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domingo, 14 de julio de 2019

PARA UNA GEOGRAFÍA ARBITRARIA DE LA PLAZA BOLÍVAR

En vísperas del 452 aniversario de la Fundación de Santiago de león de Caracas comparto este artículo que he trascrito de la Revista El Farol, 19747, cuando Caracas cumplía 380 aniversario. Así veía la Plaza Bolívar su autor 

DE PEDRO FRANCISCO LIZARDO

"Todo pueblo busca su equilibrio emocional, su razón ciudadana de andar y ver, en el centro de su tipografía urbana. Es la Plaza, así, con mayúscula, la síntesis admirable de su vida. En ella convergen todas las aspiraciones, los anhelos, las esperanzas, las derrotas y los sueños de los hombres. Allí encuentra la política una densidad colectiva que antes no tenía. Allí está, palpitante y vital, el sueño rodando las frentes de los escogidos. Por allí anda el poeta en su propia búsqueda. 
Allí lo ciudadano es lo puro, lo exacto, lo que se apresura y lo que se queda estático en el límite mismo del vagar sin causa u oficio inmediato. Y por allí, suma de universalidad, arbitraria geografía para uso del paseante diario, se confunden, se dispersan, se concitan, las mis lenguas de la tierra, los mil rostros con perfiles de extraños continentes.
Es el peregrinaje del mundo siempre en ebullición, caído en el centro de la ciudad, debatiéndose, ilusionándose, conjugando todos los verbos y fraternizando telúricamente con el país que le amaneció un día en su equipaje sonámbulo.


La plaza es lo que está más cerca del hombre apresurado y lo que integra su permanencia de ciudadano a caza del día que se le va de las manos. Nada más concreto y de color más cálido  existe en las retinas aventureras del transeúnte, que el contorno emocional de la plaza. Por que es aquí donde la ciudad permanece intacta, donde lo humanos y lo geográfico inciden prístinamente. 
Y en Caracas, sólo la Plaza Bolívar nos dá su fresca emoción de pueblo, su imperecedera visión de capital universalizada, su inconfundible vibración ciudadana. El hombre corriente, la figura política destacada, el artista triunfante y el artista caído, el que empieza y el que ya tiene su camino andado, el extranjero que adquirió carta de nacionalidad caraqueña, la enigmática de nórdicos países, el corredor, el matemático, el filósofo, el cronista, todo lo que constituye la vida en su constante efervescencia, en su movible y trágica condición, desfila día a día, hora tras hora, por las avenidas de la Plaza Bolívar. Porque allí encuentran su expresión y rumbo.
Cuando entramos en la marejada de la Plaza. nos asalta la evidencia de un sano, de un vivo y ardoroso cosmopolitismo. ¡Cuánta nacionalidad caminando! ¡Cuánto destino y aventura hechos pasos, huno de pipas, cigarrillos caídos! ¡Cuánto norte impreciso o mar remoto alzado en las boinas!
Las frases, los gestos, el andar, es lo dinámico vertido en la Plaza que quiere asimilarse a lo nuestro, que quiere entrar en lo caraqueño, que quiere llegar a su sangre, a su espíritu.
Y el cosmopolitismo afluye sin cesar. Y los caminos del mar y el aire y la tierra, conducen, invariablemente, a la Plaza. Al pie de Bolívar. A esta Caracas donde la vida es aventura combatiente, es dado lanzando al azar y es conquista que levanta, o derrota que hunde.
Y la geografía urbana de la Plaza está surcada a cada instante por las otras geografías del mundo. Porque aquí, en la Plaza Bolívar, las fronteras que señalan los mapas están abolidas. Tan sólo cuenta el ciudadano y su capacidad de adaptación. 
En la tarde, cuando los verdes arboles empiezan a unificarse en una sóla y unánime  masa armoniosa, cuando la brisa comienza a desflecar su bufanda romántica de diciembre y la torre da sus clásicas campanadas, y un rumor de vehículos fabriles, de personas apresuradas, de paquetes que danzan en torno a las cabezas y aparecen llevados por los brazos misteriosos, hay un hombre lleno de soledad que transita por la Plaza. No tiene característica física destacada. Es tan solo un hombre que pasea. Con sus brazos a la espalda, pausado, meditativo, anda lentamente por la Plaza, como sorbiéndola toda, como paladeándola.
(..) Cuando el corazón toma los contornos ciudadanos de la Plaza ya estamos inscritos en nomenclatura de la  caraqueñidad. Ya somos   ciudadanos de la Capital. Ya tenemos un puesto propio en la Plaza. 

Pero Bolívar es, también, la Plaza. Allí, en su centro culminándola, el Eterno nos vigila y nos dicta una clara y hermosa lección de fraternidad.  Nos confunde en un solo hombre: El pueblo. Y nos pone en marcha.

Y cuando la ciudad se derrama y cuando va quedando sola la Plaza, el hombre-pueblo  acompaña su soledad poblándola de mensajes y la abre a la noche para que mañana se encuentre con el día en la copa de los árboles, como un ciudadano más… "

El Farol  1947 
Aniversario452 Caracas 

martes, 24 de julio de 2018

La Caracas aniversario: Rafael Seijas Cook

María F. Sigillo G.


Rafael Seijas Cook, fue un referente ineludible para la Caracas del siglo XX. Mejor conocido por su pseudónimo, el Arquitecto-poeta”, desde muy temprano acostumbró a publicar sus artículos en los escasos medios de entonces y, aunque hablaba también de todo un poco, con estilo romántico, la principal de sus inquietudes estuvo, claro está, en la arquitectura. En un reportaje suscrito para la revista Élite (Caracas, nr. 1963 del 11/05/1963), la célebre periodista Ana Mercedes Pérez indica que, hacia 1953, él construyó su propia fosa en el Cementerio General del Sur. Nacido en Falcón el 22 de febrero de 1887, jubilado por el Ministerio de Obras Públicas, igualmente incursionó en la actividad privada, muriendo en Caracas, 13 de diciembre de 1969. 

En 1911, Seijas Cook diseñó la casa de los Boulton en El Paraíso, conocida como “La mansión de las acacias”, hoy ocupada por la Comandancia General de la Guardia Nacional. E hizo los teatros Caracas y Pimentel, el Bazar Americano y, en Maracaibo, El Resguardo que él consideró como su mejor obra. Entre sus libros, destacan “Ella”, “Horas grises” y “El Pirineo y el Ávila”. 

La ciudad en lenta transformación urbana, ocupó su interés. Con mayor razón, en la vorágine de los cincuenta, en la que, además, justificó la demolición de obras construidas desde la época colonial o de los inicios republicanos, subestimándolas. Cuestión de criterio que tampoco lo descalifica.  Fue un insigne observador y de ello, da cuenta la revista del citado ministerio, en la que aparecieron también sus textos con alguna regularidad.

La columna del Arquitecto-poeta que pueden encontrarse en diferentes magazines, constituyó una tribuna privilegiada. Y nos parece pertinente traer a colación la entrega dedicada a la arquitectura venezolana (Billiken, Caracas, nr. 50 del 24/10/1925), dedicada al historiador José Gil Fortuol. Cita como inmuebles de gran valor la Casa Fuerte de Barcelona, el Castillo de Santa Rosa de Cumaná, el Castillo de San Carlos de Boromeo en Pampatar, las Ruinas del Castillo de Araya, la Aduana de La Guaira, la casa ocupada por el Club Alemán de Puerto Cabello, las ruinas del Palacio de los Pumar en Barinas (“sólida edificación íbera; pero, en lo que se refiere a composiciones artísticas, muy mediocres”).

De Caracas, el ojo crítico de Seijas Cook, apunta a la Catedral que “pudo haber sido la mejor joya arquitectural, tuvo el fracaso de ser descoronada su torre en la hecatombe de 1812”, siendo un siglo después “profanados sus paramentos” por la brillante pintura empleada. Ineludible el Templo de San Francisco, asegura que “desde la Emancipación hasta la éra (SIC) guzmaníaca, no hace cuenta el país de ningún ladrillo colocado científicamente”, como ocurriera con la Basílica Dual de Santa Teresa. Relaciona las “fachadas coloniales de menores títulos suntuarios” e indica los hogares de Federico Rivero Escudero, Joaquín Núñez, la Legación inglesa, la casa nr. 67 de la familia Monserrate frente al Templo de Santa Teresa (“es la única que nunca ha sido reparada, pintada y menos modificada”, añadiendo el edificio del Registro Subalterno y el Colegio Chávez (SIC). Observa que la ciudad capital está obligada a construcciones mayores de dos pisos, escalando cuatro el Nuevo Bazar Americano y el que, por entonces, se levantaba para la Lotería de Beneficencia. Y dice: “Calificar, pues, la Construcción (SIC) venezolana, actualmente es imposible. Con estilo pugnan todavía el Renacimiento francés en todo lo edificado por el hijo benemérito de Caracas Alejandro Chataing”; Carlos Guinand, importa desde Europa un estilo un tanto invernal; “yo mismo, por odiar las dificultades de la profesión, tengo la tendencia espiritualista de un estilo que transparente la vida y el objeto de aquel a quien se edifica, tratando de relegar a segundos términos los cánones rituales de intercolumnios, módulos, leyes de técnica que constriñen a frases hechas, a lo que se quisiera dar un sello personal”.





Reproducciones:

1.- Catedral de Caracas. Billiken, 1941.

2.- Catedral de Caracas. El Farol, 1952.

3.- Rafael Seijas Cook. Élite, 1963.

Blog http://mariafsigillo.blogspot.com

sábado, 19 de julio de 2014

La caraqueña de 1946

Mayo de 1946 Plaza Bolívar

Raúl Urbina LLanos ha enviado esta maravillosa imagen a nuestro correo

De izquierda a derecha
1) Josefina flores
2) Esperanza llanos
3) Carmen llanos
4) Fortuna..?
5) Carlota llanos.




lunes, 23 de diciembre de 2013

Calles y Paseos de la Caracas de ayer

Calles y Paseos
José Gil Fortoul.

Se ha dicho de la Plaza Bolívar, que es un salón. Agreguemos, para que el símil no parezca estrambótico: - En las noches de retreta-.

Allí se da cita en las noches de los domingos y los jueves lo más culto y elegante de Caracas. Allí hacen gala nuestras damas, de tocados y trajes parisenses, y atraen miradas y corazones  con su airoso trapío. Allí se estrena la levita flamante, el sombrero de aterciopelados reflejos y la corbata subyugadora. Allí se conversa. Sobre todo, allí se pasea con placer, porque el piso es bueno. No se corre allí el peligro de tropezar con una piedra suelta, o sumirse en un atolladero, o dar un paso en falso  en un zanjón, como sucede, por desgracia, cuando usted se echa a andar por esas benditas calles de Caracas.


La estatua recién inaugurada en su entorno de la plaza, en una fotografía
del álbum de Roberto García

No hablamos en guasa, ni pertenecemos a la clase de los “inconformes”. Estos no hallan en la tierra nada bueno. A nosotros nos parece óptimo el paseo de la Plaza Bolívar. Pero las calles son pésimas y es preciso decirlo y gritarlo, a ver si se convierten pronto en calles de capital civilizada.

Ni damos palos de ciego. El Ministro de Obras Públicas, es un caraqueño joven y amigo del progreso. Tiene que desear, por consiguiente, que la capital merezca su nombre y sea digna de  su categoría. Sabemos también que no se cansa de arbitrar los medios de lograrlo, y emplea últimamente la parte del Tesoro que a su Ministerio corresponde.

Pero debemos observar que la tal parte es insuficiente, y que si vamos a seguir a pasitos como ahora, no tendremos calles transitables ni de aquí a diez años.

¿La crisis fiscal? Si, ya lo sabemos. La crisis fiscal se ve y se siente. Lo que no se ve es su solución. Y ya es tiempo de que los señores ministros nos digan cuándo la veremos.

Uno de nuestros colaboradores, que si es guasón, e interrumpe a cada instante su artículo para leer estas cuartillas, nos dice mordiéndose los bigotes: “La solución del problema de las calles no puede ser sino consecuencia lógica de la solución del problema de las calles no puede ser sino la consecuencia lógica de la solución del problema autonomista. Espere, compañero, y ya verá”.  Dios lo oiga, porque si el proverbio no marra, vale más tarde que nunca.
Entre tanto, echemos a volar la fantasía y preveamos el Caracas del porvenir.

No bien baja usted de la Plaza Bolívar a la Esquina de Las Gradillas o sube a La Torre, se va hasta el Guaire o hasta la Estación de Petare por calles bien adoquinadas, barridas y regadas.

Si a pie, las aceras invitan a caminar a paso rítmico, como lo exige el clima, sin preocuparse con tropezar  en imprevistos estorbos.  Se va usted atento a los ojos que fulguran detrás de las misteriosas celosías, y cuando no hay tales fulgores se apacienta usted mirando las fachadas. Ya no están barnizadas de chocolate ni mamey, ni se desconchan como aquellas de remotos tiempos que parecían enfermas de exótica erupción. Son blancas como las de Andalucía y Argelia, o sonríen (perdone usted el tropo) con el suavísimo primer verdor de las hojas primaverales.

Si es en carruaje, oye usted el golpear acompañado de las herraduras y siente girar veloces ruedas de caucho sobre un suelo liso y duro. Ya los caballos  no cojean sobre adoquines sueltos, ni van los carruajes dando tumbos.

Si es usted jinete, no bien pasa de Puente Hierro, echa usted a galopar en briosa jaca por el Paseo de El Paraíso. A un lado y otro, árboles frondosos dan sombra y frescura. Por la derecha y por la izquierda se prolongan dos filas de carruajes cargados de mujeres hermosas y elegantes; y por aquellas avenidas laterales de finísima arena, van y vienen apuestas amazonas y airosos caballeros.    
O sube al Calvario por caminitos de pendientes suave, cortados de trecho en trecho por deliciosos kioskos  [sic]  de bambúes y alegres jardincitos de plantas raras y de rosas.

 -  Alto ahí, -  nos dirá quizás un paseante solitario que contempla melancólicamente el arco de la Federación.  Esto que usted dice no es prever sino postver. El Calvario era así, como usted lo pinta! 

Así era; pero ya no es, Y esto demuestra que en ocasiones progresar es volver a realizar lo que existió, ¿Quién nos devolverá El Calvario de nuestras mocedades? La escalinata no parecía trazo de coliseo antiguo, derruido como el de las ruinas de Italia. No buen pasaba uno del Caroata, ya no veía garitas amenazadoras.  A la visión sangrienta de la guerra, sucedían al punto los apacibles paisajes de venturosa arcadia. Y para llegar a la planicie del estanque, no se subía por gradas rotas, como las de un atrio abandonado…

Bajemos del Calvario. Volver a dar belleza a algunos pormenores, será cosa fácil, trabajo de cortos días.
De largos años será el transformar a Caracas. Pero no hay tiempo que perder. Los que hoy la gobiernan, también la aman. Si la aman, puesto que desean embellecerla.

Que el deseo se convierta pronto en obra tenaz y constante ¡Caracas sabrá premiar. ¿Verdad, caraqueños, que cuando mañana domingo os derraméis por esas calles y paseos, soñaréis todos con vuestra capital del porvenir?



Texto publicado en
Billiken 1945
Transcrito por CER
Imágenes:  “Arquitectura y Obras Públicas
En Venezuela Siglo XIX” de Leszek Zawisza

sábado, 5 de octubre de 2013

Aquel Caracas

“El caraqueño que despertase del eterno sueño y volviese la vista hacia el viejo lar nativo, tendrá antes sus ojos los aspectos del Caracas que captaran los manipuladores de daguerrotipo. Estos artistas enfocaron desde la Plaza Bolívar, sin estatuas naturalmente, y con sus arbustos a medio crecer, la fachada y torre de la iglesia matriz con su torre cercenada del tercer cuerpo. Las damas de crinolina y los hombres de levita, vistieron así hasta después de 1860. Ello da una idea de lo que fue aquel Caracas. 
La nota dice " Iglesia Catedralicia 1920"
pienso que es de mucho antes. 
La gráfica inferior nos deja ver como el área abarcada desde la Estación Central del Ferrocarril Alemán, hasta lasVegas extendidas desde el actual Hipódromo hasta su entrada al pueblo del mismo nombre. 
Al contemplar la bella ciudad de hoy, volverían a sumirse para si en el sueño de la eternidad, los viejos y ya olvidados caraqueños. 


Fuente: Transcrito por Caracas en retrospectiva
Billiken #2.043
Abril/ 1958 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Concierto Dominical En La Plaza Bolívar

La ingenuidad infantil del público caraqueño está
patente en esta foto de admiradores de dos niñitas
bailando el joropo  con el que afirma un
criollismo de Banda Marcial. 

Clientes fijos de los conciertos dominicales son los refugiados españoles
el catirito erguido sobre las piernas de su papá puede ser Checoslovaco;
pero el viejo que sienta cátedra ante unos mozos, seguramente es un
catalán de izquierda 


Caracas, la antañona “Ciudad de los Techos Rojos”, es en nuestros días de “Skyserapers” y “roof gardens” una Cosmópolis ultramoderna apegada amorosamente a sus viejas tradiciones pueblerinas.  

Muestrario de contrastes sorprendentes, en nuestra urbe capital coexisten hoy diversos períodos históricos de civilización y progreso cuyas estratificaciones se entremezclan en mosaico caprichoso para asombro de extraños y consuelo de quienes temen la desaparición absoluta de lo típico propio.

Ejemplo cabal de la lucha épica que sostienen en Caracas, lo viejo y lo nuevo es la Plaza Bolívar, baluarte heroico de la tradición romántica frente a la ofensiva arrolladora del maquinismo uniformista.

Por ironía del destino, esta obra progresista del gobernante urbanizador Guzmán Blanco resiste estoicamente a todas las transformaciones revolucionarios. Conservando incólume el espíritu del Septenio consagratorio, cuando Don Ramón de la Plaza predicaba las excelencias de la música como remedio para amasar a las fieras y cuando el Dr. Rojas paúl empezaba a  conspirar contra el Ilustre Americano a la sombra de los apamates en flor…..  

Fuente: Revista Elite
año 1947

Al pie del monumento del Padre de la Patria
se apuestan los "Ciudadanos amantes de la buena música" ...
( El lector podrá advertir la presencia de algunos portugueses, italianos  .....
( Son Excepcionales)

Son apenas las 9.30 am y ya estos ciudadanos musicólogos
 acaparan la modesta suma de una locha los asientos mejores de
La Plaza Bolívar.... hay que aprovechar lo único barato
que queda en Caracas......

El Ejecutante de más pulmón es indiscutiblemente  el de
este descomunal  " bajo de cobre"  Sinembargo, se aprecia un poco
su trabajo artístico, el niño que está detrás de él se creer de
hacer otro tanto....





martes, 27 de diciembre de 2011

Feliz Año en la Plaza


Hace más de cien años era la gran novedad recibir el año en la Plaza Bolívar. Hasta el simpático extremo de que la publicidad vernácula se esmeraba, siempre oportuna y graciosa, en una variada gama de alusiones que insinuaban entusiastamente a “meterse dentro de los peroles”, en cuanto a ropa apropiada, abrigos, y sombreros para enfrentarse al frío caraqueño, al “Pacheco”  imperante en la Plaza Bolívar en la gran noche.  

Alrededor de la Estatua del Libertador fue tradicional la recepción de año nuevo, especialmente mientras la Ciudad no pasó de los 150.000 habitantes y no se extendió tan desbordadamente como en  el  último cuarto de siglo. Las costumbres nacen, se desarrollan o desaparecen según las circunstancias. En  navidad o año nuevo , en días o noches de cualquier acontecimiento o festividad, un sitio como la Plaza Bolívar era infalible para toda clase de reuniones en un cercano o remoto ayer. 

Como en Caracas, en las plazas de capitales o poblaciones del interior resaltaban los saludos y las especiales manifestaciones de amistad- apretados abrazos de feliz año- con fondo de campanadas, soberanas del tiempo. Corazón de Venezuela y de su Capital, la Plaza Bolívar tiene en su pulso geográfico todas las huellas de la historia... era así como se celebraba el año nuevo en la Caracas de ayer.



Imagen de El Cronista de Caracas 


Eso de “precios equitativos” era una costumbre generalizada en la publicidad de hace justamente un siglo.

lunes, 25 de abril de 2011

Cenizo

Aquellos años
Aquiles Nazoa

Desde su enigmática aparición en 1918, la Plaza Bolívar de Caracas fue el acogedor hogar de este perfecto desconocido, cuya procedencia, después de 83 años, continúa siendo un enigma. Sólo con la popularidad de las más famosas estrellas de Hollywood de su misma especie, podría compararse aquella de la que disfrutó el aristócrata can que se convirtió en el perro predilecto y consentido de la distinguida sociedad caraqueña.

Cenizo fue la mascota de literatos, artistas y demás personajes de la élite culta y de alcurnia de la ciudad. Aquiles Nazoa en su libro Caracas, física y espiritual, cuenta que el canino en cuestión estuvo presente, e incluso fue uno de los primeros en llegar, tanto a la fiesta de inauguración del Almacén Americano (1925), como a la presentación del primer ejemplar de Fantoches. Por si fuera poco, versos de Job Pim y dibujos de “Leo” se inspiraron en él y hasta un collar de oro le obsequiaron en un homenaje que propuso Manuel Díaz Rodríguez. El 29 de agosto de 1927, un tropel de gente colmó la plaza donde solían visitar a su protegido, para custodiar la desgarradora muerte de aquel aristócrata. Los despiadados trabajadores del Aseo Urbano, arrojaron sin misericordia el cadáver del perro más querido por la excentricidad caraqueña en los terrenos de Los Chaguaramos donde, para entonces, se encontraba el horno crematorio. Conocido el atropello de que había sido víctima el pobre Cenizo, se unió la ciudadanía para constituir una junta que resolviera el vergonzoso hecho para rescatar los restos y darles sepultura “el 2 de septiembre, a las tres de la tarde, en medio de un torrencial aguacero”, tal como relata Aquiles Nazoa.

Job Pim, con motivo del monumento que pretendía cimentar la junta en honor a Cenizo, escribió un verso contra el can: “¡Señor y a este parásito social se le quiere erigir un monumento!”.