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martes, 5 de mayo de 2020

PUENTE HIERRO ES IMBORRABLE EN LA MEMORIA DE CARACAS

Desde hace un tiempo he tomado la iniciativa de transcribir artículos de vieja data, cuyas hojas amarillentas prácticamente se encuentran ilegibles,en esta ocasión debo las imágenes  que acompañan el texto. 

“Con una fama tan perdurable como imborrable es el nombre, el "Puente de Hierro “empezó a ser parte de Caracas, a mantenerse en su historia, a ser testigo de la más radicales transformaciones a partir de su pomposa inauguración de 5 de julio de 1875.
El materia de su estructura-toda una gran novedad de la capital de un país que localizaría tanto hierro- se impuso como nombre, o apellido, de tan famoso puente por encima de la nomenclatura oficial. Fue bautizado pero nunca recibió el nombre guzmancista de Puente de la Regeneración. Lo de regeneración sólo quedó como nuevo nombre para una esquina vieja, la de la margen izquierda del Guaire, que para un entonces como aquél, tenía profundidades de hasta dos metros y sus calamitosas agresividades que a su vez remonta a precolombinas guazábaras o embarcaciones coloniales que lo convertían en autopista de agua.


A LAS 5 DEL 5 DE 1875
Fue el puente de la Regeneración una de las numerosas obras que enorgullecieron a la administración de Guzmán Blanco, quién las aludió en su discurso del Palacio Federal. Con gran concurrencia la obra fue inaugurada a las cinco de la tarde. El ingeniero Luciano Urdaneta, a cuyo cargo estuvo, hizo entrega al Ilustre Americano, quién al declararlo solemnemente inaugurado atravesó el puente, seguido por su muy vistoso Regimiento de la Guardia, cuyos caballos caracolearon alegremente a la margen izquierda del Guaire, duelo y señor de un sitio ineludible para el paso hacia los valles del Sur.


EL TERRIBLE GUAIRE

Numerosos han sido siempre los puentes de la ciudad de cuatro ríos e infinidades de arroyitos y quebradas que atraviesan este valle del Avila, que es un hermoso y también curioso valle.. Surcado de precipicios. No es el caso enumerar hermosuras coloniales como el pastoreño Carlos III, sobre el Catuche desde 1782, o el Anauco, sobre las aguas de este nombre desde 1791, expuestos a las eventuales furias de los inviernos pero tan resistentes por el prodigio de su construcción; puentes que no pasaron por los sofocos o las destrucciones de otros sobre el Catuche, el Caroata, el Anauco, el Sebucán, el Caurimare o los 22 puentes urbanos o rurales-y de todos los tipos- que se alzaban sobre ese "enfant terrible" que siempre ha sido el Guaire. 



CURAMICHATE
Y "IRON BRIDGE"

Vale- eso si- la pena de tratar un poco sobre el Puente de Curamichate, antecesor cronológico y digamos social del Puente del Hierro, que perdió también este nombre para quedarse en "Puente de Hierro o "Puenteyerro", en la tajante pronunciación caraqueña.
Lo del Puente de la Regeneración quedó para la historia y quizá ni para eso, pues un político de 34 años de su edad tenía cuando el puente fue inaugurado- y él se inauguraba como historiador: González Guinand- lo alude en su "Historia Contemporánea de Venezuela" como "Puente de Hierro". Es decir como el "Iron Bridge" impreso en la "Post-Card" finiseculares que se vendían en los kioscos del mercado y en los negocios del Pasaje Ramella para que los turistas nacionales presumieran de "las cosas de Caracas". O para que los viajeros internacionales enviaran un "ricordo" o "greeting" de un pintoresco sitio de una encantadora villa suramericana, tan descrita y elogiada en cuatro centurias por gobernadores como Pimentel, cronistas como Oviedo, sabios como Humboldt, diplomáticos como Lisboa, viajeros franceses como Deponso Dauxion-Lavaysse, Ingleses como Eastwick, norteamericanos como Stanford o Curtiss, españoles y canarios como Isidoro Romero ( de fines del siglo (XVIII) O Diocleciano Ramos y García, a principio de este sorprendente siglo XX que ya dobló la esquina. 
     

A través de los siglos, a Caracas la han reverenciado en incontables obras, tratados, versos y epístolas. Tratando de poetas y así a grandes   rasgos dos muy grandes, el cubano José Martí ye l colombiano  José Asunción Silva, conocieron y cabalmente han descrito - en forma literaria o epistolar- aquella Caracas en la que el "Puente de Hierro" era obligado y pintoresco rendez-vous como lo había sido el Puente de Curamichate, tan de moda desde su inauguración el 14 de agosto de 1873 con un infalible discurso de Guzmán: Obras de pueblo son este Puente, como todas las demás que se realizan en la República."

Revista Momento 
 1967  



 Imagen y Noticia de Caracas, año 1958, autor Guillermo Jose Schael

sábado, 5 de octubre de 2013

Reformado “El Capitolio”


“El primer gesto de mandatario civilizado que hizo el General Guzmán Blanco, fue la construcción del Palacio Federal. Nada había en la capital venezolana que respondiera al papel para lo cual fue creada. Los años pasaban y los gobernantes se sucedían a partir del año 30, sin que surgiese el gobernante que acometiese la modernización de Caracas. Cúpole al Presidente Guzmán Blanco, iniciar la transformación y embellecimiento citadino para lo cual, creo, primeramente, la comisión de Crédito, y luego seleccionó entre los más altos valores de la sociedad, el equipo que había de secundarlo en sus tareas de civilizador. Y fueron surgiendo como por arte de magia el Capitolio Federal, cuya construcción confió el Arquitecto  Roberto García, con el encargo de que estuviese concluido en un plazo de noventa días. 
El para entonces ingeniero Roberto García acometió la edificación de la obra con los recursos y los elementos que pudo lograr Caracas y sus alrededores, para dejar como es fama que aconteció, terminada la obra en el plazo señalado. El Capitolio, vale decir, la parte encomendada a Roberto García comprende el Salón Elíptico y los laterales del ala norte.
El palacio Legislativo fue confiado al Arquitecto Luciano Urdaneta, quién empleó ciento veinte días para concluir el edificio. 
El área estaba ocupada por el Convento de Las Monjas Concepciones, que clausuró Guzmán por decreto ejecutivo de 1872.
Desde entonces, el Congreso de la República que celebraba sus sesiones en el Convento de San Francisco ocupa el templo de las Leyes. El Capitolio ha sufrido remiendos que en nada alteran la armonía de su conjunto, pues no obstante el adelanto que alcanza la capital venezolana en materia arquitectónica, es un edificio digno de ser conservado. 

Actualmente la Cúpula  es sometida a revestimiento  y los pisos pavimentados de granito. 


sábado, 23 de febrero de 2013

El Capitolio Federal

Capitolio Federal.

Estampa clásica del Capitolio Federal, 1877.


Estupefacciones del Capitolio Federal

Luis Barragán
@luisbarraganj

Faltando una sede estable, el parlamento venezolano llegó a sesionar en casas – incluso – particulares. Los caraqueños asistieron a dos etapas importantes, como fue la propia construcción del Capitolio Federal en el siglo XIX, y la transformación de sus entornos en la centuria siguiente.

Dos etapas que son las del asombro del caraqueño, pues, comparada con el presente, era – en una y otra centuria – una urbe pequeña, aunque paradójicamente grande porque la Venezuela de entonces tenía más pueblos y caseríos que ciudades propiamente dichas.  Las casas sólidas y suntuosas, las menos, contrastaban con la mayoría de aquellas que, apenas, sobrevivieron a terremotos como el devastador de 1812 o el de 1900. De modo que, hasta por la amplitud de los nuevos inmuebles, la osadía de cubrir tantos metros cuadrados, sorprendía a los habitantes de la capital, como a sus visitantes, acostumbrados a los riachuelos: los del agua que fluía por doquier, en tímidas cascadas de un valle inclinado, como por la estrechez de sus múltiples calles.


El tránsito profuso pertenece a los elegantes coches de paseo que muestran una ciudad amable, respetable y tranquila, seguramente hacia finales del siglo XIX.


Una etapa

Cuando el Presidente Antonio Guzmán Blanco acometió la empresa de transformar urbanísticamente a Caracas,  una de las obras de mayor significación institucional y arquitectónica fue el Capitolio Federal que, por cierto, además de sus hemiciclos, salones y hermosa jardinería,  era un complejo de oficinas donde el mismísimo Estado concentraba sus más diversos despachos. Por ello, hoy, causará cierta fascinación que haya entradas y despachos señalados para las  consabidas tres ramas clásicas del Poder Público: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. La sola concentración, en un mismo lugar, de los órganos que ahora requieren de oficinas e instalaciones propias y de mayores dimensiones, nos da una idea de la modestia del país hacia el siglo XIX.

La edificación del Capitolio Federal comenzó por 1872, inaugurada parcialmente a principios del año siguiente, hasta culminar en 1877, bajo la responsabilidad del arquitecto Luciano Urdaneta, quien lo concibió y diseñó, auxiliado por los ingenieros  Manuel María Urbaneja, Juan Hurtado Manrique y Roberto García. Reemplazó al Convento de las Reverendas Madres de la Inmaculada Concepción que, ya lo sabemos, ejemplificó las difíciles relaciones del Presidente Guzmán Blanco con la Iglesia Católica.

Estupefacto, el caraqueño informado no digería muy bien el costo total de la obra en un país depauperado y endeudado que, por supuesto,  levantó la protesta de una oposición de difícil supervivencia, a través de sus periódicos, manifiestos y panfletos. Una inversión que superó los 200 mil bolívares de aquella época,  destinada a darle sede a los gobernantes, parlamentarios y jueces de levita y pumpá, no despertaba en demasía el entusiasmo.

Además de suscitar la indignación del clero, provocando el malestar de los más creyentes de la comunidad de católicos, quizá previendo algún castigo divino, la construcción e inauguración, revela otra estupefacción. Un edificio enorme que le daba protagonismo y anchura a la calle ubicada entre las esquinas de La Bolsa y San Francisco, donde Guzmán Blanco erigió una de sus más célebres estatuas ecuestres, constituyó la inevitable atracción, orgullo y animación de los residentes del casco central, y de los visitantes de las parroquias foráneas, del interior del país y del extranjero. El estilo neoclásico del resistente complejo construido en tiempo récord, contrastaba con la humildad de la ciudad, por añadidura, explicada por sus haciendas aledañas. La prensa de la época, por lo menos, la todavía accesible,  reporta también la curiosidad y admiración que despertó la obra.

Así fue conocido el Capitolio Federal por el caraqueño del siglo XIX. El grabado lo exhibe solitario y confiado del dominio que ejerce sobre el entorno.


La otra etapa

Afortunadamente conservada, pues, otros gobernantes pudieron decidir la sustitución total o parcial de la obra, habida cuenta de las dictaduras que sufrimos y, ya en el siglo XX, por la generosidad de los ingresos petroleros que, en nombre de la modernización. pulverizó casas de un inmenso valor histórico, el Capitolio Federal adquiere una estelaridad sin precedentes, cónsona con lo que, expertos historiadores y politólogos, entienden como el fenómeno de la masificación de los hechos políticos en Venezuela. Ya la política no es asunto de una logia de caballeros, sino – con la aparición de los partidos – responde a los intereses y manifestaciones populares que serán encausados o reprimidos, pero que no  retrocederán jamás a lo que decidan las muy estrechas élites. Sin embargo, a los fines del presente texto, no interesa tanto el dato político que, muy bien trata, una obra de consulta obligatoria: “El Capitolio de Caracas”, de Manuel Alfredo Rodríguez (1974).

A finales de los cuarenta del siglo XX, honrando planes y proyectos que también datan del decenio anterior, la estupefacción caraqueña será la de una rápida transformación de los alrededores de la sede ya exclusiva del Poder Legislativo.  Comienzan las demoliciones de los inmuebles emblemáticos de la ciudad, como el otrora lujoso Hotel Majestic y la pulverización de la que fue casa de Francisco de Miranda, en las cercanías.

En menos de una generación, resulta empeñecido el ya viejo inmueble, y los caraqueños dirigen su mirada, entrado los cincuenta, a las portentosas torres de El Silencio, las del complejo llamado Centro Simón Bolívar, mientras que el Capitolio Federal exhibe el asedio del tránsito automotor en sus costados.  Tardará algunas décadas más  la “bulevarización” de sus alrededores, y mientras tanto hay un triple tejido de sus vecindades: el de los peatones que trabajan o realizan sus inaplazables diligencias, acudiendo a los teatros y salas de cine  que están en  la calle oeste que da hacia la esquina de Padre Sierra, o deben acudir al cuartel de policía que está en la calle este que da hacia la esquina de Las Monjas; el de los automóviles, acaso los supervivientes coches a caballo que venden frutas o efímeros y cambiantes buhoneros que ofrecen sus mercancías, aparcados cómodamente, quizá con placas oficiales para desafiar a los agentes policiales; y, no olvidemos, el tendido eléctrico que trenzaba los postes tupidamente por doquier en la renaciente metrópoli, dejando atrás el cableado que servía a los tranvías.



Boulevard de la fachada sur.  Nótese la espléndidez de La Ceiba y, por cierto, un motorizado predecesor de los miles que hoy colman la avenida. El Diccionario de la Real Academia entiende por "bulevar" una calle ancha y arbolada de paseo. En la jerga cotidiana actual, la destinada únicamente al tránsito peatonal.

Una etapa

La imagen fue tomada en un viaje realizado a Venezuela en el año 1948, por uno de los grandes fotógrafos Holandeses del siglo XX llamado Willem Van De Poll (Amsterdam, 13 de Abril de 1895 + 10 de Diciembre de 1970) 

La imagen fue tomada en un viaje realizado a Venezuela en el año 1948, por uno de los grandes fotógrafos Holandeses del siglo XX llamado Willem Van De Poll (Amsterdam, 13 de Abril de 1895 + 10 de Diciembre de 1970) 

La imagen fue tomada en un viaje realizado a Venezuela en el año 1948, por uno de los grandes fotógrafos Holandeses del siglo XX llamado Willem Van De Poll (Amsterdam, 13 de Abril de 1895 + 10 de Diciembre de 1970)  

Interior del Capitolio Federal en 1957, camino al despacho presidencial, parte norte. Los turistas aprovechas de tomar sus gráficas

La imagen fue tomada en un viaje realizado a Venezuela en el año 1948, por uno de los grandes fotógrafos Holandeses del siglo XX llamado Willem Van De Poll (Amsterdam, 13 de Abril de 1895 + 10 de Diciembre de 1970) 

Colaboradores
Carlos Lachica
Ora Chapellín
Juan Manuel Fuentes Ramajo
@msigillo

lunes, 23 de julio de 2012

¿TRANQUILO AL SEPULCRO?

¿TRANQUILO AL SEPULCRO?
María F. Sigillo

Al pasar por los alrededores del Panteón Nacional es inevitable no llenarse de impotencia al ver el Mausoleo, lo que me obliga al mismo tiempo a revisar la historia y reflexionar sobre lo que somos y hacia dónde vamos como ciudadanos.

Como caraqueños hemos permitido que el ministro para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas, acabe con espacios de esta maltratada ciudad. No hace falta un título de arquitectura u otra especialidad afín para constatar el gran desastre en marcha: construcciones en avenidas y calles principales, cierre de vías, dominio de camiones y montañas de cemento, arena, cabillas y todo cuanto les venga en gana para obstaculizar el libre tránsito, aunado al incumpliendo de la LOPCYMAT , la hoy Ley Orgánica del Trabajo, de los Trabajadores y en general todas la normativa que rige la materia.

Sin lugar a dudas, la Mole de La Trinidad ilustra el desastre gubernamental de esta década, y quizás sea el Panteón Nacional el capricho preferido de los manganzones y caudillos venezolanos, donde el ego se confunde con los intereses fundamentales de una nación.

El Panteón Nacional

Vemos cómo Guzmán Blanco, Crespo, Gómez, y el actual mandatario nacional han impuesto de manera autoritaria reformas que giran en torno a los restos del Libertador y el lugar donde deben reposar éstos y los de aquellos que, según la época, han sido y serán considerados “próceres de la Independencia o Ciudadanos Eminentes”.

Recordemos que en 1842  Páez  ordenó  repatriar los restos de Bolívar, los que arribaron a Venezuela el 16 de diciembre de 1842.

El Dr. Lucas Castillo Lara lo reseña de la siguiente manera “Un inmenso gentío aguardaba desde más allá de la puerta de Caracas a la Iglesia de La Trinidad, llega a la Trinidad a las 6 de la tarde, mientras las campanas de toda Caracas tañían funeralmente. Esa noche hace posada en la Iglesia de la Trinidad, todavía modesta capilla. A las 10 y media de la mañana siguiente, entra dobles de campanas y disparos de cañón dando inicio a la fúnebre procesión. Desde la Trinidad, por la calle Carabobo, a la Esquina de Sociedad y de aquí a San Francisco. Todas las puertas y ventanas colgadas de luto. Adelante la caballería espada en mano, la Artillería, el caballo de batalla conducido por dos sargentos y enjaezado con los arreos de Junín (….). La luctuosa procesión llegó al templo de San Francisco, que lo acogió como en tiempos de gloria cuando Caracas lo aclamó Libertador. Al final días más tarde fueron trasladados sus restos con la misma solemnidad a la Catedral de Caracas, capilla de la Santísima Trinidad, en el panteón familiar, por unos años, hasta que fuera conducido a sus lugar definitivo en el Panteón Nacional (antigua iglesia de la Santísima Trinidad).”

Luego Guzmán Blanco ordenó mediante decreto Presidencial la Construcción del Panteón Nacional donde se encontraba la Capilla de la Santisima Trinidad.
Posteriormente una nueva reconstrucción del Panteón Nacional (cuya imagen es la que conocemos hoy día), fue decretada en 1930, en tiempos de Juan Vicente Gómez, donde nuevamente son movilizados los restos del Libertador en espera de la nueva morada; en las notas del Ingeniero Edgar Pardo Stolk leemos:

“Durante la obra hubo varios incidentes que tienen que formar parte de nuestra historia. Estábamos en plena actividad cuando una tarde, así como a las 5, ya se había retirado el Dr. Ayala, me invitó el Dr. Salas a que lo acompañara a ver un problema en el cual se encontraba.

… Y era el derrumbe inminente que podía ocurrir con las vibraciones que producía la misma obra, de un momento a otro podía ocurrir la caída del techo desde 10 mts. De altura sobre el sarcófago del Libertador. Las consecuencias de esto ya son de imaginar y no se disponía en ese momento de una obra de maderamen suficiente como para haber construído una defensa que soportara el impacto.

Se decidió que lo único seguro era sacar la urna que contenía los restos y para disminuir la posibilidad de escándalo. Se acordó sacar la urna solamente, dejando en su sitio el arca cineraria dorada, dentro de la cual había sido colocada en 1876. …… fue sólo a las 10 de la noche que pudimos llegar al arca, se le quitó la tapa posterior y se sacó la urna de plomo con los restos de Bolívar. Pasada apenas la impresión del momento, me di cuenta del riesgo que corría y mandé a uno de los obreros a comprar un candado si todavía estaba abierta la bodega de la esquina. Se colocó el candado en la puerta, me metí las llaves al bolsillo y medité mucho sobre el significado y el papel que me tocaba en esa situación.

Al día siguiente escribí de inmediato un oficio al Ministerio explicando lo que habíamos hecho. Por unos días no sucedió nada, pero una tarde nos sorprendió una banda que se acercaba al frente de un pelotón en traje de gala, solicitaron las llaves y desde ese día, hasta cuando se colocó la urna en el sarcófago donde está hoy, hubo un centinela, de bayoneta calada, a la puerta del cuarto. La urna donde están los restos es de plomo del largo de un hombre. La tapa ha debido estar en su origen en la abovedada hacia arriba, pero con el tiempo las paredes laterales se separaron y la tapa se asentó sobre el cuerpo y se le ve sostenida por la frente, el pecho y los pies. Da la impresión de un manto muy grueso colocado sobre el cuerpo humano.”

El 16 de julio de 2010, el Presidente Hugo Chávez Frías   fue más atrevido que sus antecesores, ordenando la exhumación de los restos del Libertador, y la construcción de un Mausoleo, obra que ha sido financiada por el Tesoro Nacional con transferencias hechas a la Fundación Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales, y que se espera sea inaugurada el 24 de julio de 2012.

Irónicamente para la fecha en que edito este artículo, ( 05-03-2013)  ha fallecido el Presidente de la República Hugo Rafael Chávez Frías, ( Q.E.P.D.) el pueblo en la calle  y sus seguidores solicitan  que sus restos reposen en el Panteón Nacional, al respecto les recuerdo que el artículo 187 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece en el numeral 15, lo siguiente : " Corresponde a la Asamblea Nacional : 15 . Acordar los honores del Panteón Nacional a venezolanos y venezolanas, ilustres que hayan prestado servicios eminentes a la República, después de transcurridos veinticinco años de su fallecimiento. Esta decisión podrá tomarse por recomendación del Presidente o Presidenta de la República, de las dos terceras partes de los Gobernadores o Gobernadoras de Estado o de los rectores o rectoras de las Universidades Nacionales en pleno."   

La impotencia que emerge cada vez que transito la zona de La Trinidad,  va acompañada tortuosamente por las palabras de José Ignacio Cabrujas que, aunque duelan, constituyen una inmensa verdad: "Siempre he pensado que Caracas es una ciudad en la que no puede existir ningún recuerdo. Es una ciudad en permanente demolición que conspira contra cualquier memoria; ese es su goce, su espectáculo, su principal característica. En algún momento de mi vida me he horrorizado ante esa situación; hoy no. Hoy pienso que es una legitimidad, y así como hay pueblos que construyen, hay otros que destruyen. Hay pueblos que tienen en la construcción un sentido de la vida, como algunos lo encuentran en la destrucción”

Somos cómplices y víctimas de la destrucción de la ciudad, de la historia, del recuerdo…



Imagen de la Iglesia de la Santisima Trinidad
1830
1911

1930

1930



Marzo 2012


Imagen de Mitchele Vidal


lunes, 11 de abril de 2011

La Promesa de Misia Jacinta

La Capilla de Lourdes en la Colina del Calvario
Narrado por William Eleroy Curtis
Venezuela la Tierra donde siempre es verano
1896

.. A un lado del cerro del Calvario existe una iglesia amarilla, un poco aislada de todo lo demás y casi inaccesible. No hay quien no deje escapar una exclamación de sorpresa al verla por primera vez y se pregunte por qué se erigió una iglesia en semejante lugar. La historia es como sigue: Cuando el General Crespo era apenas un ciudadano corriente, aunque poseído por grandes ambiciones, su piadosa esposa hizo la promesa de que si él alguna vez llegaba a la presidencia, haría construir una bella capilla en honor a su patrona, la santísima Virgen de Lourdes. Pero fue más bien por la intervención de Guzmán Blanco que de la santa que Crespo ocupó el eminente cargo, pero la buena de su esposa  estaba resuelta a cumplir su voto. Llegado este punto intervino su marido y resolvió que el trabajo debía hacerse a expensas del gobierno, puesto que el pueblo por extensión, los contribuyentes, recibirían igual honor y beneficio con su erección  que la propia familia. Se firmó por tanto un contrato con un amigo del Presidente para construir la Capilla y se dice que  a este amigo  no le fue del todo mal. Una vez terminada la iglesia, se descrubrió que quedaba  situada en una colina a la que no podía llegársele con facilidad, lo que hacía necesario que se construyera un viaducto a través del valle, desde los escalones de la iglesia hasta la colina al otro lado. Se contrató a otro amigo de Crespo para construir el viaducto por el orden de los 160.000 dólares, y se dice que debió costar exactamente la mitad de esa suma. 
De esta manera el gobierno dotó al pueblo de una nueva iglesia y de un imponente viaducto de hierro al cual llegarle, todo a expensas de los contibuyentes. En realidad, no había ninguna necesidad apremiante por otro luhar de culto como éste, porque la Ciudad está llena de ellos, con capacidad suficiente para el doble de la población de Caracas y en la nueva iglesia raras veces se celebra el resvicio religioso, pero la promesa de la esposa de Crespo  quedó cumplida y se le permitió que dos de sus amigos amasaran una pequeña fortuna sin ningún esfuerzo.
La Capilla se inauguró el 27 de abril de 1885. El viaducto Unión se le encargó montarlo al maestro Francisco Poleo por la cantidad de 112.000 Bolívares. Sus 11.412 piezas llegaron de Europa, como decía  una memoria de la época, "sin especificar el País" .




Imagen  de la Colección Privada de
Guillermo Hbk







Actual iglesia de Lourdes
fotografía tomada en el Paseo guiado por FUNDHEA


Actual iglesia de Lourdes  2011