viernes, 1 de junio de 2012

Caracas Antes y Después



ANTES


"Las esquinas de Caracas encierran la más elocuente tradición de la ciudad. Sus nombres, los episodios que han sido testigos, ese discurrir de la vida que se han ido eslabonando a través del tiempo, expresan por si solos amables añoranzas que el ornato modernista y el mismo cambio de la momenclatura ciudadana tratan en vano de hacerlas desaparecer totalmente. Aquí vemos la esquina de Muñoz en todo el centro de la urbe, esquina que hace muchos años, sobre todo en días laborables ha experimentado el trajín de los peatonesy el bullicio de los vehículos. El trazo de calle comprendido entre esta esquina y la no menos familiar de Padre Sierra, presentaba una que otra vieja construcción de tejas y una sola planta junto a edificios de varios pisos como testimonio de la transformación urbana que se opera violenta o inexorablemente, pese al disgusto de no pocos caraqueños, amantes entrañables de su querida patria chica.






DESPUES:

Si en verdad el aspecto de la tradicional esquina de Muñoz no ha cambiado de manera radical en el transcurso de unos cuantos años, como se puede ver en las fotos, si se puede observar alguna transformación debido principalmente a la demolición de las dos viejas casas delanteras, para contribuir a la suficiente amplitud  de la avenida "Rafael María Baralt" inaugurada y abierta recientemente en dirección norte-sur de la ciudad. Ahora el movimiento de peatones y vehículos es más intenso por esta esquina  puesto que ella sirve de enlace o desembocadura hacía la moderna arteria urbana. Pero así, remozada y en cierto modo mutilada, la esquina de Muñoz seguirá siendo para Caracas una página viva de la historia que arranca desde aquellos lejanos orígenes cuando Diego de Losada echó sus cimientos indestructibles en el feraz y primaveral valle de Catuchecuai o de San Francisco. " 


Fuente:
Revista Elite - Octubre 1962
Por Cesar Humberto Soto. 

EL AHORA: 


 

Hotel Flora de Filippo Gagliardi

EL FLORA


Historia triste de un hotel alegre:

No sólo hay gente que nace y muere violentamente: también hay edificios. En la Alta Florida, esquina de Avenida Ávila, un edificio de dos pisos, una terraza y un sótano, es un ejemplo. Los choferes de taxi que tienen su paradero en estas esquinas, tienen que hacer con eso. En un barrio residencial, habilitado por doctores con jardines y con dinero, el edificio Flora es una excepción. Desaparecieron las puertas y los vidrios de las ventanas, pero aumentaron sus habitantes. A comienzo de este año eran 5 las familias y en estos días ya suman 13. Un pasado polémico, siempre comentando a media voz, ha quedado de lado. Pero si antes El Flora, era tema prohibido para menores, ahora es una residencia de la miseria.

Desde 1947, cuando La Florida fue urbanizada, el edificio ahora en ruinas ha vivido tres etapas. Las tres le han quebrado la cabeza a los burgueses vecinos. Gagliardi, su constructor, se lo vendió en 700 mil bolívares a Luís Felliciani. El Flora empezó a ser nombrado a media voz cuando su dueño instaló allí un Cabaret, los amantes de la charanga podían pasar sus automóviles hacía el corralón del interior. La orquesta que tocaba las piezas de moda hasta las 5 de la mañana estaba en el sótano. Para los desprevenidos transeúntes, ese discreto edificio era simplemente el Hotel Flora, pero los vecinos que oían la música y las risas todas las noches y veían partir los carros cuando el sol ya estaba bien alto, no se tragaban esa historia. La Familia Aranguren llevaba la embestida de la lucha para que ese negocio en pleno barrio residencial fuera clausurado, y en 1955 la queja fue oída. El Hotel Flora fue clausurado. Los músicos salieron con sus instrumentos y no volvieron nunca más, pero el edificio estaba allí y se había hecho famoso. El dueño del edificio visitaba organismos oficiales, pero pasó bastante tiempo antes de que el hotel recuperara, limitado, su permiso. Otro italiano de apellido Agostini, pasó a ser el administrador. Pagaba 8 mil bolívares de arrendamiento, aunque el hotel tenía únicamente 12 habitaciones. Su dueño lo alquilaba cobrando 4 mil por el hotel y 4 mil por el terreno. Agostini amanecía atendiendo el hotel, recibiendo 30 Bs por cada habitación y vigilando que sus ayudantes subieran pronto los whiskies y cubalibres pedidas por el teléfono interior, en ese trajín pasaron 3 años. Los vecinos a todo esto, no se conformaban. Volvieron a la carga y vencieron. El 26 de octubre de 1959 las puertas del Hotel Flora con su historia galante lo volvieron a cerrar. Y a partir de entonces comenzó a vivir su tercera etapa, la de su desgracia. Llegó una lluvia que se llevó 5 ranchos en el barrio Chapellín, 5 familias acudieron a la Jefatura Civil del Recreo, Enrique Aranguren, el Jefe Civil, se tomó la cabeza con las dos manos ¡ Caray! ¡ dónde puedo meterlos a ustedes? “se acordó el polémico Hotel Flora”.

El Hotel Flora ya no volverá a abrir sus puertas. Sus dueños lo saben. Por eso tienen el proyecto de construir un edificio de varios pisos. La C.A. Centro Simón Bolívar se menciona como una de las interesadas. Pero la historia “gloriosa” del Flora pasó. El Banco Nacional de Descuento lo tiene hipotecado en 400 mi bolívares. Héctor La Torre y su compañero Bellini, que en 1953 eran camareros del Flora, ahora son prósperos copropietarios de un hotel que ha ganado la fama del Flora y se llama Boleíta. Agostini que fue su último administrador, olvida el dinero que dejó de ganar, atendiendo el hotel Río Azul. La historia vuelve a repetirse pero la el Hotel Flora ya no es lo mismo.

Fuente: Hemeroteca Nacional
Revista Elite
Octubre 1962











sábado, 26 de mayo de 2012

El Doctor J. G. Hernández

Esta foto del Doctor José Gregorio Hernández tomada en 1893 - cuando el ilustre científico y santo varón cumplía 29 años de edad y cinco de graduado- ilustró en el "Cojo Ilustrado" una semblanza de Francisco de Sales Pérez.

Federico Lessmann y los primeros retratos de Caracas en papel

El Francés Basilio Constantín y los alemanes Federico Lessmann y H. Laue, hacen o imprimen los primeros retratos en papel en la ciudad de Caracas, que resaltan con sus membretes y logotipos en tales fotografías.

Lessmann se había convertido primero, en 1853, en socio de Stapler, sucesor de la antigua firma pionera de litografía en Venezuela: Müller y Stapler . Tres años más tarde Lessmann hizo otra sociedad - esta vez en una galería fotográfica- Con H. Laue.
Por el estudio de Laue y Lessmann pasó la gente más importante de la época. Desde el general Páez hasta políticos, escritores, pintores y grupos familiares, muchos de cuyos integrantes, que posaban de corta edad, iban a repetir la foto con sus hijos y hasta con sus nietos, pero teniendo al frente de la cámara al hijo y sucesor de Lessmann: Federico Carlos, Lessmann. O al hijo y sucesor de Prospero Rey, de identico nombre y fama. 

En la imagen vemos la que quizás es la primera imagen impresa de Caracas vista de norte a sur. Esta foto fue tomada en 1853 desde las faldas del Ávila, sobre la hacienda de San Bernardino y desde el sitio donde bajan hacia la ciudad las entonces caudalosas aguas del Anauco. 

Fuente: Venezuela Siglo XIX en fotografía .
Caremis /1981
Edición ESpecial CANTV  


miércoles, 16 de mayo de 2012

Doña Petrica Arismendi Rodríguez



Caraqueña del Siglo XIX


" Bonita, elegante, fina, Doña Petrica nos mira desde mediados del siglo XIX, desde el fondo de la antigua planta de un daguerrotipo, desde el marco de oro viejo del estuche, en medio de una hermosa obra de arte fotográfico realizada en Caracas en 1854. Era hija del Coronel Arismendi, edecan del Libertador y nieta del procer de nuestra Independencia, general Juan Bautista Arismendi ( 1775/1841).

Casó doña Petrica Arismendi Rodríguez con José María Rodríguez Supervie y fueron sus hijos José Vicente -casado con Clara Briceño de Saa -, María - Con Henrique Eraso-, Guillermo - El famoso "Chivato" Rodríguez - e Isabel con Rafael Madrid. Esa mirada de doña Petrica perdura por magia de la fotografía en la sala de la residencia de su nieta, doña Margot Briceño Rodríguez de Segui, en esta Ciudad de Caracas. "

Fuente: Portada del libro "Venezuela Siglo XIX en Fotografía " Caremis -1981- CANTV.

lunes, 14 de mayo de 2012

Venezuela Siglo XIX en fotografia

PÁL RÖSTI




Nace en Hungría en 1830, donde muere en 1874. Arriba a Venezuela en 1857. Naturalista; estudió Ciencias, especialmente Química en Munich. En París estudió fotografía. Continuó ampliando sus conocimientos en el campo de la geología y de la etnografía. También estudió música y botánica.

En 1856 salió de Francia hacia América, con el fin de explorar esa parte desconocida del Nuevo Mundo. Se ciñó al itinerario original de Alejandro de Humboldt. En Venezuela estuvo realizando complicadas fotografías de larga exposición, ingresando por La Guaira, tomando la ruta de los llanos y saliendo por Ciudad Bolívar. Desde allí, navegando por el Orinoco, continuó hasta la isla de Trinidad. Rosti asume esta “primera mirada realista de la naturaleza” caraqueña, cuando el valle de la ciudad sería inmenso ante su población, que apenas llegaba a los 40 mil habitantes.

“En largos paseos recorrí las hermosas montañas de Caracas y su valle, y retraté los más hermosos puntos de la magníficamente ubicada ciudad. Mis mejores retratos tuve la suerte de ofrecerlos al Museo Nacional Húngaro...”. En 1861, en Budapest, publica la narración de su viaje “Memorias de un viaje por América”, donde incluyó sus valiosas fotografías de Venezuela. Rosti legó las primeras fotografías de paisajes y edificaciones que se han tomado en Venezuela.

El Cronista del Estado Vargas Don Jesús Cumare exresó:

Pal Rosti fue un viajero húngaro que vino a Venezuela a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX (1857). En su obra, Memorias De Un Viaje Por América, se introduce en una descripción profunda que abarca varios ámbitos. A su llegada a La Guaira la describe de la siguiente manera:”El puerto de La Guaira, que sólo está a tres horas de Caracas – la capital del país – en realidad sólo puede llamarse rada; el mar es siempre tumultuoso allí, su fondo no es propicio para anclar, y los barcos tienen muchos inconvenientes, no sólo por las borrascas y bancos de arena, sino también por la broma. No pueden acercarse a la orilla y sólo con mucho trabajo pueden cargar y descargar (…) los negros llevan hasta el barco los sacos de café y cacao – cargándolos a hombros y vadean con el agua hasta el pecho.”

Pasa Rosti a describir las características del clima: “La Guaira (paralelo 10º36’19’’ norte; meridiano 69º26’13’’ oeste) padece todo el ardor de la zona tórrida. Durante el día muchas veces el calor es agotador, y – en ocasiones – hasta en la noche. La temperatura media del año es de 28,1º; en el mes más caluroso alcanza a 29,3º, y en el más fresco es de 23,2º “

Es de hacer notar que el viajero toma en cuenta, coincidiendo con Humboldt, las condiciones del clima para hacer comparaciones con otras realidades. Al respecto afirma: …”Lo que fomenta este calor de La Guaira, y muchas veces lo que hace insoportable, es la ausencia muy frecuente de las agradables brisas marinas (briz), que en La Habana y hasta en Veracruz atenúan los soles más hirientes. Además las estériles rocas –en las cuales se apoya una parte de la ciudad y que por el norte se extienden hasta el mar – caldeándose por los rayos solares se inflaman a modo de hornos candentes.”

También describe el paisaje natural del camino de La Guaira a Caracas de la siguiente manera: “Nuestro camino, serpenteante y bastante escarpado, ora corría entre frondosos y gigantescos árboles, tales como no he visto hasta ahora en tupidos bosques ricos en plantas, ora se deslizaba al lado de sombreadas plantaciones de café, o a la vera de verdes praderas, estériles peñas y profundas hondonada”

Luego nos regala este hermoso pasaje de su visión: “Bajo nosotros estaba La Guaira, con sus casas níveas, sus estériles rocas bañadas incesantemente por las murmurantes olas, más allá, los barcos de la rada, que se mecían inquietos, y alrededor – a lo largo de la costa – verdes colinas con ruinas de fortalezas, chozas de pescadores sombreadas por palmares, y perdiéndose en la lejanía algunos pueblecitos y bosquecillos frondosos”.

En la hermosura del valle caraqueño que deslumbró al naturalista húngaro Pal Rosti,
este quizás acompañado por el fotógrafo alemán Federico Lesmann, radicado en Caracas,
tomó una panorámica de la hacienda Echezuría, en 1857.
Medio Siglo después sería la pionera de las Urbanizaciones Caraqueñas
"El Paraiso"

Fuente Imagenes:  Caremis / Venezuela Siglo XIX en fotografia
15 de diciembre de 1981/ CANTV 

lunes, 2 de abril de 2012

Los Palmeros de Chacao

EL NACIONAL - Lunes 02 de Abril de 2012 Cultura/4

Cultura
Jorge Luis Santos, Palmero es fe y cerro
JUAN ANTONIO GONZÁLEZ
laindividualdellunes@gmail.com

La cruz de palma que hoy protege las puertas de cientos de hogares venezolanos, que los católicos buscaron afanosamente ayer, Domingo de Ramos, como símbolo de fe y recordatorio de la entrada de Jesucristo a Jerusalén, recorre un largo camino antes de llegar a los lugares donde será colocada.

Siete días antes de la Semana Santa, los encargados de recoger las palmas ­agrupados en la cofradía de los Palmeros de Chacao­ se internan en el cerro Ávila para ejecutar un ritual que tiene más de 240 años.

Son hombres y también feligreses cuya tradición ha sido seguida muy de cerca por el fotógrafo caraqueño Jorge Luis Santos, autor de la serie Palmero es fe y cerro, un registro documental del que ha surgido un libro homónimo y en el que la faena anual adquiere dimensiones filosóficas.

Ellos son los herederos de aquellos primeros recolectores que en 1770 subieron a la montaña para buscar la palma que acompañaría las súplicas de los devotos para que se erradicara una epidemia de fiebre amarilla que azotaba Caracas.

Las imágenes de Jorge Luis Santos reflejan esa fe inquebrantable que moviliza a los pueblos creyentes. La abierta creencia en un ser superior capaz de aliviar todos los males, aunque la realidad insista en instalar en la mayoría el desasosiego y la desesperanza. Pero cuando se trata de los Palmeros de Chacao, queda muy poco lugar para los descreídos.

"Con estas fotografías intento retratar la fe, la tradición, el esfuerzo y la pasión que, año tras año, acompañan a los Palmeros de Chacao en su peregrinaje por la montaña sagrada", dice Santos, quien por la fuerza de su perseverancia ha logrado ser testigo de una tradición a la que sólo tienen acceso los miembros de la cofradía.

Y no importan ni la sequía ni las prohibiciones para extraer las palmas del parque nacional. La fe siempre está ahí, a los ojos de todos, de pintores como Adrián Pujol, que dedicó parte de su trabajo a esta tradición, y de fotógrafos que, como Jorge Luis Santos, están empeñados en atrapar con sus obras el alma de una población que se niega a abandonar las más profundas expresiones de su cultura.

La serie Palmero es fe y cerro puede ser admirada en su totalidad en www.jorgesantos.com.ve.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Esquina de Salas

Según el cronista Enrique Bernardo Núñez, esta esquina debe su nombre a Don Gaspar de Salas, contemporáneo de Don Gregorio Portillo, vecino de Caracas en la primera mitad del siglo XVIII.
Formó parte de la junta celebrada por el gobernador , Maestre de Campo Don  Luís de Castellano, cuando la rebelión del Capitan Don  Juan  Francisco de León, Teniente de Justicia Mayor del Valle de Petaquire , contra la creciente opresión que ejercia la Real Compañia  de Guipuzcoana  sobre el comercio y la industria del País.

Don Gaspar estaba al Servicio de la Guipuzcoana y ostentaba el título de Secretario ad-honorem de su Majestad.

Igualmente algunos recordarán que existío el Puesto de Socorro de Salas. En 1945 Donde estaba la antigua Casa Municipal de Beneficiencia es transformada por Hospital Central de Emergencias , en la Esquina de Salas. Asimismo el la biografía del Dr. José Moros Guedez  pudimos encontrar la siguiente nota :

" Ya nadie lo sabe, pero entre la esquina Salas y la esquina Mercedes quedaba el Puesto de Socorro de Salas. Allí, a dos cuadras del Colegio La Salle, prestaban primeros auxilios y atendían mínimas emergencias. Allí, frente a la placita de Las Mercedes, llegaban fracturas, abdómenes agudos, desmayos repentinos. Y allí, en el banquito de sala de espera más duro de su vida, durmió una noche entera el bachiller José Moros Guédez.

Porque aún no era doctor ni médico internista. Era, apenas, estudiante de primer año de medicina. Bachiller, pues. Y los bachilleres no tenían dónde dormir en el Puesto de Socorro de Salas. Los bachilleres no tenían por qué quedarse hasta las tres de la mañana asistiendo a una operación de fémur con injerto. Pero tales eran la curiosidad y las ganas de aprender del joven estudiante de medicina que hubiera dormido en ese mismo banquito hasta tres días sin importarle nada. Estaba ahí porque él y algunos compañeros se habían metido de manera informal en el Puesto de Socorro para acompañar al grupo médico a hacer sus guardias. Y una noche escuchó que el Dr. Augusto Díaz iba a poner un injerto en la femoral de un paciente que había llegado esa tarde con el fémur fracturado. "Eso me llamó tanto la atención", dice ahora el Dr. Moros, "que lo tenía que ver. Entonces me quedé de asomado y vi todo el procedimiento. Pero como nosotros no teníamos ni cuarto ni ningún sitio para dormir y cuando terminó ya no tenía cómo ir a mi casa o a la universidad, dormí en un banquito de madera y a la mañana siguiente me fui directo a clases".

Ésas son las travesuras de adolescencia que recuerda un hombre que ha dedicado su vida entera a la medicina. "Mi mujer", ríe Moros, "siempre lo ha dicho: no tuve ningún tipo de infancia porque todo el tiempo era trabajo y más trabajo. Es verdad... yo siempre he sido un apasionado de la medicina. Y desde esa época de mis primeros años de universitario no lo hacía por obligación sino porque me gustaba. Me encantaba, más bien. Y siempre quería hacer mi trabajo lo mejor que podía".

Así lo cuenta el doctor de 73 años que tiene la memoria intacta, perfecta. Le da vueltas a sus recuerdos, los exprime, los invoca, y luego suelta la fecha precisa, el nombre y apellido, el lugar donde estaba o el guión exacto de lo que ocurrió aquel día del 60 y pico. "

Hoy , se encuentra el Ministerio de Educación.




La Iglesia de las Mercedes - Esquina de las Mercedes

Esquina Las Mercedes:

" La historia del Covento de la Inmaculada Concepción de la Sagrada, Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la merced, Redención de Cautivos, es - comenta el cronista Enrique Bernardo Núñez- la más accidentada de los cuentos conventos hubo en Caracas.

Sus orígenes se remotan a los tiempos del Gobernador Ruy Fernádez de Fuenmayor (1637-1644) con quién vinieron de Santo Domingo los primeros mercedarios, sus capellanes Fray Juan de Espinoza y Fray Barltasar Jaque.

Según un antiguo documento de año 1260, que se conserva en Lérida, la noche del 1o. de agosto se 1218 San Pedro Nolasco, religioso español de origen francés , que se había retirado e Barcelona para meditar sobre el deseo de hacerse solitario, tuvo una aparición de la virgen que le mandó fundar una orden, en la cual ejercitara la caridad redimiendo cautivos, con el nombre de Santa María de la Misericordia o Merced de los cautivos, trató el asunto con el Rey y el canónigo de Barcelona, quienes dijeron haber recibido el mismo mandato de la virgen, por lo que el 18 de agosto se hizo la fundación, con gran solemnidad , en la Catedral del Barcelona, la virgen de la Merced , o de las Mercedes . es patrona de aquella ciudad y su provincia.

El primer establecimiento mercedario en Venezuela, que combina hospedería y oratorio, se fundó en casas donadas por el Maestre de campo Don Juan DomingoVásquez de Rojas, padre de Doña Leonor Jacinta, con quién contrajo nupcias el gobernador Fernández en noviembre de 1640. Este primer convento estuvo en un solar de la Esquina de Los Amadores, y allí permaneció hasta 1682.

La plaga de alhorra o aljorra, pequeñosímo insecto que atacaba al cacao, estaba devastando las plantaciones , y los mercedarios obtuvieron el 14 de agosto de 1638, que se nombrara a la Virgen de la Merced patrona y abogada de las haciendas de cacao.

El terremoto del 11 de junio de 1641, llamado de San Bernabé , echó por tierra la fundación mercedaria. Los frailes, desoyendo las órdenes del temible Fray Mauro Tovar, improvisaron una capilla de bahareque, por lo que el Obispo, el 8 de septiembre de ese año, se dirijió en persona, acompañadp de clero y fieles, a la capilla, y distribuyó herramientas para destruirla. Los frailes regresaron a Santo Domingo.

Trasladado Fray Mauro a su nuevo obispado de Chiapas, regresaron los mercedarios , provistos de una real cédula que kis autorizaba a continuar la interrumpida obra. El Procurador General, Alférez Don Diego de los Rios, se edefuerza en demostrar la conveniencia del nuevo convento: de los San Franciscos y San Jacinto se hallan tan distante del sitio elegido por el de la merced " que sus campanas no se oyen". Además, hau mucho tráfico por aquel sitio, hacia el puerto de la Guaira.

Pero el 1o de febrero de 1677 se dio comienzo a la construcción de la fortaleza de la ciudad en el sitio ocupado por el convento, y los religioso fueron exhortados a demoler su iglesia y desocupar el sitio lo antes posible. Podrían aprovechar la madera y las tejas para construir el nuevo convento , y la ciudad pagaría el valor del terreno desalojado.
Entonces Don Andrés del Pino cedió a los religiosos un solar situado dos cuadras más abajo, que lindaba " callede por medio con Juan de Medina, maestro mayor de carpintería, y en medio de dicho barrio"

En febrero de 1679 los mercedarios exponían hallarse dispuestos a trasladar el Convento, " siempre que se les ponga en posesión del sitio que han elegido"; alegaban que la fortaleza los dejaría aislados, y en caso de invasión, la iglesia, " a un tiro de escopeta de la muralla", sería arrasada por el enemigo, que profanaría los sacramentos, ñas imágenes y los vasos sagrados.

.. Obtenida esta dieron construcción al nuevo edificio , y como el solar era pequeño y no tenía capacidad suficiente para la iglesia y la habitación solicitaron la mitad de la calle " que va derecho al rio Catuche por ser arrabal y por estar sobre las barracas del río" se del concedió con tal dejaran " otro tanto de ancho" o sea la mitad de la calle" y así nació el Callejón de la Merced" ( Mercedes a Luneta)

El terremoto de 1812 dañó seriamente la Iglesia y la destruyó casi totalmente , el cual fue reedificado. En su luhar Guzmán Blanco construyó un pequeño parque, donde fue colocada la Estatua del Mariscal Falcón. La iglesia fue reconstruida y desde finales del siglo pasado se encuentra en mano de los Padres Franciscanos

En el terremoto de 1900 Los Capuchinos de las Mercedes sacaron la imagen en Procesión y como se calmaron desde ese instante los sacudamientos sismicos, llovieron las rogativas y se le ratificó una vez más a nuestra Señora de las Mercedes con el tí
título de "Abogada de los Terremotos".

Hay en la Pastora otra esquina de las Mercedes, que no se corresponde a las Mercedes vieja , sino a un callejón que une las esquinas de Negro Primero y San Vicente . El nombre se lee por primera vez en el plano de 1906 y parece corresponder a una quinta allí situada.


La Nomenclatura Caraqueña
Luís Rafael Valery
Pág 215 y 216.











sábado, 3 de marzo de 2012

La Casa Sindical del Paraiso

De la autoría de  Enrique García Maldonado fue el proyecto de la Casa Sindical de El Paraíso. Inaugurada en 1954, fue construida por el Ministerio de Obras Públicas como parte de una serie de iniciativas similares por parte del Ministerio del Trabajo con la finalidad de centralizar las actividades y recreación de los trabajadores (Workers Have…, 1956: p. 13)

La aparición de la Casa Sindical y de su teatro anexo, sin mayores alardes arquitectónicos –pero apegados a los criterios de lineareidad y pureza de los dogmas en boga- en terrenos flanqueados por El Paraíso y la avenida San Martín (y unidos funcionalmente al área de influencia de esta última), forma parte de este proceso de cambio crítico que se operaba no sólo en el plano urbano sino en la sociedad venezolana de principios de los 50 (Barrios, 1994: p. 4).

El tema de la localización del conjunto en la urbanización que marcó el auge de crecimiento de Caracas hacia el Suroeste a principios del siglo XX amerita una consideración especial. En la Memoria y Cuenta del MOP se dice que: “La ubicación del edificio es tal que en lo posible queda equidistante de los lugares que habitan las masas obreras y de fácil acceso a todas ellas. Sin embargo, se ha desplazado del centro de la ciudad para evitar posibles perturbaciones en la circulación” (Casa Sindical de Caracas, 1952: p. 164)

Pero la decisión de tal escogencia tuvo, aparte de la disponibilidad de un terreno de suficiente superficie (a fin de cuentas, se contaba ya con la extensa franja de terrenos de la avenida Bolívar en el centro de la ciudad), razones de carácter estratégico y también de carácter representativo, que pueden asociarse al proceso de nivelación social que se pretendía para la clase obrera, las cuales recuerdan las empleadas por el mismo Pérez Jiménez en relación con la creación del Círculo Militar, previsto para dotar al estamento militar de instalaciones que superasen a las del Country Club. En este sentido, Vallenilla Lanz dijo escuchar a Pérez Jiménez expresarse de la siguiente manera:

En Caracas me he fijado en un terreno vecino al “Club Paraíso”. Llena las condiciones necesarias. Además, tiene un valor simbólico. El local de los asalariados será infinitamente mejor que el de los ricos. El 18 de Octubre de 1945, la multitud saqueó el “Club Paraíso”. La próxima vez serán los miembros de esta asociación quienes cargarán con el mobiliario de la Casa Sindical. (Vallenilla, 1961: p. 196).

Si bien nunca se produjo este asalto a sus instalaciones, entre otras cosas por cuanto los miembros del Club Paraíso habían iniciado su éxodo hacia el este de la ciudad, al punto que ese centro social desapareció para dar paso, en 1970, al Hogar Canario, la Casa Sindical sufrió con los años un decaimiento que obligó a su restauración a principios de los noventa.