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viernes, 15 de mayo de 2015

Cervecería Donzella

Hermosa imagen tomada de la Revista Billiken 1925. Pocas veces vista de noche.


Cervecería Donzella 
Fotografía tomada de noche y que muestra cómo el público acostumbraba pasar las noches en grato esparcimiento
Foto Manrique & CA, 
La Casa mejor atendida 
teléfonos Nos. 438 y 482 


miércoles, 10 de julio de 2013

El cajero principal del Banco de Venezuela

Estas historias , bien contadas nos retrotraen a épocas pasadas , que muchos siquiera conocimos pero que en definitiva nos dan una idea de aquella Caracas, sus calles, lugares, y hasta asuntos políticos .. 
Espero sea de vuestro agrado la presente transcripción realizada del libro "La Caracas que Conocí" 





"A mitad de cuadra hacia el puente de La Trinidad, en una casa-quinta, antes de llegar a la salida del Callejón Luneta, al frente del Samán, funcionaron las oficinas de la embajada británica en Caracas. Aún no existía al pie y rodeando el histórico Samán de La Trinidad, el edificio Roma que construyera a su antojo el italiano Felipe Gagliardi quien gozó de máxima protección oficial mientras duró la dictadura de Pérez Jiménez.

En el citado Callejón Luneta que parte de la esquina de Caja de Agua, en la Norte 4, vivió por muchos años Guillermo Suárez, cajero principal de Banco de Venezuela. Suárez tenía una numerosa familia habida de su matrimonio con la señora Mier y Terán; era un buen padre de familia y un elemento apacible de carácter, sencillo y servicial; sin embargo, asiduo cliente de la Cervecería Strich, en la Plaza Bolívar; parece que en esto estribó o contribuyó a servir de blanco a la maldad encarnada en una de los más destacados esbirros de la dictadura gomecista, un tal Ismael, cuyo apellido no vamos a repetir por considerar se trata del ovejo negro de una familia honorable.


Av Universidad, Frente al Pasaje Zingg
Antigua Sede del Banco de Venezuela 

Antigua sede del Banco de Venezuela
Aporte de Ramsés Rangel




Se conmemoraba el centenario de la Batalla de Carabobo. La Plaza Bolívar se encontraba vestida de gala con una iluminación en bombillos de colores alrededor de los diferentes cuadros que forman sus jardines. Las piletas o fuentes de agua también lucían luminosas. Las sillas plegables de madera que se alquilaban a los concurrentes de la plaza se habían agotado, llenaban totalmente las orillas de las avenidas internas que convergen hasta el monumento ecuestre del Libertador Simón Bolívar, el cual estaba rodeado de veintiún coronas u ofrendas florales colocadas en sus atriles de hierro. Allí nos encontramos de pié contemplando la marejada de gente que se movía en la plaza, ataviadas con sus más elegantes trajes y adornados sombreros, las damas, y, de rigurosos trajes oscuros, azul marino, marrones, negros y gris pizarra, - en esa época a nadie se le ocurría salir de noche con un traje color claro, mucho menos a visitar la Plaza Bolívar en un día de fiesta nacional-. Desde ese sitio estratégico oíamos el concierto especial organizado por el maestro Pedro Elías Gutiérrez, director de la Banda Marcial, que a distancia, usando su casaca azul marino del uniforme de gala y el pecho con sus brillantes condecoraciones, al levantar la batuta acompañándola con el brazo izquierdo, parecía el gesto de un bastón de mando de algún mariscal de campo.


Allí a nuestro lado, se fraguó el complot contra don Guillermo Suárez, cuando el esbirro le señalaba a dos individuos de su calaña, que Suárez bajaba las gradas que existían en el desnivel de la parte norte de la plaza, donde se efectuaban los conciertos nocturnos de la Banda Marcial. No había terminado de bajar Suárez cuando ya tenía a cada lado una escolta fatal que lo acompañó, haciendo zig-zag, hasta el monumento al centro de la plaza. Guillermo le dio la vuelta completa al monumento contando en inglés las ofendas florales: one, two, three, four, five, hasta llegar al twenty one, por eso sabemos que eran veintiuna las Coronas de esa noche; luego, dando traspiés se dirigió a la esquina de Las Gradillas, siempre seguido muy de cerca por los señalados chácharos y cuando Suárez agarró el pasamanos del tranvía del Hospital Vargas y el pié en el estribo para subir, lo agarraron por su brazo instándolo a bajar. Suárez, materialmente inocente, se dejó llevar a la comandancia de Las Monjas, camino de la tétrica Rotunda, de donde no se obtuvo su libertad durante tres años que duró su presidio; sólo Dios, con la muerte del Dictador, volvió a la vida a tantos mártires inocentes, nos consta que “el gordo del Banco de Venezuela” fue uno de ellos.


 Continuando la avenida Norte, está el Panteón Nacional con sus dos torres en aguja que originalmente fuera la Capilla de La Trinidad. Al frente de las puertas de entrada cruza la calle hacia el este para atravesar los jardines de la plaza, quedando un espacio como una plazoleta separada por calles, tanto de la plaza como de la avenida. Atrás de el Panteón, la esquina de El Misterio, luego el terraplén donde sale el Callejón Ramos hasta el Hospital Vargas, cuyo frente ostenta una antigua reja de hierro al borde de la acera, protegiendo los jardines de la entrada." 




Fuente:  Transcrito del Libro  “ La Caracas que Conocí”
Francisco A Moya Martínez 
Imágenes ; aporte de Caracas en Retrospectiva Facebook 

sábado, 17 de noviembre de 2012

La Tragedia de1943/ Los Héroes de "El Silencio"

" Los trabajos de demolición en la zona adquirida por el Banco Obrero para la Reurbanización,  fueron ejecutados en parte por cuadrillas contratadas directamente por el Banco Obrero; en otras ocasiones por el contratista para las demoliciones, señor Heriberto Salas, y en algunos casos por el contratista de la obra a ejecutar.

Las demoliciones de las edificaciones fue relativamente sencilla, pues se trataba en su mayoría de casas de una sola planta, con paredes de adobe o ranchos construidos con diversa clases de materiales, a excepción de una edificación ubicada entre las Esquinas de Marcos Parra y Escalinatas, cerca del Puente Bolívar, compuesta de sótano y dos plantas con estructura de concreto y acero, por lo que para su demolición se requería dinamitar la estructura.

El contratista encargado del embaulado de la Quebrada Caroata, empresa Oscar Zuloaga & Cía., había minado varias veces la edificación ya mencionada y la cual no cedía totalmente, por lo que terminada la semana de trabajo se resolvió continuar la demolición el lunes siguiente. En esas condiciones, la estructura constituía un peligro para los transeúntes, por lo que al día siguiente, domingo 4 de abril de 1943, el teniente Luís E. Lozada, del Cuerpo de Bomberos, solicitó a sus compañeros colaboración para acabar con la amenaza que representaba el inmueble en cuestión.

Un grupo de 13 miembros del Cuerpo de Bomberos procedió a dinamitar lo que restaba de estructura. Explotaron los petardos y la construcción no cedió, por lo que los bomberos Lozada, González, Cabrera y López penetraron debajo de la platabanda que habían minado y cuando se preparaban a sujetar una viga de hierro con una guaya, para palanquear la estructura, la platabanda se desplomó sepultándolos debajo.

En este accidente perecieron los bomberos teniente Luis E. Lozada, el sub-teniente Juan González Báez y el cabo segundo Antonio Cabrera. El bombero José León López, quién pudo salvar su vida, relató que en ese instante se encontraba al pie de la escalera y que al sentir que se desplomaba la estructura saltó hacia un rincón, el cual no quedó completamente tapado, por lo que pudo gritar oyéndolo sus compañeros, quienes vinieron en su auxilio.

Igualmente 12 bomberos habían quedado en el sótano, y gracias a la maravillosa colaboración de la Policía de Caracas, los Boy Scout y numeroso público, impidió que fuera mayor el número de víctimas. La labor de rescate se prolongó hasta las 7 pm….

Tan pronto se supo del accidente se apersonó el gobernador del Distrito Federal, el Comandante de la Policía de Caracas, el director gerente del Banco Obrero, el Comandante del Cuerpo de Bomberos y el juez segundo de Instrucción a cuyo cargo quedarían las actuaciones, se trasladaron al sitio del siniestro a fin de prestar la debida colaboración y apresuras las labores de rescate.

Este fue el único acontecimiento trágico que tuvo lugar durante todo el proceso de construcción de la Reurbanización “El Silencio” y el primero en la historia del Cuerpos de Bomberos de Caracas desde su creación el 24 de febrero de 1936."

Fuente: Reurbanización “El Silencio” Crónica/ Pág. 72

Ricardo De Sola Ricardo
Fundación Villanueva / 1987















sábado, 20 de octubre de 2012

El Circo Metropolitano, Esquina de Miranda a Puerto Escondido.

OESTE 10

El Circo Metropolitano de la esquina de Miranda a Puerto Escondido, en el garageadyacente al Teatro Metropolitano, puede observarse el gran desnivel que existe con relación al pisode la calle, esto es debido a que allí existióel ruedo o arena, como también se le llamó, del GranCirco Metropolitano, y que hoy se conserva mudo debajo del piso de concreto en el recuerdo de laalegría que envolvió las tardes gloriosas de los ases de la tauromaquia, Juan Belmonte, RodolfoGaona, facultados, Juan Luís de la Rosa, Chicuelo y Rafael Gómez “El Gallo” con susespantás; o“El Divino Calvo”atragantándosede toros como el que más.De la esquina de Puerto Escondido sale una calle ciega que se une con la transversal y queha tenido el nombre de “El Callejón de las Chayotas” y, ciertamente, para cuando existió el antiguo“Silencio”, en una acerita alta del lado derechohubo varias pequeñas casitas habitadas por ciertasgentes que podrían haber sido motivo del original nombre.

Continuando al oeste, la botica de Angelito, bajo la regencia del “gordito” Michelena,continuaba la calle la calle el callejón “Peniche”, y cerro arriba una vía que daba acceso alObservador Cagigal.


Circo Metropolitano
Archivo Biblioteca Nacional

Esquina de Angelito
Alfredo Cortina
1950
Esquina de Angelito
Alfredo Cortina 1950


Arenas del Circo Metropolitano
finales 40
Alfredo Cortina
 Texto: La Caracas que Conocí
Francisco Moya Martínez
Imagenes: Aporte de Carlos Lachica, Caracas en Retrospectiva
autor Alfredo Cortina, excepto la de la fachada del Circo Metropolitano
que es de los archivos de la Biblioteca Nacional.

viernes, 19 de octubre de 2012

Recorriendo La Calle Sur, Oeste 4 del Siglo XX

CALLE SUR OESTE 4

De Conde a Padre Sierra, estuvo la casa de los Baptista, Leopoldo y Trino; el hotel El Conde, al frente del edificio del Ministerio de Educación. En esta cuadra también vivió don Gustavo Vollmer, el de la chivita, que suponemos fuera el fundador de la Hacienda Santa Teresa, productora de afamado ron que lleva su nombre, ubicada en San Mateo, del Estado Aragua. La farmacia de Padre Sierra estaba en la casa diagonal con la que ocupaba la firma del Blohm y Cía., poderosa exportadora de café y cacao que suplía con créditos a los productores, tal cual si fuera un banco. Esta casa tenía un ancho frente hacia el Capitolio conservando su “alero” como en la época de la colonia, igualmente sus grandes ventanas y ancho zaguán; se asegura en esta casa nació el Generalísimo don Francisco de Miranda.

Continuando a la Bolsa el Teatro Ayacucho, construido por Pedro Vallenilla, el teatro continental de los hermanos Antonio y Ramón Pimentel, la casa de Cubría y Cía., Sucr. de Manual Abascal, padre del Político y Diplomático Manuel Pérez Guerrero; seguidamente la librería Maury y en la esquina de La Bolsa, el bar y casa de juego de evite y azar “El Cataluña”. Al frente, al cruzar la calle hacia Mercaderes, el primer edificio ensamblado con vigas de hierro soldadas que hubo en Caracas, construido por la compañía norteamericana que sustituyera a la inglesa Venezuela Electric Light que funcionaba en la esquina de El Hoyo. Esta empresa distribuidora de luz eléctrica producida por la Electricidad de Caracas, fundada por Ricardo Zuloaga, se denomina “Compañía Venezolana de Electricidad”.

En la casa de al lado la peletería Alaska, luego la Joyería y Relojería “La Perla”, de la firma francesa Pujol y Cía. La joyería Hernández, donde fueron empleados Pablo Sánchez de León, fundador de los almacenes Caracas; así como Rafael Isava Núñez que llegara a ser presidente en varias oportunidades del Caracas Country Club. La firma alemana de Gathmann Hnos., fue una de las joyerías y relojerías de gran fama, igualmente que La Perla de Pujol, porque si esta última era distribuidora del “Cima”, Gathmann lo era del “Longines”.

El hotel Caracas absorbía la entrada de visitantes, a la ciudad no a los turistas porque eran aquellos musius de pantalones cortos y sombreros de colcho que cuando venían a Caracas llegaban por la mañana, visitaban el Capitolio, la Plaza Bolívar y el panteón nacional, La casa natal y las ventas de frutas y pájaros de el mercado, regresando a su barco por la tarde. Este hotel era una casa antigua de esas de patios, y que tenía una salida de Mercaderes a La Gorda, su ubicación exacta fue la del área que ocupa hoy el teatro Ávila, construido por el doctor Carlos Emilio Fernández, secretario privado del gobernador Velazco.

El turismo se incrementó después que Pepito Herrera Uslar formara una compañía para la construcción del hotel Ávila en la floreciente urbanización San Bernardino. En esta cuadra y en la acera al frente estuvo Emilio Yallonardo con su sastrería y elegante negocio de artículos para caballeros; seguidamente la joyería de C. Brando y Cía; así como la de Serpico y Lainc; al cruzar la calle, la firma de C. Adrianza y Cía. En los altos de este pequeño edificio fundó Edgar J. Anzola, de grata recordación, su publicidad A. R. S. que tantos éxitos ha cosechado en su dilatada existencia. De Mercaderes a Municipal fue que José Ugarte instaló el primer Dray Cleaner de Caracas, con la iniciativa de disponer de un pequeño salón para que los clientes se desvistieran y entregaran sus trajes para el lavado al seco. Al cuarto de hora le traían su ropa lista, y mandado hecho.

La zapatería de lujo Zuloaga, atendida por la señora y sus hijos. Antes de que el general Vicencio Pérez Soto, presidente del estado Zulia, construyera el edificio “Junín” que ornamentara con varias estatuas de cuerpo entero, estuvieron en ese lugar los establecimientos de ferretería de Julián Férris y el Guinand Frers. Al frente, antes de alcanzar el ángulo que cortaba la acera hacia el oeste donde se inició la construcción de un gran edificio para la lotería de beneficencia pública, habiéndose llegado a colocar en todo lo alto de sus cuatro pisos, sobre una cúpula, la estatua de la diosa de la fortuna. Armando Planchar Franklin, instaló la agencia Chevrolet de quien era representante. Desde el citado edificio para la lotería que terminó convirtiéndose en el hotel Majestic de Eloy Pérez, se iniciaba la plazoleta al frente del Teatro Municipal, formada por el ángulo del oeste entre el final del mencionado edificio y las dos hermosas residencia que hacia el sur habitaban Aristóbulo Uzcátegui y Bernardo Guzmán Ibarra, nieto del general Guzmán Blanco. Continuando y en la esquina que hacia el cruce a la de San Pablo y al comienzo de la callejuela que existía lateral al teatro, en una casa de dos pisos el hotel Madrid, regentado por “El Papa Negro”, un torero español de apellido Mejía, quien parece haber sido el padre de los hermanos Bienvenida, y de los cuales Antonio y José nacieron en casa, por lo tanto eran caraqueños. Antonio Bienvenida alcanzó un sitial de honor en la tauromaquia española, y fue allí, en la plazoleta del Teatro Municipal al frente de su casa donde, durante sus primeros años aprendió y se ejercitó jugando al toreo con sus hermanos. Seguidamente estuvo la Jefatura Civil de Santa Teresa y en un salón al lado, la Inspectoría de vehículos en la época en que siendo inspector Chirinos Lares, se adoptó el sistema de canalizar el tránsito de vehículos colocando flechas en los postes del alumbrado y del teléfono que habían en las esquinas. En otra esquina, el Este, la firma de Mayorca y Cía., con un establecimiento de Representación de Artículos importados; siguiendo al Reducto la casa del segundo Esteban Ballesté y luego la residencia de Raymundo Fonseca Rivas. En la acera del frente, en toda la esquinita de la callejuela que se utilizaba en el teatro para la movilización de las escenografías, muebles y útiles para las representaciones de la óperas y otros grandes espectáculos, la residencia de la familia del general José Rafael Luque, quien fuera presidente del estado Miranda.

Fuente: La Caracas que conocí de
Francisco A Moya Martínez
Imagenes de Caracas en Retrospectiva


Esquina De El Conde

Esquina de Padre Sierra a Bolsa
años 30

Esquina de Padre Sierra
40
Luís F Toro.

Teatro Ayacucho

Teatro Municipal






viernes, 12 de octubre de 2012

Secretos de la Urbanización "El Silencio"

ASÍ SON LAS COSAS

"Presidente, la familia caraqueña no tendrá con qué pagarle lo que está haciendo hoy"
EL UNIVERSAL
viernes 12 de octubre de 2012 12:00 AM

Secretos de El Silencio

El general Isaías Medina Angarita ordenó la demolición del viejo Silencio. Fue en aquella época un verdadero impacto. Es bueno que se recuerde que nosotros teníamos a seis cuadras de la Plaza Bolívar la zona más horrible que existía en América Latina, que era un barrio horrible en donde nadie podía entrar de noche; donde se cruzaban gánsters, bandidos, ladrones, es decir, algo terrible. Bueno, Medina derrumbó todo aquel viejo Silencio y apareció entonces esa urbanización que hizo el arquitecto Carlos Raúl Villanueva y que llamamos hoy El Silencio, como entonces.

Cuando el presidente llegó a la Plaza Miranda, el pueblo comenzó a gritar:

¡Viva Medina! ¡Viva Medina!-. El General se quitó el sombrero para saludar a la multitud y le dijo a Diego Nucete Sardi, Director del Banco Obrero:
-La gente está contenta- Medina iba vestido de gris y caminó hacia la casita número 23, de la calle oeste de la Plaza Miranda. Nucete Sardi le entregó un pico, nuevecito, y cuando el Presidente lo levantó para descargar el primer picazo que anunciaba la demolición de El Silencio, Carreñito Delgado, gritó:

-¡Un momentico, General! - Medina, sonriendo, sostuvo el pico, mientras Luis Noguera, el viejo Avilan, el gordo Pérez y Jaime Albánez tomaban las fotos.

Caracas estaba celebrando el 374 aniversario de su fundación, el 25 de julio de 1942, con la primera gran obra, que iba a transformar a la capital.

-Yo no lo creo hasta que no lo vea con estos ojos que se han de comer la tierra... -decían las señoritas viejas que vivían en las parroquias vecinas.

-¡Matilde! ¡quítate de la ventana! ¡Recuerda que El Silencio está muy cerca! - recomendaban madres, tías, cuñadas. Las prostitutas que salían a la calle, con una mano en la cintura y en la otra una botella de cerveza, para partírsela en la cabeza a un cliente que quería "tirarles un carro", tomaban las calles de El Silencio; los ladrones y asesinos más buscados se ocultaban en El Silencio.

-Por fin vamos a terminar con este foco de pecado-, dijo Monseñor Pellín en voz alta, para que lo escuchara el propio General Medina, y cuando el Presidente se quedó viendo con sonrisa de satisfacción al cura-periodista, Monseñor agregó:

-Presidente Medina, la familia caraqueña no tendrá con qué pagarle lo que usted está haciendo hoy y lo abrazó, mientras Arrieti y otros dirigentes comunistas gritaban:

-¡Viva Medina! ¡Con Medina contra la reacción! ¡Viva Medina!- los periodistas rodearon al Presidente. -Pasado mañana lunes -dijo el General a los reporteros-, 400 obreros comienzan a demoler todo esto. Aquí se alzará una de las urbanizaciones más espectaculares de América Latina, con hermosos apartamentos, parques y todo lo que se necesita dentro de una comunidad moderna. De este viejo Silencio no quedará ni el recuerdo, se los aseguro a ustedes...

Muchas personas no creían lo que decía el Presidente. Pero así fue; tal como él lo anunció.
Así son las cosas.
@oscaryanesg

El Callejón de la Amargura

El Callejón de La Chayota

Construcción de La Plaza Urdaneta
Hoy Plaza Oleary


jueves, 11 de octubre de 2012

La Esquina de Abanico

Refiere Don Rafael Valery
en su obra "La Nomenclatura Caraqueña"

" El plano Topográfico de la Ciudad de Caracas, levantado en 1843 por Angel Jesurún, no registra el nombre de esta esquina . El Primero en  que aparece es el de 1897, del Ingeniero Rocardo Razetti, y tres planos anteriores ( 1875, 1889 y 1894) la llaman incorrectamente de Arquinzones ( Arquinzonis), nombre que corresponde a la actual esquina de Maturín.

En la nomenclatura del Obispo Díez Madroñero (1766) se identifica el lugar - aún no era esquina- como de " La torre de Boca Tuerta", tanto en la descripción de la  Calle IX ( Norte 3) como en la de la Calle X X ( Este3). El nombre de Abanico parece corresponder a la forma de las esquinas, pues debido a que el Catuche corre justo en ese sitio, las fachadas de ambos lados debieron abrirse, formado un ángulo. En 1898 fue cuando se embovedó la quebrada de esta esquina, ya casi totalmente edificada.

Esquina de Abanico
Alfredo Cortina
    
Esquina de Abanico a Socorro
Alfredo Cortina
años  40


Esquina de Abanico
2011


viernes, 10 de febrero de 2012

Restaurantes de aquella Caracas....

El Molino del Sabor en Caracas


Por Máximo Latour

El Buen vivir

Algunos restaurantes pasan, otros quedan. Uno de estos favoritos desde su creación es el Vecchio Mulino, si bien su cliente varía entre el hombre distinguido que viene al mediodía a cerrar discretamente su negocio con un visitante importante frente a un asado de cordero acompañado de un Lambrusco liviano y el bando escandaloso de los periodistas que solían intercambiar noticias calientes y a veces líneas de imperdibles para el sábado, durante decenas de whiskies consumidos en el bar, bien pasando la hora del almuerzo. Vecchio Mulino es un lugar animado de día y de noche. De ambiente formar y familiar a la vez que estrictamente profesional, donde los platos vienen en secuencia coordinada a la temperatura debida, y Dios gracias, sin que el cliente tenga que esperar tanto que se corte el apetito por desesperación, devorando toda la cesta de pan.

En el Molino

Ese viejo molino ubicado en la Avenida Solano López de Sabana Grande, es un restaurant de comida italiana considerado como uno de los más típicos en su decoración.

Se trata de una casa grande de techos rasos de madera en los que podemos observar menudas flores pintadas. En sus paredes cuelgan una cantidad inmensas de botellas de vino y al fondo se encuentra la rueda del molino dando vueltas constantemente.

En el restaurant “Al Vecchio Mulino” se preocupan mucho por la calidad de la comida, razón por la que la cocina siempre cuenta con la supervisión de la esposa de uno de los dueños, señora Rossi Montagna, quién personalmente elabora las pastas que le ofrecen al público en su selecto menú de especialidades italianas.

Esto significa que si usted visita este restaurant tendrá la seguridad de comer pastas frescas “hechas en casa” y no las compradas en paquete de cualquier automercado.

Lino y su Acordeón:

… A partir de las 7 de la noche es cuando comienza el ambiente a ponerse grato y el mejor acordeonista de la ciudad, Lino deleita a los presentes no solo con música italiana sino con lo mejor de la música internacional, sea cual sea su procedencia.

Lino y su acordeón recorren las mesas del restaurant, complaciendo peticiones e interpretando incluso melodías muy viejas que le sirven a los presentes para recordar gratos momentos.

Artículo enviado por mi amiga Gilda Cáceres a Caracas en Retrospectiva. Transcrito para el blog y los grupos por @msigillo.





Hoy convertido en un Centro nocturno
de Rock
mantiene la fachada

sábado, 7 de enero de 2012

Un siglo de rumba en Caracas* de Federico Pacanins**

Baile en la Cancillería, Caracas 1935
Biblioteca Nacional- Colección de la División de Fotografía del Archivo Audiovisual. 
De rumba en Caracas / Federico Pacaninis

I
Un vals europeo que se criolliza al punto de convertirse en valse venezolano. La serenata de balcón sustituida por el canto amoroso del bolero bailable. Ciertos ritmos afrocubanos-guarachas, rumbas o congas-, desplazando los joropos y merengues cual música de salón y calle. Los propios géneros norteamericanos -jazz o rock and roll-, transformados y climatizados, en favor de expresiones tan populares como la salsa o el pop nacional. Quién sabe cuántos otros procesos de mezcla y remezcla, de beneficiosa fusión preocupada por los medios contemporáneos de comunicación, podrían también anotarse para dar perfil a una música popular caraqueña de fin de siglo, con influencias abiertas y plurales: Cuba, Norteamérica, México o Colombia; también Argentina, Brasil, Italia o Inglaterra, por sólo nombrar algunas naciones claves que han dado fuente, definición misma, al carácter abierto, sincrético, de gran parte de nuestra expresión popular contemporánea.
Nuestra identidad consiste en no tener identidad; tal era la ironía de José Ignacio Cabrujas al señalar una circunstancia de incuestionable actualidad: estuvimos y estamos abiertos a cuanta influencia llega; damos bienvenida al gusto de aquí, de allá, de donde quiera; adoptamos lo ajeno y , con el mayor desenfado, lo hacemos propio. Es parte del mismo modo de ser que, para bien o para mal, deja saber un interés visceral en todo tipo de mezclas, aperturas o fusiones.
"Ni siquiera las familias caraqueñas más viejas se niegan a que sus hijas se casen con extranjeros recién llegados al país", alguna vez anotó Rafael Arráiz Lucca. Y ese interés de mezcla y remezcla, característico del siglo, deja todo intento de crónica siempre marcado por ciertos prototipos claves: lo que había, lo que vino y lo que al fin se quedó, puntos de partida y llegada en este asunto de apretado recuento cronológico de gustos y sabores.
II
Comencemos con la entrada del siglo cuando se hablaba de Caracas, la ciudad de los techos rojos. Y cuánto cuesta imaginar la metáfora poética de aquellos techos rojos, para nosotros desconocidos, al lado de retretas, faroles y reuniones nocturnas en plazas. Una ciudad donde la música popular apuntada a la serenata con su doble juego de salir de farra y, de paso, afincar el ánimo de alguna conquista propia o ajena. Cosa de anochecer acompañado de amigos -una cuerdita, le decían-; de cantarle bonito a las muchachas, así fuera por el puro gusto de gozar el encuentro nocturno, guitarra en mano y voz en cuello a la orden de las canciones sentimentales del tiempo "... Fúlgida luna del mes de enero...", o del ritmo arrebatado del cañoneo finalizado el trasnocho callejero "... en esa Plaza López que me recuerda, que me recuerda...".
Demás está decir que aquella ciudad hace rato cambió los techos rojos por los techos chatos; de hecho, dio paso al muy disímil conglomerado actual en el que, si acaso, sólo quedan aromas de algunos recuerdos transmitidos mediante las voces de abuelos o bisabuelos, a quienes todavía el tiempo no se ha podido llevar. Porque, necesario es decirlo, el caraqueñismo de las serenatas y los cañoneros tuvo su esplendor en un par de décadas, las primeras del siglo, cuando aquí nada se sentía de lo que luego fue. Quizás un tiempo más sencillo en cuanto a gustos y distracciones; un tiempo de señoritas, manganzones, doñas y doñes, de formales bailes vespertinos al compás de valses, pasodobles y polcas que contrastaban con el gusto general por las parrandas o los merengues callejeros rucaneaos. Años propios del canto popular de franco tinte europeo -mucho de la París de Guzmán Blanco-, entonado por el puro goce del encuentro con la noche y sus sabrosuras, sin otra gracia distinta a la que cada quien tuviera.
Afortunadamente persisten algunos artistas guardianes de las tradiciones de los abuelos. Por ello, la serenata o el cañoneo de merengues, valses y parrandas, desplazados a partir de los años 30 por los aires argentinos, mexicanos, norteamericanos y muy principalmente cubanos, pueden hoy saborearse, de cuando en vez, mediante nuevos cultores interesados en cantar el mejor gusto de esos estilos añejos. Los buenos ejemplos, aunque no muchos -Cañón Contigo o los venerables Antaños del Stadium-, pues tan sólo confirman la subsistencia de aquellos géneros patriarcales desplazados y a la espera, eso sí, de una necesaria revitalización.
III
Otro camino central en nuestro gusto urbano está marcado por el tango. Eso "de cuando Gardel visitó Caracas...", hoy resulta una frase convertida en auténtica referencia de tradición caraqueña. Por cuenta de su significado valen los actos anuales en Caño Amarillo, amparados en una escultura conmemorativa con la firma de Marisol Escobar; también la existencia de activas peñas melómanas y lugares nocturnos que reúnen a nostálgicos o coleccionistas en torno a recuerdos y porvenires; hasta El día que me quieras, gardeliano a más no poder, ha quedado convertido en pieza clásica de nuestro teatro contemporáneo.
Ni falta hace decir que al caraqueño le gusta tanto el tango que lo aplaude, quiere y cultiva desde casi su inicio mismo: los años 20 con el Valentino de las películas; los 30 y la visita de Gardel cual evento central en los anales de la ciudad "... Milonga p´ recordarte, milonga sentimental...". Mucho después, años 60, Felipe Pirela bolerizando lo de "... la historia vuelve a repetirse...", Julio Jaramillo haciéndolo con Rodando tu esquina; Alfredo Sadel (casi por no decir Alfredo Gardel) cantando Volver, o José Luis Rodríguez, crooner de Billo, y lo de "... qué ganas de llorar, en esta tarde gris...", así hasta cabe la referencia caraqueña de un cantante clásico del género, Agustín Irusta, prácticamente nacionalizado en las últimas décadas de su vida.
Nada de raro tiene entonces el interés en llevar dentro ese germen argentino que en su tiempo se dio la mano con los cantos rancheros de un Tito Guizar "... Allá en el rancho grande, allá donde vivííííííaaaaaa..." de un Jorge Negrete, Pedro Infante y toda la pléyade de mejicanidad transmitida e incorporada a través del cine y radio de la época. Fue la imagen transportada de un pueblo con sentimientos similares; los cantos de charros y mariachis conquistando muchachas, movidos por la lástima -emoción fundamental-, o prometiéndose balazos de puro honor; los despechos o las situaciones personales desastrosas provenientes de un amplísimo repertorio pasional. Por algo, razón jamás le faltará a quien piense en el pedacito sureño con sabor ranchero que más de un caraqueño lleva dentro del mero centro de su pecho. ¿Se acuerdan de El Rey ligado a "Y volver, volver, volver..."?

IV
¿Cuándo y por qué comenzamos a entender el ritmo cubano como algo caribeño y propio? ¿Qué tanto nos ajustó el discurso musical de bongó, cencerro, timbal, conga, maraca y güiro? ¿Fue la salsa setentosa el punto culminante? ¿Queda todavía algún buen camino por andar en la materia? Lo cierto es que la penetración de los ritmos afrocubanos data de aquellos años 30, cuando las serenatas y los merengues se vieron sistemáticamente sustituidos no sólo por los tangos y las rancheras, sino muy principalmente con boleros, guarachas, rumbas y congas que marcarían caminos tan largos y fértiles como el siglo mismo. Al fin y al cabo son siete décadas en favor de lo afrocubano convertido en nuestra principal música bailable; 70 años marcando el paso a estilos y orquestas al punto de haberse llegado a inventar un término -salsa- para centrar su definitiva presencia entre nosotros. Las evidencias son tantas como el tiempo recorrido, sintetizarlas tiene la dificultad de obviar y el beneficio de recapitular un asunto importante. Y es que eso de "... Mamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes..." además de una canción, puede resultar interesante materia de reflexión para muchos seguidores de los pasos afrocaribeños en música. Porque algunas veces no sólo se trata de oír o bailar, de reconocer a través de los pies aquello con casi un siglo al servicio del goce; también en ocasiones se cuela el gusto por saber, investigar y hasta complacer la piquiña intelectual de esas cosas propias del sabor: el son cubano, fuente primigenia; su majestad el danzón, la rumba, conga, guaracha y guaguancó legando la impronta de la clave cubana; más acá, mambos, chachachás, afro-jazz, el cuento de la salsa... el bolero, género universal latinoamericano de parecida especie, pero, siempre, en capítulo aparte.
Son tantos, tan buenos, los cruces y recovecos de nuestra música latina, que uno aprecia el registro ordenado de ciertas raíces siempre ligadas al baile popular en nuestro país. Por ello, en lugar de referir una larguísima e incompleta historia, bien debe apuntarse hacia el reciente resultado impreso de algunas investigaciones en torno a este tema profuso y central; vale decir, dos libros de distinta estirpe dirigidos a la fundamental obra de Billo Frómeta (Billo, solamente Billo, de Carlos Delgado Linares, y Billo, biografía musical, de Ángel Vicente Marcano), otro centrado en una historia de nuestra música bailable y en el maestro Luis Alfonzo Larrain (Caracas, una rumba, de Moraima Carvajal); un cuarto libro, pero con lugar de privilegio, soporte del trabajo de Lil Rodríguez, apasionada investigadora, quien esta vez deja saber muchos datos de interés a través de su particular galería de héroes (Benny Moré, Ismael Rivera, Adalberto Álvarez y Cheo García, entre otros) agrupada en Bailando en la casa del trompo. Por supuesto, el tono complementario de estas publicaciones recientes respecto a otros trabajos centrales -El libro de la salsa, de César Miguel Rondón, El vínculo es la salsa, de Juan Carlos Báez-, reafirma la potencia de este anchísimo camino real en lo que nuestra música popular de este siglo se refiere.
V
Capítulo aparte merece la radio. Un medio de comunicación que, por encima del teatro o el cine, apuntaló géneros, estilos y artistas. Porque, justo es decirlo, hubo un tiempo cuando la radio tenía el indiscutido puesto que hoy ocupa la televisión. Hoy parece que la radio se hubiera conformado con una función subalterna, acompañante de calles y cornetas -artefacto empotrado en carros o autobuses-, y desde ese reducto sea que provenga la esencia de su actual propuesta.
Pero algo de la antigua potencia del medio aún queda. Quizás la misma que, a mediados de los años 80, inspiró al reconocido cineasta Woody Allen para realizar una película evocadora, Días de radio, con ese tono añejo, dorado si se quiere, de las cosas sabrosas, verdaderamente queridas, pero ya muy lejanas. Siguiendo aquellas esencias, trata uno de desentrañar el extenso significado del término radiodifusión y tan sólo puede evocar algo de su original magia: sustituto para el antiquísimo placer de asistir a conciertos y leer novelas; un verdadero empresario gigante de estrellas y estrellados que hoy tan sólo puede sugerirnos su carácter esencial dentro de la cultura caraqueña de los años 30, 40 ó 50. No es posible calcular cuánto pudo significar para el caraqueño tener en su propia casa las orquestas y artistas predilectos del momento: Xavier Cougat, Machito, Pérez Prado, la Sonora Matancera, Riverside o Casino de la Playa al Servicio de Pedro Vargas, Toña La Negra, Miguelito Valdés, Daniel Santos; Graciela Naranjo, Marco Tulio Maristany, Magdalena Sánchez, La Perla Negra, Lorenzo Herrera o Mario Suárez de la mano de maestros locales: Eduardo Serrano, Ángel Sauce o Carlos Bonnet. Eso de ir a una transmisión cualquier tarde de semana, y encontrarse con los Billo´s de Galindo y Manolo, a Larrain con Elisa Soteldo, Aldemaro Romero dirigiendo a Sadel, todos ellos adoptando el toque afrocaribeño como propio. Oír a Glenn Miller, Tommy Dorsey, Duke Ellington, Louis Armstrong, Ella Fitzgerald -artífices del jazz- en su momento de esplendor; Al Jolson, Bing Crosby o Frank Sinatra compitiendo con los artistas mexicanos, argentinos y españoles, mediante la fuerza del cinematógrafo en plan de cómplice central para una labor radiodifusora, principal responsable de nuestra apertura respecto a los géneros y estilos del siglo.
VI
Mucho se ha denominado a los años 60 como la década que sacudió al mundo. En Caracas aquellos años significaron cambios y más cambios: en la escena política, en lo social o cultural; en nuestro comportamiento y gusto musical. En la televisión aparecen entonces Víctor Saume, Musiú Lacavalerie o Renny Ottolina, animando mediodías y noches televisivas de música. También es tiempo de aparición de una oferta melómana propia, adecuada al momento: la música norteamericana compitiendo abiertamente con lo afrolatino bailable -ahora convertido en salsa de Dimensión Latina-, el clásico bolero caribeño desplazado por las baladas italoamericanas o brasileiroportuguesas; las orquestas de baile –Billo´s Melódicos, Sanoja o Porfi, atentos a los nuevos sonidos provenientes de la hermana república-; la música criolla, modernizándose mediante el talento de las hermanas Chacín, Juan Vicente Torrealba, Chelique Sarabia, Hugo Blanco o Aldemaro Romero y su Onda Nueva.

Una esencia de rock and roll de tal magnitud invade el ambiente caraqueño que, en palabras de Félix Allueva, melómano e investigador rockanrolero, "significó una irrupción violenta y un viraje en cuanto a lo que se venía haciendo en materia de música popular". Los Beatles enseñando a Darts, Impala o 007: Sangre Sudor y lágrimas desde la arena del Nuevo Circo o Carlos Santana "... Oye como va, mi ritmo..." a la carga vía happening en el stadium de béisbol de la Ciudad Universitaria. De ese poderoso viraje de los 60 surge el término pop para agrupar lo no-caribeño, no-criollo, no-rock; vale decir, Mirla, Mirtha o Nancy Ramos o Lila... algo después Las Cuatro Monedas, Arelys, Patti Ross, Delia, José Luis Rodríguez, Cherry Navarro, Germán Freites, Ivo, Henry Stephen, Rudy Márquez o Trino Mora. En fin, toda una influencia sonora también afincada en el discotequerismo propio de la década del 70, ése que hasta nos llevó al extremo de aplaudir nuestros propios y sensacionales Travolticas venezolanos, favorecidos en aquel afán internacionalizador de unos medios de comunicación con ofertas múltiples, sí, pero menos selectivos que nunca en la vida.

VII
La década de los 80 resulta crónica reciente. Sus sabores -ahora también dominicanos- se entremezclan tanto con la actualidad misma, que hoy día se hace imposible alguna valoración definitiva de sus diversas expresiones artísticas. Sin embargo, a pesar de la evidente falta de perspectiva histórica, pues lo cierto es que ya, con el final del siglo, mucho se puede avizorar en materia de música caraqueña. Varios compositores-intérpretes, cantautores, quienes entregaron un cúmulo de canciones centradas en el trámite urbano de la Caracas de fin de siglo; esos Ilan Chester, Frank Quintero, Yordano, Evio Di Marzo, Franco De Vita y un importante etcétera apuntando a la vida misma de la ciudad y sus habitantes como fuente de inspiración inmediata. Además, tal vez en beneficio de nuestra identidad, esta música ha sido también producto de una onda posmodernista inspirada en el gusto popular, bien a través de los nuestros, o bien mediante los nuevos cantores universales del tópico: Rubén Blades, el poeta de la salsa; Juan Luis Guerra, punto culminante del merengue dominicano y la bachata de salón; Luis Miguel, principal responsable de la vuelta del bolero; Oscar D´León y Soledad Bravo; o Caetano Veloso, son nombres centrales en esto de abrir fronteras e integrar ancestros musicales de raíces parecidas por no decir iguales.

VIII
Toca terminar esta fórmula de recuento apretado y, por ello, va una imagen citadina, cargada de cierta circunstancia significativa: se trata de ese Parque Central que presenta las dos torres más grandes de la ciudad. El mismo que de lejos hace pensar en un moderno complejo arquitectónico producto de una economía próspera, pero de cerca conforma un centro urbano con las virtudes y carencias típicas de nuestro ambivalente caraqueñismo.
El maestro Alberto Naranjo -activo habitante del Parque Central y hombre clave en la música de las dos últimas décadas- lleva años fundamentando su música en el personalísimo trámite urbano. Sea por ello, o por alguna causa parecida, que Naranjo, en las notas de presentación de su disco compacto Oblación, no vaciló en declarar: "Rancho Central se trata de una composición descriptiva, con variadas estampas relativas al trajín cotidiano de la ciudad. Su título alude, de manera sarcástica si se quiere, al domicilio del que escribe, como también a otras connotaciones pertinentes dejadas al juicio del que lo lea. Una mezcla de merengue con parranda se pone al servicio de diferentes cambios anímicos que se alternan entre alegrías, tristezas, frustraciones, recuperaciones, pero, por encima de todo, que ofrecen voluntades de lucha y sus gratificantes resultados...".
Tal vez el dicho de Naranjo conlleve alguna importante fuerza premonitoria respecto a lo que está, viene y quedará; quizás estemos intentando abarcar mucho más de lo adecuado. Veinte años no son nada, dice el conocido tango de Gardel pidiendo tiempo al tiempo; pero la conseja, creemos, puede y debe ser transgredida en favor de promover la revisión reflexiva de ese sentido artístico en nuestra música popular, siempre demarcando la identidad de una urbe que, a pesar de sus dimensiones, pues continúa dando bienvenida, apertura acaso demasiado desprejuiciada, a cuanto mensaje de propios y extraños pueda no imaginar.

*Publicado en Revista Bigott, número 50, julio-agosto-septiembre 1999, Caracas.
**Locutor, crítico musical, productor de programas radiales como La cuarta noche y Pensando en jazz. Ha dictado ciclos de conferencias dedicadas a la música, entre ellas, Arranca en fa, Swing con son y Duke en vivo. Permanente colaborador del Papel Literario de El Nacional, así como de la revista Imagen. Federico Pacanins ha publicado el ensayo "Jazzofilia" y la antología titulada El libro del béisbol. "En defensa del melómano", su ensayo más reciente, se encuentra en etapa de impresión. Produjo el disco Obeso y Pacanins.

viernes, 21 de octubre de 2011

Plaza de la República ( El Paraiso)


El Paraiso hacia 1940
Plaza la República


La Estatua del General  José Antonio Páez  fue inaugurada por el Presidente Castro el 23 de mayo de 1905 en la Plaza la República . Don Eduardo Blanco para aquella època Ministro de Instrucción pronunció el discurso de orden. La estatua fue construida por Pérez Mujica quién obtuvo el premio del concurso promovido por el Gobierno Nacional en 1903.


viernes, 13 de agosto de 2010

El Hotel Miramar en Macuto


Hotel Miramar
Viejas Fotos Actuales

Inaugurado en 1928 con gran pompa, el hotel litoralense resumió el lujo, confort y refinamiento moderno de la época. Hoy está abandonado y el pueblo de Vargas reclama su recuperación El hotel Miramar fue uno de los más elegantes del país

La inauguración del hotel Miramar, ubicado en Macuto, constituyó un acontecimiento de trascendencia nacional, pues sus características de alto lujo lo igualaban a los más calificados de Europa y Norteamérica.

'Venezuela cuenta hoy con un hotel de lujo _nos dice la crónica de la época_ el primero en la materia y el que abre caminos de franca enseñanza a todos los instalados en el resto del país. En lo referente al concepto clásico del confort moderno, el Miramar es algo extraordinario. En el Miramar nada falta: solidez del edificio, arquitectura inolvidable por sus exquisitas formas y medidas, mobiliario en parangón con los últimos casinos ultramarinos, billares', como el faut 'mezquitas de gran belleza con salones exclusivos al afeite y servicio de secretaire de damas, piscinas, campo de tenis, cocina a cargo de los campeones del cordonblue, frigoríficos, cavas, servicio telefónico, en 80 dormitorios con igual número de baños adyacentes'.

La entrada conduce a un gran patio de honor, donde estaba ubicado el hall de acceso al ascensor y a la gerencia de información, seguido de un bar tallado en caoba y jaspe y los comedores de gala entre los cuales había uno con capacidad para 400 personas.

Además de ello, tenía agua corriente a borbotones, vajillas de plata 'cristalería de las más renombradas marcas' todas grabadas con el nombre del hotel.

El Miramar, _continúa la crónica_ museo de comodidades, trae a los venezolanos, cuyos medios de fortuna impide gozar de esparcimientos elegantes en las playas europeas, las exquisiteces de tal establecimiento

Acto inaugural

El hotel fue inaugurado fastuosamente el día domingo 1 de abril del año 1928. El general Gómez no asistió a la inauguración porque se rumoraba que había una conspiración para matarlo. Representaron al Benemérito, el doctor Pedro M. Arcaya, ministro de Relaciones Interiores, doctor C. Jiménez Rebolledo, ministro de Guerra y Marina, doctor José Gil Fortoul, señores L. Vallenilla Lanz, director del Nuevo Diario; Efraín González, administrador de la Aduana, J.M. Herrera, coronel Roberto Ramírez, doctor Alejandro Chataing y muchas otras personalidades, quienes en el mismo acto enviaron un mensaje al general Gómez que decía así:

Macuto 1o de abril de 1928
Señor General Juan V. Gómez
Maracay:

'Estamos inaugurando el 'Hotel Miramar' y su nombre y su recuerdo nos acompaña en este acto de afectivo progreso digno de usted, somos intérpretes del entusiasmo unánime conque esta numerosa concurrencia celebra esta nueva demostración del constante esfuerzo de usted para engrandecer a la patria'.

El general Gómez contestó el mensaje en la forma siguiente:

'Recibido: Me es muy grato saber que el acto inaugurativo del 'Hotel Miramar' fue prestigiado por la presencia de ustedes. Les agradezco íntimamente los recuerdos que tuvieron para mí en tan feliz ocasión'.

Amigo de ustedes, J.V. Gómez.

Con puerta franca

El acto se realizó en el suntuoso hall del hotel, llevando la palabra el director administrativo del establecimiento, señor Siebenthad, quien dijo lo siguiente:

'Señores: En nombre del propietario del Hotel y del mío propio, declaro abierto al servicio del público el 'Hotel Miramar'. Se ha hecho un gran esfuerzo para inaugurarlo en el día de hoy, aunque no estemos todavía preparados para ofrecer un servicio perfecto, pero conociendo la hidalguía de esta sociedad venezolana, estoy seguro que sabrán ser indulgentes y excusar cualquier deficiencia'.

El entusiasmo se desbordó cuando el señor Siebenthad alzó la copa de champaña para brindar por el Benemérito general Juan Vicente Gómez, presidente de la República y dueño del hotel.

Durante todo el domingo estuvo el hotel visitado por un público asombrado de tanto confort y lujo, siendo acompañado el acto por los acordes de una magnífica orquesta. En horas del mediodía, fue servido un exquisito menú y 'la triunfal belleza de nuestras mujeres, que jubilosas descendieron por los salones y jardines, era una perfumada florescencia'.

Fue tanta la conmoción, que en los días posteriores hubo que dar puerta franca para que el público entrara a admirar sus instalaciones, 'quedándose boquiabierto', con la belleza, lujo y el confort incomparables. Tan grande fue la curiosidad, que al tiempo los huéspedes pidieron a la gerencia que eliminara la puerta franca para ellos poder disfrutar de las instalaciones.

Hoy es un viejo de luengas y mohosas barbas que, herido de muerte por el abandono, agoniza frente a su eterno compañero: el mar. Pedimos por tanto con justicia que sea rescatado para conservarlo como monumento y símbolo de la evolución histórica, social y económica de esta querida tierra varguensa.


 Nuevo Diario del día viernes 16 de marzo de 1928
imagenes aportadas por el Lic. Abilio Rangel






HOTEL MIRAMAR 1928
Imagen de FUNDAMEMORIA


 Nuevo Diario del día viernes 16 de marzo de 1928
imagenes aportadas por el Lic. Abilio Rangel

 Nuevo Diario del día viernes 16 de marzo de 1928
imagenes aportadas por el Lic. Abilio Rangel


Fuente: Luis Oscar Martínez .Columnista
El Universal 1999
Tomado de El Universal on line. Caracas en retrospectiva
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