sábado, 22 de diciembre de 2012

Teresa Carreño


Los pájaros en el bosque hablaron esta mañana de Teresa Carreño. Quizás la vieron pasar con su largo traje de concierto bordado de oro y su aureola de cabellos grises. El bosque de los Caobos es el sitio más propicio para la evocación de Teresa. Aquellos árboles son sus contemporáneos. José Antonio Mosquera, dueño de la Hacienda "La Industria" en Quebrada Honda, fue su amigo. En unión de Dolores Jiménez, Teresa le obsequió un cojín ricamente bordado, que guardaba junto con el más corpulento de aquellos Caobos para su ataúd. Dos veces pasó Teresa por Caracas, ya no volvió nunca. Volvieron sus cenizas guardadas en urna de bronce. Si no volvió no fue por olvido, ni por resentimiento. Simplemente, no pudo volver. Su arte, su vida de artista que necesitaba el mundo como escenario, la muerte misma, se lo impidieron. Venezuela estaba en ella, intérprete del lenguaje, del pensamiento universal. Entre sus composiciones aparece un Himno a Bolívar para el centenario, su Saludo a Caracas y Danza Venezolana que tocó en Lisboa, una noche de grandes ovaciones, en 1903.



El mismo año del nacimiento de Teresa Carreño se publicaba la Primera edición del Manual de Urbanidad y buenas maneras, para uso de la juventud de ambos sexos, precedido en un breve tratado sobre los deberes morales del hombre, por Manuel Antonio Carreño ( Imp. de Carreño Hnos., Calle del Comercio, Nº 149). La dirección general de instrucción pública lo adopta como texto de enseñanza en las escuelas y colegios de la República. El padre de Teresa era hombre de rígidos principios, aunque es fama que no practicaba mucho los de urbanidad.



El 23 de julio de 1862, Teresa salía para Nueva York en compañía de sus padres y otras personas de su familia por la situación de Guerra que vivía el País. El independiente no le dedica unas líneas de despedida. Carreño pertenecía al partido constitucional. Existía entonces en Caracas un conservatorio de música. Por aquellos días se daban conciertos con el objeto de adquirir un piano para el Instituto. Tomaba parte de ellos una orquesta de cincuenta profesores venezolanos. En el Teatro Caracas trabajaba una compañía de ópera italiana. Alejandro Rothe ofrecía en su almacén en la esquina de Mercaderes las últimas novedades musicales. Los padres de Teresa no debían ver de nuevo la tierra de Venezuela.

Marta Milinowski, profesora de música del Vassar College, ha evocado la prolijidad amorosa de la vida de Teresa Carreño, en un Libro traducido por Luisa Elena Monteverde Basalo. Su vida es una magna lección de trabajo. Era bella, fuerte, maternal, apasionada, desprendida, gloriosa y sobre todo desdichada. Todos la explotaban, los conciertos daban para vivir con holgura, pero había muchos ojos pendiente del producto. La explotaban sus agentes, sus hijos y sus maridos….


A los nueve años la oye, Gottschalk la recomienda como un genio. Rossini la reconoce enseguida como una gran artista. Liszt pone sus manos sobra la cabeza de la pequeña, una especie de consagración. Rubinstein aparece en el número de sus más rendidos admiradores. En Leipzig, el propio Grieg se presenta en su camarín: “Señora, no sabía que mi concierto era tan bello”. Lo más interesante de esta biografía es el encuentro de Teresa con Alemania. Berlín la adoptó por suya. La llamaron “Brunilda, la Walkiria”. Desde el momento en que Beethoven comienza a ser más frecuente en su repertorio. Era Beethoven con el ímpetu, la fuerza, el color, la gran luz del trópico. En Berlín celebra sus bodas de oro como artista el veintiuno de noviembre de 1912. Aquella noche el ministro de Venezuela Santos Dominici, evocó en su discurso el País de Teresa en los días de su infancia.


Teresa luchó bravamente en su tierra nativa. Hizo frente a las dificultades con el ánimo que sólo es capaz una gran artista. A su llegada hubo ovaciones, música, flores, discursos, pero los salones permanecieron cerrados. La sociedad que se negaba a recibirla era la misma del Manual de Urbanidad de Manuel Antonio Carreño. Caracas la amaba y la rechazaba a la vez. En el fondo era la prueba decisiva, a la que el País le gusta someter a los suyos, semejante a las que sufre el neófito en las sociedades secretas. Si resisten los reconocen por suyos. A los que huyen y se tienen a sí mismo por grandes desconocidos, víctimas de las injusticias del medio, les vuelve la espalda. No basta entonces lagrimones retóricos para convencerlo de lo contrario. El regreso es la piedra de toque. Teresa Carreño quiso volver. Una tarde alguien la interrogó acerca de Venezuela y respondió: " La he amado a veces por sus desgracias, otras por la generosidad de su naturaleza, y siempre como la madre irreemplazable. En su seno quiero dormir el sueño de la tierra. Es allí donde deseo reposen mis cenizas" y sus cenizas están allí, en el marco de las montañas nativas. Por encima de las nubes viajeras imagen de su vida errante y maravillosa.


Fuente: Enrique Bernardo Núñez.
"Figuras y Estampas de La Antigua Caracas".
Pág. 41 -43
Monte Avila Editores/ 1991.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Las Retretas en la Plaza Bolívar



Retreta del domingo, fiesta pobre
que alegra el corazón municipal
ahora tocando un viejo pasodoble
y después de la “Vereda Tropical”.
Se suma a tu voz múltiple de cobre
Cada quince minutos, Catedral.
Y escupe el autobús su ruido innoble
Sobre tu ancianidad sentimental.
Pobrecita retreta del domingo
que celebras la boda de Tilingo
con acompañamiento de trombón.
Yo advierto tú alegría complaciente
ante la indiferencia de la gente
y se me desafina el corazón.

Fino verso y alta prosa, además del humor, que ha dedicado Aquiles Nazoa  a su Caracas natal, a sus costumbres, a sus rincones, a la Plaza y a las placitas.
El poeta guaratarense –porque Aquiles Nazoa es un nativo de la sanjuanerísima barriada del Guarataro- aconseja que “cuando algún curioso escritor resuelva hacer la biografía pintoresca de Caracas, tendrá que comenzar por el  Avila, con su Galipán florido y sus burritos cargados de claveles” y asegura que entre las más recomendables y infalibles capítulos no podrán faltar el dedicado a Cenizo, el perro amigo de los poetas bohemios y curruña de la luna: “ especie de ángel tutelar de la generación del veinte” y “trasnochado huésped de la Plaza Bolívar y la vera de cuyos rosales amaneció plácidamente muerto un día de diciembre ….”

De la Plaza Bolívar y sus retretas tiene también Aquiles Nazoa esta postal de catorce versos. Parece captada con la camarota de Chirinos. Pero es un soneto, solo que es muy fotográfico:

Otro domingo más. Seguramente
usted, qie es un modesto ciudadano
se enfundará em su traje más decente
y saldrá con un niño de la mano.
Otro domingo más. Entre la gente
Se confundirá usted desde temprano,
Y escuchará en la  plaza la emoliente
música de “Poeta y Aldeano”.
Porque eso es el domingo: la retreta,
el cine arrabalero de a peseta
y el placer casi audaz, del dulce fino.
¡ Oh, cómo ignoran los que tienen plata
este gozo del pobre, esta barata
democracia del flux azul marino!


Fuente: Corazón, pulso y huella de caracas
Carlos Eduardo Misle
Ediciones de la Secretaría General- Cuatricentenario de Caracas 1567-1967

domingo, 2 de diciembre de 2012

La Plaza de la Candelaria e Iglesia la Merced 1894

Comparto con ustedes grabados que fueron publicados en  El Cojo Ilustrado en 1894/
Revista #51 del 01 de febrero de 1894

Templo de la Candelaria y Estatua del General José Gregorio Monagas, en la Plaza de aquel nombre


Indica la nota

" Casi al final de la principal y más concurrida Avenida de Caracas se encuentra esta hermosa Plaza, exornada de algunos años a esta  parte con la estatua del Libertador de los esclavos.
El templo es de grandioso acabado , con tres naves espaciosas, y será un edificio al igual que los mejores de la ciudad destinados al culto, el día en que se emprendan con vigor una decoración interior y la conclusíón de sus obras exteriores.
Popular entre las más populares es la Plaza de la Candelaria se encuentra especialmente ocupada de transeuntes los domingos y los días de mayo y noviembre que dá gusto presenciar el desfile de preciosos ramilletes de devotas que acuden a la casa de Dios a renovar su promesa de fe."  


Iglesia de la Merced 
Revista # 53
01 de marzo de 1894

En la Iglesia de la Merced reposa el santo Sacerdote Jacinto Magdaleno
que nunca el pueblo caraqueño deberá olvidar, a él se le debe
éste edificio en Caracas. En la época siniestra del cólera en Caracas, el Padre Magdaleno
fue para la azotada ciudad un mensajero de consuelos prestando su misterio por igual
tanto a los barrios aristocráticos como a los pobres suburbios, propagando favores de
su caridad evangélica.   

Iglesia de la Merced
toma por el oriente con parte de la Plaza Falcón
publicada el 16 de julio de 1894
#59


domingo, 25 de noviembre de 2012

ASÍ ERAN NUESTRAS NAVIDADES- Aquiles Nazoa-

En visperas de la  Navidad he transcrito para ustedes un artículo que reseñó la Revista Elite en diciembre de 1951 por nuestro Aquiles Nazoa,  sobre las festividades en la Caracas de inicio del  Siglo pasado, tradiciones que ya están en desuso y muchas de ellas son un vago recuerdo de aquello que nos contaron nuestros abuelos o padres, en el ánimo de desempolvorar el baúl de los recuerdos y que estos escritos sean de interés para mucho de ustedes.


ASÍ ERAN NUESTRAS NAVIDADES


AQUILES NAZOA
Elite diciembre 1951

Imagen de Aquiles Nazoa
Revista Elite
1951


“Ahora bien, todos los que amamos a nuestra ciudad porque nacimos de ella y nos hemos realizado para la vida a la luz de sus días, somos – ya a la edad que tengo y habiendo visto lo que he visto- un poco caraqueños de antes.

Tal vez la Caracas que yo evoco y que en muchos aspectos me parece más grata, más humana y simpática que la de mis hijos, no exista realmente en mis recuerdos sino en mi imaginación. Uno tiende a embellecer lo que ha tenido y ya no tiene.

Así son los recuerdos que conservo de las pascuas de mi niñez. Desde tiempos muy remotos de la ciudad, la costumbre más encantadora que conservábamos era la de los aguinaldos impresos en hojitas de cuatro páginas que se vendían a centavo por las calles. Eran a veces malas versificaciones de bardos orilleros, pero tenían un gran encanto poético, una tierna ingenuidad y un interés periodístico que hacia su lectura interesante a todo el mundo, pues casi siempre tenían como temas los sucesos de actualidad. En esas hojitas que yo mismo llegué a vender, recibí mis primeras lecciones de literatura.

Como aguinaldos impresos y sus pintorescos pregoneros que para anunciarlos iban recitándolos o cantándolos por las calles, desapareció también de la ciudad el extraño vendedor de pavos. Los pesados animales, domesticados y mansos, caminaban lentamente por el medio de la calle como un rebaño, guiados por el hombre que los seguía detrás como un pastor a sus ovejas, y para conservarlos agrupados durante la marcha los controlaba con un larguísimo foete como de cochero; de ahí viene la expresión “como foete de arrear pavo” aplicada a alguien que está extremadamente flaco.

Caracas era muy fría entonces; ya desde fines de octubre el exquisito frío tan tónico y juvenil que invadía la ciudad por el área de Catia, imponía el uso de los abrigos, sobretodos, romantones, bufandas y franelas largo tiempo guardados. Flotaba en el ambiente un olor a vetiver procedente de los baúles. Nunca supe de dónde le viene a ese frío en particular el nombre de “Pacheco” que le da el pueblo caraqueño, ni si fuimos nosotros los primeros en usarlo, o los chilenos que también nombran así a los vientos de otoño.

Las misas de aguinaldo le imprimían a las mañanitas de mi niñez una alegría juvenil de vacaciones; los paseos eran a pie; no se había generalizado el patinaje, los patines de rueda, como se sabe, fueron un invento anónimo de los holandeses, un invento folklórico por así decirlo, que los niños de Holanda, el país más patinador del mundo, ingeniaron para tener cómo continuar practicando su deporte favorito una vez que, pasado el invierno, se deshelaban los canales y senos marinos. Un norteamericano, Pinkerton, capitalizó la idea en los Estados Unidos, a mediados del siglo pasado. Yo llegué a conocer los primeros patines que llegaron a Caracas: era una especie de cesta en alambre de acero, muy funcional y elegante en la que el pie iba acuñado; las ruedas eran de madera. Al principio el patinaje era un deporte exclusivo de gente de bien, o sea de las que vivían en zonas ya pavimentadas de la ciudad. Patinar en la Plaza de la Misericordia era uno de los signos de distinción y modernidad de las más distinguidas señoritas de Caracas de los años veinte. Los patines entrañaban para los que en tiempos de Gómez éramos niños, el más grato recuerdo y también el más amargo: Los policías del gomecismo, ladrones y crueles, a veces sin haber llegado uno a ponérselos por primera vez, mientras con ellos en las manos iba en busca de algún lugar pavimentado donde patinar, nos detenían en la calle y nos los quitaban, dejándonos sumidos en la más dolorosa amargura.

Vendedor de Pavo
por las calles de Caracas


un grupo de bellas damas patinado
en  El paraiso
Circa 1920 -1930

Patines con ruedas de madera
1930
Dos de mis tíos, desde niños, eran panaderos como lo había sido su padre; trabajaron siempre en la panadería de Solís, entonces la más famosa de Caracas, siempre por su pan francés y en pascuas por su pan de jamón, por sus brazos gitanos, por sus dulces con nombres franceses. En los días pascuales los armarios y vitrinas de la panadería se enjoyaban con los colores y formas de aquella artesanía maravillosa del pan y del dulce, y la hormigueante clientela hacía necesario reforzar el personal. Yo era una especie de mascota de Solís, y de tanto andar entre los hornos, las artesas, las harinas y las cremas llegué a hacerme un pequeño maestro de esas artes. En los días de pascuas sobrecargados de trabajo los repartidores, yo participaba en las entregas de encargos a domicilio, y a veces recibía propinas con las que me sentía rico. En la navidad de 1931, cuando llevaba una torta de encargo, por el camino me enteré de que en Miraflores estaban repartiendo regalos. Con torta y todo me incorporé a la larga cola que se había formado junto al palacio. Fue la primera vez que vi de cerca a Gómez. Rodeado de sus hijos y allegados, estaba allí repartiendo personalmente los obsequios. A mí me dio dos bolívares. Cuando uno de mis tíos panaderos, Gabriel, se enteró de la que yo creía una hazaña admirable, sufrió tan crisis de cólera que además de pegarme me sacó con su propia mano la peseta del bolsillo y cómo sería la violencia con la que la batió contra el suelo que la moneda rebotó y de retruque le pegó a él mismo en un colmillo. Ese día descubrimos cosas importantes: que Gómez era un tirano y que mi tío tenía dentadura postiza.

Panaderia de Solís
donde trabajaron los tíos de
Aquiles Nazoa
y de niño una que otra vez
fue repartidor de pan y tortas


Como en aquella época había muy pocas cocinas con horno, el pavo y el pernil destinados a la cena de navidad se aderezaban en la casa y se enviaban a hornear en las panaderías. Allí los panaderos practicaban la costumbre picaresca de “capar” o sea comerse parte de los horneado. En la cena pascual, lo que la gente venía a comerse en realidad eran los sobrados de los panaderos.

En la animadísima plaza del Mercado de San Jacinto se instalaban las diminutas imprentas que se encargaban de imprimir las tarjetas de felicitación con el nombre del felicitante. Eran mínimas y además de unas orlas rameadas muy candorosas, traían versos a escoger según los sentimientos y el humor del cliente:


El cielo tiene una estrella

Y el rosal tiene una flor,

Y el que carga la botella

Es el que bebe mejor.









lunes, 19 de noviembre de 2012

Puente Carlos III La Pastora

Sobre el curso del  río Catuche  se ha halla el puente Carlos III construido por Juan Domingo del Sacramento Infante quien también construyo el Puente La Trinidad sobre Quebrada Caroata y la Iglesia de la Santísima Trinidad actual Panteón Nacional.
Se inicia su construcción sobre el curso de Río Catuche cerca de 1772 por disposición del gobernador José Carlos de Agüero con fondos del Cabildo caraqueño; en la actualidad se considera patrimonio arquitectónico de la ciudad de Caracas.

En el Libro "Reminiscencias" de José García De La Concha"  encontramos la siguiente nota

“ Antes de la construcción del puente de Carlos III, se tomaba a la derecha el callejón del primitivo convento de la Merced (casa que conocí cuando vivía en ella mi recordado amigo Pancho Unda), para salir al Guanábano por lo que llamaban “ el desbarrancado”, y de allí a “La Caja de Agua” para seguir por la calle de El Comercio hasta San Pablo.

Al estar construido el puente antes nombrado, el camino era recto hasta La Trinidad. Esta fue la vía por donde condujeron hasta San Francisco los restos de “El Libertador”.

Esta era una de las zonas de Caracas más llenas de recuerdos de todos los tiempos de su existencia. Casi todos los terrenos eran de propiedad de La Trinidad, unas de las iglesias de Caracas que sin ser parroquia, poseía más tierras, y que al convertirse en Panteón Nacional, desaparecieron como por encanto.

Pasando el Puente Carlos III, a mano izquierda, el filántropo Licenciado Agustín Aveledo fabricó un edificio, lo dotó de lo necesario y fundó un asilo de huérfanos. Loor a este gran caraqueño.

Contigua al Asilo, teníamos una casona sombría y de rara arquitectura que llamaban la casa de Boves. Allí vivió y allí se crió el estudiante Luís Correa.

A mano derecha, en una humilde casa vivía mi médico y amigo, doctor José Gregorio Hernández. Luego los jurados Blanco y después la preciosa quinta que le fabricó don Martín Sanabria a su esposa doña Ignacia Vollmer de Sanabria y conocida con el nombre de “La Villa Ignacia”. Esta “Villa Ignacia” tenía extenso terrero hasta la quebrada y en el existía un gran jardín de rosas, naranjos y cuyo portalón quedaba al lado del puente el Guanábano y adornado con unas bellas “trinitarias”. En todo el frente de este portalón desembocaba un callejón que daba acceso a la quinta Guzmán, y se decía que en la única casa existente por allí y de dos pisos, tenía el viejo Guzmán, don Antonio Locadio, su imprenta.

De la esquina de las Dos Pilitas hacia el norte quedaba la esquina “El Solitario” y por allí se iba a la Sabana del Blanco, al Cementerio de los Hijos de Dios y a la Casa Madre. Entre las esquinas de El Solitario y La Casa Madre, se pensó y hasta se empezó a construir un terraplén.

Otra callejuela partía de Las Dos Pilitas llamadas La Jabonería. Pero la principal, ancha, empedrada, seguía hacía la Trinidad. A mano derecha una casa, llamada La Casa de los Ladrillos, con una gran arboleda, ocupando casi toda la manzana. Esta casona sirvió en un tiempo de cuartel, luego la adquirió doña María Francia de Palacios y la transformó en una bella residencia. "

Puente Carlos III 1892


Puente Carlos III
Circa 1900
Reseña la imagen " el deteriorado y olvidado Puente Carlos III
situado en las Esquinas de Dos Pilitas a Portillo
Construido en el Siglo XVIII
Caracas en Tres Tiempos Carlos Raùl Villanueva
1966 


sábado, 17 de noviembre de 2012

La Tragedia de1943/ Los Héroes de "El Silencio"

" Los trabajos de demolición en la zona adquirida por el Banco Obrero para la Reurbanización,  fueron ejecutados en parte por cuadrillas contratadas directamente por el Banco Obrero; en otras ocasiones por el contratista para las demoliciones, señor Heriberto Salas, y en algunos casos por el contratista de la obra a ejecutar.

Las demoliciones de las edificaciones fue relativamente sencilla, pues se trataba en su mayoría de casas de una sola planta, con paredes de adobe o ranchos construidos con diversa clases de materiales, a excepción de una edificación ubicada entre las Esquinas de Marcos Parra y Escalinatas, cerca del Puente Bolívar, compuesta de sótano y dos plantas con estructura de concreto y acero, por lo que para su demolición se requería dinamitar la estructura.

El contratista encargado del embaulado de la Quebrada Caroata, empresa Oscar Zuloaga & Cía., había minado varias veces la edificación ya mencionada y la cual no cedía totalmente, por lo que terminada la semana de trabajo se resolvió continuar la demolición el lunes siguiente. En esas condiciones, la estructura constituía un peligro para los transeúntes, por lo que al día siguiente, domingo 4 de abril de 1943, el teniente Luís E. Lozada, del Cuerpo de Bomberos, solicitó a sus compañeros colaboración para acabar con la amenaza que representaba el inmueble en cuestión.

Un grupo de 13 miembros del Cuerpo de Bomberos procedió a dinamitar lo que restaba de estructura. Explotaron los petardos y la construcción no cedió, por lo que los bomberos Lozada, González, Cabrera y López penetraron debajo de la platabanda que habían minado y cuando se preparaban a sujetar una viga de hierro con una guaya, para palanquear la estructura, la platabanda se desplomó sepultándolos debajo.

En este accidente perecieron los bomberos teniente Luis E. Lozada, el sub-teniente Juan González Báez y el cabo segundo Antonio Cabrera. El bombero José León López, quién pudo salvar su vida, relató que en ese instante se encontraba al pie de la escalera y que al sentir que se desplomaba la estructura saltó hacia un rincón, el cual no quedó completamente tapado, por lo que pudo gritar oyéndolo sus compañeros, quienes vinieron en su auxilio.

Igualmente 12 bomberos habían quedado en el sótano, y gracias a la maravillosa colaboración de la Policía de Caracas, los Boy Scout y numeroso público, impidió que fuera mayor el número de víctimas. La labor de rescate se prolongó hasta las 7 pm….

Tan pronto se supo del accidente se apersonó el gobernador del Distrito Federal, el Comandante de la Policía de Caracas, el director gerente del Banco Obrero, el Comandante del Cuerpo de Bomberos y el juez segundo de Instrucción a cuyo cargo quedarían las actuaciones, se trasladaron al sitio del siniestro a fin de prestar la debida colaboración y apresuras las labores de rescate.

Este fue el único acontecimiento trágico que tuvo lugar durante todo el proceso de construcción de la Reurbanización “El Silencio” y el primero en la historia del Cuerpos de Bomberos de Caracas desde su creación el 24 de febrero de 1936."

Fuente: Reurbanización “El Silencio” Crónica/ Pág. 72

Ricardo De Sola Ricardo
Fundación Villanueva / 1987















viernes, 16 de noviembre de 2012

La Demolición de el Barrio "El Silencio" 1942

Demolición de el Barrio " El Silencio"

“El 25 de julio de 1942, día de Santiago, aniversario de la fundación de la ciudad de Caracas (375 años), a las 11: 15 am, el presidente de la República, general Isaías Medina Angarita, acompañado por el gobernador del Distrito Federal, doctor Luís Gerónimo Pietri, el ministro de Obras Públicas, doctor Manuel Silveira, el director – gerente del Banco Obrero, señor Diego Nucete Sardi, así como de los otros directores del Banco e invitados al acto, se efectúo la ceremonia del primer golpe de pico en la casa distinguida con el Nº 23, situada al Oeste de la Plaza Miranda; en dicha casa operaba un taller de vulcanización, siendo los vecinos más cercanos el Restaurant “ La Granja”, “el nuevo hospedaje para caballeros” , “La Unión”,, empresa de viajes y mudanzas, la “Agencia Royal”, el Bar “Napolitano”, y “La Pluma de Oro”.

Con dicho acto se inicia la demolición de los inmuebles ubicados en la zona ya determinada, la cual sería objeto de remodelación.


Otro aspecto del acto efectuado el 25 de julio de 1942
en el momento en que el Director Gerente del Banco Obrero
señor Diego Nucete Sardi da el segundo golpe de pico.
En la fotoel general Medina Angarita, Presidente de la
Reública  habla con el secretario del banco
Dr. Enrique Barrera en la puerta.

El día siguiente, en horas de la mañana, un gran número de obreros se aglomeraron en el sitio en solicitud de trabajo. El tráfico se vió interrumpido y tuvo que intervenir la policía. El grupo de manifestantes allí congregados resolvió entonces dirigirse a las oficinas del Banco Obrero, que en aquel entonces se encontraba ubicado frente a la Iglesia Santa Teresa, Avenida Sur, entre las esquinas de Santa Teresa y Cipreses Nº 67. ( este local fue vendido posteriormente a la firma Sánchez & Cía. Que instaló en él su ferretería, cuando las oficinas del Banco Obrero se mudaron al Bloque 1, hoy “Carlos Raúl Villanueva”.1945)
Imagen de Juan Avilán
Fundación para la Memoria Urbana

Imagen de Avilán de la Fundación
para la memoria Urbana 

Han sido muchos los autores que han escrito sobre el acontecimiento ocurrido el 25 de julio de 1942, con motivo de haberse iniciado el proceso de demolición de los inmuebles del barrio “El Silencio” y en dichos escritos narran lo ocurrido en el Mercado de San Pablo y el Molino Rojo por haber estado éstos ubicados en la hoy Plaza Miranda, cuyo nombre cuando se construye la Plaza fue el de la Plaza Bermúdez, siendo ministro de Obras Públicas el Dr. J.M. Ortega.


El cambio de Plaza Bermúdez a Plaza Miranda aparece por primera vez en el plano de Caracas de 1936 editado por el MDOP, Dirección de cartografía Nacional, y este cambio de nombre obedece al hecho de que a la Esquina de la Plaza se le llama Miranda por lo ocurrido en el año de 1812 con un señor de nombre Juan Miranda y que Enrique Bernardo Núñez narra de la siguiente manera “ A los pocos meses del terremoto de 1812que tantos estragos causó en Caracas, árboles y malezas crecían rápidamente entre las ruinas. Cerca del paredón del Puente San pablo, en un solar perteneciente a Don Cristóbal Ponte y alquilado al mencionado Juan Miranda, crecía un corpulento castaño silvestre que amenazaba derribar con sus raíces al paredón y éste a su vez, la casa donde se hallaba refugiado con su familia el licenciado Isidro González, además, el Castaño, servía de refugio a frecuentes •rochelas de hombres y mujeres”, y hombres embozados, que no se distinguen en la oscuridad, hacían temer al licenciado por su vida, por lo que encareció repetidamente a Miranda el corte del castaño y otros árboles. En vista de la inutilidad de sus esfuerzos, se dirigió por último al ayuntamiento, que libró al efecto órdenes pretorianas.

Uno de los Edificios más importantes que debieron demolerse fue el Pasaje Junín, que estaba en proceso de construcción en 1942, situado entre las esquinas de Mercaderes y Municipal. El propietario de dicho edificio era el general Pérez Soto, quién propuso en aquel entonces que los propietarios particulares efectuaran trabajos de construcción de la avenida agrupándose en un sindicato de dueños de inmuebles, aportando su inmueble como participación. Esta idea no tuvo acogida. El Edificio se terminó y unos años después fue demolido.

Edificio Pasaje Junín

Pasaje Junín
demolido en 1945
Fuente:
Reurbanización “El Silencio” Crónica
Ricardo De Sola Ricardo
Fundación Villanueva
1987
Demolición de El Barrio “El Silencio”

Pág 66



lunes, 22 de octubre de 2012

Aniversario del Museo del Transporte


A partir de 1970, el museo es un espacio público de Caracas abierto al servicio de conservación del patrimonio histórico, de la cultura, de la educación, la recreación, del disfrute de un hermoso parque, de la comunidad relacionada o no directamente con la temática del transporte en el pasado como en la actualidad. Está situado a orillas de la avenida Miranda, cercano a la estación de Metro Dos Caminos. Abre al público los domingos de 9 de la mañana a 4 de la tarde y los miércoles los dedica a recibir y guiar grupos de estudiantes. La biblioteca atiende consultas de lunes a viernes.
Sus Fundadores Guillermo José Schael, Eugenio Mendoza Goiticoa, Santiago Hernández Ron, José Giacopini Zárraga, Mauro Páez Pumar, Alfredo LaFuente Nieto, Antonio Agostini, Rafael Ginnari, Carlos Henrique Tovar, Adolfo Ramírez Torres, José Satiné, Reinhard Helmund, Carlos Valladares, Asdrúbal Fuenmayor, Carlos Stohr, Carlos Mendoza Goiticoa, Guillermo Ochoa Tucker, Leopoldo Sucre, José Curiel, Ernesto Armitano, Luis Teófilo Núñez, Carlos Kauffmann. Otros los han secundado en el compromiso de no decaer y lograr que a como de lugar, el museo continúe mostrando lo salvado.



http://museodeltransportecaracas.blogspot.com/p/historia-del-museo.html


Muchas gracias por econocimiento que el Museo Del Transporte a través de su directiva Don Alfredo Schael, Kenneth Miler y Fabian Capecchi nos hiciera el día de ayer.

Es gratificante poder compartir junto a los amigos de FUNDEHA en cabeza de Derbys Alexis Lopez Suarez, Arturo Rivero, y toda la hermosa familia que siempre les acompaña, igualmente conocer los rostros de aquellos que a través de las teclas se forma una especie de familiaridad y afinidad por el simple hecho de compartir el mismo interes, de paso desisteresado por nuestra historia anhelando un mejor presente.

Deseo inmensamente que este granito de arena que aportamos desde las redes sociales contribuya a crear conciencia y cultura patrimonial que tanta falta nos hace y esperando que la nostalgia y el recuerdo que muchas de l......as imagenes evocan trasciendan y sean generadora de niños y jóvenes comprometidos con su ciudad.

Por último, encatadísima de conocer a Ricardo Rodriguez Boades, Ismael Simón Rubio, Robert Gonzalez , María Cristina Abdelnour, y a distinguidos señores que están dejando una huella imborrable en la historia del Transporte en Venezuela, y que mejor escenario que el Museo del Transporte, por el cual, sea dicho de paso, no descansaremos en la lucha para que se haga valer el derecho que tiene el ciudadano de mantener vivo su patrimonio, ese que nació hace 42 años con amor, esfuerzo y dedicación profunda.

Saludos y mi respeto para todos desde la Caracas en Retrospectiva !

PD : Espero que en un futuro no muy lejano, podamos estrechar y en mi particular caso, abrazar fuertemente a Fabián !!!!
42 aniversario

sábado, 20 de octubre de 2012

El Circo Metropolitano, Esquina de Miranda a Puerto Escondido.

OESTE 10

El Circo Metropolitano de la esquina de Miranda a Puerto Escondido, en el garageadyacente al Teatro Metropolitano, puede observarse el gran desnivel que existe con relación al pisode la calle, esto es debido a que allí existióel ruedo o arena, como también se le llamó, del GranCirco Metropolitano, y que hoy se conserva mudo debajo del piso de concreto en el recuerdo de laalegría que envolvió las tardes gloriosas de los ases de la tauromaquia, Juan Belmonte, RodolfoGaona, facultados, Juan Luís de la Rosa, Chicuelo y Rafael Gómez “El Gallo” con susespantás; o“El Divino Calvo”atragantándosede toros como el que más.De la esquina de Puerto Escondido sale una calle ciega que se une con la transversal y queha tenido el nombre de “El Callejón de las Chayotas” y, ciertamente, para cuando existió el antiguo“Silencio”, en una acerita alta del lado derechohubo varias pequeñas casitas habitadas por ciertasgentes que podrían haber sido motivo del original nombre.

Continuando al oeste, la botica de Angelito, bajo la regencia del “gordito” Michelena,continuaba la calle la calle el callejón “Peniche”, y cerro arriba una vía que daba acceso alObservador Cagigal.


Circo Metropolitano
Archivo Biblioteca Nacional

Esquina de Angelito
Alfredo Cortina
1950
Esquina de Angelito
Alfredo Cortina 1950


Arenas del Circo Metropolitano
finales 40
Alfredo Cortina
 Texto: La Caracas que Conocí
Francisco Moya Martínez
Imagenes: Aporte de Carlos Lachica, Caracas en Retrospectiva
autor Alfredo Cortina, excepto la de la fachada del Circo Metropolitano
que es de los archivos de la Biblioteca Nacional.

viernes, 19 de octubre de 2012

Recorriendo La Calle Sur, Oeste 4 del Siglo XX

CALLE SUR OESTE 4

De Conde a Padre Sierra, estuvo la casa de los Baptista, Leopoldo y Trino; el hotel El Conde, al frente del edificio del Ministerio de Educación. En esta cuadra también vivió don Gustavo Vollmer, el de la chivita, que suponemos fuera el fundador de la Hacienda Santa Teresa, productora de afamado ron que lleva su nombre, ubicada en San Mateo, del Estado Aragua. La farmacia de Padre Sierra estaba en la casa diagonal con la que ocupaba la firma del Blohm y Cía., poderosa exportadora de café y cacao que suplía con créditos a los productores, tal cual si fuera un banco. Esta casa tenía un ancho frente hacia el Capitolio conservando su “alero” como en la época de la colonia, igualmente sus grandes ventanas y ancho zaguán; se asegura en esta casa nació el Generalísimo don Francisco de Miranda.

Continuando a la Bolsa el Teatro Ayacucho, construido por Pedro Vallenilla, el teatro continental de los hermanos Antonio y Ramón Pimentel, la casa de Cubría y Cía., Sucr. de Manual Abascal, padre del Político y Diplomático Manuel Pérez Guerrero; seguidamente la librería Maury y en la esquina de La Bolsa, el bar y casa de juego de evite y azar “El Cataluña”. Al frente, al cruzar la calle hacia Mercaderes, el primer edificio ensamblado con vigas de hierro soldadas que hubo en Caracas, construido por la compañía norteamericana que sustituyera a la inglesa Venezuela Electric Light que funcionaba en la esquina de El Hoyo. Esta empresa distribuidora de luz eléctrica producida por la Electricidad de Caracas, fundada por Ricardo Zuloaga, se denomina “Compañía Venezolana de Electricidad”.

En la casa de al lado la peletería Alaska, luego la Joyería y Relojería “La Perla”, de la firma francesa Pujol y Cía. La joyería Hernández, donde fueron empleados Pablo Sánchez de León, fundador de los almacenes Caracas; así como Rafael Isava Núñez que llegara a ser presidente en varias oportunidades del Caracas Country Club. La firma alemana de Gathmann Hnos., fue una de las joyerías y relojerías de gran fama, igualmente que La Perla de Pujol, porque si esta última era distribuidora del “Cima”, Gathmann lo era del “Longines”.

El hotel Caracas absorbía la entrada de visitantes, a la ciudad no a los turistas porque eran aquellos musius de pantalones cortos y sombreros de colcho que cuando venían a Caracas llegaban por la mañana, visitaban el Capitolio, la Plaza Bolívar y el panteón nacional, La casa natal y las ventas de frutas y pájaros de el mercado, regresando a su barco por la tarde. Este hotel era una casa antigua de esas de patios, y que tenía una salida de Mercaderes a La Gorda, su ubicación exacta fue la del área que ocupa hoy el teatro Ávila, construido por el doctor Carlos Emilio Fernández, secretario privado del gobernador Velazco.

El turismo se incrementó después que Pepito Herrera Uslar formara una compañía para la construcción del hotel Ávila en la floreciente urbanización San Bernardino. En esta cuadra y en la acera al frente estuvo Emilio Yallonardo con su sastrería y elegante negocio de artículos para caballeros; seguidamente la joyería de C. Brando y Cía; así como la de Serpico y Lainc; al cruzar la calle, la firma de C. Adrianza y Cía. En los altos de este pequeño edificio fundó Edgar J. Anzola, de grata recordación, su publicidad A. R. S. que tantos éxitos ha cosechado en su dilatada existencia. De Mercaderes a Municipal fue que José Ugarte instaló el primer Dray Cleaner de Caracas, con la iniciativa de disponer de un pequeño salón para que los clientes se desvistieran y entregaran sus trajes para el lavado al seco. Al cuarto de hora le traían su ropa lista, y mandado hecho.

La zapatería de lujo Zuloaga, atendida por la señora y sus hijos. Antes de que el general Vicencio Pérez Soto, presidente del estado Zulia, construyera el edificio “Junín” que ornamentara con varias estatuas de cuerpo entero, estuvieron en ese lugar los establecimientos de ferretería de Julián Férris y el Guinand Frers. Al frente, antes de alcanzar el ángulo que cortaba la acera hacia el oeste donde se inició la construcción de un gran edificio para la lotería de beneficencia pública, habiéndose llegado a colocar en todo lo alto de sus cuatro pisos, sobre una cúpula, la estatua de la diosa de la fortuna. Armando Planchar Franklin, instaló la agencia Chevrolet de quien era representante. Desde el citado edificio para la lotería que terminó convirtiéndose en el hotel Majestic de Eloy Pérez, se iniciaba la plazoleta al frente del Teatro Municipal, formada por el ángulo del oeste entre el final del mencionado edificio y las dos hermosas residencia que hacia el sur habitaban Aristóbulo Uzcátegui y Bernardo Guzmán Ibarra, nieto del general Guzmán Blanco. Continuando y en la esquina que hacia el cruce a la de San Pablo y al comienzo de la callejuela que existía lateral al teatro, en una casa de dos pisos el hotel Madrid, regentado por “El Papa Negro”, un torero español de apellido Mejía, quien parece haber sido el padre de los hermanos Bienvenida, y de los cuales Antonio y José nacieron en casa, por lo tanto eran caraqueños. Antonio Bienvenida alcanzó un sitial de honor en la tauromaquia española, y fue allí, en la plazoleta del Teatro Municipal al frente de su casa donde, durante sus primeros años aprendió y se ejercitó jugando al toreo con sus hermanos. Seguidamente estuvo la Jefatura Civil de Santa Teresa y en un salón al lado, la Inspectoría de vehículos en la época en que siendo inspector Chirinos Lares, se adoptó el sistema de canalizar el tránsito de vehículos colocando flechas en los postes del alumbrado y del teléfono que habían en las esquinas. En otra esquina, el Este, la firma de Mayorca y Cía., con un establecimiento de Representación de Artículos importados; siguiendo al Reducto la casa del segundo Esteban Ballesté y luego la residencia de Raymundo Fonseca Rivas. En la acera del frente, en toda la esquinita de la callejuela que se utilizaba en el teatro para la movilización de las escenografías, muebles y útiles para las representaciones de la óperas y otros grandes espectáculos, la residencia de la familia del general José Rafael Luque, quien fuera presidente del estado Miranda.

Fuente: La Caracas que conocí de
Francisco A Moya Martínez
Imagenes de Caracas en Retrospectiva


Esquina De El Conde

Esquina de Padre Sierra a Bolsa
años 30

Esquina de Padre Sierra
40
Luís F Toro.

Teatro Ayacucho

Teatro Municipal






viernes, 12 de octubre de 2012

Secretos de la Urbanización "El Silencio"

ASÍ SON LAS COSAS

"Presidente, la familia caraqueña no tendrá con qué pagarle lo que está haciendo hoy"
EL UNIVERSAL
viernes 12 de octubre de 2012 12:00 AM

Secretos de El Silencio

El general Isaías Medina Angarita ordenó la demolición del viejo Silencio. Fue en aquella época un verdadero impacto. Es bueno que se recuerde que nosotros teníamos a seis cuadras de la Plaza Bolívar la zona más horrible que existía en América Latina, que era un barrio horrible en donde nadie podía entrar de noche; donde se cruzaban gánsters, bandidos, ladrones, es decir, algo terrible. Bueno, Medina derrumbó todo aquel viejo Silencio y apareció entonces esa urbanización que hizo el arquitecto Carlos Raúl Villanueva y que llamamos hoy El Silencio, como entonces.

Cuando el presidente llegó a la Plaza Miranda, el pueblo comenzó a gritar:

¡Viva Medina! ¡Viva Medina!-. El General se quitó el sombrero para saludar a la multitud y le dijo a Diego Nucete Sardi, Director del Banco Obrero:
-La gente está contenta- Medina iba vestido de gris y caminó hacia la casita número 23, de la calle oeste de la Plaza Miranda. Nucete Sardi le entregó un pico, nuevecito, y cuando el Presidente lo levantó para descargar el primer picazo que anunciaba la demolición de El Silencio, Carreñito Delgado, gritó:

-¡Un momentico, General! - Medina, sonriendo, sostuvo el pico, mientras Luis Noguera, el viejo Avilan, el gordo Pérez y Jaime Albánez tomaban las fotos.

Caracas estaba celebrando el 374 aniversario de su fundación, el 25 de julio de 1942, con la primera gran obra, que iba a transformar a la capital.

-Yo no lo creo hasta que no lo vea con estos ojos que se han de comer la tierra... -decían las señoritas viejas que vivían en las parroquias vecinas.

-¡Matilde! ¡quítate de la ventana! ¡Recuerda que El Silencio está muy cerca! - recomendaban madres, tías, cuñadas. Las prostitutas que salían a la calle, con una mano en la cintura y en la otra una botella de cerveza, para partírsela en la cabeza a un cliente que quería "tirarles un carro", tomaban las calles de El Silencio; los ladrones y asesinos más buscados se ocultaban en El Silencio.

-Por fin vamos a terminar con este foco de pecado-, dijo Monseñor Pellín en voz alta, para que lo escuchara el propio General Medina, y cuando el Presidente se quedó viendo con sonrisa de satisfacción al cura-periodista, Monseñor agregó:

-Presidente Medina, la familia caraqueña no tendrá con qué pagarle lo que usted está haciendo hoy y lo abrazó, mientras Arrieti y otros dirigentes comunistas gritaban:

-¡Viva Medina! ¡Con Medina contra la reacción! ¡Viva Medina!- los periodistas rodearon al Presidente. -Pasado mañana lunes -dijo el General a los reporteros-, 400 obreros comienzan a demoler todo esto. Aquí se alzará una de las urbanizaciones más espectaculares de América Latina, con hermosos apartamentos, parques y todo lo que se necesita dentro de una comunidad moderna. De este viejo Silencio no quedará ni el recuerdo, se los aseguro a ustedes...

Muchas personas no creían lo que decía el Presidente. Pero así fue; tal como él lo anunció.
Así son las cosas.
@oscaryanesg

El Callejón de la Amargura

El Callejón de La Chayota

Construcción de La Plaza Urdaneta
Hoy Plaza Oleary


jueves, 11 de octubre de 2012

La Esquina de Abanico

Refiere Don Rafael Valery
en su obra "La Nomenclatura Caraqueña"

" El plano Topográfico de la Ciudad de Caracas, levantado en 1843 por Angel Jesurún, no registra el nombre de esta esquina . El Primero en  que aparece es el de 1897, del Ingeniero Rocardo Razetti, y tres planos anteriores ( 1875, 1889 y 1894) la llaman incorrectamente de Arquinzones ( Arquinzonis), nombre que corresponde a la actual esquina de Maturín.

En la nomenclatura del Obispo Díez Madroñero (1766) se identifica el lugar - aún no era esquina- como de " La torre de Boca Tuerta", tanto en la descripción de la  Calle IX ( Norte 3) como en la de la Calle X X ( Este3). El nombre de Abanico parece corresponder a la forma de las esquinas, pues debido a que el Catuche corre justo en ese sitio, las fachadas de ambos lados debieron abrirse, formado un ángulo. En 1898 fue cuando se embovedó la quebrada de esta esquina, ya casi totalmente edificada.

Esquina de Abanico
Alfredo Cortina
    
Esquina de Abanico a Socorro
Alfredo Cortina
años  40


Esquina de Abanico
2011