miércoles, 18 de febrero de 2015

Unos minutos en la gallera


“Fue el abuelo español, quien junto  con la afición y costumbre de las corridas de toros, trajo a esta tierra americana, la nuestra, la pelea de gallos. Desde los tiempos, un poco remotos ya, de la colonia, el venezolano típico hizo de esta lid  una forma de diversión y un medio de correr la suerte sobre las espuelas de los animales. Más que costumbre y afición la riña de gallos se convirtió en un arte y una profesión, de la cual derivaron y derivan muchos pingues beneficios. Donde mejor se conserva este arte, y donde se le rinde mayor pleitesía y atención, es en los pueblos del interior, en que no falta jamás la gallera, el lugar donde se juega, donde se cuidan y alojan los animales de pelea. Hay expertos en el cuido y calificación de gallos de raza, en el conocimiento y la práctica de las cualidades, características  y normas que constituyen el acervo del arte de reñir gallos. Los aficionados, como siempre, pagan el noviciado.


El arte de preparar y cuidar  los gallos? Al parecer muy sencillo, pero constituye un secreto de los preparadores. Escoger el animal en tiempo oportuno, alimentarle convenientemente,  no dejarle engordar fuera de los límites reglamentarios, rasurarles las plumas para dejar al descubierto el cuello, los muslos, debajo de las alas, friccionarle con agua ardiente, afilarle las espuelas o adaptarle alguna  de otros ejemplares, carearle, para mantenerle en training de pelea,  darle debido descanso para que vaya a ejercer funciones de tenorio y padre de cría en los corrales domésticos, he aquí los aspectos fundamentales  del proceso y del arte.


El día de la riña en la gallera?  Se reúnen, especialmente el domingo, los aficionados y los profesionales del arte y el juego de los gallos.  Llevan sus ejemplares de raza, embusacados,  los pesan a punto de ley, se conciertan las peleas, se hacen apuestas, se aglomeran los curiosos, y ya está la lid. Al ruedo los gallos. Mientras estos se buscan y se encuentran, se agreden con el pico y las espuelas, el inmenso, el fuerte vocerío de los espectadores conmueve al recinto: ¡Pícalo!  Ahí, mi zambo! Mucho gallo pa ese pataruco! Doy de a diez! Doy de a doce! Va! Y los gritos se multiplican, enardecen los ánimos, retiemblan las tablas, y hay dos lides: La de los gallos en el ruedo y la de los apostadores en las gradas. A veces no solo es riña y muerte de un gallo de pelea lo que ocurre, sino que también riña y tragedia entre los jugadores, que llegan en su puja hasta el punto de la violencia. 


Los gallos de raza? Los hay de diversas variedades: marañones, zambos, goajiros…[sic]. Españoles y americanos se especializan en la cría de estos animales y por ello obtienen, cuando son verdaderamente finos, sumas considerables. Los “invictos” suben el precio y se cotizan a puntos elevados. Toda una cadena del arte de reñir gallos,  que va desde el criador hasta el apostador y que comprende intereses, pasiones, preocupaciones, toda una gama de sentimientos humanos. 
En el presente reportaje, tomando en unos cuantos minutos de visita a la gallera, aspiramos a dar una idea aproximada del modo de preparar, cuidar y disponer gallos a la pelea y dos aspectos de la pelea misma”. 

Revista Elite 
1947

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