jueves, 24 de julio de 2014

Los Pavitos ( años 50)

Las "pavitas" tienen varias aficiones: las zapatillas "aladino", la falda de
muñequitos, el armador y las medias tobilleras. Casi todas llevan su diario íntimo 

"Los pavitos son “arroceros”  por naturaleza y fiesteros por esencia. Los tocadiscos los atraen como la luz a las mariposas. Viven de las “movidas” que en su jerga particular tienen las acepciones de fiesta, arroz, paseo, cita” (ver adelante el diccionario de los “pavos”)
Se les encuentra en bandadas a las puertas de las radios y televisoras esperando ver a sus ídolos  favoritos. Porque no se puede ser pavo sin tener admiración rayana en fanatismo, por un cantante o cualquier artista, sea Lucho Gatica, Alfredo Sadel o Elvis Presley. Los pavos de todo el mundo lloraron el día que supieron de la muerte de James Dean. Pero ya han aparecido otros que lo han remplazado. El más reciente ídolo de los pavos parece ser el joven actor norteamericano Sal Mineo.
Sintiendo verdadera furia por el baile los pavos muestran una habilidad especial para aprenderse los últimos ritmos de moda, llámense rock-and-roll, cha-cha-cha, o “lindy”. Habilidad que ya quisieran sus profesores tuvieran con las materias de estudio. Porque no es necesario notar que los pavos  no son muy amantes ni del estudio ni del trabajo. 

Naturalmente que aún entre los pavos hay diferencias. Los hay del “high life” que se la pasan corriendo en veloces carros deportivos europeos preferentemente, con el escape abierto a propósito, para hacer ruido y así llamar la atención. Hay, también pavos proletarios. Pero a todos los distingue el afán de exhibicionismo. Porque el día que un pavo no llame la atención por su última camisa o su nuevo carro deportivo se muere irremisiblemente. 

¿Cómo se explica el fenómeno de los pavos?  Producto de las grandes Ciudades, el pavo es resultado de la vida moderna, muelle y superficial en muchos aspectos, de la influencia norteamericana entre nosotros y de otros factores más complejos. No es necesariamente un espécimen negativo, apuntan sociólogos y  psiquiatras. Es preferible que en la pubertad o en la adolescencia, las gentes expresen libremente sus gustos y se liberen de ese lastre de superficialidad que acompaña casi siempre a esta etapa de la vida. Cuando crezcan, ellos por su propia cuenta dejarán sus pavadas.  Esto no quiere decir, sin embrago, que haya tipos que en su manera de pensar y de actuar, continúan siendo pavos una vez pasada la edad del sarampión juvenil, y sigan siéndolo hasta que se mueran. 
Lo más "chevere" según su propia expresión, que puede poseer
un pavo , es un carro, y si es del tipo deportivo,
como de la foto, no puede imaginar mayor satisfacción. 
A los “pavitos” de Caracas no les ha faltado quién los inmortalicen en la prensa. El dibujante Montilla, asesorado por los textos de “Lumute”( su verdadero nombre Luís Muñoz Tebar) son los creadores de una tira cómica basada en el popular espécimen capitalino. Al principio tropezaron con un problema el “pavito” no estaba bautizado. ¿Qué nombre ponerle? Para dilucidar tan grave asunto, llamaron a un concurso en las páginas donde aparece la tira, la Revista humorística “EL GALLO PELÓN”. ¿Cuál es el nombre más pavito que existe?  Centenares de sugerencias llegaron por correo. Hubo una que alcanzó mayor victoria, el nombre de: “Freddy”. Y  Freddy fue llamado desde entonces el “pavito” creado por Lumute y Montilla. 
Los pavitos también tienen su modo especial de hablar
El “argot” o manera característica de hablar de los pavos caraqueños ha sido también recopilado  por Lumute y Montilla, autores de la tira cómica “el pavito”  he aquí las palabras y frases que frecuentemente emplean ellos, publicadas en “El Gallo Pelón”  
Lumute y Montilla son los autores de la tira cómica "El Pavito".Al dibujante Montilla ,
por sus camisas chillonas y su copete, se le puede considerar como
un ex-pavo. Hoy es padre de familia. 


FU: Adecentada expresión de la palabra “Fo” se aplica a las cosas fastidiosas o que son de pavos. Ej. “Ese tipo es fu”…
TARTARA: Mujer medio bandida o bandida y media. Ej. “voy a visitar a una tratarina”  
LLAVE:   Hermano, muy amigo. Expresión entre íntimos. Ej. “ Que es lo suyo, mi llave…?  
CANOAS: Calificativo que se aplica a los patos.  Ej. “Me comprobé unas canoas de gamuza, cheverísimas”…
ME PINTO: Algo así como “Me voy” “chao””arrivederchi” “Estoy ido” “Nos vimos” 
MOVIDA: Fiesta, arroz, paseo, cita. Algo con buenas perspectivas. Ej. “Esta noche tengo una movida catedrática, pues...”
CHEVERE: Expresión superlativa de bueno. Ej.”Mi novia es chévere” 
LA ROCA: En ese empeño por darle a todo nombre, el buen pavo llama así al carro. Es un simple traspapelo de silabas. 
LA GRAMA: Este es uno de tantos nombres que se le aplica al pelo, generalmente no muy liso que digamos, Ej. “tengo la grama alborotada, voy a tener que afeitarme”..
CALICHE: Ropa, flux, traje. Ej. “No me toques que me ensucias el caliche” 
PARGO: Tipo medio raro. Ej. “No hombre, si ese tipo es un pargo.. Es fu pues. 
PARARRAYO: Copete, promontorio de pelos en la cabeza Ej. A ese pararrayo suyo le roncan…  
RECHONCHO: tipo pesado. Más que tu, Ej. “Anoche vi a la vieja rechoncha de la esquina….”
MARABUNTA: Pelo, cabello, melena, ejemplo: “Tengo la marabunta en guerra” 
APACADERO: Cubil, lugar en que siempre se encuentra. Ej. “Me encuentras en mi apacadero... Tú sabes, en el callejón”…
JEVA: Muchacha, mujer. Viene de Eva, la primera mujer Ej. “Tengo una jeva por allá en la Pastora, que me trae de un ala….” 
ESPANTO: Expresión de algo muy bueno. Ej. “Esa muchacha tiene un cuerpo de espanto” 
BOTADO: Dícese del que está bien, Ej. “Oye mi llave, está botado con la tártara esa “…
PELOTAZO: Demostración de agrado, encerrada en una mirada. Generalmente viene de ellas a ellos. Ej. “¿Te fijaste los pelotazos que me lanzó la jevita de pantalones…” 
ACORDEON DE BILLETES: Dícese de un montón de billetes juntos, Ej. “Vámonos con Pedro que siempre tiene un acordeón de billetes”…   



La mayoría de los pavos son adolescentes , pero hay tipos,
como Renny Ottollina, por ejemplo, que en su
aspecto serán pavos de toda la vida.


El Copete 


Zapatos extravagantes 

Bandadas de pavitas se aglomeran en la estación de televisión
para ver de cerca sus ídolos : Lucho Gatica  


Fuente: 
Por Cristóbal Rodríguez Oberto
Fotos de Leo Matiz y Garmendia / Elite 1958 

Ventanas caraqueñas

En vísperas  a la celebración del cumpleaños 447 de la "Fundación" de Caracas, comparto con ustedes, una serie de artículos  que he ido transcribiendo sobre la Caracas vieja. 

Desde el mirador colonial 
a los ojos nuevos de la ciudad 

“Las ventanas caraqueñas se fugan del paisaje. Apenas si algunas cuantas asoman a las calles altas de la ciudad, dónde todavía resta un poco de tradición, en los sitios que no ha llegado la piqueta iconoclasta y los edificios nuevos no se proyectan hacía lo alto, aventados en una angustiosa, desesperada persecución de espacio. 

Las ventanas caraqueñas asoman hoy sus ojos en una nueva fisonomía de la ciudad. Y son diferentes de las anteriores. Estas no tienen altos, elevados balaustres, ni rematan en decantadas volutas o arcos de medio punto. Como también ríen picarescamente tras la gracia escondida de las romanillas,  que antaño les prestaran su precisa dosis de intriga y espectación.   
Hoy los postigos no son párpados cerrados a la curiosidad ciudadana, sino cristales abiertos a los ojos de la ciudad. Por ellos entra el mundo a los apacibles valles interiores como las pupilas que velaban tras la romanilla se asomaban en otras épocas a la muda contemplación del mundo, coronadas, acaso, por un sabio monólogo interior. 

Hoy las ventanas caraqueñas se fugan hacía el desván de los recuerdos, donde hay un marco más propicio para su anhelo de inmensa, definitiva espectación, y se queda viviendo, perennemente ansiosas, al lado de los retablos obscurecidos, pero situadas en su justo lugar, sobre la cursilería churrigueresca de los dorados y las molduras, entre la pátina venerable, nimbada de tristeza de la pintura de mano esclava, llena de poesía y de dolor. 
Y se velan tras las altas, alfileradas rejas, como lo hacían antaño los ojos chispeantes de las criollas, en los balcones asomados al aire, perdidos también hoy en la distancia del recuerdo  como en una suave penumbra crepuscular.
Las ventanas caraqueñas se fugan del paisaje, se vuelven hacía dentro, y aún quedan, una que otra, decorando las calles, como palabras  sueltas de un lenguaje anterior.      
Ventanas de la Colonia
Imagen aportada a Caracas en retrospectiva S/F

Aportada a CER S/F

Las ventanas coloniales de Caracas, al comienzo, eran unas simples tragaluces, claraboyas que apenas dejaban entrar la luz del sol, abiertas en altos, blancos muros encalados, que desde su altura dejaban resbalar los ojos por sobre las cosas sin mirarlas, y en verdadera función de celosías no permitían que su eco violara el recinto interior. 
Después, al florecer de la Colonia, despuntaron en los muros  verdaderas ventanas, bajo el sombreado reparo de los aleros- hijos de tejares asturianos y extremeños- y se hicieron  aladas las rejas, ante calladas hojas opacas y plegadas  como alas de torcaz. 
Fueron entonces las ventanas  oído abierto a la serenata y a la frase de amor; pero, siguiendo  en su papel de celosías, velaban rejas, postigos y macetas floridas para ocultar entre flores y maderas el resplandor propicio de los ojos luminosos de las criollas, acogedores, cálidos, sabios en las lides galantes, duchos en el mirar. 
Y nacieron los balcones alados, abiertos a los aires, hasta donde llegaba el ruido comercial del piso bajo, las risas sonoras de las jóvenes esclavas que tejían la cocuiza como crinejas rubias, el repicar de cascos de las recuas, cargadas, sudorosas, que volcaban en los graneros las almendras morenas de cacao, la risa blanca y apretujada de las mazorcas. 

Balcones o miradas, los nombraron, hoy podemos llamarlas miradores, pues los que conocemos de las casas antiguas, a lo largo y a lo ancho pueden contemplar los horizontes de la ciudad. Florecieron las rejas andaluzas y reminiscencias moriscas, balcones asomados al aire,  miradas que recordaban minaretes recortados sobre el panorama, definidos en las voces del viento, sobre las altas brisas que circundaban la ciudad. 

Unas y otras se fueron. Sobre esas mismas brisas, ventanas y miradas elevaron su vuelo, y ahora se nos escapan del paisaje, perennemente en fuga, batiendo hacia el recuerdo silencioso sus opacas, desgastadas maderas, cual despegadas alas de torcaz." 
          



Fuente: La data se traspapeló, podría ser de Billiken 1946-1947
Transcrito el artículo, menos el último párrafo que es ilegible.

lunes, 21 de julio de 2014

Costumbres Caraqueñas a través del cementerio

La vida del caraqueño de finales del siglo XIX experimentó cambios significativos durante el primer gobierno de Guzmán Blanco (1870-1877). La incorporación de un eficiente servicio de aguas, el inicio de la utilización del alumbrado eléctrico, la construcción de bulevares, teatros, parques, plazas, y de un Cementerio General, acompañado del primer carro fúnebre a caballos, la primera máquina de moler maíz, y algunas fábricas, incidirán notablemente en algunos aspectos de la vida cotidiana. La ciudad estará plena de obras arquitectónicas y contará con una serie de importantes servicios. Al respecto señala Yépez (1998) que en los años próximos al siglo XX “... la cuidad comenzaba a estirarse y a romper la costura de sus calles, que se alargan y se empatan con otras nuevas y aumenta la demanda de más y mejores condiciones sanitarias la tranquilidad política, que de alguna manera se había alcanzado y la modalidad de nuevas políticas sanitarias ayudaban al nuevo ambiente capitalino. El lento crecimiento de la capital, en su camino hacia el progreso ya estaba plasmado en la vida diaria del caraqueño”.
Y es precisamente ese crecimiento paulatino de la capital el que traerá consigo la construcción del Cementerio General al Sur de la ciudad, en el caserío del Rincón del Valle. 


LOS CAMPOSANTOS A LAS AFUERAS DE LA CIUDAD

El espacio rural que conformaba al Rincón del Valle, dedicado al cultivo de caña de azúcar y otros rubros agrícolas pasará a ser la sede del nuevo camposanto, que no sólo sería concebido como la última morada de los difuntos, sino como un lugar de esparcimiento, Merola (1987) acota que “siendo este un jardín público, era lógico esperar que hubiera esmero y cuidado en el mantenimiento del mismo”.
Por otra parte, la incorporación del Rincón del Valle a Caracas sería un hecho, pues para 1875 ya formaba parte de la parroquia Santa Rosalía y no del Valle, según Cobos (2007) “Este tipo de dictámenes fueron el inicio de otras disposiciones más amplias de irradiación urbanística, las cuales tenían el propósito de ensanchar los limites tradicionales citadinos”.
Los camposantos en las afueras de la ciudad por cuestiones sanitarias dieron pie a una serie de decretos y ordenanzas en Europa que sirvieron de modelos para los cementerios públicos presentes en Latinoamérica para el siglo XIX. Por ello no resultan extrañas las coincidencias que pueda tener el camposanto del sur con los presentes en ciudades como Lima, Ciudad de México, Guayaquil, Bogotá. Silva (2007) resalta que “Son similares las formas funerales y enterramientos, la introducción de medios de transporte modernos entre las dos ciudades, las de los vivos y las de los muertos, el origen europeo de estatuaria y mausoleos, así como la reseña de los cementerios y el florecimiento de una literatura necrológica en las publicaciones ilustradas de las capitales latinoamericanas” .


                  

  Fotos de Abilio Rangel Gil del Cementerio General del Sur  1935

  Fotos de Abilio Rangel Gil del Cementerio General del Sur  1935


EL CEMENTERIO – JARDIN – MUSEO

La construcción de este camposanto-jardín como se sabe, permitió además la existencia de un espacio único en la capital, elegido para ser el lugar de descanso eterno de todos los caraqueños, en donde la diferenciación social se hizo evidente al momento de enterrar y adornar la última morada del difunto. La presencia de obras de escultura funeraria en las familias más pudientes de la capital se hizo cada vez más evidente dentro del camposanto, para Cartay (2003)“ El monumento funerario capturaba el espíritu del fallecido y lo dejaba expuesto en piedra permanente a las generaciones futuras (...) algo de eso tenían nuestros monumentos funerarios, que, eran en realidad, casi siempre copias de monumentos existentes en los cementerios de Milán, Génova y de otros del norte de Italia, ordenados a firmas establecidas en Caracas” .
Lo que quiere decir pues, que con la inauguración del nuevo camposanto y la concepción que se tenía del mismo, la cotidianidad del caraqueño de alguna manera se vio afectada, ya no tendría que acudir al cementerio del norte de la ciudad (los hijos de Dios) y el acto de enterrar al difunto variará sobre todo en aquellas familias que además de llevar a su ser querido trasladado en carretas fúnebres, podían dar a la tumba de su deudo un sello personal que permitiera identificar a este o a su grupo familiar. La elaboración de esculturas y rostros de los difuntos favoreció el comercio de las marmolerías presentes en las adyacencias del cementerio, lo que contribuyó en conjunto con otras actividades vinculadas a la necrópolis al crecimiento poblacional del Rincón del Valle.
Escultores famosos de la talla de Pietro Ceccarelli, Chellini, Francisco Pigna, Ventura, Morini, Julio Roversi y Emilio Gariboldi, (que tenía, según Montenegro (1997) una marmolería artística en el en el centro de la ciudad, entre Mercaderes y Municipal).

La presencia de panteones familiares, contribuyó a darle al cementerio una imagen más agradable aún, acorde con lo que se buscaba al momento de su creación. Cañizales (2006) señala al respecto que en la actualidad existen 2800 declaradas patrimonio artístico de la nación
“De allí que especialistas en la materia temen que con la medida de cierre se perdería esa condición de patrimonio artístico”.

El camposanto llegará a ser pues, un lugar en donde se presentan obras de arte que a pesar de ser privadas pueden ser disfrutadas por el colectivo. Necrópolis, jardín o museo, la morada final de los difuntos caraqueños exaltaría a través de la belleza de los panteones el lugar de descanso de las familias más pudientes, quienes comprarán lotes de terreno para asegurar la colocación de obras de arte en los lugares de descanso de sus familiares.


SOBRE REGLAMENTOS Y PLANOS.

Según el reglamento del Cementerio publicado en el Diario “La Opinión Nacional” de fecha 08/07/1876, en la sección tercera, artículo 18 que “Las ventas de terreno se harán por el Consejo Municipal y podrán traspasarse y sucederse como cualquier propiedad”. Sin embargo, tomando en cuenta que el cementerio no era sólo morada de familias pudientes, sino también del público en general, se estableció un límite en la venta de lotes, como establece el artículo 20 del mencionado reglamento: “No podrán hacerse concesiones perpetuas o venta de terreno, sino hasta la extensión de veinticuatro hectáreas en totalidad de la parte plana del cementerio, ni podrá venderse a una misma persona más de diez y seis metros cuadrados de esa parte, pues siempre debe quedar para el público, sin poderse enajenar, por lo menos diez y seis hectáreas de terreno, calculándose que se requieren tres hectáreas para una población de seis mil almas” .
Unido a esto se encuentra el trazado realizado en el plano del camposanto. Siguiendo la influencia francesa, este cementerio laico estaría compuesto principalmente por cuatro cuarteles y dos grandes avenidas (norte y sur) cada una de cuatro metros, que dieron inicio a la expansión del mismo, en donde, según Silva “...hacen evidente un sistema racional en que se diferencian formas de enterramiento, que luego resultarán en la jerarquía de sepulturas y áreas nobles identificables en el recinto (...) tendrían influencia en el valor de los terrenos”. Con respecto a los límites iniciales, Montenegro (1989) acota que “El ámbito de Tierra de Jugo, solo se había cercado en su límite noreste, ya que los otros puntos cardinales estaban cerrados por la ceja natural de las colinas que le hacían de anfiteatro” (p.4). El plano original del camposanto, según entrevistas e investigaciones realizadas se encuentra extraviado. Sin embargo, a través de la observación del mismo y de la revisión de los planos de la ciudad, se puede tener una idea de su crecimiento y expansión, que se realizó principalmente hacia el lado sur del mismo.

Fuente :  Comunidad de usuarios y amigos del Cementerio General del Sur

Algunas costumbres del caraqueño vista a través del cementerio

VELORIOS, ENTIERROS Y OTRAS COSTUMBRE

”  Anterior a la existencia de agencias funerarias en la ciudad, era una práctica común velar al difunto en su casa, según Michelena (1997) la muerte era vista como un “entretenimiento social en el que se reunían los parientes y amigos” debía ser esto un trabajo adicional para los familiares del muerto, puesto que a la par de cargar con el dolor por la pérdida del ser querido, debían atender a los amigos, conocidos y parientes lejanos que se acercaban a darle el ultimo adiós a su difunto. Y es que hay que destacar que a pesar de que la primera agencia funeraria según Michelena (1997) se funda en 1849, que además contemplaba el transporte del cadáver y el aviso a los familiares del mismo a través de tarjetas que eran llevadas a las casas personalmente, este era un servicio solo para los ricos.

El traslado del difunto hacia el camposanto también variaba según el poder adquisitivo de sus familiares. Si el muerto provenía de una familia adinerada, este era llevado en un coche tirado por caballos a la iglesia y de allí al cementerio (recuérdese que para el septenio se estrena este tipo de transporte para los cadáveres) el cuerpo era trasladado de la urna en donde fue velado a otra menos lujosa dispuesta para el entierro. En el caso de los pobres, estos eran trasladados en andas por sus parientes y/o amigos, aunque en un principio era costeado por la iglesia, y luego, según Cartay (2003) “...por la Municipalidad o una institución benéfica llamada el ´Tributo a los pobres´ fundada el primero de junio de 1880” (p.329) la urna en la que se trasladaba el cuerpo era dada en condición de préstamo, por lo que una vez llevado al cementerio, el cuerpo debía ser depositado en la fosa y la urna devuelta.

El tiempo de luto establecido dependía del grado de cercanía que se tenía con este. Por ejemplo, si eran los padres de una persona, esta debía guardar, según Cortina (1976) de 5 a 6 años, hermanos o tíos 3 años, abuelos 2 ó 3 años, primos 1 año y familia lejana o amistades 6 meses.

Una vez enterrado el deudo, la visita al camposanto constituía otro acto propio de la cotidianidad de los habitantes de la ciudad.
Sin embargo, cabe resaltar que la presencia del nuevo camposanto significaría un cambio con respecto al arreglo personal que llevaran los deudos de los difuntos al cementerio en días de visita, sobre todo para el dos de noviembre, fecha de los fieles difuntos.

Cloto (1896) citado por Silva señalaba con respecto a este acontecimiento que:
Caracas parece hoy un cementerio. En vísperas del día de difuntos no hay tienda de modas, almacén y quincallería que no parezca un cuartel de Tierra de Jugo, por la profusión de coronas, palmas y otros emblemas mortuorios (...) La bicicleta ha hecho su debut en Tierra de Jugo, a donde han ido muchos ciclistas como si se tratara de correr cintas en el pueblo...(p.192).


Cortejo fúnebre pasando juntamente por la Esquina Caraqueña, en El Valle. 
EL LUTO

El tiempo de luto establecido dependía del grado de cercanía que se tenía con este. Por ejemplo, si eran los padres de una persona, esta debía guardar, según Cortina (1976) de 5 a 6 años, hermanos o tíos 3 años, abuelos 2 ó 3 años, primos 1 año y familia lejana o amistades 6 meses.
Y es que ante un tiempo de luto tan largo, en donde además de la vestimenta negra y la no asistencia a bailes ni a reuniones sociales, unido esto al cierre de puertas y ventanas de las viviendas en donde se encontraban los deudos y a la suspensión de cualquier actividad como clases de danza o piano, era lógico pensar en esta fecha como una oportunidad para poder salir y distraerse un poco de esa vida llena de extremo recato, que duraba meses o años.
Podría decirse en este sentido, que el cementerio significaba pues un lugar en donde convergían distintas familias en momentos especiales dentro del año.

Nadie mejor que Aquiles Nazoa para reflejar un velorio caraqueño 
AMOR, CUANDO YO MUERA

Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda,
ni llores sacudiéndote como quien estornuda,
ni sufras «pataletas»
que al vecindario alarmen,
ni para prevenirlas compres gotas del Carmen.

No te sientes al lado de mi cajón mortuorio
usando a tus cuñadas
como reclinatorio;
y cuando alguien, amada, se acerque a darte el pésame,
no te le abras de brazos en actitud de ¡bésame!

Hazte, amada, la sorda cuando algún güelefrito dictamine,
observándome, que he quedado igualito.
Y hazte la que no oye ni comprende ni mira
cuando alguno comente que parece mentira.

Amor, cuando yo muera no te vistas de viuda:
Yo quiero ser un muerto
como los de Neruda;
y por lo tanto, amada, no te enlutes ni llores:
¡Eso es para los muertos esülo Julio Florez!

No se te ocurra, amada, formar la gran «llorona»
cada vez que te anuncien que llegó una corona;
pero tampoco vayas a salir de
indiscreta a curiosear el nombre que üene la tarjeta.

No grites, amada, que te lleve conmigo
y que sin mí te quedas
como en «Tomo y obligo»,
ni vayas a ponerte, con la voz desgarrada,
a divulgar detalles de mi vida privada.

Amor, cuando yo muera no hagas lo que hacen todas;
no copies sus estilos, no repitas sus modas:
Que aunque en nieblas de olvido quede mi nombre extinto,
¡sepa al menos el mundo que fui un muerto distinto!


Fuente: Comunidad de usuarios y amigos del Cementerio General del Sur ( facebook) 
Poema Aquiles Nazoa

sábado, 19 de julio de 2014

La caraqueña de 1946

Mayo de 1946 Plaza Bolívar

Raúl Urbina LLanos ha enviado esta maravillosa imagen a nuestro correo

De izquierda a derecha
1) Josefina flores
2) Esperanza llanos
3) Carmen llanos
4) Fortuna..?
5) Carlota llanos.




Lista De Conquistadores De Caracas, 1723

A la letra, la lista del cronista e historiador Oviedo y Baños, publicada en su obra Historia de la Conquista y Población de la Provincia de venezuela, es la que sigue:
"Fueron, pues, los conquistadores que entraron con Losada los siguientes:

Don Francisco, Don Rodrigo y Don Pedro Ponce, hijos del Gobernador
Gonzalo Osorio, sobrino de Losada
Gabriel de Ávila, alférez mayor del campo
Francisco Maldonado de Armendáriz, natural del reino de Navarra
Francisco Infante, natural de Toledo
Sebastián Díaz, de San Lúcar de Barrameda
Diego de Paradas, del Almendralejo
Agustín de Ancona, vasallo de la iglesia, natural de La Marca
Pedro Alonso Galeas, del Almendralejo
Francisco Gudiel, de la villa de Santa Olalla, en el arzobispado de Toledo
Alonso Andrea de Ledesma
Tomé de Ledesma, su hermano
Francisco de Madrid, natural de Villacastín
Bartolomé de Almao
Sancho del Villar
Cristóbal Gómez
Miguel de Santacruz
Juan de Gámez
Martín Fernández de Antequera
Marcos Gómez de Cascajales
Cristóbal Cobos, hijo de Alonso Cobo, el que mató a Fajardo
Diego de Montes, natural de Madrid
Francisco Sánchez de Córdoba
Martín de Gámez
Pedro de Montemayor
Don Julián de Mendoza
Miguel Díaz, natural de Ronda
Andrés Pérez
Rodrigo del Río
Rodrigo Alonso
Francisco Ruiz
Pedro Rafael
Juan Gallegos
Pedro Cabrera
Cristóbal Gil
Alonso Ortiz, escribano del ejército
Alonso de Salcedo
Juan Álvarez
Vicente Díaz
Pedro Mateos
Antonio Rodríguez
Francisco Román Coscorrilla
Martín Alfonso
Alonso de León
Alonso Ruiz Vallejo, natural de Coro
Melchor Gallegos
Juan Cataño
Gonzalo Rodríguez
Bartolomé Rodríguez
Cristóbal de Losada, natural de Lugo
Francisco de Vides
Esteban Martín
Diego de Antillano
Pedro García Camacho
Domingo Baltasar
Gonzalo Clavijo
Miguel Fernández
Baltasar Fernández, su hermano
Gregorio Ruiz
Juan Serrano
Diego de Henares
Juan Ramos Barriga
Simón Giraldo
Lope de Benavides
Juan Fernández de León
Alonso Gil
Juan de San Juan
Duarte de Acosta
Damián del Barrio, natural de Coro
Gaspar Tomás
Andrés de San Juan
Juan Fernández Trujillo
Pedro García de Ávila
Melchor Hernández
Alonso de Valenzuela
Domingo Giral
Pedro Serrata
Juan García Casado
Juan Sánchez
Hernando de la Cerda
Pablo Bernáldez
Pedro Álvarez Franco
Antonio de Acosta
Juan Bautista Melgar
Sebastián Romo
Juan de Burgos
Francisco Márquez
Alonso Viñas
Andrés Hernández
Francisco Agorreta
Antonio Pérez Africano, natural de Orán
Gaspar Pinto
Diego Méndez
Juan Catalán
Alonso Quintano
Gerónimo de Tovar
Juan García Calado
Francisco Guerrero
Francisco Román
Gonzalo Pérez
Pedro Hernaldos
Andrés González
Gregorio Gil
Francisco Rodríguez
Manuel López
Francisco Pérez
Francisco de Saucedo
Juan de Angulo
Francisco de Antequera
Antonio Pérez Rodríguez
Gregorio Rodríguez
Maese Francisco Genovés
Francisco Tirado
Antonio Olías
Melchor de Losada
Gerónimo de la Parra
Juan de la Parra, su hermano
Justo de Cea
Pedro Maldonado
Abrahán de Cea
Francisco de Neira
Francisco Romero
Manuel Gómez
Gerónimo de Ochoa
Bernabé Castaldo
Maese Bernal italiano y
Juan Suárez, a quien llamaban el Gaitero.
Estos son los que de la confusión del olvido ha podido sacar a luz mi diligencia, sin que de los restantes haya dejado el tiempo, ni aún sombra de su memoria“.
Faltan notoriamente, en esta lista, el capitán Damián del Barrio y sus hijos Pedro del Barrio y Francisco Mateos del Barrio, según testimonios coetáneos fehacientes. Aunque Oviedo hace a Gerónimo de la Parra y a Juan de la Parra hermanos en su lista, en realidad eran padre e hijo, respectivamente. Algunos afirman que Alonso Martín Camacho participó también en la conquista de Caracas. Pudieran agregarse también Alonso Ramírez, Hernando de las Viñas, Francisco Sánchez de Alvarado, Domingo Blas, Miguel de Morillo, y los curas Baltasar García y Blas de La Puente. Alonso Ramírez es mencionado por su nieto Juan de Salas como partícipe de las conquistas de Trujillo y Caracas . Hernando de las Viñas declaró en 1572 estar con Losada en la costa cuando aportó a Maiquetía el corsario Nicolao Valier. Domingo Blas recibe encomienda de Losada. Francisco Sánchez de Córdova declarando como testigo, en 1589 incluyó entre los aun vivos de los conquistadores que entraron con Losada a Gerónimo de Antequera, quizás el nombre real del Francisco de Antequera, de Oviedo. El cura Blas de la Puente se hace cargo de la iglesia de Barquisimeto en 1580.

Fuente: https://www.facebook.com/CaracasLaDeLosTechosRojos?fref=ts

La Casa del Italiano Juan César en Veroes Noroeste, 1605



Carta de contrato para enmaderar la casa de Juan César: 
'Sepan cuanto esta carta de obligación y concierto vieren, como nos, Francisco de Medina, oficial de carpintero de la una parte, y de la otra, Juan César, vecino desta ciudad de Santiago de León, provincia de Caracas, otorgamos y conocemos por esta presente carta y decimos que somos convenidos y concertados en esta manera:

En que yo, el dicho Francisco de Medina, me obligo a favor del dicho Juan César a le enmaderar toda la casa en que al presente vive, para que la pueda cubrir de teja, y ponerle toda la madera a mi costa, labrada suficiente para que esté cubierta de la dicha teja, y hacerle y enmaderarle un alto encima de la tienda que al presente tiene el dicho Juan César, del tamaño de la dicha tienda, y una despensa; enmaderada el dicho alto de alfajía, y la madera de la dicha casa ha de ser redonda la de lo alto del dicho techo de la dicha casa, y la demás, a esquina viva, a como es uso y costumbre hacer en las demás casas de teja que se hacen en esta ciudad, y se entienda que la dicha despensa ha de ser alta y baja.

Y así mesmo, ha de enmaderar el corredor de la dicha casa, según y de la manera que dicho es, poniendo el dicho Francisco de Medina toda la madera necesaria, a su costa, en la casa del dicho Juan César; y la madera ha de ser buena de recibir, cortada en menguante y no en creciente.

Y ansí mesmo se obliga de hacer una ventana para la sala, de siete cuartas de alto; y otras dos ventanas, una de cinco palmos y otra de tres y medio, todas tres de reja, boleadas y torneadas, con sus puertas.

Y ansí mesmo ha de hacer un balcón en el alto, de 2 varas y media, con sus puertas y torneado, y cubierto por arriba de tablas.

Todo lo cual dicha obra ha de hacer el dicho Francisco de Medina, poniendo toda la madera que fuere necesario para ella y para una escalera que asi mismo ha de hacer para subir al alto, todo a costa y minción del dicho Francisco de Medina, sin que el dicho Juan César sea obligado a dar mas que unos que le ayuden a subir la madera a lo alto para enmaderar la dicha casa.

Y para la enmaderar toda la dicha casa se obliga a hacer dentro de diez meses, que corran y se cuenten de la fecha desta, acabada toda la dicha obra según y de la manera que dicho es, a vista de oficiales y de buena obra; y para el dicho tiempo, como dicho es, se obliga de dalla acabada, donde no, que el dicho Juan César pueda tomar oficial a su costa...'

La obra se contrató por 167 pesos de oro, la mitad en ropas y la mitad en harinas.

Alfajía: Cada uno de los maderos que se cruzan con las vigas para formar la armazón de los techos.
La imagen corresponde a parte de una sección o corte longitudinal de una casa del s. XVIII tomada de 'El Continente de Papel'.

Fuente: 
Caracas la de los techos rojos
Publicado por Juan Gant-Aguayo

ESQUINA DE MONJAS SURESTE


El solar de Monjas sureste, al sur de la plaza mayor, donde hoy se localiza el Palacio Municipal de Caracas, sede de su alcaldía, fue otorgado -al momento del trazado de Santiago de León- al capitán Francisco Maldonado de Armendáriz, natural de León (o de Navarra, según afirma Oviedo y Baños). Maldonado había casado desde tiempo atrás con Luisa de Villegas, hija del capitán Juan de Villegas, conquistador, gobernador de la provincia y fundador de Nueva Segovia (luego Barquisimeto) en 1552 y Nuestra Señora de Borburata en la costa. Abuelo en 6to grado del Libertador, muere en 1583, otros dicen hacia 1589. 
Maldonado participó en la conquista y fundación de Borburata (1551), Nueva Segovia de Barquisimeto (1552) y Nueva Valencia del Rey (1555), donde estaba radicado. Es parte de la expedición frustrada a Caracas de Bernáldez, en 1565, donde detiene al mariscal Gutierre de la Peña en el Valle del Miedo, quien se escapa llevándose a los suyos al Tocuyo y haciendo con ello fracasar el intento de conquista. En la Jornada de Caracas, con 37 años, tuvo el cargo de capitán de la caballería. Queda a cargo de la hueste cuando Losada baja a Borburata, antes de iniciar la Jornada. Asiste a la fundación de Nuestra Señora de Caraballeda, y pasa inmediatamente a la fundación de Santiago de León.
En la Historia de Oviedo y Baños, se menciona a Francisco Maldonado como jinete en la batalla de Maracapana de 1567: "... de suerte que en breve espacio, solo quedó en la campaña ...un indio llamado Tiuna, natural de Curucutí, quien con una media espada, enastada en una guaica, desafiaba con repetidas voces a Losada. Hallábase cerca de él Francisco Maldonado, y no pudiendo sufrir su atrevimiento, hizo piernas al caballo, llevando la lanza baja al embestirle; pero al ejecutar el golpe le huyó el indio el cuerpo con tal arte, que pasó la carrera de largo sin tocarle, y sin darle tiempo a devolver el caballo, le tiró con la media espada un bote tan violento, que pasándole las armas, y atravesándole un muslo, lo derribó del caballo, y asegurándole con otro antes que se levantase, le dio otra herida en un brazo; Juan Gallegos, Gaspar Pinto y Juan de San Juan, viendo el aprieto en que estaba Maldonado y recelando no lo matase aquel bárbaro, llegaron con presteza a socorrerlo ..." 
En 1578 era mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento de la Iglesia Mayor. Hijos suyos fueron Juan de Villegas Maldonado, Luisa Maldonado de Villegas o Luisa de Villegas, Juana casada con Diego de Los Ríos y María de Armendáriz, mujer que fue de Francisco Rebolledo. En su casa se registraban ocho indios de servicio hacia 1589, a nombre de su hijo sucesor Juan de Villegas Maldonado. 
Juan de Villegas Maldonado hijo de Francisco Maldonado y de Luisa de Villegas había casado hacia 1591 con Mariana de Medina y Córdoba, hija del contador real Diego Díaz Becerril que habitaba esa misma cuadra, el solar de Sociedad N-O. Francisco Maldonado tuvo solar adicional en Santa Capilla N-O, como manifiesta Garcí González en 1594 cuando dice que ese solar era de Maldonado y que lo vendió al contador Gonzalo de los Ríos.
Hacia 1594 habitaba este solar de Monjas SE la viuda de Maldonado, doña Luisa de Villegas. En 1598 Juan Martínez de Videla, hijo del poderoso Lorenzo Martínez y de Juana Villela, casó con doña Luisa Maldonado, o de Armendáriz, o Luisa de Villegas, su vecina calle en medio al este, pues Juana Villela o Videla y Lorenzo Martínez habitaban el solar de Monjas S-O, el mismo que Juana Villela donaría a su muerte para el convento de monjas que le dio nombre a la esquina. 
A la muerte de Juan Martínez de Videla hacia 1619 sus herederos venden este solar a Domingo Vásquez de Rojas, hombre rico y encomendero de gran cantidad de indios, hijo del conquistador Lázaro Vásquez y de Mariana de Rojas, una de las famosas siete hermanas Rojas que por sus uniones y matrimonios con los conquistadores de Caracas forjaron la élite primigenia de Santiago de León. Su carrera en la política local lo llevó a ser, amén de alcalde y regidor, Maese de Campo de los gobernadores, llegando a discutirle a Juan de Orpín su conquista de los Cumanagotos, que solicitó al rey le fuera concedida en 1633. Casó con una hija de Mateo Díaz de Alfaro, capitán, hijo a su vez del afamado Sebastián Díaz de Alfaro, conquistador de Caracas y fundador de San Sebastián de los Reyes. Por aval para un censo o préstamo en 1638, Domingo Vásquez de Rojas pone como bienes tierras y unas casas, así: "...y mas sobre unas casas principales, con su solar, que son en la plaza de esta ciudad, esquina con el convento de las monjas; y lindan, con casas de don Felipe Villegas, por una parte [E]; por otra, con casas de doña Mariana de Videla [O] y del padre Andrés Álvarez... [S]"
En 1640 Domingo Vásquez de Rojas casa a su hija doña Leonor Jacinta Vásquez de Rojas y Alfaro con el gobernador en funciones Ruy Fernández de Fuenmayor, y le cede este solar y casas, frente a la plaza y frente al cabildo, plaza en medio, yéndose Domingo Vásquez a vivir a Carmelitas suroeste, donde había comprado una casa en 1638 y donde muere pocos años después.
Ruy Fernández de Fuenmayor muere en 1651 en duelo con el no menos decidido Hernando García de Ribas. La casa quedará en manos de la viuda, Leonor Jacinta Vásquez de Rojas hasta que en 1660 esta la dona al obispo Briceño para que sirva como sede al Seminario Santa Rosa de Lima, que este obispo ilustrado intentaba fundar, colegio de estudios superiores y seminario que daría pie a la Universidad de Caracas, madre de la actual Universidad Central de Venezuela. En la imagen casa de 1790 de la Real Compañía de Filipinas en Puerto Cabello.

Fuente:  Caracas la de los techos rojos ( facebook) 
por Juan  Gant-Aguayo
https://www.facebook.com/CaracasLaDeLosTechosRojos 

Una familia oriental

Comparto con ustedes después de un largo tiempo de ausencia,  la imagen y reseña que el Dr. Nicomedes Febres a compartido en las red social "Facebook" espero sea de vuestro agrado. 




 "La foto del día es de una familia oriental a finales del siglo XIX. Asombra que con el calorón la gente se vistiera con tanto trapo y los hombres con saco y corbata. La negrita en primer plano debió ser hija natural de alguno de los señores. En esa época en oriente a cada varón de buena familia le regalaban una indiecita para que lo cuidara, usualmente 3 o 4 años mayor y que sería su compañera y cuidadora, con el tiempo se volvía mujer del joven para evitar que cuando se les alborotaran las hormonas fueran con una mujer de la “mala vida” que con frecuencia tenía sífilis, lo cual era letal a mediano plazo volviéndose locos o paralíticos los hombres. De esa manera, la familia se ampliaba con los hijos naturales tenidos con las indias, los cuales eran parte de la familia extendida. Eran los llamados “parientes” y nunca se les debía hacer un desprecio y si tratarse con afecto. Por eso en oriente persiste una mentalidad tribal alrededor de la figura paternal. Pero quienes siempre mandaban eran las mujeres, como debe ser. Las lealtades y alianzas eran la norma, también las confrontaciones entre familias poderosas. Las grandes damas estaban pendientes de “sus” indias, a las cuales cuidaban con esmero, casi como unas hjas." 

sábado, 8 de febrero de 2014

Las Cervecerías



A la cervecería Strich siguió la de A.J. Donzella, situada de principal a Conde, la misma que funcionó hasta que se extinguió hace más o menos tres lustros de Principal a Santa Capilla. Fue la que puso de moda “La lisa” y la “media lisa” de sifón y tuvo siempre su clientela numerosa. Había bebedores que hablaban en “lisas”, para referir cuánto dinero llevaba en el bolsillo o lo devengaban como sueldo. Así que el que contaba con un fuerte en el bolsillo decía a su compañero o compañeros de tragos: “Tengo para diez lisas, vamos para casa de Donzella”. Uno de los últimos que habló graciosamente ese lenguaje es Vicente Palumbo, hijo menor, para referir a los amigos cuánto ganaba gráficamente: “Tengo un sueldo de dos mil lisas”.


 Por supuesto, esta forma de expresión la celebraba mucho el bien reconocido Ratón Pérez y el consecuente Pancho Alquisira. A la Cervecería Donzella, siguió la “Bavaria”, de Mikuski, situada de Bolsa a Pedrera, en donde se registra la particularidad de que allí se fundó el Grupo Literario “Viernes”, siendo las primeras copas Pablo Rojas Guardia, Julián Padrón, Luís Fernando Álvarez, Otto D´ Sola, entre otros, entre quienes se encuentra Pascual Venegas Filardo, que no es buena copa pero si buen poeta y mejor periodista. Habría que agregar también que a la Cervecería de Bruno, situada de Miracielos a Reducto, especializada en la cerveza negra alemana.


El Grupo de Los Viernes




Fuente: Venezuela Gráfica
1962