domingo, 28 de julio de 2019

Fotografías de Carlos Cruz Diez




Imágenes de Carlos Cruz-Diez 


1958 Carlos Cruz Diez en su taller Caracas 

1959 Carlos Cruz Diez con sus hijos en Francia 

1994 Laberinto Cromovegetal USB Caracas 

1974 Carlos Cruz Diez en Maiquetia 


Fuente: http://www.cruz-diez.com/

Carlos Cruz Diez, sus inicios en El Farol

El artista plástico venezolano Carlos Cruz-Diez, considerado el padre del cinetismo, falleció este sábado 27 de julio de 2019 en la ciudad de París, Francia, a los 95 años de edad. 

El mundo está de luto ante tan lamentable pérdida.

Carlos Eduardo Cruz-Diez nació el 17 de agosto de 1923 en La Pastora. Su pasión por el arte comenzó desde muy pequeño. Su fascinación por el color surge a raíz de la pequeña fábrica de botellas de gaseosas que monta su padre, pues en ella descubre el reflejo de la luz y el color gracias al impacto del sol en las vidrieras.

Estudió en el Colegio Atenas y seguidamente cursó el bachillerato en el Liceo Andrés Bello. 

En 1940 se inscribe en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas donde obtiene el diploma de profesor de Artes Aplicadas. Allí recibe clases de destacados maestros, como Marcos Castillo, Luis Alfredo López Méndez y Juan Vicente Fabbiani. Entonces le interesa particularmente la obra de Francisco Narváez y Héctor Poleo. Mientras estudiaba, colaboraba con viñetas humorísticas para el diario La Esfera y la revista infantil Tricolor. Su pintura en ese momento se centraba aún en el realismo social.

Sin embargo, ya en este periodo formativo adquirió conciencia de la importancia del trabajo con el color. Aprendió de uno de sus maestros, Rafael Ramón González, a no pintar el color plano y evidente de los objetos sino a interpretar los matices que lo componen. Años más tarde profundizó en este precepto llegando a concretar uno de sus más grandes descubrimientos: apreciar que el color está en el espacio que nos rodea y que el punto radica en saber ver el color.

Ilustraciones y evolución hacia la abstracción (1944-1960)

En 1944 trabaja como ilustrador y diseñador gráfico de la revista El Farol de la Creole Petroleum Corporation e ilustra también otras publicaciones. Realiza, asimismo, cómics para diversos periódicos venezolanos. En 1946 es director creativo de la agencia publicitaria McCann-Erickson Venezuela y luego, en 1953, es ilustrador del periódico El Nacional.6​ En 1954 comienza a interesarse por las corrientes abstractas y realiza una serie de proyectos para murales exteriores con elementos geométricos y ese mismo año presenta estos proyectos en el XV Salón Oficial (1954), los cuales producen comentarios de sorpresa por su conversión a la abstracción".

"Nuestra portada presenta las oficinas de contabilidad del edificio Creole, interpretadas por Carlos Cruz Diez, artista venezolano de fina sensibilidad cuyas obras de valoración nativsta en varias ocasiones han ilustrado las cubiertas de esta revista. "
La Creole 1949, el maestro tenía 26 años de edad. 




En 1955 reside durante un año y medio en El Masnou, Barcelona, España. Ese año viaja a París y visita la exposición Le Mouvement en la Galerie Denise René y, al año siguiente, expone en la Galería Buchholz de Madrid las series de Parénquimas y de Objetos rítmicos móviles. Luego de breves viajes a Nueva York y a París en 1957, regresa a Caracas y funda el Estudio de Artes Visuales, dedicado al diseño gráfico e industrial. En 1959 realiza su primer Couleur Additive y Physichromie.

El maestro Cruz-Diez vivió y trabajó en París desde 1960. 

Fue uno de los protagonistas más significativos del arte óptico y cinético.

La investigación del artista se fundamenta en cuatro condiciones cromáticas: sustractiva, aditiva, inducida y refleja. Su trabajo ha aportado una forma nueva de conocimiento del fenómeno cromático, ampliando considerablemente su universo perceptivo. Es considerado un teórico del color.

Ocho investigaciones cromáticas sustentan el trabajo de este genio artístico, quien tuvo la oportunidad de desarrollarlas a lo largo de su carrera: Couleur Additive, Physichromie, Induction Chromatique, Chromointerférence, Transchromie, Chromosaturation, Chromoscope y Couleur à l’Espace.
Dibujo de Carlos Cruz Diez en  El Farol
1950 

jueves, 25 de julio de 2019

A sus 452 Caracas ¿Primaveral?


Por María F Sigillo G 

Siempre hemos escuchado que el clima de Caracas fue primaveral. Un valle de frescuras que, en las colinas de La Pastora o en las de La Vega tan lejana, también era muy friolento. Un diario, como "El Corresponsal" de la ciudad capital, de fecha primero de julio de 1905, nos informa de las temperaturas máxima y mínima de entonces. Sin embargo, poco a poco, la situación fue cambiando. Y décadas más tarde, Martín de Ugalde se pregunta: "¿Qué pasa con el clima de Caracas?", en "El Nacional" del 22 de noviembre de 1958. Ya en otro siglo, el actual, la cosa ha cambiado dramáticamente. La urbe es demasiado calurosa y hasta Pacheco baja impuntualmente o no lo hace, en el período decembrino. Es demasiado obvio que la expansión de la ciudad y su cada vez más escasa calidad de vida, así lo determinaron aún antes de que se hablase del cambio climático de todo el planeta. Un referente desordenado y contaminado, las construcciones de dudosa legalidad, la pérdida acelerada de vegetación o áreas verdes, la acumulación de basura y los gases tóxicos, entre otros factores, contribuyeron a esta constante estación para sudar. Ahora que tenemos crisis eléctrica, falta el aire acondicionado en la oficina en el trabajo, como en los carros si es que todavía se tienen. Podemos apreciar el clima de la Caracas de antes, a través de las fotografías. Cierto, en tiempo remotos, un grabado o una fotografía era todo un lujo y la gente posaba con sus mejores atuendos, pero es posible que las más informales o espontáneas las revele medianamente abrigadas y ensombreradas. Bien perifoliadas, nos avisan que la eterna primavera caraqueña también obligaba a prevenir los resfriados. Si por la vestimenta juzgamos, está Caracas aniversaria es más suelta y desahogada, definitivamente caribeña como antes no lo fue. Hasta para los actos de mayor encopetamiento ya no se viste como antes. A la moda se ha unido el clima tozudamente caluroso de la ciudad. 






Gráficas: El Corresponsal, Caracas, 01/07/1905 y Portada de Caracas en retrospectiva

Ultimo de los colectores del Tranvía

Críspulo Neda
Un Caraqueño Asimilado 


Con motivo al 452 aniversario de Santiago de León de Caracas, he querido compartir una hermosa reseña escrita por Francisco Gómez y que  encontré en días recientes en la prensa de 1987, una crónica que seguramente algunos vecinos de La Pastora recordarán,  ya que su protagonista  fue Críspulo Neda,” Caraqueño" de Pariata,  el último de los colectores del tranvía eléctrico que circuló a principios de siglo en Caracas y quien para entonces con sus 93 años a cuestas revivió esa época en que le tocó trabajar en el “único servicio público que no contaminaba la ciudad".
Ayer rodeado por hijos, nietos y bisnietos, Críspulo como le gusta que lo llamen, nos recordó teniendo como escenario su solariega casa de La Pastora, los diez años que le tocó trabajar en este medio de transporte y la Caracas de aquella época que ayer cumplió 420 años. 
-Los tranvías eléctricos eran pesadas máquinas que entre 19000 y casi llegando los treinta, cruzaron la ciudad desde Catia a La Pastora y de la Quebrada Honda a El Paraíso. 
-Tenían su terminal en una zona muy cercana a la Plaza Bolívar y con medio los habitantes de la ciudad podían comprando la correspondencia o tickets que le daba la oportunidad de ir hacía los cuatro extremos de la ciudad que eran estas urbanizaciones. 


La Peste paralizó el Transporte

 Interrumpiendo por ratos la conversación para atender a amigos que lo visitaban ayer en su hogar, Críspulo Neda nos habló que para esa época la gente era más conservadora, amistosa y era común cosa que no sucede ahora, que cuando los usuarios del tranvía se montaban o subían se saludaban cordialmente. 

-Sería muy bueno que los jóvenes de ahora conocieran estos bellos aspectos de Caracas de esos años que me tocó vivir, cuyos linderos llegaban hacía donde iban en excursiones las familias los fines de semana.

-La Pastora, el único lugar de la ciudad que todavía con sus casas nos hace recordar la Caracas de los años veinte y es por eso que no me mudaría de esta parroquia por ningún concepto. 
El único colector del tranvía que vive aún, nos comentó que durante los años que trabajó en el servicio público, ganaba diariamente  tres bolívares con ochenta céntimos diarios, sueldo que le alcanzaba para ayudar a sus padres y para ir a los fines de semana a fiestas que comúnmente se realizaban en el centro de la Ciudad, cercana a la Plaza de San Jacinto.

En medio de su conservación nos dijo que este medio de transporte la única vez que dejó de prestar sus servicios y solo fue por algunos días, fue cuando a la mayoría  de los empleados de este servicio público, a excepción de él, les dio la Peste Española (fiebre amarilla) epidemia que afectó
a un gran sector de la población caraqueña. 

Críspulo Neda, en su pausada conversación, se quejó de los carros y autobuses de la Caracas de hoy, "que no deja vivir a los caraqueños".
El como gobernante, ordenaría sin ambages que este hermoso servicio de transporte como era el tranvía eléctrico debería nuevamente ponerse a funcionar, aliviado al caraqueño de esta pesada contaminación en la que vive.  


Caracas, 26 de julio de 1987
Últimas Noticias 
Imágenes: Caracas en Retrospectiva facebook 



domingo, 14 de julio de 2019

PARA UNA GEOGRAFÍA ARBITRARIA DE LA PLAZA BOLÍVAR

En vísperas del 452 aniversario de la Fundación de Santiago de león de Caracas comparto este artículo que he trascrito de la Revista El Farol, 19747, cuando Caracas cumplía 380 aniversario. Así veía la Plaza Bolívar su autor 

DE PEDRO FRANCISCO LIZARDO

"Todo pueblo busca su equilibrio emocional, su razón ciudadana de andar y ver, en el centro de su tipografía urbana. Es la Plaza, así, con mayúscula, la síntesis admirable de su vida. En ella convergen todas las aspiraciones, los anhelos, las esperanzas, las derrotas y los sueños de los hombres. Allí encuentra la política una densidad colectiva que antes no tenía. Allí está, palpitante y vital, el sueño rodando las frentes de los escogidos. Por allí anda el poeta en su propia búsqueda. 
Allí lo ciudadano es lo puro, lo exacto, lo que se apresura y lo que se queda estático en el límite mismo del vagar sin causa u oficio inmediato. Y por allí, suma de universalidad, arbitraria geografía para uso del paseante diario, se confunden, se dispersan, se concitan, las mis lenguas de la tierra, los mil rostros con perfiles de extraños continentes.
Es el peregrinaje del mundo siempre en ebullición, caído en el centro de la ciudad, debatiéndose, ilusionándose, conjugando todos los verbos y fraternizando telúricamente con el país que le amaneció un día en su equipaje sonámbulo.


La plaza es lo que está más cerca del hombre apresurado y lo que integra su permanencia de ciudadano a caza del día que se le va de las manos. Nada más concreto y de color más cálido  existe en las retinas aventureras del transeúnte, que el contorno emocional de la plaza. Por que es aquí donde la ciudad permanece intacta, donde lo humanos y lo geográfico inciden prístinamente. 
Y en Caracas, sólo la Plaza Bolívar nos dá su fresca emoción de pueblo, su imperecedera visión de capital universalizada, su inconfundible vibración ciudadana. El hombre corriente, la figura política destacada, el artista triunfante y el artista caído, el que empieza y el que ya tiene su camino andado, el extranjero que adquirió carta de nacionalidad caraqueña, la enigmática de nórdicos países, el corredor, el matemático, el filósofo, el cronista, todo lo que constituye la vida en su constante efervescencia, en su movible y trágica condición, desfila día a día, hora tras hora, por las avenidas de la Plaza Bolívar. Porque allí encuentran su expresión y rumbo.
Cuando entramos en la marejada de la Plaza. nos asalta la evidencia de un sano, de un vivo y ardoroso cosmopolitismo. ¡Cuánta nacionalidad caminando! ¡Cuánto destino y aventura hechos pasos, huno de pipas, cigarrillos caídos! ¡Cuánto norte impreciso o mar remoto alzado en las boinas!
Las frases, los gestos, el andar, es lo dinámico vertido en la Plaza que quiere asimilarse a lo nuestro, que quiere entrar en lo caraqueño, que quiere llegar a su sangre, a su espíritu.
Y el cosmopolitismo afluye sin cesar. Y los caminos del mar y el aire y la tierra, conducen, invariablemente, a la Plaza. Al pie de Bolívar. A esta Caracas donde la vida es aventura combatiente, es dado lanzando al azar y es conquista que levanta, o derrota que hunde.
Y la geografía urbana de la Plaza está surcada a cada instante por las otras geografías del mundo. Porque aquí, en la Plaza Bolívar, las fronteras que señalan los mapas están abolidas. Tan sólo cuenta el ciudadano y su capacidad de adaptación. 
En la tarde, cuando los verdes arboles empiezan a unificarse en una sóla y unánime  masa armoniosa, cuando la brisa comienza a desflecar su bufanda romántica de diciembre y la torre da sus clásicas campanadas, y un rumor de vehículos fabriles, de personas apresuradas, de paquetes que danzan en torno a las cabezas y aparecen llevados por los brazos misteriosos, hay un hombre lleno de soledad que transita por la Plaza. No tiene característica física destacada. Es tan solo un hombre que pasea. Con sus brazos a la espalda, pausado, meditativo, anda lentamente por la Plaza, como sorbiéndola toda, como paladeándola.
(..) Cuando el corazón toma los contornos ciudadanos de la Plaza ya estamos inscritos en nomenclatura de la  caraqueñidad. Ya somos   ciudadanos de la Capital. Ya tenemos un puesto propio en la Plaza. 

Pero Bolívar es, también, la Plaza. Allí, en su centro culminándola, el Eterno nos vigila y nos dicta una clara y hermosa lección de fraternidad.  Nos confunde en un solo hombre: El pueblo. Y nos pone en marcha.

Y cuando la ciudad se derrama y cuando va quedando sola la Plaza, el hombre-pueblo  acompaña su soledad poblándola de mensajes y la abre a la noche para que mañana se encuentre con el día en la copa de los árboles, como un ciudadano más… "

El Farol  1947 
Aniversario452 Caracas 

viernes, 5 de julio de 2019

LOS MANTUANOS DE CARACAS


por  Juan Gant-Aguayo

Aquellos que el pueblo llano llamó mantuanos eran los miembros de una élite de familias poderosas de Caracas que dominaron la escena económica, social y política de la gobernación de Venezuela durante el período colonial, con protagonismo en el proceso de la Independencia y el surgimiento de la República, hasta la Guerra Federal, cuando el último mantuano con poder, Manuel Felipe de Tovar, renuncia a la Presidencia (1861).

Su ascendencia social como grupo cerrado provenía de agrupar en su seno a los hijos de los conquistadores de la Provincia y fundadores de sus principales ciudades (Coro, El Tocuyo, Barquisimeto, Trujillo, Valencia y Santiago de León de Caracas), quienes se mezclaron temprano con personajes "de sangre noble" provenientes por diversas causas de la Metrópoli que, aunque sin méritos en la conquista, aportaban la "hidalguía de sangre" necesaria para hacer de estos rudos conquistadores gente "de calidad". Este proceso de ascenso a la nobleza no era exclusivo de los mantuanos de Caracas, de hecho se daba en toda la América hispana.

Las ramas mantuanas más influyentes de Santiago de León se originaron de los enlaces de -y con- las llamadas "siete hermanas Rojas", hijas de Diego Gómez -al parecer de Ampuero, León, España, - y de Ana de Rojas, personajes connotados y figurantes desde el más temprano origen de Cubagua, ahorcados en Margarita por Lope de Aguirre en 1561. Estas hijas huérfanas casaron con los más importantes conquistadores de Caracas, generando entre ellos un vínculo de sangre y afinidad familiar que mantuvieron común y vivo durante todo el período de dominación mantuana. Aunque no era norma escrita, para ser mantuano legítimo debía remontarse la ascendencia hasta alguna de estas hermanas Rojas y alguno de estos conquistadores.

Lo que hizo a los mantuanos tan prominentes y notorios durante la Colonia no fue su riqueza, sino el ser de Caracas, capital de la gobernación de Venezuela. Eran estos mantuanos quienes estaban en contacto diario y mantenían trato directo privilegiado con el gobernador -representante del rey-, quien residía desde 1577 en esta ciudad. Su poder se vio aumentado al pasar a Caracas la sede del obispado en 1636, y fraguó -como élite- con el inicio del auge del cacao de la costa, en la primera mitad del s. XVII. El mantuano es exclusivo de Caracas, aunque sus raíces y descendientes con el tiempo -o previamente- esparcieran sus linajes por otras regiones y ciudades, como Margarita, Valencia, Barquisimeto, El Tocuyo o Trujillo.

El poderío mantuano era totalitario, englobaba todo lo que podía generar o sostener su fortuna o aumentar su alcance: Mantenían un control férreo del cabildo de su ciudad (Caracas), control de los cargos de la Real Hacienda, las dignidades eclesiásticas de la catedral, los grados y títulos militares. Su interés político se manifestaba siempre que era necesario, siendo que se sentían dueños naturales de la tierra y Provincia que sus pasados habían ganado a fuerza de conquistas. Durante el s. XVII actuaron en la deposición -sin trámite y por su real voluntad- de al menos tres (3) gobernadores: Gil de la Sierpe (1623), Martín de Robles Villafañe (1653) y don Juan de Padilla y Guardiola (1675). Asumían el mando cuando el gobernador fallecía -y sus funciones políticas y militares a través del cabildo de la ciudad-, y a partir de 1677 se oficializó por real cédula, con orden y mandato a todas las otras ciudades de la gobernación, que los alcaldes de Caracas se entendiera ser tenidos -en esos casos- como gobernadores interinos "para toda la Provincia de Venezuela", privilegio único, comprado por los mantuanos con muchos pesos de plata y fanegas de cacao.

El mantuano era terrateniente y esclavista, con posesión reiterada de múltiples haciendas de trapiche o trigo, hatos de ganado en los llanos, plantaciones de cacao, esclavos, indios y tierras, muchas tierras, aunque su principal ingreso provino siempre y fundamentalmente de la venta de su cacao a México, pues en aquel virreinato existía preferencia por el cacao de Caracas frente a otros cacaos competidores como el de Guayaquil. Algunos de estos mantuanos, los más ricos, fueron llamados los "Grandes Cacaos" por el constante flujo de plata amonedada que les producía este negocio

El escritor Herrera Luque pone en boca de uno de los personajes de su obra 'Los Amos del Valle" la afirmación de que eran veinte (20) las familias mantuanas a mediados del s. XVIII, mencionándolas en lista. Mas -como en todo en la sociedad colonial criolla-, dentro del círculo mantuano también hubo gradación. Las familias mantuanas más poderosas, en la cúspide tanto por riqueza como por vínculos o títulos de nobleza, eran cuatro: Mijares, Blanco, Ponte y Tovar. Los Bolívar, aunque mantuanos, no eran del estamento más elevado. De hecho, ni los Tovar ni los Mijares casaron jamás con Bolívares, algo bien curioso.

El origen de la palabra 'Mantuano' es incierto. Si es por el manto o mantillo que supuestamente usaban las señoras mantuanas -según se ha afirmado-, eso no pasa de ser un mito, pues todas las mujeres en la antigua sociedad colonial criolla usaban manto, o casi todas, y ni las pardas ni negras libres renunciaban a su uso al salir de casa. Todas -invariablemente- entraban enmantilladas en los templos, y en general, con manto iban por las calles si la mujer era "de costumbres recogidas", o sea, todas. 
Mantuano se ha dicho pudiera provenir de Mantua, ciudad italiana peleada muchas veces por los tercios españoles del s. XVII, de donde se alegaba ese servicio militar al rey por muchos personajes que pasaron a Indias, así como por haber peleado "en las guerras de Flandes", etc.

Ciertamente, la opción más probable es que les llamaran mantuanos por ser los únicos criollos en Santiago de León con derecho a portar largas y oscuras capas -o manto- como signo de legítima nobleza, derecho que defendieron ante otros "de menor calidad" (como blancos de orilla, canarios, y pardos criollos), por buscar ser tenidos o reconocidos -estos descendientes de los primeros pobladores conquistadores de Caracas- como “de sangre hidalga”. 
Es esta mi opción preferida.


En la imagen: Retrato de un hidalgo, por Velázquez.
Tomado del Grupo Facebbok "Caracas la de los techos rojos"