martes, 28 de julio de 2015

Víctima del Terremoto de 1967



Bonnie Evelyn Spiller, de origen norteamericano y bailarina del Show de Renny, fue otra de las víctimas de la catástrofe. La chica del Show residía en el "Palace Carvin", edificio de la Avenida Avila de Altamira.
Su cadaver fue rescatado de entre los escombros, y su señora madre, que apena tenía dos semanas de haber llegado al país para acompañarla, también apareció tapiada en el mismo apartamento que ocupaba Bonnie. 
Gran consternación ha causado en los medios artísticos del Canal 2, especialmente en los vinculados a Renny Ottolina, la trágica muerte de la bailarina, que gozaba de estimación en la farándula.
La bailarina pensaba viajar en estos días a los Estados Unidos - según se supo- pues las autoridades encontraron su pasaporte renovado el pasado 21 de julio, lo que hace presumir que se evidenciaba un viaje de inmediato."   

lunes, 27 de julio de 2015

Terremoto de Caracas 1967

Venezuela Gráfica reseñó el terremoto de 1967 de la siguiente manera:


"Tal vez, en muchos años, desde 1812, Caracas no había vivido dos noches como la del sábado 29 y el domingo 30 de julio. Los caraqueños, como suele ocurrir, harían fiestas de fin de semana. Unos hacia la playa. Era el final de la semana cuatricentenaria. La ciudad del valle, bautizada así desde hace 400 años, vestía sus mejores galas. Y nadie sospechaba, porque así fue, la tragedia que conmovió a toda la población. 

Todos sabemos los festivos que son los venezolanos. Más cuando la fiesta cuatricentenaria era lo de moda. Lo que atraía la atención de propios y extraños. Sin embargo, el pueblo en fiesta, los caraqueños orgullosos por cuatro siglos de existencia, vieron sus esperanzas frustradas, con una celebración histórica y triste. Cuatro días después- un fatídico cuatro- y cuatro siglos destruyeron las estructuras de modernas edificaciones y estremecieron los cimientos de las viejas casonas que resistieron el golpe certero de la naturaleza contra la cuna de Bolívar.

Pareciera que la historia iría a reunir de nuevo los grandes momentos y las excepcionales epopeyas de nuestra tierra. Fue en el año 12 cuando Bolívar dijo aquello:
"Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca...”
Acertadamente decía en la tarde trágica del domingo 30 un redactor de "Ultimas Noticias": "Esta vez no hubo nadie que dijera: "Si la naturaleza se opone lucharemos...etc...etc...
En verdad, faltó el espíritu de Bolívar en un desafío al destino. Pero de él los caraqueños, el pueblo todo de Venezuela, heredó la valentía y la constancia frente a las eventualidades. Los caraqueños recibieron el impacto imprevisto. Dos noches y dos historias que jamás se olvidarán. Y frente a ella, ante la desolación y la miseria de los pobladores de esta gran ciudad se fueron camino del campo abierto, desafiando la lluvia si, pero resguardando la vida ante el peligro de nuevas acometidas sísmicas y en las calles, avenidas y plazas se improvisaron campamentos de previsivas familias y damnificados en un intento final de salvar la existencia. 
¡Quienes contarán mañana la historia no podrán olvidar estas dos noches dramáticas de lo ocurrido en Caracas. 





Centenares de muertos
Saldo del terremoto

En varias centenas de muertos se cifra el cómputo de las víctimas del terremoto que azotó a la capital de Venezuela y otras poblaciones del País.

Sin la misma intención de sembrar alarma dentro de la ciudadanía, éste número se logra gracias a una sencilla operación aritmética, tomando en cuenta los puntos más afectados por el sismo, tanto en la capital como en las zonas del Departamento Vargas.

Los cuatro edificios abatidos por completo por el terremoto dejan el saldo lamentable de 810 personas desaparecidas, cuya identificación tardará muchos días. Este balance se presenta de la siguiente manera: 

el Edificio Palace Gorvin, ubicado en la Avenida Avila de Altamira, parte sur, al desplomarse toda la parte posterior, de doce pisos y calculándose un apartamento en cada uno de ellos y a una familia de cinco personas, deja el resultado de sesenta víctimas por lo menos. 

El edificio "Neveri", también en la Avenida Avila de la Urbanización Altamira, parte Norte, al desplomarse, tapizó un total de 36 familias a cinco personas por cada una un total de 180. 

Por su parte, el edificio "San José", ubicado en la Urbanización Los Palos Grandes, también de doce pisos, albergaba aproximadamente a 180 personas, estimándose 3 apartamentos por piso.

Por último, en el edificio "Mijagual", ubicado en la 4ta Avenida de la Urbanización Los Palos Grandes albergaba aproximadamente 240 personas, en sus 48 apartamentos, calculándose cinco personas por familia. 
Este primer total arroja la cifra alarmante de 660 víctimas a la cual habría que sumarle los invitados a dos fiestas que se realizaban en el "Mijagual", para lo cual se estima unas 120 personas invitadas, para un primer resumen que arroja el balance de 810 víctimas. 



Sábado 29 de julio:
8 de la noche:
Comienza la tragedia

Los caraqueños, y por qué no decirlo, todos los venezolanos acostumbran el sábado en la noche a descansar o a divertirse en los lugares públicos. A esa hora se pactan los actos bailables, los cumpleaños, los matrimonios y en casi su totalidad, los bares y fuentes de soda comienzan a llenarse de parroquianos. Es una hora oportuna también para la visita familiar.
Un movimiento verdaderamente aterrador, con un sonido que desgarró al más valiente y que se extendió en una franja este-oeste con una duración aproximada de los treinta y cinco segundos, inició su acción de muerte.

Caracas se lanzó a la calle. Hombres, mujeres y los niños despavoridos trataban de buscar sitios abiertos para evitar la tragedia. Los llantos de la población temerosa, conjuntamente con el sonido de las cornetas y de las sirenas, configuraron una atmósfera de guerra. Un bombardeo de la madre naturaleza habría sido un regalo para la ciudad que horas antes terminaba de festejar sus 400 años.
El Gobierno Nacional, por intermedio de su comisión cuatricentenaria creyó conveniente remodelar algunas obras antiguas como para hacer renacer una época. Frisó muchas paredes. Acomodó algunas veces estructurales. Pero todo aquello hoy se encuentra en el suelo haciéndole compañía a las miles de tumbas, que como trapos negros quedan hoy aferrados a nuestros corazones.

Al finalizar la fuerte sacudida el resultado más fatal apareció en el Este de la ciudad. Las urbanizaciones Altamira y Los Palos Grandes, prácticamente estuvieron a punto de desaparecer. Todas las edificaciones mayores de ocho pisos se encuentran agrietadas y se hará necesaria la demolición de muchos de ellos. 

Presentamos a continuación la lista de edificios que por sus malas condiciones estructurales deberán sentir el peso de la maquinaria que les derribará definitivamente:
El "Lassie" y el "Alfosis", ubicados a los lados del derrumbado edificio "San José" en la primera avenida de los Palis Grandes. Su estado es verdaderamente peligroso, pues sus bases fueron partidas por el sismo y deben estudiar las condiciones de los edificios laterales.  


domingo, 26 de julio de 2015

Momentos del terremoto de 1967

La celebración de los 400 años de Santiago de León de Caracas, se empañó cuando todavía en las Plazas se celebraba su cuatricentenario. La noche del  29 de julio se cumplirán cuarenta y ocho (48) años del terremoto, que ocasionó  pérdidas humanas y materiales, tanto en Caracas como en las costas del Litoral. 
Aún en la mente de los venezolanos, del caraqueño, existen recuerdos de ese fatal día. Con este pequeño reportaje elevamos nuestras oraciones por aquellos que fallecieron trágicamente en ese lamentable sábado 29 de julio de 1967. 


" Durante dos días y sus noches, Caracas fue una ciudad con pánico. Desde que el terremoto de grado seis en la escalara de Riether, cuyo máximo es ocho, sacudió la capital y los balnearios de La Guaira, Macuto, Caraballeda, hasta la mañana del lunes, cuando la obligación de ir a trabajar hizo despertar de su pánico a los caraqueños, se advertía en todos los barrios, humildes y elegantes, una sensación de mudo asombro ante una catástrofe que una gran mayoría de hombres y mujeres jóvenes nunca creyeron que pudiese afectarles. Para ellos, los terremotos eran sucesos espantables, que sólo podían ocurrir en Chile, Japón, Turquía y hasta en Colombia. Pero en Caracas, no porque el último se produjo en 1900 y solo las personas de casi setenta años o más lo sabían, los demás nunca supieron lo que era sentir el piso tambalearse bajo los pies y escuchar los rugidos iracundos de la tierra dispuesta a arrasar con todo. Desde el sábado pasado a las ocho y cinco minutos de la noche, ya lo saben, y jamás lo olvidarán. 

No lo olvidarán los familiares de las doscientos y pico de victimas que figuraban hasta el lunes en las listas oficiales del Ministerio del Interior, ni los heridos leves y graves, que sumaban más de dos mil, ni los cientos de familias que perdieron los ahorros de toda sus vidas de trabajo cuando se enteraron que perdieron sus apartamentos en los edificios de propiedad horizontal que estaban pagando. 

En todas las casas se preparaba la cena o estaban a punto de comenzar las pequeñas reuniones sociales de fin de semana. Cinco minutos, después de las ocho, en las quintas se oyó un ruido ronco y amenazador, mientras el suelo y las paredes bailaban. En los edificios de apartamentos, no se escuchó el trueno subterráneo, pero la vibración fue tan fuerte que, cuando no derrumbó pisos y cielos rasos, destrozó cuadros, cristales y cerámicas o llevó de un extremo a otro de las habilitaciones, objetos tan pesados como neveras, tocadiscos y televisores. Los que iban en automóviles creyeron que les chocaban por todos lados y solo comprendieron que temblaba cuando vieron correr despavorida a la gente por las calles. Siguieron minutos de terror colectivo, en que reinó el caos de cornetas tocadas para desahogarse, carreras precipitadas para averiguar el estado de sus seres queridos y saturación de las comunicaciones telefónicas. Las noticias llegaron poco a poco, como rumores primero, penosamente confirmadas.

¡Hay edificios hundidos en el Este!
-¡Se cayó la cruz de la Catedral!
¡Hay cientos de muertos en el Litoral !

Hasta después de las ocho y cuarto, las radios y televisores mantuvieron sus programaciones habituales. Venevisión ensalzaba el éxito de Mariela Pérez Branger en el Concurso de Miss Universo; en los otros canales estaban las películas de rigor de los sábados. Los primeros anuncios fueron para pedir calma, leídos muchas veces por lectores cuyas voces traicionaban un nerviosismo tan grande como el que trataban de aplacar.  

Edificio San José 

El Edificio San José en Altamira, sepultó a decenas de personas. Un nutrido grupo de soldados y bomberos trabajaron en la remoción de escombros y búsqueda de cuerpos. 



Victimas en el Mijagual 



Miles de personas en las calles con temor a perder sus vidas y sus objetos personales 

En la entrada de la Torre La Prensa los vecinos de la Panteón se resguardaron 
Elite 1967
La marca de la Cruz de Santiago que se grabó en el pavimento de asfalto al desprenderse
aseguran testigos que se encontraban en la Plaza Bolívar y La Catedral
que la tierra dejó de sacudirse, en cuanto cayó la cruz.

La Batalla de Maracapana


La Batalla de Maracapana, únicamente recogida por el relato posterior de Oviedo, fue el punto de inflexión de la jornada de conquista de Caracas. Es la batalla decisiva que rompe la coalición indígena supuestamente liderada por Guaicaipuro; alianza que tan exitosamente mantiene libres a los indios de Caracas por cinco años más desde que en 1562 logran expulsar totalmente a los españoles de Fajardo de su aurífera tierra.

Las otras dos batallas citadas en la narración de Oviedo, la Batalla de San Pedro y la de La Quebrada, no revisten su importancia. 
Por un lado la así llamada Batalla de San Pedro, librada para impedir el acceso a la hueste española a la tierra de los Caracas, la sostiene tan sólo la parte de las tribus aborígenes de la provincia que habitaban al oeste del valle, por donde entraron los españoles de Losada. Intervienen las parcialidades occidentales de los Meregotos, Aruacos, Tarmas y Teques. Los Tarmas, situados entre la costa y las montañas de Macarao colindantes con los Teques, tenían la posibilidad de pelear en ambos teatros, el de la costa y el del interior. Aunque usualmente lo hicieron al oeste del área de San Francisco, no desechaban bajar a este valle. Buscaron estas parcialidades repetir la hazaña de la derrota de Narváez, en la favorable loma de Terepaima. Pero Losada sale victorioso del nuevo desafío en la Loma de Terepaima.

Por otro, la así llamada por Oviedo Batalla de La Quebrada no pasó de ser -por lo que se lee- una “guasábara” más, o ataque menor, sin calidad de batalla, amén de que sobre ella mantenemos nuestras dudas arriba expresadas sobre su real historicidad. No obstante, el capítulo de la obra de Oviedo dedicado a esta batalla presenta algunos aspectos dignos de comentar. El primero es la evidente guerra que hacían los indios para impedir los aprovisionamientos de los conquistadores. Estos

'… se hallaban bien afligidos por experimentarse cada día más rigurosa la falta de bastimentos, a causa de haber los indios talado todas las sementeras inmediatas, para hacer más cruel la guerra con la hostilidad de la [sic] hambre ...'

El otro hecho significativo es que el comando de la hueste que va a buscar bastimentos al valle de las Guayabas, donde habitaban los Tarmas, lo tiene Rodrigo Ponce de León, según Oviedo. Hemos visto que este pasa a Coro con Valier en junio, según declaración de testigos. La acción pues debe ubicarse -si realmente correspondió a Rodrigo Ponce- antes de su documentada partida a Coro, con Valier, quizás en junio. Las expediciones de abastecimiento al valle de los Tarmas desde la costa donde por entonces se hallaba Losada se hacían bordeando el litoral por Maiquetía y Catia La Mar hasta la desembocadura del río Mamo, y de allí tramontando por Arrecifes hasta el valle de las Guayabas, o de los Tarmas.

La Batalla de Maracapana, a nuestro juicio, es la crónica que a la distancia hace Oviedo de la alianza -documentada como hemos mostrado- forjada entre los indios Caracas y el corsario Nicolás Valier. Oviedo ofrece pormenores de esta crucial acción:

'… determinaron que para cierto día, con el mayor número de tropas que pudiese alistar cada cacique, concurriesen todos los interesados en el sitio de Maracapana (que es una sabana alta al pie de la serranía inmediata a la ciudad) y echando el resto a la desesperación, acometer a Losada, fiando al lance de una batalla los buenos sucesos que esperaban de su valor y fortuna…'

El capítulo IX dedicado a esta batalla lo inserta Oviedo entre la llegada de Salas -en el capítulo VIII previo- y la posterior fundación de Caraballeda, el 8 de septiembre -en el capítulo X-, según su particular cronología y versión de los hechos. Es concordante con la estadía en estas aguas de Valier, como hemos visto. Oviedo sabe que la batalla se libra cerca de un Real, sitio o campamento poblado -según informaría la vaga fuente que está siguiendo para narrar la batalla- y ante la confusión que ello le genera (pues no logra aceptar que se trate de otra, sino de Santiago de León) ha decidido insertar el célebre capítulo VII sobre la fundación de esta ciudad antes de la Batalla de Maracapana.

Pero como se ha visto, Santiago de León no existe para esas fechas, y Losada se hallaba en la costa por entonces. Más aún, es improbable por lo expuesto que Losada tuviera su campo arriba en el valle de San Francisco. Y precisamente, las características “costeras” de esta acción conjunta de los Caracas con Valier prueban indirectamente que el ataque sería al campo principal en la costa, donde se hallaba Losada, no a un reducto secundario de resguardo de ganados en San Francisco, si es que esta disposición de fuerzas españolas existía por entonces. La composición mayoritariamente costera de las fuerzas indígenas que intervinieron en la Batalla de Maracapana es otro dato significativo. 
Oviedo detalla algunas de las principales parcialidades de la costa que intervinieron en dicha batalla: 
'… llegado pues el día determinado, vinieron de la costa y serranías intermedias, según lo capitulado, los caciques Naiguatá, Uripatá, Guaicamacuto, Anarigua, Mamacuri (que fue el primero que después dio la obediencia a Losada), Querequemare, señor de Torrequemada, Prepocunate, Araguaire y Guarauguta, el que mató en Catia a Diego García de Paredes, con siete mil indios de pelea, que llevaron entre todos…'

Los caciques convocados del interior de Caracas- y sus fuerzas- fueron los siguientes: Los Mariches, con los caciques Aricabacuto y Aramaipuro, '… con tres mil flecheros de su nación, incorporados en sus banderas los caciques Chacao y Baruta, con la gente de sus pueblos…'

Los Tarmas, acaudillados por Paramaconi, Urimaure y Paramacay, (Parnamacay o Parmanacay, que todas estas variantes se consiguen en Oviedo) reunían dos mil guerreros. Los Teques, conducidos por Guaicaipuro, que según Oviedo hacía de capitán general aportaban otros dos mil. Oviedo presenta pues catorce mil indios Caracas en estado bélico en aportes iguales por mitad para cada lado de la serranía, que se reunirían en la sabana de Maracapana el día de la batalla. 
¿Dónde quedaba entonces esta Maracapana, “lugar de las maracas”?

Un hecho curioso para el investigador de los orígenes de Caracas es que Maracapana como topónimo no existe por ningún lado, ni cerca ni lejos de la Caracas del siglo XVI, ni en ningún otro siglo hasta nuestros días. No se la ha localizado. Si se le busca -según los datos que aporta Oviedo- en documentos del período inmediatamente posterior a la fundación de Santiago de León, y hasta bien entrado el siglo XVII, de la cual hay suficiente información en incontables documentos locales de Caracas en secciones como Actas del cabildo, Encomiendas, Tierras, ventas en Escribanías o en Testamentarías, no se hallará explanada, lugar, asiento o sitio alguno con el nombre de Maracapana ni al norte o noroeste de la ciudad (área o llanura a la cual suele a veces denominarse en fechas posteriores Sabana del Teque y Sabana del Blanco), ni en la llanada de Catia, ni hacia la Puerta de Caracas siguiendo la antigua vía al mar, ni en Anauco Arriba o Anauco Abajo, ni en Catuche, ni cerca del Caroata, ni en Caricuao, La Vega, Antímano, Chacao, Petare, etc.

Es verdaderamente significativo si se piensa por contraste que sitios de acciones de batallas de ese período como la loma de Terepaima, o el valle del Miedo, o de descanso de la hueste como el valle de La Pascua, o incluso nombres más antiguos, como el valle de Juan Jorge, perduraron al menos algún tiempo o del todo sobrevivieron como topónimos; algunos recordando incluso sucesos comparativamente tan banales como “el Salto de Freyre” en la antigua ruta por la loma de Terepaima en Los Teques. ¿Qué se hizo Maracapana, teatro de tan vital batalla?

La explicación para nosotros es que el nombre de este teatro bélico sigue la suerte de Caraballeda, arrastrada como topónimo a la extinción y el olvido cuando esta ciudad costera se acaba temprano en la historia de Caracas, hacia 1586. Porque a nuestro juicio, la Batalla de Maracapana se libra en el área de Caraballeda, donde se asentaban los pobladores y soldados que por entonces “reedificaban” El Collado -haciendo un campamento, con quizás una empalizada-, si es que tiene algún sentido titular de ciudad un campamento o agrupación de caneyes, como hemos mostrado en la exposición previa.
Existe, no obstante, una magra y alterada mención a Maracapana (que concuerda con el período y localización cercana a Caraballeda) en un título de encomienda otorgado a Jácome Fanton, -quien sucede en la encomienda de Justo Desque- en su parte relativa al cacique Guaicamacuto, que entraba dentro de la encomienda original otorgada por Losada a Desque: 
'… reservando como reservo el principal don Pedro, hijo de don Joan Guaycamacuto con todos los indios sus sujetos, que viven en la costa de la mar, hacia Caraballeda, en la quebrada nombrada de enmaracacurinare y en sus vertientes e corrientes…'

La indicación de su cercanía a Caraballeda y el hecho de tratarse del asiento de Guaicamacuto, que luchó en esa batalla, nos inclina a creer que Maracapana fue entonces el sitio por donde corría la quebrada de Maraca curinare, en Caraballeda, donde a nuestro juicio se desarrolló la batalla.
No parece casual observar también, en los pocos nombres de españoles que registra Oviedo participando en la batalla, que entre ellos no se nombren o figuren en esta oportunidad los hermanos Ponce de León, lo cual concordaría -a nuestro parecer- con su ida a Coro con Valier, y sí mencione en cambio uno de los registrados vecinos de la futura Caraballeda -y su alcalde en 1570- Gaspar Pinto, que no entró con Losada, por lo que es de suponer que vino en las piraguas con Salas.

El día de la batalla de Maracapana el corsario Valier falló. No se presentaron sus naos en la costa de Caraballeda. Tampoco Guaicaipuro, según Oviedo, con el ala de los Tarmas y Teques acaudillados por él: 
'… y se confederaron con los indios para matar a todos los españoles como los hubieran muerto si no fuera por cierta emboscada que les hizo con cien soldados el dicho capitán Diego de Losada, de que dicen les dio aviso a los dichos franceses un Juan Pacheco, criado que fue del licenciado Bernáldez…'

La versión de Ponce de León sobre el develamiento del plan contra la tropa de Losada es más escueta: 
'… y como se vino a saber, no lo osaron intentar, sobre lo cual he mandado que se haga justicia, para que adelante no tengan el mismo atrevimiento…'

¿Qué había pasado?
Oviedo narra que la batalla se dio, a pesar de todo, con o sin Guaicaipuro. Y dice que efectivamente se pierde al no poder acudir Guaicaipuro y sus huestes de Tarmas y Teques a tiempo, debido a la distracción oportuna que en las mismas serranías de su habitación les hizo Pedro Alonso Galeas con un escuadrón de sesenta soldados. Pero para Oviedo, que en ningún momento acierta a hablar del papel del corsario Valier en todo este drama (señal que lo callan sus fuentes, incluyendo al mítico Ulloa), la acción táctica de Galeas se debió a la casualidad:

'… ignorante Losada de todo esto, por no haber tenido noticia alguna de lo que maquinaba Guaicaipuro, había despachado aquella madrugada a Pedro Alonso Galeas con sesenta hombres para que corriendo las lomas y quebradas de los Tarmas juntase la mayor porción de bastimentos que pudiese y los trajese a la ciudad. Caminaba Pedro Alonso con su gente a ejecutar puntual su diligencia cuando a las ocho de la mañana encontraron con él los indios Teques, que unidos ya con los Tarmas marchaban presurosos para hallarse en el asalto; pero al ver los españoles en parte que no esperaban, discurrieron que su obligación estaba ya descubierta, pues les salían armados al encuentro, cuando pensaban hallarlos en la ciudad desprevenidos, algo atemorizados se empezaron a dividir en mangas por los cerros…'

Frente a estas dos versiones del hecho, como siempre, aquí optamos en principio por darle crédito a la del documento coetáneo, como es la real cédula citada arriba. Esta, según vemos, da noticia de cómo renunciaron los corsarios a intentar la empresa, abortando el ataque al tener aviso por el Juan Pacheco de que todo el plan estaba descubierto, Guaicaipuro contenido y anulado y que su rival Losada lo espera prevenido y con las buenas armas y municiones que el propio Valier se ha encargado de suministrarle. Valier se lo pensó dos veces, pues una cosa es atacar un pueblo como Borburata, sin defensa ni armas (entregadas seguramente -las que había- a Losada y su conquista) y otra intentarlo contra un ejército “de cien hombres” o soldados móviles que lo esperan bien armados y sin el estorbo de una ciudad abierta a la que estén obligados a defender, pues cuentan en cambio con caballos -y quizás hasta un reducto-: “... y como se vino a saber, no lo osaron intentar...”

No es cierto pues que Losada no supiera lo que se tramaba. De alguna forma se enteró del plan y conocía, al parecer, los detalles. Por lo que sabiendo que era fundamental impedirles a Guaicaipuro y Paramaconi liderar la batalla, envía precisamente a Galeas a estorbarles este objetivo. Galeas lo cumple a cabalidad con lo que, como narra Oviedo, las huestes en Maracapana se desmoralizan al faltarles el caudillo y alma de su lucha. La real cédula es coherente al hablar de “cien hombres” en Maracapana ya que como vimos en la versión de Oviedo, el resto se hallaría posiblemente con Galeas luchando contra Guaicaipuro. La mencionada emboscada pudo referirse al Losada esperando el ataque indígena, o a Galeas atacando a Guaicaipuro y sus Tarmas y Teques.

Es por indicios como los expuestos que nos resulta difícil creer en dos (2) asentamientos simultáneos de españoles en Caracas para esas fechas, divididos en los dos teatros de operaciones, el de El Collado, en la costa, y el del valle de San Francisco.
Pues si Losada está emboscado con cien hombres aguardando a Valier y la batalla, como habla la real cédula, y ha mandado el resto con Galeas, como afirma Oviedo, una de las dos plazas, si es que en verdad existían ambas para esa fecha, se queda sin defensa. Con sólo atacar en la costa a la hueste de Losada una parte del resto del ejército de indios Caracas que asisten a Maracapana, la otra puede mientras tanto destruir y quemar la plaza desguarnecida en San Francisco, logrando una significativa victoria, después de todo. Pero eso no sucedió, y en ninguna parte del texto de Oviedo o en otros documentos está registrado durante la campaña de Losada una segunda quema de San Francisco, El Collado, Santiago de León o Caraballeda por parte de los indios Caracas.

Por otro lado, si el campo de Losada, su perímetro, o real, estuviera supuestamente establecido por entonces en el valle de San Francisco, como es la idea generalmente aceptada, ¿bajó Losada con cien hombres a la costa a esperar a Valier, sabiendo que todo el fin del ejército de Guaicaipuro era acabar con el asentamiento de San Francisco? ¿Y qué decir entonces de las fuerzas restantes enviadas a bloquear a Guaicaipuro? ¿Es concebible que gente tan poderosa como los Mariches pasaran de largo por San Francisco -vía obligada- para ir a atacar a Losada en la costa, donde estaban los caciques del litoral, sin primero destruir la desguarnecida San Francisco que era en definitiva, para la historiografía tradicional, el supuesto objetivo de la batalla?¿Dejarían incólume los mariches ese peligroso reducto castellano atrás, amenazando sus espaldas?¿Permanecería el capitán que supuestamente guardara San Francisco impávido viendo como frente a sus narices pasaba la columna mariche en vía a atacar a su general y compañeros en la costa?¿Subiría Valier la ruda y desconocida cuesta hacia el valle de Caracas, arriesgando una emboscada segura en cualquiera de cien sitios propicios por parte de los españoles?

La lógica de guerra nos dice que si se iba a atacar con todas las fuerzas disponibles a Losada -aplicando la táctica usada contra Narváez y Bernáldez previamente- era porque este y su hueste estaban concentrados todos en un área precisa y de fácil acceso a los corsarios: el litoral. Este sitio pues de combate, por los indicios y testimonios analizados, estaba localizado para la fecha de la batalla en un lugar de la costa, en Caraballeda, en el asiento de Manaure, cercano a Guaicamacuto: Maracapana.

'… las demás naciones convocadas, que juntas en Maracapana aguardaban la venida de los Teques y Tarmas para dar el asalto a la ciudad, viendo que era pasado el mediodía y no llegaban, sin acertar a discurrir la causa de su tardanza, empezaron a desmayar, desconfiando del suceso por faltarles Guaicaipuro, quien por lo acreditados de su valor y opinión adquirida de soldado, había en todo de dar la disposición para lograr el acierto; y teniendo su falta por presagio de alguna fatalidad, empezaron a desunirse los caciques, retirándose algunos con sus tropas, sin atreverse a proseguir en la empresa, que miraban ya con desconfianza; los otros, teniendo por descrédito el desistir de aquel lance en que tenían empeñada la opinión, moviendo sus escuadrones se fueron acercando a la ciudad…'

La derrota de los Caracas, ante un oponente superior, prevenido y alerta, fue total.
Sale Losada con los jinetes armados

'…dejando a los demás en guardia de las casas, para que los indios con la confusión no las quemasen, y apellidando a Santiago acometió al enemigo en la sabana, abriéndose camino con las lanzas, que en aquella confusa muchedumbre, ni erraban golpe ni perdonaban vida, cuando los infantes por su parte, embarazando las rodelas y esgrimiendo los aceros, empezaron a dividir aquellos cuerpos desnudos, que embarazados con su misma multitud, poniéndose en desorden se fueron retirando, atropellándose unos a otros por asegurar las vidas…'

Fue tan grande la victoria castellana que la confederación local de caciques de Caracas se disuelve. Jamás en adelante volverán a atacar unidos. Guaicaipuro no se rindió. Mantuvo su amenaza en el interior, tras la cerranía. Solo con su muerte pocos meses después se logra finalmente la fundación de ambas ciudades a inicios del año 1568, ya menos amenazadas. A lo sumo los Mariches mantendrán la unidad entre sus caciques propios uno o dos años más.

Días luego de la batalla de Maracapana, bajo quizás cierta fecha de significación religiosa acordada por los vencedores, algunos caciques de la costa se acercan a El Collado, a “dar la paz”. Son Guaicamacuto -el antiguo y poderoso cacique amigo de Fajardo, que luego se le opone y que ante Losada finalmente se rinde- y Mamacuri (o quizás Mamocuri, de Mamo).

Así se ganó Caracas. Fue obra de Losada.

Tomado de ‘La Jornada de Caracas 1567-1568'

Por  Juan Gant-Aguayo, tomado de facebook Caracas la de los techos rojos

viernes, 24 de julio de 2015

Los caminos, las alcabalas y los peajes de Caracas

En el cumpleaños #448 de Caracas, comparto para ustedes un artículo que vale la pena recordar , donde su contenido nos ayuda a verificar algunas imágenes que son aportada a los grupos de facebook, el mismo tiene algunas palabras ilegibles del texto original, en lo que logre su restauración haremos los ajustes pertinentes, a pesar de ello, espero sea de vuestro agrado.


Vista desde el Viejo Camino de los Españoles
"Los caminos, las alcabalas y los peajes son parte de la historia de la ciudad, al cabo de una existencia de cuatro siglos. Los antiguos senderos aborígenes fueron hollados por la planta del conquistador en sus andanzas por Tierra Firme, en  busca de un valle donde fundar la ciudad, que, "con el correr del tiempo, será una de las más grandes de Indias".

Los primeros caminos fueron de indios, partieron del litoral Caribe y todos convergían al hermoso valle del Avila. Con la noción de rumbo los expedicionarios de la conquista siguieron la brecha en tiempos en que seguir un camino y llegar  a su término era una verdadera proeza. Empresa temeraria fue la cumplida por Francisco Fajardo, Juan Rodríguez Suárez por el Norte y Don Diego de Losada por el Sur, en tierras de paisana, Guaimacuare, Guaicamacuto, Chacao, Tiuna y Guaicaipuro. La penetración al Valle de los Caracas se hizo originalmente por la  cuenca de los ríos Macuto y Anauco, siguiendo la ruta del Palmar de Cariaco, El Infiernito y Boca de Tigre por la montaña del Avila, a partir del año 1555. Luego vinieron los caminos construídos por los Gobernadores y fundadores de ciudades.  

El Gobernador Luís de Rojas, siguió en el años 1586, el camino que partió del Castillo de Punta de Mulatos, por sobre el río Galipán. Un años más tarde (1587), Don Diego de Osorio trilló el camino hacia La Guaira, puerto que Fundó hace 380 años, acontecimiento celebrado en estos mismos días. 

La construcción del Camino Real de los Españoles (el más célebre y conocido de todos los caminos de Caracas a La Guaira), se inició en el año de 1603, por contribución de los vecinos y moradores de la entonces pequeña ciudad. El ayuntamiento caraqueño carecía de fondos, ya que eran tiempos de mucha pobreza. El mayor contribuyente en esa época fue el señor Sebastián de Menhochea, quién aportó 3 pesos, llegando la colecta a 100 pesos de oro. Este es el camino que parte de la "Puerta de Caracas", en la hoy Parroquia de La Pastora y pasa por Las Bateas, Los Castillos, el Hoyo de Naranjal, Loma del Viento y termina en el barrio de El Cardonal, en La Guaira. Pero la construcción de este camino tuvo muchas alternativas. El 6 de marzo de 1604 el ayuntamiento caraqueño encargó al Capitán Don Juan de Guevara de la apertura de un camino al mar. Hizo el trazado del Camino Real y reinició la construcción, pero luego fue inconcluso.  Luego se resuelve "raramente" que la entrada del Camino Real se haga por La Pastora, en un sitio llamado "El Polvorín", que hoy en día se conoce con el nombre de Puerta de Caracas, Camino que es célebre por cuanto transitaron viajeros notables como el señor John Williamson, Cónsul de los Estados Unidos acreditado en nuestro País; y Alexander de Humboldt, en 1800. Caso singular es el Alderson, inglés propietario de una hacienda de Cacao en quién fue el primero que trajo un carro de bueyes de La Guaira a Caracas. Con anterioridad en el año 1797, Pedro Carbo- había abierto otro camino entre Caracas y La Guaira y Don Enrique Rivodó- fue el que sirvió de trazado para la primera carretera. Tenía ante ( ilegible)  ósea el iniciado por Don Diego de Osorio y Villegas, a que nos referíamos anteriormente. La construcción de la vieja carretera Caracas-La Guaira- dichos sea de paso- duró seis años, iniciándose los trabajos en 1841. Fue inaugurada por el General Carlos Soublette, a la sazón Presidente de la República. En este punto hacemos un alto, en el recuento de caminos para darle paso a la moderna autopista Caracas-La Guaira, inaugurada en 1953 por el General Marcos Pérez Jiménez, Presidente de la República.
Los caminos del Sur, todos remataban en El Valle. Procedían de los valles de Aragua y el Tuy, pasaban por Los Teques, San Diego de los Altos y por el punto terrible del Valle del Miedo, asombro de Don Diego de Losada y sus expedicionarios. En todos esos caminos quedó marcada la huella de Guaicaipuro. 
Esquina de Portllo

Las Alcabalas

Las alcabalas en todos los tiempos, por razón del movimiento de entrada y salida  (ilegible) 
Ese constante trajín ha cambiado de siglo a siglo, en proporción a las etapas del crecimiento y desarrollo de las actividades de que se nutre la vida citadina. En la antigüedad sirvieron para ejercer una función contralora. Eran el punto de llegada al término de cada jornada, para alegría de los viajeros de a pie y de a caballo, como se decía en tiempos remotos. Por allí pasaron los arrieros, los conductores de vehículos de tracción de sangre, los jinetes y aurigas, 
En la época actual han quedado en desuso (solo funcionan en caso de emergencia), única forma en que se detienen los vehículos a motor guiados a gran velocidad. De las alcabalas solo ha quedado el nombre con que han sido bautizados los sitios donde funcionaron. De todas maneras, algo indica que son puntos de referencia en la transformación registrada en el área metropolitana. 
La más antigua de las alcabalas fue la "De Portillo", en La pastora, la cual funcionó hasta principios del presente siglo (1900). Era el punto de arribo de los agricultores y arrieros procedentes de Galipán, hasta que se fundó el Mercado Principal de San Jacinto. La alcabala de Blandín, cerca del Plan de Manzano, ya tuvo otra función, en atención a que desde la casilla se ejercía el control de la vieja carretera de La Guaira. Era obligatorio para los choferes de autobuses, carros y camionetas, detenerse a  objeto de dejar allí los nombres de los viajeros y pasajeros. Eran los tiempos del General Juan Vicente Gómez, y cuando el "Benemérito" pasaba una temporada en Macuto, los vigilantes de la alcabala aumentaban el celo en el control de los viajeros, lo que por cierto no era muy efectivo. No existía ningún medio de identificación personal (la cédula de identidad se creó en 1942), y los viajeros podían dar su nombre a capricho o simplemente dar un nombre supuesto. A esto se añade que algunos de los agentes encargados de la vigilancia eran analfabetos. 

El mismo procedimiento se ponía en práctica en las demás alcabalas, la de Chacaíto en el Este; la de El Valle, en la carretera del Sur; y la de Puente Sucre, que tiene mención aparte, por cuanto le dió el nombre a una esquina. La alcabala de Mamera tenía mayor movimiento, en vista de que por allí salía y entraba el mayor volumen de vehículos hacía las distintas carreteras de interior del país. La alcabala de El Valle cumplió funciones de vigilancia hasta 1940, toda vez que allí se encontraba la entrada de carbón vegetal, explotación que era perjudicial a los bosques y aguas. Por esa circunstancia el Ministro de Agricultura y Cría estableció el régimen de guía para la carga de carbón y leña, procedente de los Valles del Tuy. Esta explotación cesó al generalizarse el uso de las cocinas alimentadas por combustión de gas, gasolina y kerosene. Esto trajo como resultado la eliminación del fogón de topias. La alcabala de Puente Sucre fue notable por el hecho de servir de mercado a la producción agrícola y diversa de la región del Tuy. Se comerciaba allí en los renglones de maíz, caraotas, verduras, aves, huevos y en un sin número de artículos varios, además de los de primera necesidad en la alimentación diaria. 
El peaje, antiguo lugar de pastoreo, y hoy punto convergente de tres vías
y la entrada del Postachuelo 

Los Peajes

El peaje más conocido y antiguo es el que estaba ubicado en la entrada de la Avenida Nueva Granada. Originalmente a este punto se le llamó el Portachuelo. El primer paso para carretas se abrió en Roca Tarpeya, el año de 1876. Solo entonces el "camino del cerro" que por El Valle llegaba a Prado de María. A El Peaje llegaba toda la producción pecuaria procedente del llano, por la vía de Villa de Cura y Cúa. El pastoreo de rebaños de ganado de carne destinado a los mataderos públicos de Palo Grande y El Valle, allí pagaban el impuesto de degüello. Los alrededores de El peaje, donde hoy día está la Urbanización Los Rosales, era grandes yerbazales, y el pasto se utilizaba como alimento del ganado lechero. La otra actividad que le dio renombre a este sitio de la capital fue la cría de gallos de riña, que atendía el Chingo Palacios, gallero y barbero muy popular. Los Peajes se han mecanizado en el crecimiento de la ciudad y con el auge que ha cobrado el automovilismo como queda demostrado con el de Blandín en la Autopista Caracas-La Guaira, y el Hoyo de la Cumbre en la Autopista Coche-Tejerías. Y Así termina el recuento de cuatro siglos de caminos, alcabalas y peajes, alrededor de la Metrópoli que se moviliza todo el tiempo. 

Imagen tomada del grupo Vieja Fotos Actuales 

Elite, Julio 1967
Por Pedro Hernández Camacho

jueves, 23 de julio de 2015

Fotografía inédita del terremoto de 1900

La presente imagen es un regalo que me ha dedicado mi buen amigo el Dr. Nicomedes Febres Luces, un hombre excepcional de los que al conversar siempre será una experiencia gratificante, que a pesar de las dificultades, uno sale lleno de optimismo y con ganas de seguir adelante, y que se ha dedicado a la curaduría de fotografías venezolanas ( entre otras tantas cosas)  Muchas Gracias !

Reproduzco la imagen y el texto que le acompaña 




* La foto del día se la dedico a mi amiga María Sigillo directora de la página Caracas en Retrospectiva dedicada a mostrar nuestra vieja ciudad y algunos personajes y productos de antaño. Hoy es una del set de fotos de 1908 que me envió de regalo Cristina Pardo, hija de ese monumento al a venezolanidad que fue Isaac Pardo cuyo libro Esta Tierra de Gracia me dejo deslumbrado por el nivel de información que allí se vertía. Es además también nieta de Manuel Segundo Sánchez, un hombre que dedicó su vida a la recolección de todos los escritos dedicados a Venezuela desde la llegada de Colón. En la foto está la cúpula de la iglesia de Las Mercedes y Manuel Segundo Sánchez de su puño y letra comenta los daños sufridos por la iglesia en el terremoto que asoló a Caracas en 1900. Gracias Cristina, siempre tan generosa conmigo."

lunes, 20 de julio de 2015

Sello inconfundible de Caracas

Comparto con ustedes la presente reseña, que en lo personal, da otro enfoque de las que generalmente encontramos en los libros y crónicas de época, donde parece siempre que todo tiempo pasado fue "mejor". 

Los Caobos, al Este de Caracas

Avenida Principal de Los Caobos 1930

"Cuando hace muchos años que, dado el ritmo vertiginoso de nuestros días, podrían parecernos muy pocos, necesitaban nuestros espíritus asomarse a paisajes de frescura; cuando el ajetreo ciudadano poníamos en tensión los nervios; cuando esta misma prisa de nuestros días, este ritmo veloz de ahora nos metía, alma dentro, la desosegada angustia  que han hecho de nosotros seres llenos de neurastenia, "El Paraíso", la encopetada avenida, o "El Calvario", la olvidada colina de los poetas, eran el más delicioso vaso de frescura que, servido en verdes tonificantes, en silencios húmedos de sombra, se daban nuestros cansados espíritus. 

Sinembrago, El Paraíso, aristocrático de veras, tanto por la esmerada construcción de la avenida como por lo acomodado o desahogado vivir de los que a sus márgenes construyeron hermosas y costosas viviendas, no fue nunca ese acogedor recodo ciudadano propio para la ensoñación poética y la cita apasionada, el descanso tonificante y el meditar silencioso. 



Íbamos a la avenida El paraíso- aún recordamos las galas con que nos vestían-para el regocijo que significaba la clásica vuelta El Paraíso.
Pero asistíamos en otros tantos afanes de vanidad, digámoslo así, de competencia lujosa; y era, por lo tanto, algo así como la proyección o extensión de la perenne feria de vanidades que en afanoso desfile de los llamados días de labor, sorprendemos dentro de la ciudad. 

Quizás, pues, por todo ello, la avenida El Paraíso tuvo- tiene aún- ese aspecto de aristocracia: es una avenida o paseo para quienes pueden recorrerla desde la aristocrática comodidad de los "nuevos modelos"... Que ya el tranvía quedó para maritornes y empleados; y del lenguaje característico o fabla peculiar de nuestro pueblo ha desaparecido aquella inevitable frase definidora cuando tomábamos el pesado vehículo tranviario: "Déme la vuelta al Paraíso"...

El Calvario, por su parte, no llegaba a obtener calidad de sitio de recogimiento. 
Lo empinado de la colina, el desdeño con que era mirado hasta hace poco, hacían de sus caminos más bien senderos propios de piernas duras de excursionistas y, a la vez, para desamparados del amor. 

Tal vez El Calvario con sus apretadas zarzas como cabelleras desgreñadas metiéndose en plenas rutas y trazados caminos, sólo adquiría un aspecto vago y confuso en el sentir del ciudadano que en afanes de reposo cercano y deseoso de la contemplación silenciosa y campestre, se disponía a trepar por los senderos desaliñados de la colina. Por ello, los verdes foráneos, la tranquilidad de los burgos apacibles-Sabanagrande, El Valle, La Vega- atraían mucho más nuestros deseos de goces apacibles. 
El Calvario ocultaba más bien la infelicidad y el desamparo. Llegó a cobijar el crimen discreto, sin aspectos o aires de criminen de gran ciudad, como correspondía a la nuestra -Caracas-.

Por sus apretadas rutas pesquisas policiales sorprendieron, hace bastante tiempo, una banda de futuros malhechores que habían nutrido sus imaginaciones con lecturas detectivescas y cine de robos y de hazañas de generosos ladrones. También llegábase a sorprender parejas, no en amoroso y platónico recogimiento sino en unión concupiscente.  

Lo único que le hacía mantener en nuestros espíritus su carácter poético, era que se echaban sobre la ciudad con ese tono vago, confuso, y hasta enmarañado en el fondo que siempre constituye lo escencialmente [sic] lleno de poesía. Toda cosa leyendaria de una ciudad, un pueblo, de un parque, de un paseo son, primero, es decir, originariamente, cosas confusas, vagas, obscuras. Así la leyenda- hoy historia- que nutre el nacimiento o fundación de Roma; así-ya para nuestro tema- la leyenda de aparecidos que circuía, con la proximidad de La Yerbera y El Conde, El parque Carabobo o Plaza de La Misericordia; así la leyenda de guarida de malhechores, de suicidas, infanticidas, adúlteras, que desbordaba hacía Caracas, por la imponente escalinata, de El Calvario. 

El Calvario, Imagen de 1943

Para esa época-hace seis años- sólo las palabras de los poetas salvan a El Calvario de ser tildado de lupanar de yerbas o de una nueva Corte De Los Milagros. Sólo las palabras de los poetas hicieron posible una reconstrucción merecida; merecida y necesaria. Hoy sí que podemos comparar El Calvario, con el aspecto moderno de las avenidas y jardines, por ese sello inconfundible de lo que está en constante progreso, con el hermoso cerro de Santa Lucía de Santiago de Chile; con el "Panecillo" de la capital ecuatoriana o con el Miraflores de Lima...

Pero cuando Caracas, la Caracas siempre hembra rendida y siempre hembra rendida y siempre en trance de soñar grandes cosas sintió la necesidad urbanizadora de abrir los brazos de sus calles; por ese apretujamiento que en menos de diez años, nos hizo, a grandes y chicos, ricos y pobres, dar un salto lleno de apetencias modernas y que, desde luego colocó a Caracas en un plano de gran ciudad; por ese acrecentamiento de compañías urbanizadoras en los últimos días, bien podríamos tomarle el pulso, en lo que respeta a hermoseamiento y novedad, a nuestra hermosa ciudad. 


Pero así como otras ciudades al modernizarse parece que pierden, al modernizarse su espíritu, lo que se constituía su esencia, su "cosa", como Buenos Aires, valga el ejemplo, que hoy es cosa distinta de la Buenos Aires del pregón poético de hace catorce años, Caracas ha ganado, a la vez que en porte y aspecto modernos, en la acentuación de su esencia poética. Al estirarse hacia el Oeste con nuevas barriadas obreras de Catia, Caracas limpia y moderniza El Calvario, la "colina de los poetas". Ganaba en popularidad, en ciudadanismo, permítasenos el terminacho, pero no olvidaba la tradición espiritual de ciudad soñadora: esta cosas caraqueña sabrosa, llena de recogimiento y  alegría, de meditación y modosidad, epigramática, que es uno de los aspectos espirituales de nuestra urbe que le dan un sello inconfundible. Al lado de las barriadas obreras- cosa grave, seria, populosa-el montón de verdura, el parque lleno de sombras- cosa leve, intrascendente: lo esencialmente poético.

Ahora-hace muy poco tiempo-Caracas principió a estirarse hacia al Este. De manera febril surgían urbanizaciones. Barriadas enteras se apiñaban en las cercanías de las nuevas construcciones con aire de lujosas casas-quintas. se ampliaban los caminos. Todo-siempre hacía el este- tomaba un aire espectacular de gran ciudad. Todo un señor barrio nuevo-sureste- con un aspecto poco caraqueño descorrió un día su adolescencia y principió a vivir con aires señoriales: San Agustín. Pero, como para no perder el carácter, la personalidad de nuestra ciudad, a pocos pasos, surgió El Conde, con una leyenda de aparecidos totalmente destruida, y con todos sus árboles completos (los árboles son la frescura de Caracas). Y un poco más allá, como un puente entre dos ciudades, la que lentamente crece y viene del este y la que emana la mejor historia de nuestra Venezuela, Los Caobos, que a estas horas, por tener o resumir todas las características de modernidad y tradición  va a ser- lo va siendo- el Gran Parque Espiritual de Caracas

Por Domingo Del Valle
Billiken 1935   

domingo, 19 de julio de 2015

A Propósito del cumpleaños de Caracas

Caracas celebra su día el 25 de julio, como todos los años desde que se fundó con el nombre castellano de Santiago de León. Muchos piensan que ese día es el de su fundación en 1567. Lo cierto es que es el día litúrgico de conmemoración al apóstol Santiago, Sanct Iago, Sant Iácobus (en latín),Jacobo (en castellano), James (para los ingleses), patrono de España de tiempo inmemorial, en la acepción de Santiago el mayor, o Santiago Matamoros, venerado en la catedral de la ciudad del mismo nombre.


Caracas celebra pues, el 25 de julio, el día de su santo, el día de su nombre, como era lo acostumbrado entre españoles, que aún hoy día estos celebran el santo de cualquiera que se llame, por ejemplo 'Santiago', pues eso de celebrar 'cumpleaños' es muy reciente en nuestra cultura, venido de países anglosajones protestantes que no creen en santos, y que por celebrar algo, prefirieron la fecha de nacimiento del cristiano a felicitar.

Hemos olvidado esa costumbre de celebrar el santo, y olvidamos también que esa fue la costumbre entre hispanos en Indias durante 300 años, tan normal como ser católico romano o hablar castellano. En Venezuela se celebra el cumpleaños desde mediados del s. XIX, cuando comenzamos a tratar comercialmente de manera intensa a países como los EEUU, Alemania o el Imperio Británico, y dejamos de considerar válida la cultura y costumbres de nuestros antepasados españoles, por rancias y caducas.

Todo este panorama entre cumpleaños y santos, en el caso de nuestra ciudad, lleva a equívoco en cuanto a su fecha de fundación.

Santiago de León no se funda un 25 de julio, ni tan siquiera en 1567, lo hace después, cuando logra ser pacificada y allanada la provincia, el 1 de marzo de 1568, al año exacto de la partida de la hueste de Losada de la sabana de Mariara, en Valencia, desde donde comenzó su jornada de conquista. Esa fecha fue la escogida por Losada, quien tenía como mandato (para su tarea de repoblar las dos ciudades que había fundado Fajardo previamente) un año de plazo para hacerlo, según la real cédula que lo ordenaba.

La Carta al Rey que escribe el gobernador Ponce de León el 15 de diciembre de 1567, y que han querido usar como prueba los que defienden la tesis de una fundación de Caracas ese año, no informa de la fundación de Caraballeda ni de Santiago de León, como pretenden concluir, sino de la repoblación de los poblados destruidos por los indios, y da la noticia (que ya tiene Ponce de León) de que Losada 'pretende poblar otros dos pueblos...', o sea, que aún no ha fundado en forma ni oficialmente a Caracas ni a Caraballeda, cosa que hará el año siguiente, en marzo.
En mi trabajo 'La Jornada de Caracas, 1567-1568' se muestra todo esto en detalle y con documentos probatorios: Caracas celebra el 25 de julio su onomástico religioso, mas se funda en 1568. Pero en resumen, dejando a un lado estos detalles historicistas, que en el fondo son bizantinismos, diré como todos los que amamos esta ciudad: !Feliz día Caracas!

Por el Prof. Juan Gant-Aguayo

miércoles, 15 de julio de 2015

Los jardines de El Valle


En la revista Elite de noviembre de 1930, conseguí este hermoso material sobre  "Nuevas Barriadas" que estaría construyendo el General Juan Vicente Gómez en las cercanías de El Valle.
Nuestro apreciado amigo Vallero Alfonso Mijares nos expresa: " Los Jardines de El Valle fue desde su origen una urbanización que nació planificada. Comenzó a construirse en 1928 aproximadammente. El gobierno de Juan Vicente Gómez, fue comprando grandes lotes de tierra a las grandes haciendas de caña que por ahi existian, para construir las casas. Que durante algunas decadas convivieron con el gran paisaje rural que había en lo que hoy es el Fuerte Tiuna."


Las urbanizaciones: casa-quintas de hermoso diseño, recién constituidas en la linda barriada de Los Jardines, en las proximidades de El Valle, futuro perímetro de mil novecientos cincuenta

fachada y patio de una linda casita de Los Jardines, en las cercanías de El Valle, cuyas líneas sencillas y alegres saltan a un paso en el claro conjunto de la barriada.
Foto Juan Avilán

sábado, 11 de julio de 2015

Turistas en la Caracas de los años 30

Imágenes inéditas que fueron aportadas al grupo Caracas en retrospectiva,  que muestra algunas Esquinas de la Caracas de 1930,  la vida diaria transcurriendo en la esquina de La Bolsa, vemos el Mercado de San Jacinto o Plaza el Venezolano, las paradas de taxis  y coches en las esquinas de padre Sierra y en Caño Amarillo, vemos parte de la Villa Santa Inés. Realmente es un recorrido que nos transporta al tiempos de nuestros abuelos, y, evocan tiempos que nos dan una agridulce sensación de nostalgia o una ansiedad infinita, como bien lo expresó  Guillermo Meneses   

"Caracas es un hermoso sitio de la tierra, un hermoso sitio para la vida y para el hombre. Lo he escrito una y mil veces. Hasta he llegado a imaginarme y a decir que el caraqueño es un hombre de montaña que lleva dentro su sueño permanente del mar. Y un hombre así posee condiciones de excepción en el mundo. Es, en cierto sentido, completo en sus contradicciones: montañés de bruma y horizonte de cerros verdes, pero también costeño que siente el mar como una ansiedad infinita" 


Jóvenes de la época, quizás van camino a Sabana Grande o Los Chorros. 

Esquina La Bolsa 

El Capitolio / Parte Sur del Palacio


Villa San Inés/ Parada de Taxis 

Niños en el Mercado de San Jacinto

Comerciante y Turista  en el Mercado de San Jacinto 

Plaza  El Venezolano / Pedestal de Antonio Leocadio Guzmán 

Mercado de San Jacinto 

Universidad Central de Venezuela 1930 

Universidad Central de Venezuela 

Cochero en la esquina de la Bolsa 

El Guaire 

Caño Amarillo/ Parada de taxis 1930