el domingo las damas y hombres de alto rango social, concurrentes al lujoso salón de familias.  El almuerzo, alguna dama invitaba a su novio a la mesa; hervido de gallina latería de “Rodel” traídas de “La Colonial”, el botiquín de la gente “de tono”. En tarde, las carreras de caballos, la plana mayor del gobierno de Gómez  en la tribuna presidencial, boletos jugados entre la gritería de las damitas, antología de trajes y cosméticos, los mozos tomaban una copa de brandy y a pasear por el jardín del Hipódromo.

Otras damas iban “a dar una vuelta” al paseo de “El Paraíso” en un coche tirado por briosos caballos de idéntica pelambre y aperados lujosamente. Las cinco de la tarde “El Pinar”, florido y fresco, las calles de tierra. En la noche, hasta las diez, las damas sentadas a la ventana. Apoyaban los codos marmóreos sobre muelles cojines bordados por sus propias manos. Se paran los caballeros, les obsequian bombones.  La madre vigila desde el fondo de la sala sentada en una mecedora. A las 9 y 45 los primeros bostezos, los caballeros lo notan, vacilan en permanecer junto a las damas enventanadas “Tu mamá tiene sueño, me voy”. Y se iban los mozos  por la criolla calle, silbando, silbando bajo la luna llena de trópico. Entraban al bar, comían una tostada y una taza de denso chocolate y llevaban algún regalo a sus madres que esperaban sentadas en el lecho su llegada. (“No me puedo dormir hasta que no lleguen los muchachos” dicen las madres buenas). Así era Caracas, con ese tono gentil, elegante, grato. Con sus mujeres hogareñas y sus hombres llenos de hombría, simples en sus preocupaciones, sin política.  Amigos de las fiestas y del buen brandy. Así transcurría la vida hasta que un día se acabó todo esto y hoy es Caracas una ciudad Cosmopolita, poblada y con gente rara que por la calle va con un rostro que no sentimos nacional. Ellos, los inmigrante tienen una porción de trabajo en la obra de formación venezolana que todos queremos realizar. Caracas ya no es típica, está llamada a no serlo, por su situación geográfica, apta para recoger las características de los distintos países que, por medio de sus habitantes viajan, nos llegan al puerto de La Guaira. ¡Caracas, todos te recordamos como eras! Y como en el poema de  Antonio Machado decimos: Mi infancia es el recuerdo de un patio de Caracas."

Caracas, 1945 
Por Rafael Brunicardi, h
Elite 1945




lunes, 2 de diciembre de 2013

Una perspectiva de la Avenida Bolívar

Av Bolívar
Foto de Luís Noguera
1949 

 “El dinámico fotógrafo Luís Noguera tomó en una de sus excursiones por los centros pintorescos de la ciudad, la gráfica que ilustra  esta página.
Desde el Bloque Nº 1, enfocó Luís la gran obra en marcha, gracias a lo cual se ve la brecha abierta desde El Silencio hasta la placita del Nuevo Circo.
El laberinto en que está convertida  la ciudad por el ir y venir de los camiones cargados de tierra, que van dejando a lo largo del trecho recorrido la mayor parte de su carga terrosa, para sembrar la vía de pedruscos y polvo que la hacen totalmente intransitable, cobra diversos aspectos.
Hasta un ayer cercano,  hablar de la Avenida Bolívar, era darle rienda suelta a chistes y frases encaminadas a negar que tal cosa no se llevaría al efecto.
Más. Como obra de magia y por que cuando la pelota cambia de manos, el triunfo es un hecho cumplido, las nuevas corrientes que están dándole  vida a todas las actividades  ciudadanas, nos dan  a cada nuevo amanecer, muestras inequívocas de que avanzamos a pasos gigantescos en la transformación de Venezuela.
La Avenida Bolívar, nadie  podrá dudarlo, puede considerarse entre los hechos cumplidos; si interesados están en su propia realización los elementos que se han echado al hombro la carga de verla realizada no se queda atrás  los contratistas que multiplican sus actividades para cumplir el compromiso de ellos contraído.
Para el mayor logro de tan patriótica finalidad están interesados desde los humildes hijos del pueblo hasta los grandes señores,  porque en todos priva la sola esperanza de ver Caracas transformada en ciudad moderna acorde son su trayectoria y sus grandes fuentes de riqueza." 

Fuente : Transcrito por Caracas en Retrospectiva 
de Billiken #1059 / 1949   

martes, 26 de noviembre de 2013

La Iluminada de Sarría

Por Gilberto Parra Zapata 

Tomado del libro "Sarria en el Corazón" 
La Iluminada de Sarría (*) 

"No existe fuente de sabiduría más clara que el sentir y el decir populares. La palabra Iluminada exhala la magia que rodea a alguien ungido por un don especial, como por ejemplo la gracia pentecostal con que fueron supuesta-mente ungidos la Virgen María y los apóstoles ante la venida del Espíritu Santo. Todo esto viene a cuento porque durante los años 30, 40 y 50, particularmente a partir de 1934, una humilde mujer comenzó a hacerse conocida en Caracas por su confesa facultad extrasensorial de comunicarse de viva voz con Jesucristo, todo de acuerdo con su propia revelación y la de quienes creyeron y aún creen que todo aquello es posible. El cómo haría una humilde mujer poco letrada para convencer a tanta gente de todos los estratos sociales y de todos los niveles culturales que ella, precisamente, había sido elegida por Jesús para ser su portavoz o interlocutora ante los demás mortales, excede el propósito y razón de la presente crónica, cuyo objetivo no es otro que referirme a aspectos mucho más terrenales que rodearon la figura de Dolores Rengifo de Ramírez, tal es el nombre del personaje que aún hoy, a casi cincuenta años de su muerte, sigue despertando curiosidad en algunos, veneración en sus propios creyentes, escepticismo en muchas mentes reacias (positivistas) en aceptar fenómenos esotéricos, así como sus viscerales detractores, tal como lo hizo la jerarquía de la Iglesia Católica en su oportunidad, quien llegó a calificar de brujería o hechicería el discurso pagano-religioso-sincrético de la mencionada dama. En tiempos de la “santa” inquisición la habrían quemado viva.Lo extraordinario de esa mujer es que haya pregonado a los cuatro vientos que conversaba con Jesucristo. Los charlatanes al fin y al cabo siempre han abundado, sobre todo  a partir de la notoriedad adquirida por Nostradamus.... (..)"  
Lo extraordinario de esta mujer, decíamos, es en primer lugar que supo combinar elementos religiosos y paganos unidos a su excepcional capacidad de convocatoria y en segundo lugar la proyección social que tuvo (aún tiene) la Sociedad Jesús, María y José, entidad que se creó para motorizar los fines, propósitos y objetivos del discurso de Dolores a partir de su innegable liderazgo. Dolores Rengifo, en principio, debió ser una firme creyente de los preceptos católicos, tanto que ella misma afirmaba ser la voz de nuestro Señor Jesucristo ante los mortales. Luego la figura emblemática de la Sagrada Familia, Jesús, María y José, a quienes invocaba y a cuya advocación consagraba todo el mensaje de su mística prédica. 
El mandato de rezar tres padrenuestros y tres avemarías a las cinco de la mañana para el perdón de los pecados y eventualmente obtenerla salvación eterna, todo eso tiene una honda raíz católica,de cuya doctrina nunca renegó, al contrario, se ocupaba de afianzarla como pilar fundamental de su mensaje. Por otra parte, la Sociedad Jesús, María y José, una entidad me imagino con estructura de sociedad civil (hoy se llamaría una ONG), fundada el 12 de marzo de 1943, llevó adelante una meritoria obra social, especialmente en la comunidad del barrio Sarría, barriada marginal entonces y ahora. Esa sociedad construyó un templo, la capilla Jesús, María y José,en la cual algunos hechos que vamos a narrar más adelante marcaron toda una época en la bucólica Caracas de los años 40 y 50. Además, la Sociedad Jesús, María y José durante varias décadas sostuvo una escuela primaria, un comedor escolar, un ropero escolar, un dispensario médico, todos esos servicios absolutamente gratuitos y abiertos a la comunidad.Otro aporte valioso de esa sociedad fue el conjunto de aguinaldos Jesús, María y José, de proyección nacional, sin duda el mejor del país; conjunto que rescató y sostuvo durante muchos años el valor del aguinaldo o villancico criollo que deleitaba a grandes y chicos, pero sobre todo contribuyó al rescate de la música navideña como parte de la identidad nacional, hoy día tan mediatizada. (...)
Un aura de eterna gratitud sin duda invade el espíritu de tantos venezolanos, quienes de esa ma-nera absorbieron sus primeras luces. Este hecho, por sí solo,justificaría la existencia de esa sociedad. A partir de todos estos hechos, la gente comenzó a llamarla la Iluminada, palabra mágica que define y simboliza una cierta condición de poseer facultades especiales, tales como la de curar enfermos o realizar ciertos milagros. 

Notable ejemplo el supuesto caso de un trozo de pan que ella adquirió hace más de 65 años y no obstante el tiempo transcurrido aún permanece fresco e incorrupto, el cual se exhibe en la capilla Jesús, María y José en El Cortijo de Sarría. Dolores Rengifo se hacía decir portavoz del mensaje redentor de Dios, redención que se lograría a través de la paz, la fraternidad y la oración.A estas alturas es bueno aclarar que Dolores nunca fue percibida como una santa a diferencia de otros objetos de la devoción popular como lo son, por ejemplo, José Gregorio Hernández y la Madre María de San José, quienes de acuerdo con la liturgia católica murieron en olor de santidad, y después de su muerte las obras realizadas en sus vidas son objeto del escrutinio del Vaticano a ver si clasifican como beatos o eventualmente adquieren la categoría de ascendera los altares. Por otra parte, Dolores sin tener la condición sincrética de Guaicaipuro ni del Negro Primero, ni del Negro Felipe ni aun de María Lionza, mucho menos de esas ánimas que proliferan a lo largo del país, tales como Gregorio de la Rivera o Juan Salazar, poseía sin embargo ese oscuro objeto de oscilar entre la condición pagana de ser un ente humano,lleno de fortalezas y debilidades, pero cuando se atribuía la condición de ser la interlocutora entre la palabra de Jesúsy los demás mortales entonces adquiría una dimensión de gurú, de piache, de intérprete entre la condición divina y e lmuy menguado status que la Iglesia Católica le reserva a los seres humanos. Para reforzar la afirmación de que Dolores Rengifo y la Sociedad Jesús, María y José sí profesaban la fe católica está el hecho de que un sacerdote en ejercicio, monseñor Francisco Castillo Méndez, asumió las funciones de párroco de una feligresía donde se bautizaba, confirmaba, confesaba,comulgaba, se casaba y se impartían los santos óleos, es decir, se practicaban los sacramentos de la liturgia católica.Muy emblemática era la misa dominical y dentro de ella la homilía a cargo de ese cura párroco, donde solían abordarse candentes temas sociales. Por lo demás, se trataba de un sa-cerdote con ideas y posturas de avanzada para la época, tal como oficiar las misas en idioma castellano y en contra del celibato sacerdotal. No es de extrañar, entonces, que esasposturas le granjearan la ojeriza de la dictadura de Pérez Jiménez y fuese expulsado del país. 
Cada 3 de octubre (aniversario del acontecimiento en que Jesús le dirigió por primera vez de viva voz la palabra, en 1934, según Dolores Rengifo) se llevaba a cabo la procesión de la imagen de Jesús, María y José con una concurrencia multitudinaria donde se daba cita toda la amalgama social de lpaís, con visitantes de todos los rincones de Venezuela, pero igualmente de lugares tan distantes como Colombia, Méxicoy las islas del Caribe. Esa masiva convocatoria social tenía que despertar, como en efecto sucedió, los recelos de la jerarquía católica, al unísono con la dictadura perezjimenista, quienes persiguieron con tanta saña a la Sociedad Jesús, María y José. Esto obligó a sus creyentes a optar por esconderse en las catacumbas, tal como sucedió en los tiempos del Imperio Romano. En tan adversas circunstancias, sobre todo después de la muerte de Dolores Rengifo acaecida en 1958, las actividades de la Sociedad Jesús, María y José fueron languideciendo hasta reducirse a lo que es hoy, un cónclave testimonial, cruelmente raleada en número de personas, quienes con mucha melancolía todavía hoy, a pesar de todo, profesan su fe en Dolores y en su mensaje pagano-religioso.Sin embargo, para efectos académicos, alguien tendrá que aclarar a la sociedad venezolana la connotación de la palabra Iluminada, mientras tanto uno seguirá pensando que es algo así como una fuerza sobrenatural mediante la cual Jesús la eligió para un fin que, de acuerdo con testimonios escritos dejados por Dolores, es dejar claro que su reino no es de este mundo sino que trasciende esta vida terrena. En general, interpretaciones al discurso de Dolores Rengifo habrían tantas como conceptos mágicos, religiosos, espiritistas, sincréticos y aún supersticiosos que puedan tener los sujetos que lo perciban. Con mucha frecuencia en esos años escuché decir, no sé si en son de burla, que Dolores estaba siendo presa de un cierto espíritu burlón que fingía ser la voz de Jesús para caricaturizar lo que sería la esencia de su discurso mágico-religioso-sincrético.
Por último, debo resaltar un hecho que para mí tiene una gran trascendencia y es que Dolores Rengifo de Ramírez le dio gran notoriedad al barrio El Cortijo de Sarría, el cual pasó a ser una referencia en todo el ámbito de la República y aún más allá en Colombia, México, el área del Caribe y probablemente también Europa, por comentarios ostensiblemente llevados por nativos de ese continente que de alguna manera se habían relacionado con ese discurso, y que por lo tanto tendrá alguna vigencia en la medida en que el ser humano termine de aclarar su verdadera identidad existencial." 
Dolores Rengifo
La Iluminada de Sarría 

(*) Publicado en el diario El Regional del Zulia, el día 07-0 -2000