Mostrando entradas con la etiqueta Caracas retrospectiva. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Caracas retrospectiva. Mostrar todas las entradas

sábado, 26 de febrero de 2011

profesor sin cátedra y discípulo sin pupitre

PAPEL LITERARIO

Saber y sabor del anticuario
JESUS SANOJA HERNANDEZ

Uno de los más hermosos estudios de Enrique Bernardo Núñez es aquel dedicado al
"anticuario del Nuevo Mundo", 1944, donde reunió artículos publicados, marzo de aquel año, en diario del que fue asiduo colaborador. Citaba Núñez allí la frase de Martí: "Arístides Rojas, con la América a cuestas", y aunque no fuera América, por lo menos fue Venezuela su carga sentimental e investigativa.
 Nada, o muy poco, se sabía en sus tiempos acerca del petróleo, pero en alguna parte afirmó que el Orinoco era un "creador de petróleo". Faltaban muchos años para que se descubriera la Faja Petrolífera del Orinoco, inicialmente llamada "bituminosa".

La librería y a la vez editorial "Almacén Rojas", fundada por su padre José María de Rojas, cumplió una labor privilegiada en el resto del siglo y fue punto de tertulia donde concurrieron los primeros entre los de la época. En 1876, en el apogeo guzmancista, Rojas Hermanos editores dio a conocer Un libro en prosa, recopilación miscelánea de 556 páginas. Al acopio de datos y a la variedad de enfoques, el volumen añadía el sabroso estilo que en él era fronterizo entre la tradición y la crónica. Y Crónica de Caracas tituló Enrique Bernardo Núñez una selección de esbozos publicados por Rojas, la mayoría de ellos extraídos de Leyendas históricas de Venezuela, dos volúmenes que habían visto luz en el bienio 1890-1891, pues, como bien advierte Angel Raúl Villasana, tres de ellos pertenecen a otras publicaciones.

Por ejemplo, "El cuadrilátero histórico", estampa de lo que fue el centro de la ciudad, su palpitante corazón de antaño, había sido incluido en el Almanaque Rojas de 1875 y reproducido en sus Estudios históricos, compilación ordenada por el gobierno de Gómez, 1926-1927, e introducida por José E. Machado, a la sazón director de la Biblioteca Nacional y autor de uno de los primeros censos de seudónimos de Venezuela. Los de Rojas fueron "Bibliófilo", "Camilo de la Tours", "Provincial" y "E.D. Aubry".

Para insistir algo en el Almanaque Rojas, que pasó a ser una institución nacional, en él colaboraron escritores e investigadores muy importantes. Treinta años atrás buscaba yo datos acerca de Guayana y tropecé con el correspondiente a 1883, que traía un estudio sobre las minas y ferrocarriles, otro de R.F. Seijas ("El oro del Yuruari: de Caracas a las minas de Guayana") y un tercero firmado por Olegario Meneses (a cuyo tronco familiar perteneció Guillermo). Esos trabajos me sirvieron, así como el libro de Lucien Morisse que más tarde me tocó prologar, para determinar que las Obras científicas de Codazzi, que aparecían en la Biblioteca Nacional bajo la cota V-2664, no eran en realidad de Codazzi sino una de las tantas falsificaciones, imposturas y trampas literarias de Rafael Bolívar Coronado.

Para Luis Beltrán Guerrero, fue Rojas "profesor sin cátedra y discípulo sin pupitre, iniciador del estudio científico de la historia, creador de los estudios arqueológicos" y tal vez algo más, como anticuario que se encargó de explorar en los caminos largos de la tradición.

La reedición que en 1972 la OCI hizo de Leyendas históricas de Venezuela permitió al lector de hoy el acceso a uno de los más bellos libros misceláneos escritos por venezolano alguno. Entre otros materiales, allí encuentra el buceador de crónicas o el visitador de almacén de antigüedades, esto: "La primera taza de café en el Valle de Caracas", retrato además de una tertulia famosísima; "El primer buque de vapor en las costas de Paria", por allá en 1818, días del Congreso de Angostura; "Pasquinadas de la Revolución Venezolana", interesantísimo documento donde la diatriba y el humor de realistas y patriotas afloran en versos anónimos; o "El loro de Atures", uno de sus tantos apuntes humboldtianos recogidos en la selección de Juan Röhl y Angel E. Alamo.

Riquísimo en información agradable por el estilo, entre añorante e imaginativo en su exposición, todo Rojas es un banquete para quien busque visitar los rincones de la historia con el propósito de conocerla sin los tormentos de la épica y sin el desafío del erudito.

EL NACIONAL - DOMINGO 3 DE ENERO DE 1999

miércoles, 22 de diciembre de 2010

AGUINALDOS Y PARRANDAS


Alejo Carpentier

Venezuela es el País que puede mostrarse orgulloso de haber conservado, con sorprendente vitalidad y carácter propio, la tradición encantadora de los villancicos, aguinaldos y parrandas, que en un tiempo acompañaron, en todo el mundo cristiano, las festividades pascuales. Y digo que “en un tiempo acompañaron…”, porque sorprende, en verdad, que una costumbre tan grata, fuente de la más tierna invención melódica, propiciadora de las coplas y pastorelas de una deliciosa poesía, haya desaparecido tan completamente de ciertos países donde esa tradición existió hasta fines del siglo pasado. No hablemos ya de muchas naciones europeas donde el villancico se ha vuelto una cosa erudita, remozada cada año con gran trabajo, sobre manuscritos nada dicen ya al pueblo. (Debe reconocerse que los ingleses, en cambio, fueron excepcionalmente hábiles en conservar y hacer cantar, como una suerte de rito pascual colectivo, sus “Christmas Carol´s). Lo raro es que ciertos países de nuestro continente, que recibieron el villancico de mano de los conquistadores y escucharon coplas de Juan del Encina en los tempranos días de la colonización, hayan perdido, de modo tan absoluto, la tradición de los aguinaldos y parrandas. Es inexplicable por ejemplo, que en un país como Cuba, tan rico en fuerzas creadoras de música popular, el villancico haya desaparecido totalmente, sin dejar rastro. Es probable que algún sacerdote músico haga cantar coplas pascuales en algún templo en la Habana o en alguna vieja iglesia colonial, en noche de Navidad. Pero no encuentra ecos realmente en la memoria del hombre de la calle, ni haya resonancia en el holgorio arrabalero de lechón asado y plátano verde. Y sin embargo, mis investigaciones realizadas en la catedral de Santiago, me pusieron sobre la pista de una serie de manuscritos maravillosos, de Villancicos compuestos, a mediados del siglo XVIII, por el maestro de la capilla de música que era criollo. Lo que demuestra que allí la tradición fue tan observada como en México o Venezuela. ¿ Por qué se perdió, entonces ¿ … ¿Y por qué se perdió en tantos otros países de nuestra América? …

En Venezuela, en cambio, el aguinaldo, la parranda, el villancico, son manifestaciones vivientes del regocijo popular en pascuas. Claro está que la admirable labor de recopilación y difusión del villancico venezolano por obra del maestro Vicente Emilio Sojo se es ajena a la pervivencia de la encantadora tradición. Pero hay un hecho cierto. Y es que, independientemente de conocimiento cabal del villancico y del aguinaldo a través de los cuadernos que debemos al fervor del insigne músico, basta que una voz se alce en cualquier parte del País, al son del:

-¡Tun, tun!

-¿Quién es?

-¡Gente de Paz!

Para que un furruco empiece a sonar no se sabe donde y en un coro salido del norte, sur, añada a compás, y en la melodía exacta:

-Ábrannos la puerta

Que ya es Navidad.

La conservación, anotación, difusión, de los aguinaldos, villancicos, y cantos pascuales, donde todavía perdura su tradición en América, es labor que incumbe a los músicos de nuestro continente- Labor en la que el maestro Sojo ha dado orientaciones y ejemplos fecundos. Aún los espíritus más irreligiosos conocen la emoción del canto pascual, que es una de las manifestaciones más auténticas y puras del alma popular (“Villancico” era, originalmente, “Villanela”, canción “a lo villano”, campestre, rústica).

Suerte tiene, pues, Venezuela, de conservar una tradición que le viene de muy lejos, y haber tenido músicos que a tiempo se aplicaron a anotar, armonizar, editar, lo que el debilitamiento de una tradición oral ha dejado de perderse, irremisiblemente, en otros países.

Alejo Carpentier / El Nacional
14 -12- 1951.
Tomado de
Letra y Solfa I
Visión de America

2da edición / 1976/ Bnos Aires

viernes, 17 de septiembre de 2010

El Colegio Chaves

El Colegio Chaves

Colegio Chaves
Revista Shell 1954
El Colegio Chaves, como elemento arquitectónico de la ciudad, representaba un ejemplo muy puro, discreto y armonioso de las antiguas casonas caraqueñas. En su portalón estaba escrita la fecha que señalaba el término de su construcción para uno de los años finales del Siglo XVIII. Era una bella casa, con su patio, sus columnas sus portales barrocos.

Además, el Colegio Chaves representaba la primera demostración de la acción privada en los problemas de interés público. Juan Nepomuceno Chaves había dejado dispuesto que de su herencia se tomara lo indispensable – en acciones del Banco Nacional- para asegurar una renta de 7.000 pesos al colegio destinado a educar muchachas de escasos recursos económicos.

El Colegio Chaves estaba dirigido hacia la formación de mujeres capaces para las faenas del hogar pero, en ningún modo desconocedoras de los rudimentos equivalentes a nuestra primaria actual.

Durante muchos años – bajo la dirección de profesoras tan valiosas y eficaces como las Amitessarove y las Landáez - El Colegio Chaves fue lo más parecido que tuvimos a un colegio para señoritas. Entendámonos: Las Hermanas Francesas parecían dirigir sus esfuerzos a cierta comprensión de muchacha rica. El colegio Chaves era- y que nos perdonen las hermanas de San José de Tarbes-más serio, más severo, más exigente. Así lo quería Chaves.

Con la Construcción de la Av. Urdaneta desapareció el Colegio Chaves. Ha sido trasladado a lugar inadecuado. Las Señoritas Trujillo- se ven limitadas por todo género de dificultades para poder continuar su labor en local incómodo. No se ha pagado el Terreno que le quitaron para construir la Avenida. La Ciudad y el Gobierno están en deuda con el Colegio.

Se mira como posible que se llevara a efecto la reconstrucción de la vieja casa ( hay moldes que permiten su exacto renacimiento) en la esquina de Santa Capilla, en los terrenos que corresponden al viejo edificio del Telégrafo. Podría hacerse. Seria Justicia llevarlo a la realidad. La Ocasión del Cuatricentenario ayudaría a este sano proyecto.


Uniforme de gala de las niñas
del Colegio Chaves
Circa 1950 

Fuente: Crónicas de Caracas. Pág.51 Nos 66-67-Mayo-Diciembre 1965
Guillermo Meneses/ Cronista de la Ciudad.