sábado, 7 de enero de 2012

Epa Isidoro

Isidoro Cabr­era nació el 2 de Enero de 1880, durante el segundo gob­ierno del gen­eral Guzmán Blanco, en la casa iden­ti­fi­cada con el número 2 entre las esquinas de Teñidero y Chimb­o­razo, par­ro­quia La Can­de­laria. Era hijo de Vic­torino Cabr­era, de ori­gen canario, de quien heredó la pro­fe­sión de cochero a la que se dedicó desde 1911, fecha que data su licencia.
Fué sin embargo su decisión de dedi­carse a este ofi­cio muy román­tico, por no decir ide­al­ista. La Cara­cas a finales del siglo 19 era todavia una ciu­dad con las calles de tierra a la que no habia lle­gado el pavi­mento, salvo las prin­ci­pales que al ser empe­dradas hacían que los cas­cos de los cabal­los soltaran grandes chis­pas, y donde todo el trans­porte, tanto de per­sonas como de mer­cancía se hacía a trac­ción de bestias.
Era la ciu­dad de los car­ru­a­jes de todo tipo, desde la sen­cilla tar­tana de dos ruedas hasta el lujoso lando de cua­tro ruedas y techado, pasando por berli­nas fae­tones. Asi mismo, era la ciu­dad de las car­retas y car­retil­las, de los arrieros y sus recuas de mulas que traían los pro­duc­tos agrí­co­las por la via del pueblo de Sabana Grande, de Petare, Cha­caito y de Chapellin.
Sin embargo ya Cara­cas había empezado a cam­biar desde el septe­nio del primer gob­ierno de Guzmán Blanco (1870–1877) el cual pro­puso la mod­ern­ización de la ciu­dad al estilo Francés, y acometió impor­tantes obras públi­cas como la edi­fi­cación del Capi­to­lio Fed­eral, la remod­elación de la Plaza Boli­var, el alum­brado público a gas y la con­struc­ción del fer­ro­car­ril Caracas-La Guaira, inau­gu­rado en 1883, por motivo de la cel­e­bración del Cen­te­nario de El Lib­er­ta­dor Simón Bolívar.
Guzmán Blanco, quien se dis­tin­guió en su interés por la mod­ern­ización del trans­porte público, autor­izó en su segundo mandato el fun­cionamiento de la primera empresa de tran­vías tirado por cabal­los, que comenzó a operar en 1884. En 1907, estos tran­vías fueron susti­tu­i­dos por los eléc­tri­cos, de tal modo que el cochero Isidoro se ini­ció en una pro­fe­sión que tenia sus dias contados.
Isidoro Cabr­era tenía su parada en la esquina de Mon­jas a San Fran­cisco, a veces en los alrede­dores del Capi­to­lio o en la Plaza Alt­a­gra­cia. Fué el único cochero caraqueño cono­cido por su nom­bre y apel­lido, ya que a los demás cocheros se les llam­aba por sus apo­dos o sobrenom­bres como: Padre Eterno, Raban­ito, Mon­señor, Mas­cav­idrio, Tan­talo, Mor­rongo, el Ele­gante ‚entre otros, y a los que podían con­seguir con sus vehicu­los esta­ciona­dos en las esquinas cén­tri­cas de la Capital.
En cierta ocasión, el Gen­eral Igna­cio Andrade, pres­i­dente de la República, quien fuera der­ro­cado el 19 de Octubre de 1899 por Cipri­ano Cas­tro y su rev­olu­ción restau­radora, solic­itó sus ser­vi­cios para que lo con­du­jera a la casa de Gob­ierno.  Isidoro y el Gen­eral con­ver­saron durante el trayecto y el Pres­i­dente se intereso en ayu­darlo. Al descen­der del car­ru­aje le dijo;: Vuelva mañana que le voy a regalar un coche! .Así  Isidoro obtuvo un coche nuevo, un “Vic­to­ria” inglés, obse­quio Presidencial.
Isidoro ofrecía a los caraque­ños sus ser­vi­cios de trans­porte util­i­tario recre­ativo. A comien­zos el siglo 20 era usual pasear en la ciu­dad hacia la recién inau­gu­rada urban­iza­cion El Paraiso, donde qued­aba el hipó­dromo de la época, o hacia El Cal­vario. La Can­de­laria, o Gam­boa. Tam­bién ofrecía sus ser­vi­cios a los trasnochadores que se dirigían a los night­clubs de moda, o a los novios y a sus ami­gos que llev­a­ban ser­e­natas a las muchachas. La Lechuza o coche noc­turno era una viva estampa del ayer.
Cuenta el cro­nista Lucas Man­zano que Isis­doro Cabr­era man­tuvo una sol­i­dad amis­tad con Don Julián Sabal, hom­bre de fig­u­ración en los cuadros de la sociedad caraqueña y cliente del pres­ti­gioso Club Venezuela a donde Isidoro lo traslad­aba y lo aguard­aba hasta que saliera. En las pági­nas de Cara­cas de Mil y Pico, se lee: Dias antes de pos­trarse en el lecho, Don Julián Sabal, sin que Isidoro lo sospechara escribió de su puño un pár­rafo en el cual le dejaba su ropa, zap­atos, y unos cuan­tos boli­vares para que refor­mara su coche y ren­o­vara los cabal­los. Isidoro Cabr­era, el fiel y hon­esto cochero tra­jeado todo de negro y con  los cabal­los enlu­ta­dos, acom­pañó al cortejo fúne­bre durante todo el recorrido.
Los coches hal­a­dos por cabal­los comen­zaron a desa­pare­cer con la lle­gada del tran­vía, el tren, los auto­moviles y los autobuses.
Es por ello que a Isidoro, por man­tener su ofi­cio hasta muy entrado el siglo 20, se le con­sid­eró el último cochero de Cara­cas, pro­fe­sión que ejer­ció hasta el dia de su muerte en 1963.




6 comentarios:

  1. QUE PAGINA Y EL ESCRITO ESTA MUY BUENO

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  2. Espectacular esta pagina! Cuanta nostalgia!!!

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  3. Gracias por compartir la historia. Me gustó bastante.
    Saludos cordiales.

    L. Alejandro.

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    1. Gracias a usted, por leernos. Saludos

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    2. Hermoso relato gracias por compartir esta crónica de quien inspiró al maestro billo frometa a escribir su éxito musical Epa Isidoro

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  4. María S. Sigilo. Años 1947 al 49 vivía yo en la Urb. Los Rosales en Caracas, cerca de la Plaza Tiuna. En uno de esos años tuve la oportunidad de ver al Sr. Isidoro y montarme por algunos minutos en su coche. Resumen de esta crónica la haré llegar a un grupo de mis viejos amigos (80+) para su grato recuerdo de quien fuera un muy querido personaje caraqueño.
    A nombre de todos,mil gracias a Usted,
    Cordial saludo
    Daniel E. Chalbaud Lange

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