miércoles, 10 de julio de 2013

El cajero principal del Banco de Venezuela

Estas historias , bien contadas nos retrotraen a épocas pasadas , que muchos siquiera conocimos pero que en definitiva nos dan una idea de aquella Caracas, sus calles, lugares, y hasta asuntos políticos .. 
Espero sea de vuestro agrado la presente transcripción realizada del libro "La Caracas que Conocí" 





"A mitad de cuadra hacia el puente de La Trinidad, en una casa-quinta, antes de llegar a la salida del Callejón Luneta, al frente del Samán, funcionaron las oficinas de la embajada británica en Caracas. Aún no existía al pie y rodeando el histórico Samán de La Trinidad, el edificio Roma que construyera a su antojo el italiano Felipe Gagliardi quien gozó de máxima protección oficial mientras duró la dictadura de Pérez Jiménez.

En el citado Callejón Luneta que parte de la esquina de Caja de Agua, en la Norte 4, vivió por muchos años Guillermo Suárez, cajero principal de Banco de Venezuela. Suárez tenía una numerosa familia habida de su matrimonio con la señora Mier y Terán; era un buen padre de familia y un elemento apacible de carácter, sencillo y servicial; sin embargo, asiduo cliente de la Cervecería Strich, en la Plaza Bolívar; parece que en esto estribó o contribuyó a servir de blanco a la maldad encarnada en una de los más destacados esbirros de la dictadura gomecista, un tal Ismael, cuyo apellido no vamos a repetir por considerar se trata del ovejo negro de una familia honorable.


Av Universidad, Frente al Pasaje Zingg
Antigua Sede del Banco de Venezuela 

Antigua sede del Banco de Venezuela
Aporte de Ramsés Rangel




Se conmemoraba el centenario de la Batalla de Carabobo. La Plaza Bolívar se encontraba vestida de gala con una iluminación en bombillos de colores alrededor de los diferentes cuadros que forman sus jardines. Las piletas o fuentes de agua también lucían luminosas. Las sillas plegables de madera que se alquilaban a los concurrentes de la plaza se habían agotado, llenaban totalmente las orillas de las avenidas internas que convergen hasta el monumento ecuestre del Libertador Simón Bolívar, el cual estaba rodeado de veintiún coronas u ofrendas florales colocadas en sus atriles de hierro. Allí nos encontramos de pié contemplando la marejada de gente que se movía en la plaza, ataviadas con sus más elegantes trajes y adornados sombreros, las damas, y, de rigurosos trajes oscuros, azul marino, marrones, negros y gris pizarra, - en esa época a nadie se le ocurría salir de noche con un traje color claro, mucho menos a visitar la Plaza Bolívar en un día de fiesta nacional-. Desde ese sitio estratégico oíamos el concierto especial organizado por el maestro Pedro Elías Gutiérrez, director de la Banda Marcial, que a distancia, usando su casaca azul marino del uniforme de gala y el pecho con sus brillantes condecoraciones, al levantar la batuta acompañándola con el brazo izquierdo, parecía el gesto de un bastón de mando de algún mariscal de campo.


Allí a nuestro lado, se fraguó el complot contra don Guillermo Suárez, cuando el esbirro le señalaba a dos individuos de su calaña, que Suárez bajaba las gradas que existían en el desnivel de la parte norte de la plaza, donde se efectuaban los conciertos nocturnos de la Banda Marcial. No había terminado de bajar Suárez cuando ya tenía a cada lado una escolta fatal que lo acompañó, haciendo zig-zag, hasta el monumento al centro de la plaza. Guillermo le dio la vuelta completa al monumento contando en inglés las ofendas florales: one, two, three, four, five, hasta llegar al twenty one, por eso sabemos que eran veintiuna las Coronas de esa noche; luego, dando traspiés se dirigió a la esquina de Las Gradillas, siempre seguido muy de cerca por los señalados chácharos y cuando Suárez agarró el pasamanos del tranvía del Hospital Vargas y el pié en el estribo para subir, lo agarraron por su brazo instándolo a bajar. Suárez, materialmente inocente, se dejó llevar a la comandancia de Las Monjas, camino de la tétrica Rotunda, de donde no se obtuvo su libertad durante tres años que duró su presidio; sólo Dios, con la muerte del Dictador, volvió a la vida a tantos mártires inocentes, nos consta que “el gordo del Banco de Venezuela” fue uno de ellos.


 Continuando la avenida Norte, está el Panteón Nacional con sus dos torres en aguja que originalmente fuera la Capilla de La Trinidad. Al frente de las puertas de entrada cruza la calle hacia el este para atravesar los jardines de la plaza, quedando un espacio como una plazoleta separada por calles, tanto de la plaza como de la avenida. Atrás de el Panteón, la esquina de El Misterio, luego el terraplén donde sale el Callejón Ramos hasta el Hospital Vargas, cuyo frente ostenta una antigua reja de hierro al borde de la acera, protegiendo los jardines de la entrada." 




Fuente:  Transcrito del Libro  “ La Caracas que Conocí”
Francisco A Moya Martínez 
Imágenes ; aporte de Caracas en Retrospectiva Facebook 

10 comentarios:

  1. Historia, bellisimos recuerdos, otros tiempos unos vividos y otros no pero gratos, memorables. Emociones al ver todo el material que se publica en este blog. Gracias

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    1. Muchas gracias por sus palabras. me motivan a seguir.

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  2. Gracias por mantener viva en nuestros pensamientos esa añorada Caracas, no viví esa época exactamente pero si viví varios años muy cerca del Panteón y por ello me identifico de alguna manera con la descripción de esta historia

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  3. El Cajero Principal del Banco de Venezuela como los cajeros principales de las grandes casas de comercio establecidas en la Venezuela semirural que todavía éramos bien adentro del siglo XX, era una figura clave en la vida de esas organizaciones algunas de las cuales, sin ser propiamente bancos, financiaban la producción agrícola y funcionaban en el país como principales agentes comerciales, de importación y exportación, etcétera.
    El padre del cofundador del Museo del Transporte, periodista Guillermo José Schael ,lo fue en la Casa Blohm, en Caracas.
    Don Julio Martínez, uno de los agentes viajeros que cada tarde se presentaba a rendir cuenta de los negocios del día o las semanas de trabajo en la calle -campos o ciudades-, contaba, que cierta vez recibió demás de lo que en realidad le correspondía como reconocimiento -comisión- por las ventas efectuadas o colectas recaudadas. Al día siguiente volvió para devolver lo que había recibido y luego advertiría que en propiedad no le tocaba pus eecedía lo convenido. Como respuesta recibió: "Un cajero de la Casa Blohm no se equivoca". El cajero, responsable, de puertas hacia dentro, ya había subsanado su error con dinero de su peculio.

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    1. Muchas gracias por complementar la reseña e ilustrarnos. Un abrazo

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  4. Tal como comenta el Sr. Alfredo Schael, era una época donde ser honesto era motivo de orgullo.... Quizás aún estemos a tiempo de recuperar algunos de esos valores de honestidad y decencia que caracterizaban a los caraqueños de antaño

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  5. Tengo 28 años, soy una enamorada de Caracas que debió emigrar y recien encuentro su blog. No he podido dejar de leer y emocionarme con las crónicas y los personajes de mi Caracas vieja. Siga contándonos, por favor, es un trabajo valioso ... Muchas gracias

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  6. esto es del cojo ilustrado?

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