Mostrando entradas con la etiqueta 1901 Caracas vieja.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1901 Caracas vieja.. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de febrero de 2014

Aquellos Tranquilos Botiquines


“Para la última década del pasado siglo y principios del presente la vida de Caracas, en su aspecto nocturno, era tranquila y apacible; incluso en lo que a centros de expansión y diversión de índole espiritual  y festiva, se refiere. No existía entonces el botiquín propiamente dicho, sino la botillería y la confitería donde se vendía licor. Ejemplo clásico de estos establecimientos mixtos lo tenemos en lo que registra la crónica y recuerdan los caraqueños de larga vida y poco beber, aunque no por ello fueran precisamente abstemios. Así viene el caso mencionar  los establecimiento de este tipo que funcionaron en el centro de la ciudad por los lados y alrededores de la Plaza Bolívar, “La Francia” y “La Glacier”, fundados por Don Carlos Zuloaga; “La India”, fundada por el italiano José Mendozza – el apellido se escribe con doble Z-y “La Confitería de las Familias” situada en la esquina de Dr. Paúl. En esos sitios los niños y las damas comían helados y dulces y los mayores de edad, saber y gobierno tomaban su “aperitivo”, que consistía en una copa de buen vino español o de sabroso coñac francés lo cual obligaba al bebedor a mover  la lengua ruidosamente  en el cielo de la boca para dar señal de buen gusto. Con esto se fueron formando los grupos de contertulios que en la generalidad, estaban integrados por poetas, literatos y artista que se denominaban así mismo “librepensadores”.



Salón La India para damas 



En realidad el botiquín más ruidoso de Caracas, en los primeros años del siglo, vino a ser el de Puente Hierro, propiedad que fue de Alejandro Landa, en el cual el General Eustoquio Gómez mató al Gobernador Mata Illas. Al abrirse con este hecho de sangre una etapa de violencia, por una rivalidad regional ya superada, la vida caraqueña se sacudió en su ánimo, y cambió un tanto en sus costumbres y en algunos aspectos sentimentales. De allí que se hiciera célebre la frase  del Presidente Castro, según la cual  “no cobraba andinos ni pagaba caraqueños”. Los tiempos de Castro fueron los más festivos de la vida caraqueña, por lo mismo que le gustaba el baile, y tanto como danzar con los pies, “empinar el codo” aunque, en este particular, no daba su brazo a torcer. Aquel aspecto era un producto de la “fulminante” revolución restauradora. 

Eustoquio Gómez de gala 


La Tradición Caraqueña

La vida caraqueña se mantuvo dentro de la tradición. En la Plaza Bolívar las familias asistían a las retretas los jueves y domingos, para lucir sus mejores galas. En la Cervecería Strich, que funcionaba en la planta baja del Hotel Klindt los caballeros de la época lucían su leontina en el chaleco, en sombrero de pajilla en la cabeza y los zapatos “bordequines”. Entonces fue cuando el alemán  Strich puso de moda la “camarita y el pumpá”, sombreros de moda en el vestir elegante, a los que ironizaban los de sombrero de pajilla, tipos más populares. Se entendía por camarita el medio vaso de cerveza cuyo costo era medio real; y por pumpá, el vaso entero que costaba un real. Desde la cervecería veían desfilar las señoritas trajeadas a la usanza de la época, con traje largo, cintura ceñida y valona al cuello. El traje de las señoras se diferenciaba de que “traían cola”. Fuera de la cara no había nada que ver.

En tanto en “La India” que era el bar de categoría, los grupos selectos y los bohemios famosos, de buen vivir y mayor gastar, se deleitaban con sus tragos de vino y coñac. El gran pintor Tito Salas, el poeta Andrés Mata y el Padre Borges eran de los asiduos  concurrentes. Don Tito que llevó una vida bohemia hasta que se casó, fue motivo para que “La India” cerrara sus puertas la noche de su matrimonio, y pusiera en las puertas un cartel humorístico que decía a la letra:
“Cerrado esta noche: Se casa Tito”, “La Francia”, a su vez seguía siendo un sitio de reunión de los caraqueños y muchas veces fue escenarios de lances personales.  
El Pintor Tito Salas, ya abuelito,  junto a su hermosa familia

Fuente:   Pedro Hernández C
Transcrito por Caracas en retrospectiva de la Revista Venezuela Gráfica 1962
Imágenes de El Cojo Ilustrado, y grupos Caracas en retrospectiva facebook 

sábado, 1 de junio de 2013

El Pasaje de Linares

Comparto con ustedes imagenes del Pasaje de Linares así como reseñas encontradas en El Cojo Ilustrado y  del libro  "La Caracas que conocí "  de  Francisco A Moya. 


Esta hermosa gráfica apareció en  El Cojo Ilustrado de 1901, y la cual reseñaba lo siguiente : " Caracas,  La ilustración que en el presente número determina un aspecto de la ciudad capital,  cual es el de la entrada al Mercado Público, por el "Pasaje de Linares", exterioriza al propio tiempo una importante manifestación de la actividad individual" 




En esta otra nos evoca la Caracas de nuestros antepasados y nada mejor que darle vida a la imagen con la descripción hecha por Francisco A Moya en  "La Caracas que Conocí"  donde expresa : 

" La Plaza del Mercado, como lo llamaron, tenía en un pedestal una estatua del Ilustre Americano, título del presidente Antonio Leocadio Guzmán Blanco. Alrededor de este monumento se colocaban los vendedores de pájaros como turpiales, azulejos, loros y esos pericos que llamaban “cara sucia”. También los muchachos limpia botas portando sus cajoncitos de propia fabricación. Antes de llegar a la primera nave del edificio construido de norte a sur y en su entrada central se encontraba la venta de flores diversas, claveles de Galipán y azucenas, rosas y dalias, geranios, gladiolas y helechos para la confección de ramos y coronas. Ya en el propio edificio del Mercado Principal, aunque no había otro, estaba la venta de refrescos y de frutas nacionales, igualmente los llamados “frutos menores” o verduras, ñames, apios, papas, batata, ocumos, papas blancas y rosadas, yuca y variedad de hortalizas.
Al frente de esta primera nave y a mitad de la cuadra, sobre la acera norte se encontraba colocado el pedestal cilíndrico de menos de dos metros de alto y como de cincuenta centímetros de diámetro donde se encontraba colocado de canto la piedra circular achatada, medio inclinada hacia atrás, y que tenía en su centro una especie de clavo grande, que al reflejar su sombra en el horario grabado alrededor de la piedra indicaba la hora.  Esto se llamaba “El reloj de Piedra”, en realidad se trataba de un reloj de sol.

Con una explanada y gradas que en forma de una escuadra daba acceso a las callejuelas que separaba al Edificio del Mercado, donde se expendían las carnes y el contiguo llamado “Linares” que en dos pisos tenía su frente en la Calle Este 4, de Traposos a Chorro. 

Este pasaje Linares enlazaba con una calle al frente del lateral sur de la Plaza de El Venezolano que era su verdadero nombre y la Sur 1, entre San Jacinto y Traposos. Este era el sitio indicado para que se realizara el comercio de frutos al por mayor, fijándose el horario de siete de la noche a las siete de la mañana.

Cumplido este horario, los remanentes de frutos o productos debían ser retirados de la “Playa del Mercado” dejándola totalmente barrido de toda clase de desperdicios; pues, aquello era un barullo de huacales, cajas y mochilas, haciendo pilas o rumas en el suelo esperando negociar con los comerciantes detallistas de la ciudad y sus alrededores, y, no dejaban de verse algunos burritos rezagados por allí, aunque todas los arrieros que transportaban cargas hasta la “Playa”, así se llamaba, les estaba prohibido retener los animales, había que descargar y llevárselos a pernoctar por otro lado. Los frutos que no se vendían en el horario establecido debían depositarse en los locales que a este fin existían, cobrando cantidades insignificantes. En la acera norte al frente de la plaza y el mercado, recordamos la Sombrerería Ochos, que por cierto sufrió un incendio, los mayores de mercancías secas, telas de las firmas de Parientes y Carcientes Hnos. La quincalla de Jacobo Bendayán, así como también la casa matriz de los Almacenes Caracas, fundada por Pablo Sánchez de León. En la esquina del Doctor Paúl, la Farmacia Santa Sofía, bajo la firma de Suels & Cía. En la esquina, en uno de los locales del edificio del Mercado, que los daban en arrendamiento, se instaló la Ferretería Lovera, padre del abogado, político y diplomático Virgilio Lovera, así como también del médico Ildemaro Lovera. Hacia el sur, la acreditada Tienda de Joseíto, Fortunato y Salomón Benarroche; en el otro ángulo una sucursal de la joyería y relojería La Perla de Pujol & Cía. Como puede apreciarse el edificio del Mercado llamado de San Jacinto se iniciaba en la esquina del Doctor Paúl, con unos locales hacia el sur, el frente se pronunciaba hacia el oeste, exactamente hasta donde estuvo ubicado, últimamente, “El Reloj de Piedra”, al frente de los Almacenes Caracas, y de allí, nivelando con la Plaza “El Venezolano” hasta el Pasaje Linares, al centro de la manzana.