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martes, 2 de agosto de 2016

Don Rómulo Gallegos



Con motivo al 132 aniversario del nacimiento de Don Rómulo Gallegos, quién no ha recibido el respeto que se merece, y que recientemente sus restos y los de su amada compañera fueron profanados en lo que queda del Cementerio General del Sur. 
Pocas cosas podrán resarcir el daño, solo y quizás una Venezuela libre de mediocridad, conformismo y esclavitud logre el cometido. 

Comparto con ustedes la portada e imagen que pude escanear de la "Revista Venezuela Gráfica" que llegó a mis manos, data 28 de febrero de 1928. 

"Ha sus 72 años de edad, ha sido desde profesor calificado de castellano y literatura hasta Presidente de la República por mandato del pueblo. Una vida ejemplar que siempre estuvo presente a la hora de responsabilidad. El retorno a la patria, esta vez, es motivo de júbilo público y de pena íntima, ya que trae consigo el cadáver de su amada esposa"

Rómulo Gallegos a los 72 años de edad, es el maestro de la voz firme y el gesto sereno, el escritor de trayectoria limpia y repercusión continental y el hombre de Estado quién en virtud de la actitud asumida en momentos de gran responsabilidad, frente a los usurpadores del poder dió el más claro ejemplo de dignidad personal. Este segundo regreso del exilio, no representa para él un regreso triunfal como el primero. Cierto es que en su condición de hombre público la añorada patria lo espera con los brazos abiertos, para rendirle homenaje que se merece; pero no es menos verdad que esta vez la satisfacción y el anhelo de reintegrarse a su País, le acompaña también una pena muy honda. Trae consigo los restos de su amada esposa Doña Teotiste de Gallegos, su compañera de toda la vida, quién dejó de existir en la Ciudad de México, durante el último destierro. Por esta circunstancia -muy especial por cierto-, su regreso a la Patria es motivo de satisfacción y de pena a un mismo tiempo. De regocijo público y de pena íntima. 



El Hombre

Como hombre Dón Rómulo Gallegos ha sabido llenar a cabalidad la función de su papel ante la historia. Como ciudadano ha sido ejemplar. Como funcionario fue siempre responsable de sus actos y ha dejado huella perdurable desde los días mozos de la cátedra, pasando por el escaño congresista y la Carpeta Ministerial, hasta llegar por mandato de su pueblo, hasta  la máxima posición que pueda aspirar un venezolano de todos los tiempos: la primera magistratura de la Nación."

martes, 10 de noviembre de 2015

El Crimen de la Roca Tarpeya


El presente artículo lo transcribí -como siempre- en aras del rescate de la memoria de nuestra ciudad, partiendo de la premisa de que no podemos amar lo que no conocemos, y, mucho menos identificarnos con ello. Pero muy especialmente como un aporte dedicado a la Lic. Celeste Olalquiaga, quién dirige la Asociación Civil sin fines de lucro  "PROYECTO HELICOIDE" creada con el fin de rescatar el más grande ícono de la modernidad, ubicado en la Roca Tarpeya.
http://www.proyectohelicoide.com/



A Democrático Letargo
Corroe El Helicoide


“El Helicoide de la Roca Tarpeya ha creado mayor interés en el extranjero que entre aquellos que deben redimirlo de la ruina y de la muerte en esta Venezuela  pródiga y anchabusada. Seis mil recortes de prensa extranjera, incluyendo revista de arquitectura, ingeniería, urbanismo, vialidad y otras específicamente tecnológicas del en el mundo dinámico y creador de la construcción, dan testimonio fehaciente del interés que este coloso ha despertado por sus proyecciones autóctonas.

Asciéndase  la rampa helicoidal. A prima facie: desolación. Luego todo el redor evidencia  lo inconcluso. Hercúleas labores y afanes interrumpidos. Equipos en desusos con trazas de deterioro por corrosión. Segmentos de acero estructural desnudos de hormigón. Montones residuales de encofrado y bloques fragmentados. Y al fondo de todo: el rancho pulula en los vecinos  cerros y hasta  en los bordes de precipicios pone  el tema ominoso y perenne de su ubicuidad.


De todo lo alto, la vista recorre el grandioso panorama en tres dimensiones, clavadas a la cuarta e invisible dimensión del tiempo-espacio: la metropolitana urbe caraqueña que ora surge en secciones, ora escóndese [sic] tras accidentada topografía para surgir de nuevo en la distancia. Ayer no más, era pueblo grande con esquinas tradicionales  y centenarias que todos conocíamos: Peligro, Pele el ojo, Muerto. Hoy, la explosiva expansión nos deja boquiabiertos.  Y ni siquiera sabemos donde ubícanse vías públicas con nombres excelsos: Ayacucho, Junín, Pichincha, Carabobo. 


¡Ensimismados en la Roca Tarpeya! Serafín Herrera nos vuelve a la realidad. Es empleado del “Consorcio”, empresa del Helicoide: ATECSA, INACA, QUIVENSA, AINQUI. ¡No, no. No es  sáncrito!  [sic] Son las siglas  de esas firmas constructoras  que realizaron, entre otras cosas,  el Canal 8 en Los Ruíces, y urbanizaciones como Montalbán y La Vega. En la carne, duélenle  a Serafín las depredaciones “del hampa” en el coloso helicoidal: madrea, bloques, herrajes, materiales suficientes para levantar mil ranchos. Saqueo inaudito. Proterva destrucción que ni el hambre justifica. Una carencia total de vigilancia. Hace un par de años,  el Banco Obrero tuvo allí “guachimanes”, aunque solo meses. A veces, la policía los captura in fraganti. Serafín ha denunciado numerosos robos, el último de 1.250 metros de cables de alta tensión. 



Los ojos ven la magnitud ciclópea de esta obra y la mente bulle, un tanto pesarosa. Esto aún pudiera ser maravilla venezolana. ¡Blasón de Caracas! Como la Torre Eiffel,  el Arco del Triunfo,  Big Ben, La Libertad, que levanta su antorcha junto a la puerta de oro. Blasones, más elocuentes y de mayor impacto en la imaginación que los nombres propios, de las urbes que evocan. Y si no es Blasón de Caracas  el Helicoide, culpa es de la paradoja del eximio profeta, ignorado en su tierra. Y también porque la desidia es madre de las miserias. Nuestra miseria es grande y conmensurable con la inercia y la imposibilidad que saturan el ambiente anchabusista.

¡Helicoide de la Roca Tarpeya! Espiral de acero y concreto; prendida a los contornos topográficos, trepa como la hiedra que enreda el tronco del caobo gigante. Roca Tarpeya romana. Monte Capitolino. En lo cimero. El Templo de Júpiter, un Dios pagano, de utilidad: cero. Roca Tarpeya Caraqueña: Cerro donde el genio arquitectónico del hombre adaptó la estructura de la forma física  como si tomara en sus manos acero y concreto a la manera del “modiste” que, con los dedos va calentando en la seda los contornos anatómicos de la hermosa que, en la fiesta, lucirá como si la seda fuese una prolongación de la epidermis sobre la estructura ósea. Así es la estructura helicoidal de la Roca Tarpeya. Gigantesca hélice. Una espiral envolviendo un cerro que es su apoyo constante, como cilindro o eje vertical. 



El arquitecto, Jorge Romero Gutiérrez, que tiene en su haber, entre otros el Centro Profesional del Este y el recién inaugurado  Palacio de las Industrias, concibió y proyectó el Helicoide, con la colaboración de unos 40 ingenieros y técnicos en especializaciones diversas, desde la geología a las escaleras mecánicas. Proyectando como Centro Comercial y exposición industrial, al otro lado del Portachuelo, en la conjunción de los más densos sectores urbanos. Concebido en dimensiones heróicas  y el aprovechamiento topográfico de un área de 102.000 metros cuadrados. A vías y áreas verdes destináronse 29.000, al edificio 73.000, en seis ramas que, por el sector Norte, álzase [sic] como un rascacielos de 22 pisos. La rampa en espiral de leve pendiente, promedia el 2,5 por ciento y facilita notablemente la ascensión.

Desde la remota antigüedad, el mercado fue eje de actividades ciudadanas. En el mundo de hoy, planifícanse los centros mercantiles como complejos resultantes de la experiencia en todas las materias correlativas a la integración de vías  y espacios con nuevas concepciones urbanísticas, alejadas de los focos  de concentración carentes de vías adecuadas y grandes áreas de estacionamiento. El Helicoide reúne estas condiciones. Es la primera obra autóctona continental que incorpora racionalmente  el vehículo a la estructura urbana, eliminando el factor accidente de tan elevado índice en las grandes urbes contemporáneas. O sea, proyectado para la era vehicular, la movilización cotidiana de la población sobre ruedas.

Concurrentemente, proyectábase una obra de renovación urbana integrada a un complejo equilibrado y funcional.  Aparte la urbanización de sectores enteros, el Helicoide estaba llamado a desempeñar una función adicional en el desarrollo comercial e industrial del área circundante, especialmente entre la Roca Tarpeya y la Universidad, donde habíase proyectado helipuertos para el transporte urbano en helicópteros, punto de partida para la renovación de todo el sector. Las Charnecas inclusive, eliminándose ranchos y el hacinamiento de millares de ciudadanos abandonados a sus arbitrios para subsistir. 

El movimiento de tierras en la Roca Tarpeya comenzó en 1956 y la obra marchaba viento en popa, trabajándose día y noche,  cuando surgió la crisis de la industria de la construcción  y sobre la épica estructura cernióse la amenaza de la paralización  y la ruina. En 1958, iniciase la crisis de la economía venezolana. Dos años más tarde, el Instituto Venezolano de los Seguros informa que 11.500 empresas  han perecido y la industria de la construcción es la más afectada por una situación creada, literalmente, por el gobierno. La agonía de una industria que en pleno desarrollo aportaba millones mensuales a la economía, súbitamente paralizada cuando el gobierno decidió aniquilarla  por considerársela “hipertrofiada” y, en el colmo de la incesatez  [sic] derrochándose millones en infructuosas erogaciones laborales. 

En represalia por las ilícitas actividades de algunas empresas constructoras, el gobierno tomó medidas drásticas  contra toda la industria, sin depurar responsabilidades ni proteger la legalidad de los demás y sin establecer la delincuencia de los menos. Todos fueron calificados igualmente y el gobierno, a través del Banco Central, ordenó que no se aceptara el redescuento “del papel”, las obligaciones a plazo fijo, de una industria mayor y de primerísima importancia para el fomento y desarrollo de todos los sectores de la economía venezolana. 

Nada de sorprendente tuvo el resultado. Cualquier estudiante de economía lo hubiera previsto. Cuando no existe el redescuento, no existe el crédito. No así los señores que no se cansan de incidir con fines políticos en cuestiones tecnológicas que ni siquiera,  entienden, como la arbitraria planificación  de nuevas obras,  el urbanismo y proyectos regionales.  Carentes de ponderación. El Helicoide era empresa modelo de la iniciativa privada, contando con la confianza de sus inversionistas, y los clientes que adquirieron el 60 por ciento del espacio comercial, cuyo producto integro invirtióse directamente en la obra. Millones de bolívares escrupulosamente contabilizados, como comprobara el Banco Obrero, en 1962, tras completar minucioso análisis del proyecto, sus realizaciones y perspectivas, concediéndole un préstamo de Bs. 16 millones para continuar la obra. 

La suma era insuficiente. Terminar el colosal proyecto requiere una inversión adicional de Bs 35 millones. Quedaba por venderse el 40 por ciento del espacio comercial, invendible en una situación de crisis de la construcción. No obstante, se continuó la obra hasta haberse agotado  los recursos aportados en préstamo. En el lapso,  el Banco Obrero, por su manifiesta indiferencia, dió la impresión de haber abandonado la carpeta del préstamo. ¿Por qué esa negligencia o apatía del Banco Obrero, equivalente a prevaricar inconcebiblemente en el cumplimiento de sus deberes de custodio de los fondos que arriesga en préstamos, como en el caso  del Helicoide? Sea como fuere, el caso es que el Banco Obrero no operó y que, carente de recursos, la empresa no tuvo alterativa y paralizó la construcción en 1963, cuando 600 obreros trabajaban en ella. 

Responsabilidad por el desastre: Primero, la incapacidad, la arbitrariedad y la estulticia gubernamentales, que tan gravemente lesionaran la industria; y segundo, el Banco Obrero que presta Bs. 16 millones para terminar la obra y, lejos de terminarla es la causal directa de su paralización en dos años.

En tanto, Caracas planifica la celebración de su cuarto centenario. Nada en la metrópoli se presta tan admirablemente para la gran exposición de la vida nacional, como el Helicoide que, aportándole los recursos económicos que faltan y una buena dosis de cooperación y entusiasmo, sería hermosa realidad en 1967, a tiempo para la exposición cuatricentenaria, dedicándosele posteriormente a sus objetivos originales. 

La exposición industrial del centenario  del Ministerio de Fomento, en El Paraíso, causó la erección de costosas estructuras provisionales, perdidas precisamente por su índole temporánea: La utilización de obras costosas de empresas efímeras, en tanto que el coloso de la Roca Tarpeya, es una olímpica estructura, con la fortaleza y permanencia del acero y el concreto, que servirá cabalmente para el Cuatricentenario así como a los servicios públicos metropolitanos que se pudieran instalar en los espacios aún disponibles del magno centro. 

El arquitecto Jorge Romero, que hermanó con el soberbio proyecto, las ciencias las artes arquitecturales, siente en el pecho latir la esperanza de un padre ante el hijo agonizante, sabiendo que alguien puede salvarle:

“El gobierno definitivamente puede ayudar en la coordinación que conduzca a la solución del problema de empresa, hasta lograr del conjunto de interesados un saneamiento mediante la capitalización de las acreencias, incluyendo las del propio Gobierno Nacional, y avales o créditos para la terminación de la obra. 

El Helicoide está en crisis y el tiempo no espera por hombre alguno. Si se permitirá que la empresa quiebre y que no se termine la grandiosa obra o, por el contrario, rescatarla por el bien de la metrópoli y de la nación, es algo que se debe decidir a tiempo. El cuarto centenario se avecina. El Distrito Federal, el Gobierno Nacional, la Junta Planificadora del Centenario y el Banco Obrero, tienen en sus manos el destino del Helicoide y este menaje: 

Arco de Triunfo, Torre Eiffel, Libertad con su antorcha, Coloso de Rodas: monumentos admirables pero improductibles. Coliseo, Acrópolis, ruinas gloriosas. Mausoleo, Pirámides, Taj Mahal, tumbas monumentales pero infructíferas. 

Las maravillas de nuestro siglo ubérrimo en realizaciones, son las obras que se ponen al servicio del hombre de la comunidad, en la nación o el mundo: el Canal de Panamá, los de Suez y San Lorenzo; las gigantes presas que enjaezan pavorosos torrentes y los enganchan a la servidumbre de la humanidad.; fabulosos puentes, portentos superiores a os jardines colgantes de Babilonia. Estas sin son maravilla fructíferas- como el Helicoide de la Roca Tarpeya – maravilla de acero y hormigón, poema antológico y funcional plasmado en geometría para servir al hombre en Caracas, la Metropolitana, su marca, su blasón, símbolo de su progreso Cuatricentenario."                       

Fuente: Venezuela Gráfica  1965
Por Guido M Renall

lunes, 27 de julio de 2015

Terremoto de Caracas 1967

Venezuela Gráfica reseñó el terremoto de 1967 de la siguiente manera:


"Tal vez, en muchos años, desde 1812, Caracas no había vivido dos noches como la del sábado 29 y el domingo 30 de julio. Los caraqueños, como suele ocurrir, harían fiestas de fin de semana. Unos hacia la playa. Era el final de la semana cuatricentenaria. La ciudad del valle, bautizada así desde hace 400 años, vestía sus mejores galas. Y nadie sospechaba, porque así fue, la tragedia que conmovió a toda la población. 

Todos sabemos los festivos que son los venezolanos. Más cuando la fiesta cuatricentenaria era lo de moda. Lo que atraía la atención de propios y extraños. Sin embargo, el pueblo en fiesta, los caraqueños orgullosos por cuatro siglos de existencia, vieron sus esperanzas frustradas, con una celebración histórica y triste. Cuatro días después- un fatídico cuatro- y cuatro siglos destruyeron las estructuras de modernas edificaciones y estremecieron los cimientos de las viejas casonas que resistieron el golpe certero de la naturaleza contra la cuna de Bolívar.

Pareciera que la historia iría a reunir de nuevo los grandes momentos y las excepcionales epopeyas de nuestra tierra. Fue en el año 12 cuando Bolívar dijo aquello:
"Si la naturaleza se opone lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca...”
Acertadamente decía en la tarde trágica del domingo 30 un redactor de "Ultimas Noticias": "Esta vez no hubo nadie que dijera: "Si la naturaleza se opone lucharemos...etc...etc...
En verdad, faltó el espíritu de Bolívar en un desafío al destino. Pero de él los caraqueños, el pueblo todo de Venezuela, heredó la valentía y la constancia frente a las eventualidades. Los caraqueños recibieron el impacto imprevisto. Dos noches y dos historias que jamás se olvidarán. Y frente a ella, ante la desolación y la miseria de los pobladores de esta gran ciudad se fueron camino del campo abierto, desafiando la lluvia si, pero resguardando la vida ante el peligro de nuevas acometidas sísmicas y en las calles, avenidas y plazas se improvisaron campamentos de previsivas familias y damnificados en un intento final de salvar la existencia. 
¡Quienes contarán mañana la historia no podrán olvidar estas dos noches dramáticas de lo ocurrido en Caracas. 





Centenares de muertos
Saldo del terremoto

En varias centenas de muertos se cifra el cómputo de las víctimas del terremoto que azotó a la capital de Venezuela y otras poblaciones del País.

Sin la misma intención de sembrar alarma dentro de la ciudadanía, éste número se logra gracias a una sencilla operación aritmética, tomando en cuenta los puntos más afectados por el sismo, tanto en la capital como en las zonas del Departamento Vargas.

Los cuatro edificios abatidos por completo por el terremoto dejan el saldo lamentable de 810 personas desaparecidas, cuya identificación tardará muchos días. Este balance se presenta de la siguiente manera: 

el Edificio Palace Gorvin, ubicado en la Avenida Avila de Altamira, parte sur, al desplomarse toda la parte posterior, de doce pisos y calculándose un apartamento en cada uno de ellos y a una familia de cinco personas, deja el resultado de sesenta víctimas por lo menos. 

El edificio "Neveri", también en la Avenida Avila de la Urbanización Altamira, parte Norte, al desplomarse, tapizó un total de 36 familias a cinco personas por cada una un total de 180. 

Por su parte, el edificio "San José", ubicado en la Urbanización Los Palos Grandes, también de doce pisos, albergaba aproximadamente a 180 personas, estimándose 3 apartamentos por piso.

Por último, en el edificio "Mijagual", ubicado en la 4ta Avenida de la Urbanización Los Palos Grandes albergaba aproximadamente 240 personas, en sus 48 apartamentos, calculándose cinco personas por familia. 
Este primer total arroja la cifra alarmante de 660 víctimas a la cual habría que sumarle los invitados a dos fiestas que se realizaban en el "Mijagual", para lo cual se estima unas 120 personas invitadas, para un primer resumen que arroja el balance de 810 víctimas. 



Sábado 29 de julio:
8 de la noche:
Comienza la tragedia

Los caraqueños, y por qué no decirlo, todos los venezolanos acostumbran el sábado en la noche a descansar o a divertirse en los lugares públicos. A esa hora se pactan los actos bailables, los cumpleaños, los matrimonios y en casi su totalidad, los bares y fuentes de soda comienzan a llenarse de parroquianos. Es una hora oportuna también para la visita familiar.
Un movimiento verdaderamente aterrador, con un sonido que desgarró al más valiente y que se extendió en una franja este-oeste con una duración aproximada de los treinta y cinco segundos, inició su acción de muerte.

Caracas se lanzó a la calle. Hombres, mujeres y los niños despavoridos trataban de buscar sitios abiertos para evitar la tragedia. Los llantos de la población temerosa, conjuntamente con el sonido de las cornetas y de las sirenas, configuraron una atmósfera de guerra. Un bombardeo de la madre naturaleza habría sido un regalo para la ciudad que horas antes terminaba de festejar sus 400 años.
El Gobierno Nacional, por intermedio de su comisión cuatricentenaria creyó conveniente remodelar algunas obras antiguas como para hacer renacer una época. Frisó muchas paredes. Acomodó algunas veces estructurales. Pero todo aquello hoy se encuentra en el suelo haciéndole compañía a las miles de tumbas, que como trapos negros quedan hoy aferrados a nuestros corazones.

Al finalizar la fuerte sacudida el resultado más fatal apareció en el Este de la ciudad. Las urbanizaciones Altamira y Los Palos Grandes, prácticamente estuvieron a punto de desaparecer. Todas las edificaciones mayores de ocho pisos se encuentran agrietadas y se hará necesaria la demolición de muchos de ellos. 

Presentamos a continuación la lista de edificios que por sus malas condiciones estructurales deberán sentir el peso de la maquinaria que les derribará definitivamente:
El "Lassie" y el "Alfosis", ubicados a los lados del derrumbado edificio "San José" en la primera avenida de los Palis Grandes. Su estado es verdaderamente peligroso, pues sus bases fueron partidas por el sismo y deben estudiar las condiciones de los edificios laterales.