lunes, 18 de abril de 2011

Gato con botella de perfume, ilustración de moda realizada en 1955

Gato con botella de perfume, ilustración de moda realizada en 1955


En el aniversario de la ciudad resulta idóneo rescatar al fotógrafo oficial del presidente Antonio Guzmán Blanco. El alemán se dedicó a captar de modo consecuente los primeros perfiles urbanos de la ciudad en el siglo XIX
EDGAR ALFONZO-SIERRA

La construcción de lo que hoy es Venezuela tiene en lo alemán una de sus influencias más interesantes y menos conscientes. He allí los aciagos Wélseres, con su fiebre del oro y de otras riquezas locales. He allí Humboldt, quien se comportó dentro de la naturaleza nacional como quien explora, hasta las últimas consecuencias, su propia alma, para luego legar un esclarecedor y aún aplicable estudio de este suelo. He allí, otro de tantos ejemplos, el grupo de familias y aventureros alemanes que en el siglo XIX se arriesgaron en las tupidas montañas de Aragua para establecer la Colonia Tovar de hoy.

Federico Carlos Lessmann es una de estas presencias alemanas. Sólo conocido en los reductos de quienes se dedican a investigar la vida de la fotografía en Venezuela, su importancia estriba en haber documentado continuamente las primeras imágenes que se conservan de Caracas, tomas que inician para la ciudad la experiencia de tener una conciencia visual propia, ese valioso verse a sí mismo y reconocerse: así soy, o más bien, así fui.

Según indica el periodista e investigador fotográfico, Antonio Padrón, Lessmann llegó con 18 años a la Caracas sabrosa, provinciana y amable del siglo XIX, contratado como litógrafo por el taller de impresión Müller y Stapler. Había nacido en Brunsweig en 1826. En Venezuela incursionó en la fotografía, oficio que lo convirtió en fotógrafo oficial del presidente Antonio Guzmán Blanco, de quien se cumplirá el 28 de julio el centenario de su muerte.

Insiste Padrón en que si bien las fotos iniciales de Caracas son de la autoría del húngaro viajero Pal Rosti, es Federico Carlos Lessmann quien, al establecer residencia en la ciudad, realiza una verdadero registro consecuente de ella. Lessmann casó en estas tierras con la también alemana Luisa Heibner. Su hijo, llamado también como el padre, continuó su obra y la extendió a otras áreas del país y se convirtió en uno de los pioneros de la documentación de los indígenas venezolanos.

En un estudio de autoría que ha llevado unos cuatro años, Antonio Padrón ha logrado atribuir un contingente de 135 fotografías, hasta ahora inéditas, a Federico Carlos Lessman padre. Las tomas pertenecen al álbum de los descendientes del alemán y fueron confrontadas con imágenes aparecidas e indentificadas en El Cojo Ilustrado; en un álbum personal del ministro de Obras Públicas del gobierno de Guzmán Blanco, Roberto García, y en otras publicaciones. La investigación se ha convertido ahora en un proyecto editorial que Padrón intenta llevar a cabo solicitando ayuda institucional y que llevaría como nombre La Venezuela de los Lessmann, en respeto a la recopilación que padre e hijo hicieran de la vieja nación.

Lessmann padre fue motivo de una exposición en el Museo Arturo Michelena en el año 1994, donde bajo la curaduría del mismo Antonio Padrón, fueron mostradas 100 imágenes captadas por este autor de delgada estampa que, se dice, fuera descubierto por Carlos Eduardo Misle, Caremis.

Añade el estudioso que las imágenes captadas por la luz aparecen en Venezuela seis meses después del registro del daguerrotipo, el 19 de agosto de 1939, en la Academia de Artes y Ciencias Francesas, por su inventor Daguerre. La técnica fue importada por el impresor francés Antonio Damirón en 1840. Es un arte que, en la voz de Antonio Padrón, está aún por descubrirse histórica y analíticamente. "Con lo que tenemos hay para trabajar un siglo más". El material fotográfico venezolano del pasado se encuentra en la Biblioteca Nacional, la cual resguarda un 50% del total; en las gobernaciones y alcaldías, y un mínimo, en colecciones privadas.

Hoy, data de cumpleaños de la capital del país, resulta interesante rescatar algunas de las primeras tomas que de la ciudad se conocen. Importante resulta insertarlas en la conciencia e identidad propias, hacerlas circular por el flujo del imaginario ciudadano y así, de alguna manera, agradecer a ese extranjero adoptado por el país, Federico Carlos Lessmann, quien murió en Higuerote en 1886, su oficio y sus ojos.

EL NACIONAL - DOMINGO 25 DE JULIO DE 1999

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